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ARTES Y LETRAS

EL ÁNGEL CAÍDO DEL CIELO Había una vez una mujer llamada Laura Alejandra. Era una dama triste que veía pasar la vida desde la ventana. Extraños iban… extraños venían por las calles de esa enorme y ruidosa ciudad, y ella les sonreía tan solo por cortesía. Cada día era igual a otro, cada día tenía su misma monotonía, pero ¡de repente! una lágrima cargada de tristeza y miedo rodó por su mejilla, nadie la observaba ni podía imaginar que llevaba el alma cargada de soledad. A pesar de su agonía, su alma aún tenía deseos de volar, aun con las alas cansadas, no dejaba de soñar como suele soñar una mujer que conserva en su pecho la ilusión de amar. Y así de repente una noche despertó y miro que caía del cielo una luz radiante, se acercó a aquella luz que deslumbraba, la tomó en su mano con un poco de miedo, pero la atracción fue tal que la llevó a su pecho y sintió que su corazón latía de una forma diferente, era una sensación realmente especial, tanto así que pensó que estaba soñando. Laura cerró sus ojos un instante y dejó escapar un suspiro, cuando los abrió… él estaba allí, mirándola a los ojos, un ángel según parecía, un caballero que la estaba invitando a bailar el más hermoso vals… el vals del amor. Un poco desconfiada, temió antes de hablar, dudó de sus palabras, pero finalmente, le preguntó su nombre y su edad. - La edad no es importante -respondió él-, porque los ángeles no tienen edad. - Y el nombre - preguntó Laura. - Lo guardo, nadie lo sabrá… es un secreto. La vida en un instante le cambió de gris a multicolor, ese ángel del cielo bajó para iluminar su alma, como un lucero que destelló cual diamante, que en su corazón guardó. En ese instante, Laura caminó dejando el miedo y la oscuridad atrás y tomados de las manos, los dos comenzaron a construir castillos de felicidad. Pero entonces, ella se percató de que ese ángel algún día se tendría que ir, y tanta felicidad no podría haber existido para ella más que en un sueño, y de los sueños siempre tenemos que despertar. - ¿Qué pasará mañana al salir el sol? – preguntó. A la mañana siguiente, al despertar, no encontró al ángel de alas grandes. Volvió a la soledad, pero en su corazón llevaba el amor, y así pasó el día. Cuando la noche llegaba sintió un … toc…toc…toc en su ventana. Miró rápidamente, asustada, pero su mirada se vio iluminada

de manera inesperada por unos cabellos rubios. Él entró y hablaron durante toda la noche, y así fue por muchas otras noches. Un día el ángel se sintió cansado, así que se quitó las alas para poder bajar más cómodamente a ver a Laura, y cuando llegó a la tierra ya no era un ángel. Ella notó algo, le dio curiosidad pero no le importó. Esa noche, ÉL dejó de ser un ángel, ÉL y ella se unieron y se fundieron en cuerpo y alma. A la mañana siguiente, el ángel ya no estaba, ella lo esperó esa noche, pero nunca llegó. Al cabo de nueve meses, una criatura nació de Laura, un hermoso niño que con los años creció y se hizo hombre, pero sin su madre y sin su padre, ya que unos días después de dar a luz, Laura escuchó la noticia de que un hombre había sido encontrado muerto en circunstancias extrañas y al ver su foto en las noticias supo que era su ángel. Se dirigió hasta el lugar donde su ángel pasó sus últimos momentos y con una navaja corto su antebrazo, un corte por la primera vez que lo vio, otro por la segunda vez que el ángel bajó a visitarla y así hasta que se desangró y murió… Cuenta la leyenda que, debido a esto, ningún ángel podrá pisar la tierra de nuevo porque en este lugar hay mujeres tan hermosas como Laura que los tentarán a dejar de ser puros, mujeres con el ama cargada de soledad y tristeza, con la esperanza de que un ángel llegue…

Ángela Villamil LA HUELLA CALASANZ|PAGINA

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LA HUELLA CALASANZ ED 3 2015  
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