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ECONOMÍA

LA JORNADA MAYA Jueves 15 de agosto de 2019

Se contrae el PIB turístico por vez primera en ocho años: Inegi DORA VILLANUEVA Y JULIO REYNA QUIROZ

La actividad económica producto del turismo se contrajo 0.8 por ciento en el primer trimestre del año respecto del mismo periodo de 2018, cuando alcanzó niveles históricos. Una contracción a tasa anual en el sector no se había registrado desde el primer trimestre de 2011, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Datos del organismo dan cuenta que el deterioro en ese renglón viene del gasto que realizan los mexicanos, mientras avanza el consumo de visitantes extranjeros. Frente al periodo octubre-diciembre de 2018, el producto interno bruto (PIB) del turismo también se contrajo 0.1 por ciento. Ello, tras un 2018 que empezó con un repunte entre enero y marzo, luego de que cayó durante seis meses y terminó el año estancado. Lo anterior, en un sector que aporta cerca de 9 por ciento del PIB nacional. Las cifras apuntan a que el de-

terioro de la actividad viene del gasto que realizan los mexicanos, mientras avanza el consumo de los turistas extranjeros. Este indicador revisa el gasto que hace un visitante para desplazarse a su lugar de destino y el que efectúa en él. Así, el consumo turístico lleva tres meses estacionado en el mismo nivel: 114.7 puntos. Lo anterior es producto de un menor gasto de los paseantes mexicanos, indicador que acumula un año de contracciones. Entre enero y marzo de este año lo hizo en 0.5 por ciento, mientras el consumo de viajeros internacionales creció 3.2 en el mismo periodo. Ambas cifras son desestacionalizadas frente a las de octubre-diciembre del año pasado. En la comparación anual se ubica 0.6 por ciento por abajo del nivel de 2018. Separado entre el consumo nacional e internacional, la diferencia está impactada por una caída de 2.8 por ciento en el consumo de mexicanos, frente a un crecimiento de 9.5 por ciento en el indicador que responde al sector internacional. Luego de que el Inegi difun-

LAS AFORE REDUCIRÁN COMISIONES

▲ El secretario de Hacienda, Arturo Herrera

(tercero de izquierda a derecha), se reunió con Bernardo González Rosas (al micrófono), presidente de la Asociación Mexicana de Administradoras de Fondo para el Retiro. En el

diera las cifras, el secretario de Turismo, Miguel Torruco Marqués, consideró que la caída del PIB turístico en el primer trimestre del año se debió a los amparos interpuestos por organizaciones civiles, que han detenido las obras de infraestructura, como el aeropuerto de Santa Lucía. “Si hubo una leve contracción del PIB también les recuerdo que existió una mayúscula campaña para evitar, a través de amparos, que se ejerza el presupuesto”, manifestó el funcionario en una conferencia en

encuentro se acordó bajar las comisiones que cobran las Afore, informó en Twitter el encargado de las finanzas públicas. Destacó que se trata de un primer paso en el camino para fortalecer los fondos de pensiones. Foto tomada de Twitter

la que se anunció una alianza entre la dependencia y los organizadores de la Carrera Panamericana. Expresó que el gobierno mexicano tiene todo listo para comenzar a construir el aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya y el Tren Transístmico, pero los amparos interpuestos contra esas obras “han evitado que fluya una gran cantidad de pesos mexicanos que van a favorecer a la infraestructura, la generación de empleos y de desarrollo regional”. Tan pronto se resuelvan los am-

paros, dijo Torruco Marqués, “se empezarán al por mayor las grandes obras y habrá un gran desarrollo en el país”. Las cifras reportadas por el Inegi corresponden al periodo eneromarzo, cuando aún el presidente Andrés Manuel López Obrador no ponía la primera piedra del aeropuerto de Santa Lucía. También hasta la semana pasada, el proyecto del Tren Maya no tenía ningún amparo que impidiera el desarrollo de su ejecución.

Capitalismo, agricultura y cambio climático ALEJANDRO NADAL

E

l Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) filtró un adelanto de un estudio sobre la relación entre suelos, agricultura y cambio climático. Es un poderoso llamado de atención sobre las fuerzas que amenazan con desfigurar la biósfera y destruir la especie humana. El análisis hace hincapié en el uso de suelo, la producción de alimentos y las emisiones de gases de efecto invernadero. La advertencia del IPCC señala que la agricultura, la ganadería y la silvicultura generan 23 por ciento del total de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) cada año. Por otra parte, el IPCC recuerda que los suelos del planeta son responsables de absorber alrededor de 30 por ciento del bióxido de carbono emitido cada año por la industria y el sector energético. En la medida en que los suelos se degradan, se reduce su capacidad de absorción del bióxido de carbono (CO2) y su capacidad productiva se ve limitada. Esto aumenta la concentración de GEI en la atmósfera y agrava el cambio climático, lo que genera nuevamente mayor degradación de suelos. El riesgo de desencadenar un ciclo acumulativo vicioso es hoy día muy alto. El informe del IPCC es importante,

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pero, como siempre ocurre con estas evaluaciones sobre la destrucción ambiental en el mundo, adolece de una grave omisión: no contiene ninguna referencia sustantiva a las fuerzas económicas que están promoviendo esta degradación ambiental. El IPCC indica que cerca de 30 por ciento de la producción mundial de alimentos se pierde o desperdicia. La reducción de estos desechos haría una contribución importante para restringir las emisiones de GEI. El IPCC también reconoce que es necesario combatir la desigualdad que impera en los paisajes rurales del mundo para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, los patrones de consumo y el tipo de dieta imperante afectan la cantidad de tierra y agua que se necesitan para la producción de alimentos. El consumo de carne es uno de los factores más negativos en la contribución del sector a las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, por cada kilogramo de proteína animal producida se necesitan 10 mil litros de agua, nueve kilogramoss de granos y el equivalente a 18 kilogramos de capa orgánica de tierra. Es cierto que la agricultura mundial está hoy profundamente distorsionada y sumergida en un círculo vicioso, en el que la degradación de suelos está asociada a mayores emisiones de gases de efecto invernadero. Pero no será

fácil implementar los cambios que se necesitan para reducir las emisiones de GEI del sector agrícola. Y es que, hoy, la agricultura mundial se comporta tal como el capitalismo siempre quiso que lo hiciera. El desperdicio y la desigualdad son dos signos distintivos de este fenómeno. La desigualdad es resultado de la lucha que el capital siempre ha mantenido por controlar el proceso de producción en el campo, buscando someter al campesinado y la población rural a la relación salarial. El acaparamiento de tierras es una faceta de este proceso. Por su parte, el desperdicio es un subproducto del control de la producción agrícola por el capital. No hay que olvidar que bajo el capitalismo, el objetivo de la producción mercantil agrícola no es generar alimentos para la población, sino producir ganancias para las corporaciones. En la producción capitalista el desperdicio es parte del “valor agregado” que se vende como mercancía. Un rasgo esencial del capitalismo es la tendencia a la concentración del poder de mercado en pocas empresas. En la agricultura mundial esta consolidación corporativa se manifiesta no sólo en las grandes plantaciones y fábricas de carne, sino en todos los eslabones de la cadena de valor: comercialización, procesado y empaque, transporte y producción y venta de semillas e insumos agroquímicos (muchos profundamente

tóxicos). Los abusos de la concentración de poder van desde la manipulación de precios hasta las violaciones de los derechos humanos de poblaciones campesinas. El IPCC es incapaz de examinar el verdadero motor de la destrucción ambiental provocada por las grandes plantaciones de aceite de palma en el sudeste asiático, o por la ganadería y la soya transgénica en América Latina. Y es que el IPCC critica esas plantaciones, pero considera que están relacionadas con las necesidades de una población constantemente en aumento. No puede ver que esos proyectos tienen muy poco que ver con las necesidades de la gente y en cambio, sí, mucho con la transformación de la agricultura en una fuente de ganancias. Las emisiones de gases de efecto invernadero en la agricultura están vinculadas con la transformación de la producción de alimentos y del paisaje rural en general en un simple espacio de valorización para el capital. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero únicamente es posible frenando los excesos del capitalismo. El mercado no podrá hacerlo. La autoridad pública (el Estado) es la única que puede orientarnos en esa dirección. Pero eso necesita un cambio de paisaje político, que hoy está lejos de presentarse. Twitter: @anadaloficial

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La Jornada Maya Yucatán - jueves 15 de agosto de 2019  

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