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Reporte MOJOS PREHISPÁNICO Y SU ARTE DE LA GUERRA

Antiguas tácticas de guerreros que no sabían retroceder

Por: Emir Iskenderian Aguilera*

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ara valorar la capacidad bélica desarrollada por los antiguos mojeños, tendremos que regresar al año 1617. Cuentan las crónicas cruceñas que los soldados españoles que venían desde Santa Cruz de la Sierra, comandados por el capitán Gonzalo Soliz Holguín, subiendo por una serranía llegaron a observar desde ahí a la gran pampa de Mojos. Descubren que la Gran Noticia era cierta. El Dorado de Mojos estaba a la vista. Pero el avistamiento entre españoles y mojeños fue mutuo. Nada más asomarse a las pampas los soldados de la avanzada de Gonzalo Soliz Holguín, sonaban los tambores de centinelas. Vigilantes casi invisibles del territorio hacían retumbar sus instrumentos para crear un narrativa melódica de alerta temprana ante el arribo de enemigos. Se preparaba así su táctica defensiva: “¿oyen los tambores?"; dijeron que no, sino que eran vientos que daban en aquellas peñas; y les dije: “tengan atentos los oídos y oirán mejor"; y así lo hicieron y lo oyeron todos los

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que íbamos como eran tambores" (Soleto, Maurtua, 1906:205) Mientras los soldados estaban siendo vigilados en las serranía que hacía de frontera con la llanura, el capitán Gonzalo Soliz Holguín consultaba a los guerreros Serranos sobre su experiencia con las gentes de aquella parcialidad, los Tororcocí. Le explicaron que sus antepasados ya conocían algo de las tácticas de combate mojeñas. Ellos eran sobrevivientes de una invasión guaraní que, penetrando a este territorio tan rico, vasto y en apariencia tan poco numeroso, se habían animado a incursionar a las zonas interiores, llegando hasta los Mama más al norte. Una vez allí, habían sido derrotados al ser atacados por las tribus de la pampa desde los cuatro puntos cardinales. Fueron emboscados. Se sabía en la época por parte de los soldados españoles, que además de salir a encontrar al enemigo para emboscarlo, también tenían fortificaciones bien defendidas, con murallas vivas como trampa, fosos profundos y laberintos de zarzasy espinas: “y después de esto veíamos adelante adonde íbamos; vimos como a una

legua una muralla al parecer, y dijo este mismo capitán, que había estado en España y en las batallas de allá, que parecía una muralla con el sol que daba en ella y parecía de cal y canto. Y llegado a ella era un cerco de la manera de un fuerte, muy reforzado, y estaba en cerco por temor de seis enemigos que tenían, que eran estos indios Chiriguanas y Chiribianos; y era el fuerte de árboles de higuerones, y de cedros y cedros, plantados un paso de otro, y plantado alrededor para edificar su ciudad, y de estos árboles se infiere unos con otros, y viene a hacerse una pared; y la puerta tenía de árboles hincados, que apenas podíamos de hombre a hombre por la puerta, y estaba como trampa” (Soleto, 1635, relatando su entrada de 1600, en Maurtúa 1906:200) En cuanto al uso de armas, estólicas, adargas (escudos de cuero) y flechas: “recibirnos de guerra tirándonos muchas estólicas, que es el arma ofensiva que ellos usan y las agargas que usan” (Limpias, 1635, hablando de lo visto en 1617, Maurtua 1906:169) Cuando retornaron los soldados de la serranía con la novedad de

que la Gran Noticia era cierta y podían seguir adelante, los líderes serranos ya habían relatado a Solíz la derrota de sus antepasados. El capitán español ordena entonces, a pesar del entusiasmo de la tropa, el regreso. Era necesario, pensaba Solíz, volver con un ejército numeroso y bien equipado para poder hacer frente al ejército Torococí, del que no había más rastro que las frágiles huellas de un vigía, pero que estaba allí en alguna parte, numeroso y expectante, evidenciado en la inverosímil cantidad de percheles (silos de maíz) que se distribuían por ese inmenso territorio. Poco más de 100 años después, un crónica anónima de la Compañía de Jesús en el contexto de un Mojos Misional, comenta sobre el arte de la guerra de estas tribus: El fin que se proponían no era extender sus dominios, sino ( ) defender sus pescadores y parques. Tenían centinelas siempre en sus pueblos y especialmente de noche se refregaban con ají los ojos para no tomar el sueño con aquel ardor y dolor que causa el ají (...) Cuando tenían aviso previo de que alguna

Trinidad, lunes 19 de mayo de 2014

nación se armaba contra ellos (y esto lo tenían muchas veces por el demonio que hablaba con el hechicero) retiraban al interior del monte los niños y mujeres con bastante escolta y los dejaban escondidos. Ellos se ponían a esperar al enemigo en el campo o emboscados conforme el valor y número de ellos (...) En sus pueblos además de la confianza del monte para la retirada de que hablamos tenían algunos fosos y murallas. Sembraban sinorono que es especie de planta espinosa y alta. Con esto quedaba el recinto impenetrable y para sus pocas fuerzas servía de murallas. Las entradas y puertas eran unos caminos estrechos torcidos con vueltas y rodeos que sólo sabían con seguridad los prácticos por entre aquel laberinto de zarzas. Solían también rodear el pueblo con un foso profundo lleno de agua y sus puentes levadizos para el paso, que todas las noches alzaban (...) Por armas defensivas usaban algunos cueros de anta para rodelas o adargas. Hacían las también de caña fuerte reducida a varas y unidas entre sí a manera de zarzo que traían envuelto antes de pelear y en la función lo desprendían sobre el brazo izquierdo (...) pelotas de greda dura claveteadas de puntas envenenadas que disparaban de una caña con redezuela al extremo y cuerda para tirarla. Es de más alcance que las hondas y la eficacia del veneno tanto que un español murió en pocas horas sólo por haberle raspado en la oreja la punta de una pelota(Crónica jesuita anónima, 1754). El primer siglo de encuentros entre españoles y mojeños tuvo como escenario lomas amuralladas de árboles de flores tan blancas y tan numerosas que resplandecían al sol, rodeada de una fosa y defendidas en su interior por centenares de “guerreros que no saben retroceder”. La acción coordinada de tribus aliadas era la base de su estrategia. *Es Licenciado en Relaciones Internacionales BIBLIOGRAFÍA Cronistas Cruceños del Alto Perú Virreinal. Universidad Gabriel René Moreno. Santa Cruz de la Sierra. Bolivia. 1961 Anónimo. 1754. la Compañía. En Archivo de Historia de la Provincia de Toledo de la Compañía de Jesús. Leg. Perú-Bolivia, L - 3.7 Maurtúa, Víctor. 1906. Juicio de Límites entre Bolivia y Perú. Prueba peruana presentada al Gobierno de la República Argentina. Tomos noveno/décimo. Madrid - España.

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La Palabra del Beni, 19 de Mayo de 2014  

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