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La Guía de las Escuelas Cristianas, testigo de memoria y compromiso fraterno

Todos los Hermanos verán con placer, así lo esperamos, cómo hemos querido conciliar el respeto de nuestras tradiciones con la justa preocupación de aplicar, en nuestras clases, los mejores métodos de la pedagogía moderna. (Prefacio, Guía de las Escuelas Cristianas, 1903)

esfuerzo denodado por ofrecer frutos palpables de una escuela de calidad, sobre todo pensando en padres analfabetas que sufrían la ausencia de sus hijos en el trabajo del taller, del cual dependía la supervivencia de la familia.

La importancia de la Guía en la experiencia de los Hermanos

La Guía es un documento testigo, pero no estático

Juan Bautista de La Salle se enfrentó a dos grandes retos en su vida: el primero, que asumió personalmente, fue la construcción de una comunidad de hombres de fe radicalmente comprometidos con la escuela como medio de salvación; el segundo, que asumió comunitariamente, fue la organización de una red de escuelas asociadas para el servicio educativo de los pobres, sustentadas en un esfuerzo pedagógico y catequético de calidad, en atención a las necesidades educativas de los niños y jóvenes de su época.

En 1717, los Hermanos asumen la responsabilidad del futuro del Instituto y eligen al Hermano Barthélemy como primer Superior General. Para ese momento, La Salle cuenta con sesenta y seis años. Reunidos en el IIº Capítulo General, los Hermanos desean revisar sus dos documentos fundantes: las Reglas Comunes y la Guía de las Escuelas Cristianas. Y no dudan en pedir el consejo sabio de su Santo Fundador para hacer las modificaciones pertinentes.

Estas dos lógicas están presentes entre líneas en el texto de la nueva Regla de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, aprobada por la Santa Sede en septiembre de 2015. En efecto, la Regla afirma que Juan Bautista de La Salle “…convirtió su vida, al ritmo de llamadas y rupturas, en un itinerario de constante crecimiento en la fe”. Y, por eso, para que los Hermanos “pudiesen crecer en su vocación y hacer fecunda su misión junto a los jóvenes, les aseguró un acompañamiento de calidad” (R. 78). Esta experiencia hizo posible que juntos, La Salle y los primeros Hermanos, se dejaran “…impresionar por la situación de abandono de los hijos de los artesanos y pobres” y, por ende, se asociaran “…para establecer las escuelas cristianas gratuitas” (R. 13). Me parece que es necesario evidenciar esta experiencia fundante al momento de situar la importancia de la Guía de las Escuelas Cristianas en la historia del Instituto. Es un documento que nace como manual de trabajo para maestros en ejercicio, quienes de la mañana a la noche debían responder a los retos de la enseñanza en un aula llena de jóvenes analfabetas y pobres. La Salle y los primeros Hermanos trabajaron juntos incansablemente durante casi cuarenta años, y la Guía se convirtió en testigo precioso de su

Así, desde sus inicios, la Guía siempre fue un texto abierto a la discusión, ya que se tratará de un manual de uso, no de una pieza retórica sobre pedagogía. Releyendo el prefacio de la primera edición de 1720, entendemos que, (Continua en interior - página 40)

Asociados 14  
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Revista de Formación del Distrito La Salle Argentina-Paraguay. Año 4. Número 14

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