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Percy Jackson y el ladrón del rayo o de los cuentos antiguos Celestino Lugo En los diez mil años de su historia más o menos consciente, el género humano ha utilizado diferentes métodos para transmitir conocimientos a las nuevas generaciones. Antes de la novísima aparición de los medios electrónicos actuales y del ya lejano día en que se creó la imprenta, alrededor de 1440, los adultos contaban historias, mitos y leyendas a los más jóvenes para que supieran las muchas situaciones a las que se podían enfrentar en la vida. Por ello, los cuentos tradicionales se fueron convirtiendo al pasar de los milenios en depósitos de una vasta sabiduría humana. En ellos, y esto sucede en todas las culturas estudiadas del orbe, se privilegia el tema de la transición de la vida infantil a la vida adulta, el punto más crítico y por lo mismo definitorio en el desarrollo síquico de hombres y mujeres. Las historias que tratan este tránsito sicológico se llaman relatos de iniciación y están llenas de simbolismos, de mensajes cifrados que la mayoría de los adultos de nuestra época han olvidado cómo decodificar. Al siquiatra Carl Jung y al antropólogo George Dumézil, principalmente, se debe el estudio meticuloso de los conocimientos condensados en las historias milenarias. Robert Bly, Michael Meade, James Hillman, Terry Dobson, Robert Moore, Mary


Louise von Franz y Clarissa Pinkola Estés se cuentan entre los más recientes eruditos interesados en conocer esta veta de estudio, que como todo en la vida sigue cambiando, enriqueciéndose. El cine, la nueva didáctica En nuestra época los relatos de iniciación llegan a los jóvenes principalmente a través del cine, aderezados con efectos visuales impresionantes que sin embargo no logran sustituir el alcance psíquico de la grave y amable voz de los abuelos o los padres que contaban cuentos de hadas y leyendas locales alrededor de una fogata, del fogón o bajo el candil del corredor de los antiguos hogares. Vladimir Propp descubrió que los relatos de iniciación tienen una estructura relativamente fija desde la perspectiva del héroe, y Jung que todos los personajes que intervienen en la historia son también personajes síquicos; es decir, el universo del cuento de hadas es equivalente al universo psíquico de las personas, donde conviven héroes, guerreros, reyes, príncipes y brujas. Bajo estos parámetros son películas de iniciación desde la Guerra de las Galaxias hasta Kung Fu Panda, pasando por casi toda la producción de películas animadas de Disney, sobre todo las que rescatan viejos cuentos tradicionales europeos como Hanzel y Gretel, La Sirenita o La espada en la


piedra. Hay además una diferencia sustancial entre los ritos iniciáticos femeninos y los masculinos, por lo que películas como Coraline o Mulán plantean valores muy diferentes a los que proponen filmes como Harry Potter o El Señor de los Anillos. Además de la producción hollywodense, otros países han hecho aportaciones valiosas al tema de la iniciación en su producción cinematográfica. El japonés Hayao Miyazaki, autodefinido como “feminista, pacifista y ecologista”, ha dedicado la mayoría de su filmografía a la iniciación femenina, en la que destacan por su preciosismo El viaje de Chihiro y La princesa Mononoke. Francia tiene a su internacionalmente conocida Amélie y Michel Ocelot realizó en 2005 la adaptación al cine de un maravilloso cuento de iniciación africano, Kirikú y la bruja, en el que los elementos del relato son mucho más transparentes, a diferencia de las rebuscadas historias en que se han convertido la Guerra de las Galaxias y Harry Potter debido a objetivos comerciales. Percy Jackson, en los límites del mito El último estreno en cartelera del director Chris Columbus, Percy Jackson y el ladrón del rayo, es un


relato de iniciación en el que se mezclan las antiguas historias de la mitología griega y el mundo actual de los jóvenes, aunque parecido en muchos aspectos al mundo brujeril y mágico de la serie de Harry Potter, de la que Columbus es responsable de las primeras dos entregas. En las historias de iniciación dos eventos son fundamentales: en el caso de las masculinas, la separación de la madre, y para los dos géneros el despertar sexual. En el filme de Columbus, el mundo sexual de Percy Jackson lo representa su amigo negro Grover Underwood (literalmente “bajo el bosque”), un sátiro. En la mitología griega los sátiros simbolizan el apetito sexual y eran representados generalmente con una erección perpetua, algo parecido a lo que nos ocurre a los hombres cuando llegamos a la pubertad. En Las crónicas de Narnia es también un sátiro el primer personaje que se aparece a los protagonistas, quienes deben superar el asombro y quizá el espanto inicial para aprender a convivir con él, es decir, aceptar su propio carácter sexual. En Percy Jackson el sátiro es además protector del héroe, con lo que se adjudica a la sexualidad un gran valor positivo. Cuando Percy descubre que no es como los demás, cuando asume conciencia de sí mismo (algo que


para muchas personas resulta muy difícil en la adolescencia), y que debe seguir su propio destino, las circunstancias lo obligan a separarse de la madre. En los ritos iniciáticos masculinos el alejamiento de la madre es fundamental. Ella representa la comodidad y bajo su manto el carácter del hombre no puede afianzarse. En Juan de Hierro, un cuento antiquísimo rescatado por los hermanos Grimm, el héroe debe abrir la jaula donde se encuentra un hombre salvaje, primitivo, pero no tiene la llave. El hombre salvaje, todo cubierto de vello, le dice: La llave está debajo de la almohada de tu madre y tienes que robarla.

Robert Bly, el mitólogo que recuerda esta anécdota, señala que una madre que se precie de serlo no entregará la llave (símbolo de libertad) de ninguna manera. El héroe debe robarla. En Percy Jackson la separación es obligada por otra circunstancia: al ser la madre mortal, está impedida para entrar al mundo de los semidioses al que pertenece su hijo. La


distancia del hombre con su madre es de carácter psíquico, y este alejamiento, como ocurre en el filme, permite luego la cercanía con el padre, la figura familiar más vapuleada en la cultura de Occidente y cuya crisis está en el origen de muchos problemas sociales de nuestra época. En Percy Jackson abundan los elementos que desde antiguo se han relacionado con el desarrollo sano de la psique humana, que debe conocer, como el Budha, la enfermedad, la miseria, la vejez y la muerte, pero también el placer, el valor y la alegría. Toca al lector interesado en este tema seguir desentrañando los mensajes ocultos en las historias que hemos heredado y que representan un patrimonio del que todavía podemos aprender mucho.


Percy el mito de iniciación