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EDICIÓN 1.124 domingo 1 de JUNIO de 2014 Manizales - Colombia

creación y vida

Entrevista con sus intérpretes

Desnudando el Águila Descalza Gabriel García Márquez

El escritor que desmitificó a la diosa de las palabras Universidad de Caldas 70 años

Los protagonistas cuentan su historia Documental del cineasta Joshua Oppenheimer

El acto de matar

Foto/archivo la patria/Papel Salmón

Aguila Descalza en la obra Coma callao

Después del colegio

El regreso a los años de la adolescencia


2 | IN MEMORI AM|

domingo 1 de JUNIO de 2014

domingo 1 de JUNIO de 2014

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Gabriel García Márquez

El escritor que desmitificó a la diosa de las palabras En García Márquez, la literatura es la bella dama que ha sido desmitificada para poder vivir con ella. La relación de sus libros con el periodismo en una forma de indagación constante. Eterno. Alonso Aristizábal* Papel Salmón

Foto/ Tomada de http://assets.

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uchos años después frente al pelotón de fusilamiento de la vida, porque ya es la hora de la memoria y de los balances, Gabriel García Márquez había de recordar numerosos hechos de su existencia, ahora cuando sus novelas se convierten en películas y se le menciona incluso en los filmes de Woody Allen. Llama la atención por su condición de escritor que sorteó todas las dificultades para llevar a cabo su obra, como si estuviera decidido a morir por ella. Quien haya tenido oportunidad de visitar la que fue la casa de su infancia en Aracataca, se habrá dado cuenta de que de allí hubo un salto astronómico a la grandeza y la gloria. Nuestros poetas y novelistas se han resignado a la gloria patria, a publicar libros por vanidad o por aquello que se llama fama y que consideran que debe surgir como consecuencia lógica de los libros. Para ellos la literatura ha sido esa mujer hermosa idealizada que miran desde la distancia. En García Márquez, la bella dama ha sido desmitificada para poder vivir con ella. Los libros se publican como aporte al desarrollo de la cultura del país y del mundo, y también para que su autor pueda vivir de ellos. Él quería hacer útiles los sueños y lo ha logrado igualmente en el plano personal. Constancia de ello ese gran anhelo que es Cien años de soledad, una invitación a soñar. Por lo mismo se le considera un autor genial que como pocos escritores latinoamericanos llega a los cuarenta años a la plenitud de su creación, como ocurre en los países desarrollados, por ejemplo, James Joyce con Ulysses. García Márquez publica Cien años de soledad a esa edad. En El amor en los tiempos del cólera plantea su visión del escritor:... no había nadie con más sentido práctico, ni picapedreros más empecinados ni gerentes más lúcidos y peligrosos que los poetas. También se encuentra dentro de

nydailynews.com/Papel Salmón

Gabriel García Márquez siempre estuvo pendiente de Colombia y de sus amigos.

la concepción sartreana del escritor que participa de su época y su contexto social con su obra y su propia imagen. En ese bolero que se llama Diatriba de amor contra un hombre sentado afirma que hay que desconfiar, por principio, de las cosas que nos hacen felices. Hay que aprender a reírse de ellas, si no ellas terminarían riéndose de nosotros. Otra confesión de su pragmatismo.

Expresión de su experiencia personal

Le expresó a Plinio Apuleyo Mendoza en el primer número de la revista Libre. Conservo de París una imagen fugaz que

compensa todas mis hambres viejas, y toda la grosería y la mezquindad de los franceses. Había sido una noche muy larga, pues no tuve dónde dormir, y me la pasé cabeceando en los escaños, calentándome en el vapor providencial de las parrillas del metro eludiendo los policías que me cargaban a golpes porque me confundían con un argelino. De pronto, al amanecer, tuve la impresión de que todo rastro de vida había terminado, se acabó el olor de

los coliflores hervidos, el Sena se detuvo, y yo era el único ser viviente entre la niebla luminosa de un martes de otoño en una ciudad desocupada. Entonces ocurrió: cuando atravesaba el puente de Saint Michel, sentí los pasos de alguien que se acercaba en sentido contrario, sentí que era un hombre, vislumbré entre la niebla la chaqueta oscura, las manos en los bolsillos, el cabello acabado de peinar, y en un instante en que nos cruzamos en el puente, vi su rostro óseo y pálido por una fracción de segundo: iba llorando. El personaje del final es su doble. Corresponde a la forma como trata en cada oportunidad su experiencia personal. En El amor en los tiempos del cólera dice: los seres humanos no nacen para siempre el día que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga otra vez y muchas veces a

Foto/Tomadas de internet/Papel Salmón

Vivir para contarla en la edición DeBolsillo.

Crónica de una muerte anunciada en la edición DeBolsillo.

El amor en los tiempos del cólera en la edición de Oveja Negra.

parirse a sí mismos. En Vivir para contarla afirma que para superar la soledad en los años cuarenta en Bogotá, necesitaba hablar de literatura y compartir sus lecturas con alguien así fuera un desconocido. Recuerdo que en los días del impacto de Cien años de soledad, las obras anteriores no se conocían y aparecieron en la vitrina de la librería Tercer Mundo, carrera Séptima con calle Diecisiete, todas ellas casi empolvadas como entre una cuarentena de muchos años.

Una anécdota

Por eso luego, una mañana de sol intenso bogotano, anduve varias cuadras tras de sus pasos. Caminaba por la Séptima con Veintiuna y lo vi que iba por el otro andén en compañía de una persona que no recuerdo. Marchaba pausado, con una chaqueta de cuadros vistosos de las que lo caracterizaban. Lleno de emoción, cambié de andén y seguí detrás. Tomó la Diecinueve hacia los cerros, y ahí iba yo. Veía que hablaba con el lenguaje pausado de los costeños cultos. Pero no lograba escuchar nada de lo que decía por causa de la turbación que me ocasionaba la tensión nerviosa. Pero esa vez él, igual que siempre, iba con rumbo fijo, seguro e incontenible. Luego siguió por la Avenida Tercera y en este momento, parado en la esquina frente al bar Dominó, decidí dejar que se alejara. Yo también debía continuar mi camino, convencido de que sus palabras me llevarían adonde quería. No obstante de manera sorpresiva, adelante de la Alianza Colombo Francesa, él se detuvo y me lanzó una mirada como para responder a mi jubilosa persecución. El mío era un homenaje anónimo, salido de lo más

hondo del corazón, y que creía él había percibido así. En 1981, publicó entre alaridos de muchos en las esquinas, Crónica de una muerte anunciada. Hasta un policía que entrevistaron dijo que le gustaba porque escribía con letras grandes para que lo leyera el pueblo. Luego se armó el escándalo internacional por su salida para el exilio hacia Méjico, su otro país. El hecho fue la forma para medir el tamaño de su fama.

El periodismo en sus libros

Uno de los temas que nos quedó debiendo en Vivir para contarla, cómo enfrentó los cambios en su literatura que hacen la suya tan versátil. Además, fue uno de los primeros escritores colombianos en pasar de la máquina de escribir al computador. Escribe en este medio desde El amor en los tiempos del cólera (1985). Así luego de leer sus recuerdos del 9 de Abril de 1948, pienso en el escritor metido de fondo en nuestra realidad. A eso se debe la gran relación de sus libros con el periodismo como una forma de indagación constante. Entre muchos aspectos, por ejemplo, con ese trabajo de mirada e interpretación, afirma que con el bogotazo comienza el siglo XX en Colombia. Él se propuso que sus obras fueran la voz del Tercer Mundo. Por esto, su vida ha girado en torno a Ciudad de México, una de las capitales del mundo subdesarrollado. Su permanencia allá, la forma de mantenerse unido a la expresión viva, el idioma latinoamericano y sus realidades. No en balde su gran relación con Cervantes y los clásicos, por las citas frecuentes de ellos.

Colombiano de corazón

Siempre estuvo pendiente de Colombia y sus amigos, e intervino en varios momentos claves en la búsqueda de la paz. Y cuando en los años noventa el Presidente de Colombia, se propuso una negociación con Pablo Escobar, escribió una carta a Los Ángeles Times para responder a un editorial sobre este proceso, diciendo que Estados Unidos también negoció la paz con un gangster. Con el fin de excusarse de la invitación para asistir a la celebración de los doscientos años de la Universidad de Antioquia, envió un documento titulado “La patria

Foto/Colprensa/Papel Salmón

Cien años de soledad de Gabriel García Márquez es una invitación a soñar.

amada aunque lejana”. Además, con la aparición de El amor en los tiempos del cólera (1985) la Editorial Oveja Negra, por su expresa solicitud, hizo la que se llamó Biblioteca de Literatura Colombiana que cuenta con cien títulos de autores nacionales de todas las épocas y con mayoría de los que entonces eran las nuevas generaciones. He degustado sus libros e incluso soñado con Melquíades, su gran personaje, en un cuarto con un mapamundi al lado con la obsesión de su metáfora de Macondo. Pero sólo García Márquez sabe que en el fondo de su corazón, el Melquíades de su vida siempre tendrá que recibir los honores. Por eso es el nombre de alguien que surge de la muerte para volver a vivir, y entiende que por encima de las veleidades del tiempo, su aventura está cumplida, y vivirá en la memoria de la humanidad. En varias ocasiones me le acerqué. La última vez estaba hablando de la caída del muro de Berlín con una cita de Rulfo: Es algo difícil crecer cuando la cosa de la que podemos agarrarnos para enraizar está muerta. Se refería, sin duda. a la caída del comunismo. Pero yo pensaba, maestro, usted es eterno y por eso nos agarramos a sus libros como nuestra verdadera eternidad *Escritor.


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Carlos Mario Aguirre y Cristina Toro componen una de las compañías de teatro más exitosas del país. Su propuesta está en explorar las costumbres de los pueblos andinos para traducirlos al humor. Testimonios. Luis Felipe Molina Ramírez* Papel Salmón

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arlos Mario llegó junto a Cristina al lobby del hotel Varuna un miércoles en la tarde. La lluvia amenazaba llegada, pero ellos parecían ajenos al esplín cotidiano de la mitad de la semana. Nos sentamos, entonces, en una pequeña sala de estar dentro del comedor del hotel, a la espera de una entrevista cuando ya las primeras gotas golpeaban bruscamente los techos cercanos. Antes de comenzar, Carlos Mario cogió una mandarina que había en una improvisada exhibición frutal del restaurante. La partió sin ningún exordio y prosiguió, aunque sus gafas negras cerraban un poco su espectro de intimidad de las cuales se acostumbra en las entrevistas.

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Luego de contestar un cuestionario sencillo y de humor, prosiguieron a desnudar las historias que viven detrás de la creación de la compañía teatral Águila Descalza, institución del arte dramático colombiano con más de 30 años de experiencia.

Su génesis

Cristina Toro, compañera teatral de Carlos Mario Aguirre, es testigo directo de la percepción de sociedad que ha tenido la compañía. Sabe que gran parte del éxito de sus personajes está en la clara transducción de los elementos típicos de la región. Por eso afirma: “El interés del Águila Descalza es hacer una dramaturgia a partir de nuestra gente, de nuestra idiosincrasia, y por eso desde País paisa han ido apareciendo los temas. País paisa era un recorrido por todo lo que es el paso del mundo rural al mundo urbano a partir de sus mitologías, sus miedos, sus deseos y sus desmesuras”. Por su parte, Carlos Mario Aguirre es más poético en su explicación. Sabe que uno de los primeros pasos es reconocer las facetas de la existencia. Apunta a decir que “los temas surgen muy extrañamente, indudablemente hay una serie de deseos y se transita por una serie de

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Entrevista con sus intérpretes

Desnudando el Águila Descalza influencias de historias con necesidad de ser contadas, la necesidad misma que uno tiene de contarse, de hurgar en ciertas dolencias, de recorrer ciertos caminos, que ya otros recorrieron y que uno quiere hacerlos en contravía a la forma en la que otros lo han recorrido”. La riqueza de los personajes que componen muchas de sus obras en uno de los argumentos que los espectadores emplean para asistir de cuando en vez a sus presentaciones donde sea posible. Cristina, en suma concentración, reduce esta franja a decir que la creación “es un poco de antropología, sociología y psicología y a la vez intuición y observación para darle un poco a la gente de las cosas que dice espontáneamente y cómo va adquiriendo esos significados cuando se saca de un contexto y se lleva al escenario”. Y es que la construcción temática y cultural de los personajes y las historias Fotos/Cortesía Águila Descalza/Papel Salmón requiere un trabajo intenCarlos Mario Aguirre y Cristina so de indagación, exploToro en varias escenas de la obra ración y posterior estuHistoria clínica presentada en dio. Ésa bien puede ser la el Teatro Fundadores por Águila receta exitosa que le han Descalza. impregnado a sus obras. Cristina lo explica bien: “Primero nos surge la idea

y encontramos una veta y es como una conversación que primero se plasma en un flujo libre de ideas, de pensamientos, en especial de Carlos Mario, que viene acompañado de una investigación muy profunda. Las obras nuestras no salen de la nada… Es un trabajo de lecturas. Por ejemplo Chupe por bobo es un recorrido por la literatura acerca de la risa, del humor, de dónde viene, qué lo produce y todo eso se desarrolla sin que la gente se dé cuenta…”. Añade: “No vuelvo a beber tiene todo un trabajo de campo”, concluye Toro mientras deja un espacio para la risa.

De obra en obra

“Infortunadamente o afortunadamente uno siempre usa ese vertedero del teatro… Como diría mi padre o mi madre, yo todo lo vuelvo charla, yo todo lo vuelvo una mentira, una catástrofe, todo lo magnifico y lo dramatizo, pues la tragedia es el caldo de cultivo de la comedia. Nuestra base fundamental es este infierno, o que todo el paraíso de este infierno”, explica claramente Carlos Mario, moviendo sus manos como si estuviera envolviendo el lenguaje de su respuesta. Añade que “es esa posibilidad bendita de poder huir de mí mismo, de este infierno, de una realidad que me puede; trato de protegerme en alguna medida con el teatro. Con él logré esa suerte de escudo. Bauman decía que la risa es el sumidero de todos nuestros miedos y es así; soy un miedoso de la vida”. Y aunque las obras parecen realizadas bajo laxos parlamentos que a veces generan interacción con el público, Cristina reconoce que el éxito parte del orden y el

Fotos/Luis Felipe Molina/Papel Salmón

Carlos Mario Aguirre y Cristina Toro son los integrantes del grupo de teatro Águila Descalza.

respeto por el argumento. “Hay un rigor, hay un libreto que es cumplido perfectamente. Pero está vivo, el libreto es un ser vivo del cual uno forma parte y ése a veces sale con unas cosas que uno se asombra y se ríe de verlo jugar. De pronto una palabra que uno ha dicho muchas veces la entiende en otro contexto y lo saca a uno del carril y abre lugar para una escena completa y diferente a lo que estaba programado en el libreto. Siempre grabamos lo que hacemos para estudiar lo que pasó e incorporar lo que nos parece valioso, porque la obra tiene una vida propia también y nos hace las malas jugadas de ponernos a nosotros a reírnos de nosotros mismos”, aclara la actriz. En Manizales estuvieron este mes presentando su obra Historia clínica, enmarcada en la ironía de la existencia condenada por la muerte. Fue otro éxito para componer la hilarante relación entre realidad y ficción. A lo anterior Cristina enfatiza: “En estos días en Historia clínica cuando reflexionábamos sobre lo bueno que sería poder escoger el tipo de muerte que va a tener, que uno pudiera decidir que me acuesto y no me levanto o me monto en un avión para Malasia… Uno comienza a fantasiarse y a coger esa realidad que uno no se explica a veces”. Por su parte, Carlos Mario es más incisivo en la realización profesional en el escenario. A lo anterior explica que el humor “es como una jugada de laboratorio, el compromiso con promocionar la risa o la posibilidad de que ella surja imponente e inesperada, como la pareja, que en el acto de amor entre un hombre y mujer, que con

los años puede tornarse en un suplicio o una tortura o en una tierra prometida y el escenario debe convertirse en esa tierra prometida. Al escenario hay que trasegarlo con delicadeza, llegar a él con toda la seguridad del mundo, con toda inocencia, pero con toda la duda. Hay cosas que se repiten como un sol en la escena, pero por la inocencia que se maneja en la escena le siguen provocando esa risa como si fuera la mejor jugada planeada por el mejor técnico de fútbol – Osvaldo Zubeldía”. Sugiere, además, que “por eso la gente se ríe con las caídas de uno, por eso la gente se ríe con la torpeza, por eso el Águila Descalza ha posibilitado hacer del accidente una virtud”.

La dupla

¿Qué más podrían decir Carlos Mario y Cristina sobre el otro? Saben que juntos han construido una aventura teatral que posiblemente nunca la imaginaron a su estado hoy. La historia de Cristina es progresiva. “Yo cuando vi a Carlos Mario actuar la primera vez y cuando se dio la posibilidad de que trabajara con él yo dije, ‘pago por verlo todas las noches’. Para mí Carlos Mario es genial… El planeta cada cierto tiempo da un genio, no todas las veces”. De repente una espontánea risa de Carlos Mario interrumpe el elogio. Cristina prosigue: “hay otros que trabajamos con el azadón y aramos la tierra y de pronto nos brota un granito y florecemos, pero Carlos Mario vino florecido y es una flor inagotable de un matiz diferente. Es alguien que tiene toda la formación,

porque Carlos es un intelectual de alto nivel quien se forma permanentemente en la lectura y en el trabajo físico y en el conocimiento de su cuerpo. A veces estoy simplemente como una espectadora de sus personajes que terminan engatusando los míos”. Una vez Cristina concluye, Carlos Mario le pregunta con cierta picardía: “Le hago trampa, ¿cierto?”. Pausa un par de segundos luego de reírse y se refiere a su compañera de tablas y excompañera sentimental. “Cristina me inventó a mí. Yo no existo en realidad. Soy un espejismo en el desierto. Cristina fue me inventora y mi sustento. Un director de teatro que yo tenía me decía cuando estaba con Cristina “no hay bobo de malas” y vamos a ver y es cierto.” Retiene su respuesta y vuelve a reír, a la par de todos en aquella sala de estar. Continúa. “Cristina es mi tierra prometida y la única persona con la que he podido entenderme en la vida. Somos almas gemelas y nos llevamos muy bien en la vida real y en la ficción también. Nos encanta crear, cuando estamos escribiendo una obra, la comentamos, nos reímos y eso es muy importante pues cuando uno ríe con sus temas no tendrán caída en el escenario. En No vuelvo a beber éramos muertos de la risa cuando la escribíamos, proponíamos parlamentos, escenas, y eso que todas las anécdotas personas de nuestras rascas y nuestras borracheras no cupieron. Hubiéramos escrito una enciclopedia”, concluye *Periodista. luisfelipemolinaramirez@gmail.com


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Estas son las palabras pronunciadas en el lanzamiento del libro Universidad de Caldas 70 años. Memorias. Carlos Augusto Jaramillo Parra* Papel Salmón ¡Qué idea excepcional, la de reunir textos de distintos autores y distintas épocas y atribuirlos a un autor único, el Espíritu! ¿No es maravilloso? Es decir, obras tan dispares como el Libro de Job, el Cantar de los Cantares, el Eclesiastés, el Libro de los Reyes, los Evangelios y el Génesis: atribuirlos todos a un solo autor invisible. Los judíos tuvieron una magnífica idea. Es como si alguien pretendiera conjuntar en un solo tomo, las obras de Emerson, Carlyle, Melville, Henry James, Chaucer y Shakespeare, y declarar que todo proviene del mismo autor. Los judíos tuvieron una idea espléndida: reducir sus libros, su biblioteca entera, a un libro llamado “Los Libros”, la Biblia. Es una idea realmente curiosa; ¡si tan sólo pudiéramos llevarla a cabo nuevamente! Hay demasiados libros, demasiados textos; sería preferible tenerlos todos reunidos. Cada país podría hacerlo: conjuntar sus mejores libros y atribuírselos a un autor único y anónimo, el Espíritu.

Universidad de Caldas 70 años

Los protagonistas

cuentan su historia

Fotos/Cortesía Universidad de Caldas/Papel Salmón

Comité Editorial -. Albeiro Valencia Llano -. Carlos Alberto Ospina Herrera -. Lorena Gartner Isaza -. Adriana Gómez Alzate -. Fanny Osorio Giraldo -. Gloria Esperanza García Quintero -. Luisa Fernanda Giraldo

Jorge Luis Borges

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ste libro que hoy se presenta podría describirse como una polifonía, un palimpsesto si se quiere, donde confluyen, como lo advierte el subtítulo, los protagonistas que cuentan su historia. Como lo aplaude el epígrafe de Borges, la idea era un libro escrito por el espíritu, el espíritu de la academia, el espíritu de la celebración, el espíritu que convoca esta reunión. Celebración es la palabra que mejor describe la intención de la Universidad al editar este hermoso volumen. Y de esa manera debe ser visto, todos los que aparecen aquí, y son miles, construyeron y construyen la historia de la Universidad. Y quienes así lo hacen deben sentirse también comprometidos con el futuro de la misma. Como tengo alma de editor, no quiero dejar de reconocer el

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maravilloso trabajo de diseño. El trabajo de Liliana Villegas que incansablemente durante largos meses recopiló y dio forma a cada página, dio un lugar a cada personaje y buscó cada imagen que acompañó los textos. Me gusta que el resultado final sea tanto un libro para leer como para hojear, para saltar de un lado a otro y para recordar. Estoy seguro que más de una sonrisa se deslizará a medida que se pasan las páginas y que también uno que otro nudo

apretará las gargantas. También quisiera resaltar las hermosas fotografías de Tatiana Gutiérrez y sobretodo su ojo de retratista, que deja en cada personaje no solo su aspecto físico sino también una alusión a lo que es su personalidad. Ella misma se puso a la tarea de encontrar muchas de las fotografías que aquí aparecen y que hacen parte de la historia de la Universidad y de la región. Me gusta este libro en una época en la que se habla de la

muerte inminente de este formato. Pero estoy seguro de que muchas personas podrán su ejemplar en sitio a la vista de todos, un ejemplar que alguien, una visita tal vez, tomará entre sus manos y ojeará con interés mientras conversa o escucha música o simplemente divaga. He hecho varios libros de gran formato y tengo en mi computador miles de fotos de paisajes, pero están allí, olvidadas, pues siempre voy al final al libro, y eso es porque tenemos una relación especial con el papel, con el objeto. De ahí que este objeto, con esta caja, con esta pasta dura, con estas páginas barnizadas, sea a su vez algo que queremos tener a nuestro lado, algo que queremos tocar, algo que queremos que perdure.

El peligro que implica un libro como este no está en decidir qué es lo que debe publicarse, en medio de la cantidad inaudita de material que existía y que además se escribió con el fin de llegar a este resultado final, si no en decidir qué se quedaba por fuera. Cada nombre, y son miles, que no aparece en este libro, es una pequeña herida, un falta que aunque sin duda no es intencionada, no deja de serlo. De ahí que sea necesaria una aclaración sobre la construcción final del libro de los 70 años de la Universidad de Caldas. Este libro no es un libro de historia, es un libro de reseñas y de hitos. La estructura, aunque con cierto aire cronológico, nos recuerda más a una conversación, a ese sabroso placer que da pasar de un tema a otro, de un personaje a otro, de una anécdota a otra. Es por eso que los textos van de la entrevista a la crónica, del cuento al recorte de periódico, del relato histórico a la foto del equipo de fútbol. Ha pasado la época en la que se veía a la historia como una sucesión de causas y efectos, hoy ningún historiador apostaría por la linealidad de hechos causales como una forma de explicación o siquiera de narración del mundo, por el contrario, es la complejidad, la mixtura, las capas que se superponen la que construyen ese constructo que llamamos historia. Un poco de esa manera está construida esta versión de los 70 años de la Universidad. Borges creía que el ego del autor termina por contaminar la obra, que cada libro puede vivir sin un padre intelectual y que las obras ganan mucho cuando los autores son múltiples, de ahí su amor por esa colección de muñecas rusas que es ese cuento interminable que dura mil noches y una noche. De ahí su admiración por la Biblia a pesar de no ser israelita o cristiano. Este libro que conmemora nuestro relato y que es una construcción colectiva, se acerca a ese sueño de la obra polifónica y por tanto inacabada, imperfecta, pero tal vez más humana, más cercana al corazón *Escritor. Director de la Biblioteca de la Universidad de Caldas.

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Documental del cineasta Joshua Oppenheimer

El acto de matar La genialidad del documental reside en la elaboración de los testimonios. Anwar Congo decide representar su participación en el genocidio. No ficción basada en la ficción. Evidencia.

Jorge Abel Carmona Morales* Papel Salmón

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no de los poderes que tiene la imagen sobre nosotros es el reflejo. Porque en ella encontramos una respuesta parcial a la eterna pregunta sobre quiénes somos. Y más aún, el desconocimiento de nuestra propia persona, encierra esa sensación de extrañamiento, un estado permanente de alienación que solo a veces podemos calmar con las experiencias que mitigan un poco nuestra

Foto/Tomada de http://3.bp.blogspot.com/Papel Salmón

En el documental El acto de matar son los asesinos de las fuerzas paramilitares los que narrarán su historia.

avidez de autoconocimiento. Esa construcción de caracteres delineantes de la identidad, interpela por el lugar que los individuos ocupamos en este mundo. La incertidumbre permanece como un objeto justipreciado en la medida en que pueda aparecer como algo al que se le agregan ciertas dosis de verdad. Desde el estadio del espejo, en la temprana infancia, según Lacan, entramos en un proceso de configuración del yo, en el cual, el individuo se contacta con la realidad; al vernos en imágenes nos adecuamos, equilibramos la subjetividad con el mundo y sus objetos. Pero también, podemos ocultar parte de nuestra personalidad. En la ilusión nos escudamos, al sentir que la representación es una dramatización que la colectividad está dispuesta a avalar. La sentimos como una excusa, una trama pública en la que podemos realizar nuestros deseos. Ese es el propósito de los personajes que participan en el documental del año 2012, El acto de matar, dirigido por el joven cineasta estadounidense Joshua Oppenheimer.

Anwar Congo, uno de los asesinos

En esta película, Oppenheimer decidió cambiar el modo de realización, al darse cuenta de la impunidad de la que gozaban los perpetradores del genocidio que llevó a la muerte a más de 500 mil personas en los años sesentas y setentas del siglo anterior. En primera instancia el autor del film quería trabajar con las víctimas sobrevivientes de los crímenes, pero, ante la transparencia de los asesinos que hoy se ufanan de sus actos precisamente porque muchos de ellos se encuentran en funciones y protegidos por el Estado Indonesio, decidió filmarlos. Estos asesinos son venerados públicamente como héroes de guerra al momento de su muerte. “Hay una «normalidad surrealista» en su jactancia, como escribió recientemente Jeffrey Winter, un profesor de política indonesia de la Universidad del Noroeste, [porque] los hombres en El acto de matar no tienen miedo, son temidos”, declara el director en una entrevista. No obstante, la intención era mostrar el punto de vista de los criminales como una forma de hacer pública ante la comunidad nacional e internacional la magnitud de un genocidio que hoy en día permanece velado. ¿Pero qué es lo que muestra El acto de matar? Nos muestra la complicidad de los miembros del Regimen actual con los perpetradores de un genocidio que llevó a la tumba a cientos de miles de personas durante dos décadas y que en estos momentos sobreviven como grandes personajes de la vida pública en Sumatra del Norte. Los asesinos de segundo orden, responsables de miles de homicidios, se pasean por las calles del país con la complicidad de la gente. Uno de ellos es Anwar Congo, un anciano amante del cine de Hollywood que decide representar en una película, su participación en el genocidio. Para ello actúa, narra, reflexiona, hace parte de la construcción del guion y se

convierte en el actor protagonista de la obra fílmica que satisface ese sueño postergado de volverse una estrella de cine. Los grupos paramilitares caminan tranquilamente por las calles, recibiendo elogios de la gente que los miran pasar, con lo cual se convierten en cómplices de la impunidad que desconoce las miles de masacres a personas con inclinaciones comunistas en ese país oceánico. Las imágenes interpelan a los espectadores por la memoria. Luego de acontecimientos como éstos, en qué lugar se encuentra la justicia, dada la imparcialidad del Regimen político, que sistemáticamente se ha encargado de eliminar cualquier resquicio del pasado representado hoy en los sobrevivientes. La genialidad del documental reside en la elaboración de los testimonios, sugeridos por la relación que Oppenheimer entabla con varios de los paramilitares que actúan en la película. La felicidad que acarrea el hecho de participar en un film, mirarse en la pantalla como cualquier actor de Hollywood, en el que se rememora a las grandes estrellas de las películas de gangsters, es una especie de realización de un sueño por mucho tiempo postergado. Los medios suscitan para ellos, hombres que han vivido en una realidad en la que la muerte es una condiciona natural de sus propias vidas, una forma de mantener el prestigio. Esa fábrica de ilusiones incluso hace que los sucesos de la realidad se pierdan y hagan perder a los personajes que la representan como si los crímenes que cometieron sólo fuesen parte de un guion representado en sus vidas cotidianas. La naturalidad con la que los homicidas cuentan los asesinatos evidencia que por sus conciencias no asoma siquiera un poco de remordimiento.

No son héroes, son criminales

Como una película de no ficción, pero sustentada en la ficción, las imágenes se convierten en un material de evidencia para judicializar a los asesinos. Estos, a veces se debaten entre la culpabilidad y el orgullo cuando relatan sus participaciones en los homicidios. Hay escenas en las que aparece el auto repudio como la que culmina la película, esa en la que Congo vomita largo tiempo al recordar algunas escenas del film que representa. La película sobre su propia vida. La ilusión asume la realidad tangible de las vidas presentes. El acto de matar es una obra que asume la función de identificación que las imágenes recrean en los espectadores. En ella los asesinos proyectan la manera como quieren que los demás los veamos, sin advertir que eso que para ellos, actores naturales, es normal, crea una profunda consternación en el público. La neurosis de unos asesinos permite despertar indignación en quienes asumimos que ellos no son héroes sino criminales *Dalisur99@yahoo.com.mx


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EN ESTANTERÍA

CONVOCATORIA

La flor azul

Cortos

Cuando Friedrich von Hardenberg, quien más tarde tomaría el nombre de Novalis, le habla de la flor azul a su querida Sophie, lo hace en el tono misterioso, secreto, de quien no ha descifrado todavía el significado del que será el símbolo del romanticismo alemán. Fritz es un joven brillante, ha estudiado dialéctica y matemáticas, es amigo del crítico Schlegel, del filósofo Fichte y de Goethe, y ahora ha de aceptar un trabajo que no desea como inspector de minas de sal. Escribe poesía, ha empezado una novela y, sobre todo, desea ser feliz junto a su “sabiduría”, la joven Sophie. FITZGERALD, Penelope. La flor azul. Impedimenta. Madrid. 2014. Pp. 320. $56.000.

Números redondos

Combinando sus dos pasiones, el fútbol y la economía, Jorge Tovar hace un ameno recorrido por la historia de este deporte, y a partir de cifras y estadísticas intenta resolver algunas de las preguntas que siempre se plantean los amantes del fútbol: ¿Quién ha sido el mejor jugador de la historia, el mejor equipo de todos los tiempos, el mejor entrenador? El autor, desde los siete años participó en diferentes ligas de divisiones inferiores de fútbol en Inglaterra, Estados Unidos, España y Colombia. Disputó además torneos en categorías regionales en España y en 1991, se coronó campeón de la segunda división de Colombia formando parte del Club Deportivo Los Millonarios. TOVAR, Jorge. Números redondos. Grijalbo. Bogotá. 2014. Pp. 280. $32.000.

Sangre de goleador

Sócrates Solano va en un avión rumbo a Holanda. Durante el viaje, este joven futbolista empieza a tejer con sus recuerdos una historia conmovedora que relata las tremendas dificultades que deben enfrentar aquellos que sueñan con ser estrellas de este deporte. En medio de la ansiedad de todos, de los comentarios de “…esos periodistas que día a día convierten en semidiós a un jugador y luego lo destruyen a punta de críticas…”, de la presión y de la vida de cada uno de los personajes, el lector se sumerge en una narración bien lograda que lo acerca a la realidad del fútbol colombiano. Esta no deja de estar influenciada e incluso viciada por la guerra, la problemática social y la política. BADRÁN, Pedro. Sangre de goleador. Editorial Norma. Bogotá. 2014. Pp. 104. $25.400.

Hasta el miércoles 06 de agosto se encuentra abierta la convocatoria para participar en la edición 2014 del Bogotá Short Film Festival / Festival de Cortos de Bogotá BOGOSHORTS. Los interesados deben inscribir el corto a través del Short Film Depot. Se aceptan cortos en los géneros de ficción, documental, animación, experimental, video clip. Los cortos colombianos deben inscribirse

en la Competencia Nacional y el Comité Seleccionador decidirá cuales harán parte de la Competencia Internacional. Se aceptan cortos con una duración inferior a 30 minutos (creditos incluidos), sin excepciones, producidos con fecha posterior al 01 de enero de 2013. Informes en http://www.bogoshorts.com/sccs/festival/convocatoria.html

RECOMENDADO Después del colegio

El regreso a los años de la adolescencia Juan Carlos Acevedo Ramos* Papel Salmón Con el libro Después del colegio, el poeta Flóbert Zapata Arias (Filadelfia. Caldas. 1958) ganó en 1993 el XI Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia entre 148 libros inéditos enviados desde todas partes del país al prestigioso concurso; quienes le otorgaron el primer puesto fueron escritores de la talla de Héctor Abad Faciolince, Mario Escobar Velásquez y Jorge García Usta. Después de esto la figura de Flóbert Zapata creció en su dimensión literaria y personal. Docente toda su vida, con una disciplina férrea en su trabajo y en su escritura, de una personalidad librepensadora, generoso con su conocimiento, solidario al brindarle apoyo a nuevas generaciones, lector voraz y escritor serio, este poeta colombiano regresa al tema de la educación y la vida cotidiana de los alumnos veinte años más tarde para presentarnos la versión ampliada y corregida de su famoso libro Después del colegio que ya cuenta con seis ediciones entre ellas una digital. Esta vez con la editorial Caza del Libros, cuya dirección general está a cargo de Pablo Pardo Rodríguez, los poemas de Después del colegio vuelven a ver la luz para cerrar el círculo. Si bien este es un libro de lectura ligera, amena y de gran éxito entre profesores, animadores de lectura, alumnos y asistentes a bibliotecas no deja de llamar la atención su vigencia. En cada poema (de construcción coloquial) hablan las voces de los estudiantes, los sencillos alumnos que llenan las aulas de clase de las instituciones educativas en Latinoamérica y que construyen

en su diario vivir las historias más importantes de sus vidas alrededor del amor, del desamparo, de la soledad, de la burla y de la excelencia. El libro es de fácil lectura por su planteamiento casi narrativo de los poemas, en él no sólo alumnos y profesores en épocas escolares se verán reflejados porque lo que trae de nuevo es ese episodio tan difícil de manejar que enfrenta todo estudiante: su culminación de los años en el colegio. Y al ampliar el texto con poemas que tocan la temática de la orfandad escolar, Zapata Arias madura el libro al darle un toque de profunda reflexión sobre la educación en Colombia, sus desigualdades, sus tratos indignantes de directivos hacia los maestros, del desamparo en que quedan sumidos los alumnos cuando terminan su ciclo de educación media y el no saber cómo enfrentar los días venideros por parte de los padres. No es que se caiga en una poesía compleja, más bien el autor apuesta por hacer de la lectura de cada poema un acercamiento a cambios de fondo que debe tener la educación en el país. Con breves poemas o extensos monólogos o temas divertidos Flóbert Zapata Arias nos deja con una mirada de la actualidad de las vidas que crecen o se marchitan en las aulas de clase de nuestro país y todo lo hace desde la poesía más contemporánea ZAPATA ARIAS, Flóbert. Después del Colegio. Editorial Caza de Libros. Ibagué. 2014. Pp. 87. *Escritor.


Papel Salmón, 1 de junio