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Subsidios para la Lectura Orante


Lema 2017

Introduccion

Una llamada, muchas voces

“En un mundo de muchas voces y valores, tentados por el encanto de lo aparentemente bueno, los lasallanos estamos llamados por el Instituto a tomar conciencia de que vivir una vida de generosidad y libertad es lo que puede satisfacer nuestra profunda hambre humana y es una forma de responder a la llamada del Espíritu escuchada en lo más profundo de nuestro corazón… Esa respuesta tendrá que ser comprometida en escuchar, ver y responder a la necesidad de nuestro alrededor…” (Revista Actualidad RELAL, Julio 2016)

Queridos compañeros y compañeras de misión: Una llamada, muchas voces… es el lema Lasallano propuesto para trabajar durante todo este año 2017. Esta frase no “cae del cielo”, sino que es fruto de la reflexión que viene llevando el Instituto a nivel general, proyectándose hacia adelante en todo lo que respecta a la Misión. En la circular Nº 470 titulada “Hacia el año 2021: viviendo juntos la alegría de nuestra misión”, el Hno. Superior General Robert Schieler junto con su Consejo proponen un lema general (Viviendo juntos la alegría de nuestra misión) y varios sublemas que corresponden a cada año. Una llamada, muchas voces... es el lema que nos convoca para este 2017. Es decir, ya no tendremos un lema solamente para el Distrito Argentina – Paraguay, sino que nos hacemos partícipes de una comunidad más amplia, que también es referencia, el Instituto. Todos los lasallanos a nivel mundial, estaremos invitados a reflexionar teniendo como eje este lema. Seguramente es una alegría saber que vamos a compartir la reflexión con lasallanos y lasallanas de todo el mundo. Pero también es un gran desafío. Desafío de poder encarnar esa llamada y muchísimas voces desde nuestro lugar, desde nuestra tierra. Desafío de poder apropiarnos de la frase, con los ojos y el corazón anclados en nuestra realidad. Desafío de poder seguir construyendo juntos la vida de nuestro Distrito, de nuestras obras educativas, de nuestros espacios de reflexión conjunta, atendiendo a las demandas que nuestros chicos y jóvenes nos “gritan” a diario en nuestra tarea cotidiana. Como dice nuestro Hno. Visitador Martín Digilio en la carta que nos envía a todos los Lasallanos, Hermanos y Seglares con motivo de la presentación del Documento del VIII Capítulo y VI Asamblea Distritales 2015 – 2016, “…Elegimos a Jesús como maestro espiritual de nuestra vida, y queremos como Él encarnar en nuestro pueblo su mensaje y queremos como Él encarnar su Palabra en nuestras vidas, y así ser signo de esperanza para nuestra generación…” Una llamada, no es más que la de ese Alguien que nos llama, es Él quien nos convoca. Luego, continúa el Hno. Martín:

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“…Esta pedagogía de Jesús, nos invita a evangelizar la cultura, a proponer alternativas ante los signos de deshumanización y olvido de los despojados, de los olvidados, de los que han sido dejados afuera de la mesa y del reparto de los bienes creados para todos…” Estas son las muchas voces, que nos interpelan, que nos revelan el rostro del Maestro. Es desde esas voces, “que muchas veces no tienen voz”, desde donde nos paramos para vivir y contagiar la Buena Noticia del Evangelio. Son esas voces las que nos asocian junto a otros y nos sumergen en este proyecto lasallano de inspiración cristiana para brindarle un servicio educativo a los pobres. De esta manera, el eje primordial del discernimiento que nos une como comunidad viviente llamada por Dios a seguir a Jesucristo y su pedagogía parte desde la lectura de la fe, de un ser llamados para, como Jesucristo, hablar la lengua de nuestro pueblo y compartir con ellos su cultura y temporalidad. Así nos encontramos, educadores y familias, niños y adolescentes, hermanos y seglares, eligiendo a Jesús como maestro espiritual de nuestras vidas, escuchando su llamado a ser signo de esperanza para nuestra generación por medio de su pedagogía, esa que nos invita a evangelizar la cultura, recordar a los olvidados, escuchar a los que no tienen voz. Como señala el Documento del Capítulo y la Asamblea nos proponemos “una espiritualidad de ojos abiertos que comprende que el mundo, las culturas, las ciencias y las artes, la vida de los pueblos y de las personas, especialmente si son pobres, son Palabras con las que Dios nos llama, nos interpela, nos busca, se muestra a sí mismo. Esta espiritualidad dinamiza permanentemente toda la vida de las obras educativas y comunidades. Buscamos identificarnos por el respeto a la diversidad, la inclusión, el cuidado de la naturaleza, la aceptación de las diferencias, el diálogo con las culturas; porque todos son rostros de Dios que nos permiten vivir el mandamiento del amor.” Es en este compartir el mundo donde nos encontramos con la diversidad de voces, de miradas, donde la interculturalidad cobra un sentido de red, donde la llamada personal se transforma en una respuesta comunitaria. Nuestra escuela en pastoral nos anima a tener una mirada atenta a la realidad, donde la síntesis fe – vida – cultura se asuma a partir del discernimiento, de la búsqueda de la Palabra de Dios, del intento por dar respuesta a las muchas preguntas que nos interpelan. Abordar nuestros desafíos implica partir de cuatro experiencias vocacionales: iniciación, acompañamiento, pertenencia y llamados y enviados. Desde aquí construimos los cuatro sublemas que nos animarán durante todo el año: Una llamada, muchas voces... para que vengan y vean. Una llamada, muchas voces... para quedarte con nosotros. Una llamada, muchas voces... para permanecer unidas. Una llamada, muchas voces... para gritar Tu palabra multiplicando gestos. Por todo esto queremos que este 2017 sea un año que nos anime a escuchar y responder, a mirar la diversidad con ojos de fe, a entender la interculturalidad como medio para el aprendizaje, con

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una mirada comunitaria, donde la espiritualidad se fortalezca en medio de la secularización por medio de una nueva forma de hacer Iglesia. En el material que preparamos encontrarán subsidios para los distintos niveles: Inicial, Primario, Secundario y Adultos. Pensamos un recorrido sencillo pero de profunda reflexión y compartir comunitario, con oraciones de la mañana, celebraciones y material de lectura orante. Acompañamos cada nivel con diversos recursos que procuramos los ayuden a favorecer una mediación significativa y comunitaria.

Una llamada, muchas voces… para que vengan y vean

Este sublema nos encuentra reencontrándonos. Abrazos, anécdotas, alegrías, tristezas y experiencias vividas se cruzan en la sala de maestros, en las aulas, en los patios… Nombres y rostros concretos somos llamados y convocados a vivir juntos una experiencia educativa que es, a su vez, una experiencia de fe. Porque una voz nos llama. Una voz nos invita. Una voz nos convoca a vivir juntos una experiencia que nos transforma, nos llena de vida, nos plenifica. Una voz nos propone mirar el mundo juntos y soñar otro mundo posible. Y, la escuela, ese espacio de Iglesia, se transforma en un ensayo de ese Reino que el Buen Dios nos mostró en Jesús que es posible encarnar. Los primeros discípulos, según el relato de Juan 1, 35-39, cuando escuchan hablar de Jesús lo siguen. Éste, al ver que lo seguían, les pregunta qué buscan a lo que ellos responden con otra pregunta ¿Dónde vives? La respuesta de Jesús es concreta: “Vengan y vean”. El relato concluye diciendo que estos se fueron con Él, vieron dónde vivía y pasaron todo el día en su presencia. De esta experiencia es de la que nos habla el sublema que estamos invitados a vivir, reflexionar y pensar en estos meses. Jesús no llama y convoca desde ideas abstractas. Llama y convoca desde la experiencia de compartir la vida y la fe descubriendo que somos invitados a una vida humana plena, con sentido y con una fe que crece y se profundiza asumiendo modos concretos de testimoniar la Buena Noticia de Jesús. En términos lasallanos esto es la cultura vocacional. Que nuestra escuela sea laboratorio de Reino, lugar de vida humana plena, espacio de Iglesia donde se gesta, profundiza y crece nuestra fe, lugar de opciones para servir al Reino asociados al servicio educativo de los pobres como Hermanos y Seglares, Alumnos y Educadores en distintos lugares.

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Nos reencontramos en este nuevo año para eso. Para que nuestra escuela sea una experiencia realista y cercana del “Vengan y vean” del Evangelio. Para que nuestra escuela sea un espacio en el que descubramos la presencia y acción de Dios en nuestras historias y la de nuestro pueblo. Para que nuestra escuela nos anime a comprender nuestra existencia como “llamada” y “respuesta”. Para que en nuestra escuela, como decía el Hno. Fermín en ese bello poema a la Virgen de la Estrella, “Tu Hijo pueda jugar y enseñar en ella”. Venimos para ver al Dios de la Vida que se revela en nuestra vida…

Una llamada, muchas voces… para quedarte con nosotros

El segundo sublema nos encuentra en tiempo de Cuaresma, acompañándonos en el camino a la Pascua, quizás la fiesta central del año litúrgico de los cristianos. Decimos fiesta, aunque no todo sea alegría. El camino hacia la resurrección no nos es fácil, pues recordamos el dolor y sufrimiento que Cristo padeció por nosotros. Él anunció su Pasión a los discípulos, sin negar todo lo que implicaría cumplir con el designio de Dios, así como nunca escondió el sacrificio necesario para poder seguirlo en la construcción del Reino. Todos los años tenemos una nueva oportunidad de meditar el sentido de la resurrección, del paso de la muerte a la Vida, la completa entrega de uno por una causa mayor, y de disfrutar plenamente la alegría de sabernos salvados por Él. Recordar no es simplemente hacer consiente algo que habita en nuestra memoria; es algo mucho más profundo y significativo. Re (de nuevo) y cordis (corazón), es una nueva oportunidad de dejarnos interpelar por aquello que supo alguna vez atravesar nuestros corazones de un modo particular. Rememorar una fecha, una tarea, un nombre, no es igual que recordar a una persona, una voz, una palabra, un gesto. Es por ello que compartir con personas que vivan según las enseñanzas de Jesús, vivir experiencias que nos permitan continuar construyendo el Reino, nos hacen sentir cerca suyo. Y cada encuentro con Jesús es transformador; aquello que uno aprende de Él, de su vida, es algo que trasciende el mero momento del encuentro. Nos lo deja claro en su diálogo con la samaritana en el pozo: “Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed”(Jn 4, 14). Aquello que Él ha venido a enseñarnos tiene como fin último acompañarnos; no hoy, sino por siempre. Pero Jesús no está a una distancia determinada respecto de nosotros, y cada vez que lo reconocemos o hacemos presente, nos acercamos un

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paso más. No. Simplemente, cuando vivimos algo que hace sentir nuestro corazón como aquella primera vez en la que Jesús se hizo presente, cuando volvemos a beber de Su agua, cuando lo recordamos es que nos damos cuenta que Él nunca se fue. Es lo que logran comprender los discípulos de Emaús, cuando se dicen “¿No ardían acaso nuestros corazones, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24, 32). Jesús nunca se fue de su lado. Claro que no lo reconocieron en el momento en que Jesús caminaba con ellos, porque sus preocupaciones no se lo permitían. Nuestra tarea es identificar a Jesús entre las muchas voces en las que hoy se manifiesta; recordarlo en el rostro de los niños, niñas y jóvenes que nos han sido confiados, de nuestros compañeros, en nuestras comunidades, y ayudar a otros a hacerlo, a pesar de aquellas cosas que distraen nuestro corazón y nuestra mente. Cristo, como ser histórico, nos habló desde su realidad. Debemos ahora buscar su llamada, que nunca ha cesado, en la nuestra. Si deseamos encontrarlo, debemos buscarlo en los lugares y en las personas que mantengan vivo su Espíritu, y confiar en que nunca ha dejado de estar con nosotros, pues cada encuentro con Él, lo vuelve a hacer eterno.

Una llamada, muchas voces… para permanecer unidas

Las primeras comunidades cristianas se formaron en un contexto difícil: persecuciones, temor, dudas, son algunas de las adversidades con las que estos apóstoles convivieron durante su gestación. Perseguidos por el poder, por predicar el mismo mensaje que llevó a Jesús a la cruz; temerosos por saberse enemigos de ese sistema opresor, de las autoridades políticas y religiosas de su tiempo, que buscarían callarlos a toda costa; con dudas generadas por la incertidumbre de caminar sin su Pastor, como un rebaño de ovejas que sabía hacia dónde debía ir, pero aún así se sentía perdido. Nuestra realidad se asemeja en gran medida a la suya: en un mundo sumergido en la cultura capitalista, donde la violencia es el lenguaje cotidiano, donde el individualismo y el egoísmo marcan la tendencia, proclamarse cristiano no es fácil. Quienes osan cuestionar “la norma”, aquellos que intentan vivir bajo la Palabra de Dios, desentonan. Y si bien es cierto que ya no somos perseguidos, el temor a ser señalados es real, y es común dudar respecto del camino que elegimos, cuando no siempre podemos observar el fruto de nuestra opción. Podríamos preguntarnos entonces cómo hacer para seguir siendo fieles a Cristo, en un contexto desfavorable como el de hoy. La respuesta es sencilla: así como lo hicieron las primeras comunidades. Hubo algo

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superador del miedo y la incertidumbre, algo que consiguió mantener a esos hombres y mujeres firmes en su misión, convencidos de continuar predicando la Buena Noticia. Fue la fuerza del Espíritu la fuente de confianza que reafirmó sus convicciones y les permitió mantenerse firmes en la misión. Aquella que irrumpió en Pentecostés para renovar la Fe de los apóstoles, cuando “aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía que se expresara”(Hech 2, 3-4). En un instante, el lugar entero se transformó, como todas las personas que se encontraban allí. ¿Por qué la llegada del Espíritu hace que comiencen a hablar en otros idiomas? En realidad, podían comunicarse en cualquier idioma, porque desde ese momento habían empezado a hablar el idioma universal: el del Amor. El mensaje de Jesús no tiene bandera, color, nacionalidad, ni cualquier otro tipo de distinción. Su propuesta es para todos y cada uno, y es por eso que quienes la predican logran hacerse entender; porque no hablan el lenguaje de la mente, sino el del corazón. Nuestro desafío como cristianos es recibir el Espíritu Santo, hacerlo carne, y comenzar a hablarle a los corazones de nuestros hermanos y hermanas, para aunar fuerzas, para compartir el pan, para seguir construyendo juntos el Reino; para que nuestras voces permanezcan unidas y fieles a Él, hoy como ayer.

Una llamada, muchas voces… para gritar tu palabra multiplicando gestos

El año avanza y hemos profundizado desde distintos lugares la experiencia de encontrarnos con Jesús, aprender a estar con Él y sabernos llamados a formar parte de una comunidad de vida y de fe. Pero este llamado comunitario no se concreta solamente en los vínculos y relaciones que se establecen hacia dentro de la comunidad. La Buena Noticia de Jesús es expansiva, contagia, se irradia… Por eso no es posible guardarse para sí ese mensaje de mayor justicia y mayor dignidad para todos y todas. Jesús, a sus discípulos, los invitó a estar con Él para enviarlos a anunciar a todo el mundo el sueño que Dios tenía para la humanidad. La Salle se descubrió llamado e inmediatamente se puso al servicio de la educación de los más pobres y olvidados de su tiempo. Porque todo llamado supone un envío. En este tiempo, en el que vamos madurando nuestro llamado, este sublema nos invita a multiplicar los gestos de esta bella experiencia de “ser llamados” y de “ser enviados”. Nos toca, ahora, testimoniar desde el servicio lo que el Dios de la Vida ha obrado en nosotros.

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Ilustracion 2017

Este año, por primera vez, realizamos un concurso abierto para la presentación del logo/ilustración que acompañe al lema 2017. Queremos agradecer todas las propuestas llegadas, muy especialmente a las alumnas del Instituto La Salle San Martín por participar de la convocatoria con entusiasmo y gran calidad en sus trabajos. También agradecemos a sus profesores y directivos por el incentivo y la motivación. A continuación les presentamos el seleccionado, así como las propuestas de las alumnas, que acompañarán al logo oficial en diferentes materiales gráficos.

Explicación de la ilustración 2017 (Marisa Paulón): La propuesta es muy sencilla en sus elementos: Sobre el círculo que representa la esfera terrestre hay unas formas que intentan replicar las emisiones sonoras. Una mayor, representa la voz de Dios que es quien invita a la gran tarea, la misión, en tanto una serie igual de menor tamaño en sentido contrario representa la humanidad que responde. En su similitud, cada una de ellas tiene un color diferente: verde (la naturaleza); rosa y marrón (las dos etapas extremas de los convocados: desde la infancia a la madurez, basada en algunos textos leídos sobre colores para ayudar a significar); amarillo (la alegría); morado (sentido religioso); blanco (elegido para representar a quienes, no siendo religiosos, también aportan desde sus propias cosmovisiones). No estando en orden quieren abarcar destinatarios, actitudes y participantes de la labor a la que somos llamados. La estrella de La Salle puesta en cercanía a la "voz" de Dios, acompañando, impulsando. Un segundo círculo mayor replica al primero y pretende dar la idea de reproducción, multiplicación, ampliación de horizontes. Dentro de él una serie de líneas quieren semejar una red, en recordatorio del pasaje del Evangelio (Mateo 4,18) cuando Jesús llama a los primeros apóstoles a que lo acompañen. La tipografía elegida del tipo manuscrita refuerza el concepto de la tarea humana. Se trabajó con tonos derivados del azul y el naranja institucional, más un tercer color que empata bien con los primeros.

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Agustina Belén Berri. En el logo se ve representada la diversidad de voces por medio de cada uno de los colores que conforman el círculo abierto que abraza y sustenta la estrella. La cual está compuesta por el lema institucional, escrito con diferentes tamaños y colores, queriendo así mostrar cada uno de los niveles que participan de la comunidad Lasallana. El concepto de “llamada” está simbolizado como una luz que surge del interior de la estrella y nos convoca a comprometernos y responder, cada uno con su voz, a la misma. Antonella Favazza. La llamada, representada en la paloma, se convierte en múltiples voces que se ramifican y buscan alcanzar impacto en una sociedad capaz de transformarse y construir en el mundo de hoy el reino de Dios. Los colores nos remiten a la tierra, la naturaleza y la vida, puntos de partida que nos invitan a involucrar a nuestra comunidad en la tarea de consolidar un mundo mejor en donde todos se sientan integrados. Eugenia Muiño. En el margen superior del logo, representé a La Salle, quien nos convoca, nos llama a una misión compartida por una educación transformadora. Hacia los lados está representada la comunidad en cuatro caras con colores en tono pastel para mostrar la diversidad de las voces que se suman a nuestro desafío cotidiano. El corazón rojo, simboliza el afecto y la confianza que sentimos en nuestra escuela. En cuanto a la tipografía, utilicé la Kristen itc., que connota lo cotidiano, lo cercano y lo cálido reforzando la idea de la escuela como hogar. Evelyn Paz. Mi logo muestra la figura de un megáfono con el cual representé la llamada, realizada con las manos que connotan las muchas voces que responden. El fondo de colores lo utilicé para representar las ondas sonoras que emite la llamada y las distintas interpretaciones, elegí especialmente colores pasteles para que pueda diferenciarse el fondo de la figura. Para las manos utilicé colores intensos para reforzar el mensaje de una comunidad, donde cada uno es diferente, pero está unida para transmitir el mensaje.

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Por último coloqué el lema en el extremo inferior derecho para poder seguir con facilidad la línea de lectura y finalice con un mensaje claro y anclado. Florencia L. Soza. El lema "Una llamada, muchas voces" está representado en este logo con la imagen de La Salle que convoca a la comunidad, representada en este caso con las estrellas. El óvalo representa la onda sonora del llamado y al mundo. Los colores elegidos son los que identifican a la institución. Por último coloque el lema a su alrededor para reforzar el mensaje. Jennifer Micaela Ojeda. Elegí el mundo de fondo como representando nuestra gran comunidad, en la que las manos entrelazadas simbolizan unión, fraternidad y compañía. La paloma blanca volando en el centro encarna la llamada a la paz y la estrella en su ala figura toda la comunidad Lasallana. Utilicé el uso diverso de colores haciendo alusión a las diferentes etnias y culturas (a las muchas voces que responden al llamado). Verde: salud y esperanza. Naranja: alegría, creatividad y éxito. Celeste: constancia y confianza. Rojo: amor. Violeta: eternidad. Amarillo: energía, inteligencia e innovación. Natasha Irina Wosniak. Cuando comencé a diseñar mi logo pensé en nuestra comunidad, en lo que significa estar dentro de ella, pertenecer. Representé esto con una mancha no muy fuerte difuminada hacia los lados, sin contornos definidos; ya que considero que la comunidad crece constantemente. En el centro ubiqué la figura de Jesús que es quien nos guía y nos une como comunidad, invitándonos a ser parte de ella sin excluir a nadie. Por último, agregué unas manos de diferentes tamaños, dentro de la mancha, con la idea de plasmar de forma concreta esas distintas voces que responden al llamado. Nayla Buccolini. El logo muestra la estrella, símbolo que identifica a la comunidad lasallana. En este caso, al estar compuesta por diferentes morfologías humanas representa la diversidad de quienes la componen. El lazo contiene el

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lema en su interior y abraza la estrella, dando a entender que la llamada nos convoca a todos. La elección del color se debe al característico azul y naranja lasallano. Además, la tipografía al ser cursiva, habla de la unión.

Cancion lema lasallano 2017 Una llamada, muchas voces…

Letra: Fercho

Fontanellaz Música: Juampi Cerrano

Muchas voces se oyen desde aquí y allá van en busca de horizontes de igualdad. Porque cada una tiene muchas historias para contar y al juntarse todas, forman comunidad. Desde lejos las voces intentan llegar, son audaces, reflejan la realidad. Son el eco de este mundo que pide a gritos fraternidad van clamando fuerte, justicia y dignidad. Vamos todos vengan y vean les hice una promesa de una vida mejor. Vamos la llamada está hecha y la mesa está puesta, memorial del amor.

Valentina Filippis. La llamada de Jesús nos convoca a todos a estar al servicio del otro. Una misma voz, logra unir a muchas personas por una misma causa y sin esperar nada a cambio. En el centro del logo podemos observar la silueta de una campana, símbolo de la Iglesia Católica y la llamada. A su alrededor se encuentran globos de diálogo formando un semicírculo que se completa con el lema “Una llamada, muchas voces”. El motivo de estas viñetas, los colores y disposiciones elegidos son variados queriendo representar la diversidad de voces dentro de una comunidad, que responden a la misma.

Estos tiempos necesitan signos de paz salgan, canten y acompañen a los de atrás. El que se sienta llamado y enviado a multiplicar gestos de esperanza, póngase a caminar. Nuestra estrella es pertenencia e identidad va guiando a paso firme nuestro andar. Quedan muchos desprotegidos y excluídos por educar ese es el Servicio, nuestra fidelidad. Vamos todos vengan y vean porque quiero mostrarles donde hoy vivo yo. Vamos la llamada está hecha espero tu respuesta, vos decime aquí estoy.

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Una llamada, muchas voces...

para que vengan y vean

Marzo - abril “Vieron dónde vivía y se quedaron con Él.” Juan 1,35-3900

Encuentro 1

1. Miramos nuestra realidad* Este primer momento se trata de darnos un tiempo para mirar la realidad, observar, descubrir los contextos, las situaciones en los que la invitación que se nos hace desde cada uno de los sublemas deberá concretarse, llevarse adelante.

En estos dos meses estamos invitados a rezar y reflexionar sobre ¡un nuevo año escolar! Una nueva oportunidad para construir, para renovar, para recrear, para aprender, para crecer, para escribir… El nuevo año es una página en blanco. Escribir en ella es una experiencia colectiva que nos convoca a todos y genera la unión de alumnos, profesores, padres, de toda la comunidad educativa. Es tiempo de escribir con atención, con esmero y con esperanza. La esperanza indica que un cambio es posible, porque nos asumimos como parte de ese cambio. Alumnos, profesores y padres, hermanos, todo un núcleo humano “sembradores de esperanza”. El Papa Francisco en uno de sus tantos encuentros con docentes y padres decía:

* Es conveniente que, desde el inicio, acordemos un tiempo determinado para transitar cada una de las propuestas del encuentro, de manera que podamos “profundizar” tratando de evitar “irnos por las ramas”.

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Ustedes están aquí, nosotros estamos aquí porque amamos la escuela. Digo “nosotros” porque yo amo la escuela, la he amado como alumno, como estudiante y como maestro. Y luego como Obispo. En la Diócesis de Buenos Aires encontraba a menudo al mundo de la escuela. ¿Por qué amo la escuela? Probaré a decírselo. Amo la escuela porque es sinónimo de apertura a la realidad. ¡Al menos así debería ser! No lo es siempre, y entonces quiere decir que es necesario cambiar un poco. Ir a la escuela significa abrir la mente y el corazón a la realidad, a la riqueza de sus aspectos, de sus dimensiones. ¡Esto es bellísimo! En los primeros años se aprende a 360 grados, luego poco a poco se profundiza hacia una dirección y finalmente se especializa. Pero si uno ha aprendido a aprender, esto le queda para siempre, permanece una persona ¡abierta a la realidad! Los maestros son los primeros que deben permanecer abiertos a la realidad, ¡con la mente siempre abierta a aprender! Sí, porque si un maestro no está abierto a aprender, no es un buen maestro, y ni siquiera es interesante; los muchachos lo perciben, tienen “olfato”, y son atraídos por profesores que tienen un pensamiento abierto, “inconcluso”, que buscan “algo más”, y así contagian esta actitud a los estudiantes. Este es el primer motivo por el que amo la escuela. Otro motivo es que la escuela es un lugar de encuentro. Se encuentra a los compañeros; se encuentra a los maestros; se encuentra al personal asistente. Los padres de familia encuentran a los profesores; el director encuentra a las familias, etcétera. Es un lugar de encuentro. Y esto es fundamental en la edad del crecimiento, como complemento a la familia. La familia es el primer núcleo de relaciones: la relación con el padre y la madre y los hermanos es la base, y nos acompaña siempre en la vida. Pero en la escuela nosotros “socializamos”: encontramos personas diferentes a nosotros, diferentes por edad, por cultura, por proveniencia… La escuela es la primera sociedad que integra a la familia. La familia y la escuela ¡jamás van contrapuestas! Son complementarias, y por lo tanto es importante que colaboren, en el respeto recíproco. Y las familias de los chicos de una clase pueden hacer mucho colaborando juntas entre ellas y con los maestros. Esto hace pensar en un proverbio africano que dice: “Para educar a un hijo se necesita a todo un pueblo”. Y también amo la escuela porque nos educa a lo verdadero, al bien y a lo bello. La educación no puede ser neutra. O es positiva o es negativa; o nos enriquece o nos empobrece; o hace crecer a la persona o la deprime, incluso puede corromperla. La misión de la escuela es desarrollar el sentido de lo verdadero, del bien y de lo bello. Y esto ocurre a través de un camino rico, hecho por tantos “ingredientes”. ¡Es por esto el por qué existen tantas disciplinas! Porque el desarrollo es fruto de diversos elementos que actúan juntos y estimulan a la inteligencia, a la consciencia, a la afectividad, al cuerpo, etcétera. Por ejemplo, si estudio esta Plaza, Plaza de San Pedro, aprendo cosas de arquitectura, de historia, de religión, de astronomía – el obelisco recuerda al sol, pero pocos saben que esta plaza es también un gran meridiano. De esta manera cultivamos en nosotros lo verdadero, el bien y lo bello; y aprendemos que estas tres dimensiones no están jamás separadas, sino siempre entrelazadas. Si una cosa es verdadera, es buena y es bella; si es bella, es buena y es verdadera; y si es buena, es verdadera y es bella. Y estos elementos juntos nos hacen crecer y nos ayudan a amar la vida, también cuando estamos mal, también en medio a los problemas. ¡La verdadera educación nos hace amar la vida y nos abre a la plenitud de la vida! Y ¡no nos dejemos robar el amor por la escuela! (Reflexión del Papa Francisco, extraído de un evento realizado el 10 de mayo 2014, en Roma, “La Iglesia por la escuela”).

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Algunas preguntas para delimitar el tema de nuestra oración: ¿Amo la institución educativa? ¿Cómo hago crecer ese amor y pertenencia a ella? ¿Qué me dice la frase “para educar a un hijo se necesita a todo un pueblo? ¿De qué manera me comprometeré a colaborar como docente, padre-madre, hermano, en la formación humana, educativa, religiosa de mis alumnos y/o hijos? 2. Acudimos a la palabra ¿Qué dice el texto? (Ver el texto propuesto en la Hojita de oración) La finalidad de este momento no es decir lo que cada uno piensa del texto sino ayudar a la comprensión del mismo. A este momento hay que darle un tiempo suficiente, pero acotado. Anotaciones para la comprensión del texto

En el Evangelio se percibe con claridad el inicio de una nueva unidad literaria por la expresión “al día siguiente”. Es una importante escena de transición donde se “pasa” del Antiguo al Nuevo Testamento. Donde Juan Bautista reconoce en Jesús el Mesías esperado y por ello no retiene a sus discípulos para sí sino que los orienta hacia Jesús. Juan comienza a “decrecer” para que Jesús “crezca”. El Bautista guía y dirige a sus discípulos hacia el “más Fuerte”. En este contexto Juan Bautista define a Jesús en el v. 36 como el Cordero de Dios (ya lo había hecho en el v. 29 como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo). La palabra “cordero” evoca en el Israel de la época de Jesús la idea de sacrificio donde este animal (ganado menor) era utilizado para los diversos sacrificios y recordaba los “grandes sacrificios” en la historia del pueblo: 1. sacrificio diario en el Templo, mañana y tarde; 2. sacrificio en lugar de Isaac; 3. sacrifico en la noche de Pascua; 4. sacrificio del servidor sufriente que se ofrece por los pecados. Jesús es claramente el Cordero de Dios pero no en el mismo plano que los sacrificios de la historia de Israel nombrados más arriba. Es evidente la superioridad de Jesús como Cordero de Dios… Su venida, de hecho, suprime por parte de Dios la necesidad de los ritos antiguos dado que Él mismo ofrece y es la “víctima perfecta” que da la reconciliación plena y total a los hombres con Dios. Es interesante la pregunta de Jesús a los dos discípulos de Juan que lo siguen: ¿qué quieren? Ellos responderán a su vez con otra pregunta: ¿dónde vives, Maestro? La

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respuesta de Jesús no se deja esperar: Síganme y lo verán. Estos dos discípulos quieren saber algo acerca de Jesús, y reciben como respuesta una invitación a hacer experiencia de encuentro, tienen que seguirlo y lo verán. Tal vez los discípulos buscaban un conocimiento más superficial, querían conocer “datos” sobre Jesús. El Señor va más allá y los invita a tener un encuentro vivo y vital con Él. Nos dice el evangelista que “se quedaron todo el día”. En el v. 40 se nos cuenta que uno de los discípulos era Andrés, el hermano de Simón Pedro. La experiencia del encuentro con Jesús fue tan intensa que lo primero que hace es buscar a su hermano y decirle que ha encontrado al Mesías. Es claro que con la llegada de Jesús, el Mesías, el Cristo, la espera del Pueblo llega a su fin: los hombres se encuentran “cara a cara” con el Dios que viene a salvarlos. La presentación realizada por Juan Bautista desencadena una suerte de admirables comunicadores, ya que unos a otros se van pasando el impostergable descubrimiento. Quienes han tenido la gracia extraordinaria de estar con Cristo invitan a otros a tener la misma experiencia. Algunas preguntas (“para permanecer juntos en la Palabra”) ¿Soy para los otros un “Juan Bautista” que señala donde está el Dios vivo y verdadero, el Cordero de Dios? ¿Qué significa para mí hoy que Jesús sea el Cordero de Dios? ¿Cómo impacta en mi vida ese momento de la Misa donde el sacerdote presenta a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo? ¿Sigo a Jesús que pasa a mi lado, que se acerca al camino de mi vida? ¿Qué me /nos dice el texto? Oración personal “ministerial”. ¿Qué me dice el texto para la comunidad? Cada miembro del grupo es “enviado” en oración personal con la Palabra, a buscar los caminos del Señor para todos. Se trata de que vayamos al encuentro del Señor para buscar sus caminos para el grupo o la comunidad a la que pertenecemos y en la que estamos orando. Sugerencias para la oración personal

Invitamos a cada integrante a: 1. Releer el texto propuesto (ver la Hoja de Oración al final del esquema) tratando de detenernos en alguna frase o versículo que nos llame la atención. 2. Hacemos el esfuerzo de memorizarlo, de pasarlo una y otra vez por nuestro

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corazón, preguntándonos qué quiere decir Dios a nuestra comunidad valiéndose de mí.

Como barro en tus manos P. Eduardo Meana

3. Copiamos el versículo en el cuadrito correspondiente.

Yo sí que te conozco: Tu vida está en mis manos… Sos el barro que formo, vos sos el barro que amo. (2)

Puesta en común La finalidad de este momento es compartir con sencillez y recibir con respeto y atención nuestra experiencia de oración. Todos los miembros tenemos derecho de compartir nuestra experiencia de oración, pero este compartir debe ser libre, sin presiones.. Se invita a que cada uno lea: el versículo o frase que eligió para rezar y la reformulación expresando nuestra oración.

3. Nuestra respuesta ¿Qué le decimos / qué le digo? En este momento tenemos que elegir y decidir juntos uno o dos pasos concretos de respuesta al Señor para estos meses (propósitos, consignas de conversión).

Para orar con este texto te proponemos unas líneas del Papa emérito Benedicto XVI en Deus caritas est Nº 1, que iluminan de manera particular esta invitación del Evangelio de hoy a vivir la fe cristiana como un encuentro con Jesucristo: “…No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva…”

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Déjame que te sople mi Aliento… Déjame modelarte a mi imagen… Déjame darte una forma nueva… Deja a tu Alfarero que trabaje… Un barro dócil que confía en su Artesano, barro que se funde y nace un nuevo vaso, donde lleves el tesoro de mi vida y de mi abrazo… Volver al barro para sentir mi presencia, embarrarse para ganar transparencia, Barro abierto al Soplo nuevo, que hace nueva la existencia. Déjame que te sople mi Aliento… Déjame modelarte a mi imagen… Déjame darte una forma nueva… Deja a tu Alfarero que trabaje… Yo sí que te conozco… Y tenele paciencia a tu barro… Y tenele confianza a mis tiempos… Y mirá cómo ejerzo este oficio… Y volvete también alfarero… El “día a día”, es taller simple y fraterno, donde imaginar lo valioso y lo bueno, donde modelar, pacientes, el diseño de lo nuevo. Volver al barro es consagrar lo cotidiano, es involucrarse quedando embarrados, es cuidar y amar el rostro bello y frágil de lo humano

Como barro en tus manos

4. Lo reformulamos escribiendo nuestra oración.


4. Fin de la oración Para finalizar nuestra oración invitamos a realizar oraciones espontáneas, o bien elegir algún canto que nos motive a transitar los caminos que hemos señalado para nuestra comunidad.

Canto propuesto: “Como barro en tus manos”, del P. Eduardo Meana.

Aquí copiamos la frase o versículo

Hojita de oración Evangelio según san Juan 1,35-42 Traducción: El Libro del Pueblo de Dios

Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. Él se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?». Ellos le respondieron: «Rabbí –que traducido significa Maestro– ¿dónde vives?». «Vengan y lo verán», les dijo. Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde. Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro.

Escribimos nuestra oración para compartir

Palabrad del Señor: Gloria a ti Señor Jesús

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Una llamada, muchas voces...

para quedarte con nosotros Mayo - junio “Lo reconocieron al partir el pan” 0

Lucas 24, 29-35 0

Encuentro 1

1. Miramos nuestra realidad En estos dos meses los invitamos a rezar y reflexionar sobre la importancia del trabajo mancomunado entre los hermanos, educadores y padres en la tarea educativa. Nuestro fundador San Juan Bautista de La Salle nos ilumina con algunos rasgos que marcan y reflejan la identidad de nuestras instituciones educativas. Serio como era y pragmático, la forma de pensar y de actuar de La Salle se hallaba por igual distante de la palabrería humanista y de la frialdad del racionalismo. El humanismo propio del siglo XV y del XVI organizaba las instituciones educativas de cara a los contenidos literarios y filosóficos. El racionalismo que nacía con Descartes y los movimientos incipientes de los científicos prefería la ciencia y la lógica de altos vuelos, adonde no llegaban más que mentes privilegiadas y, desde luego, socialmente desahogadas. Juan Bautista De La Salle pensaba en otra cosa. Su mente y su corazón estaban en las clases populares, que, por cierto, no necesitaban las lenguas clásicas ni precisaban los métodos deductivos. Él prefirió enseñar a leer y a escribir para fomentar la cultura entre los pobres que les hiciera más libres. Y entendió que sus escuelas habían de ser instrumentos de mejora para aprender a pensar, a sentir y a vivir. Supo que lo importante era preparar personas capaces de enfrentarse con la realidad humana de un mundo nuevo, que ya en su tiempo amanecía. Y por eso organizó escuelas prácticas al mismo tiempo que personales, eficaces y distinguidas, populares y abiertas a otras clases sociales. Espíritu selecto y con sentido común, buscó todo lo que se escribía en su tiempo sobre educación y supo asimilarlo con verdadera originalidad. Sobre todo supo mirar el porvenir de los alumnos de sus escuelas y quiso hacer de ellos personas serviciales y morales, cristianos firmes y comprometidos y también personas dignas. Por eso estuvo atento a la formación y preparación de sus maestros, pues siempre pensó que las escuelas son lo que son los maestros.

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Algunos rasgos peculiares pueden ser recordados como fuente de influencia en sus Instituciones Educativas y de la actuación de sus maestros: La simpatía, cordialidad, confianza y afecto entre discípulos y maestros, tal vez pueda recordarse como uno de los más importantes. Tal vez sea el más típico. Esa fraternidad viene del carácter que el fundador de las escuelas cristianas quiso para sus educadores; así perfiló el tipo de educador que le pareció mejor: hombre laico, de total dedicación, entregado en exclusiva a la tarea docente, bien preparado, ordenado y disciplinado, con gran sentido de equipo y con trabajo asociado al de los otros educadores. En este sentido se daba importancia a la cordialidad y a la cercanía en las relaciones personales, tanto con los alumnos como con las familias. Escribió en la regla para los Hermanos: “Amarán tiernamente a todos sus alumnos, pero no se familiarizarán en particular con ninguno de ellos, ni les darán cosa alguna por especial predilección, sino sólo como recompensa o estímulo. Manifestarán a todos los alumnos igual afecto, y más aun a los pobres que a los ricos, por estarles aquéllos mucho más encomendados por su Instituto” (Reglas Comunes 7,13-14). La cercanía del educador, el interés por su progreso y por su resultado, la superación de los meros intereses académicos, la apertura a destiempo y contratiempo para ayudar en las necesidades incluso afectivas y morales, la generosidad en el tratamiento. Un símbolo hermoso de las instituciones educativas lasallanas fue siempre los patios colegiales poblados de alumnos bulliciosos y abiertos al diálogo, no sólo a la hora de los recreos, sino antes y después de las clases. A todo esto se llamó sentido de familia. Y en esta fortaleza está la dedicación a conocer a los alumnos, para poderse acercar más estrechamente a ellos. Las disposiciones pedagógicas resultan siempre premiadas por los efectos positivos en el trabajo de cada día. Es de sumo interés el conocer, apoyar, animar y seguir a los alumnos, tanto a los que son buenos escolares como a quienes se hallan con especiales dificultades de convivencia, comportamiento o de aprendizaje. Es un conocimiento pedagógico que resulta más provechoso cuanto más delicado, discreto y transformador de las personas es. Pero Juan Bautista De La Salle no quiere conocer por curiosidad científica. Ni siquiera entiende el rendimiento escolar como un medio de mejorar en la vida. El maestro debe promocionar la cultura para conseguir personas más libres. (Meditaciones para las fiestas principales del año 186,3,2). Entre los valores de la participación en la vida de la escuela se halla la de los padres como pieza fundamental en la marcha del trabajo escolar. Esa aportación de los padres, que Juan Bautista De La Salle resaltaba en su pedagogía de la Guía, es para él emblemática y condicionante desde el principio hasta el final de la escolarización. El pensamiento de San Juan Bautista De La Salle sigue siendo iluminador para entender cómo se organiza la institución educativa lasallana. “Los maestros se harán cada vez más concientes de que la educación ha de ser el resultado de muchas influencias. La escuela cristiana se esfuerza por colaborar con los demás agentes y

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medioseducativos. Los Hermanos y educadores trabajan en estrecha colaboración con los padres, primeros responsables de la educación de sus hijos, convencidos de que no sólo tienen algo que enseñarles, sino también más de una cosa que aprender de ellos. Intentan, además, establecer lazos fraternales con los otros educadores. La escuela no debe encargarse por sí misma de todo, sino que se preocupa de continuo por multiplicar las relaciones amistosas con todas las instituciones que se ocupan de organizar los ocios de los jóvenes.” (Declaración 47). Éste es el sentido de nuestra reflexión, que por fuerza ha de ser dinámica y comprometedora, pues no se trata de hacer progresar la ciencia pedagógica que ciertamente es una labor noble, sino de pensar en cómo organizar nuestros centros para que los alumnos salgan mejor formados y su tarea escolar resulte más gratificante y provechosa. Por eso el Fundador reclamó el laicado completo en sus educadores y configuró un nuevo estilo de escuela cristiana que habría de durar hasta nuestros días. Y se convirtió en la gran figura de los maestros dedicados en cuerpo y en alma a la educación. Hno. Pedro Chico González

Algunas preguntas para delimitar el tema de nuestra oración ¿Cómo vivo el sentido de pertenencia y el espíritu de familia en la institución? ¿Creo lazos de encuentro e interés como docente y/o padre-madre? El secreto de la eficacia educadora de las escuelas lasallanas fue siempre el trabajo compartido entre los educadores (hermanos o laicos). Fue el sentido que siempre tuvo el concepto original de “trabajar juntos y por asociación”. ¿cómo se vive este rasgo distintivo dentro de nuestra institución educativa?

2. Acudimos a la palabra ¿Qué dice el texto? (Ver el texto propuesto en la Hojita de oración) Anotaciones para la comprensión del texto

El relato de los discípulos de Emaús nos describe la experiencia vivida por dos seguidores de Jesús mientras caminan desde Jerusalén hacia la pequeña aldea de Emaús, a ocho kilómetros de distancia de la capital. El narrador lo hace con tal maestría que nos ayuda a reavivar también hoy nuestra fe en Cristo resucitado. Dos discípulos de Jesús se alejan de Jerusalén abandonando el grupo de seguidores que se ha ido formando en torno a él. Muerto Jesús, el grupo se va deshaciendo. Sin él, no tiene sentido seguir reunidos. El sueño se ha desvanecido. Al morir Jesús, muere también la esperanza que había despertado en sus corazones. ¿No está sucediendo algo de esto en nuestras comunidades? ¿No estamos dejando morir la fe en Jesús? Sin embargo, estos discípulos siguen hablando de Jesús. No lo pueden olvidar. Comentan lo sucedido. Tratan de buscarle algún sentido a lo que han vivido junto a él.

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«Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos, ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a tantos creyentes que abandonan la Iglesia pero lo siguen recordando? La intención del narrador es clara: Jesús se acerca cuando los discípulos lo recuerdan y hablan de él. Se hace presente allí donde se comenta su evangelio, donde hay interés por su mensaje, donde se conversa sobre su estilo de vida y su proyecto. ¿No está Jesús tan ausente entre nosotros porque hablamos poco de él? Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué es lo que vienen conversando por el camino?» No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Conversando con él, irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior. Es así. Si en la Iglesia hablamos más de Jesús y conversamos más con él, nuestra fe revivirá. Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel "desconocido" se quede con ellos. Al celebrar la cena eucarística, se les abren los ojos y lo reconocen: ¡Jesús está con ellos! (Comentario del P. José Antonio Pagola, Teólogo y Licenciado en Sagrada Escritura)

Algunas preguntas (“para permanecer juntos en la Palabra”) ¿De qué aspectos “comunitarios” nos habla el texto? ¿De qué manera abro mis ojos espirituales cada vez que leo o rezo con las Escrituras? ¿Cómo vivo mi fe en Jesús? ¿Recuerdo sus palabras, comparto su estilo de vida? ¿Descubro su presencia viva en la Eucaristía y en las personas que caminan junto a mí? ¿Qué me /nos dice el texto? Sugerencias para la oración personal Invitamos a cada integrante a: 1. Releer el texto propuesto (ver la Hoja de Oración al final del esquema) tratando de detenernos en alguna frase o versículo que nos llame la atención. 2. Hacemos el esfuerzo de memorizarlo, de pasarlo una y otra vez por nuestro corazón, preguntándonos qué quiere decir Dios a nuestra comunidad valiéndose de mí.

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3. Copiamos el versículo en el cuadrito correspondiente. 4. Lo reformulamos escribiendo nuestra oración. Puesta en común 3. Nuestra respuesta ¿Qué le decimos / qué le digo? “Señor, reconozco que tantas veces necesito que me abras los ojos de mi corazón y mi mente para reconocerte en todas las situaciones de mi vida. Enséñame como a los discípulos a abrir mi corazón al rezar con las Escrituras hasta hacerlo arder.” 4. Fin de la oración Canto propuesto: “Tu modo”, P. Cristobal Fones

Tu modo P. Cristobal Fones

Jesús al contemplar en tu vida, el modo que tú tienes de tratar a los demás. Me dejo interpelar por tu ternura tu forma de amar nos mueve a amar. Tu trato es como el agua cristalina que limpia y acompaña el caminar. Jesús enséñame tu modo, de hacer sentir al otro más humano que tus pasos sean mis pasos mi modo de proceder. Jesús hazme sentir con tus sentimientos, mirar con tu mirada comprometer mi acción, donarme hasta la muerte por el reino, defender la vida hasta la cruz, amar a cada uno como amigo y en la oscuridad llevar tu luz. Jesús yo quiero ser compasivo con quien sufre, buscando la justicia, compartiendo nuestra fe. Que encuentre una auténtica armonía entre lo que creo y quiero ser, mis ojos sean fuente de alegría que abrace tu manera de ser.

Tu modo

Quisiera conocerte, Jesús tal como eres, tu imagen sobre mi es lo que transformará, mi corazón en uno como el tuyo que sale de sí mismo para dar, capaz de amar al padre y los hermanos que va sirviendo al reino en libertad.

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Hojita de oración

Aquí copiamos la frase o versículo

Evangelio según san Lucas 24, 13-35 Traducción: El Libro del Pueblo de Dios

En aquel mismo día, dos de los discípulos se dirigían a un pueblo llamado Emaús, que dista de Jerusalén unos once kilómetros. Iban hablando de todos estos sucesos. Mientras hablaban y se hacían preguntas, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos estaban tan cegados, que no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: —¿Qué es lo que vienen conversando por el camino? Ellos se detuvieron entristecidos, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: —¿Eres el único en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días? Él les preguntó: —¡Qué ha pasado? Ellos contestaron: —Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo. ¿No sabes que los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron? Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel. Y sin embargo, ya hace tres días que ocurrió esto. Es cierto que algunas de nuestras mujeres nos han sorprendido, porque fueron temprano al sepulcro y no encontraron su cuerpo. Hablaban incluso de que se les habían aparecido unos ángeles que decían que está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y lo encontraron todo como las mujeres decían, pero a él no lo vieron. Entonces Jesús les dijo: —¡Qué torpes son para comprender, y qué duros son para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías sufriera todo esto para entrar en su gloria? Y empezando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que decían de él las Escrituras. Al llegar al pueblo adónde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron diciendo: —Quédate con nosotros, porque es tarde y está anocheciendo. Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaba sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a ellos. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero Jesús desapareció de su lado. Y se dijeron uno a otro: —¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras? En aquel mismo instante se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once y a todos los demás, que decían: —Es verdad, el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón. Ellos, por su parte, contaban lo que les había ocurrido cuando iban de camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Palabrad del Señor: Gloria a ti Señor Jesús

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Escribimos nuestra oración para compartir


Una llamada, muchas voces...

para permanecer unidas

Julio - agosto “El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto” 0

Juan 15,1-8 0

Encuentro 1

1. Miramos nuestra realidad En estos dos meses estamos invitados a rezar y reflexionar sobre el impacto que tienen los Medios de Comunicación en nuestra vida, cómo sin darnos cuenta van determinando nuestros comportamientos y nuestra manera de relacionarlos como personas, como familia, como comunidad, como sociedad.

Educación de los excluidos - Una mirada crítica sobre los medios Cecilia Barone Philippe Breton, antropólogo y sociólogo francés, en una interesante investigación hecha sobre los medios de comunicación comenta que: Los medios de comunicación al estar sobrevalorados influyen notoriamente en la formación de valores. En este sentido tiene más peso la presentación televisiva de un hecho que su vivencia. Importa sentarse a ver televisión. No importa lo que se emita en ese momento. Se confunde información con conocimiento. Se generaliza el estilo mediático, el hombre moderno privilegia el contacto virtual. Los medios promueven la uniformidad en el pensar y de actuar. Pensemos que la “opinión pública”, en muchos casos, no es sino la opinión privada de quienes digitan los medios divulgada a través de estos y que buena parte de la sociedad hace suya en forma acrítica, fomentando, así, la superficialidad y el espíritu conformista. Los invitamos a que piensen, críticamente, cómo lo que vemos en la pantalla nunca sucede tal y como lo muestra la televisión, y en muchos casos sucede de esa forma porque la televisión lo está mostrando. Por ejemplo, nunca se ve el accidente, el homicidio, la denuncia, sino un espectáculo

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armado a partir de aquello que sucedió. La disposición de las cámaras, los comentarios, los acuerdos previos acerca de cuáles van a ser los temas a debatir, el tiempo que obliga a frases cortas y rápidas, producen el espectáculo televisivo. La imagen termina por producir el efecto de realidad, puede mostrar y hacer creer en lo que muestra. Entonces, lo que no aparece en la televisión es como si no existiera, como que “no lo conoce nadie”. Pero la televisión no sólo produce “realidad” sino una híper-realidad: la realidad cotidiana queda devaluada por lo que se muestra en la pantalla (al final la gente se empeña en vivir de la forma que aparece en la televisión). La televisión tiene mucho que ver con sólidos intereses económicos y, como la violencia vende mucho es frecuente encontrar una gran oferta de programas de esta índole. Cuanto mayor sea el tiempo de exposición de los chicos a programas violentos mayor será el riesgo de influencias perjudiciales. Cuando el malo, el violento, no sólo no es sancionado sino que aparece como triunfador, termina por transformar a la violencia en algo simpático. Promueve una identificación con el agresor (lo que incrementa la conductas agresivas), un efecto espectador al aumentar la insensibilidad y acostumbramiento y un efecto apetito (incremento del deseo de ver o cometer actos de violencia). En los conflictos que se presentan no hay negociación, ni diálogo, ni mediación posible; el héroe siempre es bueno y el enemigo malo. Ganar significa destruir al adversario. Es evidente que estas cuestiones sirven, además, para reforzar los prejuicios al alimentar diversos estereotipos relacionados con grupos étnicos, género y procedencias socioeconómicas. Tantas horas frente al televisor hacen que el hombre pierda el diálogo con los demás y el reconocimiento del mundo que lo rodea, siendo que es allí donde se dan el encuentro, la posibilidad del amor, los gestos supremos de la vida. “Uno va quedando aletargado delante de la pantalla y aunque no encuentre nada de lo que busca lo mismo se queda allí, incapaz de levantarse y hacer algo bueno...Es un tedio, un aburrimiento al que nos acostumbramos como a “falta de algo mejor”. El estar sentado frente al televisor anestesia la sensibilidad, hace lerda la mente, perjudica el alma” (Ernesto Sábato. La Resistencia) Además la permanencia frente al televisor puede terminar por debilitarnos psiquica y espiritualmente. La ausencia prolongada de los padres en el hogar, en general por cuestiones laborales, hace que sea sustituida por la presencia del televisor. Los grandes pueden no estar pero la televisión no nos abandona. Es omnipresente. Sin una presencia atenta y vigilante, los programas son consumidos y asimilados por los chicos sin ningún tipo de análisis crítico. Queremos llamar la atención sobre la manera de presentar a los adultos en muchos programas juveniles. Si bien las críticas al mundo adulto, por parte de los jóvenes, es considerada, desde siempre, una manera de desprendimiento y de crecimiento. Estas críticas hoy se alimentan desde los programas mediáticos orientados a la franja de televidentes niños y adolescentes, donde, frecuentemente, ridiculizan actitudes de los padres y docentes, a quienes se presentan como defendiendo un mundo obsoleto y sin vigencia. La perspectiva valorativa que muestran los medios ingresa también a la escuela cargada en la mochila de los chicos, sin ningún tipo de barrera, lo que torna bastante inoperante todo intento de sostener valores

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contrarios a los que la sociedad de consumo ofrece, máxime cuando los mismos adultos, encargados de la transmisión de actitudes, se muestran dubitativos y hasta temerosos con respecto a lo que tienen que enseñar. Por otro lado, mientras los medios muestran una notoria evolución técnica que permite incrementar su atractivo, la capacidad de renovación de la escuela es muy lenta y cada vez queda más rezagada en cuanto a su real capacidad de incidencia en los educandos. El entonces Cardenal Bergoglio, instó a un millar de catequistas, en un encuentro realizado el 12 de marzo de 2005, a tener “una mirada de compasión ante el espectáculo sombrío de la omnipotencia manipuladora de los medios, del paso prepotente e irrespetuoso del pensamiento único que quieren contagiarnos una incapacidad de amar. Los medios son un “don de Dios”, aclaró, aunque criticó el conventilleo, la curiosidad malsana, en una civilización paradójicamente herida de anonimato. “No se avergüencen de proponer certezas. No todo está en cambio, no todo es fruto de la cultura y del consenso” Queda a la familia y a escuela constituirse en espacios privilegiados para desarrollar hábitos valorativos que estén orientados por principios diferentes de los que la lógica del mercado imperante muestra en los medios. De esta manera dejarán de ser estos los agentes únicos y principales en la formación de valores.

Algunas preguntas para delimitar el tema de nuestra oración ¿Qué podemos hacer como padres y educadores frente al avance de los medios? ¿Nos atrevemos como adultos a orientar a nuestros hijos y alumnos frente a su uso para que puedan formar un criterio propio? ¿Cómo podemos reaccionar ante lo que ofende los propios valores y principios? 2. Acudimos a la palabra ¿Qué dice el texto? (Ver el texto propuesto en la Hojita de oración) Anotaciones para la comprensión del texto

La imagen es de una fuerza extraordinaria. Jesús es la «vid», los que creemos en él somos los «sarmientos». Toda la vitalidad de los cristianos nace de él. Si la savia de Jesús resucitado corre por nuestra vida, nos aporta alegría, luz, creatividad, coraje para vivir como vivía él. Si, por el contrario, no fluye en nosotros, somos sarmientos secos. Nuestra primera tarea hoy y siempre es «permanecer» en la vid, no vivir desconectados de Jesús, no quedarnos sin savia, no secarnos más. ¿Cómo se hace esto? El evangelio lo dice con claridad: hemos de esforzarnos para que sus «palabras» permanezcan en nosotros. La vida cristiana no brota espontáneamente entre nosotros. El evangelio no siempre se puede deducir racionalmente. Es necesario meditar largas horas las palabras de Jesús. Sólo la familiaridad y afinidad con los evangelios nos hace ir aprendiendo poco a poco a vivir como él.

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La experiencia diaria nos ha de hacer pensar a los cristianos la verdad de las palabras de Jesús: «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada». La fe comienza a desfigurarse cuando se olvida que, antes que nada, es un encuentro personal con Cristo. El cristiano es una persona que se encuentra con Cristo y en él va descubriendo a un Dios Amor que cada día le convence y atrae más. Lo dice muy bien Juan: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es Amor» (1 Jn 4, 16). Esta fe sólo da frutos cuando vivimos día a día unidos a Cristo, es decir, motivados y sostenidos por su Espíritu y su Palabra: «El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí no podéis hacer nada». La imagen es sencilla y de gran fuerza expresiva. Jesús es la «vid verdadera», llena de vida; los discípulos son «sarmientos» que viven de la savia que les llega de Jesús; el Padre es el «viñador» que cuida personalmente la viña para que dé fruto abundante. Lo único importante es que se vaya haciendo realidad su proyecto de un mundo más humano y feliz para todos. La imagen pone de relieve dónde está el problema. Hay sarmientos secos por los que no circula la savia de Jesús. Discípulos que no dan frutos porque no corre por sus venas el Espíritu del Resucitado. Comunidades cristianas que languidecen desconectadas de su persona. Por eso se hace una afirmación cargada de intensidad: «el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid»: la vida de los discípulos es estéril «si no permanecen» en Jesús. Sus palabras son categóricas: «Sin mí no podéis hacer nada». ¿No se nos está desvelando aquí la verdadera raíz de la crisis de nuestro cristianismo, el factor interno que resquebraja sus cimientos como ningún otro? Sólo Jesús es «la verdadera vid». Lo decisivo en estos momentos es «permanecer en él»: aplicar toda nuestra atención al Evangelio; alimentar en nuestros grupos, redes, comunidades y parroquias el contacto vivo con él; no desviarnos de su proyecto. Algunas preguntas (“para permanecer juntos en la Palabra”) ¿De qué manera yo mantengo mi permanencia en Jesús según esta metáfora? ¿Qué importancia tiene para mi vivencia espiritual cercana a Jesús la tarea del Padre como “viñador”? ¿De qué manera intentaré vivir para ser un sarmiento que dé fruto? ¿Cómo resuenan en mí las palabras de Jesús en mi vida de discípulo?

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¿Qué me /nos dice el texto? Sugerencias para la oración personal

Como el sarmiento a la vid Maite Lozada

Invitamos a cada integrante a: 1. Releer el texto propuesto (ver la Hoja de Oración al final del esquema) tratando de detenernos en alguna frase o versículo que nos llame la atención. 2. Hacemos el esfuerzo de memorizarlo, de pasarlo una y otra vez por nuestro corazón, preguntándonos qué quiere decir Dios a nuestra comunidad valiéndose de mí. 3. Copiamos el versículo en el cuadrito correspondiente. 4. Lo reformulamos escribiendo nuestra oración.

Hoy quiero ver el mundo con tu mirada, pisar tus huellas al andar, y volar el cielo con tus alas y soñar al despertar. Quiero abrazar con tus brazos, cantar con tu voz, y poner tu gozo en cada llanto, y sentir con tu corazón. Porque sin ti no puedo amar, siento el vacío y la soledad quiero estar junto a ti, como el sarmiento a la vid. Quiero entenderlo todo con tus palabras, llenar mis manos de tu pan, ser silencio para escucharte, y así poderme dar.

Puesta en común

Porque sin ti no puedo amar…

3. Nuestra respuesta ¿Qué le decimos / qué le digo? “Señor, ayúdame a permanecer siempre unido a Ti como los sarmientos a la vid. Que mi vida dé el fruto que Tú esperas, facilitando la tarea del Padre de “podarme” para dar más todavía.”

Llámame en mi mañana gris, si me falta el aire, si no sé adónde ir. Porque sin ti no puedo amar…

4. Fin de la oración Canto propuesto: “Como el sarmiento a la vid”, Maite Lozada.

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Como el sarmiento a la vida


Hojita de oración

Aquí copiamos la frase o versículo

Evangelio según san Juan 15, 1-11 Traducción: El Libro del Pueblo de Dios

Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.

Escribimos nuestra oración para compartir

Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto. Palabrad del Señor: Gloria a ti Señor Jesús

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Una llamada, muchas voces...

para gritar Tu Palabra, multiplicando gestos

Septiembre - octubre “Levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y dio los panes a sus discípulos,0 y ellos los distribuyeron00 entre la multitud”000 Lucas 9, 10-1700 00

Encuentro 1

1. Miramos nuestra realidad En estos dos meses estamos invitados a rezar y reflexionar sobre la diversidad cultural, y como ésta determina nuestras relaciones interpersonales, nuestros lugares de trabajo y público, también nuestras aulas presentan una imagen cada vez más plural desde la perspectiva cultural.

El reto en las aulas Los centros escolares presentan hoy día un aspecto plural, con alumnado procedente de numerosos países y de culturas, en muchos casos, muy diferentes de la autóctona. Con frecuencia, estos alumnos y alumnas no conocen la lengua del contexto escolar cuando se incorporan al centro educativo. A menudo han tenido una formación escolar previa muy distinta a la del centro educativo al que se integran, en algunos casos quizás incluso no han sido escolarizados previamente. Los currículos existentes no contemplan las necesidades de estos nuevos perfiles de alumnado. El alumnado autóctono a menudo se considera frenado en el aprendizaje del currículo establecido. En ocasiones, esto provoca su desplazamiento a otros centros con tasas menores de alumnado inmigrado. La población inmigrante

Para analizar la situación desde la perspectiva de la población inmigrante vamos a centrarnos en el modelo de estrategias de aculturación del psicólogo canadiense John Berry.(1) Este modelo fue concebido para explicar las estrategias de aculturación en el contacto entre grupos étnicos diferentes. John W. Berry define la aculturación como “un proceso de cambio cultural y psicológico que resulta del contacto continuado entre personas de trasfondos culturales diferentes” (Berry 2006: 27) (traducción: M. Pellicer Palacín).

Asimismo, Berry considera la aculturación como un proceso dinámico que se extiende en el tiempo y cuya duración puede depender de múltiples factores: individuales, grupales o colectivos. Este

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proceso puede a su vez desarrollarse de forma diferente a nivel individual o a nivel grupal. En los procesos de aculturación, John W. Berry contempla dos premisas a saber: a. Conservación de la identidad cultural del grupo minoritario. b. Contacto del grupo minoritario con la cultura mayoritaria. Según tengan o no lugar estas dos variables resultarán cuatro tipos diferentes de estrategias de aculturación: Integración: si el grupo minoritario conserva su identidad cultural y al mismo tiempo mantiene contacto con la cultura mayoritaria. Separación: si el grupo minoritario conserva su identidad cultural, pero no mantiene contacto con la cultura mayoritaria. Asimilación: si el grupo minoritario no conserva su identidad cultural, pero sí mantiene contacto con la cultura mayoritaria. Marginación: si el grupo minoritario no conserva su identidad cultural y tampoco mantiene contacto con la cultura mayoritaria. La estrategia de integración es la forma que proporciona un mayor bienestar psíquico y social a la persona perteneciente a un grupo minoritario. Se diría, pues, que el equilibrio entre la conservación de la identidad cultural de origen y el contacto con la nueva cultura mayoritaria proporcionan a la persona perteneciente a un grupo minoritario el sentimiento de tener una identidad propia y, al mismo tiempo, le proporcionan la posibilidad de enriquecer ésta con elementos tomados de la cultura de la nueva sociedad mayoritaria. Las estrategias de aculturación no son homogéneas en todos los ámbitos de la vida. Así, puede darse que en la intimidad familiar de un individuo o grupo predomine una estrategia, mientras en el comportamiento social y laboral, por ejemplo, otras. En el caso de las migraciones actuales, la existencia de los nuevos medios de comunicación –Internet, fundamentalmente– permite a la población migrada mantener un contacto mucho más amplio, frecuente y directo con la sociedad de origen de lo que era posible hace algunos años. Dándose actualmente una tendencia mucho mayor hacia la integración, por lo que es probable que la asimilación, de llegar a producirse, tarde con seguridad mucho más tiempo en hacerlo. La intensidad de la relación con la sociedad de acogida no es homogénea para todas las personas llegadas de otros lugares, mientras hay algunas que reciben una aceptación muy favorable por parte de la sociedad autóctona, hay otras que experimentan rechazo por parte de los miembros de la misma o en algunos casos son las personas llegadas quienes ven con distancia o incluso rechazo los hábitos culturales de la nueva sociedad mayoritaria. La relación con la sociedad de origen viene a su vez marcada por dos componentes fundamentales: las razones de salida del país de origen y la acogida por parte de la nueva sociedad de residencia. Estos aspectos incidirán directamente en la fuerza de los vínculos que la persona migrada mantenga con su cultura de origen o establezca con el nuevo contexto cultural. La sociedad del futuro

Algunos estudios prevén la división de las sociedades del futuro en dos clases básicas: por un lado, aquellas personas que tengan capacidad de comportamiento intercultural y, por otro, aquellas que no la tengan. Para Pascal Zachary (2), el futuro pertenece a las sociedades receptoras de inmigración. Según él, la conjugación de cosmopolitismo y localismo caracterizará las sociedades del futuro y la hibridación

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unida a la cohesión social definirán el poder de una nación. En sus propias palabras: “La mezcla tendrá lugar tanto si las élites políticas y culturales la ven con buenos ojos como si no, tanto si a uno le parece bien como si no, tanto si es comprendida como si no. La única incertidumbre radica en la cuestión de si esta bastardización será vista como un brillante éxito o como un lamentable fracaso”. Los centros que tienen alumnado de otras culturas en sus aulas, si saben aprovechar de forma positiva y activa el complejo reto que esta situación les presenta, podrán ofrecer a su alumnado –ya sea autóctono o inmigrado– la posibilidad de adquirir estrategias y habilidades de comportamiento intercultural en su propio centro. Pero, ¿qué significa esto concretamente? Una buena competencia intercultural le permite al individuo que la posee comportarse con personas de otras culturas de una forma adecuada, es decir, de una forma que no sólo transmite y recibe informaciones adecuadamente sino que, además, tiene en cuenta y valora los elementos culturales de las personas con las que está comunicando y los de sus contextos culturales correspondientes. ¿Cómo se puede aprovechar esta coyuntura en las aulas para enriquecer a ambos sectores de población: inmigrante y autóctona? Una de las formas más oportunas y eficaces es el trabajo en forma de proyectos cooperativos e interdisciplinarios. Al desarrollar tareas en grupos, cada alumno puede hacer hincapié en determinados aspectos, según sean sus necesidades y capacidades propias; el profesor puede de este modo observar, motivar y apoyar a cada alumno en particular de una forma más idónea y directa en cada situación y necesidades concretas. La interdisciplinariedad hace posible a su vez fomentar las diferentes aptitudes del alumnado. Una de las formas más eficaces de aprendizaje es la transmisión de los conocimientos que uno tiene a otros. Enseñar es una de las mejores formas de aprender. De esto sabemos mucho todos los que nos dedicamos a la enseñanza. Pues, para poder enseñar bien una cosa relativamente sencilla debemos haber entendido el tema de una forma mucho más profunda, en caso contrario nos limitaríamos a la transmisión de conceptos memorizados, que difícilmente serían entendidos por aquellos a quienes pretendemos enseñar. El hecho, pues, de enseñar algo a otros me obliga a tratar, plantearme y observar el tema desde perspectivas más amplias, nuevas y diferentes. En cuanto más abierta sea una escuela, más posibilidades tendrá de conseguir una buena educación intercultural. Lo mismo sirve para el mundo institucional y para todos los individuos de una sociedad. La diversidad cultural en el aula: un reto, una oportunidad - Mariarosa Pellicer Palacín Autora de materiales de E/LE (Múnich, Alemania) 1. BERRY, J. W. (2006): “Contexts of acculturation”, en The Cambridge Handbook of Acculturation Psychology. Cambridge: Cambridge University Press, págs. 27-42. 2. ZACHARY, P. G. (2000a): The Global Me. New Cosmopolitans and the Competitive Edge. Picking Globalism's Winners and Losers. New York: Public Affairs.

Algunas preguntas para delimitar el tema de nuestra oración ¿Me cuesta aceptar lo diferente? ¿Cuánto tiempo me lleva hacerlo? ¿Con qué gestos recibo al que viene de otro lugar, al que piensa distinto, al que es diferente? ¿Cómo puedo construir relaciones productivas y sanas con otras culturas? ¿Cómo puedo evitar ofender a personas de diferentes culturas?

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2. Acudimos a la palabra ¿Qué dice el texto? (Ver el texto propuesto en la Hojita de oración) Anotaciones para la comprensión del texto

El evangelio hace referencia a la multiplicación de los panes, que tiene muchos elementos que evocan la cena eucarística. Podemos distinguir tres partes en el texto, los vv. 11-12 que muestran la situación inicial de Jesús con la gente y la propuesta de los doce de invitar a la gente que se vaya para encontrar alojamiento y comida. Luego (vv.13-14a) la propuesta de Jesús que sean los discípulos quienes den de comer a la multitud y la constatación de la dificultad. Finalmente (vv. 14b-17) la resolución de la dificultad por la multiplicación de los panes por parte de Jesús. El texto comienza mostrando actitudes típicas del ministerio de Jesús: acoge a la gente, anuncia el Reino de Dios y cura las enfermedades (v. 11). Jesús se toma tiempo para anunciar el reino “les hablaba”, y también para atender las necesidades “curaba”. Los discípulos que ven a Jesús atender a las necesidades, también aprenden a cuidar de la gente y al llegar la noche quieren que no se queden sin comida y cobijo y le dicen a Jesús que despida a la gente para que lo encuentren. La respuesta de Jesús es desconcertante: “Denles ustedes de comer” (v.13). Están en un lugar deshabitado, no tienen más que cinco panes y dos peces, ¿cómo pueden darles de comer? Tal vez Jesús con ese mandato: “Denles ustedes de comer” se estaba anticipando a lo que los discípulos tendrían que hacer luego de la pascua del Señor, cuando deberían multiplicar el pan de la palabra y repartir el pan del cuerpo del Señor. De hecho los discípulos terminarán haciendo lo que Jesús les había dicho, pues si bien es Jesús quien multiplica los panes, se los da a sus discípulos para que sean ellos quienes lo repartan (v. 16). Luego de la dificultad que le presentan los discípulos, Jesús vuelve a tomar la iniciativa, pero hace participar a sus discípulos de lo que Él hace: Jesús hace que sus discípulos acomoden a la gente en pequeños grupos y les da el pan para que ellos lo repartan. Se ve con claridad que Jesús hace a sus discípulos colaboradores de su obra. Las palabras que describen lo que Jesús hace con el pan y los pescados: “tomó” “bendijo”, “los partió”, “los dio” evocan con claridad la institución eucarística (ver Lc 22,19ss) de modo que todo el relato, más allá del milagro de la multiplicación es un signo, que remite a la última cena en la que Jesús se queda como pan partido y sangre derramada y manda a sus discípulos hacerlo presente: “hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19). Jesús no vive de espaldas a la gente, encerrado en sus ocupaciones religiosas, e indiferente al dolor de aquel pueblo. «Ve el gentío, le da lástima y cura a los enfermos». Su experiencia de Dios le hace vivir aliviando el sufrimiento y saciando el hambre de aquellas pobres gentes. Así ha de vivir la Iglesia que quiera hacer presente a Jesús en el mundo de hoy.

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En un mundo donde mueren de hambre millones de personas, los cristianos sólo podemos vivir avergonzados. En la Iglesia son muchos los que caminan en la dirección marcada por Jesús; la mayoría, sin embargo, vivimos sordos a su llamada, distraídos por nuestros intereses, discusiones, doctrinas y celebraciones. ¿Por qué nos llamamos seguidores de Jesús? Comentario del P. José Antonio Pagola (Teólogo, Licenciado en Sagrada Escritura) Algunas preguntas (“para permanecer juntos en la Palabra”)

¿Soy como la multitud que sigue a Jesús motivada por su fe? ¿Tengo compasión por las necesidades de la gente? ¿Busco excusas para no atenderlas o soy solícito en suplirlas? Con tu familia: ¿Cómo puedes hacer de la cena un momento de encuentro fraterno? Con respecto a los demás: ¿Qué acciones puedes hacer para saciar el hambre a otros? ¿Qué me /nos dice el texto? Sugerencias para la oración personal

Invitamos a cada integrante a: 1. Releer el texto propuesto (ver la Hoja de Oración al final del esquema) tratando de detenernos en alguna frase o versículo que nos llame la atención. 2. Hacemos el esfuerzo de memorizarlo, de pasarlo una y otra vez por nuestro corazón, preguntándonos qué quiere decir Dios a nuestra comunidad valiéndose de mí. 3. Copiamos el versículo en el cuadrito correspondiente. 4. Lo reformulamos escribiendo nuestra oración. Puesta en común

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Los incontables Ain Karem

No cuentan las mujeres ni los niños, no cuentan quienes vagan marginados, no cuenta quien es pobre o está enfermo, no cuenta quien está crucificado. No cuentan quienes no tienen trabajo, ni tampoco quien sufre una adicción, o quien habla otro idioma en tierra extraña, no cuenta quien es de otro color. Mas… para ti son quienes cuentan, Son quienes cantan la gloria de Dios, son tu rostro, Señor crucificado, son tu rostro, Señor resucitado eres tú. Ni los niños soldados tienen nombre, ni las niñas que están esclavizadas, no existen quienes hoy mueren de hambre, y se ignora a quienes sufren soledad. No contaron las mujeres ni los niños, y hoy siguen sin contar los más pequeños. Que haga mío el dolor de mis hermanos, y comparta en justicia el pan con ellos. Mas… para ti…

Los incontables


3. Nuestra respuesta ¿Qué le decimos / qué le digo? “Señor, que tenga yo compasión de las necesidades de las personas que están a mi alrededor. Dame también la decisión de realizar acciones concretas de misericordia.” 4. Fin de la oración Canto propuesto: Los Incontables – Ain Karem

Aquí copiamos la frase o versículo

Hojita de oración Evangelio según san Lucas 9, 10-17 Traducción: El Libro del Pueblo de Dios

Al regresar, los Apóstoles contaron a Jesús todo lo que habían hecho. Él los llevó consigo, y se retiró a solas con ellos hacia una ciudad llamada Betsaida. Pero la multitud se dio cuenta y lo siguió. Él los recibió, les habló del Reino de Dios y devolvió la salud a los que tenían necesidad de ser curados. Al caer la tarde, se acercaron los Doce y le dijeron: «Despide a la multitud, para que vayan a los pueblos y caseríos de los alrededores en busca de albergue y alimento, porque estamos en un lugar desierto». Él les respondió: «Denles de comer ustedes mismos». Pero ellos dijeron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente». Porque eran alrededor de cinco mil hombres. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: «Háganlos sentar en grupos de cincuenta». Y ellos hicieron sentar a todos. Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirvieran a la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas. Palabrad del Señor: Gloria a ti Señor Jesús

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Escribimos nuestra oración para compartir


Una llamada, muchas voces... Noviembre - diciembre “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del0 Padre y del Hijo y del00 Espíritu Santo”000 Mateo 28, 16-2000 00

Encuentro 1

1. Miramos nuestra realidad En esta oportunidad estamos invitados a rezar y reflexionar sobre los dos últimos meses del año. Nos decía el Papa Francisco en una oportunidad: “Recojamos como en una cesta los días, semanas y meses para ofrecerlos al Señor. un año que ha pasado por lo tanto no nos lleva a una realidad que termina pero a una realidad que se cumple, es un paso ulterior hacia la meta que está delante de nosotros: una meta de esperanza y de felicidad, porque encontraremos a Dios, razón de nuestra esperanza y fuente de nuestra alegría".

Visita del Papa francisco a la población del Bañado Norte Capilla de San Juan Bautista, Asunción Domingo 12 de julio de 2015 Estoy muy alegre por visitarlos a ustedes esta mañana. Nos encontramos en esta Parroquia llamada Sagrada Familia y les confieso que desde que comencé a pensar en esta visita, desde que comencé a caminar desde Roma hacia acá, venía pensando en la Sagrada Familia. Y, cuando pensaba en ustedes, me recordaba la Sagrada Familia. Ver sus rostros, sus hijos, sus abuelos. Escuchar sus historias y todo lo que han realizado para estar aquí, todo lo que pelean para tener una vida digna, un techo. Todo lo que hacen para superar la inclemencia del tiempo, las inundaciones de estas últimas semanas, me trae al recuerdo, todo esto, a la pequeña familia de Belén. Una lucha que no les ha robado la sonrisa, la alegría, la esperanza. Una pelea que no les ha sacado la solidaridad, por el contrario, la ha estimulado y la ha hecho crecer. Me quiero detener con José y María en Belén. Ellos tuvieron que dejar su lugar, los suyos, sus amigos. Tuvieron que dejar lo propio e ir a otra tierra. Una tierra en la que no conocían a nadie, no tenían casa, no tenían familia. En ese momento, esa joven pareja tuvo a Jesús. En ese contexto, en una cueva preparada como pudieron, esa joven pareja nos regaló a Jesús.

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Estaban solos, en tierra extraña, ellos tres. De repente, empezó a aparecer gente: pastores, personas igual que ellos, que tuvieron que dejar lo propio en función de conseguir mejores oportunidades familiares. Vivían en función también de las inclemencias del tiempo y de otro tipo de inclemencias… Cuando se enteraron del nacimiento de Jesús se acercaron, se hicieron prójimos, se hicieron vecinos. Se volvieron de pronto la familia de María y José. La familia de Jesús. Esto es lo que sucede cuando aparece Jesús en nuestra vida. Eso es lo que despierta la fe. La fe nos hace prójimos, nos hace prójimos a la vida de los demás, nos aproxima a la vida de los demás. La fe despierta nuestro compromiso con los demás, la fe despierta nuestra solidaridad: una virtud, humana y cristiana, que ustedes tienen y que muchos, muchos, tienen y tenemos que aprender. El nacimiento de Jesús despierta nuestra vida, una fe que no se hace solidaridad es una fe muerta, o una fe mentirosa. “No, yo soy muy católico, yo soy muy católica, voy a misa todos los domingos”. Pero dígame, señor, señora, “¿qué pasa allá en los Bañados? ? “Ah, no sé, sí…, no…, no sé, sí…, sé que hay gente ahí, pero no sé…”. Por más misa de los domingos, si no tenés un corazón solidario, si no sabés lo que pasa en tu pueblo, tu fe es muy débil o es enferma o está muerta. Es una fe sin Cristo. La fe sin solidaridad es una fe sin Cristo, es una fe sin Dios, es una fe sin hermanos. Entonces viene ese dicho, que espero recordarlo bien, pero que pinta este problema de una fe sin solidaridad: “Un Dios sin pueblo, un pueblo sin hermanos, un pueblo sin Jesús”. Esa es la fe sin solidaridad. Y Dios se metió en medio del pueblo que Él eligió para acompañarlo, y le mandó su Hijo a ése pueblo para salvarlo, para ayudarlo. Dios se hizo solidario con ese pueblo, y Jesús no tuvo ningún problema de bajar, humillarse, abajarse, hasta morir por cada uno de nosotros, por esa solidaridad de hermano, solidaridad que nace del amor que tenía a su Padre y del amor que tenía a nosotros. Acuérdense, cuando una fe no es solidaria, o es débil o está enferma o está muerta. No es la fe de Jesús. Como les decía, el primero en ser solidario fue el Señor, que eligió vivir entre nosotros, eligió vivir en medio nuestro. Y yo vengo aquí como esos pastores que fueron a Belén. Me quiero hacer prójimo. Quiero bendecir la fe de ustedes, quiero bendecir sus manos, quiero bendecir su comunidad. Vine a dar gracias con ustedes, porque la fe se ha hecho esperanza y es una esperanza que estimula al amor. La fe que despierta Jesús es una fe con capacidad de soñar futuro y de luchar por eso en el presente. Precisamente por eso yo los quiero estimular a que sigan siendo misioneros de esta fe, a seguir contagiando esta fe por estas calles, por estos pasillos. Esta fe que nos hace solidarios entre nosotros, con nuestro hermano mayor, Jesús, y nuestra Madre, la Virgen. Haciéndose prójimos especialmente de los más jóvenes y de los ancianos. Haciéndose soporte de las jóvenes familias, y de todos aquellos que están pasando momentos de dificultad. Quizás el mensaje más fuerte que ustedes pueden dar hacia afuera es esa fe “solidaria”. El diablo quiere que se peleen entre ustedes, porque así divide y los derrota y les roba la fe. ¡Solidaridad de hermanos para defender la fe! ¡Solidaridad de hermanos para defender la fe! Y, además, que esa fe solidaria sea mensaje para toda la ciudad. Quiero rezar por sus familias y rezar a la Sagrada Familia, para que su modelo, su testimonio siga siendo luz en el camino, estimulo en los momentos difíciles y que nos dé la gracia de un regalo, que lo pedimos juntos, todos: que la Sagrada Familia nos regale “pastores”, que nos regale curas, religiosos, Obispos, capaces de acompañar, y de sostener y estimular, la vida de sus familias. Capaces de hacer crecer esa fe solidaria que nunca es vencida. Los invito a rezar juntos y les pido también que no se olviden de rezar por mí. Y recemos juntos una oración a nuestro Padre que nos hace hermanos, nos mandó a nuestro Hermano mayor, su Hijo Jesús, y nos dio una Madre que nos acompañara. Que los bendiga Dios Todopoderoso, el Padre, y el Hijo y el Espíritu Santo. Y sigan adelante. ¡Y no dejen que el diablo los divida!

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Algunas preguntas para delimitar el tema de nuestra oración En este año que culmina ¿tuve gestos de solidaridad con el prójimo? ¿Agradecí y agradezco todos los beneficios que recibía y recibo de dios? ¿Cómo vivimos el tiempo que Dios me ha regalado? ¿Lo hemos vivido sobre todo para nosotros mismos, para nuestros intereses, o hemos sabido usarlo también para los otros? ¿Cuánto tiempo hemos reservado para 'estar con Él', en la oración, en el silencio, en la adoración?" 2. Acudimos a la palabra ¿Qué dice el texto? (Ver el texto propuesto en la Hojita de oración) Anotaciones para la comprensión del texto Los apóstoles, en este caso “los once” por la ausencia de Judas, fueron a Galilea, porque allí es donde Jesús había prometido reunírseles. El texto bíblico que se nos propone está tomado del final del Evangelio según San Mateo. Es la última aparición del Resucitado y el mandato a los Apóstoles. El lugar del encuentro es un cerro, una montaña. Este es lugar del encuentro con Dios. Jesús invita a los Apóstoles para que participen de su gloria como Señor lleno de poder. Ellos lo adoran (literalmente “se postran”) ante la presencia de Jesús, pero sin embargo, persisten las dudas. Si bien la manifestación es clara, y es un relato de “teofanía” (revelación y manifestación de Dios y su poder) nos dice el relato que “ellos todavía dudaban”. Siempre la manifestación de Dios, de la grandeza de su misterio provoca dudas, idas y vueltas, claro-oscuro en el corazón de los discípulos. Los Once (ya no está Judas con ellos y todavía no ha sido “remplazado”) tienen una experiencia muy fuerte de encuentro con la divinidad pero que deja en ellos esa tensión espiritual profunda que se mueve entre la duda y la certeza. Entendiendo Jesús ese doble sentimiento que embarga a los apóstoles les hace una declaración muy fuerte que no sólo es una afirmación de victoria, sino – y principalmente – es el punto de apoyo de la proyección misionera de su Iglesia: “Acercándose, Jesús les dijo: Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra” (v.18). Es ésta la piedra angular del llamado a misionar porque lo que sigue en las palabras de Cristo son dos verbos que en su modo imperativo son sin duda muy significativos: “Vayan y hagan…”. Es un llamado sumamente inclusivo, ya que alcanza a “todos los pueblos de la tierra”. El llamado evangélico es mucho más que un anuncio para adoptar una creencia o una buena enseñanza de moral cristiana. Es esencialmente una invitación a una conversión profundísima, que lleve a la identificación íntima del creyente con su Persona en calidad de discípulo. “…que…sean mis discípulos”. Identificación que se debe materializar en forma visible en el bautismo como lo hizo en su momento Jesús “…porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo” (3.15). Bautismo que ahora debe invocar a las tres personas que estuvieron presentes en aquel momento en el Jordán en la escena del

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Desde abajo Ain Karem

Desde abajo, desde dentro, desde cerca te encarnas en Nazaret y en las cosas más pequeñas nos invitas a creer. Música que eleva las almas Sandra Mihanovich

Hay quienes escuchan solo su voz Postergando conocer otros caminos Achicando el mundo que le espera Sin ver la luz que se aproxima Hay quienes escuchas muchas voces Soltándose sin miedo a la aventura Ensanchando el mundo que respiran Entregando el corazón sin que lo pidan Sé que algún día sonará Con música que eleve las almas Música que eleve las almas Y será sin tiempo ni razas será Hay quienes limitan las iras Y se aprovechan del disturbio y la neblina Sin embargo pasa el tiempo y no descubren Que lo nuestro es un pasar y va en subida Hay quienes aceptan pensamientos A pesar de mantener su ideología Quizás pase un poco más de tiempo Para ver que todas hacen a la vida

Bautista y Jesús: El Padre (la voz), el Espíritu Santo (la paloma), y el Hijo (el bautizado). Esta identificación con el Dios Trino será la marca perdurable del verdadero discípulo de Cristo. “…bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. El discípulo de Jesús debe conocer suficientemente las enseñanzas de su Maestro, pero la llave distintiva del cristiano es una vida que comunique ese conocimiento a través de su cumplimiento. En este sentido, la enseñanza lejos de ser fin en sí misma, se constituye en vehículo para un objetivo de vida testimonial: “…y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado”. Finalmente, y así concluye Mateo su Evangelio, Jesús reafirma su promesa de permanencia con los suyos: “Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”. Algunas preguntas (“para permanecer juntos en la Palabra”) ¿Cuáles son los “lugares” que el Señor me indica para que me encuentre con Él? ¿Me cuesta reconocer la presencia de Jesús en el camino de mi vida? ¿Qué pienso de la última frase del Evangelio de Mateo? ¿Me da esperanza y serenidad? ¿Me siento cuidado y consolado? ¿De qué manera renuevo mi voluntad misionera?

¿Qué me /nos dice el texto? Música que eleve las almas

Sugerencias para la oración personal

Invitamos a cada integrante a: 1. Releer el texto propuesto (ver la Hoja de Oración al final del esquema) tratando de detenernos en alguna frase o versículo que nos llame la atención.

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2. Hacemos el esfuerzo de memorizarlo, de pasarlo una y otra vez por nuestro corazón, preguntándonos qué quiere decir Dios a nuestra comunidad valiéndose de mí. 3. Copiamos el versículo en el cuadrito correspondiente. 4. Lo reformulamos escribiendo nuestra oración. Puesta en común

3. Nuestra respuesta ¿Qué le decimos / qué le digo? “Señor, ayúdame a ser con mi vida un discípulo tuyo. Gracias por tu promesa de estar con nosotros hasta el fin del mundo. Que cada día en todo el mundo más personas sean tus discípulos y se bauticen en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.” 4. Fin de la oración Canto propuesto: Desde abajo – Ain Karem / Música que eleve las almas – Sandra Mianovich

Hojita de oración

Aquí copiamos la frase o versículo

Evangelio según san Mateo 28, 16 - 20 Traducción: El Libro del Pueblo de Dios

Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo».

Escribimos nuestra oración para compartir

Palabrad del Señor: Gloria a ti Señor Jesús

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Equipo coordinador Santiago Caballero, Fernando Fontanellaz, Lucas Leal, Martina Nadal, María Gabriela Spalla Fuentes

Colaboradores Inicial y 1er Ciclo Primario: Candelaria Martínez y Stefanía Stuyck. Secundario: Matías Frontuto Lectura Orante: Gisela Romero Oración de la Mañana: Andrea Lozzia

Una llamada, muchas voces Lectura Orante © Grupo Editorial Parmenia © Stella Viamonte 1984 – C1056ABD Ciudad de Buenos Aires – Argentina Tel: (011) 4374-0346 y rotativas Fax: (011) 4374-8719 E-mail: editorial@parmenia.com.ar www.parmenia.com.ar Publicación de uso interno Directora General: María Gabriela Spalla Fuentes Subdirectora de Ediciones: María Gabriela Flores Diseño y maqueta: Marisa Paulón Producción: Ángeles Ferreira Corrección: Andrea Lozzia Queda expresamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de la obra por cualquier medio o procedimiento, comprendiendo la reprografía y el tratamiento informático.


"Una llamada, muchas voces": Subsidios para la Lectura Orante  

Distrito La Salle Argentina-Paraguay

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