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Toros

El Pregonero VIERNES 3 DE ENERO DE 2014

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El pasado 6 de septiembre José Antonio Morante de la Puebla, quien estará este año en Manizales, fue el protagonista en la tradicional corrida a la usanza de Goya en Ronda (España). Allí escribió una página inolvidable. Ovaciones. Víctor Diusabá Rojas LA PATRIA | Ronda (España)

Son casi las seis de la tarde en la Real Maestranza de Caballería de Ronda. El hombre de al lado parece venir de Madrid. Lo delatan su aire de superioridad, el sombrero de verano y esas expresiones que suelta nada más se lidia el primero de la tarde. “Es un inválido”, dice del toro. “ M o r a n t e , ¡despáchalo ya!", le grita al torero. “¡Sois

unos pa leto s! (rústicos)”, aúlla contra sus vecinos de tendido, y cuando uno de ellos le pregunta si pagó la entrada y no es un invitado, responde que claro, que cómo no, “si una barrera de Madrid aquí vale lo mismo que esta m… donde me han puesto, en el fin del mundo”. No hay duda, el tipo de viene de Madrid. Dos horas más tarde. Falta poco para las ocho de la tarde. El hombre de Madrid ya no parece ser el hombre de Madrid. Lleva el sombrero en la mano y mira absorto cómo el gentío aplaude y aplaude y no deja de aplaudir, en la vana ilusión de abrazar un trozo de la historia que José Antonio Morante de la Puebla acaba de dictar en este ruedo en el que, con aires de Goya, una tarde pretende valer una temporada. Aunque sucede que esta vez no solo valió eso, sino muchos más que los 80 euros de los que ahora él, nuestro hombre de Madrid, se siente honrado y agradecido en haber pagado por ese puesto de m…, en realidad, la última fila. Como él, la gente que baja por las escalas y escucha en las afueras la algarabía de los que se llevan al torero a hombros por las calles, busca una definición redonda de lo que acaba de suceder. Pero es un babel: todos están de acuerdo en que no se van a poner de acuerdo. Muy sencillo: el toreo ha pasado, cuadro a cuadro, en imágenes, antes que infinitas, eternas. Y traducir eso es imposible. Entonces hay que encontrar los momentos que suman el universo de grandeza. Como los ayudados en el segundo de la corrida (porque, sí señor, el primero no valía), en los que todo el cuerpo cita y todo el cuerpo acompaña, pero, sobre todo, es el cuerpo entero el que remata, mientras uno elige si se queda con el primer acto o con

alguno de los otros dos. O con los tres. Hubo mucho más que eso y el buen espadazo. Oreja. Vino el tercero. Y con él, otro repertorio. El de los lances de adentro hacia afuera, hasta ponerlo en los medios. Sello de lidiador con firma de arte y media de esas para decir ¡ya está bien, señor! Un quite por verónicas que dibuja sobre la media luna que traza el sol. Así le salen. Y luego, la pausa. Esa de los que saben que algo hay ahí dentro por explorar. Sí, ese pitón izquierdo del que salen los

exquisitos naturales, mientras la banda calla y la trompeta, sola, hace eco a cada cite. Faenón y otra espada en su lugar. Dos orejas. En el cuarto va a los bajos de Sol. Es Morante, el político que no sabe de demagogia. Por eso, no miente. Abrevia. El toro no vale. En el quinto se arropa en las tablas de sol y sombra. No para jugar al muletazo de ida y vuelta, tan trajinado y tan vulgar. No, va allí para templar en dos series en los que sale no solo lo más profundo que lleva en ese puño de seda (él no nació con el de hierro) sino que arranca los olés que los aficionados llevan en las tripas, incluidas las del de Madrid, que sabe, y lo dice: “en Las Ventas, con esto, cortas, créeme, dos orejas”. José Antonio quiere más. El toro aprende. Susto, el toro lo busca en un arreón de veinte metros planos. Dos avisos y ovación. Otra ovación, antes de que salga el sexto. Ya está visto todo y algo más. Carga la suerte en lances a pie junto. Sí, la debe cargar de algún modo para meter el toro hasta donde se lo pasa. Tres medias inolvidables por el mismo precio de una. Ahora, chicuelinas de Morante, especialidad de la casa. Y banderillas, incluso con un par en la silla, donde espera hasta el límite para hacer un quiebro, muy suyo. El toro se hace violento. Ovación. El hombre del azabache y el azul noche se para en los medios, con la muleta doblada bajo el brazo como si fuese servilleta de camarero e inclina la cabeza. Parece preguntar si quienes vinieron de aquí, de allá y de más allá, están servidos. Todos dicen que sí. Menos el de Madrid. Él va de confesión. La gula, dice, sigue siendo pecado.

Morante

El público verá en Manizales a esta primerísima figura del toreo.

Ficha u Real Maestranza de Caballería de Ronda u Sábado 6 de septiembre de 2013 u Corrida goyesca u Cinco toros de Juan Pedro Domecq, desiguales de presentación y comportamiento, algunos flojos. Y uno de Parladé, con movilidad. u José Antonio Morante de la Puebla u Ovación, oreja, dos orejas, silencio, ovación tras dos avisos, ovación. u Plaza llena. Tarde fresca con ráfagas de viento.

y una tarde de Ronda

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