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Capítulo 8 – Nuevo fichaje Son las ocho y veinte de la mañana y Zaira entra a toda prisa en el parking del instituto. Casi llega tarde. Para su suerte, o eso quiere creer, Roberto ya está allí. El verle ha hecho que los mensajes de la noche anterior se le vengan a la cabeza. No fue para tanto, ¿no? Al fin y al cabo no le dijo nada importante… Besos entre chicos, mente calenturienta, besarle a él, lo del lunes… Nada importante. El mensaje había quedado claro. “Me pone ver cine gay; pero más aún imaginarnos juntos”. En fin… Roberto espera al lado de su moto para entrar con Zaira. Mientras ella, sabiendo lo difícil que será mirarle a la cara, baja del coche. - Buenos días – Mirada al suelo, mirada al suelo. - Hola – Roberto se da cuenta de cómo sus ojos evitan encontrarse con los suyos. ¿Estará sonrojada? Apoyando un dedo en su barbilla le alza la cabeza para mirarla - ¡Estás roja! - No es cierto – Zaira se escapa y comienza a andar. No llegarán a clase a este paso. - Zaira, lo de anoche no fue para tanto. No es para que te pongas así – Él la sigue antes de que se escape. - No estoy roja. Además, ¿quién te ha dicho que es por eso? – Bien. Seguro que así le convences. - Digamos que te voy conociendo. Te avergüenzas por las cosas más tontas. - Presumido… - Ella le fulmina con la mirada. Él le responde con una sonrisa. Ambos saben que lo que ha dicho es cierto. Pero la personalidad de Zaira es única. Tan pronto puede sufrir de ataques de vergüenza como de ramalazos de valentía. Este es uno de ellos. Toma la mano de Roberto y tira de él hacia la puerta. Él no sabe que le ha pasado a la Zaira que ha salido del coche. ¿No estaba hace un momento avergonzada? Si ni si quiera le ha mirado. Pero tampoco va a apartar la mano. Se siente tan bien… Al abrir la puerta se encuentran con al menos dos clases de alumnos arremolinados en el pasillo de jefatura. ¿Qué hacen todos ahí? Sus manos, sin quererlo, se sueltan por acto reflejo. Una cosa es admitir que se acoplan perfectamente juntas y otra dejar que cincuenta alumnos les vean tomados de la mano. No quieren empezar a crear habladurías tan pronto. Si no lo han hecho ya… Ambos se abren paso entre todos los chavales para llegar a la ventana de conserjería. - ¡Pedro! ¿Qué pasa? ¿Qué hacen todos aquí? - Están cotilleando, como siempre. Hoy ha venido un nuevo profesor de inglés. Por lo visto parece un modelo. La mandíbula de Roberto se tensa al escuchar aquello. ¿Nuevo profesor? ¿Por qué nadie le ha dicho nada? - Pero eso es imposible. Ya somos dos profesoras. ¿Por qué el director no nos ha avisado? - Ni idea. Creo que están en la sala de profesores. Id a ver si os enteráis de algo. Cuando intentan continuar su camino se topan con más y más alumnos. ¡Deberían estar todos en clase! - ¡Chicos! ¡Marchaos todos a clase! No quiero ver a nadie en el pasillo – Ninguno se mueve. Parece que Roberto pierde autoridad con los años. - ¡¡Fuera del pasillo!! ¡¡Ya!! – Todos se giran hacia la pequeña figura de la profesora. Qué potencia de voz - ¡Subid a clase o empiezo a llevar gente a jefatura! Dicho y hecho. Los alumnos empiezan a moverse. Zaira comienza a andar pasando junto a Roberto con una sonrisa pedante. Le agarra de la muñeca y tira de él disimuladamente. - Pequeña pero matona – Escucha murmurar a Pedro antes de verse arrastrado por el pasillo. Lo ha resumido muy bien. Ya sabía que Zaira tenía carácter. Cuando apenas era una adolescente se la veía una chica resolutiva y de ideas claras; capaz de poner en su lugar a cualquiera. Parece que el paso de los años ha aumentado esa faceta. Hay que reconocer que eso le da más morbo a la historia. A Roberto le gusta que su chica no se deje manipular por nadie. ¿Acaba de llamarla su chica? Al llegar a la sala de profesores se encuentran con Dora la otra profesora de inglés acompañada del que se supone es el nuevo fichaje. Algunos compañeros todavía están recogiendo sus cosas mientras otros salen corriendo. Zaira se queda asombrada. Ahora entiende que todos los alumnos estuviesen por aquí. El nuevo es realmente guapo. Comienza a hacerle un chequeo con la mirada. Rasgos prominentes, con la mandíbula marcada. Ojos grandes de un intenso azul. Los labios…qué labios. Son finos y de un rosado oscuro. Tiene pelo algo largo, hasta casi el comienzo de los hombros. Es rubio; igual que ella. Un rubio platino que sumado a los ojos azules le da a Zaira la certeza de que no español. Siguiendo con la inspección recae en sus hombros, sus brazos. ¡Uf! Suficientemente grandes como para agarrarte a ellos; y también para clavar las uñas… Zaira frena o vas a acabar muy mal. Roberto está detrás. ¿Recuerdas?


Vale, es cierto que Roberto no se fija en los tíos, pero no puede apartar la mirada de éste. ¿Se puede saber de dónde ha salido? ¿Cómo se supone que tiene que competir con alguien como él? Ya está en total desventaja… - ¡Zaira! Ya estás aquí. Mira quiero presentarte a Eric. Es el profesor nativo que estará con nosotras. Es de Londres. - ¿Londinense? ¿En serio? Encantada – Se saludan con dos besos; suficiente para que Roberto se dé cuenta de que odia al chico. Da igual lo que haga o no haga durante el curso. Ver a Zaira a su lado no le hace ni pizca de gracia. - Este es Roberto, el profesor de matemáticas de los últimos cursos. - Encantado – Saluda el guiri con una pronunciación pésima. Al menos podría aprender a hablar, ¿no? - Eric todavía está aprendiendo español. Lleva poco tiempo así que le costará un poco. - Sí. Mi español es un poco malo pero estoy contento estar aquí- Contento, ¿eh? Ya veremos… Menos mal que el chico no ha tenido tiempo de fijar sus ojos en Zaira, si no Roberto ya le hubiese saltado encima. - Estas primeras clases se vendrá conmigo. Luego es todo tuyo Zaira. - Perfect! So…nice to meet you, Eric. See you later! Con esas palabras Dora y Eric desaparecen de la sala en donde sólo quedan los profesores de guardia que miran a Roberto y Zaira expectantes. Se supone que tendrían que llevar diez minutos en clase. - Vaya con el nuevo… - ¡Sí! Vaya… - Zaira responde con un suspiro que le hace fruncir el ceño a Roberto. - ¿Te gusta o qué? - Estás tonto… No me gusta. Es guapo eso sí. - ¿Muy guapo? - Roberto, ¿y ese tonillo en la voz? ¿A qué se debe? - ¿Tonillo? No he puesto ninguno. Por cierto, llegamos tarde. Diez minutos tarde. Aprovecha la distracción para escaquearse por el pasillo seguido de la mirada penetrante de Zaira. Le ha calado. Lo sabe. Pero, ¿qué esperaba que hiciera? -------------------La sirena del recreo suena y Zaira recoge sus cosas del escritorio feliz por tener un rato de descanso. Se ha pasado toda la clase de tercero mandando callar a los mismos alumnos. Al parecer venían demasiado charlatanes hoy. Necesita un café y, sobretodo, una buena conversación que la distraiga. Pero parece que esa mañana la suerte no está de su lado. Su móvil empieza a sonar dejando bien claro que la profesora de inglés ha olvidado ponerlo en silencio. Dando ejemplo a sus alumnos, claro… Toma su bolso y carpetas y contesta al teléfono por el pasillo. - Hola mamá. Estoy trabajando. - Lo sé, cielo. Por eso te llamo en el recreo. Necesitaría que me hagas un favor. ¿Puedes? - Depende de lo que sea. - Tienes que pasarte por casa a echar un vistazo a la lavadora. La dejé puesta esta mañana y creo que está rota. Si está echando agua podemos mojar al vecino. - Está bien. Ahora me paso. - Muchas gracias, hija. Si está echando agua, la limpias y desenchufas. No te preocupes de la ropa. - Sí, mamá. Un beso Para eso momento ya ha llegado a la puerta donde la espera Roberto quien ha oído la última parte de la conversación. Puede ver a su compañera algo molesta. Se le ha fastidiado el plan de sentarse en una terraza que tenía para la próxima media hora. - ¿Ocurre algo? - Me ha llamado mi madre. Tengo que acercarme a casa a echar un vistazo a la lavadora – Dios. Esa frase le ha hecho sentirse tan infantil… - ¿La lavadora? - Sí. Por lo visto está rota. Lo siento pero el café tendrá que esperar. - Tranquila. Puedo pasar sin él. Además, entre tú y yo – Roberto baja la voz y se acerca a su compañera – no es lo que más estaba esperando del recreo – Echa una mirada significativa a la chica que tiene en frente por si no ha quedado suficientemente claro de qué habla. Zaira se sonroja y comienza a andar para salir de allí cuanto antes. Ese hombre la volverá loca. - Por cierto, ¿dónde vive tu madre? ¿Te va a dar tiempo a llegar?


- Claro. Es aquí al lado. Puedes acompañarme. Caminan por la acera del instituto apenas cien metros hasta que tuercen la primera calle a la izquierda. El que era el bloque de Zaira está justo en frente del lateral del instituto. Su casa se ve desde las ventanas de clase. - Si está pegado al instituto. - Te dije que daría tiempo a llegar – Zaira sonríe ante la sorpresa de Roberto. Seguro que estaba pensando en coger el coche o algo así. Hablando de coche… - Qué cómodo, ¿no? Puedes venir a comer aquí si no quieres esperar a llegar a casa. Además para cualquier emergencia viene bien. Una avería del coche, por ejemplo… Y de nuevo… ¡mirada al suelo! ¿Por qué no se me ha pasado por la cabeza que él repararía en eso? En fin; ni si quiera hay que leer entrelíneas…”Me gustas. Mucho” - Sé que suena raro que no viniese a casa pero me vi seducida por los encantos de tu “Pequeña”. - Muy buena. Pensé que dirías que había sido yo quien te sedujo – contesta riendo. - Ni lo sueñes – La sonrisa pedante ha vuelto a hacer acto de presencia en el rostro de Zaira. Entra en el portal esperando que su compañero sea valiente y le siga. - ¿Hay alguien en tu casa? - No. Mi madre está trabajando así que estamos solos – La frase les hace volver a sus tiempos de adolescentes. Esta conversación seguramente la tengan sus alumnos todos los fines de semana cuando suben a casa a darse el lote. Llegan a la puerta de la casa y, entre miradas furtivas, ella saca las llaves del bolso. Tarda más tiempo del esperado en abrir. ¿Acaso te estás poniendo nerviosa, Zaira? Muy maduro por tu parte… Cuando sus dedos por fin obedecen y la cerradura cede, entran en la casa. No puede evitar sentir la mirada de Roberto clavada en la espalda. Nada alejado de la realidad pues él no puede apartar los ojos de su compañera. Sus rubios rizos cayendo por debajo de los hombros. Sus piernas torneadas, lejos de ser unas largas piernas de modelo pero con una bella palidez que dejan ver sus pantalones cortos. Y su trasero… Aún recuerda cómo se sintieron sus manos apretadas contra esas nalgas durante aquel encuentro en el departamento. Sus pensamientos se ven interrumpidos cuando Zaira se da la vuelta para encararle. Da gracias por ello. Si hubiese seguido por ese camino no está muy seguro de cómo habría acabado aquella inocente visita. Quizá la lavadora no hubiese sido la única que pasase una revisión. - Bienvenido a mi casa. Bueno, antigua casa. - Bonito pasillo. - Ahora te enseño el resto. Déjame que compruebe primero esto. Cómo había predicho su madre el electrodoméstico está echando agua y todo el suelo a su alrededor está encharcado. Parece que la visita se alargará más de lo debido. Y no precisamente por lo que tenía pensado… - ¡Mierda! - ¿Qué pasa? - El cacharro está roto. Se ha encharcado todo. Joder. - No pasa nada Zaira. Lo recogemos y ya. - ¿No te importa? Puedes esperar en el salón si quieres. No es necesario que me ayudes. Roberto ríe. ¿De verdad piensa que es una molestia ayudarla? Le acaricia la punta de la nariz con el dedo mientras sonríe. ¿Cómo es posible que sea tan niña y tan mujer al mismo tiempo? - Tonta, Zaira. No voy a dejarte recogiendo esto sola. Dicho y hecho. Zaira saca la fregona y los paños y ambos se ponen a recoger agua. Una curiosa forma de pasar el recreo. Seguro que en todos los años que lleva dando clases, Roberto no ha pasado nunca un descanso como este. El pensamiento hace sonreír a Zaira. Cuando vuelve la mirada, la imagen de su antiguo profesor con la fregona hace que esa sonrisa se convierta en una carcajada. Él la mira extrañado. ¿Tan evidente es su poco manejo en las labores de la casa? Y eso que vive solo. Prefiere no pensar qué sería de él de haber seguido con su madre… - ¿Tan patético me veo? - No, claro que no – contesta ella entre risas – Sólo que estaba pensando que nunca habrás pasado un recreo como este en todos los años que llevas dando clase. - Pues no. No suelo pasarme por casa de mis compañeros a revisar lavadoras. - Lo siento. No era mi intención acabar así. - Zaira, de verdad, no importa. Has hecho que pasase un recreo diferente. Bueno, unos recreos diferentes. La alusión al descaso que pasaron el primero día -si se le puede llamar así- hace que la cara de ella se torne roja en cuestión de segundos. - ¡Te has vuelto a sonrojar! Me lo estabas poniendo demasiado fácil. Lo siento.


- Ja, ja. Qué gracioso… - Venga, no te enfades. No fue pa… - Zaira le corta tapándole la boca antes de que acabe la frase. - No digas que no fue para tanto, ¿quieres? Sí lo fue. Los profesores corrientes no van haciendo esas cosas por los pasillos. Roberto aparta la mano de Zaira pero la mantiene entre las suyas. - Técnicamente no fue en el pasillo si no en el departamento. Y no, no somos unos profesores corrientes. ¿Tanto te arrepientes de no serlo? Sus miradas se traban. Zaira puede ver claramente el doble sentido de la pregunta. Es posible que muchas veces se comporte como una chiquilla y que se sonroje por las cosas más simples; pero no puede mentir. No se ha arrepentido ni un solo segundo de lo que pasó. Así que sonríe y contesta: - Nunca me han gustado los profesores corrientes. Y mucho menos quiero ser uno de ellos. Por un momento, Roberto se ha asustado y ha llegado a pensar que ella le diría que sí. Pero no le ha decepcionado. Ella no podía hacer eso. Sabe que algo sucede cuando están juntos. ¿El qué? No le importa. Con saber que le hace sentirse bien, sentirse vivo, le basta. Sus cuerpos están muy cerca. Quizá demasiado. Sus cabezas también. ¿Va a pasar? ¿Aquí, ahora? ¿Con una fregona de por medio? Zaira no para de hacerse preguntas. Su mente trabaja a mil por hora mientras que sus ojos no se despegan ni un momento de Roberto. Él por su parte no sabe qué hacer con el hormigueo que le recorre el cuerpo. ¡Por dios! ¡Ni que fuese la primera vez que besa a una chica! Mejor dicho…¡ni que fuese la primera vez que besa a esta chica! - ¡Joder! – Roberto se queda perplejo. ¿Qué ha hecho? - ¿Qué? - Mira la hora. Llegamos tarde – Qué novedad. ¿Ellos llegando tarde? Imposible. ¡A la mierda el momento! Ya no hay hormigueos ni nervios. En la cocina de la casa sólo quedan los dos profesores recogiendo la fregona y los trapos. - ¿Está todo? - Sí. Vámonos. Salen corriendo de la casa. Ni siquiera se están a esperar el ascensor. Bajan trotando las escaleras y se encaminan a toda prisa al instituto. Al llegar al centro, se encuentran con Eric en la sala de profesores. ¿Pero éste no tenía que estar trabajando? Sin saber por qué –o quizá sin querer reconocerlo- Roberto se ha puesto de mal humor. Muy mal humor. Además, la sonrisa que pone Eric cuando ve a Zaira no arregla mucho la situación. En ese momento recuerda la razón de que aún esté allí: Eric debe pasar las siguientes tres horas con ella. Con su chica. Bueno, puede que aún no lo sea pero…tiempo al tiempo. Está casi seguro que tendría problemas con su antigua alumna si se llegase a enterar que la llama así. - ¡Eric! I’m so sorry. Give me a minute, please. - Don’t worry. It’s ok. Take your time. ¿Encima piensa hablar en inglés? Ya podría hablarle en español. Al menos aprendería a pronunciar alguna palabra. Roberto coge su carpeta con la intención de salir de allí antes de que acabe soltando alguna grosería. Menos mal que él era un hombre moderno que aceptaba las relaciones abiertas… - Hasta luego. - ¡See you! – Será tonto el guiri... ¿Qué es eso de see you? A Zaira no le pasa inadvertido el enfado de su compañero. Es demasiado evidente. Pero lejos de molestarse por ello, lo único que le provoca es risa. Si creía que ella era la cría en esa relación… Espera, ¿qué relación? - What’s so funny? - It doesn’t matter. Comming? - Of course. ------------------- Zaira, son las dos y cinco. Podríamos irnos ya… - Venga, profe. Que son sólo diez minutos. Sus alumnos están empezando a revolucionarse. Muchos de ellos hasta han recogido sus cosas ya. Llevan al menos diez minutos pidiendo salir antes. Se han vuelto un poco pesados; aunque al verles las caras resultan incluso graciosos. Treinta alumnos poniendo cara de cordero degollado tan sólo por irse a casa.


Tiene que admitir que, a pesar de ser lunes, ha sido una mañana muy intensa. Demasiados sucesos, demasiadas emociones. Y… ¡qué coño! Apenas ha dormido seis horas esta noche. Necesita una siesta. Cuanto antes. - If you don’t let them go home, they’ll be the next ten minutes asking you. - I know... I want to get out here too. - So... ¡Hey guys! If you can ask your teacher to go home in english, we’ll get out. Eric toma la iniciativa. Los chicos se han quedado un poco asombrados de que haya dicho algo. Apenas ha abierto la boca en toda la hora. Ha dejado que Zaira diese su clase sin interrumpir. Tan sólo le ha ayudado a tratar de hacer hablar a sus alumnos. Los pobres aún están muy verdes con la parte oral. Es una pena… Los chicos oscilan sus miradas entre ellos y Eric. Zaira no está segura de que todos le hayan entendido pero tiene la esperanza de que alguno le conteste. Al menos les servirá para salir un poco antes. - Come on! It’s easy. Una alumna levanta la mano para contestar aunque no se la ve muy segura. - Could we get out earlier today, please? - Perfect! So guys, we’re going home. - Chicos, sabéis que jefatura no nos deja, así que nada de hacer ruido al salir. No hagáis que me caiga una bronca tan pronto. Todos ríen y empiezan a recoger lo poco que les quedaba en la mesa. Dos minutos después en el aula sólo quedan Zaira y Eric. - Has estado brillante Eric. Gracias. - It’s a pleasure – En su boca aparece una sonrisa radiante. Dios. Hasta ese gesto parece perfecto en él. Qué hombre… Si no fuese porque hay otro que hace que el resto del mundo desaparezca para ella, estaría encantada de enseñarle español a Eric; y lo que hiciese falta. - I like you, Zaira. I think i’ll get on with you. Zaira se queda parada con esa confesión. ¿Le gusto? Maldita sea. Si hubiese llegado en otro momento… Qué despercio. - I think so. But just as friends. Zaira le contesta en inglés para que no quede ninguna duda de lo que quiere decir. Está dispuesta a llevarse bien con él. ¡Cómo para no hacerlo! Pero nada más. Sonríe y sale de clase con el bolso y las carpetas en la mano. Si Roberto supiese lo que ha hecho por él se le quitarían esos enfados tontos. Aunque, para qué engañarse; le encanta verle celoso. Cuando llega a la sala de profesores decide esperarle. Podría marcharse ya a casa pero prefiere ir acompañada hasta el coche. Diez minutos después toca la sirena que marca el final de la jornada y Roberto aparece por la puerta. Su sonrisa se alarga al verla esperándole. Está tan guapo… - Si que has corrido, ¿no? - Los chicos se han puesto pesados y he tenido que dejarles salir antes de que me diesen dolor de cabeza. - Eres demasiado buena. - Quizá. Cuando van caminando por el aparcamiento el móvil de Zaira comienza a sonar. Nunca había estado tan solicitada en horas de trabajo. - ¿Si? - ¡Zaira! ¿No te pedí que pasases a ver la lavadora? - Claro. Y he ido, mamá. - Pues no sé qué has hecho porque está toda la cocina encharcada. Los ojos de Zaira se abren de par en par. ¿Cómo es posible? Después de que ha tenido a Roberto fregando con ella… - Pero si hemos…perdón, he estado limpiando todo. - Hija, eso no sirve de nada si no desenchufas. - ¡Joder! ¡El enchufe! Mierda. Con tantas miraditas, tantas preguntas y tanto tonteo con su antiguo profesor se le ha olvidado. Han dejado la lavadora funcionando. - Lo mismo digo. La próxima vez no te mando hacer nada. - Lo siento, mamá. Se me ha olvidado, de verdad. - Ya lo sé, hija. No pasa nada. Pero mira a ver dónde tienes la cabeza… La llamada se corta y Zaira se queda mirando el teléfono. ¿Que dónde tengo la cabeza? Fácil. En el chico que está a mi lado. - Era tu madre, ¿no? – Ella tan sólo asiente – Y no estaba muy contenta.


- No mucho. Nos hemos dejado la lavadora enchufada. Ha seguido funcionando así que ha vuelto a encharcar la cocina. - Joder. Vaya mecánicos estamos hechos… - Y que lo digas… Voy a ayudarla a limpiar antes de que acabemos mojando al vecino. Te veo mañana. Zaira se pone de puntillas y le deja un casto beso en la mejilla a Roberto antes de salir corriendo de allí. Cuando va por la acera gira un segundo para ver la imagen que deja a sus espaldas. El que fue su profesor de matemáticas está en mitad del parking con una sonrisa tonta en la cara. Es tan tierno…

Vértigo 8 - Nuevo fichaje  

La vuelta al pasado puede significar el futuro.

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