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elabora, generalmente, desde las percepciones emocionales y mentales. Meditar, por su parte, es dedicarle un tiempo cada día a “mirar” desde otro “lugar”, y aprender de esta manera a construirnos como sujetos desde una dimensión más profunda –a la que podríamos llamar del espíritu– y no sólo desde aquellas en las que se generan todas nuestras “disfunciones”, que, dentro de la tradición de la meditación, sería el ámbito del ego o la mente (aunque estos dos términos no sean totalmente intercambiables). Esto es lo que hace posible aprender, no solo desde el ámbito de lo conceptual o discursivo, a vivir arraigados en el presente. Esta posibilidad de ser consciente de uno mismo desde este espacio del cual estoy hablando va brindando elementos nuevos para el descubrimiento y la construcción de la propia identidad. Sabemos que somos y podemos ser mucho más que lo que pensamos o sentimos que somos, y aún más –o distintos– de lo que otros esperan que seamos, por eso es tan importante poder encontrarnos con nosotros mismos en esa dimensión más vinculada al simple hecho de ser, de estar siendo, y no de un rol que hay que cumplir o algo que hay que hacer. De allí que la meditación vaya creando, en quien medita, un profundo y vivificante espacio interior de libertad. Libertad de ser, y de ser quien se es.

La meditación, al centrarse en la experiencia del silencio, hace posible que participen de la misma no solo los católicos o cristianos, sino que se convierte en una propuesta abierta a todos aquellos que quieran dar lugar a esta dimensión profunda que nos constituye a todos los seres humanos, más allá de los credos propios de cada cual.

De esta manera la creatividad propia de cada ser humano se ve liberada, “desatada”. Tal como dice bellamente John Main: Estamos abiertos al Espíritu, que es el amor creativo presente en las profundidades de nuestro espíritu. Es Espíritu del Creador. El Espíritu de toda energía creativa. La oración nos renueva y nos sostiene. Ella sostiene nuestras relaciones, nuestro trabajo y toda nuestra vida. Nos llena continuamente con nuevas olas de energía creativa. Despliega una infinita expansión del espíritu en la cual pasamos más allá de los miedos y deseos del ego a la pura y total unicidad. (Door to silence).

Además, la meditación, al centrarse en la experiencia del silencio, hace posible que participen de la misma no solo los católicos o cristianos, sino que se convierte en una propuesta abierta a todos aquellos que quieran dar lugar a esta dimensión profunda que nos constituye a todos los seres humanos, más allá de los credos propios de cada cual. Se convierte, así, en una profunda instancia de

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Y así, la meditación va produciendo una transformación integral en la persona dado que, al estar arraigada en lo que podríamos considerar la raíz de su estructura antropológica, distribuye sus efectos “curativos” y proyectivos a todas sus dimensiones.

Asociados 14  

Revista de Formación del Distrito La Salle Argentina-Paraguay. Año 4. Número 14

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Revista de Formación del Distrito La Salle Argentina-Paraguay. Año 4. Número 14

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