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Opinión

2 Martes 19 de Junio 2012

Editorial

Director Edgar Buitrago Rico

Un general y un laberinto

E

Siento una voz que me dice…

l pasado fin de semana apareció una noticia en la página web de El Tiempo. Una primicia que poco a poco ha causado revuelo en el país. Ya, por supuesto, le dio la vuelta al mundo: un general de la República –en uso de buen retiro- está en la mira de la DEA. ¡Guau!, diríamos como cualquier presentadora farandulera de nuestros noticieros y de programas internacionales de viajes y turismo. Un fiscal de la Corte del Distrito Este de Virginia (Estados Unidos), le imputa cargos al general (r) Mauricio Santoyo.

Por presuntos vínculos con la tenebrosa Oficina de Envigado, encargada de manejar cobros del narcotráfico. Santoyo estuvo a cargo de la seguridad del presidente Álvaro Uribe, quien a su vez fue en su mandato el jefe supremo de las Fuerzas Armadas. Éste da unas explicaciones que francamente no nos satisfacen. ¿No sabía nada sobre el nombramiento de su jefe de seguridad? Pero, nos interrogamos asombrados, ¿no es el jefe del Estado el hombre mejor informado, en el caso de Colombia? Poco después Daniel Coronel, un periodista bien informado, aseguró en la revista Semana que Santoyo recibió sobornos de la mafia por más de cuatro millones de dólares. El lunes, el ex presidente Uribe trinó de nuevo: “El general Santoyo renunció a la Policía antes de terminar mi gobierno. En ese momento recibí un único informe extraoficial de que un ex integrante de la Policía lo acusaba en los Estados Unidos.” En medio de la polémica, Santoyo fue ascendido a general por el Congreso. Uribe dice: “Expedí el decreto de ascenso a general una vez el Senado aprobó la postulación del Ministerio de

Defensa, sin interferencia de mi parte.” Parlamentarios de la Comisión II del Senado negaron el ascenso: Cecilia López, Alexandra Moreno, Jesús Piñacué, Juan Manuel Galán. Otros no se opusieron y ahora los vemos en televisión dando explicaciones atropelladas. Nos llaman la atención las juiciosas observaciones de Galán, lo cual nos autoriza para decir que el control político -como el que hacen algunos congresistas- es muy necesario en una democracia. Otro cargo contra Santoyo nos eriza: aportó información a la mafia para secuestrar, extorsionar y asesinar personas. Si este general estuvo en el centro mismo del poder, ¿qué información privilegiada se filtró a la delincuencia? ¿En qué peligro estuvimos los colombianos, del Presidente para abajo? ¿Cómo pudo ocurrir algo así? Todavía faltan explicaciones. La gente casi no entiende el complicado asunto. Pero poco a poco comprenderá cómo fue que el elefante se nos entró de nuevo a la sala y no lo vimos.

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Brujula Un partido estrepitoso

Cerca a los palafitos -unas casas de madera con zancos que sobreviven de milagro en el mar- varios pequeños jugaban fútbol cuando ¡cataplúm!, un estrépito sacudió el ambiente y siete pequeños fueron a dar al suelo. La onda explosiva los arrastró. Una mujer y un infante de marina también resultaron heridos. En medio de un estropicio de miedo, en el puesto de control militar situado cerca al lugar se la explosión, y en los vecindarios, todos corrían sin saber para dónde. Fue un atentado con granada, a las siete de la noche del domingo, una hora de mucho movimiento en el sector. Los heridos fueron atendidos por lastimaduras de esquirlas en brazos, piernas y rostro. Se atribuye el hecho a un frente urbano de las Farc. La guerra no tiene corazón. Este hecho lo comprueba tristemente, cuando la población civil se ve afectada por un atentado en el cual se hace cómplice la

noche y el área, populosa y concurrida. Lo grave es que los civiles no tienen armas, están desprotegidos y son más susceptibles de sufrir las consecuencias de un hecho de estos. Una confrontación de esta clase debe comprometer a los integrantes de dos cuerpos armados. De modo que, ante tanta insania, solo nos queda pedir más compostura y decir, con resignación y dolor, que lo sentimos mucho.

La caricatura hecha música

El hombre llegó al escenario disfrazado de indio sin pizca de malicia para ofrecer un espectáculo de luz y plasticidad, y a poco andar lo vimos convertido en una estrella: Rafael, Celia Cruz, Sandro, Juan Gabriel. Ocurrió el domingo en el Centro de Convenciones Alférez Real, durante un acto político formidable, convocado por Roberto Ortiz, al cual asistieron más de cuatro mil personas. Entre chiste y chiste aparece una

caricatura de Juanes revuelta con guayabo negro, trozos de Los Visconti y deliciosas versiones de fonda caminera. Alcanzamos a percibir un delicado toque de Les Luthiers, esa magistral agrupación argentina que mezcla la música con humor y con instrumentos inventados por ellos. Es un indio iluminado que sabe utilizar lo cotidiano para arrancar risas: de pronto un sonido que todos identificamos como la propaganda de margarina La Fina. El hombre –un artista íntegro- se acompaña de una excelente orquesta, bailarines de lujo, luces, imágenes y un buen libreto. Rápidamente se cambia de traje mientras sus coequiperos cantan. El indio ‘Chimbilí’ merece elogios por su calidad artística, su vehemencia interpretativa y el dominio absoluto que tiene sobre el público. Su origen humilde lo enaltece. Roberto Ortiz contó públicamente que el artista de hoy fue vendedor de periódicos cuando Ortiz, que era su cliente, fabricaba sueños. Poco a poco, el pregonero de antes aprovechó su

talento y actualmente es un humorista reconocido y un excelente imitador de los grandes. Felicitamos entusiasmados al artista caleño, orgullo de la tierra.

Huérfano y rico

Torpe y tierno, el ‘Chavo’ fue adquiriendo ascendiente entre la opinión pública y hoy, veinte años después de haber sido suspendida la serie, produce ganancias multimillonarias. ‘El Chavo’ muestra la condición humana en amargas parodias que nos hacen reír y al mismo tiempo pensar en cómo somos nosotros. La magia de la gimnasia económica se ve aquí elevada a la enésima potencia: el sabio manejo de los derechos de autor. El papá de la famosa emisión, Roberto Gómez, recibe cuantiosas utilidades. Hoy no tiene problemas para decirle a doña Florinda: -¿no gusta tomar una tacita de café?

Diario La Razón miércoles 20 de junio  

El 20% de los Farallones se los robaron

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