Page 22

asociados 20

Pastoral educativa

Meditación: un aporte al proyecto humanizante de la educación católica P. Sergio Mancini Sacerdote, Arquidiócesis de Córdoba

¿A qué se debe la exigencia de espiritualidad? ¿A una especie de mandato divino que encontraríamos en las Sagradas Escrituras? O dicho de otra manera, y más específicamente, al hablar de la necesidad de construir un ámbito propiamente orante en las escuelas confesionales ¿estaríamos respondiendo al sólo hecho de ser católicos, y dado que los católicos rezan, sería necesario, entonces, incorporar esta práctica a la educación? Planteada así la pregunta, no podemos decir que sí sin más, sin abordar más profundamente la cuestión, dado que al hablar de espiritualidad estamos refiriéndonos a una dimensión antropológica, es decir a un aspecto específicamente humano que necesita desarrollarse en orden a la construcción de un sujeto pleno. Decir que hay que orar y que hay que enseñar a hacerlo, antes que ser un mandato, es una necesidad, y, si está pensado desde una norma, esta misma lo es en razón de un modo de ser que requiere desplegarse. Así las cosas, es necesario incorporar la práctica y la enseñanza sobre la oración en el ámbito propio de la educación, siempre que la educación tenga como objetivo una determinada interacción que permita a las personas construirse como tales. Con esto quiero decir que cuando acogemos toda la enseñanza que nuestra tradición nos ha legado sobre la oración, lo hacemos como clave hermenéutica para comprender y desarrollar esta cara de la experiencia humana. Así, cuando el Concilio Vaticano II nos recuerda que “el misterio del Verbo Encarnado revela al hombre su propio misterio” está diciéndonos que la experiencia cristiana no es un agregado a la humanidad sino una revelación de la misma, que la capacita por la Gracia para alcanzar su fin último, el cual, aunque se alcance por la acción de Dios, está inscripto en ella y la hace tender hacia él. Educar es humanizar, y enseñar a orar y a practicar la oración es, entonces, colaborar en la humanización, si entendemos por esto último el proceso mediante el cual se brinda a la persona la posibilidad de hacerse consciente de los recursos que le son propios para que, a través de tal descubrimiento, pueda asumir libremente la tarea de desarrollarlos y llevar así a la mayor plenitud posible su vocación a la humanidad, es decir, a construirse como sujeto libre que da lugar al despliegue armónico de sus potencialidades, a la luz de Cristo, el hombre perfecto. Así decía al respecto Rowan Douglas Williams, ex arzobispo de Canterbury y Primado de toda Inglaterra y de la comunidad Anglicana, en el sínodo sobre la

Asociados 14  

Revista de Formación del Distrito La Salle Argentina-Paraguay. Año 4. Número 14

Asociados 14  

Revista de Formación del Distrito La Salle Argentina-Paraguay. Año 4. Número 14

Advertisement