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n o 7 mayo - junio 2014

distribución gratuita

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Lo que el incendio dejó en evidencia Marisol García conversa con Juan Mateo O’Brien

Ernesto Cardenal en Valparaíso Portafolio en formato afiche


4/Ernesto Cardenal en Valparaíso. Por Ernesto Pfeiffer

10 /Cementerio Marino.

M AY O 2 0 1 4

Por Amelia Carvallo

18 /Portafolio/Afiche:

Luis Salas Van Der Meer

22/Evento destacado: IV Festival de Teatro Container y su desenlace

7/ Reseña de la novela La distancia. Por Montserrat Madariaga

12 /Entrevista a Katherine Withlock. Por Oscar Aspillaga

20 / Sobre el Festival de Teatro Lambe Lambe. Por Véro Mondini

26/¿Se pudo evitar el incendio? Entrevista a Uriel Padilla. Por Valeria Viancos

32/La gentrificación en Cerro Panteón.

8 / Autogestión en la Capilla Santa Ana. Por Nelson Campos

16 /Cuento inédito de Marcelo Cheloi

21 / Comiendo en el Cardonal. Por Carlos Reyes

30/El rock de Juan Mateo O’Brien. Por Marisol García

34/Plunderphonics y los Derechos de Autor.

Por Natacha Gómez-Barahona

Por Claudio Leiva

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editorial Entregados al circuito de la ciudad patrimonial, dejamos de lado el desarrollo cultural integral de nuestra urbe, me decía esta mañana un buen amigo. Un comentario entre muchos que han surgido en días posteriores al incendio que quemó 7 cerros de Valparaíso. Pero que cobra tanto sentido ahora que Valparaíso importa, o pareciese importar como nunca antes. Ahora que volvemos a ser crónica roja. Para el sector cultural comienza a plantearse un nuevo desafío, más allá de la reconstrucción concreta, de la vida y la habitabilidad de nuestros vecinos que se quedaron en cero. Si nos cuestionamos siempre cuál es el verdadero rol y aporte de que el Congreso Nacional esté emplazado aquí, bien vale la pena preguntarse también, cuál el rol de la institucionalidad cultural instalada en una ciudad pobre como la nuestra. Lo dice en esta edición Nicolás Eyzaguirre B., director del Centro Cultural Teatro Container: en el contexto que el incendió generó, múltiples colectivos culturales se esparcieron por el territorio, generando catastros, distribuyendo ayudas, captando necesidades y creando soluciones ágiles. Como ejemplo cita las más de 30 cocinas colectivas que hasta el cierre de esta edición, están funcionando en Valparaíso para alimentar a los damnificados. “Pareciera que los agentes culturales, acostumbrados a la precariedad, se movían como peces en el agua mientras las autoridades aún discutían sobre si el tema era municipal, regional o nacional”. Es así. La precariedad ha desarrollado la tenacidad de los porteños, sí, y también de los actores culturales que aquí (como en otras provincias

del país), deben hacer malabares para hacer su quehacer.¿Debería replantearse entonces el Consejo de la Cultura su papel en esta nueva y adversa circunstancia, sabiendo que el equilibrio precario de la ciudad patrimonial es real y que nos explota en la cara en cualquier instante? Y sobre esa reflexión, ¿Debería reorientar sus recursos para invertir en las personas, en los habitantes, en programas de desarrollo, y no tanto en grandes festivales culturales o exposiciones que gastan un dineral? Para debatir. Leía una entrevista a Luis Álvarez, director del Instituto de Geografía de la PUCV quién perdió su casa ubicada en el cerro La Cruz con el incendio, y que paradójicamente, en su calidad de experto urbanista, advirtió hace meses sobre la vulnerabilidad de los cerros. En Valparaíso no hay resiliencia, porque no se ha aprendido a manejar la vulnerabilidad, decía. Confiemos que esta vez sí se aprenda, como señala Nicolás en estas páginas, se proyecte aprender a vivir juntos, a cohabitar en un mismo espacio, a crear espacios que nos permitan vivir mejor y de manera organizada. En el plan, y en los cerros, en su parte baja y en sus lomas. Seguimos perplejos con lo sucedido. No hay palabras. Estamos tristes, y en tono sepia. Dedicamos esta edición a los porteños y porteñas hoy que están rehaciéndose. Hartos de incendios, emergencias, explosiones, no queremos ser más la noticia trágica que alimenta portadas, noticiarios y matinales de tv.

Contacto directora@lajugueramagazine.cl editora@lajugueramagazine.cl prensa@lajugueramagazine.cl publicidad@lajugueramagazine.cl @lajugueramag lajugueramag www.lajugueramagazine.cl 56-9-6290225

La Juguera Magazine N°7, año II, mayo-junio 2014. Directora: Alejandra Delgado (@aledelgado) / Editora: Montserrat Madariaga (@monselina) / Periodistas: Óscar Aspillaga (@oscaraspillaga), Amelia Carvallo / Edición Web: Equipo LJM / Dirección de arte y diseño: Instruccionesdeuso: (@ ideuso) / Diseño Web: Claudio Pérez. Colaboradores: Ernesto Pfeiffer, Jorge Severino, Nelson Campos, Harol Bustos, Véro Mondini, Carlos Reyes, Nicolás Eyzaguirre, Valeria Viancos, Marisol García, Natacha Gómez-Barahona, Augusto Gómez F., Claudio Leiva, Luis Salas Van Der Meer. Imagen portada: Escena de Valparaíso, Cerro las Cañas tras el incendio de abril, 2014. Fotografía de Nelson Campos Imagen en índice de Juan Mateo O’Brien gentileza de ©Pablo Fuente. Fotografía contraportada por Fabián Carvallo. Agradecimientos a equipo @nosconocenadie: Crsitóbal Valenzuela, Tomás Verdejo, Fernando Mena; a Maceteros Producciones; y Kiosko Don Tuco Impresión: El Mercurio de Valparaíso (sólo actúa como impresor). La Juguera Magazine es una publicación de MEDIUM COMUNICACIONES

colaboran

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Ilustre Municipalidad de Vaparaíso

puntos de distribución VALPARAÍSO plan: Café Reina Victoria - Elías s/n Ascensor Reina Victoria / Dirección de Turismo Ilustre Municipalidad de Valparaíso - Calle Condell 1490 / Teatro Condell

- Condell 1585 / Biblioteca Regional de Valparaíso Santiago Severín - Plaza Simón Bolívar N° 1653 / CENTEX (Consejo Nacional de la Cultura y las Artes) - Sotomayor 233 / Café del Poeta - Plaza Aníbal Pinto 1181. Cerro Cárcel: Parque Cultural de Valparaíso - calle Cárcel 471. Cerro Alegre: La Cocó Sanguchería - Monte Alegre 546 /

Balmaceda Arte Joven Valparaíso - Santa Isabel 739 / Casa E - Lautaro Rosas 344 / Restaurant El Peral -El Peral 182. Cerro Bellavista: Galería La Loba - Subida Ferrari 113. Playa Ancha: Sala de Arte Escénico - Gmo. González de Hontaneda 855. VIÑA DEL MAR: Disquería Orangedays - Av. Valparaiso 617, Galería Carrusel, local 29 / Bonita Indie Bar - Siete Norte 427 / El Baúl Café - Calle Cinco Norte 433/ Departamento de Cultura de Municipalidad de Viña del Mar - Avenida Libertad #250 / Sala

Aldo Francia – Palacio Rioja, calle Quillota 214. QUILPUÉ: Café Deleite - Irarrázaval 446 / Librería Fuegia – Blanco 998. VILLA ALEMANA: Centro Cultural Gabriela Mistral - Santiago 674 QUILLOTA: Casa de la Cultura - Merced 175. SANTIAGO: Centro Cultural estación Mapocho - Plaza de la Cultura s/n, ex Estación de Trenes. pág · 3


CRÓNICA

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ERNESTO CARDENAL, Un poeta-profeta que vino a Valparaíso

Escribe Ernesto Pfeiffer A.* / Fotografía Jorge Severino El perfil de Ernesto Cardenal está en el retrovisor, delante de él y en el mismo espejo se ven las llamas en los cerros… El poeta mira imperturbable y contesta con un riguroso silencio las preguntas del conductor. Esta escena recuerda uno de sus “Epigramas”:

Letelier a participar en dos programas, en el primero de ellos –Café Negro– recitó casi de memoria uno de sus mayores clásicos:

De pronto suena en la noche una sirena

Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido:

de alarma, larga, larga,

yo porque tú eras lo que yo más amaba

el aullido lúgubre de la sirena

y tú porque yo era el que te amaba más.

de incendio o de la ambulancia blanca de la muerte,

Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:

como el grito de la cegua en la noche,

porque yo podré amar a otras como te amaba a ti

que se acerca y se acerca sobre las calles

pero a ti no te amarán como te amaba yo.

y las casas y sube, sube, y baja

y crece, crece, baja y se aleja creciendo y bajando. No es incendio ni muerte: es Somoza que pasa.

A diferencia del poema, no es Somoza el que pasa sino el abandono y la precariedad del puerto. Así el sacerdote nicaragüense llega a Valparaíso, después de arribar a Santiago desde Managua, todo lo planeado cambió, nadie podría haber pronosticado que días antes habría un terremoto en su país y menos que el día en que se embarcara rumbo a Chile comenzaría el desastre más grande que ha vivido nuestra ciudad. A pesar de todo, el poeta no suspendió su viaje y llegó con el temple de un profeta para recibir el grado de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Valparaíso y presentar su último libro Poesía vivida, publicado por la misma casa de estudios. Al día siguiente de su arribo, fui testigo y víctima de la energía del otrora monje. Luego de desayunar se dirigió a la Radio Valentín

Al finalizar se produjo un silencio de admiración y el conductor tardó algunos instantes en proseguir. Nadie, ni en el estudio ni en el dial, quedó indiferente ante el vozarrón del poeta de 89 años, quien con sus versos logró evocar una época ya extinta, en la que millones de parejas declaraban su amor con poemas y en la que nadie sospechaba que décadas más tarde se declararía el amor en apenas 140 caracteres (con espacios incluidos). Al finalizar la intervención radial el poeta firmó treinta y tres ejemplares de su reciente publicación, pero esto fue sólo el comienzo, ya que después quiso recorrer las calles del plan y fuimos a la Avenida Pedro Montt. En nuestro recorrido lo vi muy asombrado por la cantidad de jóvenes que desfilaban en las calles con palas y alegría, reparó en el hecho de que no representaran a ningún partido ni credo, le impresionó que marcharan anónimos y unidos. Aprovechando que estábamos cerca fuimos a la Librería Crisis, ahí el poeta se sentó entre torres de libros; luego de unos minutos Ernesto Cardenal ya parecía el dueño del lugar y estaba escribiendo en un ajado cuaderno mientras sostenía en sus rodillas dos novelas de Stevenson y una antología de ensayos de Montaigne. Después de todas estas actividades el poeta rechazó enérgicamente la idea de regresar al hotel a descansar y me pidió que lo llevara a un local donde pudiera comprar cobre para unas esculturas que

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ERNESTO CARDENAL,

C R Ó N I C A / L I T E R AT U R A

Un poeta-profeta que vino a Valparaíso

haría en su país. Sus requerimientos eran muy específicos y sus anotaciones parecían las de un constructor civil. Fuimos caminando al local, el poeta ayudado por su bastón daba pequeñas pero rápidas zancadas, así pasó la primera y luego la segunda cuadra hasta que repentinamente se detuvo, se apoyó en el mango de su bastón y frunciendo el seño exclamó: “no camino más”. Justo en ese momento apareció una señora que reconoció al poeta y le dijo que se llamaba Claudia igual que una de las musas de Epigramas, luego de esto el poeta tuvo fuerzas para caminar otras dos cuadras y llegar al lugar para comprar las planchas. Al salir -con el cobre bajo el brazo– yo estaba seguro de que él querría descansar, pero me equivoqué una vez más ya que su instrucción fue ir a buscar el último número de la revista Time, la que obviamente no encontramos en ninguno de los tres –pueden haber sido cinco– quioscos visitados. Sin la revista, pero con un gran apetito fuimos a almorzar; el aperitivo fue un pisco sour y luego lo siguió el vino tinto. El pescado que le trajeron fue una corvina que calificó de “insípida”, lo que generó varias sonrisas entre los que comíamos con él. Durante el almuerzo, Cardenal habló sobre la reprimenda que le dio Juan Pablo II en 1983 y daba gracias a Dios que le haya prohibido realizar sacramentos, confesando que no le interesaba que le levantaran esta prohibición ya que su vocación era la de escribir y esa era su forma de evangelizar. El llamado espiritual de Cardenal ha sido tan intenso como el de otros místicos y está presente en toda su obra, al hojear sus poemas fácilmente uno se puede encontrar con uno como este:

“En la hamaca sentí que me decías

Me contaron que estabas enamorada de otro y entonces me fui a mi cuarto y escribí este artículo contra el Gobierno por el que estoy preso.

El aplauso del auditorio fue prolongado. Al día siguiente, Cardenal viajó hasta Santiago para presentar el libro Poesía Vivida en la Biblioteca Nacional, ahí estuvo acompañado por el poeta Floridor Pérez y por Cristián Warnken, director de la Editorial UV. En el auditorio habían más de 300 personas, frente a ellos Cardenal recitó sus poemas con una impresionante energía y en un momento una estrofa se convirtió en una profecía que estremeció a los presentes:

Nos espían todo el día

no te escogí porque fueras santo

Tienen ya preparadas las sentencias

o con madera de futuro santo

Pero el Señor no nos entregará a su Policía

santos he tenido demasiados

En su tercer día en el puerto Ernesto Cardenal realizó una lectura de sus poemas dirigida a los jóvenes universitarios en la Facultad de Derecho de la UV, ahí el vate nicaragüense comenzó diciendo que él tenía poco que decir, ya que la mayor lección la estaban dando los estudiantes de Valparaíso con su desinteresada ayuda. Uno de los mejores momentos se produjo cuando leyó el siguiente poema:

No permitirá que seamos condenados en el Juicio

te escogí para variar.”

Yo vi el retrato del dictador en todas partes

Siguiendo con la aventura de Cardenal en Valparaíso hay que mencionar que uno de los momentos más emotivos fue su recepción del Doctor Honoris Causa otorgado por la Universidad de Valparaíso, el primero que le concede una universidad chilena. En esa ocasión el poeta deslumbró con un discurso de casi diez carillas escritas a mano en las que habló sobre Rubén Darío y luego relató su primer encuentro con Salvador Allende, el que ocurrió el mismo día en que se comunicó la noticia de que Neruda ganaba el Premio Nobel. Para terminar su alocución leyó un poema en el que recreaba el asesinato de Víctor Jara.

—Se extendía como un árbol vigoroso—

y volví a pasar

y ya no estaba

Lo busqué y no lo hallé Lo busqué y ya no había ningún retrato y su nombre no se podía pronunciar *Editor General de la Editorial Universidad de Valparaíso.

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Un acercamiento a La distancia de Nicolás Campos Escribe Montserrat Madariaga / Imagen gentileza de Contracorriente Ediciones La ciudad de Ventanas en Puchuncaví. Ese es el escenario de La distancia, primera novela publicada por Nicolás Campos (1983), que nos presenta un retorno al lugar de la infancia con fines redentores y una desconfiada esperanza de dar el gran paso hacia la adultez. Desde el comienzo el narrador expone su repudio a Ventanas, un pueblo sin memoria, sin historia, que brotó de pronto y nació muerto nos advierte. Su dualidad balneario/parque industrial le habla al lector de una modernidad deformada, un crecimiento sin belleza, como el que tuvo el narrador. Por eso el trauma va a ser uno de los temas de la novela, y la distancia la forma de evitar revivir sentimientos molestos, tergiversando sus emociones refugiándose en el morbo y en el arte, aunque no le resulte del todo. Máscaras sobre máscaras, el hijo pródigo de Ventanas se propone escribir su retorno en un juego que expone lo ficticio del pasado. El narrador sabe que las versiones que nos contamos de nuestras vidas no son más que eso. ¿Qué es lo auténtico? ¿Cuánto de nosotros mismos mostramos a los demás? Se pregunta. Su liberación sólo podría darse, entonces, armando un relato del trauma–como dicta el psicoanálisis-, lo que hará en distintos niveles e intentos: moviéndose como un fantasma por un lugar fantasmagórico, espiando a las personas y lugares de sus afligidos recuerdos de inadaptado -porque ese es su gran conflicto: el no pertenecer, la distancia que se autoimpone desde niño, improvisando torpes happenings que nadie interpreta-; también lo hará recordando que el viaje tiene el fin de la escritura, un fin intelectual que le obliga a fingir sus pasos, inventar falsos diálogos con sí mismo. Ninguna de esas “maniobras de ocultamiento” le servirán. En cambio, encontrará alivio en “el adefesio”, una representación material de su pasado, del “yo” que quiere enterrar. Una “animita/collage” para recordar lo que fue y ya está muerto. La distancia es una novela cerebral, en el sentido de que recorre los pensamientos dubitativos de una persona en el umbral de la madurez, que se resiste al “sentimentalismo”. Retrata las íntimas contradicciones –tan propias de las generaciones chilenas posdictadura- de los que buscan la madurez y, a la vez, se resisten a ella por miedo a llegar a ser un “adulto estándar”, con ropa de multitiendas, trabajos planos y vida familiar según la norma: personas globalizadas y adormecidas. Aunque esta tensión haya sido revisada antes en la literatura nacional, la originalidad de Campos está en el juego a que somete al lector; juego de distancias provocadas por el arte/artificio que lleva a la reflexión sobre qué es lo real en nuestras vidas si todo lo mediamos con los relatos que construimos sobre nuestro pasado. Las cosas tienen vida propia, nos sugiere el narrador con Jung, serían lo real al ser testimonios tangibles que contradicen nuestras ficciones. Por eso, según cuenta, para los japoneses es de mal gusto decorar las casas con objetos personales y por eso al morir su morador, el hogar debe ser inmolado, incendiado, borrado para siempre. En definitiva, la novela, luego de todo el periplo mental del narrador, lleva al lector hacia el último derrotero: la muerte. Lo verdadero vendría siendo el único misterio que no ha resuelto el hombre, que no puede relatar. pág · 7


F O TO R R E P O RTA J E

Santa Ana y Cordillera en su última aventura de auto-gestión: la autoconstrucción de manera tradicional del muro de la ex – capilla Santa Ana; 1600 ladrillos “XXL” de adobe, construidos con los elementos básicos, agua, greda, manos y libertad infantil. Más información sobre el proyecto en http://espaciosantaana.blogspot.com Fotografiado y escrito por Nelson Campos.

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TURISMO

“Los muertos se hallan bien en esta tierra cuyo misterio seca y los abriga. Encima el Mediodía reposado se piensa y así mismo se concilia...” Paul Valery

Escribe Amelia Carvallo / Fotografía Alejandra Delgado

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Cementeriomarino Encarnación A comienzos del otoño, por primera vez, voy al Cementerio de Playa Ancha. Son las dos de la tarde del segundo día de abril. El semáforo de Melgarejo con Blanco está en rojo. Un microbús detenido me espera. Su letrero dice clarito: “CEMENTERIO”.

Stabros y Licia. Un canillita de yeso, de esos que hoy no hay, protege al mausoleo de los suplementeros. Los Viejos Tercios del Santiago Wanderers están alineados y ordenados en blanco y verde, con cierto rigor espartano.

“Avíseme, por favor, en el cementerio” le digo al chofer. Él y su copiloto me miran con pena. Con un solemne “claro que sí” me entrega el vuelto. Tomo la ventanilla que da hacia el mar, el sol está más oblicuo en el horizonte.

Detrás, un amplio terreno con tumbas a ras de suelo. Cercas de palo donde resalta una rosada con un rectángulo de pasto sintético y una máscara del Hombre Araña. Muñecas, peluches y flores de plástico, mamaderas, monitos de plástico, veletas y flores frescas. Un abejorro gordo huele unos claveles amarillos en la tumba de Amaranta que sólo vivió cuatro meses. Tumbas cerradas con candado, otra con banderines de fútbol y un pino de Navidad dentro. Muchas bancas para acompañar a los muertos.

Soy la única pasajera y ellos podrían ser primos: canosos de cuello grueso con lentes y camisas escocesas, calcetines grises y reloj pulsera de metal amarillento. Luego de un rato me avisan que llegamos. En la entrada, en mitad del camino: la estatua de un niño ángel con un collar de cuentas blancas de plástico. Un perro negro y viejo dormita a sus pies y no hay gente. Comienzo a caminar y leer, un ejercicio que haré en una especie de letanía mental por más de tres horas, hasta recorrer íntegros los más de 160 metros cuadrados del segundo cementerio más grande de Chile.

Pasión Escojo la ruta de los mausoleos, dedicados a decenas de profesiones anacrónicas: fleteros, lancheros, jornaleros de cabotaje y empaquetadores. Dueños y trabajadores de golondrinas: sospecho, un medio de transporte. Los veteranos del ’79 y los socorros mutuos rezuman antigüedad. Mausoleo de obreras y de matronas de nombres tan arcaicos como Blaudina, Vicenta, Griselda y Clorinda. Un epitafio en italiano dice algo así como “entrando en la adolescencia, al amor de sus seres queridos fue secuestrado”. Mausoleos de colectividades: la italiana, la israelí y la helénica de dulces nombres como

En los deslindes el sol pega fuerte sobre una muralla llena de nichos con frases dramáticas y rotundas grabadas en piedra: “a mi idolatrada madre”, “a mi inolvidable hijo”, “de su inconsolable esposa”, “papá, mi corazón yace aquí contigo”. El epitafio de Elenita turba: “aquí yacen los restos de nuestro hermoso ángel cuyo fugaz paso por la tierra nos brindó los más hermosos y felices 16 años de nuestra existencia. Tan preciado don nos fue desposeído el 25 de noviembre de 1946. Desde entonces vegetan inconsolables las almas torturadas de sus padres”. Sorpresa también porque María Engracia falleció a los 114 años y Matías el 27 de enero de 1902 es recordado por su esposo Silvestre. Epitafios surreales en el sindicato de profesionales artistas: “No es lo mismo el músico que practica mil horas al maestro que practica diez mil horas”. Encima de una tumba hay un gorila de peluche y lentes con una camiseta que dice “I’m just a love machine”.

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Llego a una meseta de pasto verde donde un queltehue corretea a unas gaviotas. Sobre una tumba a ras de suelo, un hombre y una mujer recostados de frente escuchan una canción de Sandro. Más allá una tumba flamante en ladrillo princesa espera que la habiten. En otra alguien dejó una taza con restos de café. Extraños bloques de tres pisos con escalas que los conectan. El viento frío se cuela y silba entre estos pasadizos. Me congelo en este sector y parto al sol y las tumbas que miran al mar. Al final de esta área está la animita de Emile Dubois atiborrada de placas por favores concedidos. Zapatos de guaguas, rosarios hechos de cáscara de nuez y las velas que no dejan nunca de arder. Está atardeciendo y vuelvo al camino central, al mausoleo de la Sociedad Española de Socorros Mutuos y sus balcones. Resalta el mausoleo color amarillo pato de las Hermanas de la Caridad y el afrancesado de los “chauffers”. Operarios del agua potable junto a boxeadores en retiro, zapateros y camioneros hasta llegar a mausoleos asoleados, algunos con perfiles de aluminio en las ventanas y baldosines cerámicos.

Resurrección Al final, entre las patas de la tumba de Martín Busca -una especie de rock star dentro del cementerio que hizo pacto con el Diabloaparece Calita y su aliento a tinto: “Me dicen Calita porque llevo la escalita a los que quieren dejar flores en los nichos de arriba; trabajo acá desde los seis años, mi taita me trajo y hasta he salido en el SQP”, me asegura rascándose la cabeza. No hay tiempo para escucharlo. Arriesgo quedar encerrada acá toda la noche en una pesadilla de zombis o sentirme una musa decadente bebiendo jugo de amapolas encima de una lápida.


E N T R E V I S TA

Un lugar donde doctores en ciencia enseñan a niños de escuelas municipales de Valparaíso, cambiando el paradigma educacional chileno y, también, tratando de evitar el negro futuro que le depara a la humanidad.

El Edificio Verde: poniendo una gota de optimismo a la educación chilena desde Playa Ancha Escribe Oscar Aspillaga / fotografía Nelson Campos

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Bárbara, una niña de octavo básico de la Escuela Pacífico de Playa Ancha, conversa muy animada e interesada, traductor mediante, con Derek Stemple, jefe del Mouse and Zebrafish Genetics del Sanger Institute, del Reino Unido. Derek está en Valparaíso participando del III Simposio de la Red Latinoamericana de Investigadores en el Sistema Modelo de Pez Zebra, organizado por el Centro de Neurociencia de la Universidad de Valparaíso y que se desarrolló en el Parque Cultural durante el viernes 11 y sábado 12 de abril. Derek está fascinado, lo primero que hace es mostrar una foto que le sacó a un perro porteño que tiene ojos de colores distintos. “Le llaman el David Bowie”, dice muerto de la risa. La niña también ríe. Pero no sólo el humor tienen en común, sino un interés por la ciencia y de vanguardia. Derek y Bárbara quieren estudiar al pez Zebra, debido a que su composición genética ha permitido sentar las bases para trabajar con enfermedades propias de los seres humanos.

Pero, ¿qué hace que dos mundos tan opuestos, como el de un prestigioso investigador y una niña de un colegio municipal de Valparaíso, se reúnan a conversar sobre un pez llamado Zebra? Los estudiantes de la Escuela Pacífico son asiduos visitantes del Edificio Verde de Playa Ancha, un lugar al que van a aprender ciencia, un espacio único en Valparaíso y quizás de Chile. El Edificio Verde de Playa Ancha Kathleen Withlock nació en Nueva York, Estados Unidos. Tiene un doctorado en Zoología de la Universidad de Washington, fue profesora asistente de la Universidad de Cornell y ahora es profesora titular del Centro Interdisciplinario de Neurociencia de Valparaíso y de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Valparaíso. Llegó a Chile el año 2006 con su esposo científico chileno, luego que les saliera una buena oportunidad de trabajo en la UV. En Valparaíso, Kathleen se encontró con una realidad muy distinta a la que estaba acostumbrada en su país; no fue fácil, pero se

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enamoró de la “República Independiente de Playa Ancha”, como le gusta llamar a este sector de Valparaíso siguiendo la tradición local. Fue así como el año 2008, junto con otras personas, compró una antigua casona en la calle Pedro León Gallo, la cual fue refaccionada con madera reciclada y cuenta con calefacción solar térmica, lámparas LED, vitrales hechos a mano y murales del pintor Eduardo Mena, entre muchas otras cosas. Con el paso de los años, esta casa pasó a convertirse en el Edificio Verde, donde los niños pueden usar los microscopios, aprender en el invernadero, tener laboratorios y talleres de energía sustentable, utilizar hornos solares y trabajar con biogás. Todo gracias al programa Ciencia al Tiro creado por Kathleen, donde niños de escuelas municipales del sector vienen para aprender de ciencia. Y gratis. Otra cosa que aprenden, y que es el orgullo de Kathleen, es la acuaponía. Este es el primer y único lugar en Chile donde se


E N T R E V I S TA

implementa este sistema que consiste en utilizar los desechos de los peces como abono para plantas y verduras. En el patio de la casona, adentro de un invernadero, por un lado podemos ver enormes barriles con peces de color; al costado, una piscina tapada con plumavit y, en pequeños hoyos, plantas creciendo mediante hidroponía. A través de tubos y gracias a un sistema, los desechos de los peces pasan a las piscinas y las plantas los ocupan como nutrientes, tras lo cual el agua vuelve limpia a los barriles. -El futuro de la agricultura -vaticina Kathleen mientras peces de colores dan vueltas en enormes barriles-. Mi sueño es que se implemente de forma masiva en Valparaíso. Los beneficios son que las verduras crecen rápido, es sano y no se gasta agua. Este sistema es importante para esta región porque tenemos problemas de sequía. Acá puedes enseñar a los chicos, amplificar el sistema e imaginar que en el futuro pueden trabajar en un invernadero cultivando cosas y ganar plata haciéndolo, dice Kathleen entusiasmada. -¿Por qué crear un programa en Valparaíso como Ciencia al Tiro? -Los colegios municipales son la prioridad, porque si miras la calidad de educación pública… es de menor calidad. Yo enseño en la UV y tenemos muchos estudiantes de escuelas públicas y he visto los resultados. Al menos en ciencia no es muy bueno. No hay casi nada de ciencia y lo que hay es fome porque no hay plata para comprar materiales, no sé si los profesores tienen la capacidad para armar laboratorios porque no aprendieron eso y todo junto crea una situación no muy interesante para los estudiantes. Y como yo estoy enojada con esta situación [se ríe] decidí que sólo puedes despotricar si haces algo, sino es fome, nadie quiere escuchar gente despotricando. Por eso el 2008 comenzamos este programa. -¿Cuál es el beneficio para los niños que vienen acá? -Con este centro los niños van a hacer más experimentos y si quieren continuar pueden volver. Si una persona tiene mucha motivación para estudiar ciencias podemos ayudarlo, quizás con la esperanza de que pueda llegar a la universidad. Arriba en los cerros de Valparaíso las personas son muy pobres y no tienen la historia en su familia para entrar a la universidad, es como otro planeta. Es un cambio de cultura fuerte. Yo creo que podríamos ayudar y no sólo con la ciencia, también a dar una mano a los chicos. Nuestro sueño es que se dediquen a eso.

Educación en Chile El año 2007, Kathleen leyó en la revista The Economist que Chile tiene la brecha más grande de América Latina entre los que tienen recursos y los que no los tienen en cuanto a la calidad de educación. “Yo quedé en shock -dice Kathleen-. Después, en el Mercurio de Santiago, dijeron que de las tres peores escuelas de Chile, dos están en Santiago y la otra acá en Playa Ancha. Entonces, ¿cómo es posible que nuestros vecinos tengan esta característica? Así que fuimos a esta escuela con la idea de armar talleres”. -¿Cómo es la recepción de los colegios o de los padres con lo que se hace en Ciencia al Tiro? -En general la recepción es buena, a veces con los profesores es difícil porque es una cosa más para ellos que tienen que hacer y a veces tienen entusiasmo y otras no. Lo mismo con los padres, en general los apoderados cuando estás en un lugar de menos recursos, la situación puede ser fuerte y siempre hay chicos que tienen apoderados que apoyan, que son simpáticos y otros no, que dicen que nosotros “hueveamos”, por ejemplo, y yo siempre recuerdo que hacemos esto para los chicos. No puedes cambiar a los adultos, no es fácil. Me impresioné mucho un año en que tuvimos talleres en la universidad, invitamos a los chicos y eran 12, necesitaban venir con su apoderado para firmar un compromiso, etc., y algunos de los padres no podían venir, lo que me impresionó, pero luego entendí que en Chile un 80% de las personas no entienden lo que leen y como un 45% no terminan sus colegios. Estos padres llegan en una situación un poco fuerte, llegan a la universidad, no pueden leer bien con su hijo, con académicos, para firmar algo. Existe un grupo de apoderados que entienden que necesitan mejorar la educación de sus hijos y no importa la clase económica de la que vengan, siempre hay un grupo que quiere mejorar la vida de sus chicos. -¿Cómo fue venir a Valparaíso luego de tu experiencia en educación en Estados Unidos? -Fue un cambio grande, me causó un shock increíble el bajo nivel de educación pública en Chile. Yo soy del estado de Nueva York y somos conocidos por el buen sistema de educación pública. Tuve suerte, tuve educación top y gratis para el colegio, la universidad no fue gratis pero es súper barato, y después hice un doctorado en la Universidad Washington. Mi experiencia siempre fue que si el Estado es bueno, produces estudiantes buenos. Y yo llegué acá y me horroricé.

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-¿Pero te diste cuenta de inmediato de esa diferencia entre tú país y Chile? -Llegué acá el 2007 y los estudiantes tomaron la universidad para echar al rector Riquelme en la UV. Aprendí qué es una toma y estuve muy decepcionada de la calidad de estudiantes de primer año en la universidad. El 2008 empecé a leer mucho del sistema de educación en Chile porque no entendía por qué estamos en esta situación. Por eso empezó esta idea que debíamos hacer algo, porque tenemos la gracia de estar en un programa de doctorado, pagado por becas, pero al lado de nosotros existe un sistema miserable y yo no puedo tolerar eso, la única manera es hacer algo con la esperanza que una gota va a ayudar, pero mis primeros años acá fueron muy fuertes. Ahora entiendo mejor el sistema y pienso que parte del problema no es solamente los estudiantes, es el nivel de los profesores, el nivel del programa, y no solamente en colegios, liceos, sino que también en las universidades: no todas son buenas. Un círculo un poco vicioso, los estudiantes están un poco desanimados en el colegio, llegan a la universidad, están perdidos, y si nadie hace algo, va a continuar este círculo. -¿Ves con esperanza lo que está sucediendo ahora en cuanto a los cambios que se quieren introducir en la educación chilena? -En este momento estoy leyendo el libro Cambio de rumbo de Mario Waissbluth y él habla que será un proceso lento. Es un problema profundo y empezó con la dictadura, ya han pasado más de 20 años y no ha mejorado la situación. El sistema binominal también es problemático y en parte es esta división en recursos que existe en Chile; hay personas con recursos increíbles y otras muy pobres. Al menos en Estados Unidos tú tienes un sistema de impuestos que exige más a las personas ricas que a los pobres y en Chile eso no existe y por eso esta división es más fuerte acá que allá y la pobreza también. Necesitas personas en el gobierno que en su corazón tengan ganas de cambiar, y eso significa que quizás en el futuro su vida no va a ser muy cómoda porque hay muchas cosas que acá son muy baratas porque el nivel de educación es muy bajo. Por ejemplo las nanas. En mi país es carísimo, pero acá no. Allá las nanas tienen escuela secundaria y quizás pregrado, acá no. Si aumentas el nivel de educación de todos, significa que tú necesitas pagar más, es muy complejo eso. Lo que necesitamos es poner más valor en la educación, la carrera de pedagogía necesita ser mejor. Yo fusionaría, como fue antes, a la UPLA y la UV. Se necesita cambiar para ayudar a la calidad de los profesores, pagar mejor a los profesores, disminuir las horas al frente de clases para que puedan preparar mejor sus clases y poner más valor el ser profesor. Antes era más honorable ser profesor. Los sueldos acá son miserables.


“Necesitamos ser más comunidad y eso es un desafío para Chile. Por primera vez en nuestra historia estamos llegando a un momento donde no hay más recursos. ¿Vamos a irnos a otro planeta?”

El colapso mundial -¿Por qué es importante cuidar el medio ambiente y cuál es tú motivación para hacerlo desde este Edificio Verde? -Yo soy fanática del medio ambiente y de la energía y se vienen cosas muy duras en el futuro, el costo de la energía, los bajos recursos. A nivel mundial, en los próximos 20 años la vida va a ser mucho más dura que ahora. Yo quiero disminuir el impacto y el uso de la energía.

bencina... hay varias discusiones en torno a eso. Necesitamos prepararnos para ser más autosuficientes. Eso quiero hacer con Ciencia al Tiro: que los niños entiendan que si tú necesitas calentar agua puedes hacerlo sin gas o electricidad, bajar tu consumo. Puedes hacer tus propias cosas. Necesitamos ser más comunidad y eso es un desafío para Chile. Por primera vez en nuestra historia estamos llegando a un momento donde no hay más recursos. ¿Vamos a irnos a otro planeta? Las personas consumen mucho.

-¿Qué se debería hacer?

-¿Acá en Playa Ancha se está evitando el colapso mundial?

-Si tú miras los cambios que están pasando, no sólo en lo medioambiental y el cambio climático, sino que también en la economía del mundo, hay muchas cosas que están en su límite, y eso significa que todo va a ser más caro. Toda la comida va a ser más cara. Hay inundaciones muy grandes, un frío muy fuerte. Si miras hacia el futuro cada vez van a haber más personas y tendremos un estrés en el sistema de producción de la comida, la

-Si piensas mucho en eso te puedes deprimir, es muy fuerte. Yo pienso que estos cambios no van a pasar durante mi vida. Un científico dijo que podríamos tener una crisis importante dentro de 15 años producto del carbón en la atmósfera. Mi idea es poner un poco de esperanza, tenemos las herramientas para ayudar a las personas. Si no haces cosas para el futuro no hay esperanzas.

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Una noche cualquiera post ruptura (Extracto de novela)

CUENTO INÉDITO

Escribe Marcelo Cheloi* / Ilustra Harol Bustos

La soledad se va un rato cuando los amigos que son hermanos aparecen. Los mismos que por distintas razones están tan lejos que no puedo creer estemos viviendo en la misma ciudad. Definitivamente están acá, y aunque se hagan los pelotudos y no me pregunten nada respecto a cómo me siento, yo menos me molesto en hablar del tema. Eso pasa entre nosotros todo el tiempo. Nunca hablamos de nuestros problemas por muy ahogados que estemos y esta no es la excepción. Aunque no he olvidado absolutamente nada, me callo la boca y prefiero que la noche siga su curso natural. Quiero disfrutar de esta velada; que es como un cable a tierra ya que el hecho de compartir aparece como un truco de magia y me olvido de todo un poco. En vez de invocarla, aclamo la buena onda respirando y riéndome con las anécdotas que oigo y provocan que posponga la mierda para un próximo día, para cuando mi cabeza me refresque todo lo que sé que se viene; dolor hasta que venga otra, o hasta que decida abandonarla y dejar este tema como superado sin practicar el sadomasoquismo, pero esa seguidilla de one night stands es un barro difícil de lavar por la mañana. Algo muy parecido a la autoflagelación. Es heavy que después de dos años la persona que consideraste como tu favorita desaparezca como si nada de tu vida. Tener que eliminar tanto con un solo suprimir en el teclado. Hacerlo no me da ninguna recompensa y por eso maldigo el amor; la falsedad que trae consigo junto a esa barrera física que debemos superar antes de la mental. Lo peor de todo es que le creía cuando decía que me amaba. Hasta que todo se pudrió de golpe y una vez más en mi vida, lo que empezó asombrosamente bien termina mal. Ni la distancia puede arreglar que sea un fantasma. Sabiendo incluso que está con ese concha grande de su madre, con el supuesto <<clavo>> que la puede salvar haciéndola creer que pensar en mí es un error. Pasará por lo mismo una y otra vez. Ya he estado ahí. Sé de vacíos, y no vale la pena irse a los brazos de otro con el afán de cariño si no se sabe manejar la paz interior. Adiós a ese idealismo y la búsqueda de la mina perfecta. Aunque su carita aparezca sin invitación constantemente y sea catastróficamente eficaz a la hora de recordarme lo enamorado que estoy, o que estuve. Qué se yo.

Por el momento todo está más tranquilo. Es noche de viernes y como soy buen amigo debo romper mi regla de no visitar discotecas. No me gustan porque no hago más que estar parado y observar. Y si bien mis friends nunca se han tomado la molestia de entender el esfuerzo que debo hacer, entro igual a la Ovo. Me voy a la barra y le paso dos lukas de propina al barman para que me sirva un Jack obsceno que me clavo en segundos, porque tengo sed y porque no olvido una mierda… si es que alguien entiende a lo que me refiero. Una de las razones por las que me estoy matando en alcohol son esas minas que tratan de hacerse las piolas intentando llamar nuestra atención. Bebo mientras pienso en todo el asco que me provocan; y tomo como si se fuera a acabar el mundo. Ni eso me emborracha. Ejecutar este tipo de aceptación obligada, entendiendo del porqué existe este tipo de interacción donde desconocidos de ambos géneros están dispuestos a todo por un follón insignificante no logra engancharme. Como dije antes, si estoy aquí es por mis amigos y sé que ellos lo están pasando bien, pese a que se hayan encontrado con la misma postal de siempre. Les da lo mismo. Son admirables. Debe ser genial tener ese gen para apreciar el sexo como deporte. No se los cuestiono, pero a veces pienso quién será el primero que me diga: “brother, me apetece hacer otras cosa”. Salgo por un poco de yerba al estacionamiento. La mezcla es tan enriquecedora. Me hace más putazo y dejo de lado al muchacho que llevo dentro. No estaré en el mejor de los sitios pero ando happy. Como Jason Segel en Forgetting Sarah Marshall y quién sabe, a lo mejor tengo sexo y me va bien rebotando esta noche. O a lo mejor estaré seis meses a pura paja ya que ligar es lo que menos me importa. Insisto con eso del coraje. Haber estado en el fondo del mar, hundido en pena, aislado como nunca antes, me ha facilitado la idea de que experimentando dolor es la única forma de comprobar que cada uno es dueño su propia felicidad. Follarme minas porque sí no lo descarto. Sólo que lo hice tantas veces que nunca imaginé que mi última sería la mejor. Me refiero al<<combo>> entero de persona, espíritu y sexo. Esa es la evolución que no

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todos logran entender. Ponerse hielo para no olvidarse de uno. Dejar de lado pensamientos sobre mujeres en general. No sé si alguna vale verdaderamente la pena, no lo fuerzo ni trato de mostrar valía. Si nadie quiere conversar o nadie quiere compartir, me sabe igual. Es extraño, pero la ciudad no tiene la culpa. Me da lo mismo tener minas cerca. Prefiero andar entre puros cocos. Por mucho que me miren como un leproso al oír mis teorías sobre lo que pienso de esa monotonía inexorable que aborda a las parejas de hoy. Esa predisposición a que estés donde estés y estés con quién estés, tarde o temprano las ganas de querer estar juntos se va a ir a la mierda provocando aburrimiento y ánimo de querer algo más. Es como si el pololeo sirviera exclusivamente para fortalecer una cierta confianza para que después de hacer el amor, no sea incómodo vestirse y escapar. Todos evadimos, pero por más respeto que tenga con la volada de los demás, esa autodestrucción me supera. ¿Qué hacer? Pues la actividad física mantiene mi cuerpo saludable, pero no me sana. El aire libre me ayuda a reflexionar, pero no me recupera. Estar ocupado, en general, tampoco. El carrete es un escape, hasta que me veo envuelto en la falacia de lo que es la <<autoayuda>> y ese lavado de cabeza del <<tú puedes>>. Mentira. Lo compruebo día a día. Las personas pueden ayudarse a sí mismos, pero hasta cierto punto. Obvio que estoy bien parado, haciendo mis cosas, sonriendo de vez en cuando como ahora, pero nada puede eliminar de mi cabeza esos segundos después de hacer el amor que nos hacían suspirar y sentirnos vivos y felices. A lo mejor el propio amor no tiene la culpa de que no sepamos amar. ¿Y la amistad? ¿Qué habrá entendido ella por ser mi partner?

*Marcelo Cheloi (1984) ha publicado la novela Bomboclat (2013) con Emergencia Narrativa. El presente texto es un adelanto de su próxima obra.


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nยบ7 MAYO - JUNIO 2014

"Atlas Universal" (fragmento). 2010-14 / Luis Salas van der Meer


“Cuando el mundo cabe dentro de una cajita”

T E AT R O / G A S T R O N O M Í A

Escribe Vero Mondini / fotografía gentileza de Maceteros Producciones

1er Festival de Teatro Lambe Lambe

Unas cajas encaramadas en trípodes, al estilo máquinas de fotografía de principios del siglo XX, un pequeño universo de muñecos y objetos, éstas son las características que conforman la propuesta artística del original y atractivo formato Lambe Lambe. Del 1 al 6 del abril se desarrolló en distintos espacios de Valparaíso y la región el 1er Festival de Teatro Lambe Lambe, sumando calidad a la existente variada oferta de festivales de la ciudad. Se trata de obras de teatro adentro de una caja: el espectador se sienta frente a la caja, se pone audífonos, y

acompañado por un relato y música en audio, observa lo que pasa adentro de la caja por un orificio. Al otro lado, el actor manipula varillas, marionetas y objetos en miniatura, dando vida a un pequeño espectáculo de algunos minutos de duración. El original formato Lambe Lambe nace en Brasil el año 1989, con Denise Santos e Ismine Lima, en la provincia de Bahía. A Valparaíso llega el año 2007, traído por la compañía chilena OANI – Objeto Animado No Identificado –que introduce y desarrolla en Chile este nuevo tipo de teatro de animación de muñecos, tras cinco años de residir y trabajar en Brasil.

y El día que me quieras de la compañía uruguaya La Pluma. Ambas propuestas se caracterizan por la minucia y poesía que logran desarrollar en menos de cinco minutos, llevando al espectador a otros universos. En Poste Restante, no es tanto la historia –el cotidiano de un hombre, con fondo de recuerdos de un amor perdido– sino la forma en que se desarrolla, lo que seduce al espectador: en 2’30 minutos los cuadros se suceden y la minuciosa constitución del universo, con técnicas de teatro de sombra, títeres, logra encantar a cada persona que se sienta a mirar adentro de la pequeña caja.

Son 25 las obras que conformaron el festival, provenientes de Chile, Brasil, Argentina y Uruguay. Además de atractivo, el formato es ingeniosamente práctico, permitiendo que las cajas movibles se instalen en los más diversos espacios públicos, plazas, calles y hasta en las estaciones de metro.

En El día que me quieras, la caja por fuera es llamativa, representando un clásico teatro de Montevideo. Adentro, la música de Piazzolla y Gardel acompañan al espectador a principios del siglo pasado, donde un hombre pone todo sus esfuerzos para seducir a su amada. La pequeña escenografía reproduce un Montevideo de noche, con sus pavimentos y sus casas, y la magia opera.

Lambe Lambe es un teatro mínimo: anécdotas o historias del cotidiano. Las dramaturgias son simples, el trabajo se focaliza más bien en la construcción de universos hechos de muñecos y objetos en miniatura, así como su manipulación. De todas las obras que he podido descubrir, destaco Poste Restante, de la compañía de Mendoza Enclenque Títeres,

Víctima de su éxito, el Festival Lambe Lambe reunió a mucho público, imponiendo a veces un recorrido por los pequeños espectáculos. La larga espera para lograr descubrir una caja pudo haber desmotivado a varios paseantes a acercarse a descubrir este nuevo atractivo formato. El festival sigue siendo un éxito, y el primero de, esperémoslo, una larga serie.

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La palabra patrimonio en el principal de los mercados de abastos de Valparaíso resulta un sinsentido. La oscuridad, la suciedad, el desamparo ambiental y un descuido impregnado por décadas en su estructura, ofrece un panorama de agonía, que ni siquiera algunos pequeños comercios de comida sabrosa, popular y sensata, pueden compensar. Hannah Arendt, una de las filósofas más influyentes del siglo XX, propuso la idea de la “banalidad del mal” para referirse a quienes actúan dentro de las reglas del sistema, sin reflexionar sobre las (malas) consecuencias de lo que hacen. La frase la ideó mientras era testigo del juicio al nazi Adolf Eichman, quien se comportó como un mero burócrata a lo largo de la guerra, obedeciendo órdenes, administrando y trivializando meticulosamente el genocidio, sin atender a lo que podía o no podía pasarle a los untermensch, esos subhumanos a ojos del Führer. Cincuenta años después y recorriendo las escaleras de un edificio otrora magnífico como el Mercado del Cardonal de Valparaíso, comprobando el perturbador y decadente claroscuro en muchos de sus pasillos y rincones, superpongo sin tapujos la palabra “mal” por “ignorancia”, por “desidia”, o quizá una mezcla de ambas (¿ignocidia?) para poder hacerme una idea cabal de lo que está pasando y lo que están haciendo –o dejando de hacer-, los responsables del patrimonio alimentario, arquitectónico y por ende cultural de Valparaíso.

De la banalidad del Cardonal (y la esperanza del buen comer popular) Escribe y fotografia Carlos Reyes M.* *Periodista, editor de revista LA CAV (Club de Amantes del Vino). Autor de libros-guías de restaurantes de Valparaíso y Viña del Mar.

Ficha: De Manolo Av. Uruguay 125, loc. 186. Mercado Cardonal, Valparaíso. Tels. (09) 7358 0884 y 7587 4284

Sorteando cajas vacías, vendedores insistentes y pisos pegoteados de cualquier cosa, la pregunta ¿existe “patrimoniofobia” en el puerto? cobra sentido. Oscuridad, tierra ya mimetizada con la estructura mecano, falta de luces, de ventilación, de manejo de kilos y kilos de desechos repartidos por varias cuadras a la redonda… todo como una panorámica cotidiana y triste. Eso, en apariencia, sin que muchos quienes deben cuidar el lugar –desde el cuidador de autos al alcalde, todos por igual- pretendan aportar con ese urgente giro hacia la dignidad y rescatar este edificio bello, armónico hasta hoy que es una mera cáscara, y que sigue siendo fundamental para conseguir las frutas y verduras del día a día porteño. Todo con una impronta que ya se la querría cualquier otro mercado del mundo, por ejemplo, para disfrutar de un buen almuerzo popular y caletero. Y eso sí que cuesta. El patio de comidas del segundo piso luce en su mayoría cámaras refrigeradas, y en locales más grandes como El Rincón de Pancho figuran una serie de platos listos para servir, a las grandes cantidades de público que suelen acudir por sus platos simples y a precios pág · 21

convenientes. Pero rapidez no es precisión y menos sabor. A esos platillos basta echarles un poco de caldo base, calentarlo un poco y listo. Así las cosas, aparte de pescado frito usualmente pasado en aceite, mejor huir de los comedores grandes, de los que están en la nave central también, y explorar un poco más allá donde reinan excepciones como De Manolo. Tiene lo que muchos no tienen: ventilación, iluminación, pisos limpios y una cocina a la minuta sobre todo en uno de sus grandes fuertes: los caldillos. Claro, hay pescada frita, Palta reina, Congrio frito, Cebiche (a la chilena), entre otros platos habituales en la dieta mercadera. Pero acá el plus del producto del día se nota un poco más. En cosas como una Empanada de mariscos ($ 1.800) de buen frito –aunque con aceite algo gastado- y hartos camarones, choritos, algo de piure y caracoles, como protagonistas de un bocado jugoso y sabroso. Pero también vale la pena sentarse en esas mesas sencillas y de un servicio, en realidad, bien atolondrado, porque las especialidades del día pueden ser una experiencia única, que conecta con algo del pasado esplendor del Cardonal. Bien pocos se atreven con un Caldillo de pejesapo ($ 4.800), más bien porque no está en la carta y goza de una mala fama, sencillamente por feo. Pero quien se atreva a pasar esa insólita barrera de pudor se encontrará frente a una cazuelita de greda rechoncha, calentita, con dos ejemplares cruzados y rojizos, cuya piel grasa se desprende fácilmente y es la génesis de un caldo elegantísimo en su concentración marina; cuyo gusto hace olvidar por un momento que uno está en un páramo. Un oasis en toda regla en un lugar que requiere renacer ahora, no mañana. Para no perder lo que dejamos atrás de manera inevitable -aunque las autoridades nos embauquen diciendo lo contrario- en el destruido Mercado Puerto.


E V E N TO D E S TA C A D O

El pasado 28 de marzo en el Muelle Prat de Valparaíso, se inauguró el IV Festival Teatro Container con la obra “Origami”, de los franceses Satchie Noro, y Silvain Ohl quienes inspirados en la práctica lúdica y ancestral del origami japonés, cortaron y plegaron un contenedor de 40 pies mutando su estado de objeto globalizado a uno de relaciones a escala humana. Con este montaje, Teatro Container daba el vamos a un año de actividades: 4 ciclos temáticos programados hasta diciembre que incluirían obras, talleres y conversatorios alrededor de

Fotografía Nelson Campos pág · 22


conceptos como frontera, tránsito, migración, globalización e identidad. Pero el incendio cambió la ruta trazada. Al cierre de esta edición, nos informaron que Container se dedicará a la reconstrucción creando condiciones para la articulación vecinal, a través de la creación de espacios culturales en las zonas afectadas. La columna de Nicolás Eyzaguirre B. (ver en pag X) escrita días después de la catástrofe, bien expresa el espíritu y compromiso del equipo y su director con esta tarea.

Fotografía Nelson Campos pág · 23


E V E N TO D E S TA C A D O

Teatro Container incendiado Escribe y fotografía Nicolás Eyzaguirre Bravo* En un comienzo este artículo trataría sobre el IV Festival Teatro Container y su primer ciclo programático “Tránsito y migración”. Pretendíamos en él compartir una evaluación del proyecto artístico Origami, contar sobre sus presentaciones y narrar la metamorfósis del contenedor que Silvain Ohl y Satchie Noro desarrollaron durante marzo pasado en Valparaíso, logrando transformar un objeto comercial globalizado en un espacio cultural humanizado y establecer un encuentro cultural entre Valparaíso y San Antonio. Queríamos plantear que los procesos artísticos se vuelven políticos en la medida en que dialogan con su entorno, que observan con ojo agudo el contexto en el que se desarrollan, que se implican en la realidad que los circunda. Pero nuestra realidad cambió drásticamente tras el incendio que afectó a miles de vecinos. Un gran fuego encendió la parte alta de nuestra ciudad, visibilizando un sector postergado y excluido de la postal del patrimonio de la humanidad. El fuego, elemento de vida y de muerte, de hogar y de destrucción, arrasó con barrios enteros quemándolo todo a su paso. Casas, autos, almacenes y botillerías desaparecieron, desnudando la geografía natural y al mismo tiempo las profundas fracturas sociales preexistentes. Pensamos, entonces, que tal vez no conocíamos Valparaíso sino sus fachadas, las mismas que ya no están.

Tras la catástrofe, la ayuda. El Parque Cultural de Valparaíso se transformó en centro de acopio y distribución de materiales para los damnificados. 24 horas al día, miles de voluntarios organizaban cadenas humanas para movilizar la ayuda. Pero entre botellas de agua, útiles de aseo, toneladas de ropa y de comida, aparecía algo mucho más fuerte que aún es difícil comprender: el lugar se activaba como nunca, se volvía necesario, se conectaba verdaderamente con las circunstancias de la ciudad. Entonces cobraban fuerza las palabras de Ardenne en su Arte Contextual: “El artista es un gestor de contingencias”. Esa frase nos representa tanto en nuestro proyecto artístico teatral (un festival que se nutre del espacio público que interviene), como en las actividades de “ayuda humanitaria” que hemos realizado desde la catástrofe. Teatro Container, junto a artistas y gestores culturales de la ciudad, levantó la campaña “Un niño, una mochila”, acción que nos involucró por completo en el acontecimiento. No se trataba exclusivamente de juntar materiales escolares, había que encontrar a los niños, saber cuántos son, qué edad tienen, dónde viven y a qué escuela van. Ante las dificultades de acción rápida y efectiva por parte de la institucionalidad, se desplegó una red de individuos y organizaciones independientes que -hasta ahora- no había sido dimensionada en la ciudad. Decenas de colectivos culturales se esparcieron por el territorio, generando catastros, distribuyendo ayudas, captando necesidades

y creando soluciones ágiles, como las más de 30 cocinas colectivas actualmente en funcionamiento. Pareciera que los agentes culturales, acostumbrados a la precariedad, se movían como peces en el agua mientras las autoridades aún discutían sobre si el tema era municipal, regional o nacional, entre otras preguntas, por cierto, importantes, pero de escasa urgencia. Cuando la contingencia es tan fuerte y evidente, se presenta una oportunidad para alinear a esa gran fuerza que antes estaba dispersa y a esos actores que muchas veces encontraban en simples detalles razones suficientes como para dividirse. Hoy, esos detalles son irrelevantes, y aparece en primer plano la capacidad de los colectivos culturales de articular redes, de generar espacios de encuentro y propiciar la participación activa de los vecinos en las acciones de reconstrucción tanto material como inmaterial. En estas circunstancias, Teatro Container replantea su ciclo y sus actividades, en el convencimiento de que la “cultura” es una palabra que abarca mucho más que un conjunto de intervenciones artísticas y que la palabra “solidaridad” no es simplemente un montón de ropa y comida para quienes, por estas mismas circunstancias, ya no la tienen. Tanto la “solidaridad” como la “cultura” apuntan, más bien, a un mismo problema fundamental, válido tanto en situaciones de urgencia como de normalidad: el problema de cómo vivir juntos, cómo cohabitar en un mismo espacio o, incluso, cómo crear espacios que nos permitan vivir mejor, potenciando acciones colectivas y, sobre todo, organizadas. *Director Centro Cultural Teatro Container

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Uriel Padilla:

“No hemos aprendido la lección”

E N T R E V I S TA

Entrevista Valeria Viancos / fotografía Nelson Campos

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A raíz del incendio que afectó a Valparaíso el pasado sábado 12 y domingo 13 de abril, se evidenció una vez más la vulnerabilidad en la que viven los porteños y los riesgos que los amenazan dada la topografía del lugar. La pregunta que ronda desde entonces es: ¿se pudo haber evitado la tragedia?

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E N T R E V I S TA

“Uriel Padilla” es un nombre que ahora muchos conocen. Lo hemos visto en la televisión, escuchado en las radios y leído en los medios escritos. Pasó de ser “un” académico experto a “el” académico experto que había advertido a las autoridades sobre el peligro latente de un incendio catastrófico en Valparaíso. Su tesis de Magíster sobre Asentamientos Urbanos y Medio Ambiente de la Universidad Católica, difundida en 2012, evidenciaba el alto riesgo de la denominada “cuenca 8” que comprende los cerros Rocuant, San Roque, Santa Elena, O’Higgins, Delicias, La Virgen, Ramaditas, Molino, Polanco, Recreo, Rodríguez, Larraín y Lecheros, muchos de ellos afectados recientemente. El estudio se basa en identificar cuatro factores: territorial, social, cultural y tecnológico. Estos factores dan origen a 16 sub-factores, entre los que se encuentra la cantidad de incendios y el manejo de basura, correspondiente al factor cultural. Padilla lo tenía claro hace tiempo: -Lo que hace que tenga el carácter de una cuenca con un alto riesgo es la suma de dos caracterizaciones que se han realizado: la vulnerabilidad, asociada a lo que nosotros como personas hacemos del territorio, ya sea viviendas, caminos o tala de bosques, es decir, todo lo que debemos realizar para poder vivir; y la amenaza, asociada con los eventos y fenómenos naturales. La confluencia de estas dos cosas nos entrega un indicador que se denomina riesgo, explica. Por eso, en La Juguera Magazine quisimos volver a preguntarle por lo que falta o falla a la hora de evitar incendios devastadores como el pasado. Quisimos insistir hasta que aprendamos la lección, y así no depender tanto de la diligencia (o negligencia) de los políticos y técnicos del Estado. -¿Cómo podemos disminuir el índice de riesgo de esa cuenca y de Valparaíso en general? -Debería mantenerse el número de incendios y disminuir la cantidad de escombros, entre otras cosas. Debería congelarse el número de desastres. Y para que los incendios

se mantengan, es decir, no aumenten en cantidad, se debería establecer un plan de prevención y el mejor actor que puede evitar que estas cosas continúen ocurriendo en el territorio es la misma gente, los habitantes de esos sectores. A la autoridad podemos culparlos de todos los males de esta sociedad, pero también la comunidad debe ser actor partícipe, debe ser ciudadano, es decir: compromiso con su territorio y exigencia a la autoridad. Tener conciencia ciudadana de que cuando estamos en un territorio también tenemos deberes y obligaciones. Entonces esa situación direcciona a la necesidad de congelar estos fenómenos de catástrofes que van ocurriendo, considerando los antecedentes previos de incendios en alguno de estos cerros, como Cerro La Cruz y Mariposas el 23 de abril de 2013. En esa oportunidad afectó a dos cerros y afortunadamente no contó con fallecidos, pero hoy hay un caso dramático: afectó a más de siete cerros y con 15 fallecidos hasta el momento. Entonces ¿qué está pasando? No hemos aprendido la lección. -¿Este estudio fue presentado autoridades regionales?

a

-Después que se defendió esta propuesta investigativa en el Instituto de Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile con el fin de difundirlo, se organizó una exposición en la Dirección de Extensión de la Universidad de Valparaíso. Se invitó a los actores que aportaron información, algunos pertenecientes a MINVU, SERVIU, Municipalidad de Valparaíso, SECPLA, Dirección de Asistencia Técnica, Servicio de Salud de Valparaíso, entre otros. Algunas instituciones pidieron copia del documento y se las entregué. Además, como difusión, se presentó en el Colegio de Arquitectos de Valparaíso y en la Cámara Chilena de la Construcción. Ahora tengo la impresión de que no fue suficiente la difusión, porque se siguen produciendo estos fenómenos, que en cierto modo, están anunciados de modo parcial. Se produjo una constatación de estas premoniciones. Hubiese querido equivocarme, pero los hechos y los datos están. pág · 28

-¿Qué ocurre en Valparaíso con el Plan Regulador respecto a estos sectores afectados? -Este plan de riesgos en ciudades no es nuevo, a nivel Latinoamericano se está aplicando hace más de cinco años. Esta situación, referida a los riesgos, es un tema que no estaba incorporado en los instrumentos que regulan el uso del territorio, correspondientes al Plan Regulador. Y ahora tengo entendido que se está incorporando en la reformulación de los planes reguladores para identificar las zonas de riesgo y tenerlas presente en el documento. El Plan Regulador es una radiografía de la ciudad y constituye el instrumento legal que regula qué es lo que hace, qué no se hace, dónde está la zona habitacional, entre otros. En el de Valparaíso no sabemos si está incorporado. Personalmente, identifiqué 22 modificaciones en el lapso de 1985 a 2010 en el Plan Regulador, lo que se traduce en aproximadamente una o dos modificaciones por año. Esa situación significó que ahora lo estén reformulando. Por lo tanto, este documento que es muy valioso, debe contar con una configuración de los riesgos para que la comunidad pueda ver el plano en la Dirección de Obras donde se muestre explícitamente la faja de seguridad y se señale la zona donde no debe construirse, al conformar un sector de escurrimiento de aguas lluvia, por ejemplo. Eso no está. -¿Y el Plan Regulador contempla quebradas y las zonas altas de la ciudad? -Lo que pasa es que el plan regulador no asocia la ladera de los cerros, que son las que llegan al eje de las quebradas, no las plantea como mayor objeto de atención, salvo lo que concierne a estándar de edificación. El Plan Regulador no da cuenta de todos los aspectos, más que del uso del territorio y de las condiciones de edificación. - Entonces, ¿debería estar contemplado en algún tipo de documento? -¡Por supuesto! Los cambios son tan acelerados, desde el punto de vista del conocimiento, que también atañen a la


“¿Las autoridades quieren resolver el tema de las ocupaciones informales? No, porque no existe un diálogo entre estos actores. Los propietarios de esos terrenos no están dispuestos a conversar con estos ciudadanos. Pero miremos el contexto: ¿qué efecto adverso genera en la ciudad?”

ocupación de un territorio. Esto respecto a décadas pasadas. La planificación que se hacía hace 10 años era de una manera, bajo ciertas condiciones y estándares. No sé si esos mismos parámetros deban aplicarse hoy día. Y como los instrumentos reguladores del territorio sufren cambios lentos se produce un retardo en las nociones urbanísticas que vayan acorde al territorio que existe en Valparaíso. Nociones urbanísticas que pueden quedar obsoletas, sobre todo en el aspecto ambiental. -Los asentamientos informales que fueron devastados, ¿podrán urbanizarse a largo plazo? - Con el tan sólo hecho que estén en una ocupación informal, el Estado, por medio del Municipio, le niega cualquier tipo de recursos, porque ese terreno pertenece a un propietario. Una situación que a ellos los hace más vulnerables, a esos niños, jóvenes, adultos y ancianos. En la ocupación informal de Las Torres, en Rocuant, la Presidenta de la agrupación de la comunidad me comentaba que los niños no acuden a clases en invierno por los barriales que se forman en el territorio. ¿La ciudad se hace cargo de esta situación? No nos hemos hecho cargo. ¿Las autoridades quieren resolver el tema de las ocupaciones informales? No, porque no existe un diálogo entre estos actores. Los propietarios de esos terrenos no están dispuestos a conversar con estos ciudadanos. Pero miremos el contexto: ¿qué efecto adverso genera en la ciudad? Y esto traerá sorpresas, porque acá se involucra la seguridad de las personas con la vulnerabilidad de estas familias, al no contar con agua potable ni alcantarillado. La pregunta es ¿son parte de la ciudad estas personas en esas condiciones? Si nos

situamos en el contexto que menciono y nos preocupamos de sanear este problema, tenemos hasta un mejoramiento e inclusión de esa parte de la sociedad que está marginal. Y, además, colaboramos en el estancamiento del efecto del calentamiento global del fenómeno planetario. Entonces está todo circunscrito. Por lo tanto, debemos ser capaces de mirarlo bajo este contexto, no como una discusión entre propietarios y habitantes por un terreno. Ahora, ¿este es el tipo de desarrollo que propicia la igualdad? ¿O la desigualdad? ¿Este es el tipo de desarrollo que prefiere ocuparse de las emergencias inmediatas antes de velar o cautelar por mantener el aspecto preventivo? ¿Este desarrollo queremos? Hay un tema más de fondo ahí. -Considerando esta problemática, ¿quién es el responsable de la construcción de un desarrollo propicio para la inclusión real de esta sociedad? El Estado, las autoridades y la ciudadanía, siempre que sepamos exigir. Como ciudadanos debemos conocer nuestros deberes y también debemos saber exigir. Es una materia ineludible este tema, lo inmediato o lo de largo plazo, porque estamos acostumbrados que el largo plazo sacrifica la tiranía de la urgencia. Esto entendiéndolo como una lucha por la supervivencia, por lo mismo, se propicia el individualismo y la ganancia inmediata. El afán político no es a largo plazo. Es una tarea ardua, nadie dice que es fácil. Pero para eso está el señor que decidió postularse a alcalde y a concejal, nadie dice que el sueldo que recibirá a fin de mes se lo ganará sentado en su escritorio mirando el paisaje. Todo tiene su grado de dificultad. pág · 29

-¿Podríamos decir que existió un relajo por parte de la autoridad política? Existe una laxitud de la autoridad, porque su obligación es cautelar el bien social y el bien social es la prevención o disminución de pérdida humana. Por otra parte, está el aspecto de la ciudad misma y de las motivaciones que lo llevaron a ser autoridad, el aspecto ambiental, tecnológico, social, el interés personal o hacer negocios en la política. -¿Debemos entender este incendio como el resultado de una irresponsabilidad? -Sí, irresponsabilidad en el cuidado, el manejo de estos bosques, de identificar tempranamente ese principio de incendio, de no poder llegar bomberos por la dificultad en las vías que no son seguras. Desde este punto de vista, es difícil pensar que la relocalización sea en esas mismas zonas. -A modo de conclusión, ¿se pudo evitar toda esta tragedia? -Sí, por supuesto. Sin caer en el ámbito de las especulaciones, sino que como una de las teorías que se baraja, es que estos incendios pudieron ser generados. Y ahora con las primeras lluvias se generará una acumulación de cenizas, de tierra superficial suelta, por lo que la Operación Invierno tendrá mucho trabajo que hacer. Esperemos que no sean lluvias intensivas.


MÚSICA

Juan Mateo O’Brien, rock de ojos abiertos Escribe Marisol García / fotografía Marisol García

Junto a Los Vidrios Quebrados levantó uno de los mejores discos del primer rock chileno. Cuatro décadas más tarde, su Gran Avenida sintetiza en canciones de aguda observación social una adultez de viajes, estudios y diversificación laboral, en la que, tanto como la música, ha sido la escritura la hebra firme para mantenerlo enlazado a sí mismo y a los demás.

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“No me interesa juzgar. Veo el arribismo, pero yo fui arribista en algún momento. Y consumista. Y culposo” Había un hito rockero secreto en el pasado de ese hombre que en los años ochenta deambulaba por entre aulas académicas, salas de redacción y oficinas editoriales, decidido a agitar el seso de sus lectores y alumnos en momentos en que la disidencia podía costar la vida. En aquel posgraduado en París (Sociología) y Nueva York (Historia Latinoamericana), que debutaba en 1988 como novelista luego de aplicarse en columnas, artículos y guiones latía aún el pulso de un pasado en la música, aunque sin pistas evidentes. Chile se escuchaba entonces entre el canto de resistencia de peñas, el nuevo pop en torno a Los Prisioneros y las congregaciones metaleras de gimnasios. También estaban los baladistas de Sábados Gigantes. Nadie parecía interesado en conocer qué había pasado con el rock chileno antes del Golpe de Estado. Tampoco Juan Mateo O’Brien tenía cómo imaginar que un par de décadas más tarde comenzaría a escribirse sobre él y su grupo como de pioneros. Salvo por coleccionistas, Los Vidrios Quebrados eran un nombre olvidado, y sus años de música junto a ellos eran para el redactor y académico parte de recuerdos juveniles sacudidos luego con violencia por el asalto militar a La Moneda, su mes de detención en el Estadio Nacional, y la salida apurada de él y su familia a Estocolmo. Una mezcla de censura y desprecio parecía haber sepultado todo esfuerzo creativo previo al ‘73. —A Los Vidrios Quebrados nos gustaba que nos dijeran que éramos fantásticos, pero no nos desvivíamos por eso. Teníamos la seguridad y la arrogancia de los veinte años: sabíamos que éramos buenos —dice hoy del trabajo que entre 1965 y 1967 lo unió a Héctor Sepúlveda, Cristián Larraín y Juan Enrique Garcés, universitarios dispuestos a llevar a composiciones propias su común fascinación por el rock anglosajón. Fictions (1967), su único disco, no fue sólo un brillante armatoste brillante armatoste de sicodelia, armonías y opiniones sociales (la mayoría de las letras eran de O’Brien, entonces estudiante de Derecho y militante comunista), sino que, también, el primer álbum chileno de rock que no incluyó ningún cover. Su prestigio inesperado —tan justo como tardío— vino a asentarse recién hace no más de diez años, en parte cuando internet liberó las opiniones y revisiones de aficionados chilenos y extranjeros ansiosos por poner a Los Vidrios Quebrados en su merecido podio (pulido luego por el trabajo de investigación y crónica desarrollado por Gonzalo Planet en el libro Se oyen los pasos). Pero más allá de

«el regreso de una leyenda» o como quiera adornarse el debut discográfico de Juan Mateo O’Brien a los 68 años de edad, es preciso reconocer algo que une en lo esencial a ese rockero arrogante frente al Chile ebullente bajo Frei Montalva, y el hombre que ahora tenemos al frente, conversando en una cómoda oficina de una casa de Ñuñoa, tentado de opinar también sobre la pauta periodística del 2014. Ese hilo es el afán de O’Brien como cronista de lo que ve a su alrededor, y que en Gran Avenida asoma como la fortaleza distintiva de una colección de canciones eléctricas y agitadas, pero, sobre todo, pensantes. Se habla de balances existenciales en “Las edades del hombre”. De lucha de clases y arribismo en “Amnesia”. Incluso se interpela a Dios por su ausencia en las peores matanzas del siglo XX («te escondiste de repente / detrás de un silencio innoble»). Lo que O’Brien pudo haber ordenado en una columna, una novela o un paper (como tantos otros que antes redactó), lo ha sintetizado esta vez en diez canciones producidas por Felipe Cadenasso (Matorral), y que su autor espera cumplan el objetivo de inquietar a quienes las escuchen, porque dice que el arte no está como adorno. Cita a Violeta Parra, Bob Dylan y Jacques Brel como tres influencias clave en su escritura. —La letra ha sido siempre para mí fundamental en mi aproximación a la música. Desde siempre mi interés en los discos tenía que ver con las letras, y por eso me gustaba tanto Patricio Manns, y luego Eduardo Peralta y ahora Redolés y la Ana Tijoux. Me siento parte de esa tradición. Y, por eso, las letras para este disco las hice de un porrazo, en un ejercicio gozoso, que me produjo un enorme placer. Narrar historias de Santiago y hablar de la gente que lo habita era la intención de O’Brien al retomar la composición de canciones, a cuarenta y seis años de la publicación de Fictions. Y si esos retratos no son siempre entrañables, es porque registran vicios de los que el propio autor dice no poder sentirse ajeno. —No me interesa juzgar. Veo el arribismo, pero yo también fui arribista en algún momento. Y consumista. Y culposo. Es parte de mi vida. Lo interesante es hacer un relato atractivo para que otra gente pueda mirarse de cerca, sin vergüenza de sí mismos ni negando lo que se es; y que, en esa mirada, se puedan corregir los errores y llegar a ser mejores personas.

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Unos ocho metros de muro a muro de repisas con libros sostienen las espaldas de nuestra conversación. O’Brien es un lector compulsivo, que salta de historia a filosofía, de biografías de políticos a novelas, que puede entender textos en cinco idiomas, que ocupa palabras atípicas (como «infatuada») y que recita de memoria su extracto favorito de la obra de Octavio Paz: «Para poder ser, he de ser otro. Salir de mí y buscarme entre los otros. Los otros que no son si yo no existo. Los otros que me dan plena existencia». —¿Qué tiene que tener una buena letra de canción? —La única responsabilidad no es ni con la música chilena, ni con el partido, ni con las causas justas ni con el amor, sino que con la palabra. Cuando usas una palabra estás nombrando algo, y haces que ese algo pierda la inocencia. Develas, abres puertas; y eso es una responsabilidad. No puedes pararte en el escenario a hablar weás. Tampoco digo que haya que hacer cosas súper intelectuales. Mira tú a Rolando Alarcón: «Mocito que vas remando en tu lancha engalanada, / atrácate para el muelle que quiero ver a mi amada. / Siete días que me espera aquella preciosa flor: / el canal no lo cruzaba por causa de un ventarrón». ¡Eso es una preciosura de letra! Pero simple, limpia, sin grandes discursos. —En “Arquitectos” cantas: «No soy culpable de tu decepción / ni tú de mis angustias ni mi desazón». ¿Te refieres a las relaciones de pareja? —Tiene que ver con la idea de hacerse cargo de la propia vida y de no achacarle al otro las propias carencias, que es algo inspirado en esos versos de [Amado] Nervo: «Porque veo al final de mi rudo camino / que yo fui el arquitecto de mi propio destino». Uno tiene que ser dueño de uno mismo, y eso significa que cuando te encuentras con otra persona, lo haces desde la libertad de ambos, no desde el agobio, ni las exigencias, ni el deber ni las culpas. «No me vendan las pomadas de la eterna juventud», es otro de los versos de Gran Avenida. O’Brien no sólo se ha reintegrado al cancionero chileno con estimulante frescura, sino que también se proyecta en nuevas entregas: «Quiero vivir mi edad, vivir con claridad quién soy», advierte. «Yo ya no tengo tiempo para cuentas que me hagan pasar el rato. ¿Vestirme de rockero? Me da pena verlo en otros. Ya no tiene sentido que un hombre de mi edad siga haciendo lo que hizo en su juventud. Si llego a hacer otro disco, quiero experimentar, hacer cosas nuevas. Ir más hacia la disonancia, más hacia Scott Walker... ver hasta dónde llega. Atreverse».


PAT R I M O N I O U R B A N O

Escribe Natacha Gómez-Barahona / Ilustra Augusto Gómez Fuentes

Cerro Panteón, la gentrificación que se viene

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Calle Dinamarca, Cerro Panteón, Valparaíso. A mitad de la estrecha callejuela, en un sitio eriazo, un grupo de jóvenes ha instalado un par de desvencijados sillones. Igual que en la clásica escena de Caluga o Menta de Justiniano, unos precarios muebles convierten la quebrada y el basural en vivienda y en improvisado espacio de encuentro al aire libre: carrete a toda hora con entrada liberada. Llegan desde distintos puntos, se reúnen, conversan, celebran cumpleaños, patean piedras y ven pasar la vida sentados en esos sillones que alguien desechó. A tres metros de ese surrealista lounge, un contingente de trabajadores se afana en terminar los últimos detalles de “Casa Dinamarca”, pronto a inaugurar. “Salas de reuniones, oficinas individuales, mesas de trabajo en un espacio libre y un auditorio flexible para capacitaciones, seminarios y eventos, e interacción con gente en tu misma sintonía”, promete este proyecto en su sitio Web. A una cuadra de allí, en la misma calle y a un costado del Cementerio nº 1 de la ciudad que data de 1895, un sitio vacío y con características de mirador, espera el levantamiento de un edificio aterrazado de cuatro pisos, en clave loft. Ambos proyectos tienen una cara visible: el arquitecto Joaquín Velasco, conocido por proyectos como el hotel Cirilo Armstrong y el novísimo condominio Parque Magnolio que se levanta en los antiguos terrenos del hospital Alemán en cerro Alegre. Velasco explica que el conjunto de lofts corresponde a una inversión de Inmobiliaria Dinamarca, en tanto “Casa Dinamarca”, a la Inmobiliaria Meli Ltda. En ambas sociedades el arquitecto declara ser “socio minoritario”. Para algunos vecinos y vecinas del sector, las nuevas construcciones son un aterrizaje forzoso que está dando inicio al cambio de cara del barrio. La gentrificación que se viene. -Quieren hacer un cerro Alegre chico acá, po, están locos, dice una vecina mientras baja la escalera al costado del conjunto Hermanos Montgolfier, corazón habitacional del cerro. Velasco responde: “No tiene absolutamente nada que ver con lo que pasó en cerro Alegre. Nada que ver. No está la escala, no está la cancha para que se dé. Ni siquiera creo que vayan a existir muchas nuevas construcciones porque no hay terreno y no hay roles. No hay espacio. Lo que creo que sí va a suceder es que la reconstrucción de esta casa llevará al hermosamiento, en conjunto, de la calle Dinamarca”. 200 millones, dice Velasco, es lo que se ha invertido en el proyecto, sin considerar la compra del edificio, construido en 1886 y reconstruido parcialmente después de los terremotos de 1906 y 1972, y que otrora fuera residencia y sede del cónsul de Dinamarca Jean Thierry y su familia. Cabe recordar que

la propiedad se quemó el 31 de julio de 2011, tras un incendio ocurrido durante una fiesta que ofrecieron los nuevos propietarios que hoy construyen aquí. Cuando el proyecto esté listo, la fachada no se pintará, para no “protagonizar” aún más la escena. “No voy a pintar las latas (…) no quiero ser la joyita del cerro, para nada, quiero ser un centro de producción, porque aquí no hay lugar para los profesionales que son la gran clase media que hace producir al país y a esta ciudad”, señala Velasco.

“Vecinos del sector -aunque bastante desarticuladostemen alzas en los arriendos y pérdida de la calidad de vida del barrio.”

LA VECINDAD Vecinos del sector -aunque bastante desarticulados- temen alzas en los arriendos y pérdida de la calidad de vida del barrio. Asambleas para hablar del tema y la “Feria Vecinal por el Derecho a la Ciudad” realizada en marzo pasado, dan cuenta de las primeras actividades con las que el cerro observa atenta y críticamente ambos proyectos. La construcción de los lofts aún no tiene fecha de inicio. El terreno donde se levantarán, bajo el mirador, a un costado del cementerio, ya se ha despejado en espera de las obras. Hay inquietud respecto de si el estacionamiento -que se ubicaría en el techo de la obra-, interrumpirá en alguna medida la amplia vista que posee el mirador hacia el mar y el plan. Y expectación por saber quiénes y cómo serán estos nuevos habitantes que se repartirán en los once departamentos del conjunto. Velasco afirma que ni siquiera él se lo imagina. “Es un gran riesgo para nosotros, como apuesta, construir y levantar este proyecto de vivienda que no es, evidentemente, para el cliente que va a comprar en una torre, ni para el que viene a comprar al cerro Alegre… Es una curiosidad para mí igual que para los vecinos”. Y reconoce: “Quizás sea algo elitista, por el precio”. Emilio Olea, presidente de la Junta de Vecinos del cerro, lleva más de 40 años vivien-

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do en el sector y observa que ha cambiado mucho. “La calle Dinamarca, durante mucho tiempo, estuvo sin ningún cambio sustantivo. Era como una zona que no existía ni para la gente, ni para la ciudad, ni para las inmobiliarias”. Dice que el barrio cambió cuando llegaron los pubs, en los 80’, luego, en dictadura, cuando muchos habitantes se fueron de ahí, perseguidos por la represión. “La gente se cambió de casa, llegaron otros dueños o arrendatarios”, rememora. El dirigente reconoce que de los proyectos inmobiliarios mencionados les informaron cuando “ya estaba más o menos listo el proyecto del muro”. Se refiere al anteproyecto presentado al Consejo de Monumentos por la oficina de arquitectos Plan Cerro, de la que es parte Velasco, para reparar parte del muro perimetral del Cementerio 2 que rodea calle Dinamarca. “Vinieron a una asamblea de la Junta de Vecinos para que apoyáramos la reparación del muro, pero ellos ya habían comprado la casa (Dinamarca 399) y tenían el proyecto de construir un hotel. Entonces, la reparación del muro iba a ser un plus para ellos, lógico”. La falta de información, claridad y antecedentes, fue la característica con que los proyectos entraron al barrio, lo que detonó la alerta en el vecindario. Las dos hectáreas en condición de Monumento Nacional que tienen los cementerios limitantes con las construcciones, el Parque Cultural y la cercanía del centro, son un atractivo a la hora de pensar en proyectar e intervenir el barrio, aunque sea a escala y en cerros que no están de moda, como reconoce el mismo Velasco. Olea dice: -Antes, cuando estaba la cárcel, nadie se interesaba por este sector y ahora es tan atractivo. Realmente es un sector para gentrificar. Puede ser que al barrio lleguen artistas, pintores y en ese sentido es positivo porque a lo mejor van a ser un aporte, pero los que van a sufrir son los que arriendan y van a tener que cambiarse a la punta del cerro. Los que van a vivir en los loft, seguro los van a tener de segunda vivienda. Quizá van a venir financistas, va a haber un cambio cultural, van a querer comprar otras casas, quién sabe. Lo que sí tiene claro Olea, es quiénes ganan con la revalorización del barrio: propietarios de casas y dueños de los proyectos inmobiliarios. Así es el “matrimonio” a la fuerza donde conviven la calamina vieja, la precariedad y la basura de la quebrada, con el estilo de la viga a la vista y el piso de madera recuperada del loft. Valparaíso es una ciudad que bien puede bailar al son de los acordes del tango “Sur”, de Troilo: “Ya nunca me veras como me vieras…/Nostalgias de las cosas que han pasado / arena que la vida se llevó /pesadumbre de barrios que han cambiado /y amargura del sueño que murió”.


Plunderphonics OPINIÓN

Escribe Claudio Leiva Araos*

Una tarde de 1997. Comienzo a oír unos sonidos en los parlantes. Todo suena como una inmersión en algo profundo, como una canción acelerada que desacelera rápidamente para establecerse en una voz reconocible.La voz de Dolly Parton. Ligeramente aguda. La velocidad sigue desacelerándose, pero ahora más gradualmente. Los instrumentos se vuelven más gruesos y sus timbres se estiran y se hacen más ricos. Aparecen detalles inauditos a la velocidad adecuada. Dolly está cambiando su sexo, paulatinamente su voz se vuelve la de un hombre; y todo el conjunto de sonidos de respaldo se ha convertido en algo alucinatorio y extraño. El grano de la canción cambió y el oído, seducido por los detalles, permite una multitud de asociaciones sorprendentes e ideas fantástica detrás de él. ¿Quién habría esperado oír que esta composición extraordinaria que ahora escucho estaba oculta en una canción country, mil veces escuchada, mil veces copiada y mil veces olvidada? «The Great Pretender» es una canción popular grabada en 1955 y fue uno de los grandes éxitos del conjunto The Platters. Varios artistas han interpretado sus propias versiones de la canción, en distintos géneros, desde el rock hasta la versión del trompetista de jazz Lester Bowie, que dura casi diecisiete minutos, la mayor parte de ellos de improvisación. En 1984 Dolly Parton sacó un disco homónimo, de gran éxito también, que incluía la canción. Aún cuando conocía muchas de sus versiones, la canción no me llamaba mayormente la atención. No fue hasta esa tarde de 1997, curiosamente en la Sala de la SCD (Sociedad Chilena del Derecho de

Autor), durante una charla del músico inglés Chris Cutler, que escuché –impresionado- la versión que John Oswald hizo de la versión de Dolly Parton de The Great Pretender. Oswald no hace una nueva adaptación, sino que decide jugar con la versión de Dolly Parton en una sola toma, transformándola a través de los medios que la tecnología le permitió. Primero con un duplicador de cinta de alta velocidad, a continuación, con una mesa giratoria de velocidad infinitamente variable y, por último, una cinta controlada a mano. Todo perfectamente editado junto. Además de la economía de este procedimiento único de desaceleración controlada, que es, por así decirlo, interpretado por Oswald, no se realizaron modificaciones a la grabación original. Sin embargo, a pesar de que la fuente –la canción de Parton- sea clara, la elección, el tratamiento y la lectura de esta fuente son productos altamente conscientes de la propia intención y habilidad de Oswald. Tanto es así, de hecho, que es fácil argumentar que aunque tomó la grabación de Parton, sin duda, la versión de Oswald es una composición autónoma con su propia estructura y una lógica profundamente diferente del original. Influenciado por las técnicas de “cut-up” de Williams S. Barroughs, el artista canadiense multimedia John Oswald editó en 1988 un EP que contenía cuatro piezas, entre ellas la mencionada “Pretender”. En 1989 hizo una expansión de su trabajo en un CD llamado Plunderphonics, usando como materia prima obras de The Beatles y otras piezas de la música popular, como también grabaciones existentes de música clásica.Todas ellas con Copyright existente. Ambos discos, el EP y el CD, se distribuyeron gratuitamente a las pág · 34

estaciones de radio y prensa. Ninguno fue vendido. En la nota de presentación de ambos se pudo leer: “Este disco se puede reproducir, pero ni él ni ninguna reproducción del mismo son objeto de compra y venta. Las copias están disponibles sólo para acceso público y difusión de organizaciones, incluidas las bibliotecas, la radio o los periódicos”. Después de una amenaza de acciones legales de la Canadian Recording Industry Association (CRIA), todas las copias fueron destruidas. De todos los artistas saqueados, fue Michael Jackson quien persiguió al CD hasta la destrucción. Se impuso lo que en el mercado del quehacer artístico y humano en general se denomina el Derecho de Autor o Copyright. Desde los orígenes de la humanidad, las obras no tuvieron prohibiciones de copia, reproducción o edición de las mismas, entre las cuales podemos mencionar obras tan antiguas como el arte rupestre en Francia con registros desde hace unos 32.000 años, por ejemplo, las de la cueva de Chauvet o el Poema de Gilgamesh, desarrollado desde hace 4 milenios por los sumerios, escrito y preservado hace 2.650 años gracias al rey asirio Asurbanipal. Luego de la aparición de la imprenta, se facilitó la distribución y copia masiva de las obras, pero con ello surge posteriormente la necesidad de protegerlas no como objetos materiales, sino como fuentes de propiedad intelectual. Aunque formalmente se tiende a situar el nacimiento del Derecho de Autor y del Copyright durante el siglo XVIII, en realidad se puede considerar que el primer autor en reclamar sus derechos en el mundo


“Las leyes actuales de Derechos de Autor no son capaces de distinguir entre un plagio y un nuevo trabajo en estos casos, ya que sus preocupaciones siguen siendo atraídas por los viejos paradigmas de lápiz y papel.”

o un paradigma para el derecho de autor

occidental, mucho antes que el Estatuto de la Reina Ana de 1710 del Reino Unido o las disputas de 1662 en las que interfirió la Unión de las Coronas, fue Antonio de Nebrija, creador de la célebre Gramática Castellana e impulsor de la imprenta en la Universidad de Salamanca a fines del siglo XV. Pero para entender la problemática a la que nos vemos enfrentados hoy, volvamos a la música como ejemplo de nuestra reflexión.

Antiguamente cuando los juglares o ministriles ofrecían su espectáculo callejero en las plazas públicas, y en ocasiones eran contratados para participar como atracción y entretenimiento en fiestas y banquetes, no existía propiedad sobre las obras. No obstante cuando aparece la notación musical, la escritura se convirtió en algo esencial, y no sólo para la transmisión. Fue la firma de una persona en un trabajo. Y también hizo inequívoca la propiedad de un autor tras una obra. La llegada de la grabación hizo que cada ejecución de una partitura existiera como algo permanente y fijo, sin embargo, la aparición del gramófono y otras nuevas tecnologías de reproducción, sumado al trabajo de experimentación sonora de muchos artistas contemporáneos, hizo que determinar los Derechos de Autor ya no fuera una tarea tan simple. Así, las obras derivadas del ‘scratching’, término que fue acuñado para describir la práctica de la manipulación en tiempo real de discos de vinilo (LP) grabados a 33 rpm en tornamesas altamente adaptados, o los mix de John Cage, ¿pueden ser acusadas de plagio? El hecho es que, considerado como materia prima, un sonido grabado es técnicamente

indiscriminado del origen. Todo el sonido grabado, como sonido grabado, es información de la misma calidad. Una grabación de una grabación es una grabación. Ni más, ni menos. Tenemos que empezar por aquí. Sólo entonces podremos comenzar a examinar, al igual que con el fotomontaje (que toma fuerza del hecho de que una fotografía de una fotografía es una fotografía) cómo el mensaje del medio es calificado por una intención comunicativa que distorsiona sus límites. La pregunta sobre el uso legítimo de material con Derecho de Autor, de hecho si no de derecho, es material de dominio público, no puede ser respondida por la legislación (o falta de ella) derivada de las nuevas tecnologías de la comunicación, que no son capaces siquiera de comprender estas cuestiones cuando ‘la misma cosa’ es tan diferente que constituye una cosa nueva, y no es ‘la misma cosa’, incluso. Como la audición de Oswald del registro de Dolly Parton, que manifiestamente es la ‘misma materia prima’. La clave de esta aparente paradoja radica en la auto-reflexividad proteica (que cambia de forma o de idea) de la tecnología que genera la elisión de los actos de producción y reproducción, que hoy en día contiene características incompatibles con los viejos modelos, centradas en la notación -de la cual se deriva nuestro pensamiento actual-, y que las leyes de Derechos de Autor comerciales continúan reflejando. Con el advenimiento de las nuevas tecnologías derivadas de la computación y asociadas a equipos de producción y reproducción, sumado al conjunto descentralizado de redes de comunicación interconectadas como plataforma de distribución de obras, la línea que separa a la materia prima de una obra se pág · 35

vuelve difusa. Las leyes actuales de Derechos de Autor no son capaces de distinguir entre un plagio y un nuevo trabajo en estos casos, ya que sus preocupaciones siguen siendo atraídas por los viejos paradigmas de lápiz y papel. Desde un tiempo a esta parte, muchos artistas abordaron la cuestión principal de la“originalidad». En las artes visuales Duchamp con sus Ready-mades, Warhol con las Soup Cans, Lichtenstein con dibujos animados o Sherry Levine con re-tomas de fotografías ‹famosas›, son sólo algunos de los muchos ejemplos. Así Plunderphonics como una práctica, como la apoteosis del registro como instrumento, como la materia prima de una nueva obra, socava radicalmente tres de los pilares centrales del paradigma de la construcción de la obra: la originalidad -sólo se ocupa de las copias-; la individualidad -sólo habla con la voz de los demás-; y los Derechos de Autor –su incumplimiento es una condición de la propia existencia de la práctica artística. Hoy, con la ayuda de internet, tomar un sonido, o tomar una imagen y cambiarla de nicho de reproducción no cuesta nada. Pero finalmente, mi ética me indica que, aunque los registros de John Coltrane de su disco My Favourite Things (1961) en un gran porcentaje no contienen secuencia alguna de notas en una partitura escrita, ni ley que los proteja, y aunque los nuevos sistemas de producción y reproducción los repliquen hasta el infinito, jamás podré dejar de reconocer la firma de la labor compositiva de Coltrane, Garrison, Tyner y Jones. *Arquitecto, Director de ATHAR Medios y Productor Ejecutivo en [dereojo comunicaciones]


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