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era del diez y nueve. Sí, él no hizo otra cosa que dar; vivía en otro mundo muy fuera del suyo. No hizo nada, nada para él. 3 Ayer domingo vi a don Manuel Suárez y a su hijo, de transeúntes por la plaza; ya está por los quince el niño. Pedro Simón, y que buen uso hace de su nombre (caminando) a más lo comentamos con mi comadre Josefa y dice ella, que el niño sabe bien de dónde procede el nombre, y que me reconoce como madrina. Nunca ha venido por acá, dizque por respeto. Lo espero para unos dulces. 3 Me di cuenta cómo Santander no quiso nunca ayudar a Perú. Esperaba que los peruanos hicieran solos la revolución y la guerra a los godos; él quería ocuparse solo de la Patria (Nueva Granada). Sin más complicaciones, sin más obligación por América. Quería que se le eligiera presidente, para ejercer sus propias leyes; pues deseaba regular todo y enviar “al loco del Libertador al diablo”. Por eso lo pensó todo; incluso costó mucho trabajo la indiscreción de un partidario suyo. Había dicho: “Dejemos que el Libertador se pase al extranjero, al Perú, sin autorización; a fin de cuentas hace lo que le da la gana. Así será como el Congreso podrá librarse de él y de esa astuta mujer que es su compañera fiel. No le enviemos tropas, ni pertrechos, se joderá la cosa y no sabrá qué hacer ya, sin gobierno ni mando”. Inmediatamente le di un informe a S.E., y le rogué que no escribiera cartas desde el Perú; al menos que no las datara en lugar parecido de esos sitios, sino que cambiara esos lugares por otros de fuera de Perú, para que así no le diera ocasión al miserable de Santander de que le quitaran el mando. ¡Por eso “fusilé” a esa sabandija!

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Las mas hermosas cartas entre Manuela y Simón  
Las mas hermosas cartas entre Manuela y Simón  

cartas de amor entre Manuelita Saenz y Simón Bolívar

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