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AGOSTO 2019

LA SOPA DEL MES TATIANA PARCERO

08


LA SOPA DEL MES es parte performance, comida y entrevista. Es también una excusa para reunirnos con artistas visuales cuya obra admiramos por fuera de los típicos espacios sociales e institucionales de intercambio. Les invitamos a casa a comer una sopa, una comida poco pretenciosa, íntima, que estimula la alimentación en toda la amplitud de la palabra. Esta publicación despliega parte de los encuentros, incluyendo bocados de la conversación, fotografías y la receta de la sopa del mes, simbólicamente seleccionada en conexión con cada persona invitada.


TATIANA PARCERO nació en Ciudad de México en 1967 y ha vivido en Buenos Aires durante unos 20 años. Siendo fanáticos de la cocina mexicana, nos armamos de valor y la invitamos a almorzar una sopa azteca, una receta que se remonta a la época prehispánica y que, creemos, se conecta con su biografía y con su obra. Tatiana nos contó sobre los orígenes de su formación como fotógrafa cuando, a partir de 1985 y durante más de tres años, participó de los talleres de fotografía para jóvenes dictados por Pedro Meyer, una actividad que la marcó profundamente. La práctica fotográfica acompañó sus estudios de Psicología en la UNAM y la impulsó a cursar una maestría en Artes con especialización en Fotografía en Nueva York, donde vivió cinco años, entre 1992 y 1997. Tatiana ha estado la mitad de su vida fuera de México, desplazándose entre el Norte y el Sur del continente, quizás por eso en su obra regresa siempre al cuerpo, su ancla frente a un paisaje en movimiento.


ENTREVISTA MAR: ¿A qué edad te fuiste de México? TP: Me fui de México a los veinticuatro años directo a Nueva York. Allí estuve cinco años. Estudié una maestría en NYU y después me quedé trabajando allí (...). Trabajé en una cafetería, en una zapatería, pero después conseguí un trabajo genial en un archivo de video. Esto era cuando todavía estaba el VHS y el beta. Transfería, hacía copias, editaba videos de artistas (...). En PROA, hay ahora una exposición de minimalismo, con obras de Bruce Nauman. Las veo y digo: “Yo esto lo he visto”, unos videos muy viejos. De pronto, en los créditos, aparece: “Gracias a Electronic Arts Intermix de Nueva York”, y digo: “¡Yo trabajé allí!”. MAR: Claro, es muy conocido ese lugar. Pionero en el campo del videoarte. TP: Pues yo trabajé allí.

TP: Si bien mis primeros pasos por la fotografía fueron en el secundario, fue en el Taller de los lunes donde comencé a explorar la imagen de manera más formal. Yo iba a la misma escuela con Manuel y Mauricio Rocha, hijos de Graciela Iturbide, y fueron ellos quienes me invitaron a formar parte de este taller que comenzaba a partir de las 8 y terminaba a las 11 o 12 todos los lunes. Yo era una de las pocas mujeres y creo que era la más chica. Tenía 17 y los demás tendrían 18, 19 y hasta 22 (...). Fue una súper experiencia estar con chavos que estudiaban arquitectura, música, pintura,

TP Tatiana Parcero MAR María Antonia Rodríguez BG Beto Gutiérrez JPG Juan Peraza Guerrero pero todos estábamos muy interesados en la fotografía. MAR: Y la gente que pasaba por esa casa seguro era increíble. Estaban en el centro de la movida cultural. TP: Sí, porque en ese momento, además, no había muchas opciones. El taller arrancó en agosto de 1985, un mes antes del temblor del 85. Estábamos de vacaciones. Tuvimos cuatro sesiones y vino el temblor. Fue tremendo. Pedro nos dijo: “Se van todos a fotografiar”. (...) En el taller, estaban Rubén Ortiz Torres, Eniac Martínez, Carlos Somonte, Ana Casas, Pablo Cabado, Germán Herrera, Gabriel Orozco, Sergio Toledano, María Inés Roque, Jorge Lépez... BG: ¿Dirías que Pedro [Meyer] es tu maestro? TP: Sí, lo podría considerar así. Graciela [Iturbide] y él. Yo comencé a hacer fotos muy chica. Mi papá me regaló mi primera cámara a los 12 años. Era una Canon TX. La perdí, entre tantas mudanzas. No


PARA MÍ, EL CUERPO ES COMO UN MAPA DONDE UBICO ALGUNAS IDEAS SOBRE MI IDENTIDAD COMO MUJER, MEXICANA, FUERA DE SU PAÍS sé dónde quedó. (...). Después le dije a mi papá, que es arquitecto: “Quiero un cuarto oscuro en mi casa”. Y en la parte donde mi mamá tenía la lavadora, mi papá pensó que podíamos armar algo. Creó un cuarto oscuro buenísimo. Construyó una bacha para el lavado, todo a medida. Fui muy afortunada de tener un cuarto oscuro así.

Museo Cuatro Caminos en 2015. BG: Y en los noventa, creó ZoneZero, el primer portal de fotografía digital no sé si del mundo, pero de Latinoamérica seguro. TP: Sí, mi primera muestra online fue allí, como en 1998, ya vivía acá.

TP: Yo creo que el Taller de los lunes fue un precursor de la movida que vendría después en México, con el Centro de la Imagen y todo lo demás. En ese taller, estuvimos como tres años, más o menos. Después, Pedro se mudó a Los Ángeles y quedamos como... MAR: ... como perro sin amo. TP: Exactamente. Varios trataron de tomar la batuta, pero no pudimos acomodarnos y decidimos seguir solos. El Consejo Mexicano de Fotografía, que ya no existe, nos prestaba las oficinas para tener el taller. Era muy divertido, trabajamos tres o cuatro horas y después nos íbamos a comer por ahí cerca. La jornada de los lunes era de hablar, debatir y después comer con amigos. (...) BG: ¿Qué pasó después del taller? TP: Siguió el Consejo Mexicano de Fotografía. Después vino el Centro de la Imagen, que sigue allí. Todavía es una referencia importante. BG: Mítico. TP: Luego, Pedro armó su Fundación en 2007 y el Foto

TP: Mi primer trabajo fue uno de esos proyectos que te llevan a conocer tu propio país. Tenía... cuántos años tenía, como 20. Un fotógrafo nos contactó a un grupo de fotógrafas y nos dijo: “Oigan, hay un proyecto para que varias mujeres hagan un libro sobre los niños de México”. El título era “Nuestros niños: herencia mexicana”. Él nos muestra el mapa de México, dividido por zonas y así, al azar, con papelitos, me tocó el Sureste, toda la península y algunos estados del centro. Fue de los trabajos más maravillosos e inesperados. BG: Esos proyectos son un antes y un después. TP: Con el dinero que gané me fui


a vivir sola, y comencé a prepararme para irme a Estados Unidos a estudiar. Era un México que se podía recorrer. Mi hermana y yo, imagínate, en un auto, a esa edad, viajando solas. Ahora eso es impensable. No teníamos ni celular.

MAR: Yo también viví en Nueva York un tiempito, del 2000 al 2004 (...) Estas servilletas que estamos usando las compré allí. Estaban guardadas en mi casa en Caracas. Ahora que Beto estuvo allí, las rescató. JPG: Qué curioso que las dos hayan vivido en Nueva York, que estas servilletas también vengan de allí y que hayan terminado sobre esta mesa tantos años después. BG: Rescaté las servilletas y el catálogo de “Mapas abiertos”, que tiene en la portada una foto tuya. MAR: ¡Exacto! Increíble casualidad.

JPG: ¿Hay buenos lugares de comida mexicana en Buenos Aires? TP: No. BG: Cuando vas a México, te das cuenta de que has sido engañado toda tu vida.

TP: Tengo recuerdos de infancia de los caldos que mi mamá hacía, desde sopa de pollo hasta algo que se

llama mole de olla, caldo tlalpeño. Ella hacía unas cazuelitas de masa que se cocinaban con el caldo. Con un plato de esos, no necesitas más nada. MAR: Esta sopa que estamos tomando, la sopa azteca, es, en teoría, una sopa prehispánica. Lo del queso es un añadido de los españoles. Me recordaba un poco a tu trabajo, que creo que incluye imágenes prehispánicas. ¿Cómo surgió el interés en esa época? TP: Cuando estudiaba Psicología, mi trabajo era más performático. Empecé a trabajar con una cámara de video, que ponía fija, hacía una acción y, después, ya en la tele, le ponía pausa a los stills que me gustaban. A partir de eso, hice una serie que se llamó “Pasajes rituales”. Eran unos polípticos en blanco y negro. Tenía una foto principal y, al lado, otras más pequeñas, como de referencia; otros momentos de esa misma acción. (...) Cuando llegué a Nueva York, quería continuar con esa exploración


del cuerpo, ya que siempre he visto el cuerpo como un contenedor de memoria. Cuando me aceptan en NYU, para mi proyecto de tesis, propuse seguir haciendo fotos del cuerpo, fragmentos. Para la primera parte, que está en “Mapas abiertos”, hice unas fotos que tenían que ver con diagramas antiguos de anatomía y, a partir de allí, comencé a relacionarme con la cosmogonía precolombina: maya, azteca y mixteca. En el archivo de la universidad, me encuentro con libros de códices mejores que los que había visto en México. Unos libros increíbles que, además, te podías llevar a tu casa. Bueno, comencé a investigar y descubro que las civilizaciones antiguas asociaban el cuerpo con la tierra, por ejemplo, los lagos eran como los órganos; los ríos, las venas. Y digo: “La segunda parte de esta serie, de “Cartografía interior”, tengo que hacerla con códices”. Para mí, estando lejos, era como una forma de reencontrarme con mi cultura. De hecho, los códices siempre aparecen en mi series, como un detalle. Lo que me apasiona de los códices es que no hay escritura, sino el dibujo de las historias. MAR: Imágenes narrativas, como una película. Acciones narradas con dibujos. TP: Narrando, además, escenas cotidianas. Yo llegué a encontrar, por ejemplo, imágenes de mamás educando a sus hijos en el interior de las casas.

SOPA AZTECA APORTEÑADA

JPG: ¿Cómo están hechas esas imágenes materialmente? TP: Eso fue todo un desafío. Primero, porque tuve que modificar el método de trabajo que había desarrollado con la cámara de video (...). Comencé a pedir ayuda. Hago el storyboard, preparo la toma, la idea, el corte, todo y, en varias ocasiones, alguien más toma la foto. (...) Me obsesioné con la idea de ver el cuerpo con rayos X, de explorar lo que hay debajo de la piel, pero, en ese momento, estaba recién comenzando Photoshop, y no sabía bien cómo lograrlo. Se me ocurrió imprimir las fotografías del cuerpo en blanco y negro y, después, en acetatos, por lo que el cuerpo se volvía transparente. Era casi como un juego de memoria, mezclaba las fotos del cuerpo con las imágenes de los diagramas de anatomía y de los códices. MAR: ¿Y después eso lo fotografiabas? TP: No, esa era la pieza. BG: La pieza es doble, foto y acetato.


INGREDIENTES a vivir sola, y comencé a prepararme para irme a Es- llama mole de olla, caldo tlalpeño. ajo pelados hacía unas cazuelitas de masa tados Unidos a estudiar. Era un México que 3sedientes podía deElla 1 cebolla cuadritos se cocinaban con el caldo. Con recorrer. Mi hermana y yo, imagínate, en un auto, a en que un plato de esos, no necesitas más esa edad, viajando solas. Ahora eso es impensable. No pelados 3 tomates y cortados nada. teníamos ni celular. 8 tazas de caldo de verduras MAR: Esta sopa que estamos to2 ramitas de cilantro mando, la sopa azteca, es, en teoría, Sal y pimienta al gusto MAR: Yo también viví en Nueva York un tiempito, del una sopa prehispánica. Lo del queoriginal so es sabor un añadido de los españoles. 2000 al 2004 (...) Estas servilletas que estamosNachos usandode bolsa, 2 ajíes putaparió Me recordaba un poco a tu trabalas compré allí. Estaban guardadas en mi casa en Caracas. Ahora que Beto estuvo allí, las rescató.Crema agriajo, que creo que incluye imágenes prehispánicas. JPG: Qué curioso que las dos hayan vivido en Nuevaen cubos 2 paltas pequeños¿Cómo surgió el inYork, que estas servilletas también vengan de allí y terés en esa época? 150 g de queso cremoso o cuartirolo que hayan terminado sobre esta mesa tantos años TP: Cuando estudiaba Psicología, mi trabajo era más performático. después. BG: Rescaté las servilletas y el catálogo de “Mapas Empecé a trabajar con una cámara de video, que ponía fija, hacía una abiertos”, que tiene en la portada una foto tuya. acción y, después, ya en la tele, le MAR: ¡Exacto! Increíble casualidad. ponía pausa a los stills que me gustaban. A partir de eso, hice una seJPG: ¿Hay buenos lugares de comida mexicana en rie que se llamó “Pasajes rituales”. Eran unos polípticos en blanco y Buenos Aires? negro. Tenía una foto principal y, al TP: No. BG: Cuando vas a México, te das cuenta de que has lado, otras más pequeñas, como de referencia; otros momentos de esa sido engañado toda tu vida. misma acción. (...) TP: Tengo recuerdos de infancia de los caldos que mi Cuando llegué a Nueva York, quemamá hacía, desde sopa de pollo hasta algo que se ría continuar con esa exploración


PREPARACIÓN del cuerpo, ya que siempre he visto el cuerpo - Asar los ajos, el tomate y la cebolla, luego como un contenedor de memoria. Cuando me licuarlos. aceptan en NYU, para mi proyecto de tesis, pro- Una vez licuados saltearlos con un poco puse seguir haciendo fotos del cuerpo, fragmende aceite hasta que hierva. tos. Para la primera parte, que está en “Mapas - Bajar el fuego y mover continuamente. abiertos”, hice unas fotos que tenían que ver con - Añadir el caldo de verduras, salpimentar, diagramas antiguos de anatomía y, a partir de allí, tapar y dejarlo al fuego 15 minutos. comencé a relacionarme con la cosmogonía preco- Cortar los ajíes en rodajas, remover las lombina: maya, azteca y mixteca. En el archivo de semillas y freír. la universidad, me encuentro con libros de códices -Para servir, la sopa debe estar bien camejores que los que había visto en México. Unos liente. libros increíbles que, además, te podías llevar a tu - En cada plato, distribuir los nachos y casa. Bueno, comencé a investigar y descubro que poner aparte la crema, el aguacate, el cilanlas civilizaciones antiguas asociaban el cuerpo con tro, el queso y el ají para que cada quien la tierra, por ejemplo, los lagos eran como los órgase sirva. nos; los ríos, las venas. Y digo: “La segunda parte de - En lugar del ají frito se puede usar picanesta serie, de “Cartografía interior”, tengo que hacerte tipo tabasco o habanero a gusto. la con códices”. Para mí, estando lejos, era como una forma de reencontrarme con mi cultura. De hecho, los códices siempre aparecen en mi series, como un detalle. Lo que me apasiona de los códices es que no hay escritura, sino el dibujo de las historias. MAR: Imágenes narrativas, como una película. Acciones narradas con dibujos. TP: Narrando, además, escenas cotidianas. Yo llegué a encontrar, por ejemplo, imágenes de mamás educando a sus hijos en el interior de las casas.

JPG: ¿Cómo están hechas esas imágenes materialmente? TP: Eso fue todo un desafío. Primero, porque tuve que modificar el método de trabajo que había desarrollado con la cámara de video (...). Comencé a pedir ayuda. Hago el storyboard, preparo la toma, la idea, el corte, todo y, en varias ocasiones, alguien más toma la foto. (...) Me obsesioné con la idea de ver el cuerpo con rayos X, de explorar lo que hay debajo de la piel, pero, en ese momento, estaba recién comenzando Photoshop, y no sabía bien cómo lograrlo. Se me ocurrió imprimir las fotografías del cuerpo en blanco y negro y, después, en acetatos, por lo que el cuerpo se volvía transparente. Era casi como un juego de memoria, mezclaba las fotos del cuerpo con las imágenes de los diagramas de anatomía y de los códices. MAR: ¿Y después eso lo fotografiabas? TP: No, esa era la pieza. BG: La pieza es doble, foto y acetato.


a vivir sola, y comencé a prepararme para irme a Estados Unidos a estudiar. Era un México que se podía recorrer. Mi hermana y yo, imagínate, en un auto, a esa edad, viajando solas. Ahora eso es impensable. No teníamos ni celular.

MAR: Yo también viví en Nueva York un tiempito, del 2000 al 2004 (...) Estas servilletas que estamos usando las compré allí. Estaban guardadas en mi casa en Caracas. Ahora que Beto estuvo allí, las rescató. JPG: Qué curioso que las dos hayan vivido en Nueva York, que estas servilletas también vengan de allí y que hayan terminado sobre esta mesa tantos años después. BG: Rescaté las servilletas y el catálogo de “Mapas abiertos”, que tiene en la portada una foto tuya. MAR: ¡Exacto! Increíble casualidad.

JPG: ¿Hay buenos lugares de comida mexicana en Buenos Aires? TP: No. BG: Cuando vas a México, te das cuenta de que has sido engañado toda tu vida.

TP: Tengo recuerdos de infancia de los caldos que mi mamá hacía, desde sopa de pollo hasta algo que se

llama mole de olla, caldo tlalpeño. Ella hacía unas cazuelitas de masa que se cocinaban con el caldo. Con un plato de esos, no necesitas más nada. MAR: Esta sopa que estamos tomando, la sopa azteca, es, en teoría, una sopa prehispánica. Lo del queso es un añadido de los españoles. Me recordaba un poco a tu trabajo, que creo que incluye imágenes prehispánicas. ¿Cómo surgió el interés en esa época? TP: Cuando estudiaba Psicología, mi trabajo era más performático. Empecé a trabajar con una cámara de video, que ponía fija, hacía una acción y, después, ya en la tele, le ponía pausa a los stills que me gustaban. A partir de eso, hice una serie que se llamó “Pasajes rituales”. Eran unos polípticos en blanco y negro. Tenía una foto principal y, al lado, otras más pequeñas, como de referencia; otros momentos de esa misma acción. (...) Cuando llegué a Nueva York, quería continuar con esa exploración


del cuerpo, ya que siempre he visto el cuerpo como un contenedor de memoria. Cuando me aceptan en NYU, para mi proyecto de tesis, propuse seguir haciendo fotos del cuerpo, fragmentos. Para la primera parte, que está en “Mapas abiertos”, hice unas fotos que tenían que ver con diagramas antiguos de anatomía y, a partir de allí, comencé a relacionarme con la cosmogonía precolombina: maya, azteca y mixteca. En el archivo de la universidad, me encuentro con libros de códices mejores que los que había visto en México. Unos libros increíbles que, además, te podías llevar a tu casa. Bueno, comencé a investigar y descubro que las civilizaciones antiguas asociaban el cuerpo con la tierra, por ejemplo, los lagos eran como los órganos; los ríos, las venas. Y digo: “La segunda parte de esta serie, de “Cartografía interior”, tengo que hacerla con códices”. Para mí, estando lejos, era como una forma de reencontrarme con mi cultura. De hecho, los códices siempre aparecen en mi series, como un detalle. Lo que me apasiona de los códices es que no hay escritura, sino el dibujo de las historias. MAR: Imágenes narrativas, como una película. Acciones narradas con dibujos. TP: Narrando, además, escenas cotidianas. Yo llegué a encontrar, por ejemplo, imágenes de mamás educando a sus hijos en el interior de las casas.

JPG: ¿Cómo están hechas esas imágenes materialmente? TP: Eso fue todo un desafío. Primero, porque tuve que modificar el método de trabajo que había desarrollado con la cámara de video (...). Comencé a pedir ayuda. Hago el storyboard, preparo la toma, la idea, el corte, todo y, en varias ocasiones, alguien más toma la foto. (...) Me obsesioné con la idea de ver el cuerpo con rayos X, de explorar lo que hay debajo de la piel, pero, en ese momento, estaba recién comenzando Photoshop, y no sabía bien cómo lograrlo. Se me ocurrió imprimir las fotografías del cuerpo en blanco y negro y, después, en acetatos, por lo que el cuerpo se volvía transparente. Era casi como un juego de memoria, mezclaba las fotos del cuerpo con las imágenes de los diagramas de anatomía y de los códices. MAR: ¿Y después eso lo fotografiabas? TP: No, esa era la pieza. BG: La pieza es doble, foto y acetato.


TP: Después, el montaje era otro desafío. En un momento, hice una caja con un separador, que creaba una distancia entre ambas capas. BG: Qué importante que nos digas eso porque si ves la reproducción en un libro, por ejemplo, pensarías que es una capa única. MAR: Yo incluso pensé que eran proyecciones sobre tu cuerpo. TP: Eso lo probé, pero no me gusto.

BG: En el texto introductorio de “Mapas abiertos”, Alejandro [Castellote] dice que elige una foto tuya para la portada porque sintetiza algunas ideas que estaban circulando en ese momento. JPG: Recuerdo que también la relaciona con la emergencia del universo femenino en la fotografía latinoamericana. TP: Cuando Alejandro me llama, a mí me sorprendió muchísimo. Fue así como un acto de confianza, en un punto, y de reconocimiento. A él le interesaba lo que yo venía trabajando con los mapas (...). El mapa te ubica en el tiempo y te da una idea geográfica de dónde estás parado, pero en los mapas antiguos, muchas veces no tienes idea de dónde estás y adónde te llevará ese mapa. Para mí, el cuerpo es como un mapa donde ubico algunas ideas sobre mi identidad como mujer, mexicana fuera de su país, que se ha movi-

do varias veces: México, Estados Unidos, Argentina.. También se vincula con eso que he sentido desde que salí de mi país, ese desarraigo. La gente que no se mueve de lugar —creo que ustedes me pueden entender— no llega a comprender lo que produce estar fuera de tu tierra, de tus referentes, de tus códigos. (...) Yo voy a México, y con todos sus problemas, me siento como un pez que ponen en el agua. Creo que por eso hago este tipo de trabajo, por eso regreso al cuerpo todo el tiempo.

MAR: ¿Tienes un trabajo actualmente en curso? TP: Estuve trabajando en un proyecto por el que recibí una beca del FONCA, del Sistema Nacional de Creadores de Arte, que tiene que ver con crear imágenes para reflexionar sobre la preservación de recursos naturales,


flora y fauna en peligro de extinción tanto en México como en Argentina. Para eso, desarrollé un conjunto de imágenes que integran el cuerpo con imágenes de biología, botánica con paisajes. (...) También participé en un proyecto colectivo que se llamó “43+1”, pensado a partir de lo que pasó con los normalistas en Ayotzinapa, en Guerrero (...). Ayotzinapa marca un antes y un después en la historia contemporánea de México y quería hacer algo, pero no quería caer en el discurso documental. (...) Se juntó un colectivo de fotógrafos en México que invitaron a otros a hacer un proyecto digital. Yo justo venía trabajando con huesos, que son la última evidencia de la existencia, pero no quería trabajar con huesos humanos, así que hice una imagen de la palma de una mano con el mapa de México. Es como una especie de constelación y en cada estrella puse el nombre de cada uno de los 43 normalistas. Pensé que era una forma de tatuar estos nombres en la memoria, de recordar algo que nos duele a todos, de conectar con el dolor de las familias, que es también el dolor de un país. (...)

De resto, yo voy y vengo con las series. Algunas sí concluyen, pero otras las continúo de alguna manera. Son proyectos que siguen creciendo.


TATIANA PARCERO, UNIVERSUS, 2014


TATIANA PARCERO, OSSIS, 2018


LA ONG BUENOS AIRES

es un proyecto colaborativo conformado por Beto Gutiérrez, María Antonia Rodríguez y Juan Peraza Guerrero en 2014, cuyo trabajo se enfoca en la práctica y reflexión sobre fotografía. Defiende las prácticas de libertad (estéticas y de pensamiento), la docencia como experiencia compartida que se alimenta de las diferencias y el error, el proceso como fin en sí mismo y la investigación visual sobre la identidad y los márgenes.


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