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estaba delicadamente recogido, su rostro ya no brillaba sino que lucía pequeñas heridas y suciedad y su silueta había mermado, pero el brillo de sus ojos era el mismo, eran iguales que los de Fabio. Esta imagen me hizo recordar el día que la conocí. Al verme se introdujo corriendo en mi antigua habitación y cerró la ventana. La luna pareció esconderse entre las nubes intentando impedirme que la viera. Desde que abandoné ese hogar siempre llevaba anudada en mi cuello una llave de esa cerradura, sin pensármelo, subí las escaleras en su busca. Mientra trataba de abrír noté cómo ella empujaba la puerta por dentro, impidiéndome entrar. -¡VITTORIA ÁBREME!... te he buscando hasta lo incansable... ábreme...

Caí al suelo, apoyando mi espalda en la vieja madera de la puerta y llorando de impotencia. -Por qué me has buscado... yo no soy nadie, tu eres el auténtico Rossi... –oí que preguntaba tras la puerta. -Sin ti el apellido no me vale para nada, sin ti no tengo ni nombre... En un acto reflejo, comencé a tocar malamente el violín y las notas consiguieron que abriese la puerta. Me incorporé del suelo, frente a ella, dejé de tocar y la observé detenidamente: estaba demacrada, pero seguía siendo la mujer bella que grabé en mi mente. La abracé hasta que gimió, la besé alocadamente mientras ambos no dejábamos de llorar. -Creí que nunca te volvería a ver, ¿por qué huiste? ¿Por qué?... -apenas la dejaba contestar, me era imposible parar de besarla. -Por miedo, vergüenza, enfado, yo no era bien recibida... temía que me aborrecieras, que me echaras, ya bastaba con que mi falso padre lo hiciera... no lo

I. E. S.

León Felipe

soporté, Orazio... -Nunca más te dejaré marchar... –volví a besarla– casémonos... -Pero... yo no soy nadie. -Lo eres todo para mí... Comenzamos a reírnos extasiados en felicidad, la alcé en mis brazos y la llevé hacia nuestro hogar. Ordené que la arreglaran con sus mejores galas, entre tanto yo me acerqué hacia la casa de Francesco. Este cedió a casarnos esa misma noche. Cuando llegué al palacio, Vittoria bajaba las escaleras como un ángel baja del cielo, resplandecía más que nunca y temblaba emocionada, la besé y la calmé y esa misma noche nos casamos acompañados por Calcetines y las damas que desde niña cuidaron a Vittoria. San Marcos me sorprendió aún más que las otras veces, tenía grabadas en mi memoria cada uno de sus rincones, pero esa noche era una iglesia aún más bella que la que siempre había observado. Si me llegan a decir que al cabo de tres meses me casaría allí no hubiera creído a quien me lo dijese y menos que la mujer hubiese sido Vittoria. Frente al altar entrechocamos nuestra mirada y centelleó más que los dorados de los techos. N o s fuimos lejos de Venecia, abandonando t o d a s nuestras desgracias allí vividas. La familia Rossi, mi familia, aunque me seguía cos-

– Benavente

La

Mandragora

tando incluirme en ella, poseía un precioso y amplio castillo en la provincia del Véneto cerca de los Alpes, al inicio de un frondoso bosque. Allí germinamos nuestra vida viendo corretear a Calcetines por las tierras siguiendo a nuestros caballos, regalándonos miradas eternas, caricias excitantes. Bañamos ese lugar con nuestros propios canales venecianos creados con la felicidad ganada tras el olvido mientras observábamos cercano el brillo amoratado de los Alpes. Cuando los dolores de cabeza nos perturbaban o el bebé lloraba, ella adornaba la luna con la melodía del violín que oí la mejor noche de mi vida, llenándonos de tranquilidad mientras yo la observaba apasionadamente desde el lecho sin cansarme jamás de las notas que de él nacían, gracias a las manos de Vittoria.

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CREACIÓN LITERARIA

A ñ o V I I ~ N º 9 ~ J u n i o / 2 0 07 [ # 8 3 ]

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LA MANDRAGORA Nº 9 - AÑO 7 #83  

Revista del IES León Felipe de Benavente (Zamora)

LA MANDRAGORA Nº 9 - AÑO 7 #83  

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