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Apuntes sobre la Oración

Recopilación de José Luis Linares del Río Diócesis de Málaga


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Índice: TEMA INTRODUCTORIO 1. 2. 3. 4. 5.

Definición de la Oración La Oración de Jesús El Objetivo de la Oración Diferencia entre Oración y formas de orar Proceso en la vida de Oración

Apunte I: CONSTANTES EN LA ORACION 1. Cuanto más se ora, más se quiere orar 2. Cuánto menos se ora, menos ganas de orar 3. Algunas consideraciones finales Apunte II: CONSTANTES EN LA ORACIÓN 2 1. Cuánto más se ora, Dios es "más" Dios en nosotros 2. Cuánto menos se ora, Dios es "menos" Dios en nosotros Apunte III: ITINERARIO HACIA EL ENCUENTRO 1. 2. 3. 4.

Orar no es fácil Orar es un arte El camino normal en la oración Muletas para este camino

Apunte IV: SILENCIO INTERIOR 1. Dispersión 2. Silencio interior

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Apunte V: FORMAS CONCRETAS DE ORAR 1. Oración vocal 2. Lectura espiritual de la Biblia 3. La Meditación Apunte VI: ORAR EXAMINANDO LA VIDA 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7.

Examen Ignaciano Examen Budista Examen sobre las personas con las cuales he tratado hoy Examen positivo Toma de conciencia del pasado Examen breve y rápido Proyectar los acontecimientos futuros

Apunte VII: ORAR CON LA IMAGINACIÓN 1. 2. 3. 4.

Contemplación Ignaciana Oración cumbre Contemplación de los Misterios Gozosos Contemplación de los Misterios Dolorosos

Apunte VIII: ORACIÓN DE INTERCESIÓN 1. Intercesión 2. La Oración de Jesús Apunte IX: MÉTODOS DE ORACIÓN COMUNITARIA 1. 2. 3. 4.

Mecer la Palabra Contemplación comunitaria Oración del eco Oración de resonancia

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TEMA INTRODUCTORIO 1. Definición de la Oración Según Santa Teresa de Jesús, orar es tratar en amistad, a solas, con Aquel que sabemos por la fe que nos ama. 2. La Oración de Jesús Los cristianos debemos orar porque Jesús vivió de la oración y nos invitó a la práctica constante de este trato amoroso con Dios.

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Las características de la oración de Jesús son: Personal, a solas con su Padre. En los momentos importantes de su vida: ◦ elección de los discípulos. ◦ antes de algún milagro, ◦ resurrección de Lázaro, ◦ última cena, ◦ antes de su muerte ... Para dar gracias, para pedir algo, sobre todo para descubrir la voluntad de su Padre. Para pedir valor y fuerza, Ora por sus discípulos, Ora por los que van a ser evangelizados. En el Templo y en la Sinagoga. Enseña a orar a sus discípulos: “Padre nuestro”. Les invita a orar siempre, con fe, con confianza, asiduamente.

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3. El Objetivo de la Oración Es descubrir la voluntad de Dios para nuestras vidas, siempre y en cada momento.

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La oración nos ayuda: a organizar y programar nuestra vida según el Evangelio. A mirar las cosas con fe y descubrir la belleza y la presencia de Dios en ellas. A ir dando muerte en nosotros al pecado: orgullo, envidia, criticas, mentiras, sensualidad... A "escuchar", no solo a "oír" la Palabra de Dios y entenderla. Es como el abono que necesita la Palabra para que, al caer en el corazón, eche raíces y dé frutos. A celebrar los sacramentos con mayor devoción y sacar mayor provecho de ellos. A ser más humanos, a tener más compasión y misericordia con los demás. La oración es lo único que nos identifica con Jesús de verdad y nos ayuda a ser hijos de Dios y de la Iglesia.

De todo esto se deduce y se comprende la insistencia de Jesús en que sus discípulos oren. 4. Diferencia entre Oración y formas de orar Lo importante es orar, es decir, levantar el corazón y la inteligencia a Dios para hablar con Él. Las formas son muy variadas y todas son buenas, con tal que no se conviertan en rutina. Si una forma de oración se hace rutinaria para mal, tengo que buscar la causa de esa situación y, a veces, será necesario buscar otra forma de realizar mi encuentro con Dios. 6


Para no caer en la rutina, que es como un cáncer para la oración, hay que: • buscar la forma que más se adapte a mi manera de ser, o combinar varias formas. • Ser fieles a la oración diaria, en el mismo sitio y a la misma hora. • Compartir con los demás del grupo cómo me va y cuáles son las dificultades de mi oración. • No dejarme llevar por los sentimientos, tanto de bienestar como de desolación. 5. Proceso en la vida de Oración Con frecuencia se da un proceso en toda persona que ora con constancia y con fe: • Oración vocal • Meditación de textos espirituales • Meditación de la Palabra de Dios • Silencio • Consuelo • Contemplación

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Apunte I: CONSTANTES EN LA ORACIÓN 1. Cuanto más se ora, más se quiere orar El hombre es un ser insatisfecho, sus facultades fueron pensadas para tal o cual función, pero una vez que la ha cumplido, siempre siente que algo le falta; por ejemplo: apetito sexual, sed de riquezas... En el plano espiritual pasa igual. San Agustín decía que el hombre es como una flecha disparada hacia un universo (Dios), que lo atrae irresistiblemente y cuánto más se aproxima a Él, mayor velocidad adquiere. Cuánto más se ama a Dios, más ganas entran de tratarlo (Salmo 62). Para que la flecha se dispare hace falta un entrenamiento, por ejemplo: es posible que si me pongo a caminar 30 km., hoy no pueda y tenga que dejarlo a los 4 o 5 kms; pero si todos los días camino y hago ejercicio, es posible que en seis meses pueda. El entrenamiento ha despertado las capacidades atléticas que yo tenía dormidas, atrofiadas por falta de actividad: se despertaron y se desplegaron. Asimismo llevamos en el espíritu capacidades espirituales que pueden estar dormidas por falta de entrenamiento. Dios ha depositado en el fondo de nuestra vida un don, un deseo de conocerle y de amarle para estar llenos. Si ponemos en movimiento este don, esta aspiración, ese mismo movimiento nos llevará a que la aspiración y el deseo cada día sean más fuertes. Cuanto mejor se ora, los rezos, los sacramentos serán un festín, porque ahora los sientes "llenos de Dios", que nos arrastrará con mayor atracción hacia Él. Mientras el mundo y la vida se irán "poblando de Dios".

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Se cumple la ley: a mayor proximidad, mayor velocidad, al estilo de la ley física de la atracción de las masas: crece la atracción en la medida en que es mayor el volumen de las masas y mayor la cercanía de las mismas. 2. Cuanto menos se ora, menos ganas de orar a) Existe una enfermedad llamada "ANEMIA". Es una enfermedad particularmente peligrosa porque no presenta síntomas alarmantes, y la muerte llega por el camino del silencio. Consiste en esto: cuanto menos se come, menos ganas de comer se tienen; cuanto menos ganas de comer, menos se come, y sobreviene la anemia. Así se abre y se cierra un circulo, el círculo de la muerte. En la vida interior se repite el mismo ciclo. Se comienza por abandonar el hecho de la oración por razones aparentemente válidas. Comienza a entrar en el interior del creyente, como una lenta noche, la dificultad para centrarse en lo único y uno, en Dios. Aparece la dispersión interior, aparecen nuevos motivos para seguir sin orar, para abandonar el trato con Dios. Se debilita el gusto por Dios y crece el gusto por la multiplicidad de personas, cosas, acontecimientos, sensaciones fuertes, etc. Comienza a declinar el hambre de Dios en la medida en que crezca la dificultad para "estar" a gusto con Él. Ya estamos en la espiral de la anemia. b) Hay otra enfermedad que se llama " ATROFIA". En ésta llega la muerte todavía más silenciosamente. Toda vida es explosión, expansión, adaptación, en una palabra: movimiento. Este movimiento no es sólo mecánico, como un robot, sino que es un dinamismo interior. Si este dinamismo interior es sofocado o detenido, automática mente deja de ser vida, no hace falta que venga un agente externo y mortífero que provoque un desastre. El ser vivo deja de ser vivo, en el momento en que deja de ser movimiento. En la vida interior ocurre otro tanto. La gracia es vida y da al alma la facultad de reaccionar con fuerza, bajo los dones de Dios, de moverse 9


hacia Él y el hermano. Esta gracia establece una corriente recíproca, entre Dios y el creyente, de conocimiento y amor. Esta gracia es expansiva y fermentadora (la mujer del Evangelio que metió en tres medidas de harina un poco de levadura …). Una vez injertada en la naturaleza humana esa gracia, por ser vida, tiende a conquistar nuevas zonas de nuestro interior, penetra en las facultades progresivamente, domina las tendencias egoístas y las somete al beneplácito de Dios. Pero si esa gracia deja de moverse, también deja de existir. Si esa vida no lleva una marcha ascendente y expansiva, automáticamente toma la ruta de la muerte, por la ley de la atrofia. e) Una última enfermedad: "ESCLEROSIS". Si los tejidos no son sometidos al ejercicio, rápidamente sobreviene el endurecimiento y la rigidez. También puede haber esclerosis para la vida del espíritu. Al orar poco, sentimos que hay dificultad para hacerlo: como que las facultades interiores se endurecen. Y al sentir la dificultad, se tiende a abandonar la oración por la ley del rechazo al displacer. Y ese gran don de Dios se inhibe, su vitalidad toma el rumbo de la inacción, de la inmovilidad de la muerte. 3. Algunas consideraciones finales Hay muchos creyentes que han recibido una fuerte llamada para una vida profunda con Dios, y esa llamada está languideciendo por esta historia que se repite: dejaron de rezar, abandonaron los actos de piedad, desplazaron la oración personal, dijeron que a Dios hay que buscarlo en el hombre, y buscando a Dios se alejaron de Él. Muchas de nuestras frustraciones y tristezas encuentran aquí una explicación muy clara: allá, en el fondo de sí mismos, en lo que llamamos el subconsciente, están sofocando aquella llamada fuerte que a unos se les ha dado y a otros no: la llamada del encuentro con Dios. 10


Apunte II: CONSTANTES EN LA ORACIÓN 2 1. Cuánto más se ora, Dios es "más" Dios en nosotros Dios no cambia, Él es pleno y, por consiguiente, inmutable. Está, pues, siempre presente en nosotros y no admite diferentes grados de presencia. Lo que realmente cambian son nuestras relaciones con Él, según el grado de amor y de fe. Usando el ejemplo de la habitación y el sol: cuando las ventanas están cerradas no se ve nada en la habitación, no hay luz y no es porque no haya sol, sino porque no puede entrar. Cualquiera puede hacer la prueba: cuánto más profunda es la oración, siente a Dios más próximo, presente, vivo. Cuando se ha estado con Dios, Él va siendo cada vez más, "Alguien" por quien y con quien se superan las dificultades, se vencen las repugnancias, se asumen con alegría los sacrificios, nace por doquier el amor. Se abrió el círculo de la vida. En la medida que la persona que ora avanza en la unión fiel con Dios, Dios deja de ser una idea, una ley, una norma, para convertirse en Presencia y transparencia, y se comienza a vivir la libertad, la humildad, el gozo, el amor. Nace en nosotros una fuerza, una fuerza revolucionaria que saca todas las cosas de su sitio: donde había violencia, pone suavidad. donde había egoísmo, pone amor. No podemos decir: eso no es para mí. Todo depende del grado de fe y amor de nuestra vida. Los profetas y los santos no fueron seres excepcionales por nacimiento o cualidades, sino porque se entregaron incondicionalmente y fue Dios el escultor de esta o aquella figura. En la medida en que la persona se entrega incondicionalmente y se deja tomar por Dios, Él va acaparando en la persona la función de bien que tienen todas las realidades humanas y tiende a convertirse en Todo Bien. Ejemplo: Dios vale por una esposa/o cariñosa/o, por un buen hermano, por un padre solícito, por una hacienda, por la salud ...

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Dios se ha convertido, en una palabra, en la gran recompensa (Salmo 4); así lo afirma la oración de Santa Teresa de Jesús: Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta. 2. Cuánto menos se ora, Dios es "menos" Dios en nosotros Cuanto menos se ora, Dios se va desdibujando cada vez más en nosotros y se va convirtiendo en una idea, y no apetece estar, tratar, vivir con una idea; tampoco es un estímulo para luchar y superarse. y así Dios va dejando de ser Alguien vivo para acabar por diluirse en una realidad lejana y ausente. Una vez metidos en esta espiral, Dios lentamente deja de ser recompensa, alegría, gozo y cada vez se cuenta menos con Él. Y así se llega a una crisis, ya no se acude a Dios porque es una palabra que ya nos dice muy poco. Si se deja de orar por largo tiempo, Dios acaba por "morir" no en sí mismo, porque Él es "el eterno", "el viviente", sino en el corazón de la persona. Dios ha muerto como una planta atrofiada que se dejó de regar. Abandonada la fuente de la vida se llega rápidamente a un ateísmo vital. Uno no piensa Que Dios no existe, uno no niega la realidad de Jesucristo pero se ha arreglado en su vida para vivir sin Dios. Es decir, Dios ya no es la realidad próxima, concreta, arrebatadora. Se vuelve a sentir los acosos del mal, las pasiones poderosas que nos acosan, acorralan y pueden, y la señal más clara es que el Señor ya no despierta alegría en el corazón. Este vacío les pesa tanto que se entregan a discutir. cuestionar, dialogar sobre la oración y su necesidad, sobre Dios y la teología, sobre la 12


fe y los sacramentos, sobre las fallas de la Iglesia, sobre el celibato y no sé qué más. Buscan y no hallan, están vacíos y desesperados y tan ciegos que no se dan cuenta de que no se aliviarán de su vacío hasta que retornen a la oración. La oración es vida y la vida es sencilla, no fácil, y coherente. Cuando la oración deja de ser vida, la convertimos en una complicación fenomenal. Se pregunta: ¿cómo se debe orar en nuestro tiempo? Lo cual es una pregunta sin sentido: ¿acaso se preguntan cómo se debe amar en nuestro tiempo? Cuando se produce la crisis de Dios por abandono de la oración, se comienza a valorar todo con los criterios de la utilidad, cuando la Biblia nos recuerda que Dios es y no más, no que Dios sirve para esto o lo otro. Dios es gratuito y quiere que lo busquemos gratuitamente. Si lo tenemos a Él, nos vendrá todo.

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Apunte III: ITINERARIO HACIA EL ENCUENTRO 1. Orar no es fácil Una cosa que perjudica y desorienta a los cristianos es el asegurar que orar es cosa fácil, tan fácil como hablar con el padre, la madre o el amigo. Puede ser sencillo hacer una oración vocal, unas peticiones comunitarias, unas jaculatorias, etc. Pero profundizar en los misterios de Dios, habituar y habilitar las facultades psicológicas para recibir y colaborar con la gracia, condicionar el crecimiento a nuestra estructura humana, caminar por las cuestas oscuras y fatigantes de las exigencias de Dios, es una trabajo difícil y exasperante. Colaborar con Dios para llegar a ser santos es el trabajo más difícil y el más importante para un cristiano: por eso no abundan los santos. En la oración todo es gracia, regalo de Dios, don de Dios. No a todos se nos dan las mismas facultades para orar, ni Dios nos lleva rápidamente a la unión con Él, ni a la contemplación como a San Juan de la Cruz o a Santa Teresa de Jesús. Pero nosotros nunca sabremos las facultades que Dios nos ha dado para orar si no probamos, si no intentamos. Sólo Él tiene la medida, a nosotros nos corresponde ser fieles y generosos en nuestro tiempo de oración. Sin embargo, sólo con algo de oración, sin perseverancia y disciplina, no esperemos una fuerte experiencia de Dios; tampoco esperemos vidas transformadas. 2. Orar es un arte Orar es fundamentalmente obra de la gracia de Dios, pero también es un arte: “a Dios rogando y con el mazo dando”. Y como arte está sometida, a nivel psicológico, a las normas de todo aprendizaje, como cualquier actividad humana. El orar bien exige: MÉTODO, ORDEN, DISCIPLINA. Puede ocurrir que a una persona sencilla y sin preparación, Dios, por vía de la gracia y dones extraordinarios, le regale una profunda vida de 14


oración y unión con Él. Estos dones ni se merecen ni se consiguen a pulso. Siguen la lógica de Dios que nosotros no comprendemos. Por lo tanto, los métodos sin la gracia no son oración, y no se consigue nada. Hay personas que están muy dotadas para la oración y para la unión con Dios, pero por falta de método no consiguen nada, se quedaron en la cuneta. Pensemos cuántos años se necesitan, cuántas energías, métodos y pedagogías, para cualquier formación humana: un pintor, un compositor, una bailarina. Si el orar es un arte no soñemos con alcanzar un alto estado en la vida con Dios sin energía, orden y método. Normalmente Dios se somete a las leyes evolutivas de la vida, (el grano de mostaza, Mc 4,30-33). Este proceso lento y evolutivo es válido para toda vida de fe y de gracia, para el crecimiento en la oración, para la vida fraterna, para seguir a Jesús. 3. El camino normal en la oración El panorama general en el camino de la oración, desde la oración vocal hasta las comunicaciones más profundas, sigue estas etapas: En las primeras etapas, Dios deja la iniciativa al alma, con el funcionamiento normal de los mecanismos psicológicos. La participación de Dios es escasa. En la medida en que la persona avanza hacia grados más elevados, paulatinamente, progresivamente Dios va tomando la iniciativa e interviene directamente prestando apoyo. El alma empieza a sentir que los medios que utiliza no le ayudan tanto, son ya muletas inútiles. Dios toma cada vez con mayor decisión la iniciativa. La va sometiendo a la sumisión y al abandono. En este momento es el Espíritu Santo el que ya obra dando sus dones y carismas (Rom 8,26ss). 15


Los primeros pasos son complicados. El alma, como niño que comienza a andar, necesita apoyos psicológicos, métodos de concentración, maneras de hacer, posturas, puntos de reflexión, etc. Pero cuando Dios irrumpe en el alma, ésta se va limpiando cada vez de todas las ataduras de pecado y va siendo más pura, más libre, más pacificada. Cada vez siente menos impedimentos para volar a Dios y se va configurando con Jesús en la madurez, grandeza, servicio y silencio. 4. Muletas para este camino a) Necesitamos Paz Un cristiano poblado de cargas agresivas, resistencias secretas, rechazos a personas, enemistades, enfrentamientos, groserías... no puede entrar en el templo de la paz que es Dios. Hay que conocer ejercicios para pacificar el alma y purificarla. b) Necesitamos Calma Un creyente dominado por la dispersión interior, desintegrado por la agitación, por el nerviosismo, no puede llegar a la unión transformante con Dios.

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Apunte IV: SILENCIO INTERIOR A poco que uno haya tratado con personas de oración y en seguida Que uno comienza a intentar orar, se dará cuenta de que unos de los grandes obstáculos es el nerviosismo, la agitación, la dispersión. Para ser verdaderos adoradores en espíritu y verdad necesitamos como condición previa, antes que nada, el control, la calma y el silencio interior. En lo alto de la montaña, Jesús habla dicho que para adorar y contemplar al Dios vivo no se necesitan ni grandes voces ni abundante palabrería. Sólo hace falta crear el silencio interior, venciendo los ruidos, y quedarse con Él (Mt 6,6). La oración hemos dicho que es un encuentro, y para que se produzca ese encuentro entre dos personas es necesario que se pongan de acuerdo en dónde y cuándo se van a ver para hablar. Para el encuentro con Dios ocurre lo contrario, no tenemos que salir a ningún sitio, sino entrar en nosotros mismos y allí, en el fondo de nuestra intimidad, nos encontraremos con Él, que está más cerca de nosotros que nosotros mismos. Para entrar en nuestro interior es necesario comenzar por calmarse, silenciar los ruidos, sentirse dueño de los sentimientos, dejar en quietud el cuerpo, no permitir que los recuerdos y las distracciones lo lleven a uno de un lado para otro. Éste es el aposento interior en donde se necesita entrar para que se dé el verdadero encuentro con el Señor. En Mt 6,6, Jesús añade: "cierra las puertas". Cerrar las puertas y ventanas de madera es fácil, pero aquí se trata de otras puertas y ventanas más sutiles, más imprecisas y, por lo tanto, más difíciles de controlar. El creyente no tiene más dificultad para desentenderse del mundo exterior: le basta subir un cerro, meterse en un bosque, entrar en una capilla solitaria y con eso se encuentra un entorno recogido. Pero lo difícil, imprescindible y urgente es desligarse de esa turbulencia de recuerdos, distracciones, preocupaciones e inquietudes que asaltan y destrozan la 17


unidad y el silencio. 1. Dispersión Uno de los grandes obstáculos para orar son las distracciones; si conseguimos superarlas, si aprendemos a dominarlas, será posible entrar en la atmósfera de Dios. ¿En qué consiste la dispersión interior? Venimos a la vida trayendo una enorme carga de esperanzas y desconsuelos. Nos sentimos hundidos de tanto peso. Las preocupaciones nos dominan, las ansiedades nos desasosiegan. Los desengaños nos amargan. Los proyectos que no hemos realizado nos inquietan. Llevamos sentimientos y resentimientos fijados en el alma. Con toda esta carga la unidad interior se rompe. Vamos a la oración y la cabeza es un verdadero manicomio. Dios queda ahogado en medio de un ruido infernal de preocupaciones, ansiedades, recuerdos y proyectos. El hombre debe ser unidad, como Dios es unidad, ya que el encuentro es la convergencia de dos unidades. Pero en la dispersión el hombre se percibe como un amasijo de trozos de sí mismo que tiran de él en una y otra dirección. Es un ser dividido, dominado y vencido. Todo esto ocurre porque la mente nunca descansa, igual que el corazón. De nuestro subconsciente brotan constantemente ideas, recuerdos, afectos que quieren salir e invaden nuestra conciencia. Cuando nuestra parte consciente está activa, el subconsciente no puede sacar sus ideas y recuerdos, pero en cuanto nos quedamos en silencio, él invade toda la mente. Orar significa retener la atención y mantenerla centrada y fija en un Tú (Dios). El cristiano, cuanto más se ejercite en las prácticas de control mental, está facilitando directamente la capacidad de concentración de su mente en Dios. 18


Dios no está en el barullo (2Re 19), es decir, a Dios no se le encuentra en el barullo. Este barullo puede ser externo: éste no tiene mucha importancia, cualquiera puede tener un gran encuentro con Dios en la agitación de una terminal de viajeros, en la calle, en el mercado. Es el barullo interior el que rompe la unidad y la posibilidad de encuentro con Dios. 2. Silencio interior Cuando decimos “Silencio Interior” queremos indicar la capacidad de lograr el vacío interior, de tal manera que uno sea sujeto, dueño de lo que ocurre en su mente y no objeto llevado de aquí para allá. El silencio es poder concentrarnos durante un tiempo largo en un solo pensamiento y sentimiento: la presencia de Dios en nosotros. Esta dificultad de lograr el vacío interior lleva a muchos a abandonar la oración, y se pierde ese encuentro con el Señor que "descansa y enamora" (San Juan de la Cruz). Otros se conforman con la oración litúrgica o comunitaria. Otros se lanzan en brazos de un activismo desenfrenado, gritando que el apostolado es oración y ellos no oran. Hay incluso hermanos a quienes la palabra oración les da alergia, sienten por ella una viva y mal disimulada antipatía. Siempre están listos para disparar contra la oración: “alienación, evasión, sentimentalismo, tiempo perdido, infantilismo”. Hay que comprenderlos. Han intentado una y mil veces ese encuentro con el Señor y nunca lo consiguieron, se sienten frustrados y doloridos porque no hallaron nada.

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Apunte V: FORMAS CONCRETAS DE ORAR 1. Oración vocal La oración vocal se apoya en fórmulas establecidas. La oración que Jesús nos enseñó, el Padre nuestro, es una oración vocal. La oración vocal se utiliza en la liturgia y, por tanto, la conoce y practica todo el pueblo cristiano. Lo importante en este tipo de oración son los actos de voluntad que interiormente acompañan a las palabras que se pronuncian. Es casi imposible acompañar cada palabra en su sentido, basta un deseo, un acto de fe, humildad, confianza, amor. Más que la letra, hay que acompañar el sentido de la oración. Debe ser expresión de la oración interior y sólo vale cuando se hace con el corazón. Debe estar precedida de un momento de interiorización, y hacerla pausadamente. El hacerla rítmicamente ayuda a concentrarse. En ella interviene la mente y el cuerpo. Como en toda oración, hay que relajar el cuerpo, serenar el corazón, controlar los afectos. Hay una oración vocal singular, el Rosario. Hecho despacio, con devoción, meditando el Evangelio, considerando los misterios de la vida de Jesús, de la mano de María, es una oración buena. 2. Lectura espiritual de la Biblia La oración personal se puede enriquecer si se alimenta con la Palabra de Dios. Hay que distinguir entre una lectura-estudio y una lecturaoración. Para ello hay que entrar en la lectura con una apacible serenidad y recogimiento, leer sin prisa, a media voz, para que entre también por los oídos, repitiendo el texto. Leer en postura de abandono, es decir, "aplícate todo entero al texto y 20


aplícate todo el texto a ti". Abre tu corazón a la acción de Dios. Si alguna palabra o frase del texto te ha levantado algún sentimiento, detente, reléela, gusta esa sensación, párate y quédate así hasta que se esfume esa vivencia, y después continúa. Si algo del texto no entiendes, escríbelo en un cuaderno, para aclararlo después, y continúa. No es el momento para buscar la solución en otros libros o inquietarse. Puede ocurrir que lo que hoy no entiendes, cuando pasa el tiempo y vuelves a ese texto, lo comprendas claramente. Debes procurar leer una perícopa, es decir, un grupo de versículos que completen la narración, la parábola, la enseñanza de Jesús y no leer sólo un par de versículos porque es más difícil encontrarle el sentido y puedes errar. Siempre que te pongas en contacto con la Escritura, ya sean ideas, hechos, historias, exhortaciones, traslada aquello a tu momento concreto. ¿Qué te dice en este momento de tu historia personal, de tu familia, de tu grupo, de tu barrio, etc? La Palabra de Dios quiere iluminar tu vida hoy. Termina siempre con un compromiso, sencillo, claro, realizable, sólo para hoy, que se pueda evaluar, y, si es posible, que contrarreste el mal que pueda haber en ti. Da gracias al Señor por ese rato de oración y pídele la fuerza para poner en práctica ese compromiso. 3. La Meditación La finalidad de la meditación es analizar nuestra vida y profundizar en ella, compararla con el estilo de vida de Jesús para llegar a pensar, sentir y vivir como Él. Es un camino en el que algunas veces habrá que destruir algún defecto, otras veces buscar o adquirir una virtud, una actitud positiva, siempre contando con la fuerza de Dios que actúa en nosotros. Tiene tres partes: a) Preparación Ponerse en presencia de Dios, que nos ve y nos oye, reconocer su bondad y darle gracias. Reconocerse a sí mismo pecador, pedirle que 21


vivamos como hijos suyos, pedirle ayuda para orar bien. No hay que temer perder el tiempo en esta primera fase, pues ya es oración. b) Meditación Se busca el punto sobre el que nos interesa meditar (la fe, la pobreza, el servicio, el desprendimiento, la disponibilidad, etc). Intenta iluminar ese punto con la Palabra de Dios, con algún otro libro de teología o de reflexión. Se trata de fortificar nuestras convicciones, sobre todo aquellas que están más débiles. Por eso, al elegir el punto de la meditación tengo que ser objetivo y elegir no el que más me guste, sino el que más necesito para mi vida cristiana. Conviene entender bien lo que se lee, volver a la lectura si no se ha entendido. Comprender las razones a favor y en contra si la hubiera. Hay que ejercitar la inteligencia y la voluntad. Sacar algunas conclusiones, mejor un solo propósito que muchos, y volver a examinar si lo hemos cumplido o no. No es bueno pasar a otro compromiso, si no hemos cumplido durante un largo tiempo el primer propósito. Sólo así se verá algún fruto, si no este método puede llevarnos a sentir escrúpulos y sentirnos sin voluntad para seguir o pensar que no podemos cambiar nada. c) Conclusión Dar gracias a Dios por los beneficios recibidos. Pedir perdón por las negligencias y distracciones en la meditación y terminar con una oración vocal o un salmo. Hay que obrar más con el corazón que con la cabeza. No se trata de buscar frases ni pensamientos originales y extraños o llamativos, sino de mover la voluntad hacia el bien y lo bueno y purificar los sentimientos de lo negativo y malo.

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Apunte VI: ORAR EXAMINANDO LA VIDA Toda persona tiene que estar dispuesta en cualquier momento a tomarle el pulso a su vida, a examinarla, a revisarla. Es un signo de inteligencia, precisión y equilibrio. Esta revisión diaria puede ser tu oración. 1. Examen Ignaciano • • • • • •

Acto de fe en la presencia de Dios. Da gracias por los beneficios recibidos. Repasa las acciones del día ante la presencia del Señor. Pide perdón por el mal hecho. Propón la enmienda contra ese mal Toma una decisión para el día siguiente. 2. Examen Budista

• Acto de fe en la presencia de Dios. • Repasa "la película" de tu jornada, desde este momento, remontando hacia atrás. • No apruebes, no condenes, observa. Bastará verte, ya tendrás suficiente. Eres un observador privilegiado, ya que conoces al protagonista por dentro y por fuera. Basta observarlo, para caer en la cuenta de lo acertado o lo absurdo de tu actuación. La realidad se te impondrá por su misma verdad. • Si te distraes, haz retroceder "la película" hasta que comenzó la distracción. • Llénate de esperanza y proponte la enmienda o afiánzate en lo justo de tu conducta. 3. Examen sobre las personas con las cuales he tratado hoy • Siempre ante la presencia de Dios, pregúntate si las personas con las que hoy has tratado, han salido mejoradas de ese encuentro. Si tu 23


encuentro con ellas las ha mejorado en algún aspecto de vida. • Piensa en las personas que te han ayudado hoy, ve cuáles han sido sus actitudes, su comportamiento, lo bueno que te han dado y da gracias al Señor por ellas. • Date cuenta de cada persona que has encontrado hoy. Ve a Cristo en ella. Cristo que viene a nosotros no reconocido, disfrazado, como en Emaús, en el lago de Tiberíades, bajo forma humana. Reconoce a Cristo, ámale, sírvele, adórale. 4. Examen positivo • Ponte en la presencia de Dios. • Reconoce que todo lo bueno, hermoso, viene de Él. Jesús es la fuente de todo bien. Él quiere llenarte de todos sus dones. • Recuerdo todo lo bueno que hoy he realizado en mi camino hacia el Señor. Todo lo positivo que he hecho en este día. • Cómo he puesto al servicio de los demás las cualidades que Dios me ha dado; cómo he vencido para superar un mal pensamiento sobre alguien; cómo he callado ante la crítica. • Es importante reconocer lo noble que hay en ti, eso te ayudará a reconocerlo también en tus hermanos. 5. Toma de conciencia del pasado • Me pongo en presencia del Señor. Pido su luz y su verdad para mi vida. • Puedo tomar un solo hecho concreto de mi historia pasada, un hecho positivo. • Procuro con la imaginación revivir aquel momento: cada gesto, palabra, mirada, reacción, dicen algo de mí. No analices, solamente mira, contempla. • Busca a Cristo en cada uno de esos acontecimientos, como el conductor de la historia, de tu historia. Observa si el Señor aprueba o desaprueba. ¿Qué dice Jesús? • Acepta, corrige o confirma la situación escogida, siempre delante de Dios. 24


6. Examen breve y rápido •

En momentos de cansancio, después de un día agotador de trabajo, delante de Dios, responde a tres preguntas sin detenerte mucho en ellas. Hay poco tiempo, deja Que aflore la conciencia: ◦ ¿Tengo yo que dar gracias al Señor de algo en este día? ◦ ¿Tengo que pedirle perdón de algo? ◦ ¿Cómo me gustaría que fuese el día de mañana? 7. Proyectar los acontecimientos futuros

• Como siempre, me pongo en la presencia de Dios, mi Padre, mi amigo, mi Señor. • Mira hacia adelante contemplando los acontecimientos que te han de ocurrir próximamente e imagínatelos como a ti te gustaría que ocurriesen. • Obsérvate tal como querrías verte en ellos: Si alegre, sereno, comunicativo, prudente, dueño de ti mismo... • Busca a Dios en ellos. • Recorre a las personas con quienes vas a tratar y descubre a Jesús en ellas, rezas con ellas. • No tomes resoluciones. Observa tan sólo.

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Apunte VII: ORAR CON LA IMAGINACIÓN 1. Contemplación Ignaciana Este tipo de oración no es, en sentido estricto, oración contemplativa, pero San Ignacio la llama así por entrar en juego la imaginación contemplando el paisaje, las personas, lo que hacen, lo que dicen y entrar uno a formar parte de la escena, no sintiéndose ajeno a lo que sucede. Al hablar de contemplación, entendemos una oración más simplificada, en la que el hombre, la persona parece menos activamente empeñada. Toma una actitud pasiva, dejando hacer, la cual se comunica con gusto interno, sentimiento de presencia, experiencia de Dios.

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Las partes de que consta esta oración: Oración vocal preparatoria. Consideración de la historia, del hecho tomado de los Evangelios. Ver a las personas como si uno estuviera presente: cómo visten, de qué hablan, qué hacen. Imaginarse el lugar con todos los detalles posibles: si es en un lago, en una barca, en un cerro, en una casa, en el Templo. Yo también estoy en ese lugar, soy uno más de los presentes. ¿Qué hago? ¿Qué veo? ¿Qué pienso? ¿Qué siento? Escucho a los demás. Miro a los demás. Jesús me mira, me habla. ¿qué me ha dicho? Hago el propósito de lIevarlo a la práctica. Examino cómo me fue en la oración. 2. Oración cumbre

Como siempre, tomo la postura adecuada, me tranquilizo y me sereno, ayudándome con la respiración, y me concentro en lo que voy a 26


hacer. Trasládate imaginativamente a cualquier lugar donde hayas tenido una intensa experiencia de Dios. Contempla el lugar tan profundamente como puedas. Capta nuevamente la atmósfera. Revive nuevamente la experiencia. Vuelve de esa experiencia a la situación actual pasando alternativamente de una situación a otra. Comparo lo que sentía en aquel momento, gozo, alegría, bienestar, seguridad, etc., y lo que estoy sintiendo ahora. Se trata de volver a los días de gozo con el Señor, como experiencia importante. Da gracias al Señor por aquella experiencia y pídele que se repita. Hemos descubierto un tesoro escondido que puedo utilizar en el momento que quiera. Hemos tenido miedo durante mucho tiempo pensando que era una escapatoria, una pérdida de tiempo, un revivir algo que no volverá. También el sueño, el recuerdo de momentos felices son escapatorias necesarias para continuar viviendo. Ya no hay miedo en recordar ese tesoro, ese álbum de fotografías vivas que han quedado en mi interior para siempre. El hombre reacciona igual ante una fantasía que ante una realidad. La reacción emocional es la misma. Puede utilizarse como instrumento de terapia y espiritualidad. Tenemos experiencias cumbres, momentos de felicidad, y por falta de capacidad y de tiempo, no nos alimentamos de esas experiencias. Déjate empapar de ellas y volverás al presente con más fuerza, con los sentidos más agudizados, con más entusiasmo y seguridad. Es evasión solamente cuando se hace para escaparte a ese mundo de fantasía o cuando no puedes distinguir las dos realidades. Pero cuando tengo control y puedo volver, no te preocupes. El poder de la fantasía, como instrumento de cambio, es muy grande, ya que muchos miedos y temores están causados por la imaginación. 27


3. Contemplación de los Misterios Gozosos De los misterios gozosos de tu vida, no del Rosario, o mejor dicho del rosario de tus días y tus horas. • Elige uno. Revive ese acontecimiento hasta que sientas de nuevo la misma experiencia. No contemples la escena desde fuera. Participa en ella una vez más. • Entrégate para vivir plenamente la experiencia, sin temor de lo que sucederá después. Te encontrarás después lleno de vida para continuar luchando. • Busca y encontrarás la presencia de Dios en ese acontecimiento: ¿de qué manera estaba Él presente? •

4. Contemplación de los Misterios Dolorosos • De los misterios dolorosos de tu vida. • Vuelve a ellos solamente si todavía duele el resentimiento, la amargura, el remordimiento, sentido de pérdida, aflicción, fracaso. Revive el acontecimiento. • Busca y halla la presencia de Dios en él, o bien imagínate al Señor participando en ese acontecimiento. • Vale la pena volver sólo si la herida queda viva. Es importante, ya que, si no lo haces, esa herida no queda sanada, queda resentimiento, culpabilidad, gasto de energía, que no te dejan libre en el momento actual. • Es vital para la oración lograr una purificación de cualquier resentimiento y rencor que actúe en lo profundo de mi ser. • El perdón es incompleto mientras hay algo que perdonar, aunque sea a uno mismo. • Puede haber hasta un resentimiento con Dios. No te espantes de sentir esto. No temas decírselo en su presencia. Díselo, clarifica tu relación con Él. • Lo ideal sería repetir las contemplaciones hasta que resulte posible volver a los acontecimientos sin sentir ya nada negativo; más aún, con sentimientos de gratitud y gozo. 28


Apunte VIII: ORACIÓN DE INTERCESIÓN 1. Intercesión Invoca la venida del Espíritu. Un signo de su venida es la imposición de manos. Imagina a Jesús ante ti. Siente sus manos sobre tu cabeza. Toma conciencia de que el Espíritu de Dios entra en tu vida (Rom 5,5). Estás inundado con su vida, con su luz, con su poder. El espíritu tiende a comunicarse, extiendo e impongo mis manos sobre cada persona que amo. Me detengo en cada una, individualmente, invocando sobre ella el amor de Cristo, sin palabras. Contemplo cómo cada uno va llenándose e iluminándose con la vida y el amor de Dios. No me canso, son tantos los que amo... Si me siento fatigado, vuelvo a reforzar la presencia de Cristo y, una vez "recargado", vuelvo a imponer las manos. Puedo volver a sentir las manos de Jesús sobre mí tantas veces como lo necesite, para continuar orando. Impongo las manos a mis familiares, amigos, vecinos, conocidos, a los del grupo, a los que están cerca, a los de lejos, a los niños y muchachos, a los mayores... También a mis enemigos, si los tengo, a los que tienen algo contra mí, a los que me resultan desagradables. Siento cómo la gracia de Jesús pasa a cada uno de ellos a través de mis manos. Ahora no recuerdo nada ni a nadie, por un instante permito que el Espíritu me sugiera personas por las que debo orar. Quiero transmitir el Espíritu, sin pedir nada que condicione a la persona. Sólo la comunicación del Espíritu de Jesús. Mis manos en gesto de imposición se levantan y las impongo no sobre una persona, sino sobre mi grupo, mi comunidad, mi ciudad, mi familia, mi nación, mi Iglesia, sobre las religiones cristianas, sobre las religiones no cristianas, sobre la humanidad El apóstol es el hombre por excelencia cuya misión consiste en 29


comunicar el Espíritu Santo a los demás. La intercesión es la oración típica del apóstol. San Francisco Javier, después de predicar todo el día, hacía intercesión por cada persona que se había encontrado durante la jornada y por todas con las que hablaría al día siguiente. 2. La Oración de Jesús Se apoya este tipo de oración en un libro de la espiritualidad oriental: "Stranik, el peregrino ruso". Responde a la seria pregunta de si existe algún modo o método de santificar el subconsciente. La experiencia de muchas personas que han practicado esta oración nos dice que sus vidas se vieron transformadas. La continua oración interior de Jesús es una llamada continua e ininterrumpida a su nombre divino con los labios, el espíritu y con el corazón. Consiste en representarlo siempre presente en nosotros al ritmo de la respiración, e implorar su gracia en todos los momentos y ocasiones, en todo lugar y tiempo. Esta llamada se compone de las siguientes palabras: "SEÑOR JESÚS, TEN MISERICORDIA DE MÍ". Quien se acostumbre a esta plegaria, encuentra en ella tanto consuelo y siente tal necesidad de repetirla que no puede ya vivir sin que espontáneamente resuene dentro de él. Esta oración continua, esta breve invocación repetida infinitas veces, al ritmo de una tranquila respiración, va cristianizando el subconsciente. Características de esta oración: Correcta actitud corporal. Necesidad de una tranquilización corporal previa a la pronunciación del nombre de Jesús. Distensión del cuerpo, abertura en profundidad. Pronunciación vocal. Es imprescindible, al principio, pronunciar la oración de Jesús con los labios. Es importante: lo que comenzó 30


pronunciándose con los labios podrá convertirse más tarde en sonido interior. Descubrimiento del propio ritmo respiratorio. Pronunciar el nombre de Jesús al ritmo de la respiración no es nada artificial. Pronto desaparecerá esa sensación y "respirarás" natural y tranquilamente el nombre de Jesús. Disciplina diaria. Si esta oración se convierte en centro de tu vida espiritual, una cierta disciplina y orden diario en su repetición son indispensables en la verdadera oración de Jesús.

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Apunte IX: MÉTODOS DE ORACIÓN COMUNITARIA 1. Mecer la Palabra Consta de los siguientes pasos: a) Lectura El animador lee un texto previamente escogido, dos o tres versículos de un Salmo, del Evangelio o de otro libro de la Escritura. El texto ha de ser relativamente breve de modo que se le pueda retener en su sentido literal. El texto se lee tres veces, lentamente, con breves intervalos. Los participantes no lo tienen en mano, sino que escuchan con atención la Palabra propuesta, tratando de comprenderla y de retener el texto en actitud de respetuosa acogida. b) Mecer la Palabra Esta parte constituye el cuerpo central de la oración. Consiste en mecer, acariciar o acunar la Palabra del Señor como algo precioso, para ahondarla y posesionarse de ella. Con pequeños intervalos, de medio a un minuto, los participantes van repitiendo espontánea y literalmente una palabra o expresión del texto leído, que le brote del alma. Es importante atenerse a la letra del texto evitando modificaciones. Nadie está obligado a hablar, pero cuanto más animado sea este juego de mecer la Palabra, tanto mejor para la profundización de la oración. c) Agradecimiento Terminada la fase anterior, los participantes que lo deseen pueden expresar libremente, con palabras suyas, fuera ya del texto, el agradecimiento al Señor por la gracia de la oración. d) Recordatorio Concluidas las fases anteriores el animador orienta a los participantes hacia un momento de fijación. Cada uno participa a los hermanos del grupo un pequeño recuerdo que quiere llevar consigo. Para uno será una palabra del texto, para otro una expresión, para otro un propósito.

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e) Conclusión Se termina recitando en común y lentamente una fórmula, como el padrenuestro, el avemaría o un canto. 2. Contemplación comunitaria Este método consta de los siguientes pasos: a) Preparación Los participantes, sentados en círculo, atienden a las orientaciones del animador para el relax del cuerpo, relajar los músculos, acompasar la respiración, sentarse en actitud orante, serenar la mente y el corazón. b) Invocación Se invoca al Espíritu Santo recitando lentamente o cantando un canto al Espíritu. c) Lectura Lentamente, en voz alta, se lee un texto de la Biblia; como siempre, ha de ser breve y constituir un todo lógico. d) Relectura Se relee personalmente en la Biblia u hoja previamente distribuida, durante diez a quince minutos, el texto proclamado. En silencio completo cada uno relee muy lentamente cuantas veces quiera, parándose en los puntos que más le llaman la atención. Después deja la hoja o el libro sin hacer nada de ruido. e) Contemplación Siguen de diez a quince minutos de contemplación propiamente dicha. Con los ojos cerrados, el orante deja que la Palabra de Dios penetre en lo más hondo de su ser. f) Compartir Pasados los diez o quince minutos de contemplación silenciosa, quienes quisieren dicen a los demás la palabra o frase que más profundamente le haya tocado el alma. 33


g) Compromiso Seguidamente el animador orienta al grupo a decidir, de común acuerdo, la palabra o expresión que todos deberán retener. Por lo general será aquella que más hondamente impactó a varios de los participantes. Esa palabra, ese compromiso hay que hacerla vida en la semana siguiente, así todo el grupo está unido no solo en la oración sino también en la vida. h) Final Se termina con un canto y oración adecuada según el texto o la palabra escogida como compromiso del grupo. 3. Oración del Eco Esta oración, esta fórmula exige cierto conocimiento de los Evangelios y es muy apropiada para la oración colectiva ante el Santísimo Sacramento, expuesto o no. a) Preparación Los participantes se disponen previamente con las condiciones requeridas para la oración: relax, respiración, pacificación de la mente. b) Aclamación Uno de los participantes dice una palabra o breve expresión sacada del Evangelio, dirigida por alguien a Cristo o por el Señor al Padre. Por ejemplo: "Señor, tú sabes que te quiero", o "Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". e) Eco de la Palabra Todos repiten a coro la expresión proclamada por uno del grupo que ha recordado del Evangelio. No se ha leído la expresión, se ha dicho de memoria. Después de esta manifestación a coro se guarda un tiempo de silencio procurando sentir y ahondar la repercusión de esa palabra en el corazón. d) Repetición Luego, otro miembro del grupo sigue con una nueva expresión o bien 34


repite la misma, según le sugieren sus propios sentimientos. y así se prosigue todo el tiempo que el grupo crea conveniente. e) Final Se termina con una oración vocal o un canto. 4. Oración de resonancia a) Preparación Los participantes se disponen previamente con las condiciones requeridas para la oración: relax, respiración, pacificación de la mente. b) Lectura Uno de los participantes lee despacio un texto de la Sagrada Escritura elegido de antemano y que todos tienen en un papel escrito o en la propia Biblia. Es preferible que sea un $almo. e) Resonancia Los demás, de uno en uno, proclaman literalmente una palabra o expresión que más le toque el alma. Todos repiten a coro esa misma palabra, dejando entre cada intervención un silencio de algunos minutos.

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La Oración  

Apuntes sobre la oración

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