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Made in England mié abr 15 23:27

Barcelona vs. Imperio Británico. El paisaje de la Champions sitúa la realidad del mapamundi futbolístico. De un lado, este Barça eléctrico como cruzado del buen gusto, como bandera del fútbol

espectáculo, capaz de generar un fútbol de otro planeta. Del otro lado de la ventanilla, el fútbol inglés. Algo más que una moda pasajera. Mucho más que un estado de ánimo. En los últimos tiempos, una supremacía total. Sus equipos son un rodillo inalcanzable para los demás. Son más rápidos. Tienen más ritmo. Destilan más fuerza. Tienen más empaque. No especulan. Y quitan la vida cuando han de hacerlo. Arsenal, Manchester y Chelsea son la prueba empírica de que Inglaterra es el epicentro de los mejores clubes europeos. El fútbol inglés atrapa desde el primer minuto, es un viaje al centro del corazón durante los siguientes 89, y un

auténtico espectáculo el ida y vuelta está asegurado. Amén de ese Barça que enamora a su paso, la amenaza llega desde Las Islas. Fútbol "Made in England". El primer aspirante es el Arsenal, un jardín de infancia fabricado por el amor platónico de Florentino Pérez, Arsène Wenger. Un conjunto que habla inglés, tiene acento francés y cerebro español. Una selección de la ONU, una reivindicación del descaro, de la elegancia como modelo. Construido a imagen y semejanza de Wenger, el Arsenal vive del toque, de la juventud, del de la generosidad suprema, incluso de la inocencia. Es una sucursal del buen gusto. El Arsenal sostiene su identidad en base a un principio sagrado: para ganar, el mejor camino es gustar. A falta de cracks, paciencia para fabricarlos. Frente a la chequera, la imaginación. Ante el modelo cartesiano, un proyecto idealista. Contra el resultado, el placer de jugar bien. Sobre el músculo, el toque. Wenger ha desterrado a toda una generación de kick and rush [patea y corre] para echarse en brazos del una guardería comandada por Fabolous Fab [ Fabuloso Fábregas]. Van Persie, Adebayor, Theo Walcott, Nasri y compañía no son los máximos favoritos a ganar la Copa de Europa. En cambio, asoman como los grandes animadores del torneo. Defiende mal, por eso ataca siempre.


Si el Arsenal vive para crear, el Chelsea ha sido fabricado para destruir. La Torre de Babel de Abramovich, sin lugar a dudas, la Némesis del Barcelona, vuelve al primer plano. Superviviente de una noche épica ante el Liverpool de Rafa Benítez, su siguiente estación es el Camp Nou. El partido que más miedo les infunde, y a la sazón, el que más les motiva. La pregunta es ¿puede eliminar al Barcelona? La respuesta es, sencillamente, sí. Entre otras cosas, porque ha sabido reinventarse a sí mismo. A pesar de mudar de piel en su banquillo (Ranieri, Mourinho, Avram Grant, Scolari y ahora Hiddink), el Chelsea no ha dilapidado la herencia deportiva que todos ellos dejaron. Conserva la racanería de Ranieri, es la máquina de guerra sin sentimientos que dejó Mourinho, mantiene la conciencia de grupo de Grant y manifiesta ese aire marcial inculcado por Scolari. Grandes virtudes aderezadas por la sapiencia de Hiddink. Un entrenador de éxito-express, un especialista en alcanzar la gloria en tiempo rércord. Apunten que en la pasada Eurocopa, Guus supo mezclar en su probeta el sofisticado fútbol holandés con el físico ruso. Y sólo España logró acabar con aquella selección. Y recuerden que Hiddink, líder nato, supo vertebrar una selección de Corea que se quedó a un paso de disputar la final del Mundial. Drogba, Lampard, Essien, Terry y Cech han encontrado lo que necesitaban: Un motivador nato. Hiddink lo es. Conviene no subestimarle. Este año no era el gran favorito para ganar la Copa de Europa. Hoy nadie le falta al respeto. El Manchester United es una hidra de mil cabezas. Un monstruo a caballo entre el fútbol de antes y el de ahora. Mezcla la flema británica y el descaro latino. El United, que ataca con tanto talento como el Arsenal y despliega tanto físico como el Chelsea, responde a un carácter legendario y ganador como ninguno. Va mucho más allá de Cristiano Ronaldo, y se dividide en tres. El carácter que tiene (Paul Scholes, feo, duro, correoso y extraordinario); el carácter que aparenta (Rooney, salvaje, indómito, bruto y genial); y el carácter que cree tener ("El Apache" Tévez, correoso, ganador, guerrillero, competitivo). Es un mal negocio jugar contra el Manchester, porque nadie tiene todas las herramientas de las que disponen los "diablos rojos". Porque en la factoría del ancestral dinosaurio del banquillo, Sir Alex Ferguson, se encuentra el mayor y más preciado fondo de armario de cualquier plantilla del planeta tierra. Si hay que morder la yugular, "El secador de pelo" dispone de Tévez, Carrick, Rooney, Vidic, Ferdinand o Evra, entre otros "angelitos". Si hay que tocar el violín bajo el cielo plomizo de Old Trafford, Sir Alex tirará de Berbatov, Giggs, Nani, Anderson e incluso Macheda, entre otros talentos. Y si eso no basta, Ferguson dispone de un tipo con el siete a la espalda y un ego del diez, Cristiano Ronaldo. Uno de esos jugadores que, como Messi, son


capaces de poner patas arriba el mundo en un segundo. El United es el último campeón de la Copa de Europa. Nadie se llevaría las manos a la cabeza si repitiera. Los ingleses conciben el juego como un intercambio de golpes descarnado y noble, puro, frenético. Estos, los señores ingleses y los señores extranjeros que fichan los ingleses, estos no saben engañar. No saben estafar al aficionado. Juegan para la gente y dejan todo lo que tienen. El fútbol de Europa, Barça mediante, paga peaje. Transita, de manera inevitable, por el camino de los ingleses.


El domingo 21 de junio de 1970 es histórico para el fútbol de Brasil. Ese día, en el estadio Azteca de Ciudad de México, el equipo suramericano, la mejor selección en muchos años, alcanzó el tricampeonato del mundo y se quedó en propiedad con la Copa Jules Rimet. El marcador final fue de cuatro goles para Brasil por uno de Italia. Era la única ocasión en la cual este marcador había servido para definir un título mundial de balompié. Brasil, para 1970, conformó un equipo fantástico. Parecían haberse preparado durante cuatro años para ‘desquitarse’ de lo ocurrido en los estadios ingleses. "La emoción es siempre muy grande y se siente lo mismo si uno es jugador en el campo, o si está fuera de la gramilla como entrenador", manifestó el exjugador Mario ‘El Lobo’ Zagalo, adiestrador brasileño, al obtener para su país, en forma definitiva, la Copa. Zagalo fue campeón siendo jugador activo, en los torneos de 1958 en Suecia y 1962 en Chile. Brasil llegó a México luego de cumplir frente a los rivales suramericanos de Colombia, Paraguay y Venezuela, una campaña envidiable. Su clasificación no dejó la más mínima duda. Por su parte Italia, camino de México, superó en su zona a País de Gales y a la República Democrática Alemana. Ya en pleno Mundial azteca, las cosas fueron bien diferentes para ambos seleccionados. Pese a entrar como cabeza de serie en la primera fase de la ronda clasificatoria, Italia encontró fuerte resistencia en antagonistas como Uruguay e Israel, equipos con los cuales igualó a cero anotaciones. Su único éxito, exiguo por cierto, fue contra Suecia, marcador de 1-0. Una sola anotación en tres partidos. Absoluta pobreza ofensiva. Brasil, en cambio, mostró los goles, la verdadera alegría del fútbol. Apabulló a Checoslovaquia por 4-1 a Rumania, en juego muy difícil, por 3-2. El único juego ‘duro’ fue ante Inglaterra, campeón de 1966. Brasil triunfó a la postre 1-0, gol del puntero Jairzinho, luego de culminar jugada de maestros como la protagonizada por ‘Tostao’ y ‘Pelé’.


El marcador pudo ser algo más generoso, pero el portero ingles Gordon Bank, en la mejor atajada de todo el Mundial, sacó un remate de cabeza -y contra el piso- del fabuloso ‘Pelé’.

Rumbo al Título Camino de la final en el estadio Azteca, italianos y brasileños soltaron su poder ofensivos. Los pupilos de Ferruccio Valcareggi, en partido celebrado en Toluca, aventajaron a los dueños de casa, los mexicanos, por marcador generoso de 4-1. Entre tanto Brasil superó a Perú, equipo que igualmente configuró una de las mejores selecciones en mucho tiempo, por marcador parecido de 4-2. El juego Brasil-Perú reunió al más exquisito fútbol de toque, sutileza, dominio del balón, jugadas de prodigio. Y no era para menos: en el campo estaban ‘Pelé’, Cubillas, ‘Tostao’, Rivelino, Hugo Sotil, Jairzinho, Perico León, Gerson, etc. etc. La ciudad de Guadalajara tuvo el privilegio de admirar aquel juego, que lastimosamente y por cuestiones de reglamento, debió eliminar a un equipo de América del Sur.

Alemania menguó a Italia Brasil, independientemente de qué equipo fuese el rival, estaba para campeón en el año de 1970. El mejor onceno del mundo, en varios años a la redonda, no podía ocupar puestos secundarios. Pero si lo anterior es una gran verdad, también lo es que Italia llegó ‘menguado’ a la final. Alemania Occidental, en ronda semifinal, obligó a un tiempo extra de 30 minutos, luego de empatar en los 90 minutos reglamentarios a un gol. Al final triunfó Italia por 4-3. Italia 3-Alemania 2, en escasos 30 minutos de tiempo suplementario, dice bien a las claras del ritmo impuesto en aquella media hora de concierto futbolístico. Brasil, por su lado, pasó amarguras frente a Uruguay en los primeros 45 minutos, pues estuvo perdiendo el partido por 0-1 por largos minutos, hasta que llegó el


empate de Clodoaldo. Por momentos se pensó en un nuevo ‘Maracanazo’ para Brasil, con diferencia de 20 años. Las cosas cambiaron en la parte final y terminó triunfante el equipo de Zagalo por 3-1.

Final Histórica

Los campeones de México 1970 Aldo Stacchi, vicepresidente de la Federación italiana de fútbol dijo al concluir la final entre Brasil e Italia: "Es el mejor equipo del mundo. Italia no tiene razón para avergonzarse al haber perdido ante un equipo como éste..." En esas palabras honestas podría resumirse la final del año 70. ‘Pelé’, en su último Mundial, hizo una demostración casi mágica del bien jugar, secundado por todos sus compañeros. El estadio Azteca, que no se llenó como en el partido México-Bélgica, vio una exhibición de genio, de táctica y de serenidad. Correspondió a ‘Pelé’ en el minuto 18 de la fase inicial abrir el camino del triunfo, con remate de cabeza frente al portero Albertossi. Fue el tercer gol y último del astro brasileño en una final, pues anteriormente en Suecia marcó dos. Roberto Boninsegna igualó para Italia al capitalizar una falla de la zaga de Brasil. Corría el minuto 37. Pese al empate, la confianza en el título para los dirigidos por Zagalo era absoluta. Luego de un primer tiempo con paridad, en la parte final Brasil en forma paulatina doblegó a su rival. Los goles de Gerson, tiro cruzado desde el sector derecho del campo a los 21 minutos, el de Jairzinho cinco minutos más adelante -después de jugada antológica de ‘Pelé’- y el último de Carlos Alberto, a cuatro minutos del pitazo definitivo, testimoniaron la supremacía del fútbol brasileño.


Como epílogo del juego, la locura colectiva entre los fanáticos brasileños. Como consecuencia, Rivelino sufrió desmayo, ‘Tostao’ fue prácticamente desnudado en pleno centro del campo y ‘Pelé’ perdió los guayos. Era el mejor ‘souvenir’ del Mundial mexicano. La Copa Jules Rimet, para definitiva permanencia en poder de Brasil, la entregó el entonces presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz -ya fallecido- al capitán Carlos Alberto. De la humillación de 1966 a la consagración definitiva en 1970, podría denominarse lo ejecutado por los pupilos de Mario ‘El Lobo’ Zagalo.

Alineaciones Con la conducción arbitral del alemán oriental Rudi Georg Gloeckner, asistido en las líneas por Rudolf Scheurer de Suiza y Angel Coerezza de Argentina, los equipos presentaron los siguientes jugadores: Brasil: Félix; Carlos Alberto, Britto, Piazza, Everaldo; Clodoaldo, Gerson, Rivelino; Jairzinho, ‘Pelé’, ‘Tostao’. Técnico: Mario ‘El Lobo’ Zagalo.- En la suplencia de Brasil estuvieron esa tarde: Marco Antonio, Ado, Roberto, Joel y Paulo César.- Italia: Enrico Albertossi; Tarcisio Burgnich, Giacinto Facchetti, Pier Luigi Cera, Roberto Rosato; Mario Bertini, Sandro Mazzola, Giancarlo de Sisiti; Angelo Domenghini, Roberto Boninsegna, Luigi Riva.- Técnico: Ferruccio Valcareggi. En la suplencia de Italia figuraron: Fabrizio Poletti, Dino Zoff (portero campeón Mundial en España-1982) Gianni Rivera, Antonio Juliano y Pierino Prati.


NO MAS BOLILLO EN SANTA FE

Posted by nelson bedoya at 06:04 PM on April 13,

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2009

Por Mario César Otálvaro:

Se fue "bolillo" Gómez del Santa fe, y es el tercer técnico que deja el cargo sin terminar la temporada, después de Miguel Prince del Huila, y Bernardo Redín del Pasto. De forma intempestiva, Hernán Darío, el hombre que despierta odios de la misma manera que genera pasión, asistió a la rueda de prensa tras la derrota 2-3 ante el Quindío en el Campín, y sin aceptar preguntas sobre el juego, anunció su retirada. Muy a su estilo, se fue porque le dio la gana, por los recientes resultados negativos, porque la tribuna empezó a fastidiarlo, y porque, según sus palabras, "no se aferra a nada, y sus números eran un fracaso". Fue una decisión absolutamente libre, sin presiones, porque siempre fue la carta ganadora de la directiva del "Expreso", empeñada en recuperar la gloria de los primeros campeones en el 48, y que no alcanzan la estrella desde hace 34 años. Salió de Santa fe porque se sintió impotente, e incapaz para darle vuelta a su suerte, teniendo patente para desarrollar la labor a su antojo, lo que valora aún más su posición, en un medio donde pululan los entrenadores de estómago. Era tal el convencimiento en el trabajo del "bolillo", que sin importar la descalificación del semestre anterior, en vez de recortarle, le trajeron a su hermano Gabriel Jaime como asistente, y le reforzaron el plantel con base en sus peticiones. Y ni modo de olvidar el vergonzoso episodio protagonizado por el Presidente Armando Farfán, quien en plenos cuadrangulares hace un año, y por encima del "pecoso" Castro, presentó al paisa como el gran redentor del popular conjunto bogotano. De Hernán Darío Gómez cualquier cosa se podrá decir, para bien o para mal, pero su inteligencia y sabiduría en temas de fútbol, lo convierten en todo un personaje, en un país donde los ídolos la mayoría de veces son inexpresivos, y poco


carismáticos. Bonachón, simpático, explosivo, y alegre, hay que reconocerle al "bolillo" su liderazgo, su capacidad para expresarse y hacerse entender, y hasta sus maneras, molestas para algunos, de inmensa habilidad para otros. Pero la verdad, no pudo con Santa fe, su equipo careció de identidad, aflojó en defensa, donde se suponía radicaban sus fortalezas, y fue débil en ataque, con una propuesta temerosa, empeñada en conservar el orden antes que ir al frente. Lo dejó en la casilla 11, con 15 puntos de 33 posibles, para una producción del 45%, y una campaña dispareja, que nunca llenó, con más vacíos que satisfacciones. Amén que la eliminación pasada fue un golpe artero al corazón del hincha cardenal. La tapa fue la caída ante el Quindío estando arriba 2-1, y con un hombre más por expulsión de James Quiñones, encajando tres goles, los mismos que había sufrido en su visita al Junior en la jornada precedente. Total, la estantería se le estaba cayendo, la escogencia de los titulares mortificaba a un sector del público que pedía mayor ofensividad, y el romance pasaba tiempos de crisis. Tanto, que en los últimos días entró en la etapa de recordar sus éxitos antes que valorar su presente, lo que podría interpretarse como símbolo de decadencia. Quizá aún tenga mucho para ofrecer, así en Santa fe no quede por cifras en los anales lustrosos de la institución, añadiendo otro mal paso en su carrera, como lo dio en Guatemala, cuando falló en su intento de volver a un campeonato del mundo. Duele, y nos apena, particularmente a quienes vimos en la Escuela Maturana lo mejor de nuestro fútbol, que a los predicadores de esos conceptos hoy día les cueste tanto, pues seguimos convencidos de que revolucionaron y partieron la historia en dos. Pero es cierto. Pacho acaba de dejar la dirección técnica de Trinidad y Tobago, Pedro Sarmiento nada en Santa fe, menos en Cúcuta, y es blanco de las críticas en Pereira, J.J. Peláez se volvió comentarista, Nolberto Pelufo nunca más, y Luis Fernando Suárez es colero con Nacional. Además, los últimos campeones en Colombia manejaron ideas diferentes, Diego Umaña con América, Alberto Gamero con Chicó, Oscar Quintabani dos veces con Nacional y una con Pasto, y Jorge Luis Pinto con Cúcuta. O los demás aprendieron a contrarrestar el libreto, e impusieron nuevas fórmulas, o ellos se quedaron sin


plantear otras alternativas, y el Fútbol de Hoy requiere más que orden y seguridad defensiva para salir adelante. De todo puede haber, pero el fracaso de "bolillo" alerta sobre las bondades de la estrategia que mejores páginas ha reportado para el fútbol de nuestro país.

Hasta la próxima


Revista 2