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Artículo publicado en la Revista de Asdesilla – edición diciembre de 2009 – enero de 2010

La Fundación Las Golondrinas nace en el año 1983 en Medellín con el propósito de atender las comunidades asentadas en la comuna 8, zona centro-oriental de la ciudad, que se encontraban en situación de desplazamiento por la guerra, provenientes, principalmente, del Urabá Antioqueño y del Departamento del Chocó.

Desde entonces a la fecha, la Fundación se ha proyectado a la

comunidad, enfocando sus esfuerzos hacia la educación (formal y no formal), la seguridad alimentaria, la atención en salud y la atención psicológica para diferentes problemáticas que presentan los infantes, provocadas por factores tanto endógenos, como exógenos.

Por tal motivo, entre las principales necesidades de atención, se encuentran los casos de maltrato infantil y abuso sexual, dada la alta ocurrencia de estas situaciones en estas comunidades, y para ello se ha hecho necesario apelar a una comprensión de las implicaciones del abuso en la psicología infantil, por cuanto la realidad nacional ha provocado cambios sustanciales en las dinámicas familiares y comunitarias que traen consigo traumas modernos, por llamarlos de alguna manera, que requieren nuevos modos de intervención para paliar los efectos devastadores de prácticas como el maltrato, que el sujeto puede interpretar como vivencias extremas y que indudablemente dejan huella en el psique del individuo.


Es por ello que actualmente la Fundación Las Golondrinas ha establecido alianza con la Fundación Bocalán de España, entidad con amplia trayectoria internacional en el abordaje de terapias asistidas con animales en diferentes trastornos y problemáticas.

Esta alianza ha implicado un convenio de exclusividad en el que ambas instituciones se han comprometido a trabajar mancomunadamente por la población vulnerable del país.

Con el fin de multiplicar la técnica a las diferentes organizaciones públicas y privadas que deseen implementarla, se ha planteado realizar una serie de seminarios en alianza con algunas instituciones de educación superior para profesionales de las diferentes áreas de la salud y la educación, de modo que se puedan dar a conocer las Terapias Asistidas con Animales (TAA), la Educación Asistida con Animales (EAA) y las Actividades Asistidas con Animales (AAA).

TRATAMIENTO

PSICOLÓGICO

Y

T.A.A.

El tratamiento se debe orientar a que el niño o niña describa su experiencia y los sentimientos que de ella se desprendan, convirtiéndose el terapeuta en un adulto confiable con quien se puede relacionar de manera segura. Todo esto, con el fin de que el niño recupere la confianza en sí mismo y aprenda a relacionarse con otros adultos y con sus iguales, en este caso el coterapeuta canino se convierte en un facilitador ya que media entre el adulto y el niño en un proceso donde se ha


perdido la confianza, logrando así procesos catárticos

muy eficientes que

favorecen la comunicación del paciente sobre las experiencias vividas.

Cada tratamiento debe

ser diseñado

según la evaluación inicial y la

sintomatología que manifiesta cada individuo en particular. El motor que jalona todo el proceso es la empatía, condición sine qua non para demostrarle al niño que nos interesan sus sentimientos y pensamientos. Por ello, el perro ayuda al niño a reconocer lo que siente pudiendo dar y recibir afecto de un ser incondicional que no lo juzga y con el que puede contar sin necesidad de darle nada a cambio, con el propósito de que reconstruya su auto-confianza.

Los niños víctimas de abuso sexual ven afectadas sus habilidades sociales; el hecho de portar un perro contribuye, no solo generando seguridad en sí mismo, sino que facilita las relaciones interpersonales, pues el animal opera como un imán que atrae a las personas y forzosamente insta a entablar comunicación con ellas.

Otro aspecto importante a trabajar dentro de un caso de abuso, es la asertividad, que enseña al niño a expresar y a pedir adecuadamente lo que necesite, basado en la premisa de que el niño no es un objeto de protección sino un sujeto de derecho, y por ello es importante que el niño aprenda a decir “no” de manera adecuada y mediatizada por la palabra, buscando evitar el otro extremo que se presenta en ocasiones, cuando el niño responde automáticamente con un pasaje al acto como una agresión.

Es necesario tener una diálogo franco con el niño, motivándole, sin forzarlo, para que hable de los sucesos de abuso que ha sufrido, y con una retroalimentación constante, y abordando temáticas relevantes como: que ellos no son culpables del abuso, pautas de prevención para que el abuso no se repita, y principalmente velar porque el niño, al final del tratamiento, no se ubique en una posición de víctima.


Es importante el trabajo de esquema corporal y aceptación de su sexualidad, enfatizando que nadie tiene obligación de dejarse tocar, abrazar o besar en contra de su voluntad, para ello, se trabaja con perros entrenados que rechazan cualquier contacto brusco, frente al cual se zafan y retiran del agresor, lo cual resulta muy educativo para el niño pues el perro es un modelo a seguir.

También seria irresponsable e imprudente inculcar una desconfianza excesiva en los niños hacia las demás personas, por lo que resulta conveniente que el niño pueda dar paseos al perro, con el propósito de facilitar la interacción con los adultos que se aproximen respetuosamente al niño y con los cuales el menor se verá forzado a entablar conversación, en torno al perro, disminuyendo así sus niveles de desconfianza.

La utilización de perros adiestrados es una herramienta dentro del abanico de posibilidades de las que echa mano la psicología, y con las cuales no riñe, ni es excluyente, por el contrario se complementan. Las diferentes técnicas utilizadas en psicología: juego libre, psicodrama, role playing, dibujo libre, relajación, entre otras, se optimizan cuando el compañero de actividades es un perro bien adiestrado con el cual puede existir comunicación y que además juega un papel motivacional muy relevante.

De otra parte, existe la posibilidad de que los niños se opongan al tratamiento, lo que derrumbaría cualquier posibilidad de iniciar un proceso, es allí donde juega un papel muy importante el perro, pues los niveles de motivación que los niños alcanzan gracias a ellos son difíciles de lograr en la terapia convencional, pues en la T.A.A. confluyen tres tipos de motivación: la epimelética que es la necesidad que tiene el niño de cuidar a un ser que, de uno u otro modo, depende de él; la siléptica, que es la motivación que se suscita en el ser humano frente a lo diferente, diferencia que parte en el encuentro con un ser vivo que se expresa y trasmite emociones de manera distinta y la motivación exploratoria que surge en la curiosidad humana y que nos lleva a explorar y descubrir las posibilidades que


este tipo de herramienta terapéutica ofrece y que son la base de

las

intervenciones asistidas con animales y permiten mantener al paciente conectado con un buen rapport hacia el terapeuta y el coterapeuta.

Para finalizar, es importante resaltar que la T.A.A. es una herramienta que busca aportar a los procesos terapéuticos y no consolidarse en sí como una terapia alternativa; es, más bien, un recurso al que puede acudirse para lograr objetivos concretos, tanto del proceso de desarrollo, como en el motivacional.

Eugenio Henao Estrada Jairo H. Aristizábal García Psicólogos – Técnicos en Terapia Asistida con Animales •

Publicado en Revista Española – 2009

Artículo de la Revista Asdesilla  

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