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Dice Juan José Campanella

Un sistema político-pedagógico El proyecto utópico de calidad educativa María Aracelly López Gil

De cómo Johny el leproso se anticipó a la muerte

A Gustavo López le sabe escribir Gloria Luz Ángel Echeverri

Paisaje cultural cafetero Los yipes y las chivas Alfredo Cardona Tobón

La cara oculta, de Andi Baiz Sexo, mentiras y pánicos dispares Andrés Felipe Rodelo Taborda

Sindéresis Una fábula para notables y un ministro sensato Luis E. García

EDICIÓN 1.006 domingo 19 de FEBRERO de 2012 Manizales - Colombia

creación y vida

Gustavo López Ramírez - Foto de Freddy Arango


2|E DUCACIÓN|

domingo 19 de FEBRERO de 2012

domingo 19 de FEBRERO de 2012

Un sistema político-pedagógico

El proyecto utópico de

Para trabajar alrededor de una propuesta educativa emancipadora y liberadora, es coherente fundar las actuaciones en un modelo político-pedagógico que tenga un horizonte para las prácticas educativas y administrativas. (Estudiantes de Aranzazu)

calidad educativa Se trata de una visión sistemática abierta, con enfoque crítico que se expresa en cinco dimensiones: axiológica, dialógica, política, gnoseológica y metodológica. Reforma curricular. María Aracelly López Gil* Papel Salmón

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n muchos círculos de la sociedad manizaleña se viene gestando un importante movimiento por la calidad de la educación, sin duda alguna es un acto político que brota de conciencias que despiertan y reconocen aquellas palabras inmortales de Kant “el hombre solo se hace hombre en la medida que se educa”. Movimiento que vincula al pueblo en un voto por la educación que tiene un trasfondo de sentido social, pues es ese pueblo ansioso de calidad de vida que reconoce la educación como base fundamental para cons-

truir el futuro de su familia. Las opiniones diversas con las orientaciones de diferentes escuelas de pensamiento, intenciones personales, institucionales o de equipo han dejado la sensación de que la calidad educativa es un hecho de gran complejidad y asistemático. De hecho, es esa complejidad lo que dificulta encuadrar un “anhelo de ciudad” a una corriente política, filosófica o pedagógica.

Concepción educativa de Freire

En razón a lo anterior es menester abordar ciertas consideraciones que den horizonte claro a los benévolos propósitos ciudadanos, no encasillando pensamientos colectivos sino por el contrario dando forma y orientando las ideas, partiendo de la concepción educativa de Paulo Freire la cual es inseparable de su visión de cultura, así como de las ideas de dominación, poder y democracia. La concepción de cultura para Freire no se refiere solo a superestructura, es decir, las ideas del arte en general, las

producciones de pensamiento, sino también a la representación de experiencias vividas por los sujetos y los grupos, toda la producción material, los sentidos y prácticas surgidas en el marco de las relaciones dinámicas, desiguales y dialécticas que los diferentes grupos establecen en una sociedad determinada y en un momento histórico particular. Entre estas acciones sociales Freire considera que hay acciones culturales conducentes a la reafirmación de la dominación y la opresión de los sectores de poder minoritarios sobre las mayorías, es decir, acciones culturales para la dominación, precisamente son esas las que tienen claro que la educación es el principal camino para lograrlo y que instrumentándola es la forma o el método para alcanzar dicho fin. Pero hay otras conducentes a la transformación social auténticamente democrática, en este caso, acciones culturales para la liberación. Estas son las que han hecho grandes a los países que han logrado altos avances educativos a nivel mundial, las que han movilizado en cier-

tas instituciones educativas de la nación y la ciudad una búsqueda constante y voluminosa de solicitudes para ingreso escolar.

Una visión abierta

El desafío es estudiar la propuesta de Freire como un sistema abierto y crítico, es decir no dogmático y menos fundamentalista, sino desde la perspectiva de una reinvención desde nuestro contexto concreto. Él decía: “ustedes no deben seguirme, sino re-inventarme”. Este sistema pedagógico abierto, no se encierra en una armadura epistemológica rígida del pensamiento Freireano, se trata de una visión sistemática abierta, profundamente dialógica, con enfoque crítico la cual se expresa en cinco dimensiones del acto educativo: axiológica, dialógica, política, gnoseológica y metodológica. Estas dimensiones se tejen en un proyecto político-educativo-pedagógico que reinventa el legado de Paulo Freire un proyecto de utopía, porque la utopía es el verdadero realismo del educador,

solo el que sueña puede crear y la experiencia educativa me ha enseñado que la capacidad para soñar una institución pública con las condiciones de calidad, comodidad y sobre todo buen servicio educativo, han hecho posible unas condiciones de calidad que las familias reconocen y desean para sus hijos. Una propuesta educativa de calidad debe avizorar primero un futuro a ser construido y solo después se vuelve hacia el presente y el pasado, al pasado para develar las experiencias esenciales que permitan reconocer la constitución de ese presente que se requiere transformar. Para abrir paso a las realizaciones que viabilicen el sueño, es importante tener una pregunta fundamental la cual podría ser: ¿cuáles son las tareas a desarrollar para concebir y llevar a cabo la transformación del sistema educativo desde una óptica de la prosperidad para todos, de liberación, democratización y humanización de los escenarios y actores educativos? Para trabajar alrededor de una propuesta educativa emancipadora y liberadora como es la intención que se desarrolla, es coherente fundar las actuaciones en un modelo político-pedagógico que tenga un horizonte para las prácticas educativas y administrativas. Este modelo se fundamenta en solidaridad de clase, el saber como instrumento de prosperidad y ascensión social, la participación escolar y comunitaria en la creación de la cultura, la escuela como centro de desarrollo cultura y democrático, la escuela como espacio ideológico, axiológico y de emancipación intelectual, la formación permanente de educadoras y educadores con una práctica política-pedagógica seria y competente que responda al cambio de fisonomía de la escuela, la participación de los ciudadanos en la educación y la vida de las escuelas, la relación de la escuela con movimientos académicos, sociales y culturales, la reformulación curricular desde una perspectiva de prosperidad a través del desarrollo y promoción humana, la creación de ambientes educativos sanos y con dignidad humana para favorecer el desarrollo de los estudiantes y de las prácticas pedagógicas.

a estos centros del saber con respecto a la escuela. El acercamiento de la universidad a la escuela le permite apropiarse de un conocimiento de la realidad que le puede ser muy útil para repensar su enseñanza, su investigación y romper los muros de la universidad para internarse en esa realidad objeto de estudio para intervenirla, recrearla o transformarla. Es decir, cumplir la responsabilidad social que tiene con respecto a los demás niveles de educación. - Una pedagogía que encuentre su expresión en una praxis dialógica, en la que educadores y educandos en trabajo colaborativo, a través del análisis de la realidad ciertamente deshumanizada, y con un medio natural atropellado, la denuncien, a la vez que anuncien su transformación en nombre de la liberación humana e intelectual y del desarrollo sostenible de hombres, mujeres y de los recursos naturales. - La evaluación como un momento imprescindible de una práctica pedagógica crítica. Por esta razón, desburocratizarla en búsqueda de su humanización de manera que se aleje de la tendencia tradicional de ponerle una nota a los estudiantes, cuando lo esencial es comprobar su crecimiento y calidad del desempeño docente, así como los métodos y didácticas para conseguir dicho fin. En conclusión el gobierno municipal debe hacer buen uso del poder que de él proviene para: cambiarle la fisonomía a la escuela, democratizarla, superar los problemas para hacer inclusión respetando la diversidad local, social y cultural. Se trata no solo de garantizar “escuela para todos”, sino una educación “diferente”, es decir, más participativa y democrática. Cambiando aquello que debería ser cambiado, de acuerdo con la realidad de nues-

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tro contexto, es bueno reflexionar sobre este proyecto político-pedagógico en orden de atribuciones y responsabilidades de cada una de las esferas involucradas, es decir, el poder público, la comunidad y la propia institución escolar.

Deberes del poder público para la educación

- Establecer lineamientos que garanticen patrones básicos de calidad para toda la red de enseñanza pública en sus diferentes niveles y modalidades incorporando una intención especial: la educación basada en la confianza, la transparencia, el respeto y en enseñar a pensar en vez de memorizar de tal forma que comunidad confíe en los colegios, la población confíe en los profesores y los maestros confíen en los estudiantes. - Garantizar los recursos que aseguren los desarrollos exigidos por la expansión cuantitativa y cualitativa de los servicios demandados en las diferentes escuelas, según cálculo del costo patrón de calidad por estudiante y por período académico. - Controlar, hacer seguimiento y facilitar coaching durante todo el proceso escolar a los directivos y docentes para realizar su trabajo cada vez mejor, de tal manera que se hagan consciente de que “Los profesores saben que tienen que innovar todos los días en clase”. - Preservar y facilitar una nómina docente según necesidades educativas planteadas en los PEI. - Articular convenios con diferentes instituciones públicas y de las universidades y sociedad civil en el marco de la responsabilidad conjunta con la calidad educativa.

Lo que le compete a la comunidad

- Colaborar en la elaboración, ejecución control y evaluación del proyecto

educativo de la escuela. - Velar por el patrimonio público, buscando la racionalización, conservación y mejoramiento de los recursos. - Participar en el gobierno escolar con responsabilidad, honestidad y respeto. - Acudir a los llamados y programas escolares y fortalecer con dedicación y acompañamiento los procesos educativos de los estudiantes.

Y a la escuela

Finalmente a la escuela le compete planear y ejecutar la propuesta político-pedagógica desde las dimensiones axiológicas, dialógicas, política, gnoseológicas y la metodológica. Teniendo presente que esta propuesta pedagógica debe pensar en procesos que instalen una metodología que abandone las memorizaciones típicas del sistema educativo de la ilustración y haga énfasis en el “desarrollo de la curiosidad, la creatividad, la experimentación”. No es una cuestión de transmitir información. Es más importante aprender a pensar que aprender a repetir, porque solo así se crea, se innova y podemos encaminarnos en el camino de la prosperidad. *** Lo anterior demanda pensar la educación en forma dialéctica, debemos dar la lucha articulada con la sociedad civil que ha manifestado su interés a través del voto por la educación. Es el momento histórico de renacer el carácter dialéctico de la relación educación-sociedad. La realidad no cambiará por si sola, sin nuestra intervención *PHD en Educación. Rectora de la Escuela Normal Superior de Caldas. Comisionada de Conaces Ministerio de Educación Nacional.

La reforma curricular

La reformulación curricular debe estar mediada por: - La valorización de los pre saberes que tienen los estudiantes y manifiestan en la escuela, articulando el saber popular y el saber crítico, científico, mediado por las experiencias del mundo. - La incorporación de la visión global como parte del proceso y su impacto en la visión local. - La priorización en la relación dialógica en la enseñanza, que permite el respeto de la cultura de los estudiantes y a su autonomía. - La consulta y asesoría de las cátedras universitarias a partir de entender el papel y la responsabilidad que les compete

Foto|Archivo LA PATRIA|Papel Salmón

La pedagogía debe constituir una guía para la construcción del sueño de la educación con calidad y se pueden tomar desde el educador brasileño Paulo Freire los saberes necesarios, su coherencia ética y firmeza ideológica para su construcción. (Estudiantes de la Normal de Manizales)


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domingo 19 de FEBRERO de 2012

domingo 19 de FEBRERO de 2012

De cómo Johny el leproso se anticipó a la muerte

A Gustavo López le sabe escribir Compromiso con el oficio de escribir. Se ha ganado varios concursos de cuento. Su obra tiene influencias múltiples. Con el título y el comienzo se atrapa al lector. Historias. Gloria Luz Ángel Echeverri* Papel Salmón

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er médico y escritor a la vez es difícil por la exigencia del tiempo. Pero a eso es a lo que aspira el médico anestesiólogo Gustavo López Ramírez, quien ganara el X Concurso de Cuento de la Cámara de Comercio de Medellín con su primer libro de cuentos De cómo Johny el leproso se anticipó a la muerte, título de uno de los cuentos. De esta manera se probó a sí mismo que tiene madera de escritor y dejará de ser inconstante y de escribir cada diez años una historia. “Yo fui el primer sorprendido y el primer admirado con el concepto de los miembros del jurado (quienes dijeron que su obra se caracteriza por el domino del oficio). Eso me pareció conmovedor y a la vez, que tenía otro sello, el del compromiso que uno debe adquirir con el oficio de escribir. Me dije que tenía que empezar a compartir el tiempo con mi profesión y publicar, escribir más. Estoy muy emocionado por haber ganado el concurso y por la posibilidad de comenzar a contar”, dijo López Ramírez. Agregó que más o menos cada 10 años escribe un cuento, pero después del concepto del jurado compuesto por Margarita Valencia Vargas, Alberto Salcedo Ramos, Wendy Guerra y Antonio García Ángel, decidió bajarle un poco al ritmo del trabajo y dedicar un par de días a la semana, sólo a escribir.

volvió otra vez el prurito de la escritura y escribí sobre un tema que me había interesado mucho, la historia de la peste de 1347. El cuento se llamó “Mesina 1347” y era la historia de un médico que vivió en Mesina, quien trataba a pacientes afectados por la Peste negra; al final de cuentas él termina involucrado de una manera muy dramática en esa misma epidemia. Ese cuento ganó el concurso y tuve la fortuna que Octavio Escobar y Flóbert Zapata lo incluyeran en la Antología del cuento caldense actual, editado por la Imprenta Departamental. Esa fue mi primera publicación. Después hice la residencia en Anestesiología en Cali y me olvidé de la literatura por un tiempo. Al terminarla, y en esas intermitencias, se me ocurrió otro cuento, “Una casa morada al doblar la esquina”, que ganó el XV Concurso Nacional de Cuento Ciudad de Barrancabermeja, por el año 2000, publicado por la Alcaldía de esa ciudad.

Uno de los conceptos del jurado fue que la atmósfera acorde con la naturaleza de cada personaje sorprende al lector ¿Cómo lo logró? Eso se da en la medida en que uno piense mucho en una historia, la pase varias veces por un cesazo, la deje en salmuera y al cabo del tiempo, la pruebe y sepa si le sabe bueno. Quiere decir que la escritura es un acto lento, es como la buena cocina que se cuece al fuego bajo. Una historia que se me ocurre, la barrunto, hago un borrador, escribo fragmentos de cómo será, no la imagino sino que la voy escribiendo y cuando tengo una parte importante y sustancial del texto, lo guardo y lo olvido, trabajo en otra cosa. Hay escritores que se imaginan una casa del siglo XIX, los muebles Luis XIV, la señora…, y comienzan a describir, a formar y armar. Yo no soy capaz de hacer eso, voy escribiendo dentro de la historia misma y en la medida en que va saliendo adecuo el espacio. Hay una cosa muy simpática y es que cuando se comienza a trabajar la historia, la mente empieza a trabajar por uno.

El lenguaje de los cuentos

Varios cuentos tienen un lenguaje que es de la calle ¿habló con algunas personas que la habitan? No, pienso que es la capacidad de uno de ser perceptivo con el medio. Me acuerdo que cuando comencé a leer a los cinco años, leía todo lo que escribían en las paredes, y cuando me encontraba palabras de grueso calibre, me sentía angustiado porque tuve una formación religiosa muy severa, pero no podía dejar de leerlas. El lenguaje de la calle, de los demás, me parece muy llamativo, por eso no hay tanto una investigación, como un bagaje de perceptividad del personaje. Los títulos son muy llamativos, ¿dónde aprendió a titular? Pienso que la primera forma de atrapar al lector es a través de un nombre, como una carnada, es casi una obligación presentar el cuento en un juego de palabras. Por ejemplo, Manuel Puig es un

Como contar

En una noche lluviosa, acompañados de una música suave y del aroma de la cocina del restaurante que tiene con Diego Cobaleda, Gustavo López Ramírez habló con Papel Salmón. ¿Cómo fueron los inicios de su contar? Hay una característica en mí que es la intermitencia. Creo que es un defecto, pero a pesar de serlo, no me arrepiento. Desde el colegio tenía ganas de contar y al hacerlo me gané un concurso de cuento en el Instituto Universitario en 1974. Ese cuento se perdió, y de lo único que me acuerdo es que el jurado era Antonio Leiva, el poeta. Después de eso entré a estudiar Medicina y por eso abandoné por un tiempo cualquier pretensión de escribir, pero cuando acabé la carrera, en 1982, apareció un concurso de cuento médico en la Universidad de Antioquia. Ahí me

mago y hace títulos como: La traición de Rita Hayworth, El beso de la mujer araña, Maldición eterna a quien lea estas páginas. Creo que lo aprendí de Guillermo Cabrera Infante porque cuando leí su libro Tres tristes tigres, me pareció una revelación, y la forma en que juega con los títulos también me gustó mucho, es un maestro en ese arte de titular. Además, una parte importante de trabajar un texto literario es trabajar el título. Yo le gasto un rato largo a pensar cómo seducir al lector, y no solo con el título sino con el comienzo porque esas son las dos únicas oportunidades que se tienen de hacerlo. Varias personas han dicho que en el inicio de “La vida que nos merecemos” hay mucha fuerza por su ritmo vertiginoso. Hay muchos estilos de puntuación en los distintos cuentos, ¿por qué? La puntuación obedece de cierta manera al ritmo que uno logre encontrar en el texto mismo. No solo siento influencia literaria, sino también de la música, en muchos de mis cuentos hay una referencia a ella. He asumido el compromiso estético de que mi obra sea vista casi como un cuadro y a veces como un collage, donde confluyen textos o intertextos, guiños u otras formas intertextuadas, por ejemplo la música. Me encantaría tener más técnica para hacer algo más denso, si se quiere, con música y escritura, cine o televisión. Me gustaría escribir en la forma en que David Lynch, el director americano de Terciopelo azul, cuenta esa historia en el cine, o como el cantante brasileño Chico Buarque, canta Geni y el zepelín. Soy de influencias múltiples, por eso es que los textos a veces no llevan una regla uniforme desde la gramática, sino que cuando siento que necesitan un ritmo más rápido no pongo comas o puntos, como en “La vida que nos merecemos” donde los ñeros cuentan la historia al acelere del bazuco, y no se pueden poder pausas. ¿Por qué los capítulos del cuento “De cómo Johny el leproso se anticipa a la muerte” llevan los nombres de los personajes? Como el cuento es más bien largo, en un momento determinado amenazaba con volverse una noveleta, una nouvelle, de 30 páginas o más. Además quería que el texto fuera basado en personajes y que cada uno tuviera una representación especial, su propia historia. No es solo la de Johny el leproso sino que es la de Soacha, su búsqueda de la verdad y la justicia, y la de Cortázar, su sentido de la justicia poética. Con Cortázar quise hacer un homenaje a Orlando Sierra Hernández por lo entrañable que fue, por la admiración que le tuve. Cuando tenía medio armada la historia de Johny el leproso surgió otra en paralelo y es muy tentador y exigente hacer una historia que sean dos o tres. En este cuento se fueron imbricando de una manera muy especial otros personajes como Lucumí, el negro. Es como una alquimia, donde se funden situaciones y personajes. La titulación de los capítulos no la pensé así, pero cuando vi que efectivamente habían dos historias y que cada personaje tenía la propia, Soacha, Cortázar, Lucumí, Johny y Vladimiro de la Rosa, me pareció que era la forma más sensata de ayudar al lector a leer el cuento.

La literatura policíaca y la medicina

Fotos|Freddy Arango|Papel Salmón

Cuando Gustavo López Ramírez se sienta a escribir un cuento no sabe si se va a demorar un año o un mes, todo depende de lo que lleve en sí cada historia.

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¿Por qué casi todos los cuentos son policíacos? (Risas) Porque me fascina la literatura policíaca. Comencé a leer a Sherlock Holmes desde la universidad y su autor, Sir Arthur Conan Doyle, era médico. Para mí fue uno de esos primeros personajes fascinantes que me llevó a descubrir el cuento y el relato policíaco. Luego fue la colección de Jorge Luis Borges y de Adolfo Bioy Casares, de cuentos policíacos. También leí la novela negra norteamericana, especialmente las historias de Dashiel Hammett, autor de una cantidad de novelas de los años

Gustavo López Ramírez tuvo una columna en LA PATRIA, cuando Augusto León Restrepo era director, titulada “Autores y libros”, con el seudónimo de ‘Humberto D’.

30, cuya obra llevó al cine Humphrey Bogart en El halcón maltés. Para mí la novela y el cuento policíacos, el thriller, la serie negra, es muy interesante. Además, porque en la trama policíaca se puede descubrir una gran cantidad de elementos del mundo cotidiano: la corrupción, la traición, el amor, los celos, el desengaño, y todo lleva a un muerto. Alguien me dijo que Benigno Soacha había entrado por la puerta grande de los personajes y que debería subsistir, que esperaba que hiciera otra historia con él, porque daba para eso, como Poirot de Agatha Christie. ¿Alguna relación con la Medicina? (Risas) Con la Medicina también, porque inclusive hubo un tiempo en que muy celosamente evitaba escribir algo que tuviera que ver con pacientes o con médicos. Me molestaba, pero con el tiempo descubrí que era más una especie de prejuicio gratuito porque esta profesión esta llena de literatura, empezando por Chejov, quien era médico y tiene cuentos sobre pacientes tuberculosos, enfermedad de la cual murió. Bregando a curarme de ese prejuicio escribí “Los efectos anestésicos del whisky” y “La rodilla esquizofrénica” (que hacen parte de este libro) tratando de fantasear acerca de lo que puede pasar en una profesión como la mía. Seguramente van a haber más cuentos sobre Medicina, eso es inevitable. Dicen que va a escribir una novela… Estoy trabajando en una novela que tiene que ver con mi historia personal, mis recuerdos de la infancia, relacionados con la época de la violencia de los años 60. A pesar de que estas ciudades no la vivieron como el campo, el Antiguo Caldas estuvo marcado por la violencia de ‘Desquites’, ‘Sangre negra’ y ‘Chispas’. Tengo un recuerdo que me viene constantemente: los muertos, el corte franela, el corte de corbata, los discursos de Laureano Gómez, de Camilo Torres. Una vez leí a Mario Vargas Llosa que decía que el escritor debe escribir para exorcizar sus demonios interiores y siento que tengo que exorcizar ese demonio de la violencia en la Colombia de esa época, que todavía no lo he podido liberar. *** Podría ser una charla de toda la noche, pero en algún momento había que poner punto final y así se terminó esta que puede ser el comienzo de muchas más *Periodista. Editora Papel Salmón.


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domingo 19 de FEBRERO de 2012

domingo 19 de FEBRERO de 2012

El director de Satanás vuelve con un thriller implacable que pierde peso por lo aparatoso de su relato. La técnica usada en la película propicia una puesta en escena cargada de siniestralidad. Cine de género.

Paisaje Cultural Cafetero

Los yipes y las chivas

Andrés Felipe Rodelo Taborda* Papel Salmón

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El yip sirve hasta para remedio, en las guerras movilizó tropas y rescató heridos; en las montañas, carga café y transporta a los trabajadores. El chofer del Willys es una persona especial. Las chivas tienen más personalidad que los yipes. Tradición. Alfredo Cardona Tobón* Papel Salmón

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unca imaginaron los militares norteamericanos que el notable campero de la Segunda Guerra Mundial y el conflicto con Corea del Norte, se convertiría en un símbolo en las escarpadas montañas andinas de Colombia. El Willys se utilizó en la guerra para movilizar tropas, rescatar heridos, llevar provisiones y como base de baterías de mortero y ametralladoras; en la vida civil el famoso jeep (yip) sirve hasta para remedio: lleva a los trabajadores a las fincas encaramadas en las serranías, lleva el café a los sitios de compra, transporta el abono y los insumos, sirve para hacer mandados, conduce a la novia campesina a la iglesia, sirve de ambulancia y hasta de carroza real en las fiestas pueblerinas. El Willys chato y sin líneas aerodinámicas es como un cucarrón lento y poderoso que no se le “arruga” a una loma ni se “frunce” cuando le acomodan un arrume de plátano o de yuca y se le trepan decenas de pasajeros que se le aferran como si fueran garrapatas. En las medidas de volumen al lado del metro cúbico, de la pulgada cúbica, los galones y las canecas existe el “yipao” que significa: lo que le quepa al Willys y en la plaza se negocian los yipaos de banano y se habla del yipao de mazorcas. Los Willys son como los bueyes: lentos, seguros y fáciles de manejar por trochas y voladeros. Solo los tragadales detienen a los bueyes y el único obstáculo para el yip es un pantanero profundo, porque no lo atajan las piedras, ni los grandes canalones; y al igual que los bueyes, los Willys se trepan por los barrancos y se levantan en sus “cuartos” traseros.

Foto|Cortesía Alfredo Cardona|Papel Salmón

De regreso a la finca.

La simbiosis del chofer y el Willys

De las carreteras desaparecieron las berlinas, los autos Studebaker y los Kayser, pero los Willys siguen aquí; algunos de lujo se muestran en los desfiles y en las exposiciones; los más son las bestias de silla y carga, que en vez de pasto consumen gasolina, no se amarran en los tranqueros, se parquean en las plazas de mercado de Calarcá o en el Barrio Cuba en Pereira y esperan pacientemente cerca de las Cooperativas de Caficultores en los parques de Pácora o Buenavista. El chofer del Willys es una persona especial; lo conocen todos en la vereda y lo llaman por su apodo, ‘Buchepluma’ o ‘Condorito’, quien pese a la familiaridad guarda las distancias y sabe dónde recoger a Don Tista o a Doña Lola, está atento al celo de la marrana de Don Pepe para llevarla al padrote, lleva las boletas de los novios que aún no entran a la era del computador, recoge las drogas de la farmacia y hace el penúltimo viaje del finado. Willys y chofer son un ente asociado. El yip limpiecito y pulcro tiene un chofer igualito y el pobre yip desvencijado y canijo tiene un conductor panzón, con la camisa suelta y barba de tres días. Así como el Willys rima con el chofer de sombrero y poncho, también el mecánico del pueblo rima con los yipes: los dos son igualmente simples; el mecánico de yipes no necesita saber electrónica, ni

tener conocimientos avanzados de electricidad, ni mucha teoría; sus herramientas son unas cuantas llaves, un alicate un martillo y un hombresolo; esos elementos son suficientes para desvarar el vehículo que a lo mejor llegó con piezas amarradas con alambres. Aunque se consiguen repuestos originales, lo usual es acomodar piezas de varias marcas en el armazón del Willys, porque aquello que no se encuentra se adapta y en eso son magos los mecánicos de los pueblos.

Las chivas o buses escaleras

Este es otro símbolo nuestro; quien no haya montado en “chiva” no ha estado en el Eje Cafetero. Estos buses aparecieron con las carreteras; en los chasises de camiones Ford o Chevrolet los artesanos montaron la carrocería de madera, con bancas para pasajeros que se desmontan para llevar carga. Las chivas tiene un capacete, que es como un segundo piso, en eso le ganaron a los buses de Londres, adonde se llega por una escalera situada en la parte posterior del vehículo. Las chivas tienen más personalidad que los yipes; atrás llevan la impronta del dueño y plasman su temperamento, si el propietario es osado y aventurero tendrá un paisaje de la pampa con la leyenda “El llanero Solitario” o “El conquistador de La Merced”; puede re-

producir la imagen de una bella mujer o una estampa de la patria chica con un letrero que diga “El berraco de Guacas”, “El emperador de Villamaría”, “Pa que sufran” o “La delicia de las muchachas”. Las chivas se pintan de abigarrados colores y se decoran con colgandejos instalados arriba del parabrisas o con estatuillas en el capó. No se le miden a las trochas, son vehículos intermunicipales o veredales, y en cuanto a sus choferes son semejante a los de los Willys: serviciales, muy de la casa, llevan y traen encargos, con la diferencia que le apuntan a las peregrinaciones a Buga, las excursiones escolares, y a las concentraciones políticas. En tiempos recientes los buses escalera han incursionado en los recorridos turísticos en las grandes ciudades, con rumba y trago a bordo. Los Willys no tienen remplazo, aún no se ha inventado un trasporte motorizado que sea capaz de trepar por nuestras carreteras campiranas; en cuanto a las chivas, el futuro es incierto, sus años de vida están contados: a medida que se mejoren las vías las chivas irán desapareciendo, quedarán como recuerdo en el recinto del Banco de la República en Pereira o como atracciones en los parques temáticos para quienes quieran revivir los tiempos de los bisabuelos *http://www.historiayregion.blogspot.com

l cine colombiano ha bebido con prudencia de las formas de representación del lenguaje audiovisual. Su todo era en gran parte su contenido y su cómo eran apenas indicios que remitían al convencionalismo técnico más estricto. Aunque ahora basta con hacer una corta retrospectiva para notar que entramos en una etapa de cambios: películas como Saluda al diablo de mi parte, En coma o El páramo apostaron por modelos que desde su concepción aluden a las apariencias casi patentadas de Hollywood, pero guiadas por el ritmo de ese tono regional que nos determina. Esto enmarcado en una búsqueda cercana a las dinámicas internas del cine de género, en una manera de encallar historias que rindan retribuciones de taquilla y que, por ende, sean del agrado del público. Lo que debe quedar claro tanto para estas cintas como para aquellos proyectos que deseen tomar la misma hoja de ruta es que el predominio de la forma no significa quedarse solo en su grandilocuencia. No es un secreto que esa firme combinación relato-formalismo es difícil de conseguir, pero cuando el último factor opaca al primero los resultados dejan mucho que desear.

La cara oculta, de Andi Baiz

Sexo, mentiras y pánicos dispares García), que termina desvelando la trama de la película. A partir de ese momento, la narración avanza con contundencia bajo la batuta de una serie de recursos pensados más desde su llamativo aspecto y menos desde la coherente aportación que puedan tener al marco del relato. De allí que algunos apartes decisivos del argumento estén presionados por situaciones inverosímiles que concluyen sin explicar con detalles convincentes sobre cómo y por qué sucedieron. La escena del lavamanos es prueba de ello. Y ahondando más en el discurrir del guión es evidente que muchas de las situaciones están direc-

tamente ligadas a las habituales fórmulas narrativas de su categoría, lo que da motivos para pensar que el filme no ubica sus intenciones al margen de las cápsulas preestablecidas para conseguir caminos que conduzcan a un nivel desconocido y novedoso para el espectador. Nótese, por ejemplo, lo predecible que se antoja la escena en la que las dos protagonistas se encuentran, justo al final de la película.

Respecto a los actores y el director

Otro factor es el escaso nivel interpretativo de las actuaciones, en especial el del papel caracterizado por Martina García, ausente de natu-

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ralidad en instantes del metraje y sobre todo del impacto emocional que precisan las cúspides de tensión dramáticas habituales del thriller. También, sorprende la cantidad de desnudos gratuitos que tiene la cinta, justificados con seguridad bajo la garantía de llenar las salas a costa del esbelto cuerpo de Martina. Con respecto al resto de protagonistas: Quim Gutiérrez lo hace bien, a pesar de que también está forzado en ocasiones y la española Clara Lago es quien más cómoda se muestra. Exhibe una gran capacidad para asimilar el papel sin resultar impostada. A pesar de todo esto, debe destacarse que algunos cineastas de nuestro país fundamenten sus historias en las raíces del cine de género. Esta intención ofrece una gran cuota de variedad a la industria colombiana y genera ganancias para la estabilidad del sector. Por otra parte, el mercado también se muestra atraído hacia esta clase de proyectos: La cara oculta, por ejemplo, fue apoyada por 20th Century Fox International. Por lo demás, Andi Baiz es un cineasta inquietante. En Satanás nos agobió a cuenta de los recónditos abismos de una mente convulsa y de su inclinación hacia una violencia guiada por la insania, mientras que en La cara oculta ofrece una buena muestra de su originalidad formal, a pesar de que el resultado no sea el más afortunado. Esperemos que nos deleite, en el futuro cercano, con algo que nos sorprenda de nuevo *Andresrodelo7@gmail.com.

Respecto a la historia y la ambientación

La cara oculta, la más reciente película del cineasta caleño Andi Baiz, podría ser un ejemplo de lo mencionado. Es un filme ambicioso, que al momento de escribir esta reseña continúa en el puesto número uno de la taquilla nacional tras varias semanas en cartelera -un mérito nada deleznable- y que halla en los peculiares ámbitos de un género mal llamado sexy thriller, como bien lo dijo el crítico de cine de El Tiempo Mauricio Laurens, un espacio para entretenernos a lo largo de dos horas y veinte minutos. De entrada resulta inevitable quedar absorbido por la ambientación que propone la cinta, a medio camino del tono gótico y la sofisticación de la clase alta bogotana, que filmada a cuenta de una técnica de pulso impecable propician una puesta en escena cargada de siniestralidad. En medio de ese aire enrarecido encontramos la historia de Adrián (Quim Gutiérrez), director de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, quien abrumado por la desaparición de su novia Belén (Clara Lago) inicia en clave de catársis un lujurioso idilio con Fabiana (Martina

Fotos|Cortesía de Andrés Rodelo|Papel Salmón

Martina García en una escena de la película La cara oculta, del director caleño Andi Baiz.


|Director Nicolás Restrepo Escobar | Editora Gloria Luz Ángel Echeverri|Diseño Virgilio López Arce| Circula con LA PATRIA todos los domingos |Cra 20 No.46-35. Tel 878 1700 |Impresión: Editorial LA PATRIA S.A |E-mail: salmon@lapatria.com

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CONVOCATORIA

SINDÉRESIS

Una fábula para notables y un

ministro sensato Luis E. García* Papel Salmón

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ans C. Andersen nos dejó fábulas muy sabias. Una de ellas, “El traje nuevo del emperador”, explica mejor que cien argumentos una discusión continua: “A cierto emperador le encantaba estrenar. Unos avivatos le ofrecieron fabricarle un traje con telas tan hermosas que sólo podían ser vistas por los inteligentes y buenos. ¡Interesante!, pensó. Le exigieron entonces hilos de oro y piedras preciosas para el traje, y el rumor de “una tela invisible salvo para los tontos” corrió por todo el reino. Y los funcionarios que inspeccionaron el ademán de tejer de los truhanes le comentaban al emperador de la belleza de las telas, pues nadie quería pasar por estúpido. Pues bien, llegó un día de festejo, le vistieron las prendas con cola incluida, y todos alabaron la fina confección; y el emperador, aun viéndose desnudo frente al espejo, tampoco quiso pasar por tonto, y calló. En esas entra un niño y exclama: ¡El emperador está empelota! El pueblo lo secunda y repite el estribillo. El emperador entiende que la gente tiene la razón, pero piensa en términos paisas: “Ya hay que sostener el cañazo”. Y marchó altivo, mientras sus sirvientes le seguían sosteniendo la inexistente cola…” Pues bien, 25 años atrás unos notables locales proclamaron, sin estudios serios ni justificación alguna, que era “imperativo para nuestro desarrollo construir un nuevo aeropuerto para aviones tipo jet en una meseta cercana prácticamente lista y apropiada”. Nadie justificó que un proyecto tan costoso fuera urgente, necesario, prioritario, y quienes pedimos mejores argumentos “no sabíamos pensar en grande”. Desde entonces los sucesivos dirigentes vienen repitiendo el mismo cuento. Y ahora, cuando un ministro de origen local expone juicios críticos correctos y sensatos sobre el asunto (sindéresis), el notablato se estremece: Mario Calderón pide “un acto de fe en Aeropalestina” (LP, 01, 8). Un Luis Prieto Ocampo (LP, enero 13) diferente del hombre ecuánime que conocimos, insiste que “es vital para nuestra subsistencia” y de paso le encima ofensas personales al ministro. Al día siguiente LP destaca en seis columnas una afirmación del gerente del proyecto: “Aerocafé no es un embeleco, sino una necesidad sentida para Colombia”, pero en toda la página no hay una sola justificación socioeconómica. O sea, siguen sosteniendo la cola del vestido… mientras las vías departamentales que sí sirven a muchos se vuelven trochas. Bueno, que lo hagan, si quieren, pero sin decirnos mentiras.

*lugares@une.net.co

Muestra monográfica de Media Art El XI Festival Internacional de la Imagen convoca a la VIII Muestra Monográfica de Media Art. Las categorías son: imagen fija, animación, video, Net art / Diseño web, interactivos y paisajes sonoros. Las obras inscritas deben haber sido producidas a partir del 2008, mostrar que es resulta-

do de la interrelación y la exploración de nuevas formas en donde las tecnologías electrónicas y digitales generan propuestas estéticas particulares. El cierre de recepción de propuestas es el próximo 2 de marzo. Informes en la página web www.festivaldelaimagen.com

ESTANTERÍA

La carroza de Bolívar Evelio Rosero llega con La carroza de Bolívar, en la que

habla del paso del libertador Simón Bolívar por el sur de Colombia, en plena independencia. Se refiere a la derrota de Bolívar en la batalla de Bomboná, la rebelión del líder pastuso Agustín Agualongo, y la masacre del 24 de diciembre de 1822, en Pasto, ordenada por Bolívar y liderada por Sucre, entre otras. La novela está ubicada, paralelamente, en Pasto de 1966, donde un médico-historiador, el doctor Justo Pastor Proceso López, pretende denunciar toda esta realidad de la historia de Colombia a través de una carroza de carnaval. Esta obra, que ha empezado a generar polémica, “no es un libro ‘antibolivariano’, como lo han pretendido hacer creer sus detractores”, afirma su autor, es un homenaje a la memoria nariñense, a José Rafael Sañudo y a la verdad de la historia. ROSERO, Evelio. La carroza de Bolívar. Bogotá. 2012. Pp. 304. $39.000.

Bajo la mirada de Occidente

El estudiante ruso Razumov se ve envuelto en un atentado cometido por un compañero revolucionario al que acaba delatando a la policía. Empleando similar dureza contra la perversidad de las autoridades zaristas y la crueldad de los revolucionarios, Conrad reconstruye el drama psicológico del delator, que se agudiza aún más cuando éste es enviado a Ginebra para infiltrarse en la organización a la que pertenecía el activista traicionado. Su lucha interior para convivir con el remordimiento acaba convirtiéndose en una patología que afecta a su salud mental y física. CONRAD, Joseph. Bajo la mirada de Occidente. Debolsillo. Random House Mondadori. Bogotá. 2011. Pp. 363. $35.000.

Yo, mí, me…contigo

Rosa busca soluciones para su corazón roto. Un día, mediante hipnosis, es transportada al pasado, con tan mala fortuna que se ve transformada en un caballero que está batiéndose en duelo. Es el año 1594, y ese hombre se llama William Shakespeare. Rosa no podrá volver al presente hasta que descubra qué es el verdadero amor, y para lograrlo sólo cuenta con la ayuda de un Shakespeare enamoradizo que odia sentirse controlado por una mujer. Mientras discuten entre ellos compartiendo un mismo cuerpo, se darán cuenta de que antes de poder amar a alguien deben aprender a quererse a sí mismos. SAFIER, David. Yo, mí, me…contigo. Seix Barral. Biblioteca Formentor. Bogotá. 2012. Pp. 301. $42.000.


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