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Conversación con María Kodama

El regreso de Ulrica

Orlando Mejía Rivera

Casanare fue la única provincia libre del poder español

Pore: cuna de la independencia colombiana Alfredo Cardona Tobón

Impre(ci)siones

Camilo Gómez Gaviria

EDICIÓN 1.037 domingo 23 DE SEPTIEMBRE DE 2012 Manizales - Colombia

creación y vida

Foto|Cortesía Universidad de Caldas|Papel Salmón

Cocina en la Ciudad Blanca


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El regreso de Ulrica Conversación con María Kodama

FOTO|DARIO A. CARDONA|PAPEL SALMON

María Kodama, la viuda de Jorge Luis Borges, fue invitada a la versión XXXIV del Festival Internacional de Teatro y a la 3ª Feria del Libro de Manizales.

los años sesenta. Su tono es nostálgico y melancólico. Este hombre de sesenta y un años refleja cansancio y pareciera esperar poco del resto de su vida. Sin embargo, como un presentimiento, en una iluminación epifánica, dice en la frase final: “Lo que busco ahora es la paz, el disfrute del pensamiento y de la amistad, y aunque sea demasiado ambicioso, la sensación de amar y ser amado”. Es indudable, lo atestiguan las mismas palabras de Borges y ese rostro plácido y sonriente de sus últimos años, que encontró en María Kodama la paz interior, la amistad y el amor.

Foto|Cortesía Universidad de Caldas|Papel Salmón

Una conferencia y la apertura de la exposición “El atlas de Borges”, fueron los actos que presidió María Kodama, en la inauguración de la 3ª Feria del Libro de Manizales.

Último viaje a Ginebra

“Yo conocí a Borges de dieciséis años y hace veintiséis que murió y yo sigo con él”. Él estaba en contra de todos los totalitarismos incluyendo los de izquierda y derecha. La biografía de Ricardo Barnatán y la de Horacio Salas son las más objetivas. Borges significa lo intelectual. Dedicación.

María Kodama está sentada y mira a su alrededor con tranquilidad. Ha sido amable y a pesar de su cansancio físico, percibo su comprensión ante la curiosidad que suscita su presencia en esta ciudad que gracias a la longevidad del Festival de Teatro, también conoció a otros visitantes ilustres en los años setenta: Sábato, Neruda, Vargas Llosa, entre muchos otros. Prendo mi grabadora y comienzo:

Orlando Mejía Rivera* Papel Salmón

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aría Kodama, la viuda de Jorge Luis Borges, ha venido a Manizales invitada a la versión XXXIV del Festival Internacional de Teatro. A ella la precede la mala fama y la buena fama. La “mala fama” nació, en gran parte, del libro de María Esther Vásquez titulado Borges, esplendor y derrota (1996) donde la ex secretaria y colaboradora del escritor argentino se despacha contra ella y la acusa, entre otros denuestos, de haber manipulado la voluntad de Borges en sus últimos años, de llevárselo a morir a Ginebra (Suiza) sin su consentimiento, de ocultar las verdaderas causas de su muerte, de un matrimonio fraudulento y de un testamento dudoso donde María Kodama fue la única heredera universal de los derechos de autor de sus obras. Algunos otros han comparado a María con Yoko Ono, la viuda de John Lennon. La polémica se incrementó cuando María autorizó la reedición de tres libros ensayísticos de Borges, que él no quería volver a corregir, titulados Inquisiciones, El tamaño de mi esperanza y El idioma de los argentinos. Los enemigos de Kodama la acusaron de ambición y de traicionar la voluntad del escritor, pero la justificación de ella fue corroborada por varios eruditos: se había creado el mito de un primer Borges oculto, enmascarado, con terribles pecados ideológicos. El chileno Víctor Farías, ese panfletario profesional, había insinuado que los secretos del joven Borges eran similares al pasado nazi del filósofo Heidegger. Con la publicación de estas obras sus lectores pudimos comprobar que nada de ello era cierto y que lo que Borges deseaba olvidar era su

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antiguo estilo barroco, local y retórico. La “buena fama” proviene de miles de lectores y críticos que han visto a María Kodama dedicada a preservar la obra y la memoria del escritor, desde su Fundación Internacional Jorge Luis Borges, creada en la ciudad de Buenos Aires, en 1988, en una bella casa situada en Anchorena 1660. Además, sus incansables gestiones editoriales han permitido las reediciones de su obra completa, la recopilación de sus reseñas literarias publicadas en su juventud, como también el archivo y divulgación de la inmensa bibliografía secundaria que en diversos idiomas escriben eruditos de todo el mundo, y desde Michel Foucault hasta Umberto Eco han sido hechizados por su extraordinaria prosa y su poesía inigualable. Sin embargo, más allá de las miradas destructivas o amorosas de los otros, existe un testimonio irrefutable de lo que fue María Kodama para Borges. Ahí están las dedicatorias, los prólogos, las referencias, los escritos a dos manos, que él escribió y publicó con ella y para ella. En 1976, en su libro La moneda de hierro, le ofrece su poema La luna, que da cuenta de un astro remoto anterior a los tiempos conocidos, que debe ser para ella “tu espejo”. Borges, enamorado sin duda, le dedica en 1977 su libro Historia de la noche. En 1978 Borges y Kodama publican, los dos eran estudiantes aventajados del sajón antiguo, una bella obra titulada Breve antología anglo-

sajona. Son las extrañas traducciones, del anglosajón al español, de sagas fragmentarias de héroes como Beowulf, Garulf, Ottar. Elegías donde lograron “que resuene al cabo de los siglos su rumor de viejas espadas”. En la conferencia El budismo de su obra Siete noches (1980) él señala que los neófitos de los monasterios budistas se pueden ir cuando quieran y que “Ni siquiera -me dice María Kodama- se anotan los nombres”. Al comienzo de su poemario La cifra (1981) le revela conmovido: “Como todos los actos del universo, la dedicatoria de un libro es un acto mágico. También cabría definirla como el modo más grato y más sensible de pronunciar un nombre. Yo pronuncio ahora su nombre, María Kodama. Cuántas mañanas, cuántos mares, cuántos jardines del Oriente y del Occidente, cuánto Virgilio”. Aquí mismo tiene el poema El bastón de laca, que “María Kodama lo descubrió”. En 1984 se publica Atlas, con poemas de Borges y fotografías de ella, un homenaje a sus viajes, a los rincones de las ciudades amadas, a los sabores y olores encontrados en sus múltiples recorridos por el mundo. En el prólogo Borges confiesa su alegría y asombro compartidos con María y la recuerda en diversas situaciones: viajando en globo sobre los cielos de California, con una gata abisinia en un departamento de la Plaza San Martín, perdidos en el laberinto de Creta, en una cena arquetípica el 22

de agosto de 1983, antes de viajar juntos a Japón, y besada en la mano por un enfermo Robert Graves en la isla de Deya. En su último libro de poemas, Los Conjurados (1985), la dedicatoria es la manifestación rotunda de su comunión amorosa con Kodama y parece infinita como el universo. Allí le declara algo que pocas mujeres han escuchado de algún hombre: “De usted es este libro, María Kodama. ¿Será preciso que le diga que esta inscripción comprende los crepúsculos, los ciervos de Nara, la noche que está sola y las populosas mañanas, las islas compartidas, los mares, los desiertos y los jardines, lo que pierde el olvido y lo que la memoria transforma, la alta voz del muecín, la muerte de Hawkwood, los libros y las láminas? Sólo podemos dar lo que ya hemos dado. Sólo podemos dar lo que ya es del otro. En este libro están las cosas que siempre fueron suyas. ¡Qué misterio es una dedicatoria, una entrega de símbolos!”. Este es el auténtico testamento que recibe María Kodama de Borges: su amor de hombre, su complicidad de sabio, su alegría de niño, su fuerza espiritual de guerrero arcano, su gratitud por la felicidad que ella le ha llevado a su vida, como si fuera un manantial vikingo de luz, extraviado y reencontrado en la memoria de las metáforas escandinavas que ambos tradujeron. La autobiografía de Borges, publicada primero en inglés, termina a finales de

“Los Conjurados” es un poema enigmático, que evoca una Ginebra de conspiradores y hombres excelsos: “Son un cirujano, un pastor o un procurador, pero también son Paracelso y Amiel y Jung y Paul Klee”. Se sabe que Borges, enfermo de cáncer hepático, decidió ir a morir a su Ginebra amada. ¿Ese deseo de ir a la ciudad donde “crece una torre de razón y de firme fe” tuvo alguna relación con los evocadores versos del poema? Bueno sí, pero tengo una curiosidad: ¿Cuál es la obsesión por Ginebra y por la muerte? Llevo veintiséis años escuchando sobre esto, yo no lo entiendo y quisiera entenderlo. Te contesto por mí. El poema genera tanta extrañeza en el lector, que al saber que él escoge ir a morir allá se establece un nexo entre la literatura y la vida que causa curiosidad e, incluso, estupor. Pero sabes, yo creo que es al contrario. Para mí, conociendo la personalidad de Borges, lo que dice el poema es clarísimo. Porque este poema es un homenaje a Suiza y allí va explicando su descubrimiento de Ginebra cuando era adolescente. En la adolescencia las cosas llegan y tocan, y marcan para toda la vida. Entonces, en esa época estalló la Primera guerra mundial y él pudo ver el buen trato que los suizos daban a los refugiados de la guerra. Allí aprendió el respeto de los unos con los otros. Además, muchos años después se enteró que sus compañeros del colegio lo codeaban cuando sus profesores lo llamaban “Boryes” con el acento francés y él no reconocía su apellido porque no sabía la lengua. Esos mismos condiscípulos fueron a pedirle al profesor que no podía juzgarlo ni clasificarlo igual

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celero con el miedo. Lo que quiero es darle todas las posibilidades, usted elija, si quiere quedarse nos quedamos, por supuesto, es su determinación. Creo, María, que has aclarado de manera detallada esa decisión. Es que fue así. Mi vida está jugada por él, no por los locos que quieren Z, W o X. Esa gente a mí ni me va ni me viene. Yo conocí a Borges de dieciséis años y hace veintiséis que murió y yo sigo con él. Entonces, ¿qué es lo que quieren conmigo? Creo que lo de ellos es un asunto de perversidad y enfermedad mental diría yo, llevan todos estos años acosando a una persona, es monstruoso.

Foto|Cortesía Universidad de Caldas|Papel Salmón

El Consejo Superior de la Universidad de Caldas entregó una distinción a María Kodama, quien la recibió de manos del rector, Ricardo Gómez Giraldo.

ñ a ellos, ya que él era extranjero y no conocía el idioma todavía. Entonces, en ese poema él admiraba que eran personas que hablaban distintos idiomas y pertenecían a diferentes religiones. Sin embargo, por un acto de la voluntad y de la inteligencia, deciden formar un país, convivir en armonía, respetando la independencia religiosa e idiomática. Eso es lo que él deseaba para el mundo, pero sabía que era imposible y termina el poema diciendo “Ojalá sea profético”. Este es su testamento para la humanidad, lo que lo mueve a llamar a Suiza “una de sus patrias”. Borges estaba en contra de todo nacionalismo porque decía que todo nacionalismo al final terminaba con Z. Eso a él lo horrorizaba y estaba a favor de la apertura, el respeto a la diferencia y, a la vez, la convivencia armoniosa. Creo que esto es maravilloso. Bien, pero ¿por qué ir a morir a Ginebra? Justo por la falta de respeto. Algunos años atrás se había muerto el oponente permanente a la candidatura presidencial de Perón, que era Balbín, un político radical. Cuando se encontraba moribundo en terapia intensiva, fueron unos periodistas y le tomaron fotos semidesnudo, lleno de tubos, y empapelaron la ciudad de Buenos Aires. Luego la enfermera aceptó que le dieron plata y por eso los dejó entrar. Su hijo sale a la calle y ve a su padre exhibido como un espectáculo y sufre un infarto. Entonces, aunque yo no junté las dos cosas en ese momento, Borges tenía una gira por Italia y el médico lo autorizó a viajar, pues no es lo mismo un cáncer en una persona joven o en alguien de su edad. Partimos y

fue maravilloso. Pudo ver una exposición de Füssli, que había conocido en su juventud, y se fascinó con ese cuadro famoso de pesadilla donde un monstruo está sobre el pecho de una mujer tirada en la cama. También tuvo una entrevista extraordinaria con la RAI que duró dos horas y media. Bueno, fue exultante todo. Luego, me comentó: “María, ahora vamos a Ginebra”. Pensé que él quería despedirse de la ciudad, porque él sabía que iba a morir, pero cuando llegamos me dijo: “No volveremos María, hay que encontrar un departamento, nunca volveremos”. Creí que no se sentía bien y tenía miedo de morir en un avión. Después llamé a los editores, al padre del actual editor de Gallimard, y a Diego Hidalgo el dueño de Alianza Editorial. Les conté y ellos me dijeron que no había problema, que en el momento que Borges quisiera regresar estaría un avión sanitario esperándolo, que incluso tenía sala de operaciones. A él no le dije nada, porque me iba sacar volando. En la noche fuimos a comer y él me preguntó si yo había hablado con el médico. Le dije que sí y le conté todo. Entonces, y nunca me voy a olvidar, él me abrazó y me dijo: “María, yo sé como usted me quiere, y yo sé que usted no va a permitir que mi agonía se convierta en un espectáculo empapelando las calles de la ciudad”. Ahí me di cuenta cómo lo había impresionado lo que le hicieron a Balbín, pues eso había pasado varios años antes. Lo miré y le dije: Borges, hacemos lo que usted quiere, si yo hablé no es para forzarlo a usted a nada, sino es simplemente algo que yo quisiera que hicieran conmigo, que yo pudiera elegir en libertad, eso es lo que quiero que usted haga, no por el miedo, porque el miedo destruye la libertad, uno es su propio car-

María, ¿acaso continúa el acoso? Sí, sí, creo que están muy enfermos. Son una media docena de personas que comenzaron a armar este escándalo. Señoras despechadas y señores que quieren ser Borges y eso es imposible. Con ellos nunca he hablado, porque si después de esta conversación usted quiere decir que yo soy una bruja pues está bien porque ya conversamos, pero con esa gente jamás he intercambiado una tasa de café ni una charla informal, nada. Entonces, ¿cómo pueden juzgar y difamar durante veintiséis años con lo mismo? Pero yo tengo todo el material y quizá o no están bien mentalmente o, como me dicen mis amigos, María vos

sos muy generosa, lo que ellos quieren es trepar sobre el nombre de Borges y abrirse un camino a través del escándalo. Para que los mencionen en los diarios.

Deleites

¿Cuáles eran los deleites de Borges al viajar por el mundo? Él decía que si no se conoce la cultura o la lengua (aunque sea someramente) de un país es inútil viajar, porque entonces todo se convierte en mirar cosas o ir a shoppings y eso no tiene sentido. El sentido al viajar se muestra cuando se conoce la historia, o la literatura o la música de esa nación, algo que tenga que ver con el alma de esa región que uno va a recorrer y, ahí sí, se nos revela lo maravilloso. Los biógrafos cuentan que su madre le leía cuando él quedó ciego. Supongo que tú también lo hiciste durante muchos años. ¿Cuáles eran sus relecturas preferidas, esos fragmentos que te hizo leer en innumerables ocasiones? Sus preferidos eran autores ingleses o americanos. Le gustaba mucho Chesterton, Conrad, Whitman, Emily Dickinson. Pero, sobre todo, le interesaba la literatura antigua. Bueno, yo empecé estudiando anglosajón con él. De hecho, en su libro Siete noches y en el capítulo La ceguera él refiere que:

“Así empezó el estudio del anglosajón, al que me llevó la ceguera (.) Había reemplazo el mundo visible por el idioma auditivo del idioma anglosajón”. Sí, así es. Ahí empezamos con el anglosajón, luego con el islandés, seguimos con el japonés un poco y terminamos con el árabe. A él le fascinaba aprender, a mí también. ¿Tú eres de origen japonés? Sí, la mitad. Por el lado paterno. Con relación a la literatura japonesa, ¿Prefería algún autor o tenía una obra favorita? Bueno, le gustaba mucho los Haikús, los Tankas y el poeta Basho. Algunos dicen que yo lo catequicé, pero eso no es cierto. Desde niño su abuela le leía un libro de leyendas japonesas, que creo se titulaba Taste before midnight, y entonces después él leyó el Heike Monogatari, el Libro de la almohada de Sei Shonagon. O sea, él ya tenía una formación y había aprendido el alemán para leer a Schopenhauer y a través de él entró al conocimiento del budismo. Es decir, Borges era una persona con una curiosidad infinita. ¿Logró Borges aprender el árabe? Sí, teníamos un profesor egipcio de Alejandría que enseñaba en Laussane e iba los fines de semana. Entonces, yo le dibu-

jaba en la palma de la mano, con el dedo, la grafía de las letras. Lo aprendimos un poco. Después, con el drama que me armaron yo lo dejé. Quedé recordando una sola frase, que demuestra mi amor por el café, que dice: ‫بيلحو ركس نودب ةوهقلا برش‬ y significa: quiero beber el café sin azúcar y sin leche, que es como yo lo sigo bebiendo. Si no me hubieran difamado tanto hoy lo hablaría bien.

A María Kodama la rodea la “mala” y la “buena” fama. La primera por lo que se ha escrito sobre ella en algunas biografías de Borges. La segunda, proviene de miles de lectores y críticos que la han visto dedicada a preservar la obra y la memoria del escritor.

Cuando él escribía sus poemas y cuentos te dictaba. Sí, por supuesto. ¿Aprendió la escritura Braille? No, porque tuvo la facilidad de que la madre le leía y le redactaba. Algunos pensadores de izquierda lo han acusado de ideas políticas fascistas. Otros estudiosos de su vida y obra piensan que fue más bien un anarquista político y filosófico. ¿Cuál es tu percepción de las filiaciones ideológicas de Borges? Por lo que yo sé Borges fue una de las pocas personas que, desde un comienzo, se dio cuenta de lo que representaba Hitler y su totalitarismo nazi. Él estaba en contra de todos los totalitarismos incluyendo los de izquierda. Pero, incluso, al principio, cuando era muy joven le cantó a la revolución rusa, porque pensó que esta

revolución quería elevar el nivel educativo de la gente y convertirlos en seres libres. Hasta que él se dio cuenta, me decía a mí, que esos dirigentes envidiaban a los zares, querían el lugar de los zares y el pueblo no les importaba nada. A partir de ese momento él cortó para siempre con cualquier sistema de izquierda, y me hizo entender que era tan totalitario y tan feroz como la derecha. Es decir, fue una persona libre, independiente, alejada de cualquier ideología. Sí, y esa libertad de pensamiento no se la van a perdonar nunca.

Encuentro con Borges

Me decías que conociste a Borges de 16 años de edad, siendo una adolescente. ¿Cómo llegaste a la vida de él? Algunos biógrafos refieren que fuiste su secretaria. No, no fue así. Los biógrafos no saben nada y las cosas que dicen son, a veces, inventadas, pues nunca lo conocieron. Uno de ellos contrató a otras personas para que hiciera la biografía y luego ni les dio el crédito ni les pagó. Otro se montó en la cabeza las ideas psicoanalíticas. ¿Ricardo Barnatán? No, la de él es más objetiva, al igual que la del argentino Horacio Salas. Pero las otras son delirantes. Porque empiezan a hacer planteamientos psicoanalíticos, sin ser psicoanalistas, y nos psicoanalizaron a Borges, que nunca lo hizo, e inventan todo. ¿Cómo es posible? es absurdo. FOTOS|DARIO A. CARDONA|PAPEL SALMON

María Kodama inauguró la exposición El Atlas de Borges, muestra fotografica de la viuda del escritor argentino.

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¿Qué opinas de la biografía de María Esther Vázquez? ¿Bueno... es esa una biografía? no lo creo. Eso no es una biografía, sino la señora despechada. Pero fue divino. Cuando ella publicó ese libro yo estaba desesperada en España y mis amigos me dijeron: eso es blanco sobre negro, el despecho, tú lo tuviste, él la plantó. Ha quedado clarísimo. Y eso es cierto. Además, ya estaba

casada y que papelón le hace pasar al marido, pues es obvio su despecho y la furia. Ella es la que armó toda esa historia delirante, de novela gótica. ¿Y lo de Estela Canto? Eso es distinto. No sé de la relación que tuvieron entre ellos. Ella era, en realidad, una persona que no quiso un escándalo público. Escribió su libro, como todos ellos en medio de sus delirios y sus frustraciones personales, es la historia de ellos, a mí ni me va ni me viene. Pero ella nunca se refirió a cosas bochornosas o escandalosas. Entonces, ¿cuál es la verdadera historia de tu encuentro con Borges? Cuando yo tenía cinco años tuve una profesora que debía enseñarme el inglés. No creo que me lo haya enseñado, pero me enseñó muchas otras cosas. Lo que ella hacía era leerme en inglés y después me lo adaptaba al español, para que yo supiera de qué estaba hablando. Por ejemplo, me leyó sobre Julio César y Cleopatra, y luego me contó una historia fascinante para una criatura de cinco años. Una vez me lee los dos poemas ingleses de Borges, luego me los traduce y ella me dice que yo tengo que aprender que hay distintas formas de ser de un hombre. Uno es Julio César y otro el poeta. Y me lee ese poema con ese final maravilloso donde él dice que “trato de sobornarte con mi incertidumbre, con el peligro, con mi fracaso”. Y allí aparece esa frase espléndida: “yo te ofrezco el hambre de mi corazón”. Yo no entendía nada de manera profunda, pero como era una criatura muy solitaria, sentí que lo que ese hombre ofrecía a esa mujer, era mejor que lo que Julio César ofreció a Cleopatra. La frase “El hambre de mi corazón” se quedó en mi memoria así no entendiera el porqué. Después, a los doce años de edad, un amigo de mi padre que era fanático de Borges me quiso llevar a una de sus conferencias. Le dije a mi padre que me dejara ir,

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ñ porque yo quería, desde chiquita, aprender literatura, a escribir y enseñar a otros. Cuando me regalaban las muñecas me preguntaban si eran mis hijitas y yo decía que no, que eran mis alumnas, y las sentaba y empezaba a escribir en las paredes para enseñarles. Pero yo era una criatura muy tímida, si estaba parada frente a más de tres personas invitadas en mi casa me escondía debajo de la cama. Fui a la conferencia y creo que él habló del Tiempo, pero yo no entendí nada. Sin embargo, me dio, para siempre, tranquilidad en mi vida, porque pensaba que por mi timidez yo no podría enseñar. Pero cuando lo vi entrar me di cuenta que ese señor era más tímido que yo, porque los tímidos se reconocen entre ellos. Además, yo tenía la sensación de que mi voz era débil, y cuando él empezó a hablar ante el micrófono su volumen de voz era suave y tranquilo. Entonces, yo me dije que si ese señor daba conferencias, yo sí podría enseñar algún día. Eso le dio una gran tranquilidad a mi vida y me calmó todas las preguntas que me hacia desde muy chica. ¿Cuándo y cómo lo conociste de manera personal? A los 16 años me lo encontré por casualidad. Yo iba a comprar unos libros, él salía de una librería, yo camino muy rápido, pasaba como una bala, me choqué con él y casi lo tiro al suelo. Entonces cuando lo vi quedé paralizada de espanto, porque lo reconocí y mi padre también lo amaba y tenía todos sus libros. Le dije que yo lo había escuchado cuando era chica y él, con risa, me dijo que claro, que ahora yo era grande. Luego me preguntó si yo trabajaba, le contesté que estaba en el colegio cursando el cuarto año, y me dice: ¿No querría estudiar anglosajón? yo le dije sí, pero después agregué que yo no sabía que era eso. Fue una cosa loca, que solo se hace en la adolescencia. Entonces, haciéndome la culta le dije: ¡Ah! bueno, es el inglés de Shakespeare. No, me comentó, es mucho más antiguo, el siglo IX. Entonces, le contesté, debe ser muy difícil, escritura en piedra. Pero me dijo: no es tan difícil, aunque yo tampoco lo sé. Me pareció tan loco todo que agregué: ¡Ah! bueno, entonces sí, lo estudiaremos juntos. Ahí empezó todo, nos encontrábamos en bares, en las fragatas... ¿Qué edad tenía Borges cuando te conoció? ¿Te llevaba muchos años? Bueno, olvidemos eso. Lo que quiero preguntar es cuándo te enamoraste de él. Lo más divertido es que él se lo tomaba en broma y me decía: María, lo que se perdió Freud con nosotros, el complejo del abuelito, Edipo superado. ¿Era frecuente el humor de Borges en su cotidianidad? Sí, todo el tiempo, poseía una gran iro-

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La provincia de Casanare, donde queda Pore, fue el escenario de la más aguerrida resistencia patriota. Los llaneros combatían con tácticas guerrilleras. Abrieron camino.

nía. Ahora bien, mis amigos de esa época lo odiaban, porque, claro, entre semana yo estaba en el colegio y los sábados me iba a estudiar con él y dejé de salir con ellos a las fiestas. Entonces me decían: Pero... porqué ese viejo que te arrastra, porqué no te venís con nosotros. Pero ellos eran como el príncipe Hamlet, todo en la vida era una tragedia, la preocupación por la política, por el Fidel o por lo otro.

Alfredo Cardona Tobón* Papel Salmón

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Remembranzas

Recordemos ¿Qué es el budismo?, uno de los libros más bellos de Borges y de Alicia Jurado. Imagina que vas a partir hacía el Bardo Thodol y en ese momento crucial se ha cristalizado tu recuerdo de Borges. ¿Qué te llevarías de él en tu corazón? ¿Una imagen, un olor, una palabra, un poema? Su alma. ¿La conociste? Creo que sí, por eso sigo después de veintiséis años con él. ¿Existen las palabras y los significados para que los que no lo conocimos lo entendamos a través de ti? Borges significa, por supuesto, lo intelectual. Yo llegué a él a través de la lectura de su cuento Las ruinas circulares, cuando lo leí a los diez años de edad, y no entendí nada pero me fascinó y me sigue fascinando. Allí se encuentra una transposición de la teoría budista, eso lo comprendí más tarde. Es mi cuento preferido… ¿Y no te quemas? No, yo no me quemo. Que lindo es ese cuento. También son esplendidos El inmortal y La escritura del Dios. Claro, lo intelectual en él es deslumbrante. Pero, fíjate que lo que para mí queda como su esencia, lo que más adoro en él y por lo que continúo en esta lucha, a pesar de ser a veces tan terrible, es que es un ser que nunca se traicionó a sí mismo. Para eso hay que ser fuerte, muy fuerte. Él tuvo muchas tentaciones, pudo tener muchas cosas de una manera muy fácil si él lo hubiese querido. Porque las tentaciones estaban ahí para él como para todos. El hecho de haber visto yo cómo se comportó en ese sentido, para mí habla de lo más preciado que tiene un ser humano y es su libertad. Borges me decía a mí que yo era la primera prisionera de la libertad, porque para ser libre yo cortaba todo. Él me dijo un día: esa es una forma de prisión, María. Yo le respondí que tenía la razón, pero es la única forma que yo soporto psicológicamente. Se rió y me dijo: bueno, con esa lógica cartesiana es imposible convencerla de nada. ¿De qué color es el alma de Borges? Como el color del mar. ¿Y el olor?

FOTO|DARIO A. CARDONA|PAPEL SALMON

“María, yo sé como usted me quiere, y yo sé que usted no va a permitir que mi agonía se convierta en un espectáculo empapelando las calles de la ciudad”, le dijo Borges a María Kodama cuando estaban en Ginebra.

El olor de los jazmines en noviembre, en Buenos Aires. Para María Kodama, también lectora de Borges, cuál es su gran poema. Muchísimos. Pero me encantan El otro tigre y Ars poética. Los cuentos favoritos ya los mencionaste. Por último, ¿cuál es tu ensayo preferido? Quizá... Nuestras imposibilidades. *** María Kodama ha sido generosa con su tiempo. Se levanta apresurada del asiento, pues la esperan en el teatro Los Fundadores. Sin embargo, no puedo evitar sentir, también, a otra María Kodama que vino a Colombia con un itinerario quizá íntimo, secreto, literario. En un enigmático cuento de Borges titulado Ulrica, publicado en su obra El libro de Arena (1975), un colombiano, profesor en la Universidad de los Andes, conoce en Nueva York a una joven noruega que se llama Ulrica y ella le pregunta: “¿Qué es ser colombiano?”. Él le responde sorprendido: “No sé. Es un acto de fe”. Este encuentro se convierte, de un momento a otro, en un relato fantástico de una evocación amorosa mitológica donde ellos presienten que, en realidad, lo que está sucediendo es un reencuentro entre dos seres que pertenecían a las antiguas sagas y mundos escandinavos. Ulrica lleva a Javier Otálora, a través de un bosque, a “la posada de Thorgate” donde se amarán una única

vez, antes de que ella se disuelva como la imagen de Brynhild y él sepa que ella lo llamó Sigurd, que según el mito olvidó alguna vez la promesa del amor eterno que hizo con ella. En la lápida de la tumba de Borges en el cementerio de Pleinpalis, en Ginebra, María Kodama mandó labrar, entre otros textos, la frase que sirve de epígrafe al cuento de Ulrica: “Hann tekr sverthit Gram ok leggr i methal theira bert”. Pertenece a un texto islandés del siglo XII, el Völsunga Saga, escrito en escandinavo antiguo y que traduce: “Él toma la espada Gram y la coloca entre ellos desenvainada”. Se refiere al héroe Sigurd y a cómo la espada puesta entre él y Brynhild no les permitía amarse. Pero una vez quitado el acero del medio, volverían a juntar sus cuerpos. Debajo de este epígrafe María hizo esculpir las siguientes palabras: “De Ulrica a Javier Otálora”. Hay una Kodama que en este mes de septiembre del año 2012 vino a Colombia invitada por los mecenas del teatro. Pero, tal vez, hay otra María, es decir Ulrica, o sea Brynhild, que ha regresado a la búsqueda del bosque interior donde conoció al colombiano Javier Otálora, es decir Borges, o sea Sigurd. A lo mejor el jardín de senderos que se bifurcan permitirá a Kodama, es decir a Ulrica, volver a encontrar la “posada de Thorgate” y amarse de nuevo, y para siempre, con Otálora, es decir con Borges *Escritor.

os colombianos hemos oído hablar de Pore desde los bancos de la escuela, pero pocos compatriotas conocen esta localidad del Casanare, Patrimonio Histórico Nacional, con ruinas del cuartel de Bolívar y muros que recuerdan el paso de los jesuitas por los llanos. La población de Pore está situada en el piedemonte llanero; su temperatura media es de 27º C y posee la estructura de una típica ciudad española con algunas calles empedradas y varios monumentos históricos que se han salvado de la pica destructora de alcaldes ignorantes y de la desidia estatal. Pore fue fundado en 1644 y su existencia siempre ha estado al borde del colapso; en 1912 contaba con 891 habitantes distribuidos en su vasto territorio y en 1964 solamente 193 personas vivían en el casco urbano. Por fortuna el auge petrolero y sobre todo la carretera marginal del llano le permitió sobrevivir y hoy tiene 12 mil habitantes que progresan al poder sacar su producción agropecuaria a Bogotá y a otras poblaciones de los llanos.

Casanare fue la única provincia libre del poder español

Pore: cuna de la independencia colombiana

llanera, y llevó al patíbulo a decenas de patriotas casanareños. En 1817 empezó la contraofensiva republicana en los llanos granadinos y en los llanos de Apure en Venezuela, el guerrillero Miguel Espejo desbarata la caballería del comandante español Miguel Latorre en Tocaría y los hombres de Galea, Rodríguez y Ortega emboscan en los alrededores de Tame al Teniente Coronel Julián Bayer, que cae prisionero con 10 de los suyos y perece en el cadalso en retaliación de todos sus crímenes. La guerra se recrudece en las pampas granadinas, Juan Galea y fray Ignacio Mariño toman la población de Chire y Pérez asalta la salina de Chita; a finales de 1818 el general Santander encauza las guerrillas y las unifica bajo su mando. En pocos meses el jefe granadino establece un estado en Casanare con departamento civil y departamento de finanzas y el 18 de diciembre de 1818 instala en Pore un Congreso que declara a esa población capital de la provincia y de hecho en capital de la República libre de la Nueva Granada.

Los llaneros contienen la invasión española

La capital insurgente

En el lustro de la reconquista española, la provincia de Casanare fue el escenario de la más aguerrida resistencia patriota. Las guerrillas de Ramón Nonato Pérez, Juan Galea, Francisco Rodríguez, Manuel Ortega, Juan Nepomuceno Moreno, fray Ignacio Mariño, Miguel Espejo, Manuel Serviez y Francisco de Paula Santander no dieron tregua a los españoles, llegando a causar tal impacto que el general realista Barreiro escribió al virrey Sámano: “A estos insurgentes de Casanare no los dominaremos ni con 15 mil hombres bien armados” y Morillo, en una comunicación al rey explicando las derrotas de sus hombres, le escribió que los llaneros no eran “una gavilla de cobardes poco numerosa como habían informado, sino tropas organizadas que podían competir con las mejores de su Majestad el rey”. Las guerrillas del llano, si bien no contaban con muchos hombres, tenían una gran capacidad bélica pese a su primitivo equipo. La mayoría tenía solo un guayuco o pantalón corto; algunos, camisa de tela ordinaria, un sombrero de ala extendida y como armas una lanza y un caballo acostumbrado a los pajonales y a nadar en los llanos inundados. Los llaneros granadinos, de ancestro mestizo de blanco e indio, o de indios sin ninguna mezcla, eran diferentes a los venezolanos; los nuestros siempre habían sido libres, sin lazos de amos que los ataran y por tanto sin el rencor hacia los

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Julio Alfonso Cáceres

Foto|Cortesía Alfredo Cardona|Papel Salmón

Vista aérea de Pore, poblado en el piedemonte llanero.

blancos; eran dueños de su vida y por eso no se dejaban mangonear de taitas como Boves o como Páez que convirtieron en charcos de sangre las sabanas venezolanas.

Casanare independiente

En la fracasada rebelión de 1809 los casanareños se levantaron contra los españoles bajo las banderas de los socorranos Cadena y Rosillo. En Pore las tropas coloniales ejecutaron a los jefes de la insurrección y esa fue la semilla que cayó en la sabana para fructificar en libertad y en el repudio a la crueldad española la que galvanizó los ánimos llaneros y los preparó para la lucha. Las autoridades españolas, en realidad, jamás controlaron la sabana de Casanare; fueron los jesuitas y luego los curas doctrineros quienes manejaron a su manera a las comunidades llaneras; por eso los realistas, pese a las ejecuciones, a la política de tierra arrasada y a las continuas incursiones no pudieron someter a los llaneros, cerreros como los potros que

se encabritaban entre los pajonales. Los llaneros combatían en partidas pequeñas, con tácticas guerrilleras sin presentar combate directo al enemigo, emboscaban y se retiraban y cuando las tropas del rey invadían las sabanas, desocupaban los poblados y buscaban en todas formas de privarlas de sus caballos, que en esas inmensidades eran la clave de la victoria. Casanare fue la única provincia libre del poder español y como era un aliciente para la resistencia patriota, Sámano intentó conquistarla con sus jefes más calificados y más crueles que entraban a las cabeceras del llano asesinando, quemando trapiches, robando el ganado y arrasando los poblados. Como era la costumbre española, su arma era el terror; el jefe español Tolrá, por ejemplo, hizo pasar por las armas a más de 125 ciudadanos inocentes y mató con sus propias manos a los guerrilleros que cayeron en su poder; un comandante González, de ingrata memoria, fusiló a Justa Estepa, la Pola

El general Barreiro con un poderoso ejército remontó la cordillera oriental con la orden expresa de dominar a los insurgentes llaneros o de exterminarlos de raíz. Varias columnas se adentraron en Casanare orientadas por 100 baquianos indígenas; el 6 de abril de 1818 Barreiro llegó al hato de Tocaría y su alegría fue inmensa al ver en los alrededores un considerable número de reses, pero esto era parte de la estrategia de los llaneros que habían arreado el ganado más indómito. Fue vano el intento de los realistas de arrear ese ganado, tras un día de dura brega y la pérdida de varios caballos apenas consiguieron agarrar siete vacas flacas. Barreiro llegó a Pore y encontró la aldea desierta, a lo lejos divisaba las partidas patriotas, que no perdían oportunidad de atacar impunemente a sus hombres e iban cercando a los realistas hasta dejarlos incomunicados en la llanura. Escasearon los granos y les faltó la carne y se fueron quedando sin caballos en su intento de atrapar el ganado o por la muerte de las bestias que no estaban acostumbradas al pasto pobre de las sabanas. Ante tal situación Barreiro siguió hasta el sitio de la Laguna donde los llaneros emboscados le infligieron cuantiosas pérdidas. Sin esperanza de doblegar a su enemigo, Barreiro repasó el camino y regresó a Sogamoso mientras los patriotas se apoderaban de las bases realistas de La Salina, Paya y el Valle de Tenza. En esa forma, las fuerzas llaneras abrieron el camino que recorrió Bolívar con sus tropas para caer sobre los españoles en el Pantano de Vargas y en el Puente de Boyacá *http://www.historiayregion.blogspot.com


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8 | P U B L I C A C I O N E S | domingo 23 de SEPTIEMBRE de 2012

SINDÉRESIS

Cocina en la Ciudad Blanca

Camilo Gómez Gaviria* Papel Salmón

S

in temor a exagerar, se puede decir que el Congreso Gastronómico de Popayán es el Hay Festival de la culinaria en el país, aunque más pequeño y menos mediático que su contraparte literaria en Cartagena. La décima edición de este encuentro en la Ciudad Blanca tuvo lugar del 6 al 9 de septiembre de 2012, con la República de Corea como país invitado. Por su parte, la región colombiana invitada fue el Andén del Pacífico. Así, frente al Puente del Humilladero, por donde pasa el río Molino junto al centro histórico, hubo música, baile, y por supuesto comida. Ahí, al aire libre, Maura de Caldas, guapireña radicada en Cali, enseñó a preparar el ‘arrechón’: trago del Pacífico que usualmente se hace con viche (alcohol destilado de la caña de azúcar) y que en esta ocasión preparó con Ron Viejo de Caldas mientras que un conjunto de marimba tocaba en escena. Menciono tan solo ésta como una de las diversas demostraciones que se hicieron presentes en el Congreso, para describir el ambiente de fiesta que trajo a Popayán la región invitada. Sin embargo, hubo comida de diferentes tipos y no se quedó atrás la delegación coreana que supo compartir en el evento, no sólo su cocina y cultura sino su especial relación con Colombia, como lo dejó claro el embajador del país asiático en su intervención en el Teatro Municipal Guillermo Valencia. En el teatro se realizaron los encuentros académicos. La charla de Juan Esteban Constaín, historiador, escritor, columnista e hijo insigne de Popayán, fue particularmente entretenida. En ella contó anécdotas históricas sobre el tema de las cocinas, particularmente en la Roma Antigua, salpimentándolas con divertidos comentarios sobre la relación que estas sociedades tenían con los alimentos. Por otro lado, en el Congreso no pudieron faltar las catas de diversos productos (particularmente licores) y talleres en distintos puntos de la ciudad. A veces, pensamos en la comida como un simple sustento del cuerpo. Sin embargo, un plato suculento puede tocar fibras recónditas del alma; otro, puede hacernos recordar momentos pasados y otro más transportarnos a tierras desconocidas. La culinaria toca todos los sentidos: el oído, en la cocina; la vista, en los colores de los alimentos; el tacto, en sus texturas; y por supuesto, el olor y el gusto. Concentrarnos en la comida que ingerimos, saborearla verdaderamente, es una práctica cercana a la meditación. Esto es lo que se puede aprender en un congreso gastronómico, como el de Popayán, con abundante alimento para el cuerpo y el alma

*camezmigolo@hotmail.com

CONVOCATORIA Gastronomía El Ministerio de Cultura convoca al Primer Concurso y muestra nacional de dulcería y bebidas elaboradas con panela. Hasta el próximo 10 de octubre, cocineros tradicionales, productores de panela y estudiantes de cocina podrán inscribirse en las categorías de reproducción, que es la dul-

cería tradicional colombiana, e innovación que es la reinterpretación de un plato de la dulcería tradicional colombiana. Los ganadores recibirán tres millones de pesos en la modalidad seleccionada. Conozca las bases del concurso en http://www.mincultura.gov.co/?idcategoria=49881

EN ESTANTERÍA

Es tarde para el hombre Es tarde para el hombre es un ensayo realizado por William Ospina donde hace una fuerte crítica acerca del progreso y de cómo nos afecta y sólo nos damos cuenta al estar inmerso en él. Se escribe en el año de 1994 donde se empezaban a producir las nuevas tecnologías y a partir de allí empieza una generación llena de nuevas tecnologías y sedentarias y muy dependientes, donde también nos desprendemos de gran manera de las cosas que realmente valen la pena, y que a veces nos llenan cosas que no deberían. OSPINA, William. Es tarde para el hombre. Mondadori. Bogotá. 2012. Pp. 116. $29.000.

Esos extraños prófugos de Occidente

traer algunas de la obras de estos autores, al español. OSPINA, William. Esos extraños prófugos de Occidente. Mondadori. Bogotá. 2012. Pp. 121. $29.000.

Un álgebra embrujada

Si con alguien se conocen a personajes, extraños y desconocidos, ese es William Ospina, su visión del universo y su ambición por recorrer el mundo, le han permitido conocer sobre pasajes y concepciones, autores y poesía, vidas y obras, historias y mitos, que en occidente sobre todo, no se conocen. Arthur Rimbaud, Walt Whitman, Emily Dickinson, Lord Byord, William Faulkner y Friedrich Holderlin, son las biografías que de forma especial y completa, trasmite en este libro. Su capacidad para traducir libros en idiomas europeos, le ha permitido

De poetas, soñadores y malabarismos, está hecho este libro de ensayos. Como un hechicero que va sumando ingredientes a su humeante marmita, William Ospina ha convocado las artes mágicas de Poe y Chesterton; de Eliot y Neruda; de Alfonso Reyes y Estanislao Zuleta; de José Asunción Silva y Jor-

ge Isaacs; de Mary Renault, Quevedo, Shakespeare, Dickens y Borges, para conmover al lector hasta lo más hondo y llevarlo a tener la implacable certeza de que la vida sin ellos, sin sus textos, sería menos luminosa y perdería mucha de su gracia. OSPINA, William. Un álgebra embrujada. Mondadori. Bogotá. 2012. Pp. 158. $29.000.


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