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arrepiente ¿qué sería y por qué? Sí me arrepiento de una cosa y es de no haber terminado mi pregrado a tiempo y estar todavía con esa cola que ya va alcanzando en distancia como de acá hasta el océano Pacíco por los lados de Hawái. De eso me arrepiento, porque (y esto lo se lo digo a ustedes, muchachos) una persona tiene que ser responsable con su estudio y yo he sido completamente irresponsable con eso. Todos tenemos alguna frustración. ¿Qué es lo que anhela pero no ha podido conseguir en su vida? Es que mientras haya vida hay esperanza, por eso, yo no lo llamaría frustración. Mire, a mí me tocan mucho las violaciones a los derechos humanos. Yo quisiera conocer Ruanda. Hay una escritora llamada Inmaculada Ilibagiza. Ella es una sobreviviente del genocidio en Ruanda y tiene una serie de libros. El primero de ellos se llama como la autobiografía de García Márquez, se podría traducir cómo Vivir paracontarlo o Haber sido dejada para poder contar. Es como si Dios la hubiera dejado vivir para contar su historia en la que habla de país, el cual está a nivel ecuatorial, más o menos a la altura de Colombia. Es un territorio muy parecido al nuestro, con montañas y vegetación exuberante. Quisiera llegar allí, y también quisiera conocer esos sitios en donde el sufrimiento de las personas se ha hecho patente y maniesto. Por eso, también mencionaría Auschwitz, los museos del holocausto en Washington o Jerusalén… Esa parte me gustaría sentirla y vivir la experiencia de estar allí. Eso anhelo.

Tenemos conocimiento que Juan Carlos es exalumno de la promoción 1990 del Colegio Calasanz. ¿Cuáles son sus mejores recuerdos del colegio de ese entonces: compañeros, profesores, actividades? Respecto a mis compañeros, los mejores recuerdos serían la subida a la montaña de las tres cruces en Pamplona durante los retiros, toda la preparación del anuario de ese año, la ilusión en el día del grado, la alegría del día del grado y una obra de teatro que presentamos en la Semana Calasancia, que por ser de once ganamos y que fue muy divertido hacer. En cuanto a los profesores, pues con todo el cariño recuerdo a todos, o sea, a Luis Penning, a Mario Picón, a “Chacho” Barreto, a Judit, a Álvaro Suárez (el profesor de Química), a Ángel Matute (de Filosofía), Carlos Pulido (profesor de Matemáticas en ese entonces), Javier Cancino, que era el psicólogo en esos años de bachillerato, todos ellos... Uno como que pierde a veces las anécdotas concretas de lo que pasó, pero esa sensación de estar frente a personas interesadas por el bienestar de uno, esa sensación permanece en todos ellos. Y lo que más recuerdo es la casi frustración que hubo ese año con las Pruebas de Estado porque tuvimos una caída signicativa en los resultados. Fue agridulce, en el sentido de que muchas personas sintieron que como promoción habíamos defraudado a la “herencia calasancia” de estar siempre “plus ultra”, como llaman. Eso lo recuerdo mucho. Juan Carlos su generación conoció al padre Ceferino, iniciaron la onda de la informática con los diagramas de ujo y el BASIC, escucharon a Vilma Palma y Vampiros, bailaron en Macro Efectus. ¿Qué recuerdos le trae esa época y cómo vivió esa juventud “divino tesoro”? Pues mire, en ese sentido, yo sí me diferencié mucho de mi generación. Yo era poco estero. Vine a aprender a bailar como a los treinta y nueve años (se ríe). La única vez que estuve en un baile de Macro Efectus fue porque lo organizó la promoción, de resto, no estuve en ningún otro. O sea, yo en ese sentido no tengo como un equilibrio, esa parte nunca la viví. Lo que hacía era los domingos acompañar a un grupo apostólico a hacer catequesis en Santa Ana, un barrio por los lados de Boconó, pero arriba en la montaña, más bien era eso lo que prefería hacer.

LA HUELLA CALASANZ|PAGINA

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LA HUELLA CALASANZ edicion 2 octubre 2014  
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