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EDICIÓN 1.191 DOMINGO 20 DE SEPTIEMBRE DE 2015 MANIZALES - COLOMBIA

creación y vida

Biblioteca del dragón

El fuego de San Antonio, el arte del Bosco, de Grünewald y la Fenilcetonuria Las tecnologías nos cambian por dentro y por fuera

Tecnología y estilos de vida Una población de vida efímera

Las huellas de Úbeda en Ansermaviejo Interludios

FOTO/FREDY ARANGO/PAPEL SALMÓN

Labio de liebre, del teatro Petra de Bogotá

Gilipolleces

Balance desbalanceado de la 37 edición del FIT de Manizales

De conflictos y otras desadaptaciones


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DOMINGO 20 DE SEPTIEMBRE DE 2015

DOMINGO 20 DE SEPTIEMBRE DE 2015

BIBLIOTECA DEL DRAGÓN

El fuego de San Antonio, el arte del Bosco, de Grünewald y la Fenilcetonuria El “fuego de San Antonio” correspondió a un envenenamiento con el cornezuelo del centeno. Esta patología se denomina ergotismo. Fundación de la Orden de los antonitas. Epidemia. Orlando Mejía Rivera* Papel Salmón

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as enfermedades medievales no solo fueron importantes en el ámbito de la medicina, sino tuvieron implicaciones profundas en la estructura simbólica y cultural de la sociedad. De allí que las viejas patologías que conocieron los griegos y romanos, adoptaron unas características especiales que las hizo diferentes y novedosas a los ojos de los ciudadanos. Por ejemplo, aunque la lepra fue conocida por los médicos hipocráticos con el nombre de Elefantiasis, en Occidente se convirtió en la lepra, con ecos bíblicos, que llevó a medidas como la cuarentena, mezcla de lo religioso y lo médico, y a una serie de leyes jurídicas y disposiciones religiosas que convirtieron a los leprosos en personas marginales y asociadas a mitos escatológicos. De otro lado, aparecieron nuevas enfermedades, que no habían sido identificadas en la antigüedad, o cuyas expresiones clínicas y epidemiológicas fueron diferentes al pasado. Extrañas entidades como el “fuego de San Antonio” o la “danza de San Vito” tuvieron una impronta clínica y cultural que influyeron en la atmósfera bajomedial. De igual manera la Peste Negra y sus catastróficas consecuencias demográficas modificaron, por completo, el orden jerárquico medieval. Veamos en detalle lo que significó el denominado “fuego de San Antonio”.

las extremidades, aparición de lesiones en la piel negruzcas y sangrantes, fiebre y al cabo de varias semanas se desprendían, de forma indolora, los pies o las piernas. Una buena proporción morían, pero quedaron varios sobrevivientes con amputaciones, que engrosaron el grupo de mendigos y lisiados que pululaban en las aldeas y ciudades del medioevo. En el año 945, en la región francesa de Aquitania, un significativo número de individuos tuvieron dolores en las piernas, movimientos musculares extraños, delirios y episodios convulsivos intensos. Muchos morían en los primeros días, pero otros sobrevivían y durante el resto de sus vidas conservaban la normalidad. En el

año 994 en esta misma zona murieron alrededor de cuarenta mil personas con las convulsiones y los estados demenciales. Estas fueron las primeras referencias occidentales de lo que luego se conocería como el “fuego de San Antonio” y sabemos que correspondieron a un envenenamiento masivo con el cornezuelo del centeno, del cual se hacía, en especial, el pan negro. Esta patología, que se denomina ergotismo, asoló a la Europa medieval entre el siglo IX y el siglo XV, aunque se presentaron brotes importantes hasta el siglo XVIII. La forma aguda de la enfermedad era el ergotismo convulsivo y la forma crónica el ergotismo gangrenoso. Hirch (1885) identificó la existencia de

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En el año 857, en la región del valle del Rhin, surgió una extraña enfermedad epidémica donde cientos de personas tuvieron dolores intensos y quemantes de

FOTOS/CORTESÍA ORLANDO MEJÍA/PAPEL SALMÓN

Cristo crucificado, que pertenece al altar de Isenhein, de Matías Grünewald. Se observan las lesiones petequiales y pustulosas de la piel y los movimientos distónicos de los dedos.

treinta y ocho epidemias del ergotismo gangrenoso entre los siglos IX y XV, siendo Francia la región más afectada de Europa, pues sufrieron grandes epidemias en los años de 1094, 1109, 1128, 1151 y 1214. En cambio el ergotismo convulsivo fue más frecuente en las zonas germanas y sus epidemias más significativas, alrededor de sesenta y dos, se dieron entre los siglos XVI y XVII. En Inglaterra no existieron epidemias de ergotismo convulsivo al parecer por la dieta rica en papa, carne, leche y mantequilla que tenían los habitantes, pues la vitamina A parece proteger o mitigar las formas agudas del ergotismo.

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En el año de 1095 el caballero Gastón de Valloire fundó en la población francesa de Viennois, la denominada hermandad de San Antonio, en agradecimiento al santo que había curado a su hijo de la enfermedad. El papa Urbano II apoyó esta iniciativa y dio su aprobación para la fundación de la Orden de los antonitas, que desde un principio fue una comunidad de monjes dedicados al cuidado de los enfermos del “fuego de san Antonio”, que también se venía denominando “fuego sagrado” o “fuego del infierno”. San Antonio (251-356 a.n.e) fue un anacoreta, de origen egipcio, cuya vida se conoció a través de una biografía escrita, en el año 356, por el obispo de Alejandría, San Atanasio y que sirvió a Jacobo de la Vorágine para incorporar su vida a su famosa obra La leyenda dorada. Antonio resistió a las tentaciones del demonio durante sus meditaciones en el desierto, que intentó asustarlo adoptando la figura de fieras salvajes o monstruos terribles. Pero los monjes de la orden construyeron una simbología asociada a la enfermedad que combatían. Usaban un hábito de color negro, con capucha, un bastón que terminaba en T, y sobre el manto, al nivel de los hombros, estaba cocida la letra Tau (asociada a las muletas de los enfermos). Además, el santo se representaba en medio de una llamarada, con un libro abierto en las manos y un cerdo a sus pies, que llevaba una campanilla. Entre el siglo X y el siglo XII la orden de los antoninos fundaron cerca de cuatrocientos hospitales, donde atendían de manera exclusiva a los enfermos de ergotismo, y que fueron denominados como los “Hospitales de los desmembrados”. Allí los pacientes recibían una alimentación especial de pan de trigo no contaminado, llamado el “pan de San Antonio” y se les daba el “vino de San Antonio” que se suponía había sido impregnado con las reliquias óseas del propio santo. También recibían curaciones en las úlceras de la piel y los miembros amputados, y los muñones eran sobados con manteca de cerdo. Sin embargo, el aporte médico más significativo fue el uso de ungüentos analgésicos

El Bosco, Las tentaciones de San Antonio Abad (1490) Museo del Prado de Madrid.

para el dolor quemante elaborados con mandrágora y sustancias narcóticas.

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Las numerosas iconografías, de pintores famosos y desconocidos, que muestran al santo curando a los enfermos parece deberse a la creencia de que si los afectados miraban de forma fija la pintura de Antonio, ellos obtendrían una curación directa. Las obras de arte más famosas donde aparecen los pacientes de ergotismo y San Antonio son La tentación de San Antonio, El juicio final y el dibujo titulado Mendigos y tullidos cuyo autor fue el Bosco. También está el retablo del altar de Isenhein, elaborado por Matías Grünewald entre los años de 1508 y 1516. Esta obra fue realizada para uno de los hospitales de los antoninos y sobresale la figura de un enfermo con las lesiones típicas del ergotismo en la piel, el cristo crucificado cubierto de llagas, pústulas y petequias atribuibles al ergotismo gangrenoso y una evidente distonía de sus manos y pies, que ha hecho pensar en que Grünewald tuvo la oportunidad de observar la distonía de los enfermos ergóticos. Por último, en la parte del tríptico donde se observa a San Antonio y a San Pablo conversando, Kühn fue el primero en identificar catorce hierbas terapéuticas que debieron ser usadas en el manejo de los pacientes con ergotismo y entre las cuales se encuentran la Plantago major, Plantago lanceolata, Papaver rhoeas, Verbena officinalis,

Ranunculus bulbosus, Scrophularia aquatica, Lamium album, Triticum repens, Veronica chamaedrys, Gentiana cruciata, Vincetoxicum officinalis, Trifolium repens, Cyperus fuscus y el Triticum spelta. Las epidemias medievales de ergotismo fueron una enfermedad de pobres, porque los ricos comían pan blanco elaborado con harina de trigo y en las hambrunas eran los pobres los que ingerían el pan de centeno contaminado con el hongo Claviceps purpurea, porque no tenían más para comer. Aunque la relación causal entre la enfermedad y el cornezuelo del centeno la estableció el médico alemán Thelius en el año de 1596. El descubrimiento de que la ergotamina servía para estimular las contracciones uterinas en el trabajo de parto se le debe al médico Adam Lonicer, en 1582. Pero las comadronas sabían, desde comienzos de la Edad Media, que también era un abortivo eficaz y suprimía la secreción de la leche materna.

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Los conocimientos farmacológicos contemporáneos del hongo explican la totalidad de los síntomas descritos en las epidemias medievales de ergotismo. Se han aislado más de cuarenta alcaloides derivados de la ergotamina, la ergometrina y el ácido lisérgico, entre otros. El ergotismo convulsivo se da a expensas de un síndrome serotoninérgico y la vasoconstricción arterial, que lleva a la gangrena de las extremidades, se debe a los efectos de la

ergotamina y, en especial, a los agonistas 5-HT. Pero lo más sorprendente ha sido el descubrimiento reciente que relaciona el “fuego de San Antonio” y una enfermedad denominada “Fenilcetonuria”. Esta es una enfermedad genética de herencia mendeliana, autosómica recesiva, debida a una alteración del gen que codifica la enzima hidroxilasa de fenililalanina. Este defecto metabólico produce un aumento sérico del aminoácido fenilalanina y estos niveles altos están implicados en el daño neurológico que conduce a retardo mental, en los bebés que no son detectados a tiempo. Una vez se estableció la prueba diagnóstica neonatal, debida a Guthrie, basta una dieta ausente o muy pobre en este aminoácido para evitar el desarrollo del retardo mental y de otras alteraciones como crisis convulsivas y anomalías posturales. Los distintos estudios poblacionales de las diversas mutaciones que producen el defecto génico, han mostrado que su prevalencia depende de las diferentes poblaciones estudiadas. Por ejemplo, es de 1:10.000 (un enfermo por diez mil nacimientos) en las personas de origen caucásico, siendo más común en los irlandeses (1:4500). Los estudios de Saugstad en los noruegos mostraron que el gen defectuoso de la fenilcetonuria tenía un posible origen celta, proveniente de los antiguos irlandeses y escoceses que fueron esclavos de los vikingos. Pero la enfermedad es más frecuente a nivel mundial en los turcos (1:2500), en donde la mutación predominante es la Ivs10nt546 y

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aunque se pensó que provenía de los turcos de la Edad Media, hoy se cree que este alelo se presentó de manera primaria en las regiones donde se asentaron pueblos itálicos antes del año 1000 a.n.e. La diferencia de prevalencia se explica, en parte, a partir de las investigaciones de Woolf quien sugirió que existía una ventaja adaptativa en los heterocigotos con el gen de la fenilcetonuria, pues al parecer da protección contra los efectos tóxicos de la ocratoxina A. Esta es una micotoxina producida por diversas especies como el hongo Aspergilus, el Penicilium y el Claviceps purpurea, que invaden los diversos granos que se almacenan, el pan de centeno y otros alimentos. El clima cálido suave de ciertas regiones de Irlanda, Italia y Turquía, explicaría un mayor incremento de la contaminación de los alimentos por estos hongos. Las pesquisas históricas muestran lo importante que fue la intoxicación por el pan de centeno contaminado en poblaciones antiguas itálicas, hasta generar verdaderas epidemias de ergotismo, y de allí el valor adaptativo y la mayor prevalencia actual del gen defectuoso de la fenilcetonuria en poblaciones contemporáneas como la turca, pero a expensas de sus raíces genéticas de la línea itálica antigua. Desconozco si la correlación histórica con el origen vikingo de las mutaciones en los pueblos irlandeses, noruegos y escoceses haya sido investigada *Escritor. Profesor titular Departamento de Salud Pública. Universidad de Caldas.

El juicio final (1482) (detalle) del Bosco. Los dos amputados evidencian las secuelas del ergotismo gangrenoso y demuestra el conocimiento que tuvo el pintor de los enfermos con “el fuego de san Antonio”.


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FOTOS/ARCHIVO LA PATRIA/PAPEL SALMÓN

Othelo del Colectivo de Gabriel Chamed de Argentina.

Obras que intentan poetizar los conflictos en Colombia y Europa. Los colombianos nos reímos de nuestra propia tragedia. Desaparición forzosa, narcotráfico. En la memoria. Wilson Escobar Ramírez* Papel Salmón

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e ha dicho que el teatro siempre ha buscado “adaptarse” a la realidad de su tiempo, de su entorno. Que su gran poder radica en la capacidad de poetizar la realidad y en tornarla otra, quizás paralela a la que transcurre ante nuestros ojos. No de otra manera podría el teatro subsistir hoy ante la producción en serie de lo inmediato que se da a través de los medios tradicionales y los

nuevos medios, anclados en las redes sociales. La edición que acaba de terminar puso en la balanza un puñado de obras que intentaban poetizar el -o mejor- los conflictos que han afectado la vida social no sólo en Colombia, sino también en Europa, y otro puñado de obras que construían sus propios universos de ficción, algunas de ellas partiendo de la literatura universal.

ESCENARIOS PARA EL POS-CONFLICTO

El humor ácido, muy ennegrecido, que expelía de la obra Labio de liebre, del teatro Petra de Bogotá, tuvo su respuesta en el público, que en la función inaugural supo reflejar una verdad muy popular según la cual los colombianos nos reímos, y mucho, de nuestra propia tragedia. La propuesta de Fabio Rubiano

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despertó la primera polémica de esta edición precisamente por su atrevimiento de poner en escena un momento del conflicto armado en Colombia a través de la mirada de un victimario que tiene la casa por cárcel y sus víctimas, que le visitan y le acosan en su intimidad, todo ello trazado en un particular lenguaje gráfico con guiños surrealistas, algo de esperpento y mucho de sarcasmo e ironía. Rubiano no toma partido por las víctimas, y lo deja muy claro en su propuesta escénica; no hurga en la memoria para procurar la catarsis, ni para resarcirse en las masacres de las que da cuenta el relato. Su búsqueda y provocación radica en ofrecer una especie de juicio histórico a esta barbarie para que sea el espectador quien tome partido; el lugar escogido es un espacio bucólico, harto parecido a las cabañas de las que tanto Hollywood ha recreado para dar cuenta de los asesinos en serie y monstruos descuartizadores. Allí, en medio de platanales y de espejos apulgarados, de noches de insomnio, instala una suerte de tribunal de la memoria para dar cuenta del horror, del reclamo, del perdón. El humor que transpira la obra y esa “falta” de compromiso del artista, que algunos reclaman en este momento coyuntural, hacen parecer que la de Rubiano es una propuesta a destiempo, que aún requiere distancia para comprenderse mejor. Pero, ahí está, con su frialdad y patetismo gráfico, suscitando esa reflexión necesaria, apurando el tiempo para que la memoria no se quede en las cifras ya mediatizadas. Labio de liebre abrió el camino para otear otras aristas del conflicto, como la que propuso La Candelaria con Si el río hablara, una obra instalada en el lenguaje que durante tantos años ha abrevado el grupo bogotano, en virtud del cual la denuncia del horror se torna mucho más evidente a través del dolor de las víctimas, de los cientos de miles de desaparecidos, de esos ríos de tumbas que se llevan entre sus corrientes la huella del paso de la violencia por los poblados olvidados de este país. Desgarradora, hecha con rabia colectiva, como todos los procesos que

BALANCE DESBALANCEADO DE LA 37 EDICIÓN DEL FIT DE MANIZALES

De conflictos y otras

desadaptaciones adelanta el grupo, Si el río hablara es la Candelaria performática y fractal de los últimos años, la Candelaria pos-Santiago García, y ello se nota en la excesiva seriedad y aridez del texto y de la puesta en escena, ya sin los guiños de humor, de soltura, de distanciamiento que lograba el maestro introducir en los montajes. Otra mirada al tema la ofreció el teatro R-101 de Bogotá con El ausente, una obra que se mantiene en el borde mismo del melodrama, sin llegar a serlo y coquetea en la tragedia, sin mostrarla. El colectivo bogotano asume un camino que se distancia de las mencionadas arriba. A cambio de la recuperación de la memoria de los dramas y las tragedias individuales o colectivas, El ausente profundiza en la intimidad del dolor, en la manera como se tensa y se transforma el tejido familiar cuando una figura, la del padre, es “desaparecido” forzosamente en medio del conflicto.

Si el río hablara de La Candelaria de Bogotá.

Hernando Parra y Ramses Ramos, desde la dirección colegiada, proponen un dispositivo narrativo que pone en espera al espectador sobre la verdadera condición de ausente del personaje y construyen una atmósfera de expectativa harto cercana al drama psicológico que tanto gustó al director sueco Ingmar Bergman. Es una atmósfera que se alimenta de la condición voyeur del espectador, lugar en el que los directores lo han situado desde el inicio: un velo transparente se antepone entre la mirada del espectador y el espacio escénico (un cuarto-sala) para invitarlo a fisgonear el dolor íntimo de estas mujeres. Una vez abierto el velo que tornaba opaco el espacio, el espectador asiste a la construcción de la figura paterna vía destrucción del orden y la armonía entre estos seres. R-101 no se exacerba en ese dolor íntimo, sabe dosificarlo con un humor corrosivo, negro, como negra es la fiesta que van

El ausente de R-101 de Bogotá.

anunciando las hijas para recibir al padre. ¿De verdad, espera el espectador una fiesta en medio de esta latente tragedia? El ausente es una pieza íntima, de una elegante sutileza narrativa que descarga en una

actuación muy pareja la atmósfera de espera que requiere la historia para desembocar en ese clímax inesperado-esperado que, como al inicio, sólo se deja ver a través del velo que confirma nuestra condición voyerista. En este apartado del Festival, La Maldita Vanidad hizo su estreno rotundo de Hoy envejecí 10 años, en co-producción con el Teatro Colón de Bogotá, una historia instalada en la Medellín de las bombas del narcotráfico y el plan pistola contra los agentes de la ley. Y fue rotundo su fracaso, la obra llegó a Manizales en su esqueleto, como le dijo en su momento el maestro Enrique Buenaventura a Miguel Rubio, luego de ver uno de los primeros trabajos de su grupo, el Yuyachkani del Perú: “Miguel, tienes todos los elementos para iniciar el montaje”. El tiempo, la depuración o

reformulación, dirán de este montaje su propia verdad; por lo pronto, La Maldita Vanidad, que tan buenas sensaciones dejó en pasadas ediciones, de un teatro renovador, arriesgado en sus puestas para espacios no convencionales, pareció caer en la trampa de producción en grande, de teatro a la italiana, y se perdió en los vericuetos de un drama que pudo ser otra cosa en un espacio más íntimo, donde tanto el público como los mismos actores construyeran esos vasos comunicantes que reclama la poética naturalista de la que tanto gustan. El conflicto no es sólo colombiano. La curaduría de Octavio Arbeláez permitió vernos en el espejo de otros conflictos tan horrendos como el nuestro. Nadia, un documental escénico relatado por la propia Nadia, víctima del fanatismo religioso de los Talibanes en su natal Afganistán, mostró la efectividad del dispositivo elegido para narrar los trazos biográficos de esta valiente mujer: entrevistada por los propios productoresrealizadores del documental, a manera de testimonio televisivo, Nadia nos lleva por parajes, momentos, situaciones de su dramática existencia, a veces con su propia voz y otras, acompañada por la imagen electrónica. El relato conmueve y no porque haya una actriz con el dominio amplio de una técnica actoral, sino por el subtexto que el espectador sabe hay detrás de esa representación: la tragedia contada sobre un escenario por la misma víctima. De Canarias llegó también un relato sobre las víctimas de las dictaduras en el África: Me llamo Suleimán, este sí interpretado por una actriz profesional y con una impecable factura plástica, basada en la interacción de los personajes que encarna la actriz con la imagen digital expandida. Desde el inicio el espectador se enfrenta a un dispositivo narrativo que le anuncia el inicio de la obra con los caracteres propios con que el cine hace la cortinilla de entrada a la ficción. ¿Cine o teatro? Se pregunta el espectador y a partir de allí su director inscribe su propuesta en las vanguardias escénicas de este comienzo de siglo, que poetiza con mucha

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Nadia de La Conquesta del Pol Sud, co-producción de España y Afganistan.

creatividad las tecnologías digitales en la escena. Me llamo Suleimán puso un nivel muy alto en su calidad plástica y seguro despejó dudas en aquellos que se resisten al encuentro de la escena teatral con la imagen digital, un camino por el que apuesta ya una buena parte del teatro que se hace en estos tiempos de virtualidad.

SHAKESPEARE DESADAPTADO

Dos Otelo, dos Shakespeare, dos traiciones, dos irreverencias, dos sorpresas. Viaje Inmóvil de Chile y el colectivo de Gabriel Chamé de Argentina, alegraron las noches del Festival con sendas miradas al universo shakesperiano que se alejaban en mucho del lenguaje clásico y del teatro isabelino. El uno con muñecos manipulados a la vista, el otro en clave de clown, confirmaron, no la vigencia de los textos –que nadie pone en duda- sino la inagotable capacidad del arte y del artista de actualizar, recobrar, redimensionar, el espíritu de una historia y con los materiales más inverosímiles. Ni los chilenos de Viaje Inmóvil ni los argentino de Chamé se propusieron adaptar a Shakespeare, por el contrario, su provocación partía de una desadaptación, de una irreverencia: con un dominio de la técnica de la manipulación de muñecos y su interacción con los actores, la compañía chilena plantea unos personajes memorables, apenas insinuados a través de máscaras y velos, para exigir a los espectadores

la tarea de completar sus figuras, sus movimientos, sus gestos en la escena. El feminicidio que aborda este Otelo no sólo es creíble, sino que conmueve profundamente en esa dosis de realismo tan difícilmente lograble con un muñeco manipulado a la vista del público. Y cuando creíamos haber visto el Otelo más revelador de los últimos años en el Festival, aparece el Othelo de los argentinos, con ese desparpajo clownesco que lleva el drama a las más insospechadas atmósferas cómicas. Una obra maestra, sin duda, que sabe poner en equilibrio unos personajes dispuestos al humor más fino, y al Otelo en clave absolutamente trágica. Entre unos y otros, el desadaptado texto shakesperiano desemboca en el asesinato consabido al que se le agrega el tono testimonial de la transmisión en directo al mejor modo del cine snuff, con su cámara temblorosa, afeada, sin apenas iluminación, y nos hace olvidar de tanta risa explosiva para adentrarnos en la monstruosidad que provocan los celos. Hubo Festival más allá de los Otelos y del conflicto colombiano, por supuesto. Pero estas son las obras que seguro quedarán para la memoria y que hicieron honor al eslogan escogido para esta edición: teatro hay en todas partes, pero del bueno solo en Manizales *Docente Universidad de Manizales. Crítico e investigador teatral.


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DOMINGO 20 DE SEPTIEMBRE DE 2015

DOMINGO 20 DE SEPTIEMBRE DE 2015

LAS TECNOLOGÍAS NOS CAMBIAN POR DENTRO Y POR FUERA

FOTO/TOMADA DE HTTP://BLOG.ESPOL. EDU.EC//PAPEL SALMÓN

La tecnología hace que hoy el mundo esté al alcance de la mano, pero las relaciones personales, presenciales, son cada vez más remotas.

Tecnología y estilos de vida

UNA POBLACIÓN DE VIDA EFÍMERA

Las huellas de Úbeda en Ansermaviejo la avanzada de Guntras en tierras chamíes, y unos pocos reglones se ocupan de la aldea de Úbeda, una fundación establecida por los primeros vecinos de Anserma en la orilla derecha del río Cauca.

La rutina y la psiquis humana están penetradas por la tecnología. Estamos obligados a usar artefactos y sistemas digitales en la mayor parte de las acciones diarias. Reflexión.

Camilo Giraldo Giraldo* Papel Salmón

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rabajar, estudiar y divertirse son actividades que se realizan de un modo diferente, según la época tecnológica. En la edad de hierro se laboraba, se aprendía y se vivía según los inventos y la tecnología adquirida hasta ese momento. Progresivamente, cuando surgían logros como la luz eléctrica, los aviones, la computación y la Internet el pensamiento vislumbraba nuevos horizontes y se cambiaba la manera de vivir la cotidianidad. Así, el papel de la tecnología en la historia humana ha sido protagónico, ante todo, con el avance en las Tecnologías de la Información y la Comunicación, TIC. Desde la década de los 90, el teórico Manuel Castell (La era de la información, 1999. Ed. Siglo XXI Editores) visionó que el desarrollo tecnológico en información generaría revuelos. Dijo que es “Una revolución tecnológica centrada en torno a la información que ha transformado nuestro modo de pensar, de producir, de consumir, de comerciar, de gestionar, de comunicar, de vivir, de morir, de hacer la guerra y de hacer el amor”. La tecnología nos cambia por dentro y por fuera. El vínculo de miles años con los productos tecnológicos nos trajo a

esta etapa en la que no tenemos vuelta atrás. Sin tecnología, ni pío. La rutina y la psiquis humana están penetradas por la tecnología. La interactividad de los dispositivos y aplicaciones liga cada vez más a personas con aparatos. Pronto se conversará con ellos más que con los semejantes. Vendrá la etapa en la que conversar y comprender será cada vez menos común entre personas y más real entre humanos y máquinas. Así lo sugirió el sociólogo Zigmunt Bauman en una entrevista: “Estamos olvidando lentamente, o nunca lo hemos aprendido, el arte del diálogo”.

LA COTIDIANIDAD ENTRE APLICACIONES

Aparatos cada vez más sofisticados reconfiguran, continuamente, la manera en que a diario desempeñamos las actividades físicas e intelectuales. Son artefactos -cuya obsolescencia es cada vez más rápida- con sistemas operativos que evolucionan con celeridad. Tanto los aparatos como su infinidad de aplicaciones son cada día más sorprendentes (aunque no tanto para niños y jóvenes). Trabajar y consumir, dos de las acciones que más influyen en nuestra forma de vivir, están altamente atravesadas por la tecnología. Cada día son más imprescindibles los recursos tecnológicos que median estas

VOLVIENDO ATRÁS

dos rutinas diarias: el trabajo se basa en procesos que se realizan automáticamente, con una autonomía que pone a sobrar la mente y las manos de las personas. Y en cuanto al consumo, la mayor parte de lo que adquirimos para alimentarnos o para usar, tiene la marca de la tecnología. Pero ¿es malo o bueno tal apego a la tecnología?, ¿es correcto o incorrecto? no son cuestiones que se propone este escrito. Aquí, se convoca a la reflexión sobre la manera personal y colectiva como tejemos nuestra compleja relación con la tecnología.

ESTILOS DE VIDA

El estilo de vida consiste en un conjunto de hábitos, comportamientos y pautas que sigue una persona en su cotidianidad. Un estilo de vida se define por los patrones de conducta que caracterizan a una persona y que se evidencian en el modo en que ejecuta las acciones diarias. Actualmente, adoptamos estilos de vida que dependen, en gran medida, de la tecnología. Estamos obligados a usar artefactos y sistemas digitales en la mayor parte de las acciones diarias. De hecho, para algunos, las actividades en el mundo físico

ya son casi nulas. Lo que necesitan está en el mundo digital. Como resultado trabajadores, profesores, estudiantes, amas de casa, niños, adultos, empresarios... todos -con las debidas excepciones- necesitamos la tecnología. Nuestra vida se desenvuelve a su ritmo. De ahí los estilos de vida-que ya ni asombro generan- de algunos jóvenes: cuando despiertan se conectan de inmediato con el mundo virtual, que es más “real” para ellos. Antes de lavarse los dientes o de otras necesidades básicas inician el twiteo, chateo o whatsapeo. Para algunos jóvenes es imperante levantarse primero a la vida digital, la que habitarán gran parte del día. Tenemos pues, estilos de vida cuyo desenvolvimiento se basa, principalmente, en aparatos que comunican prodigiosamente, pero que a la vez “des-comunican” las personas. Estamos generando estilos de vida que afirman una banalización de las relaciones humanas, de la reflexión y del pensamiento crítico. La Generación.com, según marcha el influjo de la tecnología, está naciendo a una nueva realidad, la virtual, con otros significados, con otros sentidos. Estilos de vida en los que

las acciones humanas dependen cada vez más de las máquinas, configurando así un nuevo mundo; un “lugar” con formas distintas de nombrarse y de realizar actividades. Lo anterior nos recuerda que aún no conocemos una identidad definitiva del ser humano. Que cada vez son menos necesarias y significativas algunas rutinas cotidianas, pues nos estamos trasladando a nuevas realidades. Esto quiere decir que apenas desembarcamos en la vida, que venimos recién naciendo, que no nos llenemos la boca con tantos nombres inseguros, con tantas etiquetas tristes, con tantas letras rimbombantes, con tanto tuyo y tanto mío, con tanta firma en los papeles. (verso del poema “Demasiados nombres” de Pablo Neruda) Estamos adentrándonos en innovaciones culturales, sociales y cotidianas con otras formas de vivir y de comportarnos. Estilos de vida que tendrán que analizar sicólogos, filósofos, antropólogos… O mejor. ESTO, deberíamos pensarlo entre todos *Periodista. Oficina de Prensa, Universidad de Caldas.

FOTO/ARCHIVO LA PATRIA/PAPEL SALMÓN

Iglesia de Santa Bárbara en Ansermaviejo.

La población de Úbeda va ligada al tormentoso pasado de la Anserma encomendera. El leguleyo Andrés de Valdivia dio vida a Úbeda en las riberas frente a la serranía ansermeña. Fin.

Alfredo Cardona Tobón* Papel Salmón

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a historia de Ansermaviejo reposa en los archivos apolillados del Cauca y en los archivos de España, esperando que alguien la descubra y dé a conocer el pasado de la aldea paupérrima del siglo XIX y de la ciudad encomendera de la época colonial. Los cronistas de la conquista hablaron de las crueles hazañas de Jorge Robledo y en forma circunstancial se refirieron a Ocuzca y a los demás combatientes nativos que dieron la vida por la libertad de su pueblo; apenas se mienta

En las cercanías de las fuentes de sal explotadas en la época precolombina, los indígenas de las regiones de Umbra y de Guacuma levantaron las aldeas de la sal de Opirama y Mápura: la primera ubicada a orillas del río de ese nombre y la otra, cerca del actual corregimiento de Irra. Al empezar la época colonial los religiosos franciscanos establecieron las doctrinas de Tachiguí y de Quinchía al lado de las cuales se congregaron centenares de nativos dando vía a los caseríos de Tachiguí y de Nuestra Señora de la Candelaria de Quinchía, que soportaron mangas de langosta y prolongadas sequías a través de varios siglos. En 1601 las tribus de noanames, zitaraes y chocoes se unieron a las tribus panches y atacaron a varias poblaciones españolas; arrasaron a Guntras y diezmaron las comunidades de Quinchía, Guática y Tabuyo que se enfrentaron a los invasores pensando que la ofensiva era contra ellos. En el año 1684 esas mismas comunidades acompañaron al capitán Don Diego de Bolívar, Procurador General de la ciudad de Anserma, en su campaña contra los rebeldes del Citará y fueron cargueros y combatientes al servicio de los europeos en la larga guerra contra las tribus levantiscas del Chocó. La región aledaña a Ansermaviejo se despobló por la viruela y la gripe, los desplazamientos forzados, la salida de los nativos a la selva profunda para escapar a los ataques y el reclutamiento en las tropas españolas. Ante tal situación el Oidor Lesmes de Espinosa y Saravia en el año 1627 concentró a los nativos sobrevivientes en varios resguardos, entre los cuales estaba el de Tabuyo, en cercanías de Anserma. Como había tan pocos vecinos, en 1730 se agregó su doctrina a la aldea de Opirama. De ahí en adelante nada se sabe de Opirama ni de Mápura; un manto de olvido cubre la existencia de esas comunidades que parece se integraron a Guática y a Quinchía. También desapareció el pueblo de La Sabana a orillas del río Risaralda y al finalizar el siglo XIX los habitantes de Tachiguí se trasladaron a Arenales, hoy Belén de Umbría

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EL DESTINO DE ÚBEDA

La efímera vida de la población de Úbeda a orillas del río Cauca va ligada al tormentoso pasado de la Anserma encomendera, destino de frailes y aventureros, pesadilla de esclavos africanos y de los indios doblegados por la ambición y la crueldad de los cristianos. En uno de esos días grises en la loma ansermeña llegó un soldado perulero con una princesa inca y en cualquier atardecer de 1570 pisó tierra ansermeña un rústico vecino de Jaén con las alforjas llenas de oro o con una cuadrilla de africanos para arrancárselo a la tierra. El recién llegado ambicionaba títulos y tierras y para lograrlo acudió a Andrés de Valdivia, un leguleyo de palabra fácil y vastos conocimientos de las intrincadas leyes españolas, que lo representó ante el Consejo de Indias en los engorrosos y costosos trámites para conseguir la gobernación de un extenso territorio situado entre los ríos Cauca y Magdalena. El acucioso e inescrupuloso abogadillo viajó a España con dineros de su representado. Tras un año de intrigas en la corte madrileña y en las dependencias de Sevilla, Andrés de Valdivia regresó en 1571 a la ciudad de Anserma trayendo el nombramiento de gobernador, no para su cliente, sino a nombre suyo, engañando y traicionando a quien había puesto confianza en su buena fe. Se ignora la reacción del rústico vecino. Nada se sabe del destino del engañado español; se conoce por la exigua información conseguida, que De Valdivia envolvió en sus redes a otros ansermeños en su empeño de establecer la nueva gobernación. Sin embargo, la dicha del embaucador no duró mucho; pues en 1572 el Consejo de Indias le entregó una gobernación selvática, ocupada por indios indómitos, sin jurisdicción sobre los pueblos y ciudades ya pobladas. No obstante lo anterior, Andrés de Valdivia enroló en sus huestes a cuarenta y seis españoles, veinte esclavos africanos y quinientos indios sometidos con los cuales cruzó el río Cauca, desbrozó terreno, tumbó selva, levantó chozas y dio vida a Úbeda en las riberas frente a la serranía ansermeña. Úbeda fue un mero espejismo, un sueño imposible en medio de un territorio malsano y enemigo. No había oro para robar ni tributos para cobrar; así, en medio del calor y los zancudos, el carácter de Andrés de Valdivia, de por sí dicharachero y simpático, se fue tornando agrio y malhumorado hasta convertirlo en un dictador odiado por todos. El 16 de octubre de 1576, en plena temporada de lluvias, los ruidos de los grillos velaban el sueño de los residentes de Úbeda. De pronto una algarabía se confundió con el lejano aullido de los perros de monte y una turba coaligada de esclavos y aborígenes irrumpió en el poblado. Ardieron los ranchos, las pavesas encendidas se perdieron entre el follaje de la selva, la sangre española empapó las callejuelas y el Úbeda americano desapareció para siempre *http://www.historiayregion.blogspot.com


|DIRECTOR NICOLÁS RESTREPO ESCOBAR | EDITORA GLORIA LUZ ÁNGEL ECHEVERRI|DISEÑO VIRGILIO LÓPEZ ARCE| CIRCULA CON LA PATRIA TODOS LOS DOMINGOS |CRA 20 NO.46-35. TEL 878 1700 |IMPRESIÓN: EDITORIAL LA PATRIA S.A |E-MAIL: salmon@lapatria.com

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DOMINGO 20 DE SEPTIEMBRE DE 2015

INTERLUDIOS

CONVOCATORIA

Gilipolleces

POESÍA

A

Sebastian Estrada Robledo* Papel Salmón muchos autores importantes del siglo veinte los leemos no en español, sino en germanía (la germanía es la jerga del hampa, por decirlo rápido). El guardián entre el centeno, publicado por Edhasa y traducido por Carmen Criado, es un amasijo de puñetas, chavales, gamberros y macarras; los libros de relatos de Carver, publicados por Anagrama, tienen belitres, ¡hostias!, chiringuitos y majezas; el nuevo libro de Umberto Eco, Número cero, que acaba de publicar Lumen, tiene desde el comienzo gilipollas, un par de perras (poco dinero), pringados, y la primera línea de Moby Dick es citada así: “Llamadme Ismael”. Los ejemplos sobran. El problema no es que pongan cártel, vídeo, chófer, cóctel, ir a por él, pues así habla allá todo el mundo, sino que escriban estáis flipando, bribones, guay, tarambanas, fulleros, currar, pichas, pijas, follones, ¡venga!, ¡joder!, ¡coño!, ¡recoño!, ¡la madre que lo parió! Estas expresiones también son de allá, pero no son inevitables en los libros. La prueba es que en las obras de Javier Marías, Javier Cercas, Arturo Pérez Reverte y Juan Benet, por ejemplo, el castellano usado es otro. Claro, se cuelan gilipolleces y tíos, está el vosotros y el vamos a por ellos, pero en términos generales el idioma se parece mucho más al nuestro que el de las traducciones. De suerte, entonces, que los escritores españoles resultan para los colombianos mucho menos españoles que los traducidos. Imaginémoslo al revés: los ciudadanos de España leyendo a Céline, a Sebald y a Knausgard (los pongo a propósito, pues algunas de sus traducciones no parecen al español, sino al catalán o al vizcaíno) en colombiano. Es decir, un libro con parceros, garbimbas, líchigos, berracos, recocheros, cantaletas, tragas, guayabos, cosas chéveres, bacanas y chimbas. A mí me parecía un atropello y compadecía nuestra suerte, pero una afirmación cogida al vuelo me sembró la duda y ya lo he examinado: así leemos no porque nos toque, sino por fascistas. Que los colombianos lo sean hoy vaya y venga, pues todo contribuye a la causa; el problema es que lo han sido siempre. En todo el XIX el país lo fue (y prácticamente de ahí surgieron las tantas guerras intestinas de ese siglo), pero como eso es historia patria, y por ende irrelevante para la mayoría, dejémoslo de lado. Lo asombroso ocurrió el siglo pasado: un número considerable de colombianos simpatizaron con Hitler e hicieron fuerza para que –tal como en efecto ocurrió– no se les diera refugio a los judíos que huían de la guerra; durante el macartismo y años posteriores toda Latinoamérica se enfrentó a la conducta de imperio de Estados Unidos, salvo Colombia (espíritu que sigue intacto: a menudo se oye la queja de que Estados Unidos no ha invadido a Venezuela; esto explica, además, el odio que sus compatriotas le profesaban –y profesan– a García Márquez); y para rematar, mientras el mundo entero abominaba de la dictadura de Franco, aquí admiraban su gobierno católico, ortodoxo, conservador y romano, muchos diplomáticos lo visitaban en éxtasis, sus lineamientos permeaban todas las instituciones colombianas, y hasta no era infrecuente que la gente se supiera el himno de la Falange. Así que en Colombia no va a pasar como en México y en Argentina, donde se rebelaron hace mucho y disponen de traducciones comprensibles, sino que seguiremos leyendo gilipolleces sebastianestrad@gmail.com

El Instituto Nicaragüense de Cultura convoca al Premio Internacional de Poesía “Rubén Darío 2015” cuya fecha de cierre es el próximo 15 de octubre. El tema es libre al igual que la métrica y forma de composición, con una extensión mínima de 500 versos. Se presentarán en tres ejemplares impresos y no serán consideradas com-

posiciones enviadas por vía electrónica. Los trabajos se harán llegar por correo certificado al Instituto Nicaragüense de Cultura, Oficina del Departamento de Literatura. Gran Hotel. Managua, Nicaragua. Se otorgará un único premio de cinco mil dólares (16 millones de pesos aprox.) Informes en www.escritores.org

RECOMENDADOS DIME SI EN LA CORDILLERA SOPLA EL VIENTO

Las dimensiones de la memoria Ángel Castaño Guzmán* Papel Salmón

T

odo en Dime si en la cordillera sopla el viento, la novela del poeta y académico bogotano Samuel Jaramillo, comienza y culmina en la fotografía de tres féminas situadas en las fronteras de la adolescencia y la madurez. En los límites de la imagen el narrador, con parsimonia y buen pulso, va descifrando los enigmas de su historia familiar, las esperanzas truncadas por las borrascas de la violencia que en los rostros de las niñas apenas despuntan. Frente a ese vestigio de la memoria y echando mano de los recuerdos propios y ajenos, la voz que acompaña al lector las 421 páginas del volumen reconstruye paso a paso, haciendo encajar las fichas del rompecabezas cuando se puede, un entramado de hechos y vivencias primordiales para el clan Polanía Escobar. El libro no se limita a hablar de los miembros de una estirpe campesina del Huila, de la empresa de Jesús Antonio de convertir las hirsutas tierras de Diamantina en una hacienda productiva y el hogar de su prole, y la no menos difícil campaña de Cleotilde, su cónyuge, de conquistar el respeto de los signados con un apellido de postín y fortuna acorde. Sin descuidar los detalles domésticos, Samuel Jaramillo pretende, y en ciertos pasajes lo logra, darle un perfil nítido a los fenómenos macrosociales de la primera mitad del siglo XX colombiano. Elvira, Alicia y Susana son los nombres de las chicas, hijas las dos primeras de la pareja mentada arriba. Susana, por su parte, viene del encuentro azaroso de una

jovencita del Tolima y un mozo casi fantasmal: de él solo se conserva el nombre. Y, a pesar de ser vástagos de diferentes troncos, las tres han tendido lazos de hermandad, haciendo a un lado las prevenciones de Cleotilde y el omnipresente runrún de los pueblos pequeños. Alicia y Susana, ya entradas en años, con un pasado aciago, guían las pesquisas del narrador, afinan su olfato y le revelan acontecimientos hasta ese momento dejados en el olvido. Elvira, en buena medida, es el centro de la acción, como lo es de la fotografía: al ser la más hermosa atrae las miradas. Sobre ella brilla un breve sol de felicidad justo antes de desatarse la tragedia. El lector las sigue en el largo recorrido que va del instante del fogonazo de la antigua cámara fotográfica hasta la vida gris en la Bogotá actual. En Dime si en la cordillera sopla el viento suceden muchas cosas, todas ellas sometidas al arbitrio de un relator-personaje muy consciente de los mecanismo de la literatura –no en vano ha publicado algunos poemarios, es dueño de una librería de viejo y ejerce la docencia universitaria–. Los aparentes desvíos de la historia central obedecen a una estrategia, visible cuando la lectura ha concluido. A veces el excesivo protagonismo de Juan Carlos, el primo del narrador, desconcierta. Pero, y este es uno de los méritos de la novela, al final no hay piezas sueltas. Bueno, salvo una: la irrupción de Hans, trasunto de Carlos Ledher. Quien cuenta brinda las explicaciones del caso, no satisfactorias plenamente. Una tacha menor, la verdad JARAMILLO, Samuel. Dime si en la cordillera sopla el viento. Alfaguara. Bogotá. 2015. Pp. 424. $47.000.

salmon sept 20  
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