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52 ESPECIAL LOS ÚLTIMOS 40 AÑOS Lunes, 18 de diciembre de 2006

hitos El trasiego continuo del periodo moderno

Comercio triangular y dinero judío en el XVII

En el juego creciente de las Islas como lugar de tránsito e intercambio entre lo europeo y lo ultramarino, transitaban también libros, tallas religiosas, partituras musicales, modas... lo cual luego fabricó productos tan genuinamente europeos y, sin embargo, tan netamente canarios, sin ir más lejos, como Óscar Domínguez, Kraus o Manolo Blahnik.

El comercio triangular isleño del siglo XVII hizo de Canarias una plaza financiera internacional. No es extraño que, por ejemplo, la familia judía Pereira de Castro, que pujó y obtuvo en España la Renta de Aduanas de las Islas, fundara unas décadas después en París la Banca Pereira, la primera institución financiera privada de Europa.

Europeísmo ultramarino Canarias se ha forjado como una región ultramarina del Viejo Continente no ya desde 1985, sino en la práctica desde el Renacimiento de forma ininterrumpida, y no sólo como una estación de tránsito

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El que fuera en los años noventa presidente del Grupo Interservicios de la UE, Giuseppe Ciavarinni (d), encargado de las regiones ultraperiféricas, en una de sus múltiples visitas a Canarias. i LP/DLP

Antonio G. González LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

Cuando en estos últimos años ha comenzado a explorarse la redefinición de la posición canaria en la nueva Europa ampliada en realidad se ha estado hablando de un asunto muy familiar. Lo mismo sucedió en la década anterior, cuando se debatió la plena integración en la UE. O bien en la otra, en los años ochenta del pasado siglo XX, cuando se desarrolló la negociación del ingreso de España en la entonces CEE, alumbrándose un modelo -el llamado Protocolo Dos- ahora finiquitado, que situaba entonces a las Islas en los ámbitos comunitarios bajo el expresivo lema de situarse “fue-

ra, pero con pasillos hacia dentro” de Europa. Precisamente Canarias ha sido siempre lo que es por su relación, sobre todo, con Europa. Constituye algo fundacional para ella. Es más, el Archipiélago se ha forjado como una región ultramarina de Europa, no ya desde 1985 -lo cual, por lo demás, le ha llevado a lograr una presencia diferenciada en los ámbitos comunitarios y una atención notable por parte de Bruselas-, sino que lo ha sido en la práctica desde el Renacimiento. Y, además, así ha sido de una manera ininterrumpida salvo brevísimos periodos. De modo que el mencionado debate en curso acerca del en-

caje y réditos de las Islas en la nueva geografía política comunitaria, una vez garantizados como parece que puede darse básicamente por hecho- unos niveles de transferencias de recursos públicos más que razonables después de la década del gran cheque europeo, es más un debate acerca de las oportunidades y los cambios de mentalidad necesarios en la sociedad insular que este vieja relación trae a colación hoy consigo. ÓPTICA. Es decir, lo que en el

fondo se está planteando es el cambio de óptica necesario e inaplazable para que una sociedad opulenta, con todas las contradicciones sociales del capita-

En la pérdida del rastro del mencey de Venecia hay un guiño del sincretismo ya en el siglo XV lismo tardío, que ha pasado a ser un nodo de primer orden de esa malla turística mundial conformadora del segundo círculo de centralidades de la famosa economía global, y que ha relativizado, en suma, su condición periférica, pero que, al tiempo, no

por ello ha dejado obviamente de estar físicamente donde está -en la frontera con África Occidental y el Magreb- consolide su posición. Y, de igual manera, el debate social reclama especial atención en las Islas a los derroteros complejos y polémicos por los que se encamina una cohesión social para la que, tras la plena integración de 1991, las autoridades comunitarias arbitraron un paquete de fondos estructurales, medidas arancelarias e incentivos fiscales a la inversión privada más que llamativo, pero nunca eterno... SINGULARIDAD. Claro está que Canarias constituye un capítulo singular de Europa, una


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8 Fuera con pasillos hacia dentro en 1986

Dentro con ventanas hacia fuera en 1991

El Protocolo Dos del Acta de Adhesión a la CEE significó que las Islas preservaban su libertad comercial para acudir al mercado internacional al no quedar incluidas en el cordón aduanero comunitario, y quedaban al margen del campo de aplicación del IVA, lo cual, sin embargo, llevó a que no se les aplicara la cobertura agrícola y pesquera.

En 1991 Canarias abrazó la plena integración con excepciones en la UE, lo que fue acogido en Gran Canaria como una derrota para los sectores comerciales y en Tenerife como un éxito para los agrícolas. El cheque europeo se hizo realidad y luego el desarme arancelario, la ZEC y las ayudas fiscales sintetizarían ambas aspiraciones.

frontera europea, un lugar en el que las cosas entran en contraste con el afuera, lo que permite y fuerza a hacerse cargo de la diversidad del mundo. Esa forma de palpar ambos lados, el afuera y el adentro, enriquece y flexibiliza, pero también produce vértigo, el vértigo de la frontera, de lo que ha de estar una y otra vez viéndoselas con lo otro, con lo distinto. Todo lo cual resulta muy actual, por lo demás, es propio de lo que se llama la hibridación (la mezcla) global, ese sincretismo acéfalo tan en conexión con la sensación de fraccionamiento de la realidad. Sea como fuere, el hecho es que haciendo de la circulación continua una primera determinación a encarar, el universo canario, aun aconteciendo en un puñado de puntos casi imperceptible en el mapa, se ha mecido sobre las olas de la historia internacional.

Si algún aspecto puede resaltarse, además, acerca de la europeidad de Canarias es que probablemente no haya otra parte de España que haya estado más imbricada de una forma cotidiana con Europa a lo largo de al menos estos últimos, intensos, cinco siglos. Esa condición fronteriza del Archipiélago produjo igualmente una primera vinculación africana muy intensa al menos hasta finales del siglo XVI y luego, por descontado, una vinculación americana de más hondo calado desde entonces. Ambas se encuentran hoy en día en trance de profunda reformulación en las Islas y, de hecho, la reválida del modelo económico y fiscal canario en Europa se halla ahora plenamente conectado con la política europea de vecindad y cooperación con el Magreb y el África subsahariana, un capítulo emer-

gente por razones obvias y vital para las Islas. Pero, sin embargo, la estructura en torno a la cual se organizó hasta ahora el Archipiélago en el conjunto de sus relaciones atlánticas y en relación con su propia configuración interna fue Europa. Precisamente por el hecho de estar bien alejada del escenario español -no sólo geográficamente, sino por cuanto se había insertado en una lógica económica y cultural oceánica propia- Canarias no quedó atrapada por ese aislacionismo hispano que duró tres siglos, lo que ahora quizás suene increíble a las nuevas generaciones. TRASIEGO. De modo que es-

tando a muchos kilómetros de Europa, estuvo, sin embargo, cerca, no sólo en calidad de estación del tránsito europeo sino porque devino espacio eu-

Dos canarios condujeron los intereses españoles en escenas clave de los siglos XVII y XIX ropeo en el Atlántico, si bien volcado en las direcciones que el océano central de los periodos moderno y contemporáneo ofreció al trasiego continuo. Se trata de paradojas que, en todo caso, pueden ser explicadas gráficamente a través de apuntes biográficos de canarios diversos como, por ejemplo, podría ser el denominado mencey de Venecia, un rey guanche que el 20 de mayo de 1497 fue pre-

sentado ante el Consiglio dei Pregadi -el Senado de la ciudad de los canales- por Francesco Capello, embajador cesante de esa república ante los Reyes Católicos. Capello era un personaje capital en las relaciones entre ambos estados, había sido recién nombrado por Isabel y Fernando marqués de Rosas de los Caníbales y conducía a este monarca canario a orillas de los canales venecianos como el más honorable presente de los reyes hispanos: “È il più famoso e più bello re de quelli de l’Isole Canarie che sono state trovate, qui hano voluto donare la Signoria nostra”. No venía, sin embargo, el jerarca guanche “más famoso y bello” como esclavo, aunque fuera un cautivo, pues se le dio una acogida respetable en medio del asombro general que causó. El antiguo isleño, que se hizo popular después en la Eu-


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hitos La RIC se desvirtúa con la especulación

A lomo de las políticas de vecindad con África

La ampliación a mediados de los 90 de la materialización de la RIC a la compra de suelo y construcción de viviendas, que debían estar unos años en alquiler antes de hacerse de libre disposición para el empresario desvirtuó este magnífico instrumento fiscal y lo convirtió en un factor agravante de la hoy feroz especulación inmobiliaria.

En esta última legislatura, el Gobierno canario optó activamente por la recomendación europea de tramar una relación estratégica entre el modelo especial canario del futuro y las políticas de vecindad (cooperación y desarrollo) con su entorno magrebí y africano occidental. Las Islas buscan así el complemento estable al rol turístico.

ces contra la corriente generalen favor de la apertura de España. Iriarte era miembro de una saga de ilustrados con conexiones europeas muy intensas. Uno de sus hermanos, Bernardo, secretario de Asuntos de Estado con Carlos III y luego consejero de Estado de José Bonaparte, había sido en París condiscípulo y amigo de Voltaire, del que tradujo al español Tancredo. Aparte de íntimo de Goya, que le

ropa del siglo XVI con el cortesano Baile de los Canarios, era el primer salvaje blanco que conocía el mundo renacentista. Era la otredad más parecida, el otro más igual, y más enigmático. MENCEY. El mencey desfiló

por las calles venecianas el jueves 25 de mayo, día del Corpus Christi, en la procesión de la Vera Cruz. Y lo hizo de una forma harto singular: como un hombre libre, en primer término, delante del Duce Agostino Barbarigo. El Senado establecería poco después que viviera al amparo del marqués de Mantua, y “tenga que residir en Padua, en casa del capitán, dándole un apartamento amueblado, y de pensión cinco ducados al mes, y tenga consigo dos criados que reciban del dinero de la Cámara sendos ducados mensuales. Y dicho rey de Canarias sea vestido, de vez en cuando, según sean sus necesidades”. Ahí se pierde su rastro. Y si bien son muchos interrogantes sin respuesta que proyectan una aureola de misterio sobre uno de los personajes insulares quizás más enigmáticos del renacimiento, se trata de una incógnita que produce su propia significación. En la pérdida del rastro del mencey se despliega este guiño del sincretismo insular que vendría a ofrecerse en la Venecia de finales del XV. TRIANGULAR. Con todo, el

máximo grado, el umbral histórico, de la intensidad de las relaciones exteriores de las Islas hasta el proceso actual de integración europea, y de cómo en torno a estaba organizada la economía y la sociedad insular, o al menos el proceso de acumulación de capital que luego orientaría al resto de la economía y la sociedad, es el llamado comercio triangular atlántico del Archipiélago del siglo XVII isleño. Ahí se observa plásticamente el juego denso e intrincado entre Europa y Canarias. Y el primer lugar con el que las élites locales canarias decidieron, no en vano, comerciar fue con las grandes urbes de origen de muchos de sus miembros: las ciudades europeas. En todos esos puertos europeos los comerciantes isleños cobraban siempre en manufacturas. Y regresaban al Archipiélago con el producto del intercambio, cuando no vendían una parte también en plazas coloniales africanas a cambio de esclavos. Sin embargo, se da la circunstancia de que el mercado local consumía, en realidad, una ínfima parte de esos productos

Lo que hoy se plantea es cómo una sociedad opulenta, pero fronteriza, fija su posición

Imágen del último foro empresarial canario-africano, celebrado el mes pasado en Las Palmas de Gran Canaria. i LP/DLP

importados. El grueso de las manufacturas se mandaba, en realidad, en flotillas a la América española, en operaciones financiadas por los capitales locales o bien cofinanciadas con capitales extranjeros con tratos comerciales con Canarias, por ejemplo, los vinculados a la masonería de Boston, o las redes judías de Ámsterdam, que consiguieron así penetrar en la América hispana a través del Archipiélago.

La reválida del modelo isleño en la UE está conectada con las políticas de vecindad europeas CONTRABANDO. Era puro

contrabando, obviamente, pues los isleños sólo podían exportar algunos productos agrícolas a Indias en virtud del monopolio español. Pero no acababa ahí la cosa. Una vez que llegaban a su destino americano entonces, los mismos comerciantes isleños vendían esas manufacturas a tra-

vés de sus agentes en los lugares de destino. Y colocaban sus vinos en volúmenes muy superiores a los permitidos, pues aprovechaban una demanda virgen al llegar siempre antes que los caldos andaluces, que viajaban en barcos del monopolio hispano. Pero aún quedaba una fundamental e inédita vuelta de tuerca en este comercio triangular del XVII. A cambio de lo vendido en América, los isleños adquirían cereales para consumo local, e incluso para su reenvío a España como falso cereal majorero o conejero. Pero, sobre todo, se hacían ilegalmente con lotes de metales preciosos -plata y oro- que traían de vuelta al Archipiélago. A tales volúmenes llegó a producirse este contrabando que Canarias acabó convirtiéndose en una plaza financiera internacional, encubierta naturalmente, a la que acudían agentes bancarios de distintos puntos de Europa a proveerse de oro y plata, en el nivel que sólo sucedía entonces en Acapulco del lado del Pacífico hispano. El otro apunte escogido, sin embargo, se sitúa en el periodo contemporáneo. Cabe, pues, señalar que responde a un contexto en el que aquella vieja autonomía económica insular del Antiguo Régimen ha quedado

atrás con el surgimiento del moderno Estado español, de factura inevitablemente jacobina. EMBAJADORES. Ante esta si-

tuación, lo que trataron siempre las élites locales fue de recuperar la libertad comercial para reinsertarse en el capitalismo de la era colonial, cosa que lograrían a mitad del XIX con el Decreto de Bravo Murillo. Se trata de Fernando León y Castillo. Y viene a representar el intento, nuevamente, del Archipiélago por reincorporarse a la escena europea a comienzos del siglo XX, sólo que en este caso necesariamente a través de España. Es curioso como, al igual que la Revolución francesa tuvo como principal testigo español al tinerfeño Domingo de Iriarte, el tránsito del siglo XIX al XX -años cruciales para la consolidación del colonialismo europeo- contarían como principal actor hispano en París con otro isleño, el grancanario León y Castillo. Dos embajadores canarios, pues, condujeron los intereses españoles en dos de los escenarios más determinantes del concierto europeo contemporáneo. Ambos fueron, además, claves para la política exterior española, sobre todo porque tuvieron un papel avanzado -muchas ve-

hizo un magnífico retrato. Esto de los dos embajadores canarios podría parecer una mera casualidad, pero nada más lejos de serlo. La reciente historiografía insular ha analizado en detalle cómo, a raíz de la Ilustración, tan bien acogida en Canarias, la clave del acceso de muchos miembros de las élites locales del Archipiélago -como también de las de Andalucía- a la cúspide del Estado obedecía sobre todo a su dominio de la realidad internacional y el comercio exterior, una dimensión que una España ensimismada necesitaba para salir de su patológico y costoso aislamiento. FLUJOS. Se trata, en fin, de dos

secuencias intencionadamente dispares -la del Mencey de Venecia y la de León y Castilloque, sin embargo, muestran hasta qué punto lo europeo se teje como un hilo de Ariadna que recorre la historia canaria de cabo a rabo. De modo que cuando ya en la segunda mitad del siglo XX las Islas quedan atravesadas por su marca como destino turístico no dejan con ello de acoger una reedición, de nuevo formato, de esa lógica del flujo que hubo de alumbrar a las Islas a la historia moderna y en torno a la cual se organizó el lugar. Y ahora, con la centralidad etérea que le confiere el auge mundial de la geografía del sol en el contexto del capitalismo tardío, global o de redes y en el marco de unas geometrías geográficas variables que han volatilizado la vieja renta de situación, vuelven a hacer lo mismo con una Europa que se amplia y despliega como un familiar telón de fondo.

Europeismo Ultramarino  

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