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Mandragora

PARÍS

La

A ñ o V I I ~ N º 9 ~ J u n i o / 2 0 07 [ # 8 3 ]

VIAJE A

VIAJE A

PARÍS

por Ana Belén Mulas (profesora de Historia)

Llegábamos a París sobre las 6 de la tarde del 28 de marzo, tras un vuelo tranquilo y sin ningún tipo de incidencias. Atravesamos la ciudad, durante algo más de una hora. Desde el mismo autobús y a la derecha de la autovía que nos conducía al hotel, se nos mostraba una visión general de “La Defensa”, una de las zonas de negocios más grande de Europa, con sus edificios futuristas, de aluminio y cristal, de entre los que sobresale por su altura “La Gran Arcada”, una de las más grandes realizaciones de la arquitectura contemporánea. El trayecto se hizo largo pues era “hora punta”, todos los parisinos regresaban a casa después de una jornada laboral. Finalmente dejamos atrás el bullicio y el ruido ensordecedor de la gran ciudad, para llegar a una zona mucho más tranquila, con calles amplias y zonas ajardinadas, era la ciudad de Genneviliers, donde nos alojaríamos las cinco noches que pasaríamos en Francia. El primer día, tras un copioso desayuno, comenzamos a “patear” París. Habíamos planificado varias rutas para llevar a cabo; el proyecto era amplio y ambicioso, por lo que ni siquiera en nuestras previsiones más optimistas esperábamos llegar a cumplir en su totalidad. No obstante, gracias a nuestro empeño y a la colaboración de los alumnos, conseguimos ver todo aquello que en el plano y desde Benavente, te-

níamos al alcance de la mano. El metro nos trasladó hasta las puertas del Museo D´Orsay, antigua estación de ferrocarril, abierto como museo en 1986 y que muestra las creaciones artísticas del mundo occidental entre 1848 y 1914, incluyendo pintura, escultura y artes gráficas. Conseguimos entrar; fue una visita breve, pero intensa; un “vistazo” a las obras impresionistas o la decoración orgánica y naturalista del mobiliario “Art Nouveau”, compensó la larga espera que soportamos. Las bailarinas de Degas, los desnudos y fiestas populares de Renoir, los bodegones de Cézanne, las obras de Van Gogh en las que refleja su estado de ánimo depresivo, o el mundo poético y particular que muestra Gauguin en sus cuadros..., en definitiva, que podríamos haber estado disfrutando del edificio y de las obras que alberga durante todo el día, pero... ¡ París nos esperaba!. Dicen que “el mundo es un pañuelo” y pudimos comprobarlo, cuando al cruzar la calle nos encontramos con otros benaventanos, del IESO de Benavente, que terminaban su viaje por tierras francesas y regresaban a casa. Un par de días después y como “el Louvre es tan pequeño”, coincidimos codo con codo, contemplando la “Venus de Milo”, con Jesús, el profesor de filosofía del centro. Caminamos siguiendo la orilla del Sena, desde aquí

Notre-Dame de París Pág.

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teníamos una vista perfecta del Louvre, al otro lado del río. Tras un paseo de varios minutos localizamos la iglesia más antigua de París, la de St-Germaindes-Prés. Nos remontamos al año 542, cuando el rey Childeberto mandó construir una basílica para guardar reliquias, luego convertida en abadía benedictina. La iglesia actual data del siglo XI, mezclando estilos en su interior, aunque todavía sobrevive una torre de las originales. A través del Boulevard Saint Germain, nos dirigimos al Barrio Latino, zona especialmente animada, ruidosa y con mucho estudiante y gente joven. A ellos se debe precisamente el nombre, pues el latín era la lengua que utilizaban los estudiantes de La Sorbona. Este barrio se organiza en torno a la Place St Michel, con la estatua de San Miguel dominando al dragón, escenario adecuado para realizar una de las numerosas fotos de grupo que manda el protocolo. Recorrimos numerosas calles, muy estrechas, en las que se respiraba un ambiente animado, colorista y ruidoso, con abundantes tiendas y librerías que ofrecían sus mercancías en plena calle; restaurantes con terrazas llenas de gente en torno a las típicas estufas que ayudan a combatir las inclemencias del tiempo, cuando el parisino practica una de sus aficiones favoritas: el “curiosear” a todo aquel que deambula por las calles. Son los “brasserie”, típicos bar-restaurantes al estilo francés con sus pequeñas mesas y sus si-

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I. E. S.

llas “de cara” a la calle, nunca “de espaldas” al transeúnte al que hay que observar. Al comenzar la tarde, nos esperaba uno de los monumentos más representativos de Francia: Notre-Dame, la catedral gótica, impresionante fachada con su triple pórtico abocinado; por encima, una estrecha galería, la de los reyes, su rosetón con tracería interior radial, flanqueado por ventanas en arco apuntado, con motivos trebolados en las enjutas. Encima, los arquillos alineados y sus dos torres de poca altura y remate aterrazado. Si

León Felipe

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– Benavente

LA MANDRAGORA Nº 9 - AÑO 7 #83  

Revista del IES León Felipe de Benavente (Zamora)

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