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Historia paralela de dos botellas de sidra Manuel Gutiérrez Busto Esta alegoría que relato tiene nombres y apellidos, se me hace difícil de escribirla, por conocer a los protagonistas, pero al fin y al cabo es un pequeño homenaje que les dedico a los que ya no están. Un hombre elaboró sidra, con sus mejores variedades de manzana y dejó por un tiempo que la bodeguera, dentro de la oscuridad del llagar, fuese fermentando y realizándose el proceso, hasta ese nacimiento de la sidra que es la espicha. Llegó el momento y el hombre embotelló dos botellas en distintos tiempos, de la primera comenzó a beber, sabiéndole bien el primer culete, pero quiso probar a la vez la otra y así fue alternando durante algún tiempo. Cada una era distinta, evolucionaban a la par, poco a poco se iban apreciando los matices de cada una, pasando del dulzor del comienzo hasta los amargos y los ácidos que persisten más en las papilas. Como todo en esta vida, confió el escanciado en otros, con tan mala fortuna que de la primera botella que apenas había probado el segundo culete, el agente externo tropezó cayéndose al suelo y rompiéndose la botella. El disgusto fue grande, pero se dijo, ¡todavía me queda parte de la otra botella, disfrutémosla! El hombre siguió consumiendo aquella segunda botella. Cada vez disfrutas más de aquello que vas conociendo, vas sacando matices diferentes, apreciando en cada culete otros aromas, otros gustos que te recuerdan a los aromas y comidas de tu madre, de tus abuelas,

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de tu infancia. Pero el infortunio se cebó con aquella persona y por avatares de la vida también se cayó y se rompió la botella, quedándose sin poder acabar ninguna de las dos. Aquel hombre no estaba solo y los que estaban a su alrededor, fueron solícitos para con él, aunque ya no bebiese de su sidra, aunque no pudiese disfrutar de sus botellas, vio en las de los demás toda una muestra de gratitud, fue tapando, ocultando sus tristezas con otras sidras. Nunca le faltó sidra para degustar, saborear, viendo que las penas con sidra son más llevaderas. Las botellas son el cuerpo de aquello que contiene el alma, que es la sidra. El cuerpo se puede romper, quebrar, reciclar, desaparecer, pero el alma permanece, como la sidra cuando entra en nuestro cuerpo y a través de procesos químicos se trasforma en acético y se absorbe en el intestino, como proteínas, minerales u otras sustancias, pasando a la corriente sanguínea y de esta manera vuelve a formar parte de nosotros mismos de nuestra propia sangre. Sé que la mayoría de las personas que hayan leído este artículo han identificado al hombre, incluso alguno haya probado y conocido las botellas. Gracias a todos, sin las botellas tienes soledad, pero con vosotros uno se siente arropado, con los ánimos y la energía para no mirar hacia atrás y seguir mirando hacia adelante, aunque como la turbidez de la sidra, no lo veas nítido, como si tuvieses lágrimas en los ojos.


LA SIDRA 155