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Teo Mesa: una ventana al mundo del arte africano El punto de fuga donde confluyen las líneas maestras de la exposición que nos presenta Teo Mesa en esta ocasión responde, con entera claridad, a lo que constituye su diario quehacer y que él mismo resume: la experimentación y la búsqueda constante con las intransigentes propuestas que marcan el carácter y tipología de mi arte. Experimentación y búsqueda se perfilan como conceptos inmarcesibles que presiden el trabajo cotidiano de este viajero incansable, que corre tras la búsqueda de nuevos lenguajes y de nuevas formas de expresión estética como nexo de comunicación entre el artista y el espectador. Una comunicación que no se centra solamente en el cuadro y en la escultura, sino que se hace presente a través de la literatura, pues con la misma maestría con la que maneja el pincel, la gubia y la cámara fotográfica, la pluma le sirve para dar rienda suelta a sus preocupaciones, tanto en el orden artístico, como en los mil problemas que acucian al hombre actual inmerso en su realidad cotidiana. Teo Mesa no se resigna a caminar en una misma dirección plástica ya que, como impenitente fugitivo, huye del estatismo que supone permanecer fiel a un determinado estilo, a un mismo lenguaje y a unos parecidos materiales. Él mismo se define como artista multidiscipinar, para quien el lienzo, la piedra, la madera y la fotografía se conjugan para servir de plástico soporte al torrente de su inspiración. África, África, es buena prueba de ello. Junto a un bulto redondo labrado sobre una bomba volcánica de La Palma un material reciclado, las resecas y añosas duelas de un viejo barril, cobran vida para servir de soporte donde labrar una talla directa policromada, cuyo lenguaje artístico se conjuga en perfecto maridaje con el resto de las obras en una extraña sinfonía en la que el color sobresale por encima de todo, pues Teo recurre profusamente al color, especialmente a los colores cálidos, para transmitir un estado de ánimo estimulante y sereno a la vez, ya que a través del ritmo vibrante del rojo y del amarillo parece como si quisiera despertar en el observador una auténtica explosión emocional. Si la pintura es un encarnizado combate entre la línea y el color, no cabe duda de que en la obra de Teo Mesa la línea se lleva la peor parte. Al menos, físicamente, ya que, la fuerza de su línea es de tal naturaleza que los trazos discontinuos de una de las representaciones más simbólicas del mundo africano, la máscara, acaban por imponerse sobre una profusa base multicolor. Y si en la cultura europea, la máscara es un objeto que se utiliza para ocultar una realidad –pensemos en las fiestas de carnaval que el cine, la ópera o la pintura y la propia realidad de nuestros tiempos, nos trae a la memoria–, para determinados grupos humanos encierra un profundo valor simbólico y una función social muy amplia al presidir distintos ceremoniales, no sólo como fórmula identitaria, sino como rito ancestral de petición de favores o de protección divina ante la inexorabilidad de unas leyes que la naturaleza impone


y que el individuo o la familia no pueden dominar. Se suele decir que la máscara es un arte que no se hizo para ser arte, por lo que Teo Mesa, cuya obra en esta ocasión nos recuerda al Picasso de 1907 en sus Señoritas de Avignon, aprovecha el patrimonio etnográfico africano que constituye la máscara, para ofrecerle al sosegado espectador una extraña sinfonía en la que la luz y la geometría se entremezclan deliberadamente en su gubia y en su pincel. En África, África, Teo Mesa nos conduce con mano experta hacia otras culturas y hacia otras formas de vivir la fuerza mágica del mundo que nos rodea. Si un cuadro es un puente tendido entre el alma del artista y la del espectador –según Delacroix–, la obra de Teo Mesa es un placentero coloquio establecido a través del arte. Una exteriorización anímica que nos sitúa ante otra civilización tan cercana en la distancia como alejada de nuestro cotidiano universo mental, cada día más anclado en los estrechos límites de un paisaje materialista del que difícilmente podemos escapar. Pero África, África abre puertas a la esperanza. Dice Robert Hugues que uno de los proyectos del arte es reconciliarnos con el mundo, no a través de la protesta, la ironía o la metáfora política, sino gracias a la estática contemplación del placer que reside en la Naturaleza. Contemplando la obra de Teo Mesa hallaremos las claves para gozar de cuanto bello y generoso encierra el arte y para entender el continente cercano como una alegoría inundada de vida. Una experiencia excitante que al tiempo es remanso de paz. Un oasis estético para el ser humano, aturdido entre las infinitas tormentas que sacuden los primeros lustros del siglo, en el que el arte es agua refrescante que le ayuda a sobrellevar las grandezas y las miserias de su propio camino.

Manuel Ramírez Muñoz Encarna Galván González Seminario de Humanidades Agustín Millares Carlo Centro Asociado de la UNED de Las Palmas de Gran Canaria


África, África El Museo Etnográfico del Trocadero, en París, realizó una magna muestra de máscara africanas, por los albores de la pasada centuria (1906). Este evento no pasó desapercibido para los artistas plásticos, que vivían y estaban ojo avizor, del gran auge de las renovaciones artísticas durante ese mismo periodo iniciático, que se sucedían en la capital del Sena. Con mucho interés la contemplaron los artistas plásticos, conspicuos indagadores para lograr los cambios deseados en su arte. Ese arte primitivista africano, podía ser de vital trascendencia para el devenir de las tendencias que estaban en auge y en constante metamorfosis expresiva; y en los modos de hacer y plasmar el arte con tipología librepensadora e intrínseca. En esta extraordinaria e insólita revelación de las máscara negras, no quedaría al margen el genio de la revolución artística del s. XX, Pablo Picasso, quien visitó dicha muestra. Con sumo interés, ante tan soberbio descubrimiento, asumió el reto de aplicar estos conceptos de libertad expresiva y carente de dogmas académicos, a un moderno significado para su propio arte y el arte contemporáneo. Concebía Picasso, por ese tiempo, dando cuasi por finalizada su gran obra renovadora de las vanguardias artísticas: Las señoritas de Aviñón (de estilo cubista), la cual definiría el umbral de la modernidad. Y en las dos figuras femeninas de la derecha del lienzo, hizo una estratégica mutación a lo ya hecho, transformando las cabezas en figuras africanas primitivistas, por la influencia recibida de aquella muestra vista. El arte primitivista africano, el arte popular y sin formación alguna de sus artífices, ni sus autores estaban especialmente dotados para las artes, había contribuido de forma indirecta, a revolucionar el arte de vanguardia en muchos de los artistas de la élite plástica moderna, en el culturizado y evolucionado mundo occidental, acunado en París. No solo el pintor malagueño se adhirió en el encuentro de esta piedra filosofal de las artes, también se sumaron empáticamente a esta innovación: Matisse, Braque, Modigliani, Derain, Brancusi, Moore, Laurens, etc. Este singular hallazgo del arte primitivista africano, fue clave para dar comienzo a la modificación del arte de las primeras vanguardias históricas, desde los comienzos del s. XX. En el año 1907, da comienzo el Cubismo, y sucesivamente, otras nuevas tendencias en la plástica contemporánea, a raíz de aquel ¡Eureka! e innovación en las percepciones interiores de cada artista. Con ello, se hizo una contrarreforma en la estética occidental, cambiando definitivamente el realismo académico decimonónico, por la total libertad en el lenguaje plástico del artista.


La enorme influencia, por empatía y admiración y similitudes estéticas, que ha tenido la obra picassiana en mi plástica, casi desde mis inicios artísticos –hablo en primera persona–, ha motivado, que igualmente, el arte primitivista africano, haya hecho causa en mi sensibilidad estética y para realizar mi personal arte. Por esa misma razón artística, han comulgado en ese mismo arrobamiento, centenares de miles de artistas de todo el planeta. De la mencionada, primera pintura del Cubismo, originada por las mientes del manantial del genio creador, fecundo e inagotable, tuvo muchos acólitos y continuadores, en los mismos paroxismos de la representación de las efigies. Picasso y otros artistas contemporáneos, habían atinado con la senda única de la libertad conceptual y de realización en puro libertinaje emocional, que el mesiánico de la contemporaneidad de los progresos desde el despertar de aquel tiempo citado, fueron el embrión, para en total independencia de creación plástica, alumbrara de otras muchas tendencias a todo lo largo del devenir de toda aquella fructífera centuria pasada. Muchos de los artistas rompieron aguas y se destetaron de los rígidos cánones y las ortodoxias de las Academias y sus insalvables imposiciones regladas para ser aceptado el arte como tal, en sus estrechos sistemas de concepción y realización procedimental. En el artista había nacido y avivado el rescoldo de sus sentires unipersonales (orillando los gustos ajenos en estética y modos de hacer), con estos renovadores conceptos. Se imponían los parámetros libertarios, de libertinajes y de absoluto criterio personal y a la reacción de sus sentidos, ante todo lo obsoleto y estricto academicismo anquilosado en centurias pasadas de praxis artística, que por cultura y evolución y profunda necesidad de un lenguaje de los adentros, íntimo, –e incluso visceral–, derivó hacia un arte completamente subjetivado, que respondiera solo a las propias emociones y sus maneras de concebir la forma representativa. Nada ni nadie, podía ya evaluar sus personalísimas e incompartibles sentimientos en la expresión plástica. Cada artista, tenía y debía manifestarse bajo sus incomprensibles emociones internas, las cuales son un reflejo de sus estados de ánimo, querencias y apetencias, en este medio llamado arte de la plástica. El objetivo de este proyecto artístico, denominado África, África, ha sido fraguado en su práctica realizativa desde el año 2008 hasta la actualidad, en que nacieron los primeros bocetos, en dibujos, como ideas primigenias, para ser transferidos a los lienzos o las maderas, y las fotografías. El tema a desarrollar es, como en ocasiones anteriores, producto de una motivación sensible y estética; y además, es otro de los pretextos para encontrar la complacencia de expresarme por el arte, como una imperativa necesidad para extraverter las efervescentes emociones que bullen en mi interior, a través de la plástica. Ha sido un proceso de tempo lento, macerados en las elaboraciones (aunque siempre compaginado


con otras actividades culturales), durante un largo periodo de espacio, hasta este año 2014. Cada obra, fue versada desde un previo estudio de la realidad, viva y existente, de las culturas africanas, y muy concretamente, en las máscaras, cuerpos y geometrismos simbólicos. De esa realidad perceptible, se ha ido transformando cada una de las materias, bajo los principios de libertad conceptual, de total animación estética y por el privativo idiolecto estético que caracterizan mis obras (las cuales están inexorablemente, bajo el yugo de un denominador estético y en los sentires de mi ánima intransferible), para acabar en una absoluta transfiguración que pasará a ser seudofigurativa de la realidad preliminar, aunque, con vestigios de sus orígenes; y otras, cuasi o absolutamente abstractas, por la destrucción de las formas primigenias de donde derivaron. Cada una de las obras tiene un origen distinto. Desde ese embrión, propio de la pieza, y de los argumentos geométricos, se ha hecho una metamorfosis, por la anulación o añadidos, de líneas, formas, manchas cromáticas y planos. Todos estas variantes conceptuales, dominadas por el estilo y fruición estética del propio autor, ha propiciado una obra íntegramente nueva, encontrada, a través de las formas y las manchas cromáticas, que ya nada tiene de símil con el original, en base a nuevas necesidades subjetivadas, creadoras y estéticas, y mediante la propuesta fundamentada para este trabajo artístico. Confieso que esa denodada lucha con la materia, en estas reflexiones artísticas, encuentros y búsquedas estéticas, ha sido igualmente, bastante lúdicas durante todo el proceso. Me ha complacido. Ha sido una más de las razones, para llenar los tiempos de la vida en su travesía. Simplemente, litigando lozanamente con la práctica activa del arte que gratamente me satisface, se completa esta transitoria existencia en este solar que nos ha prestado la Naturaleza para subsistir, respetándola y buscando el bienestar.

Teo Mesa. Artista multidisciplinar – Dr. en BB AA.


África, África - CLUB LA PROVINCIA  
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