Issuu on Google+

Durante el día, la temperatura varía entre 3°C y 9°C.

El enduro ecuestre tiene una fecha especial y exclusiva durante el año: se realiza en la Patagonia, cerca de las Torres del Paine, hasta donde llegan estrellas de esta disciplina aventurera y corredores aficionados, caballos premiados y también debutantes, seguidores del deporte, turistas y gauchos, todos reunidos en torno a una prueba cada vez más famosa y prestigiosa, en la que llegar primero es en verdad lo menos importante. Así es la carrera de caballos más austral del mundo. Por Muriel Alarcón L., desde Torres del Paine.

Q

ue Dios no permita que me vaya a un cielo sin caballos –dijo Bernardo Algorta anoche cuando terminaba su charla. Bernardo Algorta es un veinteañero uruguayo que ganó medalla de oro en enduro ecuestre en el último Panamericano. Por

eso es la estrella del encuentro de este deporte que ahora se realiza en el Parque Nacional Torres del Paine, y por eso la charla que realizó anoche –donde soltó esta frase, que no es suya sino de un personaje histórico cuyo nombre no recuerda– marcaba la inauguración oficial para esta jornada que ya se realiza por octavo año

en esta zona. Y que, dicen aquí, es la competencia de enduro ecuestre más austral. Recordamos la frase ahora que esperamos a los que debieran ser los ganadores. Conversamos con Bernardo, de pie en la meta o en algo así como la meta porque, a diferencia de otros tipos de carreras, aquí no hay una línea

ni nada que demarque el final. Uno de los jurados, un tipo con poncho y sombrero vaquero, da órdenes moviendo un palo que tiene amarradas dos huinchas, una amarilla y otra azul, que son los colores de la bandera magallánica. Hay agitación porque alguien dice haber visto allá a lo lejos a uno de los corredores de la categoría ochenta kilómetros. Todos alistan las cámaras con sus lentes eternos y empiezan los flashes. Esta prueba de enduro ecuestre en Torres del Paine da inicio a una nueva temporada de carreras. Convoca, cada año, a jinetes, experimentados y novatos también, para correr en la pampa, esquivando ríos y bosques, en largas planicies sin alambrados ni barreras, sólo habitadas por guanacos, cóndores y ñandúes. El sueño

de cualquier jinete. El enduro ecuestre consiste precisamente en eso: recorrer largas distancias arriba del mismo caballo. Pero también es mucho más: jinete y caballo –el “binomio”– tienen que tomar buenas decisiones, porque al terminar cada etapa el caballo es revisado por veterinarios, que controlan que no esté lesionado ni cojo ni herido ni deshidratado y, sobre todo, que haya recuperado el ritmo cardiaco en un plazo determinado. Si no cumple, la dupla es descalificada. En resumen, correr rápido y llegar primero no garantiza nada. Bien lo sabe Bernardo Algorta, el medallista panamericano que fue eliminado temprano, en el primer tramo de la carrera de ochenta kilómetros, la más difícil de la competencia y de la que todos esperaban que fuera

sss

muriel alarcón

LA ÚLTIMA CABALGATA

PABLO ARAYA

Torres del Paine:

el ganador. –Yo también lo esperaba –dice Bernardo y sonríe, mientras es interrumpido una y otra vez para que pose en una foto o firme un autógrafo. Los magallánicos –boina, botas, poncho– se acercan y le preguntan de todo. Incluso, cómo es eso de que vive del enduro ecuestre. “Pero... ¿y usted no hace ninguna otra actividad?”, le dice uno, con las manos en los bolsillos, sin dejar de mirar la dirección en la que debieran llegar los primeros jinetes. Bernardo está aquí porque sabe del potencial de este deporte en la zona. Dice que no sería extraño que en el futuro hubiese jeques árabes y otros jinetes de grandes recursos dispuestos a cruzar el planeta para correr en estos parajes del fin del mundo. “Esta podría ser una actividad económica relevante para el país”, dice. Anoche, en su charla, este campeón panamericano alto y flaco, de ojos claros y pelo amarillo, contó cómo le había cambiado la vida desde que se subió a un caballo y comenzó a correr. Luego proyectó fotos y videos donde él aparecía llegando a la meta, y luego más fotos de él sobre algunos podios, y más fotos de su caballo en todos los ángulos. Todo acabó con We are the champions de Queen sonando en uno de los salones del Hotel Las Torres, en la estancia Cerro Paine, el centro de operaciones de este evento. Ahora, en plena competencia, no hay euforia. Siguen llegando los binomios. Apenas se detienen, son recibidos por el jurado y por los ayudantes y familia de los competidores, que cuidan a cada caballo antes de pasar al control veterinario. Llegan todos

PABLO ARAYA

La carrera más larga de enduro en las Torres del Paine tiene 80 kilómetros.

Hay paquetes turísticos que incluyen el seguimiento de la carrera.

chile | 19


20 | chile

El hotel Las Torres (www. lastorres.com), operativo desde septiembre de este año, cuenta con programas de valores promocionales para Fiestas Patrias que incluyen visitas a la Estancia Cerro Negro, donde puede probar asados de cordero magallánico al palo y ser espectador de muestras de esquila de oveja. Hay paseos por el día al Parque Nacional Torres del Paine y navegaciones al glaciar Grey (www.lagogrey.cl), además de excursiones al fiordo Última Esperanza en los barcos de la empresa Agunsa (www.agunsapatagonia.cl).

ttt

mezclados: los que corrieron cuarenta kilómetros y los de ochenta; los de categoría junior y los de adulto. “Terminar es ganar”, dicen aquí. En realidad, lo importante es llegar en buenas condiciones. Para eso, la clave es conocerse mutuamente con el caballo, para saber cómo rinde y dónde exigir. La gente de la zona habla de “conectar”. Que el jinete y el caballo logren complicidad para apoyarse mutuamente. No es fácil. Hasta los grandes se equivocan. El caballo de Bernardo Algorta, por ejemplo, se enterró uno de los clavos que afirmaba su propia herradura. Con esa herida no podía pasar la inspección. Por eso, el jinete más popular del certamen está aquí, parado junto a la meta, esperando a los que sí pudieron terminar. –Vine a correr una carrera; la más espectacular en mi vida, pero esto es como andar en bicicleta y pinchar una rueda. Es algo que puede pasar siempre –dice resignado.

Hay clubes de enduro ecuestre que se preparan especialmente para esta competencia. Hay corredores que vienen de Santiago, arriendan un caballo y lo conocen recién el día antes de competir. Hay baqueanos locales que esperan todo el año este evento. Hay familias que viajan desde otras regiones para disfrutar el show. Hay turistas que llegan en programas todo incluido, que incluyen la carrera. Hay una fiesta animada por el cuarteto musical Patagonia 4, corderos al palo que se empiezan a asar lentamente desde el alba, hay muestras de esquila en la estancia de Cerro Negro. Entre los competidores, algunos corren en la liga nacional y vienen a sumar kilometraje FEI, algo así como los puntos ATP en el tenis. Según la cantidad de kilómetros recorridos, pueden rankearse a nivel nacional. Alrededor de la meta hay varios Kusanovic, la familia dueña del hotel Las Torres y principales organizadores del evento. También hay patrones y trabajadores de las estancias cercanas. Hay caballos mestizos, caballos árabes, algunos ejemplares incluso tienen premios. Los encargados de contabilizar el ingreso, la salida y la descalificación de los jinetes, a esta hora toman café, fuman y tratan de evitar que el viento arrollador se lleve las anotaciones que han hecho desde que a las 10 de la mañana comenzara la carrera. Ahora son las seis de la tarde, y la prueba está cerca de terminar. En la categoría de ochenta kilómetros corrieron dieciocho binomios. En la de cuarenta compitieron veintisiete. Menos de un tercio completará finalmente la prueba. Mientras el cielo se pone cada vez más azulado y el cerro Almirante Nieto se ve imponente frente a nosotros, los primeros corredores empiezan a llegar. El jurado no se inmuta y el público tampoco. Llegar es sólo una parte de la competencia y no significa

muriel alarcón

Datos prácticos

La carrera del fin del mundo es una fiesta.

demasiado. La prueba de fuego, ya lo sabemos, es el control veterinario. Por eso y a pesar del frío, a los caballos, que están sudados y hasta acalambrados, les tiran grandes baldes de agua para refrescarlos. Si no pasan la prueba, significa que sus jinetes no supieron cuidarlos. –Si te das cuenta, gracias a estas competencias muchos jinetes locales han aprendido justamente eso: a cuidar su caballo –dice Pilar Bahamonde, esposa de uno de los estancieros de la zona, fiel seguidora de este deporte y madre de una de las jóvenes corredoras de esta versión. Cerca de las siete de la tarde, los asistentes empiezan a amontonarse en el hall central del hotel. El frío afuera es insufrible. Adentro, las mesas se llenan. Hay prensa, hay flashes, hay ron gratis, hay expectación. Hay calor. Hay jinetes, hay gauchos, hay familias sentadas en largas mesas. Comienza la premiación. Daniel Bahamondes –un pequeño que no supera los ocho años, moreno, pómulos rosados– gana la categoría junior, 40 kilómetros. Otros niños le siguen. Luego sube la otra invitada internacional de la prueba. Cristina Rocha –pantalones y chaqueta de cuero ajustadísimos, pelo rubio y liso, pestañas extra largas– de la que dicen que es como “la Cecilia Bolocco brasilera”. Corredora profesional de enduro ecuestre y animadora de televisión, fue una de las coanimadoras de Antonio Vodanovic en el Festival de Viña del Mar de 1997. El animador de esta noche –un gaucho de boina, botas y poncho– la piropea. El público la piropea.

Esta carrera se realiza hace ocho años en las Torres del Paine.

Todos la piropean mientras recibe su premio –cuarto lugar en los ochenta kilómetros–, y ella retribuye sonriendo y mostrando una pequeña bandera de Brasil. En la mesa de los periodistas brasileños la aplauden y no dejan de felicitarla. Ella dice: “Los caballos, maravillosos; el paisaje, maravilloso; la gente, maravillosa”. Vuelven a llamarla al escenario, recibe otro premio, vuelven a piropearla, ella simula un pasito de samba. Más tarde, menos expuesta a los flashes, Cristina dice que hubo momentos durante la carrera en que dejó de correr. Detuvo su caballo y se puso a pensar. En el enduro –dijo– se planifica y se piensa. En esos momentos, mirando el paisaje que la rodeaba, dice que se sintió cerca del cielo. En el escenario, siguen subiendo los ganadores –Katherina Alarcón en Gavilán; Palmenia Cárdenas en Petizo; Tamara Mac Leod en Guajira–, recibiendo medallas y aplausos. El conteo final dice que en la prueba más dura, la de ochenta kilómetros, los cuatro primeros lugares los obtuvieron mujeres. “¡Éstas son las mujeres que los hombres queremos!”, dice el animador, casi gritando como Don Francisco en un concurso de Sábado Gigante. Y luego suelta otra frase para el bronce: “¡Esto no se ha visto nunca en la Patagonia!”. De una u otra manera, tiene razón. n


Enduro ecuestre Torres del Paine