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EDICIÓN 1.086 domingo 8 de SEPTIEMBRE de 2013 Manizales

- Colombia

creación y vida

XXXV Festival Internacional de Teatro

Vida y obra en Manizales

Cielo parcialmente nublado

El miedo y una silla vacía Un balance necesario

XVI Encuentro de críticos de cine El nuevo puente de La Virginia lleva su nombre

Francisco Jaramillo Ochoa y el valle de Risaralda Disonancias

La experiencia religiosa de David Foster Wallace


2 | LIBROS|

domingo 8 de SEPTIEMBRE de 2013

domingo 8 de SEPTIEMBRE de 2013

|L IBROS| 3

Cielo parcialmente nublado

El miedo y una silla M vacía

Una historia lineal, simple y creíble. En el fondo de todo está el miedo. Es una novela donde la ambientación es adecuada y es el resultado de una obra madura. Metáfora. Antonio María Flórez* Papel Salmón

uy ocupado en impulsar su carrera en el exterior, Octavio Escobar Giraldo no publicaba obra nueva en Colombia desde 2007, cuando se lanzó su atípica y bien valorada 1851. Folletín de cabo roto. Ahora, también de la mano de Intermedio Editores, saca a la luz Cielo parcialmente nublado (2013). Ambas novelas centradas en la historia de Caldas y Manizales, recrean el pasado lejano y reciente regional imbricado en el acontecer nacional. Con recursos estilísticos diversos, con un marcado carácter visual y un manejo del idioma impecable, Escobar crea en ellas personajes y situaciones de gran calado, al igual que en su excelente Destinos intermedios, editada en España por Periférica en 2010.

El espíritu de la novela

La historia que se nos cuenta en Cielo parcialmente nublado es lineal, simple y creíble; enmarcada en un hecho puntual y significativo de la historia reciente del país. Andrés Giraldo, emigrante afectivo de larga data, ya prácticamente arraigado en España, mientras pasa unas vacaciones familiares en Extremadura, recibe una preocupante llamada de su madre desde Manizales, informándole del extraño comportamiento de su esposo, por lo que lo insta a que regrese a su ciudad natal a ayudar a solventar el problema. Su padre se ha dedicado a guardar recuerdos en un baúl, quiere vender la casa familiar y está dispuesto a irse del país, dado que no confía en los resultados de las conversaciones de paz que ha iniciado el gobierno de Andrés Pastrana con las Farc, liderados por ‘Tirofijo’ que, como condición previa para sentarse a negociar, ha impuesto la desmilitarización del Caguán, territorio afecto. Esta condición no la entiende ni la aprueba buena parte de la población colombiana que ve en aquel gesto la aspiración solapada del Presidente de obtener el Premio Nobel de la Paz y, por parte de la guerrilla, barruntan que es una estrategia para ganar tiempo en su lucha por el poder. Proceso que se inicia con mal pie ya que ‘Tirofijo’, días después, en la mediática jornada de instalación de las mesas, deja su silla vacía -metáfora de su desprecio al Establecimiento-, y hace leer su discurso reivindicatorio a uno de sus comandantes más rocosos e ideologizados. “Lo anómalo instalado en la normalidad”, Simón Viola dixit, parafraseando a Vila-Matas. Pues bien, ése es el espíritu que preside esta novela: cómo un hecho ajeno a la cotidianidad, aunque trascendental para todos, afecta la vida en general de las personas.

Fantasmas juveniles

Andrés Giraldo, en ese breve viaje de unos días se topa con sus fantasmas juveniles y con una ciudad anclada en el pasado, émula de Vetusta: la tradicionalista, elitista, hipócrita y anodina ciudad que tan bien retratara Clarín en su Regenta decimonónica. Su breve periplo por la nostalgia lo obligará a enfrentarse a Anacé, la causa cierta de su huida migrante, por un embarazo no programado e impropiamente resuelto; también con la Nena Estrada, hedonista e insinuante, estupendo retrato de esa doble moral tan propia de la ciudad andina; al igual que con Germán Alfonso Vélez, político, paradigma de una sociedad arribista y espuria. Familia simple la suya, de clase media, de vivir anodino, cuya tranquilidad de nuevo se ve amenazada como cuando él cometió su imprudencia con la prima Anacé. Un padre desencantado y consecuente con el espíritu de la época, tocado marginalmente por el conflicto, como la ciudad, pero profundamente afectado por las consecuencias del mismo; una madre cariñosa y manipuladora que se encarga de remover su afecto recurriendo a la memoria objetual y gastronómica; una hermana encantadora que se le muestra como una mujer autónoma, osada y liberal, que ha logrado romper parcialmente con los convencionalismos sociales y recatos morales de la ciudad en virtud de que ya no vive en ella y “pasa” de la misma, y que le servirá de guía en su nuevo trasegar por los lugares que le hacen evocar sus vivencias de antaño; esos, sus espacios cotidianos de entonces, que mira con nostalgia, pero ya con una cierta distancia porque ahora su espíritu y su corazón están ligados a un futuro más amable al otro lado del océano, para dar sentido a su desarraigo afectivo y a la asunción de su nuevo paraíso.

Historia, semblanza…

Así, pues, nos enfrentamos a una obra que se significa siguiendo cuatro líneas claras de enfoque y desarrollo. En primer lugar, su marcado carácter histórico situacional al centrarse en un momento crítico de la historia reciente de Colombia, pero asumido no desde la visión del héroe y de los grandes acontecimientos, si no desde la que tienen las personas comunes y corrientes, aquellos que están por ahí sin jugar un papel determinante, aquellos que ni fu ni fa, aquellos que casi nunca los determinan pero que sufren las consecuencias de esos magnos hechos; a la manera de una “antiOdisea”, como lo señala el autor, impregnada del espíritu alienante y desesperanzado de El extranjero. En segundo lugar, es la semblanza de una ciudad poco tratada literariamente en los últimos tiempos (salvo los brillantes ejercicios narrativos de Adalberto Agudelo en Pelota de trapo y Toque de queda, y las interesantes apuestas divergentes de Jaime Echeverri en Corte final y de Eduardo García Aguilar en Tierra de leones), contrario a lo que sucede con Bogotá y Medellín, abundantemente abordadas por las nuevas generaciones, especialmente desarrollando

temáticas muy relacionadas con la violencia. Esta Manizales, retratada con gran acierto, se nos muestra como lo que es, una ciudad amable y odiable a la vez, a la que el narcotráfico ha tocado marginalmente; amena en ocasiones, anodina a veces, arribista casi siempre, deudora de un pasado que la lastra en exceso y la hace avanzar paquidérmicamente. En tercer lugar, la caracterización de una familia de clase media prototípica andina, conformada por unos seres de vivir moroso, superficiales, sin mayores ambiciones que perpetuarse en la muelle monotonía de su estatus mediocre, seres absolutamente anticlimáticos, ajenos al ajetreado fluir magmático de las ancestrales montañas del Cumanday; seres irresolutos, que dejan las cosas en remojo y que se confunden ante la perplejidad de ciertas circunstancias vitales que los desbordan; salvo algunas de las mujeres retratadas, aquí perfiladas con un carácter más impulsivo. Por último, el tema de la emigración y el desarraigo valorando sus causas y consecuencias en un sujeto concreto que sigue atado a los suyos por la vía de la nostalgia y cuyo peso se diluye con el paso del tiempo; ya ni siquiera el afecto es capaz de remover su decisión de no retornar, por comodidad o cobardía, eludiendo la conducta propia de los héroes que retornan triunfantes, recurso habitual en otros autores o medios como el cine o las telenovelas. En Andrés Giraldo las razones de su exilio son ajenas a lo político social, tienen más que ver con su inmadurez y su falta de agallas para enfrentarse a una situación compleja que no sabe resolver adecuadamente en su juventud o, quizás, sea esta la razón usada como recurso perfecto para dar aquel brinco al vacío que determinó su vida futura, ese salto hacia adelante que le permitió escapar de la vida mole que le esperaba si se hubiese quedado en su ciudad natal.

El temor

Pero en el fondo de todo está el miedo, ese sentimiento que nació con el hombre en la más remota de las edades (G. Delpierre) y éste es el sentimiento que en realidad sobrevuela toda la novela de Octavio Escobar: el temor a la muerte, al daño físico, a perder los bienes, las propiedades, a que la cotidianidad se altere, a que las cosas no sean como antes, a sufrir la incomodidad de que otros tengan la razón o, incluso, de que el poder cambie de manos. Decía G. Ferrero que “toda civilización es producto de una larga lucha contra el miedo” y que éste casi siempre es un acicate para el valor y para el avance. Pero uno de los efectos del miedo, según Don Quijote, es turbar los sentidos, como bien se lo afirma a Sancho confundiendo dos rebaños de carneros con los ejércitos de Pentapolín y Alifanfarón; y eso tal vez sea lo que le ocurre al padre del protagonista, que el miedo le esté trastornando el entendimiento, que el no saber qué pueda ocurrir en esos diálogos de paz aún no iniciados, lo esté volviendo “loco”, como le afirma su esposa por teléfono al hijo ausente. “Todos los hombres tienen miedo”, decía Sartre, y es natural sentirlo ante una situación presentida o conocida de riesgo para nuestra seguridad, para nuestra vida. Pero miedo y cobardía no son sinónimos, tal como lo sugiere Jean Delumeau en uno de sus ensayos sobre el tema; y temor es lo que parece adivinarse en el comportamiento de Jaime Giraldo, de su esposa, de su hija; pero la actitud de Andrés no se corresponde con la propia ante una amenaza, ni ahora ni antes, ¿no será y fue, más bien aquello, fruto de su falta de espíritu, de su ausencia de valor, de sus recatos morales? Porque de esto es también de lo que trata la novela: de aquellos otros seres inmersos en la perplejidad, que van por la vida dejando las cosas en remojo, que tienen una tendencia mimética

a la inacción, incapaces de resolver y resolverse, que se acobardan ante situaciones que puedan alterar su vida muelle.

Una obra madura

Cielo parcialmente nublado, metáfora y réplica de la condición meteorológica habitual de la ciudad, es una novela en la que la ambientación es adecuada y las anécdotas tienen las pinceladas justas y necesarias para perfilar el conflicto y su resolución. La prosa es precisa, fluida y efectiva. El uso del idioma es exquisito y se enriquece con dichos y modos propios de Caldas, sin que ello lastre su lectura. Es llamativo el recurso que utiliza acogiendo las noticias del diario La Patria, para sustanciar esos hechos “históricos” que se suceden en un periodo de tiempo tan corto. Resalta la agilidad de los diálogos, su luminosidad y cómo contribuyen certeramente al avance de la historia. Esta nueva novela de Octavio Escobar es una obra madura, que recuerda la brillantez estilística de William Trevor y la lucidez estructural de John Banville, que se lee con gran facilidad, que se asimila con naturalidad y cuya temática es de una actualidad evidente, aportando interesantes puntos de reflexión sobre la realidad colombiana contemporánea. Sin estridencias verbales, sin excesos formales, la historia cautiva por su simpleza y diafanidad, llevando al lector sin asperezas a ese desconcertante final en el que “filamentos de lluvia atravesaban la ventanilla”. Pero el regreso del emigrante es así y de los antihéroes sólo podemos esperar perplejidad. Indudablemente nos encontramos ante una de las más llamativas y amenazantes novelas colombianas de la actualidad, muy a pesar y en virtud de una silla vacía *Escritor. antflorez@yahoo.es

Foto/Cortesía Antonio María Flórez/Papel Salmón

Antonio María Flórez (izquierda), Octavio Escobar Giraldo (centro) y Adalberto Agudelo Duque (derecha) en San Carlos, sitio nombrado en la última novela de Octavio Escobar, Cielo parcialmente nublado.


4 | T E AT R O |

domingo 8 de SEPTIEMBRE de 2013

Luis F. Molina* Papel Salmón

H

ace 45 años, cuando se consumó la idea de reunir el mejor teatro en Manizales, el impulso no era otro que poner a la ciudad en el mapa cultural de América y del mundo. Pablo Neruda, Ernesto Sábado, Miguel Ángel Asturias, Mario Vargas Llosa, entre otros escritores, daban la atmósfera de intelecto y crítica al evento. Por burocracias varias y problemas típicos de la desorganización política, solamente en 1984 el Festival Internacional de Teatro -FIT- tomó su rumbo y desde entonces realiza una edición anual, cada una con un enfoque preciso y, recientemente, concentrado en la calle como escenario natural de la concepción de la teatralidad. Este año el hermetismo se sentía en el ambiente. Más allá del esplín propio que lleva organizar un evento colosal como un festival de teatro internacional, la ausencia de uno de sus valores agregados más importantes para la edición que hoy culminó fue la que certificó el eslogan mediático del evento: “Aquí hay drama”. El colofón fue el mejor. La carpa que daba el toque visual y esencial al circo teatro se instaló a contrarreloj en un amplio lote de Expoferias Manizales para que desde los estudiantes de colegio hasta los críticos del mejor teatro llegaran a apreciar un modelo diferente de dramática. Octavio Arbeláez Tobón, director del Festival Internacional de Teatro de Manizales siempre fue enfático en que la función debía continuar. “Con carpa o sin carpa vamos a tener circo”, aseguró el día inaugural del evento cuando aún el país padecía por convulsos hechos de orden público. La mayor bendición del teatro es lograr la inmersión en un mundo que ocurre naturalmente en frente de los

El Rey Lear del grupo de la UNAM de México.

domingo 8 de SEPTIEMBRE de 2013

espectadores y les hace olvidar su otra realidad. Una historia recreada en la sindéresis visual y auditiva se anticipa como una gran reunión de las Bellas Artes. Es aquel universo el que permite a sus directivos, sus allegados y espectadores relegar por un momento los escollos de la realidad, de probables déficits y expectativas económicas, de líos organizativos, entre otros por risas y suspensos.

Por diez días la ciudad gozó de entera programación, todos en sala y cinco en calle. La estética del circo teatro sobresalió entre los nuevos conceptos. La interacción audiovisual fue la propuesta que hizo aplaudir a rabiar a los asistentes. Festival.

Fotos/Archivo LA PATRIA/ Papel Salmón

Sed del grupo Prodanco de República Dominicana.

Zoom

La carpa circo era uno de los atractivos más importantes de la trigésima quinta edición del festival de Manizales. El circo teatral confluye con artes corporales desde la Edad Media. Las habilidades en la gimnasia y la danza priman en esta rama del teatro, además de contar historias de contracultura y calle, en las cuales se viven dramas distintos en comparación a la tradicionalidad del histrionismo. La compañía teatral colombiana “La Gata Cirko” fue la encargada de abrir el telón del evento cultural y teatral más antiguo de Latinoamérica. Además, Colombia llevaba más de un lustro sin abrir el Festival, indicación honorífica para este grupo bogotano. El ‘nuevo circo’ se hizo presente esta vez en las tablas del Centro Cultural y de Convenciones Teatro Los Fundadores. A las 8:30 p.m., luego de los actos protocolarios y formales que dieron apertura al Festival, hicieron una rítmica aparición diez actores en el escenario. Corrían por una calle, con la prisa actual de una urbe, cada uno con velocidades diferentes y carácter singular. Colombia es un relato en esencia de lo que se expresó en las bambalinas. Un amor frustrado que desemboca en una crisis social y un par de policías torpes e inocentes son dos roles que dan forma a Zoom, un acercamiento real a una paradoja desesperada colombiana, a la impotencia reflejada en

Germán Jaramillo. “La obra de Shakespeare es sobre la grandeza y miseria del alma humana”, añade Jaramillo sobre los constantes cambios simbólicos y poéticos de la misma obra. La formalidad y la estructura regular engrandecieron el papel del rey en la relevancia corporal del actor y fue el pase directo que le significó la ovación de tres minutos al actor nacido en Manizales. Curiosamente, el Rey Lear nunca pierde el anillo dentro de su paso por la función, incluso en la escena de desnudo. “Solamente cuando está muerto pierde el anillo. Es como una tradición. Además, -dice jocosamente- está como si estuviera pegado al dedo. De todas maneras, nunca se pierde el carácter de rey. El anillo es el sello que nunca se pierde de que es un rey”, explicó Germán Jaramillo.

Danzas y merengue

XXXV Festival Internacional de Teatro

Vida y obra en Manizales arte. El espectador recibe una amplia estimulación de parte de la música excelsa del acto teatral que recrea ritmos y cadencias diferentes por más de una hora y veinte minutos. Felipe Ortiz es el director de Zoom y también actúa en la obra como uno de los policías lerdos. Su compañero Daniel Orrantia tiene el papel de Smith, un torpísimo e inocente agente que se enamora de varias ciudadanas durante la función. Este actor que saltó de la improvisación al circo teatro marcó las risas de la noche. Las carcajadas del unísono fueron la constante en la función. “Lo mejor del circo teatro es poder transformarse en otras personas y buscar quién es uno dentro de esa otra persona”, narró Orrantia. Ovación al finalizar y el público mostró su complacencia en el lobby del hotel luego de una gran dosis de ‘nuevo circo’.

Stop Motion

Dos mentes se encargaron de pensar e idear un nuevo formato para contar teatro. Muriel Miranda adaptó el texto de Karen Bauer Maleza para su figuración teatral y Hugo Covarrubias arrojó un diseño especial para enseñar a Manizales el teatro-animación. Este thriller cuenta la historia de Ana, una

chica víctima de un eterno encierro provocado por la locura de su madre a raíz la muerte de su padre. La génesis de la obra es tradicional. Dos actores que caracterizan a Ana y a Clara están presentes en el escenario la mayoría del tiempo, acompañados de un ave mensajera. La estructura envuelve al espectador en un universo y un dilema ético por actuar de la protagonista. Sin embargo, el atractivo mayor de la historia se basa en el uso de un Stop Motion (modalidad audiovisual de secuencia de imágenes estáticas), donde en una pantalla ubicada en el centro del escenario del auditorio de la Universidad Nacional ocurren los eventos complementarios del planteamiento. “El estilo de Maleza no es tan realista, es un poco más fantasioso. Tratamos de acoplarnos a la animación; es más cercano al teatro visual o mecánico. La interacción es simultánea, hay una parte donde las actrices doblan en vivo la animación”, comentó Hugo Covarrubias. Amplia fue la recepción que recibió Maleza, donde se conjugaron aspectos visuales que hasta hace menos de diez años eran improbables de obtener articulación alguna dentro del teatro.

Covarrubias, quien además es diseñador gráfico y realizador gráfico exhibió un cortometraje basado en su lectura y adaptación del cuento de Julio Cortázar “La noche boca arriba”.

Jaramillo fue el rey

Una de las funciones más esperadas del cronograma del Festival era la obra de William Shakespeare El Rey Lear. El aspecto del teatro clásico y tradicional se hacía finalmente presente. La Universidad Autónoma de México fue la compañía que osó por adaptar esta tragedia del dramaturgo inglés y que le dio una contextualización lingüística más vanguardista, además de condensar gran parte de los diálogos en una obra de teatro de cien minutos. El manizaleño Germán Jaramillo protagonizó al rey caído en desgracia por las miserias del poder y del reino, de la ambición que marcó su comarca y que determinó una catástrofe en todos sus familiares con ínfulas expansionistas y territoriales. Jaramillo es el único extranjero entre un elenco mexicano, todavía comprometido en los acentos aztecas e ideado dramáticamente para un público más demandante, como el centroamericano. La poética y la técnica fueron de la

mano en un escenario especialmente preparado para que apenas un centenar de personas se hicieran presentes en las bambalinas de la sala Fundadores, donde ubicaron a los espectadores en unas improvisadas gradas y en los pisos restantes del escenario; es decir, la obra se hizo en el ángulo inverso, lo que le dio a la misma algunos matices de un teatro a la italiana, cercano e íntimo, probablemente suponiendo balcones y epopeyas. Hugo Hiriart fue el gestor de la adaptación, pero la intención nació de un encuentro entre Jaramillo e Hiriart. La obra fue concebida principalmente para su exhibición en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz del Centro Cultural Universitario de la UNAM, razón por la cual la organización del público fue diferente. Aunque Jaramillo ya había actuado en cine, el teatro le demanda todavía mayor esfuerzo y exactitud, sacrificio y concentración: “El teatro es mucho más comprometedor. La presencia inmediata del espectador compromete al actor de una forma total. En cine, si una escena no queda bien, se puede volver a hacer. En el teatro eso no se puede volver a hacer y eso es una experiencia única del teatro”, comentó

Uno de los espectáculos más completos y también complejos del Festival estuvo el lunes en la noche en la Sala Fundadores, donde la danza teatro provista por el grupo dominicano Prodanco llevó a los espectadores a un mundo aparte, donde los actores aprecian el agua hasta el punto de abandonar sus raíces con el fin de conseguirla. La poiésis de la obra llama al espe-

Zoom de la compañía teatral de Colombia La Gata Cirko.

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ctador a un universo ficcional donde las cualidades de un espacio desconocido desembocan en la compatibilidad dancística y necesaria de los actores que proponen un drama de Sed, como se titula la obra, en la cual el corpo del planteamiento se mueve en una diacronía eventual hasta llegar a conseguir un oasis que desnuda los cuerpos y los purifica para cerrar el evento. La combinación de la música, los sonidos propios de los botellones, símbolos únicos de la obra, el canto y el baile son los puentes de conexión entre los espectadores y una historia que tarda varios minutos en llegar a un entendimiento y que a veces se pierde cuando al fondo del escenario se proyectan las imágenes de los actores, desenfocando al espectador de la acción principal a la que se acometen los histriones. El teatro como expresión única del alma humana se hizo presente de cuerpo y espíritu a través de sus diferentes categorías y la teatralidad ordinaria que hicieron posible la habilitación de un canal de concierto entre la realidad del espectador y el contexto que en el escenario les articuló *luisfelipemolinaramirez@gmail.com Twitter: @luisfmolina


6 | CINE|

domingo 8 de SEPTIEMBRE de 2013

domingo 8 de SEPTIEMBRE de 2013

El nuevo puente de La Virginia lleva su nombre

Un balance necesario

Francisco Jaramillo Ochoa y el valle de Risaralda

XVI Encuentro de

Varios empresarios de Anserma y Manizales fijaron sus ojos en el valle del Risaralda. Los negros fundaron el caserío de Sopinga, al que los mestizos llamaron La Virginia. Luchador.

críticos de cine Largos y cortometrajes, documentales, conferencias, talleres, libros y concursos hicieron parte de este encuentro. Buen cine. Germán A. Ossa E.* Papel Salmón

C

omo en casi todas las versiones anteriores, llegaron todos los invitados. Y como lo hemos soñado siempre, el nivel intelectual, académico y profesional de los mismos y hasta de los asistentes fue extraordinario. En esta ocasión se clausuró con los reconocimientos por parte de los estudiosos del cine de este país, que acudieron a la cita anual de Pereira, para hablar de lo que más nos gusta: el Cine. El teatro de Comfamiliar (sede permanente del evento) se llenó el viernes de la inauguración, cuando se le rindió un merecido homenaje al actor de cine Álvaro Bayona y al productor local, John Quintero, quien mostró en la pantalla grande algunas de sus creaciones. El joven comunicador Aldemar Solano permitió a los asistentes disfrutar de un adelanto de su largometraje De regreso al nido de cóndores, producción cinematográfica en proceso, que pretende recordarnos los pormenores que acompañaron y acompañan el rodaje y la “existencia” de esa película que hicieron nuestros antepasados, cuando el cine de verdad era un absoluto riesgo y misterio. Sorprendidos quedaron los allí presentes, cuando les permitimos ver, de manera exclusiva, la cinta María, del artista Enrique Grau, quien trabajó de la mano de Lucy Tejada y su hermano Hernando, en lo relacionado al arte y decorados de la misma. También, la cinta documental Pereira invita a su gran carnaval, fechada

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Foto/Cortesía Germán A. Ossa/Papel Salmón

La afluencia de público a los distintos actos del XVI Encuentro de críticos de cine hace que este evento crezca año tras año.

en 1936, cuando Pereira era simplemente un villorrio. Cintas que pudimos ver, gracias al trabajo restaurador de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, que procura la recuperación de la memoria visual, y que se mostraron a los asistentes con la autorización de su directora, Myriam Garzón de García y el subdirector técnico, Rito Alberto Torres. Vale la pena destacar el momento cuando la docente Mercedes Delgado hizo entrega del retrato de Jaime Osorio pintado por su fallecido esposo Antonio Isaza, en la técnica del pastel, al director del Festival de Cine “El Samán” de Viterbo, Luis Fernando Muñetón, pues el cineasta era de allí y es el símbolo del certamen que este año irá por su cuarta versión.

Conferencias y sesiones

Como extraordinarias se calificaron las intervenciones de Fernando Ruíz de Pereira, Jaime Ponce de RCN Bogotá y Manel Dalmau crítico y realizador de España, expertos en James Bond, quienes pusieron al auditorio a pensar sobre el ídolo que llama tanto la atención a cinéfilos de todo el mundo. Óscar Mario Estrada y Juan Diego Velásquez mostraron, una vez más, porqué son excelentes documentalistas, cuando dejaron ver una pequeña película sobre los 15 encuentros anteriores. El crítico cubano Mario Naíto, invitado especial, desarrolló una ponencia sobre la música y el cine. Omar Ardila, investigador bogotano, presentó su más reciente publicación Cartografías cinematográficas y expuso su tesis sobre “La música y el cine; de la

funcionalidad al experimentalismo”. También se presentó el documental Las manos del padre, sobre la vida y obra del padre de la crítica de cine en Colombia, Hernando Salcedo Silva, realizado por el investigador Juan Diego Caicedo González; además de la charla de Gustavo Valencia, experto en Buñuel, sobre su extensa filmografía con énfasis en Perro andaluz. Por su parte, el profesor costeño Carlos Bernal, mostró una serie de trabajos realizados por sus alumnos de la Universidad del Magdalena, los cuales dejaron una profunda huella sobre su manera de hacer cine y la sensatez de sus planteamientos. Víctor Bustamante de Medellín contó hechos desconocidos sobre el enigma que envuelve a la cinta pereirana Nido de cóndores, de la que afirma, debe existir todavía una copia en cualquier parte del mundo. El actor Álvaro Bayona hizo la presentación de su nueva cinta Gordo, calvo y bajito, película que fue premiada en un reciente festival europeo y que se exhibió por primera vez en la región. Mauricio Laurens, crítico de cine de El Tiempo, hizo una meditación sobre “Veinte autores e intertextos musicales”, que retomó de sus programas de radio, los cuales llevan cerca de 15 años en la Universidad Tadeo Lozano, donde es catedrático. El filósofo Juan Guillermo Ramírez habló sobre “Wim Wenders en Lisboa: viaje, exploración sonora y conocimiento, en la configuración del discurso fílmico”, donde sus reflexiones dejaron en

claro que cuando se prepara un tema con seriedad, el aporte que se hace a la cultura en general, es sorprendente. Valioso el libro El cine y las ciencias políticas del antioqueño José Fernando Saldarriaga, presentado en el marco de este Encuentro, pues sus planteamientos hicieron ver la relación política y cine de una manera ingeniosa y profunda. En el V Concurso de cortometrajes del Eje cafetero se hizo un reconocimiento al realizador Menhelberch Rendón por su propuesta musical en una cinta de tres minutos; Felipe Moreno enseñó una selección de cortometrajes de su Festival de Cortos “El Espejo” que este año llegó a la versión número 10. Valioso fue el “Taller de realización y apreciación cinematográfica” que paralelamente al Encuentro dictara el especialista bogotano Jaime Ponce. El Museo de Arte de Pereira y el Cine Club “Borges” exhibieron una muestra de cine español reciente y se hizo un homenaje al realizador Luis Buñuel. Las cintas fueron facilitadas por la Consejería Cultural de la Embajada de España. *** Ahora solo resta esperar a que transcurra un nuevo año, para encontrarnos en la versión número 17 de este encuentro, con la inteligencia y el buen cine, cuando con un nuevo eje temático, Pereira se convierta en esa locación donde de verdad se piense en el arte del siglo XX, ese que a muchos nos pone a soñar de verdad *nidodecondores4@yahoo.com.mx

Alfredo Cardona Tobón* Papel Salmón

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n 1840 los mineros antioqueños se descolgaron desde Oraida, en la parte fría de Riosucio, y fundaron el distrito de Papayal a orillas de la desembocadura de la quebrada Palogordo en el río Risaralda. La existencia de esa población, que apenas aparece en algunos documentos del Cauca fue efímera, pues a los quince años de elevada a distrito desaparece como por encanto, quizás se agotó el oro, la viruela se cebó en la gente o las plagas y bichos de la selva alejaron a los pobladores. Hacia 1875 los hermanos Díaz Morkum, de Riosucio, abrieron monte en la parte más estrecha del valle y establecieron unos potreros que ampliaron los nativos de Tabuyo; en 1880 Tomás Uribe, padre del general Rafael Uribe Uribe, compró unos derechos a los comuneros de Tachiguí en el sitio de Pumia, levantó un rancho pajizo, abrió potreros y los vistió con ganado traído de Valparaiso, Antioquia. Fue un ensayo desastroso, los pumas no dejaban un becerro vivo y el rastrojo de uñadegato invadió los pastos mientras los anofeles en alianza con los vampiros se sumaron para doblegar la voluntad de Tomás Uribe, templada en la lucha con la selva en Valparaíso, donde abrió la hacienda del Palmar de cuatro leguas de longitud por otra legua de ancho.

La ocupación del valle del Risaralda

Pese a los lodazales, a las plagas, a los bichos, a la naturaleza desbordada, varios empresarios de Anserma y Manizales fijaron sus ojos en el valle del Risaralda al empezar el siglo XX y numerosos labriegos expulsados por la violencia conservadora del suroeste antioqueño ocuparon las laderas del Tatamá y de Belalcázar. Gran parte del valle de Risaralda pertenecían a los resguardos de Tachiguí y de Tabuyo con títulos incuestionables de la época colonial. En un documento del Archivo Nacional fechado en 1907, el abogado Rafael María Navarro trató de impedir que el Concejo de Apía ad-

judicara a Manuel y a Pablo Emilio Salazar, mineros de Anserma, un gran globo de terreno del Resguardo de Tachiguí, comprendido entre el río Risaralda, el río Guarne y el nacimiento de la quebrada Seguía; otro lote de más de seis mil hectáreas del resguardo de Tabuyo, fue rematado en 1870 y se entregó como si fuera un baldío al antioqueño Rudecindo Ospina.

De Sopinga a la Virginia

En la desembocadura del río Risaralda, en el río Cauca, numerosos negros provenientes del sur fundaron el caserío de Sopinga, denominado La Virginia por los mestizos que se asentaron a fines del siglo XIX. A La Virginia llegó Francisco Jaramillo Ochoa en 1904 y cambió totalmente el rumbo del caserío y el destino del valle de Risaralda. Don “Pacho”, como lo llamaban sus amigos, abrió el valle al progreso y poco a poco, con el costo de muchas vidas tronchadas por el paludismo, la fiebre amarilla y las culebras, Francisco Jaramillo secó ciénagas, espantó los bichos y abrió las haciendas “ La Gironda”, “Bohíos, “ Guabinas”, “Bengala” y “Portobelo”. Don Pacho le arrebató el valle de Risaralda a los ciempiés y a las alimañas y libró al caserío de La Virginia de la miseria; fue la avanzada de los empresarios acaudalados que desplazaron centenares de familias que desde tiempo inmemorial vegetaban en las orillas del Risaralda y el Cauca. Francisco Jaramillo compró y desalojó, y en la lucha del hacha con el papel sellado tuvo todas las de ganar porque tenia poder, dinero y las autoridades a sus órdenes. Los negros desplazados por los empresarios se resignaron y cambiaron sus ranchos de paja por casuchas de lata de las riberas del Cauca, pero los colonos paisas que ocupaban las laderas del Alto del Rey, resistieron la presión de los grandes propietarios y frenaron a Francisco Jaramillo cuando quiso ocupar los baldíos de Cruces y Dosquebradas. Los arrieros no respetaron las cercas de las haciendas y continuaron transitando por los caminos trillados por las recuas; y cuando Francisco Jaramillo quiso controlar los cerdos que le dañaban los cultivos, los labriegos entraron por las

Foto/Cortesía Alfredo Cardona/ Papel Salmón

Francisco Jaramillo Ochoa y su familia.

noches a los potreros y le desjarretaron muchas reses.

El perfil de Don Pacho

El presidente Lleras Camargo reconoció la labor de Francisco Jaramillo Ochoa al condecorarlo con la Cruz de Boyacá; el nuevo puente de La Virginia sobre el Cauca lleva su nombre y la memoria de este gran empresario está presente en todos los rincones de La Virginia. Este paisa vio las primeras luces en Envigado y el mundo le quedó chiquito, pues fue un viajero incansable que armó negocios en todas partes. Don Pacho fue alumno de Marco Fidel Suárez, estudió ingeniería en la Escuela de Minas de Medellín, buscó oro en Caramanta y en Urabá y amasó una gran fortuna con una sociedad rematadora de rentas que operó en Marmato, en Caldas y en el Valle del Cauca. Ya con un buen capital se estableció en Manizales, e incrustado en el mundo de los heliotropos de esa ciudad estableció negocios bancarios y cafeteros; fue socio fundador de Cementos Valle, contratista en la

carretera de Cali al mar, desvió el río Risaralda para proteger el puerto, montó trilladoras y también dio impulso al puerto de La Dorada, donde tumbó monte y abrió grandes haciendas. Entre las grandes realizaciones de “Don Pacho” está la navegación en el río Cauca con buques propios, entre La Fresneda y Juanchito, cerca de Cali y el puerto de La Bodega que sirvió de depósito para el café que llegaba del Alto del Rey, de Santuario y de Apía. Francisco Jaramillo fue un luchador que no se arredró ante nada y como todo hombre admirable tuvo sus luces y sus sombras. La hacienda Portobelo dio cobijo el escritor Bernardo Arias Trujillo y en muchas de las páginas del libro Risaralda se estamparon los recuerdos de este empresario con corazón de arriero, que cansado de realizar proyectos entregó en Medellín su alma al Creador el 28 de septiembre de 1951 *http://www.historiayregion. blogspot.com


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8 | P U B L I C A C I O N E S | domingo 8 de SEPTIEMBRE de 2013

DISONANCIAS

La experiencia religiosa de David Foster Wallace Sebastián Estrada Robledo* Papel Salmón

H

ace casi cinco años, el 12 de septiembre de 2008, se ahorcó David Foster Wallace. Conozco tres personas que han leído su monumental novela La broma infinita, y una sola que, según me contó, iba por la mitad de El rey pálido. Las cuatro personas, por lo general taciturnas, hablaron de esos libros con un entusiasmo desmedido, y en algún momento dijeron: “¡Es que es un genio!”, aun cuando todas ellas siempre hayan sido muy conscientes de que ese sustantivo, “genio”, pertenece al pasado. Yo fui víctima del mismo anacronismo. No me pasó después de leer alguna de sus novelas, porque no las he leído todavía -no entiendo por qué-; me pasó después de leer dos de sus libros de relatos (Extinción y La niña del pelo raro). No sabía a quién decírselo, ni para qué. “¡Acabo de leer a un genio!”, quería gritar, pero nadie me lo estaba preguntando. He vuelto a ojear sus libros y veo mis notas al margen: al lado de “El alma es una forja” y de “Otro pionero”, dos de sus magníficos relatos, tengo la palabra “¡Genio!”, y recuerdo mi admiración de entonces, cuando los leí por primera vez. No me cabe duda de que sus lectores se multiplicarán. Está por terminarse la edición en español de todas sus obras. Hace poco la editorial Pálido Fuego editó su primera novela, La escoba del sistema, junto con un libro de entrevistas titulado Conversaciones con David Foster Wallace, y Random House Mondadori hará su contribución con la publicación de un libro que reúne algunos de sus ensayos, titulado En cuerpo y en lo otro. En este último hay un texto maravilloso y cuya lectura, de ser una especie de revelación, ha pasado a convertirse en un gran alivio, sobre todo después de las cada vez más frecuentes decepciones que sufro como fanático rematado de Roger Federer. La última ocurrió este lunes, cuando en los octavos de final del US Open Federer perdió en sets corridos contra Tommy Robredo, a quien había vencido en los diez partidos que habían disputado. Hoy me acordé del texto de Foster Wallace y, por primera vez, lo leí completo. En internet está su versión original, en inglés: “Federer as Religious Experience”, escrito para el New York Times del 20 de agosto de 2006. Quedé sin palabras. Sentí, por fin, que alguien apreciaba en su justa medida la grandeza de Federer, que alguien podía explicarla. No como yo, que cuando Nadal le gana a Federer y mi papá celebra no tengo cómo justificar que con Federer el resultado me trastorna un poco menos, porque he estado frente a un genio. No sobra decir que me ha faltado un Foster Wallace para explicar por qué de él solo puedo decir lo mismo, y recomendarlo. No he podido más *sestrada@rhm.com.co

CONVOCATORIA Cuento corto La Universidad Externado de Colombia convoca a los universitarios a participar en el XXVI Concurso universitario nacional de cuento corto y poesía. En cuento se podrá participar con un mínimo de tres y un máximo de cinco cuentos, de una cuartilla, con tema libre. En poesía, los participantes

deberán enviar un conjunto de poemas de mínimo 15 y máximo 30 cuartillas, también de tema libre. En ambas categorías el premio único es de un millón y medio de pesos, y el plazo de envío se vence el próximo 27 de septiembre. Informes en Eventos académicos en www.uexternado.edu.co

RECOMENDADO

Dios, dame tiempo para vivir Basado en varias historias de la vida real, Ómar Benítez Lozano construyó una narración en forma de testimonio, que refleja la angustia de un ser humano frente a la enfermedad, la incertidumbre frente a su desenlace, la búsqueda de sentido de la vida en medio del dolor y la necesidad de consuelo físico y espiritual. Es un libro de apoyo para las personas y familias que se enfrentan a una enfermedad grave o terminal. El protagonista no quiere renunciar a la vida, a pesar del sufrimiento y encuentra en la fe en Dios y en el amor de quienes lo rodean la serenidad para continuar viviendo o para despedirse. BENÍTEZ LOZANO, Ómar. Dios, dame tiempo para vivir. Editorial Planeta. Sello Diana. Bogotá. 2013. Pp. 220. $32.000.

La hora de las hogueras Los visitantes de la madrugada

La hora de las hogueras y Los visitantes de la madrugada son los dos primeros títulos con los que se ha estrenado la editorial Almuzara, dos novelas al más puro estilo de Marcial Lafuente Estefanía, un autor toledano, que se hizo famoso con sus novelas del Oeste y que desde el principio buscó la amenidad, prescindió de las largas descripciones y trabajó sobre todo los diálogos, con unos modismos muy característicos y una acción disparada. Para componerlas a veces se inspiró en el teatro clásico español del Siglo de Oro, sustituyendo los personajes del XVII por los arquetipos del salvaje Oeste americano. ESTEFANÍA, Marcial Lafuente. La hora de las hogueras – Los visitantes de la madrugada. Editorial Almuzara. Ediciones Urano. España. 2013. Pp. 115. $16.000. c/u.

¿Qué hace la gata por las noches?

Mientras Lucho va a la escuela, juega, come y hace sus tareas, su gata duerme sobre un almohadón. Sin embargo, basta con que Lucho cierre los ojos… para que Gata se despierte y salga sigilosamente a vivir mil aventuras. En este divertidísimo cuento, escrito en verso, se revela un gran misterio: ¿qué hacen los gatos por la noche? Katrin Wiehle obtuvo en 2011 el premio para creadores noveles de la Academia Alemana de Literatura Infantil y Juvenil. Además, la fundación Buchkunst distinguió su primer libro, Profesor Pimienta, aventurero. Desde 2009 trabaja como ilustradora independiente. WIEHLE, Katrin. ¿Qué hace la gata por las noches? Editorial Norma. Bogotá. 2013. Pp. 32. $18.000.


Papel Salmón 08 septiembre 2013