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n o 2 JUNIO 2013

DISTRiBUCIÓN GRATUiTA

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4/ Una historia humana del Astoreca Escribe Montserrat Madariaga

14 /Patria

10 / Conversación con Boris Alvarado, compositor

16 / Ver para creer Escribe Amelia Carvallo

18 / Portafolio Teillier según la artista Claudia Tapia

Presenta Oscar Aspillaga

Entrevista Alejandra Delgado

JUNIO 2013

Escribe Vanessa Grimaldi

8/ Patrimonio graffiteado

20 / Cuento exclusivo de Natalia Berbelagua

27/ Los silencios de la Quinta Claude Escribe Héctor Aguilera

22 / ¿Por qué Villa Alemana rockea? Escribe René Cevasco

28/ Un clásico nuevo: restaurante La Mangiata Escribe Carlos Reyes

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26 / Revisión de la obra Pueblo del mal amor Escribe Hilda Pabst

27 / La historia de Ana María Ratto. Escribe Amelia Carvallo 29/ Un blues sobre rieles Escribe Gonzalo Dittus


Puntos de distribución asociados: valparaiso Balmaceda Arte Joven Valparaíso, Casa E, Hotel Fauna, Sala Upla, Parque Cultural de Valparaíso, Radio Valentín Letelier de la Universidad de Valparaíso, Ascensores Polanco, Artillería, Barón, Concepción, Cordillera, San Agustín, El Peral, Reina Victoria. Teatro Condell, Bazar La Pasión, Boliche Le Pató, Centro de Extensión Duoc UC, Edificio Cousiño. Biblioteca Regional de Valparaíso Santiago Severin, Dirección de Turismo IMV, Puntos de Información Turística IMV Muelle Prat y Rodoviario, Café El Peral, Galería Loba, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Restaurant Bambú Vegetariano y Tienda Cómplices. Viña del Mar Librería Altazor, Sala Aldo Francia, Departamento de Cultura Municipalidad de Viña del Mar, Disquería Especializada Orange Days. Quilpué Librería Fuegía, Teatro Velarde y SushiRed Villa Alemana Librería Usato, Teatro Pompeya,y Centro Cultural Gabriela Mistral

Directora: Alejandra Delgado (@aledelgado) / Editora: Montserrat Madariaga (@monselina) / Periodistas: Óscar Aspillaga (@oscaraspillaga), Amelia Carvallo / Editora Web: Amelia Carvallo / Dirección de arte y diseño: Instruccionesdeuso: (@ideuso) / Fotógrafo: Nelson Campos / Diseño Web: sumoweb.cl Colaboradores: Michael Jones, Carlos Reyes, Claudio Álvarez, Cristián Lucero, Michael Jones, Jorge Severino, Octavio Bustamante, Vanessa Grimaldi, Carolina Angulo, Karina Aliaga, René Cevasco, Hilda Pabst, Héctor Aguilera, Gonzalo Dittus, Chanchán Olibos. Impresión: El Mercurio de Valparaíso (sólo actúa como impresor) La Juguera Magazine es una publicación de MEDIUM COMUNICACIONES

Contacto 56-9-6290225 56-9-85051081 56-9-98290975 directora@lajugueramagazine.cl editora@lajugueramagazine.cl prensa@lajugueramagazine.cl publicidad@lajugueramagazine.cl @lajugueramag lajugueramag www.lajugueramagazine.cl

Colaboran:

Ilustre Municipalidad de Vaparaíso

Financia:

Consejo Nacional de la Cultura y las Artes Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes Región de Valparaíso. Convocatoria 2013

sabemos de gráfica

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CRÓNICA

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Los últimos habitantes del Astoreca escribe MONTSERRAT MADARIAGA fotografía MICHAEL JONES

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En febrero de este año el patrimonial edificio Astoreca (1907) ubicado frente a la Plaza Echaurren del Barrio Puerto de Valparaíso, fue vendido por sus dueños a la empresa portuaria Ultramar para su conversión en edificio corporativo. Esta iniciativa fue considerada un avance en el plan municipal para “recuperar el área fundacional de la ciudad de Valparaíso”. ¿Pero qué es lo que se está recuperando?


CRÓNICA

En mayo de 2010, el alcalde de Valparaíso, Jorge Castro, y la directora de la Oficina de Gestión Patrimonial del municipio porteño, Paulina Kaplán, anunciaban a la comunidad la intervención de la zona fundacional de la ciudad, la que va entre plaza Aduana y plaza Sotomayor, más conocida como Barrio Puerto. La iniciativa, llamada “Puerto Viejo”, consiste en un plan estratégico para atraer inversiones públicas y privadas al sector, en miras a transformarlo en un lugar turístico y de servicios. En este contexto, la arquitecta Kaplán comentaba lo siguiente al diario El Mercurio de Valparaíso: “La conservación y puesta en valor de nuestro patrimonio urbano recomienda la intervención, no de edificios aislados sino más bien de aéreas protegidas. Entre ellas el Barrio Puerto, que implica sus edificios, plazas y calles. Eso es lo que llamamos Gestión del Patrimonio Integrado”. Por su parte, el alcalde declaraba: “...queremos provocar una fuerte inversión en este barrio, y a través de esa inversión volver con la actividad humana para que tengamos aquí jóvenes estudiantes y tengamos además todo lo que tenga que ver con la ciencia y la tecnología y la innovación, y además la actividad comercial, a través del Mercado Puerto y otras iniciativas que se están planteando para este lugar”. Tres años después, el barrio cuenta con doce proyectos de inversión, dos de ellos ya terminados: el Loft Aduana en calle Blanco, muy cerca a la plaza del mismo nombre,” y la Facultad de Filosofía de la Universidad de Valparaíso, en calle Serrano. Hay planes a pequeña escala de naturaleza comercial, habitacional y hotelera, pero, también hay otros considerados “emblemáticos” por las autoridades y la prensa debido a la gran inversión en dinero que significan, el volumen espacial de los edificios que intervendrán y, en menor medida, por la connotación histórica-social de éstos. Dentro de ese grupo se encuentra el palacio Subercaseaux de calle Serrano –el que quedó casi totalmente destruido por la explosión e incendio de 2007- donde se edificará la seremi del Ministerio de Vivienda y Urbanismo respetando su fachada original; también, el antiguo edificio Severín, hoy desocupado (sólo quedan sus muros perimetrales), que se ubica tras la iglesia La Matriz, y que tiene una carga histórica por haber albergado al primer Consejo Bicameral de Chile en 1828. Aquí se construirá un moderno edificio donde funcionará el Centro Interdiciplinario de Neurociencia de la Universidad de

Valparaíso. Otro gran proyecto es la rehabilitación estructural del Mercado Puerto y, finalmente, la reconversión del edificio Astoreca,comprado por la empresa naviera Ultramar para establecer sus oficinas. Este último edificio podría ser el más emblemático, pero por razones distintas a las antes mencionadas, por hacer explícito el gran ausente en este rescate patrimonial: los habitantes. El Astoreca ocupa toda una manzana del Barrio Puerto, entre las calle Clave, Cochrane, San Martín y Blanco. Fue diseñado por Juan Dazzarola y se terminó de construir en 1907, un año después del devastador terremoto que sufrió Valparaíso. En él vivieron acomodadas familias que circulaban por sus escaleras de mármol y pisos de pino oregón, habitando departamentos de siete a ocho piezas, en un ambiente ornamental de estilo neoclásico francés. Poco más de cien años después (hasta el cierre de esta edición) el Astoreca seguía siendo un inmueble habitacional, pero su estructura y el estilo de vida de sus moradores están lejos de ser ostentosos como en el pasado. Antes de su venta en febrero de 2013, en él vivían 179 personas, 109 adultos y 70 niños y adolescentes, que integraban 48 familias, las que se distribuían en los departamentos subarrendados por pieza. Esta era gente de clase baja a media, de variadas edades, que trabajaban en el puerto, en la construcción, como asesoras de hogar, cuidando ancianos, como vendedores ambulantes de mariscos, de verduras, comerciantes, entre otros oficios. También el deteriorado edificio albergaba a personas de la tercera edad que vivían de su pensión o la generosidad de sus vecinos. Ellos fueron (algunos quedan aún) los últimos habitantes permanentes del edificio.

Lo humano del Astoreca La noticia sobre la venta del Astoreca y su nuevo uso corporativo tuvo pronto eco en los medios de comunicación. Claro que con el foco puesto en la rehabilitación arquitectónica del inmueble y la inversión hecha por la empresa. En marzo la revista Qué Pasa consignó: “… la intención del grupo Ultramar es mantener intacta la fachada del edificio y respetar plenamente la actual altura del inmueble, aportando así con los esfuerzos de recuperación del alicaído Barrio Puerto y del patrimonio de Valparaíso. La inversión implicará un desembolso de US$ 20 millones”. En tanto Paulina pág · 6

Kaplán declaraba en marzo pasado a El Mercurio de Valparaíso: -Así como la restauración del Palacio Cousiño estimuló nuevas inversiones en el casco histórico, creemos que esta va a detonar un montón de otras acciones interesantes pendientes en el barrio. Sólo una nota en el mismo mes y medio, titulada “Moradores del edificio Astoreca preocupados por cambio de dueño”, hizo hincapié en la situación de sus habitantes señalando que contaban con sólo un mes de aviso para buscar un nuevo lugar donde vivir. Muchos de ellos llevaban más de 25 años en el Astoreca. Lo cierto es que para gran parte de sus moradores, la venta fue causa de tristeza y problemas. Pena, porque ellos pertenecen al barrio y no se quieren ir; y dificultad, porque dicen que escasea la oferta de viviendas, sobre todo por los últimos incendios que han desplazado a muchas familias porteñas. Don Renato González (80 años) vivía en el tercer piso, con acceso por calle Blanco y San Martín, junto a seis familias a las cuales él les subarrendaba. Llegó al edificio en el año 1984, era trabajador portuario. En un principio, le arrendaba una pieza a “la Cuchita”, una señora que daba almuerzo a los funcionarios de la Armada. Luego, cuando ella murió, el administrador le confió el subarriendo del departamento. Desde entonces, confiesa, siempre ha mantenido el orden. Cuando llegaban nuevos inquilinos les decía: “Esta es una casa de familia, aquí no va a llegar nadie metiendo bulla, ni curao, ni tocando música para todos los vecinos, usted toca la música al gusto suyo en su pieza”. Vivían tranquilos, asegura. Por eso cuando le dijeron que se tenía que ir fue como un balde de agua fría. “No dormí en toda la noche pensando que tenía que echar a la gente”, recuerda. No iba a ser tarea fácil; en su departamento vivían dos mujeres de más de ochenta años, las señoras Alicia Pola Marín y Nelly Maya Tapia. A la primera no le cobraba arriendo por lo poco que tenía y la segunda tiene problemas de movilidad. Su familia prácticamente cuidaba de las dos. Don Renato en su afán por ayudar estuvo haciendo trámites en el Serviu para encontrarle un lugar a la señora Alicia. Así como también buscaba datos de arriendo para la joven familia que vivía con él, los que estaban desesperados. Él ya tiene donde vivir,


pero aseguró a La Juguera Magazine que “pese a que voy a estar lejos de aquí voy a venir igual para acá. Tengo toda la gente aquí, todos me conocen”. Esta identificación con el barrio se repite en distintos moradores del Astoreca. Paula (no quiso dar su apellido; de 30 años) contó a LJM: “Me gusta vivir aquí en el puerto a mí, ahora estoy muy triste porque me voy a un cerro. Aquí está toda mi gente, todo mi ambiente. Nunca voy a despedirme de la plaza”. Por su parte, la señora Silvia Contreras (79 años) afirma: “A mí me gusta este barrio, será muy picante, pero me gusta”. El señor Arturo Parraguez (63 años), que arrienda dos departamentos y una verdulería que da a calle Blanco, no se va a retirar tan fácilmente. El quiere una indemnización que valga la pena por tener que irse de manera rápida y por lo difícil que es encontrar otro local de similar precio y hacerse una nueva clientela. El quería desalojar en septiembre pero se lo negaron, a pesar de los 27 años que lleva viviendo ahí. Dice que no se va a ir sin dar la pelea, dice que los que subarriendan se van por susto, porque no los saquen con la fuerza pública. Pero eso a él no lo atemoriza. Al cierre personas edificio, señaló a

de esta edición sólo diez quedaban viviendo en el incluido don Renato quien LJM que los arrendatarios

de los negocios se unieron y ya cuentan con un abogado que va a pedir una notificación por escrito del desalojo. Les dijeron que con este documento deben darles seis meses de plazo como mínimo para irse. Pero el señor Renato se va a ir antes, apenas pueda. Todavía están Alicia y Nelly con él. Cuenta que están enfermas, que él sigue haciendo los trámites en el Serviu para encontrarle una casa a Alicia. Tanto don Arturo como don Renato afirman que no han recibido ayuda, ni siquiera una visita, de la municipalidad ni de la intendencia. El único que los está ayudando, según aclaran, es el ex alcalde porteño Hernán Pinto. “Con él hemos ido a hablar –dice don Arturo-, porque es abogado. Él nos dice que estemos tranquilos, no más. Que ellos vean. Y si no nos indemnizan tendremos que ir a juicio”.

Patrimonio selectivo Desde la perspectiva de los últimos residentes del edificio Astoreca, los planes para el Barrio Puerto -¿o debiéramos comenzar a llamarlo “Puerto Viejo”?- tienen un gran vacío: no consideran a los que hoy habitan el barrio. En los discursos oficiales sobre este proyecto no se habla de los ciudadanos que hacen sus vidas aquí. La Gestión del Patrimonio Integrado que anuncia Kaplán, incluye edificios,

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plazas y calles. Y en la declaración citada del alcalde Castro se menciona la idea de “volver con la actividad humana” gracias a este plan estratégico, pero ¿es que acaso no existe vida en el barrio? ¿Se quiere llevar a cabo, entonces, un proceso de gentrificación, es decir, el desplazamiento de una población por otra más acomodada? ¿Cómo se puede proteger nuestro patrimonio escindiéndolo de su componente humano actual, cuando mundialmente hoy éste es entendido como el resultado de un estilo de vida común, de un proceso social? Las autoridades municipales y estatales no tienen la obligación en acudir a la ayuda de los residentes del Astoreca, puesto que es un tema de privados. Pero el proyecto de Ultramar en su discurso es considerado como parte del plan de gestión patrimonial de la ciudad, que incluye la inversión de privados. ¿Debiesen, por tanto, en un plano de simple responsabilidad cívica prestar asistencia?¿O es el desarraigo de los últimos habitantes del Astoreca un costo necesario para la “recuperación” del casco histórico de Valparaíso? Los últimos habitantes del Astoreca, más que el mismo edificio, debiesen ser un emblema. Un recordatorio del tipo de intervención urbana que se está llevando a cabo, que permita a sus ciudadanos pensar y decidir si es esto lo que quieren para su histórico y patrimonial Barrio Puerto.


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E V E N TO D E S TA C A D O


Desde que se celebra anualmente el Día del PATRIMONIO CULTURAL en Chile (1999), por PRIMERA VEZ se incorporó en Valparaíso una RUTA DE GRAFFITIS. Se trata del Cerro Polanco y los enormes aerosoLES y murales que legó a este lugar el Polanco Graffestival 2012. Para sus organizadores, esta conmemoración fue la excusa perfecta para hacer recorridos durante todo el domingo 26 de mayo pasado, y mostrar cómo transformaron las fachadas de algunas casas modificando por completo el paisaje. En una ciudad donde aún no se logra concensuar del todo la diferencia entre un rayado y un graffiti (como obra de arte), los más de 30 murales que ahora posee el Cerro Polanco se han transformado en un atractivo turístico y en un ejemplo de participación ciudadana e intervención urbana. Más sobre Graffestival 2012: www.polancograffestival.cl

presenta OSCAR ASPILLAGA fotografía JORGE SEVERINO

Jacqueline Valdivia (40 años), dueña de casa cerro Polanco: “Bonito. Han venido más turistas, más gente, sacan fotos… llama la atención. Es bueno para el negocio también”. Pablo Díaz (55 años), empresario: “Una renovación urbana muy interesante, que no es una renovación de las casas, sino que del entorno, del como tú vives”. Sandra Chamorro (43 años), cosmetóloga: “Nunca había venido, de pura flojera, la poca información que también uno tiene en realidad. Me gustó mucho, estoy sorprendida por el sector, por la vista y el ascensor, muy bonito”. Cristina Ortega (39 años), profesora educación diferencial: “Deberían hacerlo en todos los cerros, se debería multiplicar. Es un aporte para el tema de la participación ciudadana, que es lo que nos falta en Valparaíso”.

Andrés Contreras (36 años), diseñador gráfico: “Cultura, imaginación, alegría, siempre es bueno que haya más, en algunos sectores de Valparaíso hay harto, quizás en otros sectores nada, debería ser pareja en todos los cerros”. Javier Pacheco (37años), prevencionista en riesgos: “Me gusta que ocupen los lugares de esta forma. Es un aporte porque atrae gente”. Bárbara Tapia (18 años) estudiante, graffitera, encargada de hacer el tour: “Según los comerciantes del cerro, desde que se hizo el Polanco Graffestival que los fines de semana les va excelente. Otro aporte para Valparaíso, no solo para este cerro, es que se demostró que el graffiti no es andar rayando las calles sino que se pueden hacer murales bonitos”. Benjamín (7 años), vecino del cerro: “Me gusta más ahora mi calle”.

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Sale a escena para dirigir “TRYO Sinfónico Coral” en la reciente temporada de conciertos “Territorios de la Música en el Parque” en el PCdV. Frente a él tiene a la banda de rock progresivo TRYO, a Ensamble Ex Corde y al Coro de Cámara Femenino de la PUCV. Su look: jeans holgados, una camisa rosada, el pelo sin gomina. Sencillo en el vestir, complejo en el crear. Boris Alvarado (1962) es un compositor porteño de vasta trayectoria. Una “joyita” de la música nacional reconocido a nivel mundial. Entre sus múltiples pergaminos, está el ser el primer graduado en nuestro país del Magister en Artes con mención en Composición de la Universidad de Chile. Su segundo Magíster en Composición y Música Sacra lo realizó en la Academia Estatal de Música en Cracovia. ALLÍ su maestro fue Krzysztof Penderecki, el compositor vivo más grande de Polonia, símbolo de vanguardia en los ‘60, explorador de nuevos sonidos y cuya música ha sido usada en películas como El exorcista de Friedkin, El resplandor de Kubrick o Corazón salvaje de Lynch. Los seguidores de Alvarado destacan dos de sus pricipales características: su innegable talento y un ego enorme. Acá el diálogo que sostuvo con La Juguera Magazine.

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“El yo en mi obra es una lucha constante por no hacer del arte un poder” entrevista ALEJANDRA DELGADO fíotografia OCTAVIO BUSTAMANTE

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LA MÚSICA Tu música ha pasado por diversas etapas que han estado en mayor o menor medida determinadas por una búsqueda de herramientas técnicas ¿Cómo definirías tu etapa actual? Como compositor estoy en el punto de mi madurez. Hoy estoy centrado en la enseñanza, que, en la composición, desde siempre ha sido un aspecto puramente técnico. Me interesa que la gente interesada en la composición sea cada vez más preocupada de su oficio. Para ello estoy estudiando un Doctorado en Filosofía, con la idea de conectar ciertos pensamientos y corrientes contemporáneas y la lógica de las sensaciones; y ver cómo eso opera en la creación. ¿Estás estudiando filosofía sólo para ampliar el sentido en la enseñanza más allá de la técnica? Siempre hay una búsqueda personal, no soy ningún mártir, sacrificarme para estudiar algo en función de otra cosa, no. Creo que hoy más que nunca el arte y particularmente la música necesita ser explicada desde algo mucho más profundo como lo que aporta la filosofía. Pasaron los tiempos de la sociología como un tema de masas, pasaron los tiempos de la semiología en donde el arte era un signo y había que interpretarlo así. Hoy me parece que es mucho más profunda la vinculación de la filosofía con la sociedad. No creo que la explicación de la filosofía dé como para mejorar la técnica, tiene que ver en cómo tú estás pensando las cosas, el nivel de noción que tienes de lo que tú haces. ¿Cómo practicas la composición? ¿Desde cuál punto de arranque? La composición es un oficio como otros. Ni más especial, ni menos especial. Por tanto, yo trabajo todos los días en composición o enseñando, en un horario cualquiera, en una determinada cantidad de horas. Como lo haría cualquier profesional. Ahora, este proceso de estudio en filosofía sumará en el proceso de evolución del oficio, una cierta madurez en el pensamiento. Digo “cierta” porque no quiero ser arrogante. Algo va a pasar, sin duda. Algo va a remover importantemente o mi escritura musical o mi pensamiento interesado en enseñar la composición. Has dicho que para un músico de hoy dedicarse a la música actual es un ejercicio de responsabilidad histórica ¿Qué reflexiones hay detrás de esta visión? Eso tiene que ver con la sociedad de consumo. Nosotros no solamente consumimos chatarra, sino que también consumimos un tipo de arte que, respecto

de las problemáticas del hombre contemporáneo, está lo suficientemente alejado y distante en años. La sociedad nos bombardea constantemente con un arte nuevo de hace 200 años como si fuera un arte actual. Escuchamos mucho más a Mozart que un compositor actual de Ucrania. Nos comportamos en términos estéticos y en función del placer que da la chatarra con estos gustos adquiridos hace demasiado tiempo. Entonces, la responsabilidad histórica tiene esa obligatoriedad: estar instalado en tu tiempo, con las problemáticas de tu tiempo y entregarle a la gente la relación de comunicación cotidianamente desde una sala de ensayo, un concierto, una conferencia, una sala de clases; mirando la tradición como el hoy desconectado de tu tiempo. ¿Y esto incluye las nuevas tecnologías también? Incluye todo lo que tú quieras incluir, las nuevas tecnologías, el uso de computadores, programas, conceptos de tiempo real, performático, audiovisual. Tengo la suerte de no haber nacido exclusivamente desde la música clásica. Como muchos de los músicos gustamos del rock y hasta el día de hoy yo sigo escuchando todo tipo de música, no tengo problemas y siempre lo he dicho, yo escucho desde Lucero hasta Sigur Rós. Has estado escuchando el disco Valtari (2012) de Sigur Rós… Bueno, Sigur Rós me ha gustado siempre y tengo la felicidad de tener contacto con ellos a través de su manager desde un principio; y después con Jónsi, vocalista, con la idea de poder traer a Chile en algún momento una obra con orquesta que ellos hicieron que se llama Odin’s Raven Magic, pero hay que construir la partitura primero porque ellos no saben escribir música. ¿Qué es lo que tiene Sigur Rós? minimalismo, trabajo de experimentación sonora, trabajo del idioma desprovisto de significado, porque ellos construyen su propio idioma, una especie de Altazor de Vicente Huidobro. ¿Qué te parece el reggaeton? Yo no lo miro como un fenómeno musical artístico sino como un fenómeno social. El reggaeton, el ‘perreo’ y hasta el caño son expresiones de una cultura, nuestra cultura, y en este momento lo único que podríamos decir es que somos una subcultura de varias otras, así que no tengo ninguna opinión en contra, salvo que son procesos que deben decantar. Independiente de la comprensión del fenómeno, ¿no te molesta escucharlo? Lo que pasa es que cuando tú no quieres ver, cierras los ojos y no ves. Cuando pág · 12

yo no quiero escuchar algo, cierro los oídos y no lo escucho. Se puede hacer eso. Si uno viviera escuchando las bocinas de la calle, los radiopatrullas con sus sirenas, la gente que grita, la verdad uno estaría más prontamente loco de lo que podríamos llegar a estar en una ciudad con alta población y alta en densidad de ruido.

PENDERECKI ¿Cómo fue tu experiencia de trabajar bajo la guía de Krzysztof Penderecki? Sin lugar a dudas, es una tremenda experiencia conocer a uno de los grandes compositores, si no probablemente EL compositor que pasará a la historia análogo a Bach. Además, un compositor tan rupturista en los años ’50, ’60, y que había propugnado un cambio radical en la escritura de la música, en la forma de sonar la música, en la forma de tocar la música. Por supuesto ya no es el mismo que en aquellos años, viene de vuelta, nadie tiene porqué ser avant garde toda su vida, por lo demás podríamos estar discutiendo bastante rato qué es lo que es ser avant garde… A tí se te tilda de avant garde… ¡Ja! ¿No te sientes avant garde? No, para nada. No, porque ser avant gard es estar condenado a tener que responder a ese rótulo. Mi trabajo no está en esa línea. Lo que pasa es que quizás hago algunas cosas distintas y eso se tilda de avant garde, pero la pregunta en realidad debiera ser para quien dice que lo soy. Volviendo a Penderecki, ¿tuviste una relación cercana con él? Al principio estábamos en Polonia, un país tremendamente formal, donde el maestro es el maestro y el discípulo es el discípulo. Tuvimos una relación maestro-discípulo muy buena y acogedora en el trabajo, que con el tiempo se fue soltando. Hubo meses que trabajé en su casa y él mismo se levantaba a prepararme el té, pese a que tenía personal en la casa. Otras veces me iba a dejar a la ciudad o algunas veces me citaba en Varsovia para trabajar con él, almorzábamos juntos y trabajábamos. Nuestra despedida fue bien emocionante. ¿Cómo funciona la nuestro tiempo?

música

sacra

en

Yo distingo tres niveles: la música religiosa como la que tú escuchas cantar en la calle, que no tiene un fin litúrgico pero sí una temática religiosa e incluso permite que te conviertas, después está la música litúrgica, al


servicio de un determinado oficio, y luego un tercer nivel, superior y metafísico que tiene que ver con las problemáticas del hombre en cada tiempo, con la eternidad y el tiempo: la música sacra. No está vinculado a los otros dos niveles y por lo tanto la música sacra no es necesariamente percibida como tal. Hay una corriente de compositores en Europa del Este y hacia el Báltico que es muy fuerte hoy en día y que ha despertado movimientos en los compositores en Estados Unidos. Una corriente en torno al minimalismo sacro que, insisto, tiene que ver no necesariamente con obras que tú distingas como sacras, pero que en la medida que te sumerges en ellas, te hacen reflexionar. ¿Cuál es la relación del público con esas obras? Yo te diría que es casi mística, es una cosa muy especial. El silencio en el espacio es increíble, logra esta música una velocidad que hace que estés en un estado en donde la palpitación de tu corazón baja, se nivela en un estado de meditación y tranquilidad y tú entras como en otra dimensión. Eso ocurre con la música de estos compositores sacros. Ellos logran conectarte metafísicamente contigo, con tu ser, con tu esencia, con el concepto de eternidad. No con lo doméstico, para eso está la música litúrgica, que te hace decir: yo he pecado, y la música religiosa, que te dice: arrepiéntete, únete. ¿Y cuál es tu visión del folclor tradicional chileno? ¿Te hace algún sentido con lo que mencionas en relación con una música esencial? Lo que pasa es que hay pueblos que tienen una muy rica expresión musical, hay otros que tienen una muy rica expresión en la danza. Yo creo que nosotros tenemos una muy rica expresión en la danza y a nivel de la artesanía. Y en la música ¿tenemos una expresión muy pobre? Treinta años atrás te hubiese dicho que no era pobre, pero quizás, el proceso de mantener el folclor como una especie de burbuja ha hecho que se transforme finalmente en un objeto de museo -musicalmente hablando- de la misma manera que podría considerarse una música de la Edad Media como una música para el estudio de algo que está detenido, atrapado, extinto, muerto… ¿Es pobre en ese tradición musical?

sentido

nuestra

Sí… ¡No toda! Por ejemplo, el estudio de la música de la cultura mapuche es tremendamente importante. Es una belleza de música experimental que, no estando en el mundo del arte, nosotros tenemos. La belleza está en

su simpleza, pero esa simpleza también está detenida en un tiempo, un tiempo muy pasado y que no avanzó.

EL YO ¿Hay alguna obra que hayas compuesto en el que tu yo no esté presente? ¿Es posible eso? [Ríe]. A ver… el yo… La esencia del yo es el narcisismo, el yo es eso. O sea, yo te niego. Entonces, si te respondo que en mi obra siempre entra el yo, en el fondo, te niego. Yo pienso que el yo es siempre con el otro, en todas mis obras está el otro conmigo o yo con el otro. ¿No hay narcisismo entonces? O sea, si yo lo digo, es como atraparse. El tema es la lucha contra el narcisismo, la lucha contra el yo que te niega. Pienso que en los creadores siempre está presente esa lucha… es natural. El problema del yo es cuando te pregunto: ¿quieres ser libre? Tú me vas a decir: sí, quiero ser libre. Yo te digo: ya, sé libre, pero a los dos segundos te digo: pero tu libertad termina cuando empieza la mía. Entonces, el juego consiste en que yo te permito hacer cosas, pero te pongo los mismos límites en los que te puedes mover. Así, el yo termina siendo no sólo un ejercicio de narcisismo, sino que de poder. Y ese poder es el que pretende dominarte y atraparte, fijándote los limites donde tú puedes moverte, creyendo que puedes moverte por todos lados y no es así. El yo en mi obra es una lucha constante por no hacer del arte un poder, por no hacer de la persona un narciso. Me siento más un artesano que un político -en el antiguo decir-, que un poseedor de la verdad. En tu cuenta de Facebook le hablas no sólo a tus amigos sino también a tus enemigos. ¿Existen? ¿Tienen nombre y apellido? Sí, existen, tienen nombre y apellido. Los enemigos siempre están igualmente preocupados como los amigos, la diferencia está de dónde vienen y a dónde van. ¿Y a qué vienen los enemigos de Boris Alvarado? Los enemigos vienen a tratar de no dejarme hacer las cosas que tengo que hacer. ¿Por qué quieren eso? Porque en algunos casos ellos prefieren habitar un lugar donde los cambios no se den porque ellos, sí están en ese “yo poder”. pág · 13

¿Es a nivel político, a nivel creativo esta lucha? Todo está mezclado, el poder no es poder político, es poder per se y claro, es poder en sí, entonces yo le hablo a mis amigos con mucho cariño y a mis enemigos con mucho respeto. Sé que existen, entonces los hago partícipe. No es necesario esconderse en un vacío. Yo les puedo decir que haré tal y tal cosa, no es necesario que tengan espías detrás de mío. Si tus enemigos te solicitan amistad en Facebook, ¿los aceptas? No. ¡Entonces no se enteran si les hablas en Facebook! No.

LAS MUJERES A propósito de dirigir por más de una década el Coro de Cámara Femenino de la PUCV, ¿cuál es tu relación con ellas? ¿Cuál es mi relación con las mujeres? ¡Estrictamente profesional! Jajajaja. Me refiero femenino…

a

tu

relación

con

lo

Acabo de empezar a trabajar un movimiento que se llama “Resonancia femenina” con tres compositoras que estudian conmigo. En un año de trabajo estamos, este 2013, sacando dos discos; acabamos de llegar de un encuentro de mujeres creadoras en México; tocarán sus obra dirigidas por mí en el GAM de Santiago; dieron una conferencia en la Biblioteca Nacional de Santiago (lugar súper machista en general); están escribiendo música y estrenando obra. Esta “Resonancia femenina” y este coro femenino, demuestran mi interés por trabajar con la mujer. ¿Por qué? No conozco ser más profesional que la mujer. A mí me interesa el trabajo serio y riguroso, la mujer en ese sentido es tremendamente seria y rigurosa. El trabajo con ellas nunca tiene discusiones que no sean de la naturaleza del oficio, pero llegar atrasado a los ensayos -tan típicamente chileno-, la improvisación por falta de estudio, con ellas no pasa. “Resonancia femenina” me ha permitido entrar a preguntarme la diferencia entre la creación que ejerce un hombre y la que ejerce una mujer y como estoy amparado en la lógica de la sensación, creo que ahí hay un misterio que develar. La mujer tiene un modo de componer que denota que es mujer, connota y evidencia, que los hombres no tenemos.


“Patria” escribe VANESSA VASQUEZ GRIMALDI ilustra CAROLINA ANGULO

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Tuve en mi infancia, el desfile de 21 de mayo como panorama recurrente. Yo fui uno de esos niños con papá comunista, que iba en sus hombros a ver a los milicos desfilar. ¿Pero si odiábamos a ese ejército, por qué ir a verlos y admirarlos? Por qué? nos refugiábamos en la multitud y cubríamos con caramelo aquello que nos henchía la vida de rabia política. Extraño y común. Psicópata y canalizador. Sin embargo íbamos, y lo que me costaba entender, se endulzaba con una extraña afición por la dureza muscular, por la rigidez, el estruendo de los tambores la perfección visual de orden y control rítmico. Lo que me lanzaba sin piedad a la disociación del discurso y el pensamiento, la bipolaridad entre el decir y el hacer, entre el desear y el obedecer. El destino me susurraba al oído que esto no iba a detenerse, que este sería el paisaje, nublado o cubierto en mi país. La adolescencia es un antídoto. Le ayuda a uno a sobrevivir a este tipo de panorama psicológico, da ciertas herramientas para sostener ejercicios duales. No lo digo despectivamente, sino con el respeto correspondiente a un fenómeno de incoherencia que

vive en nuestras mentes ciudadanas hiperventiladas, mucho más de lo que quisiéramos. Cada domingo previo al nacional 21 de mayo, en Valparaíso pasa algo que se ha vuelto cada vez más significativo y perturbador: es el desfile de pequeñas tropas y bandas escolares por el plan de la ciudad. Persistentes ensayos de sábado por la mañana desde fines de marzo, hacen gritar a mi vecino enfurecido contra el viento. El viento trae el sonido de las trompetas desafinadas. El sonar de los ensayos nos enfrenta, no sólo a la resonancia estremecedora de la ciudad, (o a nuestro innato oído musical que detecta la influencia de la batucada, ¿o es que en las batucadas se nota la influencia de las bandas escolares?), sino, que nos repite indeseablemente que vivimos en un país, con discurso pero sin pensamiento. Sin embargo este año una vez más lo admiro. Lo hago a través de las familias que, punta en blanco, bajan los cerros con sus hijos tan arreglados y prolijos como para una primera comunión. Ellos, ellas, en un control magnífico a través de peinados, lacas, lustres, calcetas y guantes blancos virginales, se lanzan cerro abajo controladamente, con un orgullo inusual y notable. Es un hito familiar, es una inversión incuestionable que debe ser acompañado, registrado, celebrado y recordado. Madres, padres, hermanos, abuelos, acompañarán como guardias sonrientes a sus pequeños, en todo el trayecto y al mismo ritmo de marcha, dispuestos a retocar si es necesario cualquier detalle que pudiera empañar la procesión. Pero qué es el desfile, qué subordinación, clasificación, contención y negación contiene implícita. Qué transferencia se podría reconocer del sistema de educación nacional, que asocia calidad a una excelencia medible, rígida y uniforme. Qué pasa por nuestra cabeza de ciudadanos, o más bien, qué no pasa por nuestra cabeza. La patria, o el sentido patriota, las batallas, los territorios, la soberanía, no tienen que ver con esto,

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porque este desfile es de estudiantes, así que por ahí no va la cosa. La marcha como fenómeno, es fantástica en sí misma, pero sólo si logra dar en su desarrollo la dirección a la masa que contiene en desorden y diferencia. Eso es lo poderoso de las marchas ciudadanas: el carácter entrópico adecuado a un consenso mínimo para llegar a un punto en común. Un consenso mínimo que no oprime porque su fuerza y consistencia reside en la diferencia. El desafío se repite para lograr el enfoque al abordar responsablemente lo que a educación se refiere. Pero extrañamente a lo que parece obvio, parece ser políticamente incorrecto cuestionar los actuales métodos pedagógicos o dinámicas de salas de clases, sino que la atención de todos, se centra únicamente en la cantidad contenidos, currículum, evaluación y financiamiento. Esta discusión mientras permanezca centrada en los pesos más o pesos menos se le inyectarán ó si ampliar los mínimos obligatorios o quitar horas de música, será infructuosa. El nacimiento de la educación como la conocemos es consecuencia de las virtudes prusianas y la preparación de sus ejércitos. Hoy eso se repite con liviandad en círculos intelectuales, pero aún no conforma ni genera un sentido crítico. Sólo discursos estáticos y nada de pensamiento. Porque la diferencia entre ser comentarista y activista, es que en la segunda se toman los asuntos entre las manos, se admite y se encarna el propio poder y se toman riesgos personales y reales. La esperanza de tener la incoherencia como herencia cromosomática es que sean esos mismos estudiantes de bandas escolares los que, no sólo vayan a las marchas estudiantiles, si no que sean el aparato crítico inmerso en el sistema convencional, deseoso de una nueva forma. Aún así, me seguiré emocionando al ver bajar a las familias con sus niños y niñas, con el resabio obvio al ver mezclarse, liviandades con densidades, negligencias e ingenuidades, incoherencias y consecuencias.


ARTE SENSORIAL

¿Quién de niño no jugó a frotarse los ojos hasta quedar viendo puntitos de colores? ¿Y a pasar del sol a la oscuridad y viceversa con los ojos llenos de manchas bailarinas? Estos actos son experiencias perceptuales puras que estimulan la estructura neural de la retina.

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A una de ellas, la visión con párpado cerrado, acudió el arquitecto porteño Ignacio Saavedra con su instalación “Frontera psicofísica de lo visual”, que el pasado mayo estuvo en el Parque Cultural de Valparaíso y al cual asistí. No era una exhibición; sino que se ofrecía la experiencia de ingresar a un domo inflable donde, a ojos cerrados y con audífonos, te ponían frente a un dispositivo, llamado Optiko flashing, que estimulaba bajo distintas frecuencias de luz las retinas. ¿Y qué se veía? Puntos, estrellas, espirales, rombos, cuadrados, burbujas, aureolas, escamas, panales, bandas, ondas, lentejuelas, manchas, líneas y flores según el testimonio de más de cinco mil personas. Yo estaba a punto de probarlo y le pregunté a su propulsor: ¿Para qué sirve? “No sabemos para qué sirve –me respondió-, pero sí sabemos que entretiene, entusiasma y la gente se involucra, y eso en sí ya es bueno”. Para Saavedra todo comenzó en 1999 en la Universidad de Valparaíso, donde condujo un taller para alumnos de primer año de arquitectura que exploró las posibilidades escénicas del espacio. Esto abrió paso a una colaboración con estudiantes de danza y a la creación de la compañía Claroscuro (hasta 2005). En las intervenciones los alumnos eran intérpretes escénicos que movían objetos, luces y rayos proyectados, hasta que se les ocurrió sumar humo y el escenario se amplió más allá de sus límites, quedando el público inmerso en la experiencia.

Ese acontecimiento impulsó a Saavedra a formar Optiko, Centro de Proyectos Especiales, desde el que se ha dedicado a presentar muestras encaminadas hacia fenómenos sensoriales particulares, que buscan sumergir al espectador en un espacio perceptual distinto. Hoy su propuesta se proyecta desde lo pequeño como dice él mismo: “Nos planteamos la posibilidad y libertad de responder preguntas que no son las grandes preguntas de la humanidad sino que son del tipo: ¿qué pasa si proyectamos un haz de luz en el párpado y manejamos la frecuencia? ¿Y por qué lo podemos hacer? Porque yo estoy en la segunda parte de mi vida y me puedo permitir estos lujos, sino ¿qué voy a hacer?, ¿Ver al Kike Morandé?” No obstante, afirma que hay dos líneas de investigación tras este proyecto; una de tipo terapéutica para manejo del estrés y el insomnio, la otra viene desde lo humanista y se pregunta por qué en tan diversas culturas aparecen los mismos patrones y mandalas. A mí es otra la pregunta que me asalta y se la lanzo: ¿Cómo evita el misticismo barato? Confiesa que ha sido una gran preocupación, pero cree firmemente que los dibujos que algunos dejan tras la experiencia, corresponden a visiones místicas. Asegura, además, que el contexto lumínico que se provoca es similar a algunos que ya existen en la naturaleza: “Si vas a un bosque al atardecer y hay un vientecito y las hojas vibran reflejando la luz es posible que veas fosfenos. La visión fosfénica es parte de nuestro capital visual pero no la usamos porque estamos metidos en una cultura lectora que enfatiza no la comprensión sino que la focalización”. Como sea, inquieta saber que el asunto de los fosfenos tiene una especie de prontuario que cualquiera puede googlear y enterarse de las vicisitudes del doctor Francis Lefebure a mediados del siglo XX para, mediante el fosfenismo, “desarrollar las capacidades cerebrales, psicológicas y sutiles”, como reza su sitio web. También, se pueden conocer todas las trazas de ser pseudociencia orientada a la pedagogía y con fines terapéuticos, que incluso avanza un paso más allá hacia campos metafísicos y simbólicos. Eso y otras denostaciones malévolas ponen en alerta y bajo sospecha pero, sacudiéndose los prejuicios, hay que acceder al domo y ver para creer a ojos cerrados. pág · 17

Mi experiencia Entro en una especie de cámara inflable oscurecida y me pasan unos auriculares de esos grandes, como orejas de Ratón Mickey, “para que la experiencia sea más completa”, me dice la mujer que me conduce frente al proyector. Desde los audífonos sale una musiquilla new age insoportable. Cierro los ojos y la penumbra se disuelve en una seguidilla de imágenes de colores increíbles: amarillos, celestes y verdes fluorescentes, puntitos morados y panales anaranjados. De repente se queda pegado un punto luminoso en la parte inferior que me molesta mucho, abro los ojos y doy un paso atrás; la mujer me dice que no pare, que vuelva a cerrar los ojos y obediente retomo la experiencia de puntitos y panales y unos pelos luminosos que todo lo cruzan. Hay un sonido como de platillo volador que va subiendo en intensidad y es desagradable, lo mismo que la rapidez con que las imágenes se aparecen. No me gusta la experiencia, me siento indefensa con los ojos cerrados y sometida a esa música y luz en la cara. Fin del asunto pero me quedo a un costado para ver a otros. Un barbón al término camina alborozado hacia la salida diciendo: “¡Esto es para quedarse todo el día!”. Un niño como de diez años sale riéndose y saltando, la mamá le pregunta si le gustó y el niño chilla que sí. Una mujer joven le pega un codazo a su amiga y muerta de la risa le dice: “¡Pero si estas huevás las vemos todas las noches!”

¿Qué son los fosfenos? Del griego phos (luz) y phaino (aparecer), son un fenómeno visual causado por una estimulación mecánica, eléctrica o magnética de la retina o corteza visual, que permite ver manchas brillantes y figuras coloreadas y en movimiento.


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P O RTA F O L I O


CLAUDIA TAPIA En su muestra “Entre agujas y letras. Homenaje a Jorge Teillier”, la artista realiza un montaje artístico que escenifica un espacio privado, el living de una casa -con un sillón, una mesa repleta de objetos y cuadros colgados de una pared, con objetos reciclados y utilizando su aguja para unir algunosbasándose en su interpretación de la obra del poeta chileno Jorge Teiller. “Lo visual y la literatura unidos para crear nostalgia de la nostalgia… un viaje al pasado de cada uno”, escribe la autora en su página web. Claudia Tapia es Licenciada en Bellas Artes de la Universidad Arcis (Santiago, 1993); tiene una vasta trayectoria nacional e internacional en exhibiciones de obras textiles, también es reconocida por su trabajo a cargo de la ambientación y utilería de programas de televisión y largometrajes. www.claudiatapiarabuco.blogspot.com pág · 19


L I T E R AT U R A

Arde la iglesia escribe NATALIA BERBELAGUA* ilustra ALVAREX Ese domingo, María dejó a los gemelos encargados con una vecina para ir a la cancha a ver jugar al equipo de David. Cargaba en un saco las nuevas camisetas del club que encargó confeccionar para que su marido y los 11 hermanos que conformaban el Refugiados en Cristo Jesús, lucieran impecables en el enfrentamiento contra Los Valientes de Salomón, el equipo del pastor Absalom Pereira.

observó a David desde la tribuna y le lanzó un beso, recibiendo una sonrisa nerviosa de parte de su marido. En eso estaban, intercambiando miradas y risas, cuando vino el brutal despeje de Sofonías que le dejó la nariz despedazada al hermano Pedro, con parte del cartílago colgando y chorros de sangre que le empapaban la camiseta.

Cuando el árbitro dio el pitazo inicial, María estaba tan excitada que saltó de su asiento y elevó un ¡Gloria a Dios! enfervorizada. Comentó con las otras mujeres lo bien que se veían los varones con las tenidas naranjas y sus nombres en letras doradas. María

María se levantó y corrió a la cancha para auxiliar al pobre hermano que más que un cristiano parecía un monstruo. Sacó de su manga un pañuelo de género, le tapó las fosas nasales y lo llevó al camarín. Reclinándole la cabeza logró estancar la hemorragia. Mientras se limpiaba la sangre

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que le había caído sobre la falda, le pareció ver de soslayo a uno de los jugadores de los Valientes de Salomón tocarse los genitales y lanzar blasfemias al equipo de David. Los hermanos otrora condescendientes, capaces de ofrecer la otra mejilla e incluso a sus esposas -e incluso a sus propios culos si Dios así lo demandase- ahora se debatían a grito pelado, algunos Sagradas Escrituras en mano, amenazando y maldiciendo, alentando a sus hombres a la debacle.

partido. Algunos se desplomaban en el suelo retorciéndose de dolor, otros trataban infructuosamente de detener con sus propias manos la sangre que borboteaba de las espantosas heridas que surcaban sus extremidades y rostros. Los que aún podían mantenerse en pie, corrían tras sus propios hermanos en la fe, para matarlos.

David dejó de golpearse la cabeza con los puños cuando vio a María escondida en un rincón, tambaleándose como un orate, presa del espanto y el horror. Mediante gritos y señas le Ya nadie le prestaba atención a ordenó que lo siguiera hacia las la pelota, y David, de pie sobre puertas de los camarines, donde la única silla que no volaba por finalmente se abrazaron. los aires, hojeó hábilmente su Evangelio hasta encontrar los versículos precisos, y con un -María, tenemos que irnos megáfono incitó a los hermanos, ahora mismo si no quieres que y a toda su delirante hinchada, terminemos muertos. Hay que ir a a alzarse en nombre de Jehová de buscar a los niños. los Ejércitos contra el equipo del pastor Absalom, generando una polvareda y un desorden sólo comparable al de Cafarnaúm -¿Y Dios, David? ¡Por qué no cuando a Cristo le daba por sanar elevas una plegaria y le pides paralíticos. que acabe con esta masacre! Tu mismo lo dijiste en la célula del martes: “Como el león, o como el cachorro del león, ruge Si David hubiese siquiera sobre su presa, y cuando se dimensionado el poder de sus reúne contra él una cuadrilla palabras, o mejor dicho de de pastores, no temerá por sus cómo él era capaz de transmitir voces ni se acobardará por el los mandatos del Señor, habría tropel de ellos; así Jehová de agarrado la pelota y a María y los ejércitos descenderá a pelear se hubiesen ido a la casa en sobre el monte Sión y sobre su colectivo. Pero David estaba tan collado”. cegado como sus ovejas.

María seguía sentada junto al hermano Pedro, inmersa en la batahola y sin entender absolutamente nada. De la nube de polvo emergió el hermano Job, con los ojos inyectados en cólera, abalanzándose sobre un muchacho que podría ser su hijo y blandiendo un cuchillo carnicero que ya goteaba sangre y no de abastero precisamente. María se tapó los ojos para no mirar lo que sucedía, pero los gritos, los llantos de las mujeres y de los caídos la obligaron a ver la carnicería en que se convirtió el

- Eso lo dije el martes, pero mira en lo que terminaron las cosas- le gritó David tomándola del brazo, y alejándose del caos. Remontaron las doce cuadras que los separaban de la casa. En el trayecto pasaron por sus hijos. Mientras empacaban presurosos lo indispensable para sobrevivir donde quiera que escaparan, los alertó un leve escozor en los ojos y el olor a quemado que se colaba por las ventanas. Se asomaron y pudieron ver pág · 21

las llamas que provenían de la iglesia. Tiraron las maletas en la camioneta y se marcharon. La plaza bullía de hermanos que deambulaban garrote en mano buscando a su pastor, parloteando en lenguas. Las puertas de las casas abiertas de par en par y en las esquinas cuadrillas de alabanza al mando de un predicador de traje tiznado, hacían de la atmósfera un infierno con música de mandolinas y charangos. A lo lejos el esqueleto en llamas de lo que hasta ese día fue el sueño de toda una comunidad. El fuego de la iglesia ardía aún con más fuerza en sus pupilas. No se trataba de zarzas que ardían en el desierto, ni del Espíritu Santo manifestándose sobre la mollera de los benditos; estas eran llamas reales que consumían los salones que un día albergaron los talleres para alcohólicos rehabilitados y las escuelas dominicales. Vio como caían las cornisas sobre los bomberos, como las mujeres se hincaban llorando a gritos frente a las ruinas del templo, creyendo quizás en su locura que adentro al mismísimo Dios le hervía la sangre y se le derretía la piel. Se aferraban a sus Biblias como si fuera la última esperanza para mantener a flote esa fe ciega que se negaban a dejar atrás. David avanzó discretamente por las calles. En cuanto pudo, pisó a fondo el acelerador rumbo a la carretera. Iban por la ruta cinco norte cuando a los niños les vinieron vómitos. María, les puso una bolsa plástica a cada uno en la boca, fijándoles las asas de plástico en las orejas, mientras pensaba en cuál sería su futuro al lado del que un día fue un hombre grande, el elegido por Dios, el ungido con aceite, su hombre, el pastor David.

*Autora de Valporno, libro de relatos editado por Emergencia Narrativa, año 2011.


CRÓNICA

Sonidos mutantes: el rock de Villa Alemana

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Villa Alemana podría ser otro pueblo de provincia, perdido entre cerros y sofocado de calor en verano, como tantos muchos que conforman lo que es ser provincia en el Chile centrino. Pero los astros en sus más de centenar de años de existencia, se han dispuesto para poner en el tapete nacional su extraña y mutante realidad. Por una parte Ruido (Editorial Alguafara), libro de Álvaro Bisama, quien vivió buena parte de su vida en la ciudad y reciente finalista dentro de su categoría de los premios Altazor 2013, presenta a la ciudad en los días de las visiones del delirante Miguel Ángel, el joven que tras drogarse con neoprén se comunicaba con la Virgen en un cerro. Y así, dentro de este contexto, la juventud del lugar, se alimentaba de rebeldía y rock, para formar bandas que marcarían a sus integrantes y a los chicos que convocaban, en una historia paralela de sabor e identidad propios. Esta genealogía relatada por Bisama, tendría en el mundo real una potente resonancia, principalmente a través de Aldo “Macha” Asenjo y sus agrupaciones La Floripondio y Chico Trujillo, y el apodo de “Seattle chilena” que Villa Alemana se ganó en los ’90.

CRÓNICA

Desde otra mirada, el tema de la Virgen y el vidente que moriría de cirrosis como Karol Romanoff, sería el meollo de La Pasión de Michelangelo, película de Esteban Larraín, hace poco estrenada en los cines del país, la que trajo de vuelta el tema de forma más masiva, transformándose incluso en materia de debate público a través de los programas de farándula en la televisión criolla. La última palabra, finalmente, acaba de presentarse también a través de la pantalla chica, como una serie documental llamada Mutancia, crónicas del rock villalemaniaco, del realizador Cristian Luna y estrenada en UCV Televisión, la que a lo largo de seis capítulos da cuenta de una historia musical que se remonta a mediados de los ’50, y que se desarrolló en este peculiar ambiente.

Entre mitos y realidades Según el mito villalemanino, la locura del lugar se explica porque este se asienta sobre una placa de cuarzo. Más reales son las colonias de jipis a fines de los ’60, quienes “cocinaban” ácido lisérgico, que dejó como bajas a personajes, como el desaparecido Loco Ale o el Loco Melo. El documental Mutancia, entrega una explicación menos fantástica. Esta se remonta hacia 1956, cuando Hugo Terán arrienda unos parlantes a parientes, para programar música envasada en los bailes que durante los fines de semana se realizaban en la glorieta de la plaza. Entonces, junto a boleros, mambos, y cumbias, programaba el rock & roll de Bill Haley y sus Cometas y el rey Elvis Presley. De esta manera comenzó la Cadena Musical Prat, que hasta hoy llena de melodías las calles del centro de la ciudad, otorgándole una verdadera banda de sonido a los habitantes de Villa Alemana. Sin embargo, el pág · 24

baile no quedaría relegado sólo a los inicios de esta peculiar forma de hacer radio. Hacía fines de los ’60, llegaba para quedarse un grupo porteño: Los Sandors, quienes según recuerdan sus seguidores, ejecutaban temas anglo de moda de forma bastante competente. Cuando los miembros de la banda se dieron cuenta del potencial de la ciudad y su pasión por el rock, abrieron una discoteque a pasos de calle Latorre, la arteria principal. El recinto pronto se convirtió en el favorito de la juventud local, que lo repletaba, junto a gente llegada de ciudades vecinas a la “Guarnición”. Ya iniciándose los ’70, a Los Sandors se unió otro nombre fundamental que pronto trascendió al resto de la región. Se trató de Los LSD, cuyo repertorio era mucho más arriesgado, ya dentro de las corrientes progresivas en boga, y que correspondía a sicodélicas improvisaciones que dejaban atrás el formato de la canción tradicional. Con estos temas experimentales, Los LSD compartieron espacios con gente que llegaría a ser fundamental dentro del floreciente rock chileno, como Congreso de Quilpué o Los Jaivas de Viña del Mar, tocando tanto en recintos de la Ciudad Jardín y Valparaíso, como en Olmué. De ahí es recordada su participación en un Festival en el parque El Patagual, en donde arrojaron cigarrillos de marihuana como homenaje al fallecido guitarrista Jimi Hendrix. Todo terminó con un alboroto generalizado, al entrar la policía a poner fin al recital.

La peña y guitarras desenchufadas Como en el resto de Chile, el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, fue un punto de inflexión y quiebre político y cultural. En Villa Alemana se cerró la disco de Los Sandors quienes dejaron de existir, a Los LSD les cortaron el pelo y pasaron a ser La Sangre, con quienes grabaron un single antes de morir como grupo. Desaparecieron los chascones de las calles y el humo de la marihuana se disipó de la plaza junto a la estación de tren. Los jóvenes pasaron a retirarse a sus hogares, en cuyos livings escuchaban los pocos discos, que como tesoros invaluables, caían en sus manos, generando un circuito de coleccionistas que sorprende hasta hoy, por la cantidad y variedad de títulos que se fueron acumulando dentro de casas que por fuera nada dicen. Es en este punto en que Mutancia a través del ágil relato de sus actores, no se pierde en el ghetto del rock, para incorporar también a la canción y el folclor de protesta. Para este momento, es de relevancia el papel de la Peña de la Villa Magisterio, que a finales de los ’70 y principios de los ’80, en una sede de la población del mismo nombre, se transformó en un punto de resistencia a través de un puñado de artistas y sus guitarras desenchufadas.


Y es a través de este canto que se concreta el puente que retoman las nuevas agrupaciones de mediados de los ’80, como Oveja Negra entre otros, dúo legendario en la zona que integraron Vladimir Aravena y Alejandro “Jano” López. Temas como “Tiempos de invierno”, “El derecho a reventar”, “La medusa” u “Holocausto”, se trasformaron en verdaderos himnos en la Ciudad de los Molinos de Viento. Estos aún son coreados multitudinariamente durante tocatas en que Vladimir participa, tanto en locales, como patios de casas quintas, que son sitios característicos para las manifestaciones musicales en la ciudad desde esos días.

“La Seattle chilena” El relevo de Oveja Negra o Ropa Vieja y solistas como Raúl Sobenes y el “Guatón” Manríquez, autor del himno local “Alucínate con cogollos”, fue tomado por el trío Sarmiento y sus respectivas voces individuales.

Bandas como Villalemanarok, Belial y La Floripondio, junto a los mutantes que los acompañaban incondicionalmente llamaron la atención de Zona de Contacto de El Mercurio o El Mirador de TVN, en donde se bautizó a Villa Alemana como “La Seattle Chilena” por su bullente eclosión musical. Porque hasta hoy se contabilizan más de 100 registros grabados por Sonora de Llegar, Ska Prensao, Paraguapléjico, Bálticos y decenas de otros grupos, junto a los recientes The Odio Kandinsky, La Yegua Negra, Ayahuasca o Padaky, que mantienen vigente la bandera de este rock. Rock provinciano y mutante, que es sinónimo de identidad territorial y orgullo de saberse parte de una historia de más de cuatro décadas vivas, para los que lo hacen y lo viven entre los recovecos del Marga Marga

Ficha Técnica MUTANCIA, CRONICAS DEL ROCK VILLALEMANIACO

Ellos representan un sonido muy especial que se conecta con el blues y el rock acústico, y que se fusiona con el bolero o la canción popular, siendo su mejor ejemplo “El Gringo Pellegri”, que con aires de foxtrot, retrata a otro de los legendarios dementes del lugar.

Dirección: Cristian Luna

A principios de los ’90, Villa Alemana se llenó de metal, punk y rock alternativo, mezclándose las tribus juveniles en los eventos Necrometal, las Brutal Party, y los recitales en “La Micro”, un sitio eriazo con un bus desmantelado, en donde se realizaron los multitudinarios Festivales del Fin del Mundo.

del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes

Produce: GRIP Films Financia: Fondo para el Fomento de la Música Nacional

Emisión: Sábados 18.00 hrs por UCV Televisión http://mutancia.cl/

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Pueblo del mal amor

T E AT R O / S E R I E D O C U M E N TA L

La epopeya contemporánea de los que murieron por un lugar donde vivir.

escribe HILDA PABST fotograf a NELSON CAMPOS

Todo está mal. Desde un principio. Claro que todo empieza en el final. Están todos muertos y la atmósfera exuda fatalidad. El acertado universo sonoro del montaje así lo corrobora cada tanto y se conjuga magníficamente con una musicalización que alivia a momentos tanta fatalidad. Es una tragedia cotidiana. El caos es su signo. El final relata el principio: “Vivían en un país duro de norte y verde de sur; un país con lagos, lluvias y volcanes… un país que tenía un corazón grande loco y triste”… Poética hasta el escalofrío. Descarnada hasta las lágrimas. Pero seamos justos, esto es un mérito rotundo del dramaturgo. Uno de los grandes que ha parido esta tierra (Premio Nacional de las Artes de la Representación 2011), Juan Radrigán, con su artillería literaria. Con la injusticia y la dignidad como el corazón de su dramaturgia. La historia proviene del abultado catálogo de “hechos reales” de la crónica roja de nuestro país. Y si bien se basa en un suceso acontecido en los oscuros ’80 (1982), tiene símiles en cada población, toma, campamento u ocupación que podamos imaginar hoy día. Erradicados, como se diría en los ’80. Un pueblo expulsado de “un cochino hacinamiento de tablas, latas y cartones”, lanzado a un peladero sin vida y sometido a errar buscando un lugar para aferrarse. Y la madeja se desenrolla hacia atrás reconstituyendo el indigno calvario de los personajes.

Muy al estilo bíblico y sarcástico de Radrigán, donde los “protagónicos” (si se les puede decir así, pues de algún modo, todos lo son) se llaman Moisés y David. Estos son los caudillos, el resto pugna por sobrevivir a un destino que se anuncia feroz desde siempre. Sólo quedará Vicente como cronista para testimoniar el infausto destino que enfrentará las dos posturas atávicas de los pobres: esperar mendigando o tomar la acción y abalanzarse para luchar (y casi siempre ser masacrados).

pero también es cierto que ese texto es un regalo espléndido; sostenerlo durante las dos horas que dura el montaje, sin duda, requiere coraje escénico y los chicos de La Peste claramente lo tienen. Lo que se extraña es el riesgo incendiario de buscar más hondo en la interpretación, salir del canon y recorrer otros registros de la palabra, pues como aúlla el propio texto de Radrigán: “Las palabras son como las piedras, una vez lanzadas no pueden retrocederse”.

El escenario es un lugar donde el intérprete se vuelve transparente y si la intensidad de lo dicho no coincide con lo que el actor construye dentro de sí, lo que se proyecta es bueno, malo o lo que sea, pero no es verdadero (hablo de verdad escénica y no de una verdad realista, por cierto). Y ese, sin duda, es un mérito que escapa al texto y que radica en los actores y por sobre todo en el director, considerando que, difícilmente, un texto como el de Pueblo… puede quedar mal parado en una puesta en escena. Había entonces que jugársela por hacerle honor al desafío y aquí es donde El elenco es de lujo. Sin embargo queda se abalanza la duda. la sensación de que no se exprimió todo su potencial, la dirección pareciera Además, no se trata de un ejercicio de sucumbir ante ciertos clichés actorales principiantes. Se trata de una compañía y algunos intérpretes repiten una especie con una nutrida trayectoria, de un elenco de fraseo sufriente y desgarrado, que potente y consolidado, dieciséis actores redunda sobre toda una puesta en escena de las mejores cepas de la zona central. y un texto que ya hablan casi sin tregua ¿Acaso podríamos haber esperado un poco del sufrimiento y el desgarro. más? Todo lo anterior indica que sí, que podría perfectamente haber sido “una Cierto es que el desafío de montar un marea deslumbrante e indetenible”. texto tan intenso y lírico como Pueblo del mal amor, tiene carácter de hazaña, El trabajo escénico de La Peste se construye desde la fidelidad a un texto que lo merece con excedentes. El diseño escenográfico y de iluminación aporta al ambiente la mezcla perfecta de crudeza, abandono y fragilidad. Recursos simples, muy bien utilizados en los momentos precisos, reflejando la ruda materialidad de este pueblo despojado: la aridez de la tierra, lo lúgubre de las ampolletas, los destellos de luz ensangrentada, la penumbra, un paisaje vacío, el abandono…

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Surgieron de repente, las cuatro torres, a finales de los años ’70, dividiendo drásticamente la barrera natural que separaba o unía, el populoso barrio de Forestal con el más pacato y quitado de bulla sector de Chorillos, allá, casi al final de Viña del Mar, en la curva que trazaba el tren acercándose a El Salto. Hasta antes de ese momento, la Quinta Claude era para el paseante un manchón boscoso de verdores incontables, rodeado de añosos muros, algunas escalas y múltiples senderos. La modernidad llegó casi sin aviso y, como después de una lluvia, se erigieron las inmensas e imponentes torres fieles al lenguaje de las formas imperantes: el rigor, la línea recta, la pulcritud. Así eran esos años, por lo menos en la superficie. Nunca tuve amigos en las torres de la Quinta, ni en la torre W, tampoco en la X ni la Y y menos en la Z, que así se denominan hasta hoy. Nunca fui a una fiesta allí y pocas veces mi contacto social con sus habitantes se redujo a la hora de la once, tratando de conquistar a una inconquistable. Durante los ’80, Cientos de veces circulé por calle Limache mirando esas alturas e imaginando las vidas que ahí acontecían. Días difíciles. Hace poco me tocó regresar a ese sector y lo recorrí con cuidado, atento a su pulso y a su recovequeado cotidiano. Todo me pareció detenido en el tiempo. Una burbuja de silencios, esperas, asientos de cemento, luminarias retro y letreros de advertencia, muchos: circular por aquí, cruzar por allá, no andar en bicicleta, no jugar con perros en la plaza sin césped y sin niños… ¿Hay algo más triste que una plaza sin niños, sin césped y sin perros? Pulcras veredas, rejas elevadas por el miedo en estos días de shock mediático, ligustrinas cortadas “regular corto” como cuando íbamos al colegio, derechitos, lustrosos y marciales pero con el corazón apretado. Gente que parece vivir como

se debe vivir en Viña y en la Quinta Claude, tranquila, sin meterse mucho en nada ni con nadie, sin rayar la pared ni para declarar algún amor. En este conjunto habitacional, construido por la muy sesentera Caja de Empleados Particulares, la famosa EMPART, hay 496 departamentos distribuidos en cuatro torres de hormigón a la vista, con 22 pisos cada una, habitadas desde 1979. Tras una ventana una señora de inimaginables décadas retoca su pañuelo al cuello antes de partir a su cita para jugar cartas en otro departamento, tras otra ventana, en la torre X, literalmente la torre X. La señora asegura con cuatro chapas la puerta de su propiedad privada. Olvida sus llaves varias veces al día, sospecha de su empleada, sospecha del cartero y del que le trae el pan, pero no de su vecina que, desde otro departamento ofrece viandas diarias. A ella le encarga empanadas todos los domingos. Y así siempre. Desde hace años, desde que se inauguró la Quinta. Podrían escribirse historias sin tiempo definido acerca de este lugar. Dicen que sus espacios comunes alguna vez tuvieron vida, que sus vecinos fueron amigos y la gente se saludaba, era amable y solidaria. Dicen que Chile alguna vez fue así también. Esa gente era la clase media chilena, una especie hoy casi extinta. Hay historias de furiosos caceroleos en plena dictadura. Apagones y panfleteos furtivos. Hubo organización social. Hubo quienes, durante la más oscura recesión económica que recordamos, la de 1982, después del reventón del dólar a 39 pesos, guardaban los muebles de los vecinos para evitar así los embargos judiciales. Una casa podía cobijar dos livings, dos comedores, la foto de la abuela o el equipo tres en uno de la familia vecina, la familia cesante. Todo eso, dicen, sucedió en la Quinta Claude. De aquello, restan testimonios y fotografías amarillas en álbumes que ya nadie ve.

Quinta Vintage

El nuevo ciclo de la serie documental [nadasimple. todosimple] de dereojo comunicaciones, dedica un capítulo a la Quinta Claude, un singular conjunto habitacional viñamarino, donde viven cerca de 500 familias. Nos interesó esta apuesta y quisimos complementarla: invitamos a un viñamarino de aguda mirada a contarnos su experiencia. escribe HECTOR AGUILERA fotograf a GENTILEZA DE DEREOJO COMUNICACIONES pág · 27

Estoy sentado en un pequeño rincón bajo un árbol. Me rodea un pequeño parque, apenas un vestigio de lo que fueron los escenarios y dominios del industrial Federico Claude, inmortalizados en un óleo de Helsby, pintado en 1911. Me cuesta imaginar que cerca de quinientas familias con sus más esplendorosos momentos y horrores ocupen el espacio y el silencio que me inunda. La vida parece estar en otra parte. Ya no hay corazones tallados en los árboles de este parque. Hay un cementerio de mascotas semi abandonado; hay rincones donde nadie se arrincona y senderos que nadie transita. En este lugar se habla desde el recuerdo, desde la nostalgia y la ausencia. Son este silencio y esta ausencia los que transitan camino abajo a encontrar Álvares, los que taconean sus escalas entrecruzadas, los que ocupan ascensores de vértigo y compran el pan y las paltas para acompañar el té de la tarde. No me gusta la Quinta Claude y parece que a sus ocupantes tampoco, pues de otro modo veríamos señales de vida exterior. Lo que vemos, y peor, lo que sentimos, es que lo que pervive es un revés. Un interior forzado, de visillos amarillentos y persianas venecianas que no se cierran bien. Quinta Claude, Quinta Vintage.


MÚSICA / GASTRONOMÍA

LA MANGIATA: CRONICA DE UNA REFUNDACION escribe y fotografia CARLOS REYES M.*

Tras casi 20 años de vida en un centenario edificio de calle Rodríguez en el plan de Valparaíso, este clásico de la cocina italiana se trasladó a una moderna ubicación. Renovaciones aparte, mantiene esa impronta que lo transformó en un sabroso, económico y entrañable vecino de la ciudad.

Es posible refundarse sin perder identidad? A regañadientes, pero sí, se puede. Siempre y cuando sea por obligación y no por capricho. Son los vaivenes de una marcha forzada los que marcan el éxito de una reconversión con dignidad. En Santiago por ejemplo, un hoyo para construir el futuro metro sepultó un siglo de historia de un sitio emblemático como San Remo; y fue aquel pie forzado el que llevó a sus dueños a ubicarse en Ñuñoa, con cambios, pero preparando en esencia lo mismo que los llevó al éxito: carne a la chilena de primer nivel, renaciendo con gloria en su nueva ubicación. Un dilema parecido es el que ha vivido La Mangiata, un espacio de cocina italiana con patente de clásico dentro del ambiente porteño, que basaba mucho de su atractivo en el centenario lugar donde estuvo ubicado por casi dos décadas. El último terremoto sacudió y dañó al viejo edificio de calle Rodríguez tanto como la paciencia de Nicola Riccardi, su dueño italiano y galante anfitrión. Esa crisis, propia del dilema de cerrar o morir, lo resolvió junto a su nuevo socio, Roberto Martella, con quien dieron un paso clave: cambiarse y de manera radical.

esquina con avenida Errázuriz, y en la primera planta de un moderno edificio de departamentos con soberbia vista al mar. Ahora hay ventanales amplios, buenos espacios entre mesa y mesa, claridad, un sobrio mobiliario nuevo color caoba y apenas un par de pósters recordando que ese comedor, que podría ser el de cualquier boliche de estilo internacional, sirve comida italiana.

Ya no es una casona tapizada de banderas de clubes del “calcio”, con esa típica imagen de la italiana de escote generoso y esa pátina de tradición que permitía ciertas licencias de desparpajo en lo que a servicio y comida respecta. Ahora está en la misma calle Rodríguez pero

Pero la gran novedad no es más que seguir como siempre, creyendo en una cocina sencilla de rasgos peninsulares, acorde a su origen como local y a las costumbres de esos antiguos parroquianos, que llegan algo tímidos a enfrentarse a esa nueva realidad. Están las pastas frescas y secas de siempre, con salsas del tipo bolognesa, amarticiana (tocino y tomates), boscaiola (hongos, vino tinto y carne) o la de la casa, con crema y tomate. Aparece también una selección de ensaladas, sopas, cuatro opciones de carne y pescados, sánguches de miga, paninos, croissants, más una lista acotada de vinos (pero precisa para acompañar buena parte de la carta) y una sección mucho más larga de cafés de grano, a diferencia de los primeros tiempos en los que el tarrito de polvo instantáneo campeaba en cada mesa. Ahora, con el boom del buen café (que llega bien servido por lo demás), no podría ser de otra manera. A primer vista puede que los precios hayan cambiado, pero siguen siendo cifras comedidas, muy comedidas frente pág · 28

a la nueva infraestructura y sobre todo pensando en que hay materias primas con ciertos upgrades. A saber, cosas como el Antipasto Mangiata, que lleva queso pecorino, grana padano, jamón de Parma y esa grasa y sabrosa cecina llamada coppa, todo importado desde Italia. Las pizzas que no superan los $ 5.000 la porción (salvo unas pocas excepciones), y aunque al parecer, al momento de la prueba de una Capriciossa ($ 5.000) el horno no estaba a la temperatura adecuada –la masa quedó poco cocinada-, el hecho de traer la harina desde la península realmente marca la diferencia. Cosas de la humedad, de su limpieza y del contenido de gluten, que permiten masas ligeras pero con prestancia, la misma que tiene este restaurante que sigue acomodándose a su profunda refundación sin perder su norte de picada, con Roberto de nuevo socio y Nicola aún haciendo figuritas de azúcar flor en los postres de todas las clientas. Casi lo mismo de siempre, pero con otro envase. Y se agradece.

La Mangiata Rodríguez esq. Av. Errázuriz, Valparaíso. Tel. 318 6917 *Periodista, editor de revista La CAV (Club de Amantes del Vino). Autor de libros-guías de restaurantes de Valparaíso y Viña del Mar. www.unocome.cl


seccióon auspiciada por

Metro Blues escribe GONZALO DITTUS ilustra CHANCHAN OLIBOS

No era un cantante tradicional, pero cantaba canciones tradicionales. Afuera brillaba el sol de enero y el tren seguía en movimiento sinuoso hacia el interior, mientras él, guitarra en mano, entonaba “Soy un corazón tendido al sol” de Víctor Manuel. Con más de sesenta años en la piel, la letra calzaba con su vida. Lo supe después. Esta era una de las tantas canciones de su repertorio, todas en español (desconfiaba del inglés). Lo que me llamó la atención fue su calma y me instalé a menos de dos metros para escucharlo cantar. Era la primera vez que dejaba mis audífonos de lado por un “músico” del metro (parte de estos viajes encierra algo de suspicacia: miras al resto pero al mismo tiempo no lo haces). Entré en su mundo melancólico. Noté que se desmarcaba de sus “colegas”. También era muy veloz, poco depurado. Llegó tarde a esa escena y lo sabía. Días después me bajé tras él y lo invité a una cerveza. Nos sentamos en una mesa de un bar y le expliqué que hace tiempo tenía la intención de conversar con él, quería saber si alguna vez había compuesto canciones y si las había grabado. Me contestó que no. Seguimos conversando y me contó que canta en el metro de martes a sábado

Los músicos del metro se han ganado su espacio en el MERVAL, aunque no sean bienvenidos ni por los guardias ni por varios de sus usuarios. Independiente de eso, son parte de ese paisaje urbano en movimiento, son todos juntos, un elemento rutinario en la vida de los pasajeros. Pero ¿qué nos impide trasgredir la convención del esquema cotidiano? Esta es la historia de alguien que lo hizo. y los domingos viaja a Angol. Un viaje largo, cerca de ocho horas en bus, con paradas en Talca y Chillán. No tiene problemas con eso, dice que algo de Chile va quedando en esos lugares. En años anteriores había cantado junto a su padre en cada una de las ferias que existían entre San Carlos y Mulchén. Le conté que entendía perfectamente lo que quería trasmitir a los pocos pasajeros que le prestaban atención. Comprendía que su manera de cantar era equivalente a una lucha interna. Lo sabía porque lo veía cerrar los ojos mientras cantaba y cuando no lo hacía miraba a un punto muerto, sin nunca perder el tono de una nota. Todo estaba en sus muecas, expresiones y lamentos. En una mesa vecina había un grupo de jóvenes. Uno de ellos lo reconoció y le pidió una canción. Su cara se quebró. Achicó sus ojos, mostrando los años a través de sus expresiones, y se negó al pedido con astucia. Algo sabía: las más de doscientas canciones que manejaba a la perfección le otorgaron paciencia y esa sabiduría que se aprende sólo en la calle. Ahí había hecho su tesis de doctorado en sicología humana, viajando de sur a norte y de norte a sur repetidas veces. pág · 29

Continuamos con la conversación y dejamos de lado el tema del metro, sus pasajeros y desaires, y nos metimos en terrenos más serios. Repertorios, nombres, años, discos, buenos músicos, estafas y fracasos. Noté que nuestras ideas musicales eran completamente distintas, lo que generalmente es bueno; así aprendes a escuchar. Él iba hilando todo de manera perfecta, casi cronológica. Finalmente me confesó que tenía algunas canciones propias pero que prefería no interpretarlas en su rutina, sólo lo hacía en privado. Las creaba anotando sus vivencias en una libreta. Melancolía absoluta, fue lo que me imaginé. Seguro notó mi interés en saber más de aquello y también mi identificación con el sentimiento. Para la próxima, quizás. El encuentro fue breve, pero se repite en mi cabeza. Me recuerda la frase con que Bob Dylan finaliza su libro Crónicas, cuando relata cómo entró a las grandes ligas de la música:“Me lancé de cabeza a ese mundo. Estaba abierto de par en par. Una cosa era evidente: no sólo no estaba regido por Dios, sino que tampoco lo estaba por el demonio”.


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La Juguera Magazine  

Edición Nº 2 - Revista de periodismo cultural para Valparaíso y la 5ta. Región. Chile.