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observación, la expresión y la comunicación, la reflexión y el acceso a la interioridad, el ejercicio de la libertad y la responsabilidad, la superación de los propios logros y no de las personas. b) La cultura de la vocación En esta búsqueda promovida por la escuela, debe estar inserta la propuesta de una auténtica cultura de la vocación, para que dicha búsqueda no se reduzca a una simple curiosidad intelectual que no compromete a la persona. Nuestro último Capítulo General se identificaba con ella y lo expresaba así: “Se trata de promover una cultura de la vida entendida como vocación; es decir, como llamada personal a vivir una misión en comunidad que da sentido a la existencia” (1).

las que atañen al propio futuro: son las grandes preguntas, en efecto, las que hacen grandes incluso a las pequeñas respuestas. Pero son precisamente las pequeñas y cotidianas respuestas las que provocan las grandes decisiones, como la de la fe; o que crean cultura, como la de la vocación”(3). En próximos artículos seguiremos reflexionando sobre las posibilidades y los retos que nos plantea este signo profético que llevamos marcado en nuestro carisma: la presencia de la comunidad en la escuela, la comunidad creyente y su capacidad de atracción para convertir la escuela en signo de esperanza para aquellos que más lo necesitan, los pobres.

En esta búsqueda promovida por la escuela, debe estar inserta la propuesta de una auténtica cultura de la vocación, para que dicha búsqueda no se reduzca a una simple curiosidad intelectual que no compromete a la persona.

La cultura de la vocación está hoy, también ella, amenazada de convertirse en “eslabón perdido” en el proceso educativo, lo cual dificulta las opciones vocacionales en las que se encarna la fe cristiana.

Es una cultura que promueve la autoestima, no de forma narcisista sino de descubrirse a sí mismo y las propias cualidades como un don para los demás.

(1) Circular 469, pp. 33-34. (2) Congreso europeo sobre las vocaciones (Roma 1997):

Es una cultura “capaz de encontrar valor y gusto por las grandes cuestiones,

Nuevas vocaciones para una nueva Europa, 13.b. (3) Idem.

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La cultura de la vocación es una manera de situarse en la vida. Hace referencia a valores tales como “la gratitud, la acogida del misterio, el sentido de lo imperfecto del hombre y, a la vez, de su apertura a la trascendencia, la disponibilidad a dejarse llamar por otro (o por Otro) y preguntar por la vida, la confianza en sí mismo y en el prójimo, la libertad de conmoverse ante el don recibido, el afecto, la comprensión, el perdón, admitiendo que aquello que se ha recibido es inmerecido y sobrepasa la propia capacidad, y fuente de responsabilidad hacia la vida”(2).

Asociados 14  

Revista de Formación del Distrito La Salle Argentina-Paraguay. Año 4. Número 14

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