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ASÍ SOMOS naso, vv. 133-138): “Con esto, poco a poco, llegué al puerto / a quien los de Cartago dieron nombre, / cerrado a todos los vientos y encubierto.// A cuyo claro y singular renombre/ se postran cuantos puertos el mar baña, / descubre el sol y ha navegado el hombre”. Alberto Colao, miembro de la Real Academia de Alfonso X el Sabio, en su libro Cartagena en los siglos XVI y XVII califica de “piropo” a la breve alabanza. Alude en ese mismo libro a que el Licenciado Francisco Cascales manifestó que, cuando Virgilio quiso poner como ejemplo el puerto más perfecto, pensó en de la antigua Cartago. Luego, más tarde ,también lo haría Cervantes. La Murcia que conoció Cervantes en aquellos primeros años del siglo era mucho más floreciente que la actual y no le debió pasar desapercibido el alto nivel intelectual que se respiraba en la ciudad con figuras como Francisco Cascales, que ya había tomado posesión de la Cátedra de Retórica en el Colegio de S. Ildefonso, Diego Saavedra de Fajardo, el poeta S. Jacinto Polo de Medina o el gramático Ambrosio de Salazar. De hecho, nombra en <<Viaje del Parnaso>> a escritores y poetas murcianos como a Gaspar Dávila (Capt. VII): “Y con él Gaspar de Ávila, primero / secuaz de Apolo, a cuyo verso y pluma/ Iciar puede envidiar, tener Sincero”. Reconocimientos que Cervantes también realiza en el Prólogo de Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados: “Y las que prometen Las fullerías de Amor de Gaspar de Ávila”.

La Gitanilla trata el tema de la mujer en el Siglo de Oro y cuenta de forma idealizada la vida de los gitanos. Juan de Cárcamo se enamora de Preciosa, la protagonista- ¿sería esta una bella murciana?-. La diferencia entre ambos estribaba en el escalón social, por ello Preciosa solicita a su amado- acaso un trasunto literario del propio Cervantes- que cumpla dos condiciones: abandonar la casa de sus padres y vestir la ropa de gitano por dos años. Juan accede, toma el nombre de Andrés y recorre con un grupo de gitanos La Mancha hasta llegar a Murcia: “Se fueron a alojar en un lugar de la jurisdicción de Murcia, tres leguas de la ciudad (Alguazas, de la que decía Cervantes que sus mujeres eran vengativas si las desairaba), donde le sucedió a Andrés una desgracia que le puso en punto de perder la vida” y fue que Juana la Carducha se enamoró de él y por rechazarla lo acusó de un falso robo; Andrés se vio obligado a batirse con” un soldado bizarro, sobrino del alcalde”, quedando este muerto – ¿de nuevo un trasunto legal en formato literario de Cervantes?-; Preciosa se dirige a la mujer del corregidor de Murcia para suplicarle por su amado.

Y en una de las más espléndidas anagnórisis de la literatura española, es reconocida como una hija que fue raptada de pequeña. Preciosa era hija de los corregidores, pues la abuela gitana de nuestra protagonista sacó un cofre donde había unas joyas, “adornos de una pequeña criatura” y en un papel doblado se decía que la niña se llamaba doña Constanza de Acevedo y de Meneses; su madre, doña Guiomar de Meneses y su padre, don Fernando de Acevedo. La novela Las referencias literarias de Cervantes con termina con final feliz, pues triunfa el amor, y la Murcia se encuentran en La Gitanilla (escrita en 1609, publicada en 1613). Esta novela es una de las doce novelas ejemplares, género importado de Italia que se encuentra en extensión entre el cuento y la novela; precisamente, La Gitanilla es la más extensa. Todas ellas de asunto atractivo, totalmente originales, en las que se conjuga el docere y el delectare, muestra de la visión renacentista de Cervantes; junto a la intención didáctica, velada por el artificio literario, hay en algunas de ellas una descarnada crítica social. En La Gitanilla se encuentra de soslayo, no así en novelas como El licenciado Vidriera o El coloquio de los perros en las que la sátira social es más corrosiva. 91

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