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La capital de Caldas cumple 163 años el próximo 12 de octubre

EDICIÓN 1.039 domingo 7 de OCTUBRE de 2012 Manizales - Colombia

creación y vida

Manizales Armando Solano

James Bond: 50 años y continúa espiándonos

El espía que surgió del sexo (II) Hugo Chaparro Valderrama

Cerca de mil personas debatieron

Ecos del IV Congreso Colombiano de Filosofía German Sarasty M.

La población de Quinchía es más víctima que victimaria

Boleta de captura Alfredo Cardona Tobón

Impre(ci)siones

Cleopatra en blanco y negro

Foto|Archivo LA PATRIA|Papel Salmón

Camilo Gómez Gaviria

Incendio de la catedral de Manizales en 1926


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domingo 7 de OCTUBRE de 2012

domingo 7 de OCTUBRE de 2012

James Bond: 50 años y continúa espiándonos

El espía que surgió del sexo (II)

de omada Foto|T gspot. .b p .b lo http://4 almón apel S com|P

with The Man n Gun e the Gold del re (El homb e oro) d r e lv revó r on Roge -1974-, c Moore. Para C, el Q redondo y chaparro al que siempre le ha gustado Bond.

Hugo Chaparro Valderrama* Papel Salmón

L

a broma del peligro consiste en frivolizar a sus enemigos: en License to Kill, el narcotraficante modelo Manuel Antonio Noriega, caricaturizado por Franz Sánchez (Robert Davi), un actor con la misma piel de textura lunar que horadaba el rostro del dictador panameño, tiene como mascota a una iguana con el cuello decorado por un collar de diamantes; manipula al presidente de la República de Isthmus -interpretado como una obviedad racial por Pedro Armendáriz Jr.-; negocia con los Contras nicaragüenses; sus delincuentes escuchan a todo volumen La Bamba mientras conducen camiones repletos de cocaína -100% pura, 100% colombiana-; lo apoya un joven esbirro llamado Benicio del Toro, sobreactuando su maldad para subrayar la visión distorsionada del mundo tropical según el ojo británico -al contrario del yuppie modelo Wall Street que lleva correctamente los negocios de Sánchez y se preocupa por la ruina económica de su imperio-; sucumbiendo Mr. Sánchez a su codicia, como

Foto|T omada de http://w ww. filmed ge. net|Pap el Salm ón

Foto|Tomada de http://4.bp.blogspot.com|Papel Salmón

On Her Majesty’s Secret Service (Al servicio de su majestad) -1969- con George Lazenby.

naufragó Noriega, encajando ficción y realidad cuando la invasión de Estados Unidos a Panamá para derrocarlo y el estreno de License to Kill fueron el mismo año: 1989. La evolución del espía se revela por la forma de una filmografía que a principios de los años 60 definió un estilo y avanzó en el transcurso de una veintena de historias -y las que vendrán reciclando sin pausa la fórmula-, demostrando el culto por la pirotecnia visual en el cine de acción; respirando las tramas y los dramas de Bond el aire de las reiteraciones, la parodia y el antagonismo con sus enemigos, esencialmente crueles y sin matices que nos puedan explicar su locura y los motivos de su odio por la humanidad. ¿Quizás el jefe de SPECTRE, al que conocemos con una combinación sonora capaz de evocar el nombre de un nazi, Ernst Stavro Blofeld, sufrió de niño el abuso de sus mayores? ¿La perfidia de Rosa Klebb se debe tal vez a un trauma resuelto con la terapia del crimen? ¿Comparte su pesadilla con otra asesina a órdenes de Blofeld, Irma Bunt, encarnada por la figura maciza de la actriz alemana Ilse Steppat, quien murió poco después de que se estrenara On Her Majesty’s Secret Service?

La variedad hecha novedad aventajó a James Bond en la parodia televisiva que se hizo del espía. Get Smart (El Super Agente 86) se burló del macho inglés desde 1965 hasta 1970 con el humor que admitía cualquier extravagancia de la torpeza a la manera del James Chambond que sería Maxwell Smart (Don Adams), equilibrado por su compañera, la Agente 99 (Barbara Feldon), y por su jefe (Edward Platt). CONTROL se enfrentaba en Get Smart a la versión absurda de SPECTRE: KAOS. El ingenio de sus creadores, Mel Brooks y Buck Henry, desvirtuaba el artificio: la inteligencia de M -el jefe del Servicio de Inteligencia Secreta que envía a James Bond a muertes seguras en cada aventura-; la hipersexualidad del espía original -Smart era de una incompetencia erótica frustrante-; los términos de la arrogancia, risibles para un mediocre, amparado Smart como Bond por la bondad del azar, inspiraban la complicidad que puede sentir el público cuando se ríe con y del actor que está en la pantalla. Aparte de Steppat, On Her Majesty’s Secret Service ocasionó otras dos muertes: la muerte para las aventuras de Bond del actor George Lazenby luego de prestarle sus servicios secretos a su majestad para desencanto de ella, y la muerte de Tracy

Casino R o -2006- co yale n Daniel C raig.

Di Vicenzo, protagonizada por Diana Rigg, la única mujer capaz de atrapar a Bond al servicio exclusivo de su placer conyugal, un momento de tanta felicidad que la tragedia aprovecha para destruirlo todo después de la boda con el disparo que Irma Bunt le hace desde su automóvil, invirtiéndose los términos de plenitud vividos en otros finales sensuales en los que Bond acaricia a la ninfa de turno y aguarda lo que le traiga el destino mientras se enrosca en sus brazos.

Los efectos especiales y el énfasis en el tratamiento visual de las películas alcanzaron una dimensión capaz de rebasar la ilusión del cine, transformándola en una alucinación cuando se estrenó Live and Let Die. Atrás quedaba el reinado de su majestad viril, Sean Connery. Los créditos diseñados por Maurice Binder para la presentación del nuevo folletín James Bond con movimientos de discoteca, fueron acompañados por un músico diferente al que impuso la tradición en la serie, John Barry, siendo Paul McCartney, su esposa Linda y The Wings, quienes compusieron y cantaron el tema de la película con pretensiones de filosofía juvenil para aumentar la autoestima -“When you were young and your heart was an open

book, you used to say live and let live… But if this ever changing world in which we live in makes you give in and cry, say live and let die…”-. Barry regresaría en el siguiente episodio, que describe de manera accidental con su título la potencia del espía: The Man with the Golden Gun (El hombre del revólver de oro). El malvado de turno fue Christopher Lee -el Drácula británico de los años 60 al servicio del horror estilo Hammer Films-, como un villano de aire latino en su nombre, Francisco Scaramanga. El único engendro que aventaja a las mujeres de Bond cuando se descubre y revela tres pezones que brillan como cíclopes sobre su pecho.

El verbo de Ian Fleming hecho carne en los distintos James Bond que ha tenido la serie -Connery, Moore, Lazenby, Dalton, Brosnan, y el más terrenal y humano, Daniel Craig-, presentada a la manera de un folletín cuando al final de cada película se puede leer James Bond will return, explota la nostalgia por los escenarios turísticos, mostrados con la gracia de una tarjeta postal, transformados en escenarios del riesgo. Cada película es un álbum de fotografías, animadas por el movimiento del cine para recordar sus vacaciones con balas alrededor del planeta o en el espacio exterior. El estilo Bond es chic sin fronteras. Puede viajar donde quiera y en cualquier lugar será el ideal de un enclenque con ilusiones hercúleas. Trajes de baño, calzoncillos, tuxedos, ropa informal, lucen con el estilo de Elle, Vogue, Glamour o Esquire en el cuerpo del espía. James Bond anticipó a los hombres -y mujeres- que desvistió Calvin Klein. Su espacio natural es la publicidad. Venderse a sí mismo como un perfume exquisito. Con un aro-

ma agridulce cuando Daniel Craig sufre arañazos, torturas, ¡frustraciones amorosas!, en Casino Royale y Quantum of Solace. Tan seco como un martini, con apariencia de hooligan buscando a quién golpear, el rostro endurecido, la mirada melancólica o rabiosa, apresurado y nervioso en su manera de andar, Craig parece un felino siempre a punto de morder al que se cruce con él. Cuarenta años después de la primera película, la tradición de Sean Connery heredada por Daniel Craig enseña la evolución del espía. James Bond en la piel del rubio es más vulnerable. Aparece con el rostro herido por la violencia que explota. También es un vanidoso, pero mucho más sensato que otros 007, consciente de que su oficio es el de un asesino al que la suerte también le puede fallar un día -como sucede en Venecia cuando su novia se ahoga durante una secuencia de tono surrealista en la que un edificio naufraga mientras que Bond se descubre impotente ante la muerte que asedia y potencia el drama en Casino Royale-. Incluso es torturado por un villano sin alma que le golpea los testículos -su posesión más amada-, descubriéndonos la cámara al espía desnudo por primera vez, rabiando por el dolor sin perder la dignidad -“¡No!”, grita por la comezón, “¡A la derecha! ¡A la derecha!”. Después se ríe de manera desquiciada mientras le dice al villano: “¡Ahora todo el mundo sabrá que murió rascándome las pelotas!”. Aunque el dolor sea profundo, el espía nunca pierde el sentido del humor para enseñar su vigor. El mundo se transformó y Bond no fue indiferente. La lucha por el poder; por la venta de armas y el control de un mercado en el que los rusos fueron malvados de caricaturas que enaltecían a la inteligen-

cia británica; por escapar hacia el mundo submarino o el espacio sideral donde los hijos de Hitler pudieran crear otra raza; diseñando los villanos maquinarias tan sofisticadas como satélites y rayos láser capaces de partir en dos la Tierra, fueron recursos agotados por su reciclaje. En Quantum of Solace la lucha es por el agua. Una batalla ecológica con matices coloniales de carácter filantrópico: como Bolivia no puede resolver sus pesadillas, necesitan a un soldado, un mercenario, un vengador justiciero, que solucione el atraso con el poder de su imperio. Sería imposible no hacerlo cuando la reina podría sufrir de sed en la corte. Bond salva a la humanidad con la fórmula del Lone Ranger cabalgando -y amparando- a Tonto: las armas del blanco amedrentando a los indios.

La utilería reinventada. Dictadores latinoamericanos en versión inversamente obesa a los músculos de Bond, manipulados por criminales franceses, en el calor y el sudor que define al trópico según Quantum of Solace, son antigüedades temáticas que respiran en el cine, sobreviviendo en un tiempo más cínico y desalmado que los distantes 60, desinhibido en el sexo -gracias, en parte, a las virtuosas lecciones de los movidos 60-, cuando el televisor es un videojuego de guerra -sombríamente real-, deslizándose el espía como un guante en la mano que se acomodó al futuro para seguir disparando con la ética expresada por un funcionario inglés que le dice a M en Quantum of Solace: “Si no negociáramos con villanos, no habría casi nadie con quién negociar. Lo correcto o lo incorrecto ya no importan. Actuamos por necesidad”. En otras palabras, según el credo de Die Another Day, “lo que para algunos

es un terrorista para otros es un combatiente de la libertad”. No sobra recordar la advertencia que le hace a Bond un soldado del ejército norteamericano en Tomorrow Never Dies: “No queremos una Tercera Guerra Mundial, a menos que la empecemos”. ¿Se enfrentaría entonces Bond a sus antiguos aliados? ¿O exclamaría tal vez “¡Sálvese quien pueda!”, siempre y cuando los primeros en salvarse del naufragio sean los británicos, sobre todo las británicas?

El mundo de Bond no es amable. Mucho menos bondadoso. Pero nos puede enseñar al bruto noble que vive entre una masa de músculos. La versión salvaje de La Criatura de Frankenstein revivió en la serie, vulgarizada y cruel. Jaws (Richard Kiel, un actor con dos metros de altura, atormentado por la acrofobia), amenazó al espía con sus dientes de metal, tratando de morderle el cuello como un vampiro de hierro en The Spy Who Loved Me. Su carácter de asesino monolítico y aparentemente subnormal reveló otra faceta cuando una muchachita de rostro y ternura cursis lo suavizó en Moonraker. Hizo del monstruo un tonto enamorado. Tanto así que Jaws, cuando Bond desata la inevitable explosión que incendia cada película, luego de mirar los ojos de su mini Barbie, se conmueve y decide salvar al espía, repitiendo el gesto de Grace Jones en A View to Kill. Dos villanos redimidos por sus pasiones tortuosas. Una idea incoherente para las guerras a muerte en el ámbito de Bond. Aunque una idea preferible al cinismo del espía que surgió del sexo y fue un semental cargado al servicio de la reina *Laboratorios Frankenstein©

Foto|T omada de http://j r1990. files.w ordpr ess. com

omada Foto|T p://1. de htt gspot. lo bp.b almón apel S |P m co

let Live and deja y e iv die (V 739 -1 r) ri mo r e g con Ro Moore

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Foto|Tomada de http://www.cartelespeliculas.com|Papel Salmón

Tomorrow Never Dies (El mañana nunca muere) -1997con Pierce Brosnan

Quantum of Solace (Quantum -2008- co ) n Daniel C raig.


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Este texto fue escrito en diciembre de 1927. Manizales “…diariamente elimina una dificultad, subsana una deficiencia, pone una piedra en el camino hacia el mañana…”. Visión. Armando Solano* Papel Salmón

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o produce Manizales, como tal vez ella misma lo desea, la impresión de un vasto taller donde cada obrero se afana por cumplir la tarea cuotidiana (sic). A mis ojos, siempre propicios a la ilusión, y que gustosos cambian la realidad por el miraje, se ha mostrado Manizales como una colmena ejemplar, en donde el trabajo es la única expresión de la vida. Los artesanos, gozosos, esgrimen martillos y cinceles, trepados en los andamiajes laberínticos, que en conjunto parecen una muchedumbre innumerable de mástiles anclados en mar quieta y espléndida. Y el conjunto de los golpes y de los tanidos (sic) y de las voces que caen del cielo, es un himno alegre, tonificante, un motivo de lírica energía, un clamor de victoriosa procesión. En ninguna parte me ha parecido menos rudo, más ligero y sonriente el trabajo que en Manizales. Aquí, las gentes hallan en él objetivo insuficiente para su dinamismo potencial. Se trabaja, se lucha, con espontaneidad, con frescura, con brío. Lo arduo les inspira a los hombres una satisfacción orgullosa. Si es preciso destruir una montaña, colmar un abismo, talar un bosque, subir al dorso erizado de la cordillera la locomotora gallarda y trepidante, el manizalita encuentra apenas tarea adecuada para sus ansias combativas. Hay una emulación varonil, un íntimo deseo de vencer, una chispa emanada de los mitológicos conflictos entre divinidades, en este amor al esfuerzo gigantesco. La fortuna sin duda atrae con sus blanduras a los titanes de estos riscos, que en la adolescencia muchas veces logran dominarla del todo. Pero es independiente de la ambición el deseo de trabajar. Función fisiológica, expansión ineludible de un equilibrio pleno y maduro, de una desbordante vitalidad, el trabajo en Manizales nunca generará cóleras, venganzas ni batallas, sino frutos de bendición. Pues aquí no se conoce el trabajo esclavo ni se siente el peso de castas parasitarias. La alegría es la labor, el concepto dionisíaco de la vida, reencarnado e intensificado por el Renacimiento, y que en nuestra época se quiere imponer mediante algunos postulados políticos, gobierna el progreso de Manizales, discurre por las arterias de este pueblo que quizá ignora su propia armonía íntima y cree de buena fe, como el resto del país, que su alma es tan áspera y cerril como las apariencias de su envoltura material. Aquí es dable crear gozosamente. Y el hijo de esta comarca feliz vive lanzado a la aventura por el espíritu del colonizador, del fundador. En donde quiera que puede, erige un nuevo centro, agrupa hogares, acumula propósitos de grandeza, funde latencias de prosperidad, amasa los comunes anhelos y le ofrece a la raza un campamento, un punto de apoyo para las futuras conquistas. La ciudad siente el orgullo infantil de hacernos creer a quienes llegamos a las puertas nunca cerradas de Manizales, que la tarea impuesta por la naturaleza es excesiva, superior a sus fuerzas. Y por ella vive. Y diariamente elimina una dificultad, subsana

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Manizales

La capital de Caldas cumple 163 años el próximo 12 de octubre

Antigua Plaza de Bolívar de Manizales.

una deficiencia, pone una piedra en el camino hacia el mañana, precipita a los valles por una red de arriesgadas, de milagrosas comunicaciones, el producto del suelo, y en pie sobre las rocas que ha de triturar, con la mirada encendida por el optimismo y el corazón limpio de turbias pasiones, canta en cada atardecer la esperanza siempre renaciente. No, sus trabajos no están tocados por el azote bíblico, no tienen la melancolía del castigo, no envenenan las relaciones entre los hombres. Ellos pulen y suavizan el espíritu colectivo, acentúan la selección de un original grupo étnico, acrecientan una riqueza que ya es considerable, y levantan en Manizales una enseña y un faro hacia los cuales ha de marchar el vacilante y confuso espíritu nacional. Porque -es otra de las fases de la ciudad que más nítidamente veo y que me han impresionado con mayor fuerza- Manizales, urbe netamente colombiana, cuya creciente grandeza es debida no al cimiento colonizador sino al empuje de la república, es un foco de patriotismo comprensivo y eficaz, que está preparado por la adivinación del porvenir y por el imperio de invencibles atavismos, para la campaña nacionalista, estrechamente nacionalista, que el tiempo exige de todos nosotros. Yo he sentido latir en Manizales el corazón de la patria con igual vehemencia que, bajo la mano del cazador, el corazón inquieto del ave prisionera. Aquí se advierte un ritmo de vida nacional, una

preocupación global por las cosas del país, un culto bello y sencillo a las insignias y a los símbolos de la nación, una mancomunidad de intereses, de recuerdos y de aspiraciones con las otras partes de Colombia. En la tierra que llevo recorrida del occidente -diferenciada hasta lo increíble del oriente silencioso, parco y retrasadoManizales, lo digo para rendirle el tributo de agradecida admiración, ha sido el centro de una fraternidad colombiana más viva y real. Los viajeros se dan cuenta del cambio, de los matices. Y al descansar en el seno de esta villa cuya hospitalidad castellana, pródiga y afectuosa, parece calcada en las páginas romancescas donde aprendieron a leer los doctos licenciados que vinieron de España, comprendemos, o más bien sentimos, que no somos extraños, que nuestra ausencia de este hogar era injustificada, que teníamos desde toda la vida un lugar listo cerca del fogón familiar para ahuyentar el hielo de los desencantos y charlar en larga velada, de las cosas que a todos los colombianos interesan por igual. Mucho se habla, los hijos de Caldas tal vez más que los extraños, de la exclusiva consagración de este pueblo a las cuestiones económicas, al comercio, a los negocios, al progreso material. Y sin embargo, de todas sus actividades fluye un sentimiento de abnegación patriótica, de entusiasmo civil, de previsión colectiva, todo, en fin, aquello que brota sólo de las ciudades que po-

seen una rica historia, que han llorado y gozaron en las horas críticas de su vida, que tienen amasada una tradición que duerme en ingentes archivos, y cuyo espíritu se troquela y se macera en las luchas adversas o felices de un largo pasado. Manizales tiene una cultura. Aquí las cosas ya están diferenciadas, apisonadas en estratos homogéneos, y al curioso le es fácil ejercitar su deseo de clasificación. Manizales, martirizada y purificada por las llamas, que atrajeron hacia ella en espléndido homenaje las mejores muestras de inequívoca solidaridad, está entregada casi por entero a la obra de su reconstrucción. Apenas si ha puesto a un lado momentáneamente los materiales con que construye flamantes palacios, soberbias instalaciones mercantiles, templos, hoteles, oficinas, para recibir a quienes la visitan con ocasión de sus magnos festejos. Y sin embargo, la noble sencillez de su acogida, el brillo discreto de sus fiestas, la vida de sus centros sociales, el hallazgo no raro aquí de espíritus inquietos y penetrantes, delatan un proceso de interior pulimento que, francamente, no era esperado. Bástame decir, para dejar heridos ciertos prejuicios sabaneros, que aquí resultaron mucho mejor organizados los bailes que las exposiciones industriales. Si estuviera escribiendo una revista, no vacilaría en decir que la anunciada exposición no tuvo grandeza ni estilo. Mi propósito es otro. Dar en lo po-

sible una visión sintética de la ciudad, lo cual es útil entre otras cosas porque dentro de cinco años nada existiría de cuanto vi en la villa antigua. Ahora, el contraste es visible y es atrayente. Existen calles de un desnivel heroico. Los automóviles suben aquí en un solo arranque pendientes dignas del cable aéreo. Hay rincones donde el tráfico se hace por escalones, por gradas talladas en la tierra y casi verticales. Vi a un enamorado suspendido entre la tierra y el cielo, milagrosamente sostenido en uno de esos peldaños, y que charlaba plácidamente con su novia, colgada sobre su cabeza en un balconcito inverosímil, como un nido fantástico, cinco metros más arriba. Y hay parques, paseos, hipódromos, sitios de expansión, para ascender a los cuales el forastero se da por muerto. No así el manizalita, ni mucho menos la manizalita, para quien el viaje suicida por el cable a Villa María es un deporte cotidiano. Y bien. Al lado de esta villa tortuosa, elévase blanca, tersa y sólida la ciudad moderna, esculpida en la agria roca por un potente derroche de voluntad. La ciudad que después de un lustro no será igualada sino difícilmente por otras capitales. Viendo esto, dándose uno cuenta de que aquí la edificación del lote, la invención del suelo, es más costosa que la erección del edificio, comprende el amor del nativo al Manizales que ha sido literalmente amasado por sus manos y animado por su espíritu. Cuando el viajero afirma su paso en el bullicioso y rico mercado público y ahí oye contar cómo el lugar que la plaza ocupa era un lago profundo, de aguas turbias y aviesas; cuando entra a la estación central del ferrocarril por un gran túnel y advierte en derredor que todo ha sido cincelado, burilado en la montaña, se siente orgulloso de ser siquiera el hermano remoto de estos dinamos que piensan

Calle 11 hacia la calle real en el antiguo Manizales.

y cuya energía es obra imperecedera. Manizales, quiero anotarlo como una de las paradojas que llenan la historia patria, es hija de la guerra. Antioquia acumulaba allí, por razones de estrategia y de topografía, los hombres, el dinero, los víveres, cuanto juzgaba necesario para defenderse contra las agresiones del poder central. Este, a su vez, al lado opuesto del mismo farallón, concentraba sus efectivos y sus provisiones. De donde surgió un núcleo neutral de proveedores, de negociantes, que le dieron impulso a la joven población. Sin embargo, es quizá imposible encontrar ciudad en donde los recuerdos guerreros vibren más apagadamente. Más aún, la política me parece muerta aquí, peligroso y grave mal. Académicamente no hay quien se niegue a divagar un rato sobre matices ideológicos. Pero ha desaparecido toda combatividad, a pesar de que se siente un predominio de ideas y personajes exóticos, que mutilan la independencia espiritual y humillarán a un centro mucho más pequeño que Manizales.

Fotos|Archivo LA PATRIA|Papel Salmón

La construcción de la catedral basílica de Manizales duró cerca de diez años. Se terminó en 1940.

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Y esto me sugiere una disgresión (sic). En Bogotá se habla del cacicazgo de Manizales como de algo tiránico, absorbente, vergonzoso. Y el cacicazgo existe evidentemente. Sólo que aquí recuerda uno a Guillermo Camacho cuando defendía esa inevitable calamidad. En efecto, los caciques de Caldas luchan con tan encendido afán y tan denodado brío y tan granítica tenacidad por el progreso del terruño, que casi le pagan la idolátrica pleitesía que les rinde. No tengo vocación para tratar por escrito el tema femenino. La tuviera, quizá me detendría a explicar cómo la índole de la mujer de Manizales excepcionalmente comprensiva y práctica, de una inteligencia despierta, amplia y flexible, sin merma de la gracia ni de la sensibilidad que tan divinamente brillan y tiemblan en las mujeres de nuestra altiplanicie, ha sido acaso el factor primordial de la cultura y de la prosperidad de esta tierra. Las abuelas de treinta años, bellas y prudentes, con quienes uno habla aquí, nos desconciertan y nos encantan. Por ellas tienen vida inalterable las costumbres puras y sencillas. Por ellas, simultáneamente fuertes y tiernas, estos hombres pueden llenar su misión sin tormentos y sin zozobras. Manizales, como les pasa a todos los pueblos, como nos pasa a todos hombres, no graba en el observador la impresión acerada, imponente, que de seguro desea. Nada tiene de taller ni de bodega. El viajero asiste al soberbio espectáculo de la reconstrucción y advierte, claro es, el empuje avasallador del pueblo que ha convertido sus cenizas en cemento y en mármoles. Pero comprende que no se gasta en esa empresa toda el alma de la ciudad, más bien parece que ella desea dejar pronto de mano la herramienta, y mostrarnos, risueña, el esplendor de sus espirituales galas. Y el manizalita de raza no muestra con acendrado orgullo las fecundas heridas que su brazo le ha inferido al basalto, sino, en las mañanas de azul virginal, la mole argentada del Ruiz, que esplende, bruñido y sereno, como una promesa de paz y de ventura. Yo vi en esta ciudad perentorias afirmaciones de fuerza, de orgullo industrial, de hondo espíritu público. Admiré ciertas faces (sic) de la organización urbana. Medí las dilatas proyecciones de ambición que clava en el futuro. Conocí sus planes colonizadores, las rutas por donde lanzará los heraldos de su comercio y los precursores de su dominio. Y sin embargo, me iré creyendo, porque no lo puedo remediar, que este pueblo encarnaría gustosamente su ideal en materias menos duras que el hierro y que posee capacidades para crear obra desinteresada y palpitante y estética, que él no ha querido descubrirse. Incrustada en su risco ahora accesible, rodeada de un paisaje que tiene del cataclismo geológico y de la idílica pradera, Manizales me sugiere mejor la tibieza, la fecundidad y el amor de un nido, que la helada estridencia de una fábrica. Y sin embargo, su vanidad estriba en ser horno, crisol, algo que hierve y crepita. El porvenir, aún oscuro, dirá si tiene razón la ciudad o el oscuro viandante que un día tocó a las puertas nunca cerradas que ennoblecen sus armas *Paipa (Boyacá) 1887. Era abogado y periodista. Fue fundador, en 1913, de un periódico llamado La Patria que duró solo hasta 1917.


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domingo 7 de OCTUBRE de 2012

Sobre el arte

Cerca de mil personas debatieron

Ecos del IV Congreso Colombiano de Filosofía No es posible pensar el hombre y el mundo por aparte. El texto y el cuerpo nacen, se desarrollan, mueren y renacen. Hay una comunidad pensante que trabaja silenciosamente. Planteamientos. German Sarasty M* Papel Salmón

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a Sociedad Colombiana de Filosofía y la Universidad de Caldas brindaron en Manizales durante una semana (del 24 al 28 de septiembre) a más de mil personas, la oportunidad para reunirse, exponer sus puntos de vista, debatirlos, enriquecerlos y en general aprender entre todos. Para lograr la calidad académica del evento se contó con el apoyo de las universidades: Nacional de Colombia, Jorge Tadeo Lozano, Antioquia, del Valle, El Bosque, Pontificia Bolivariana, del Rosario, Javeriana, EAFIT y de Cartagena. Las presentaciones se organizaron en veinte simposios, dieciséis mesas temáticas y siete conferencias plenarias, que ofrecieron la posibilidad de escoger entre una amplia gama de planteamientos y expositores tanto nacionales como extranjeros, entre los cuales estaba Chile como país invitado. En los simposios se contaba con temas como: bioética, democracia y educación, epistemología y filosofía de la ciencia, filosofía de la mente, filosofía del lenguaje, historias e historiografías de la filosofía en Colombia, pensamiento colombiano, retórica, persuasión y autoengaño, etc. En cuanto a lo expuesto en las mesas temáticas tuvimos: estética, ética, fenomenología, filosofía francesa, filosofía latinoamericana, filosofía política, hermenéutica, etc. Se pudo escoger en los simposios entre 151 exposiciones y en las mesas 222.

Algunas exposiciones

Sería irresponsable hablar de lo no

escuchado, así que me referiré así sea en breve a los planteamientos de los expositores de algunas a las que asistí. Carlos Alberto Sanabria de la Universidad Jorge Tadeo Lozano en “La pregunta del cuerpo”, parte de lo afirmado por Heidegger sobre el hombre, que es un ser-en-el-mundo, como un rasgo fundamental del modo de ser del hombre, como algo que constituye su existencia. Así pues, no es posible pensar separadamente el hombre y el mundo. Por eso en la esencia de aquel acontece la Filosofía. Establece la relación entre el pensar y el arte, y entre éste y el cuerpo, de tal forma que el cuerpo se objetiva para su representación artística y así se logra en esa recomposición la práctica artística y la producción académica (el cuerpo como instrumento de expresión). Por su parte Ricardo Arcos-Palma de la U Nacional en “Roland Barthes y el corpus textual” hace una bella comparación de un texto con un cuerpo, pues ambos tienen iguales características, nacen, se desarrollan, mueren y renacen (cuando un lector lo retoma). “Leer es invitar al cuerpo a actuar”, “Leer es dar forma al texto. La lectura es el gesto del cuerpo”. Muestra además cómo un placer solitario como la lectura, puede llegar a ser colectivo en un murmullo y comunidad de cuerpos. El texto como objeto del placer, cuando lo desnudamos como lectores. Pablo Oyarzún en “La verdad y su doble”, presentó un profundo análisis sobre el libro de Stephan Swift “Cuento de un tonel”, con unas consideraciones que nos han dejado si no perplejos por

lo menos absortos. Nos expuso sobre la unidad del libro y la dispersión del texto. Mostró el sentido propio y el sentido figurado intercambiándose en forma permanente, creando un problema irresoluble. Se refirió al tema de los significados ocultos, a la violencia hermenéutica, que se ejerce al tratar de entender lo que se escribió. Están allí la retórica de la superficialidad y la de la profundidad. Estas máquinas oratorias como las denomina crean una permanente tensión entre el saber y el poder.

“El juicio estético como la interpretación del material sensible” fue lo abordado por Carlos Alberto Galeano Marín con una destreza en la exposición de las teorías estéticas de Rudolf Arnheim, Arthur Danto, Roberto Walton, Husserl y Hegel. Fue presentando de una forma muy didáctica los temas que componían su disertación así: el arte como fenomenología trascendental, el mundo del arte como el mundo de la vida, la intencionalidad del arte, la percepción de la obra de arte, para concluir con el tema que lleva el nombre de su presentación. Fue enfático en explicar lo afirmado por Danto en el sentido de que “El arte puede ser cualquier cosa”, que no es lo mismo que “cualquier cosa puede ser Arte”, tiene que ver con la intencionalidad, lo cual implica una estrecha correlación entre el sujeto (quien observa) y el objeto (lo observado) y esa correlación se nos revela a través de un acto de reflexión. En el Arte pre-moderno había una correspondencia entre la forma y el contenido, en el moderno el contenido puede referir en parte a la forma y en parte a algo diferente a ella. En el Arte contemporáneo puede existir una escisión total entre forma y contenido, lo cual requiere un mayor grado de interpretación. El profesor Rubén Sierra Mejía sostuvo con Nicolás Duque un dialogo que se caracterizó por la altura académica, la distensión del entrevistado y la sagacidad del entrevistador, fue más una charla coloquial, pero con un gran contenido filosófico. Al hablar de las crisis resaltó cómo son de importantes para la creación artística, pues el pensamiento trata de expresarse, son momentos de grandes obras pues la cultura siempre es crítica, expresa rechazos y mencionó los casos de Botero y sus cuadros de Abu Ghraib (“no me pude quedar callado”), Goya y los fusilamientos del 3 de mayo, Picasso y su Guernica, Turner y “El barco de esclavos”. En cuanto a la forma de comunicarse los filósofos, manifestó la necesidad de un lenguaje público que logre influir en la cultura, sin prescindir del que usan para referirse a sus colegas y a la comunidad internacional, pero que hay una serie de problemas dados por las circunstancias en las que es necesario recurrir a una lengua comprensible universalmente. *** Esta visión panorámica, aunque incompleta, permite vislumbrar que hay una comunidad pensante, atenta a los problemas del país, que trabaja silenciosamente, pero que también participa en la elaboración de soluciones requeridas, aportando un pensamiento crítico frente a nuestro destino *Profesional en Filosofía y Letras. Universidad de Caldas.

En la Guerra de los mil días. En la violencia política de mitad del siglo XX. Denuncia. Alfredo Cardona Tobón* Papel Salmón

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l escritor y periodista Aldemar Solano Peña acaba de publicar su libro Boleta de captura que relata el operativo, la captura de más de cien habitantes de Quinchía y los ominosos meses que permanecieron en varias cárceles del país. La narración de los hechos empieza en septiembre de 2003: “... hemos llegado hasta diecisiete veredas de la zona rural del municipio de Quinchía- declaró el subdirector de la policía - llegamos en la madrugada del domingo, los capturamos, hicimos presencia contundente y la vamos a seguir haciendo porque vamos a seguir debilitando y neutralizando a estas agrupaciones de delincuentes”. Por “indicios”, por meras sospechas y por afirmaciones de testigos sin credibilidad (y parece que presionados por fuerzas oscuras), se montó un show de película con helicópteros artillados, fuerzas de élite, el avión fantasma, numerosos soldados y policías que irrumpieron en las calles y campos de Quinchía, apresaron al alcalde, a dos candidatos a la alcaldía, al concejal más antiguo de Colombia, al comandante de bomberos, a un anciano ciego, a funcionarios municipales, a numerosos campesinos y a líderes agrarios. Dos años más tarde la fiscalía tuvo que liberar a casi todos los capturados porque no encontraron pruebas y se comprobó que todo se montó con testigos espurios y con base en chismes, tramoyas e “indicios”. Fue otro falso positivo de la Seguridad Democrática que atentó contra un pueblo que ha sufrido vejámenes de la policía, de los bandidos amparados por banderas azules y rojas, de los milicianos del Epl, de los paramilitares y del Ejército Nacional. Fue otro golpe doloroso a una comunidad que ha sido víctima de todos los atropellos y ha sufrido las retaliaciones de unos y de otros. Al leer el libro Boleta de captura llegan a la memoria episodios similares que se repiten en Quinchía cada vez que el Estado quiere mostrar su poder en épocas donde se rebasa su capacidad de garantizar la paz a los colombianos. Veamos los más recientes:

En la Guerra de los mil días

Al empezar el siglo XX las guerrillas liberales de Quinchía mantuvieron en jaque a las tropas gobiernistas con base en Manizales, Salamina y Cartago; los irregulares emboscaban y luego se ocultaban en las montañas o se mezclaban entre la población civil. Los comandantes gobiernistas, al ver que no podían someter a la guerrilla, atacaron a la comunidad quinchieña para amedrentarla y aislar a los revoltosos. Fuerzas regulares apoyadas por voluntarios irrumpieron en la cabecera municipal e indiscriminadamente apresaron a cuanto varón cayó en sus manos. En el poblado capturaron a un alcalde anciano y al sacristán de la iglesia y como en el pueblo no había más varones pues solo quedaban allí las mujeres viejas y los niños, se regaron por los campos y

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La población de Quinchía es víctima que victimaria

Boleta de captura

pasaron por las armas a decenas de inocentes. Ningún prisionero sobrevivió: asesinaron en la cárcel al alcalde Santiago Rico mientras cumplía con una obligación fisiológica y frente a la iglesia fusilaron al sacristán y a otros cinco ciudadanos. El padre Guzmán trató inútilmente de frenar la matanza y nada consiguió. Algunas victimas recibieron el consuelo del último sacramento y las demás quedaron en cualquier chamba perdida en los caminos.

En la violencia política de mitad del siglo XX

Desde 1949 la comunidad de Quinchía, de profunda estirpe liberal, se vio rodeada de municipios conservadores que quisieron acabar con su gente; entonces surgieron cuadrillas de autodefensas como la del “Capitán Venganza” quien aglutinó a los campesinos y constituyó un feudo donde su palabra fue la ley. El Estado, que contemporizó con los atacantes de Quinchía, fue incapaz de controlar a los secuaces de “Venganza” que se convirtieron en un azote para los vecinos y para los quinchieños. Finalmente, al instaurarse el Frente Nacional, el ejército tomó el control del casco urbano de Quinchía y comandos militares se adentraron en los campos para capturar a “Venganza” y a sus seguidores. En uno de los operativos, los militares asesinaron a “Venganza” y para dar el puntillazo final a la “Republica de bandidos” efectuaron redadas indiscriminadas y apresaron a centenares de campesinos, entre quienes había mucha gente inocente. Ese fue el sistema inmediato para mostrar el control del gobierno, dejando a un lado todas las normas de derecho. A los capturados se les llevó atados con cadenas a las cárceles de Manizales y de Pereira, sin abogados que los defendieran y sin cargos concretos que justificaran una retención que llenó de dolor no solo a los presos sino también a innumerables hogares que quedaron en la miseria. Como no había pruebas y tampoco “indicios”, antes de un año tuvieron que liberar a la inmensa mayoría de retenidos que quedaron en las calles de Manizales y Pereira sin un centavo y sin manera de regresar a sus hogares. Lo ocurrido a principios del siglo XX, los arrestos durante la violencia partidista y lo sucedido durante el régimen de la Seguridad Democrática en el municipio de Quinchía son actos que no tienen justificación, son atropellos contra un pueblo pobre, sin padrinos, que ha sido víctima y no victimario, que pese a todos los sufrimientos y vejámenes sigue aferrado a su tierra. Las retaliaciones y los abusos no son los ins-

trumentos más adecuados para cimentar la fe de los quinchieños en la Democracia y evitar que los antisociales se aprovechen de las duras condiciones sociales y económicas de la población. Ojalá las denuncias en Boleta de captura sirvan para que en un futuro las autoridades piensen en los inocentes atropellados y les importe más el derecho de los colombianos que los espectáculos mediáticos para dar contentillo a los jefes. La denuncia de Aldemar Solano Peña en su libro Boleta de captura deja al descubierto otro fiasco de la Fiscalía; muestra otro falso positivo a costa de la gente humilde *http://www.historiayregion.blogspot.com

Foto|Tomada del Diario del Otún|Papel Salmón

Portada del libro Boleta de captura donde aparece Jose de los Santos, anciano ciego acusado de ser guardián de la guerrilla.


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8 | P U B L I C A C I O N E S | domingo 7 de OCTUBRE de 2012

IMPRE(CI)SIONES

Cleopatra en blanco y negro

CONVOCATORIA Cine

La versión 2013 del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias –FICCI- convoca a las diferentes categorías, que son: largometrajes iberoamericanos de ficción; largometrajes iberoamericanos de documental; largometrajes colombianos de ficción y documental; cortometrajes

Camilo Gómez Gaviria* Papel Salmón

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odo comenzó un día en el que entré a una tienda de videos, simplemente a mirar lo que había. Muchas veces, pasar las manos por los estantes, buscando entre las cajas de los DVD, es como lanzar una baraja de naipes al aire: no se sabe en qué orden van a caer, pero al mismo tiempo, sabemos que no habrá entre las 54 cartas, ninguna distinta de las que siempre hemos visto -por ejemplo, no veremos un as de ningún palo que no sea de diamante, corazón, trébol o pica, y lo mismo sucederá con las demás figuras y números-. Al mirar las cartas desparramadas, encontraremos lo que siempre esperaríamos ver, a menos de que algunas llegaran a faltar. Algo similar sucede en las pequeñas tiendas de video. Ahí solemos ver las cajas de las películas que esperaríamos encontrar. Sin embargo, estas no siempre son las que nos gustaría ver. De modo que, entre las películas que van saliendo en formato DVD (casi siempre las que han estado en cartelera hace varios meses) y las producciones más exitosas de los últimos años, no es mucho más lo que se puede hallar. Esta suele ser la situación habitual, a menos de que se busque en el rincón que casi siempre pasa desapercibido, donde se mezcla un poco de lo mejor, con mucho de lo peor, en un relajo de cajas de DVD que suelen llevar etiquetas con un precio inferior a lo que vale la boleta para entrar a una función en sala de cine. Digo que en estos rincones se mezcla lo mejor con lo peor, pues entre el fárrago se suele esconder una que otra joya, como un clásico, por ejemplo. Fue en alguno de estos rincones olvidados que encontré Cleopatra de Cecil B. DeMille. La compré pensando que se trataba de la producción más cara de la historia. Sin embargo, me equivoqué de película: la más cara había sido Cleopatra de Mankiewicz. La que yo había comprado era anterior por casi treinta años. Sin embargo, se trató de una feliz equivocación. La película era de 1934, en blanco y negro, con un énfasis en los diálogos, movimientos de cámara discretos y una constante teatralidad (en el buen sentido de la palabra). Entrar en ella fue penetrar en el Hollywood de los años 30 donde el quehacer cinematográfico se concebía de manera distinta a la de hoy. No pretendo decir que fuera mejor de lo que es hoy en día. Pero viendo Cleopatra pensé en las sorpresas que trae ver una película de hace casi ochenta años, contrastando lo que era la usanza en el cine de aquel momento y lugar, con lo que es común hoy en día. Moraleja: La sección con más sorpresas de un video-tienda no siempre es la más cara *camezmigolo@hotmail.com

iberoamericanos de ficción, documental y animación, y producciones universitarias de ficción, documental y animación realizadas por colombianos. La fecha de cierre es el próximo 23 de octubre. Informes en la página web http:// ficcifestival.com/convocatorias_2013.html

RECOMENDADO MUSICAL La orquesta del Titanic

Pongamos que hablo de Joaquín

Ángel Castaño Guzmán* Papel Salmón Quien haya leído Perdonen la tristeza, biografía de Joaquín Sabina (1949), refrenda la afirmación de Antonio Muñoz Molina: el cantautor ibérico ha hecho de sí la mejor bandera de su estética. Hasta antes del marichalazo -así llama Sabina la enfermedad que no sólo a punto estuvo de sacarlo por la puerta de atrás de los escenarios sino, de paso, del planeta de los vivos-, precisamente cuando el público y la crítica aplaudían 19 días y 500 noches (1999), sin duda su álbum cumbre, la obra deseada por todo artista, Sabina honraba a muerte un fragmento del poema que le dedicara Luis Eduardo Aute: Medio profeta, medio quinqui,/ el lumpen es su pedigrí,/ un tinto y una buen titi/ le bastan para sobrevivir; y la juguetona Eh, Sabina, del álbum Ruleta rusa (1983): Vivo del cáncer a un paso/ sin hacerles caso a/ los que me dicen Eh, Sabina,/ ten cuidado con la nicotina/. Consciente de la hipnosis que en la audiencia provocan los chicos de modales censurables cuando no abiertamente peligrosos; del perdurable magnetismo de Keih Richards, Sabina cultivó su imagen de goliardo no para atraer las masas, la verdad sea dicha, sino como el resultado de, a pesar de las filiaciones políticas familiares, saberse del bando derrotado en la guerra civil española. Repito: acierta Muñoz Molina al describir la fascinación de los jóvenes de Úbeda ante ese faquir rojo que baila rock and roll. Refiero lo anterior

porque para abordar cualquier trabajo de Sabina es necesaria una pesquisa en el hombre del bombín que a los dieciocho años lanzó un molotov contra las instalaciones de una entidad bancaria, a los diecinueve fue apresado por su padre y a los veinte se exiló en Inglaterra con el nombre de Mariano Zugasti. Retomo el prontuario en otro párrafo. A pesar de lo consignado en los créditos, las canciones de La orquesta del Titanic (2012) tienen el acento personal de Sabina y en pocos momentos el de Serrat. Por ejemplo, en Idiotas, palizas y calientabraguetas se perciben con claridad los ecos provocadores de Manual para héroes y canallas, del Sabiniano Malas compañías (1980), y la disección de aquellos tópicos que palmas y vivas provocan en el auditorio, ejercicio ya realizado en Es mentira, de Yo, mi, me, contigo (1996), con coros a cargo de Charly García. Después de los despueses es la típica crónica de los lances sentimentales de Sabina y su nutrida galería de alter egos, amén de tener engarzados chispazos casi patentados por él: Lejos de mi colgarme agravios y medallas,/ resabios y baipases,/ ella tenía marido, morbo, clase,/ yo un corazón canalla. ¿Acaso esa voz no le pertenece al narrador de Peor para el sol, de Física y química (1992)? Martínez, la novena canción del cd, entabla diálogos con la no menos bella Tan joven y tan viejo, de Yo, mi, me, contigo. Otro argumento a favor de lo hasta aquí expuesto es la construcción literaria de la canciones, ametralladas de los giros callejeros de los cuales Sabina se vale para conferirle a su producción un estilo inconfundible. Además, en las ocasiones en que ha trabajado alimón, Sabina ha sabido de una forma u otra salirse con la suya, verbigracia el pacto creativo con Fito Páez donde el argentino se dedicó por completo a la música

y el ibérico a las letras; a la postre, y por cuestiones de temperamentos, Enemigos íntimos (1998), resultado de dicho convenio, no recibió la atención merecida. No todos los trabajos a dúo, por supuesto, fueron signados por el fracaso, basta oír Como un dolor de muelas, de Dímelo en la calle (2002), a partir de unos versos del sub-comandante Marcos o Dos horas después, de Alivio de luto (2005), firmada por Sabina y José Manuel Caballero Bonald, para corroborarlo. En consecuencia, quien a La orquesta del Titanic se acerque en busca de la alquimia de dos comprobados talentos de la canción actual en español, encontrará en buena forma, no la mejor, a Sabina, rindiéndole homenaje a los íconos de su santoral: José Alfredo Jiménez, Bob Dylan, César Vallejo y Ángel González, a quien le compuso a cuatro manos con Benjamín Prado Un ángel menos dos alas, incluido en Vinagre y rosas (2010); mas echará de menos a Serrat, así este brille por momentos, sobre todo en Cuenta conmigo *cortazar_73@hotmail.com


Papel Salmón 7 de octubre