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MÚSICA

JUGA DI PRIMA Chilena por documentación pero latinoamericana en todo su arte, la cantante promete con sus canciones fundar su propio Mercosur musical. Una cantautora artesanal como las de los setenta y ochenta pero con los códigos actuales. POR MARIANO CASAS DI NARDO/FOTOS GENTILEZA: AMELIA ÁLVAREZ enloquecí con su mezcla de estilos, su libertad escénica, sus videos irreverentes, medios orientales fantásticos donde se permitían todo, y eso fue algo que me influyó y agradezco. Entre el 1996 y 1998 fui su fan chilena número uno, lo sé. Los Illya estaban muy conectados también con la movida funk de Los Tetas, en Chile, que también me encantan. ¿Esas fueron las semillas de tu arte? Sí, sin dudarlo. Después en la adolescencia fui bien hippie, de muchos amigos, de paseos a la naturaleza, soñaba con Woodstock y el Monterrey Pop Festival. También le podríamos sumar la impronta de músicos como JanisJoplin, Luis Alberto Spinetta, David Bowie, Silvio Rodríguez, Violeta Parra y Charly García.

uando creíamos que habíamos escuchado los sonidos más eclécticos del continente, la cantante chilena Juga Di Prima, nos prende fuego nuestros apuntes e irrumpe con su irreverente música fusión de los más inhóspitos ritmos. Rock, pop, blues y folklore, condimentado con los más autóctonos instrumentos, para enamorarnos con canciones como “Los celos (MatuMahatu)”, “Estoy jugando” y “Ficciones”. Su voz, que en los graves nos recuerda a nuestra Érica García, según su estribillo, muta en agudos de inédito registro. Con el misterio de su nombre original, la mística de su arte y su talento de importación, la artista andina se nos presenta como una de las revelaciones indi del momento. -A los 11 años descubrí el disco “Chaco” y “El horno para calentar los mares”, de IllyaKuryaki&TheValderramas, y

Muchos argentinos… Tengo un vínculo muy estrecho con este país. Muchos factores. De muy pequeña mi mamá me crió con los cassettes de María Elena Walsh y libros de Quino. Mi abuelita que vivió mucho tiempo en Argentina, me decía siempre que acá apreciarían mi estilo. Y por sobre todo amo la apertura y variedad cultural que ofrece la ciudad de Buenos Aires. La idiosincrasia del porteño me hace sentido, me cae bien. Además, es una capital hermosa, caóticamente perfecta. Me falta conocer la riqueza cultural del resto del país, pero es algo que ansío y sé que no faltará mucho. ¿Viviste siempre en Chile, o en algún momento en Argentina? Viví siempre en Chile, salvo entre los dos y cuatro años que viví con mi familia en Londres y entre los doce y los quince viajé mucho por lugares más bien exóticos, que desarrollaron mi sociabilidad, supongo (sonríe). Porque tuve una niñez de hija única, de juegos solitarios, con mis propias y únicas reglas, imaginar escenas y lo que vino después me equilibró. Igual me podría definir como una selva. Explorada, sí; pero seguiré adentrándome siempre.

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