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La Profe Amada Paz

LOS NIÑOS MIRAN LOS DERECHOS

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FASCÍCULO

COMITE HUMANITARIO DEL HUILA ISBN Volumen: 978-958-99748-6-5

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“Los niños miran los derechos” es un intento de análisis sobre las reflexiones infantiles acerca de los derechos humanos o los derechos de la infancia. 2


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¿Qué decir entonces ante la pregunta sobre como miran los niños los derechos? 1. Yo no conozco mis derechos. Esta es la respuesta más común de los niños cuándo se les pregunta sobre sus derechos. “Esto coincide con las conclusiones del estudio “En la Onda de Nuestros Derechos”, en el cual se registra que la gran mayoría de menores desconocen sus derechos, lo que permite que sean vulnerados” 2. Yo no violo mis derechos. No son los niños los que violan sus derechos. Los niños son expertos en ser niños y esa vivencia de la infancia es garantía de su existencia dentro de los derechos. Que puede hacer un neonato para garantizarse el derecho a la vida cuando la madre decide abandonarlo a su suerte en el monte o en una bolsa de basura. 4


La Profe Amada Paz 3. En mi casa soy el que menos derechos tiene. “La familia, que debiera ser garante de derechos, ahora se ubique como uno de los principales escenarios de de riesgo. En el pasado muchas de las problemáticas sociales se atribuían a individuos arrancados de la familia, perdiendo de esa manera los soportes de su salud mental y social, mientras ahora esas mismas problemáticas son atribuidas a individuos que se “estropearon” en el seno de su propia familia. En la familia se ubican hoy los factores de riesgo para caer en la drogadicción, en la prostitución, en la violencia o en el maltrato, entre otros”. 4. No me hablen de derechos, sólo respétenmelos. A los niños no les interesa la cátedra de los derechos. Es que la actuación en derecho no es ni será resultado del estudio de la teoría. La única opción para que los menores adquieran y ejerzan para sí y para los demás los derechos es la educación en derecho a partir de la vivencia cotidiana y permanente de los mismos. Qué puede valer el aprendizaje de un niño sobre el derecho a la alimentación balanceada cuando su cotidianidad lo excluye del derecho a las proteínas animales, a las vitaminas y minerales de las frutas y las legumbres, y lo condenan a la sobre exposición a los carbohidratos.

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5. Los grandes son los que necesitan saber de los derechos de los niños. No son los niños los que necesitan saber de los derechos de los niños y cómo respetarlos. Todas las discusiones sobre los niños y los derechos proceden de la incapacidad de los adultos para asumir que los niños son sujetos de derechos y que son precisamente los adultos quienes atentan permanentemente contra los mismos derechos que han proclamado. 6. Soy un niño que busca su hogar. Buscan el hogar miles de niños que por diferentes circunstancias han sido arrancados de él. Es el caso de los niños que en este momento se encuentran secuestrados por los diferentes actores armados del país. Buscan un hogar los cientos o miles de niños que están bajo medida de protección por parte del estado. Buscan hogar los miles de niños que se encuentra abandonados a la calle y todos sus peligros. Y buscan un hogar los niños que estando en el vientre de sus madres se encuentran ante la amenaza de aborto. 7. Tengo derecho a ser un hijo deseado y a nacer. ¿Cuántas madres y padres han sentido y demostrado amor a sus hijos desde el primer soplo de vida? La realidad es que muy pocos. En la mayoría de los casos la maternidad y paternidad se recibe y se vive como un suceso desafortunado. Acaso será grato para una vida que su bienvenida sea la del rechazo. Señalar que los niños tienen derecho a ser deseados tiene implicaciones importantes. Implica que el embarazo de la madre no debe ser accidental, significa que la concepción de una nueva vida ha de ser el resultado del amor de los padres y de la decisión libre de entregar a un nuevo ser lo mejor de cada uno. Sólo de esta manera se puede

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8. Derecho a querer la escuela: que me enseñen a jugar. Cada vez es más difícil encontrar niños enamorados de la escuela. Pero es en la escuela donde ese rechazo se construye. Es en la misma escuela donde la fantasía de aprender se ha convertido en una experiencia indeseada. Y el asunto no tiene nada que ver con aquello que se ha de aprender en la escuela, tiene que ver con las maneras que se han elegido. En ninguna escuela se ha implementado la cátedra de juego o amigología. Pareciera que el poder educativo del juego no ha sido reconocido en su máxima expresión. A través del juego se aprenden de manera divertida las matemáticas, el lenguaje, las ciencias naturales y sobre todo se puede aprender la ética ciudadana. A través del juego se hace fácil aprender el respeto por las normas, el respeto a la diferencia, el derecho a la igualdad, la no discriminación, la resolución de los conflictos y muchas otras cosas que difícilmente un profesor puede enseñar en un aula de clases.

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9. Derecho a comer rico. Derecho a comer rico no significa derecho a comer lo que se me antoja y menos derecho a la comida chatarra. Derecho a comer rico significa disfrutar de la alimentación sana. El problema es que muy pocas madres o padres parecen estar consciente de que los niños aprenden a disfrutar aquello que se les enseña que es rico y a rechazar aquello que aprenden que es feo. La leche materna no es dulce, no sabe a chocolate, no es salada, no chorrea grasa, ni tiene altos niveles de alcohol o cosas por el estilo y sin embargo es el alimento que más disfruta un ser humano en su vida. Los padres entonces violamos el derecho de los niños a disfrutar de los alimentos cuando los enseñamos desde edades tempranas a consumir alimentos malsanos y luego a punta de discurso y de maltrato queremos obligarlos a cambiar sus gustos. 8


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10. Derecho a jugar con mis papás. Se viola este derecho de los niños cuando dedicamos más tiempo a muchas otras cosas y dejamos a nuestros hijos en última instancia. Violamos este derecho de los niños cuando los obligamos a crecer en guarderías, con empleadas del servicio doméstico o en la soledad de un hogar debajo de llave y con salida sólo a través de la televisión o de internet. Valga decir que este derecho no es sólo del niño sino también del padre. Lo que ocurre es que los padres no han descubierto la maravilla que es compartir con los hijos. Los recuerdos más memorables de un adulto no suelen estar en sus ocupaciones laborales y en sus entretenimientos sino que están al lado de sus hijos.

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11. Derecho a cometer errores y corregirlos. Por qué será tan difícil para los adultos en general entender que niñez tiene muchos sinónimos. Estos son algunos de ellos: ventanas rotas, jarrones rotos, paredes rayadas, alfombras mojadas, zapatos sucios o ropa desorganizada. Antes que entender esta sencilla idea, los padres prefieren la opción de pensar que los niños son adultos y que pueden responder como tal. Por supuesto no se pretende que situaciones como las mencionadas sean absolutamente lícitas. Lo que se trata de explicar es que donde hay niños esas situaciones pasan porque es parte del comportamiento exploratorio, creativo, dinámico y agitado que significa crecer. El asunto es que cada una de tales situaciones se convierte en un momento para actuar o no en derecho. Ante una falta como las mencionadas, los niños tienen derecho a que se les explique sobre normas de comportamiento, sobre los espacios indicados para cada actividad, sobre responsabilidad y, sobre todo, sobre la obligación de reparar los daños que se derivan de nuestras actuaciones. Es así como los padres deben pensar en cada situación de falta del niño la mejor manera para que este pueda reparar el daño causado, desde las posibilidades de un niño. Un jarrón roto nunca vale tanto como para que un niño no pueda hacer cosas para repararlo, o al menos para que aprenda a tener un comportamiento más apropiado cada vez. 10


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12. Derecho a conocer la causa de los castigos. Muchas veces los niños son castigados e incluso maltratados y nunca llegan a enterarse cuál fue la causa. No porque los padres castiguen sin razón, sino porque la madurez del niño exige unas condiciones para que el niño pueda relacionar una falta con un castigo. Cuando esto no ocurre el niño desarrolla sentimientos de odio y rencor. Pensemos en un niño que temprano en la mañana rompió un vidrio con su balón de futbol. La madre, que atendía una visita, dejó pasar la situación hasta cuando la visita se marcho en horas de la tarde. Cuando se fue la visita el niño se encontraba viendo algún programa de televisión o quizás haciendo una tarea, pero es el momento en el que la madre viene a ejercer el castigo por la falta matutina del niño. En la mente infantil difícilmente asociará el castigo con la falta de la mañana, al contrario lo asociará con lo que está haciendo en el momento del castigo. El resultado es un niño molesto, con rencor hacia las madres y confundido porque no termina de comprender por qué ha sido castigado. 11


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Fasciculo 6- La profe AMADA PAZ