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CRÓNICA DE UNOS JUEGOS ANUNCIADOS María Clara Jácome Estudiante de 11° grado.

Recuerdo perfectamente aquella semana. Sin duda quedará en mi memoria como una de las mejores experiencias de mi último año en el colegio. Llevábamos bastante tiempo preparándonos para el evento. Todos esos cambios en la infraestructura, permisos, alquileres, entrenamientos y ensayos se habían llevado a cabo en pro de ese momento. Y allí estábamos. Los IV Juegos Intercalasanz al n habían llegado y nosotros estábamos listos. Bogotá, Pereira y Medellín habían sido las sedes anteriores. Este año era nuestro turno. La inauguración empezó y con ella el evento. Recuerdo la entrada de las delegaciones y los comentarios de mis compañeros acerca de quién estaba “buena” y quién no. Las presentaciones y reconocimientos a nuestros padres escolapios dieron paso a la presentación de la llama olímpica y de nuestro nativo motilón, un nativo motilón que, por un momento, pensé que con su arco y echa iba a encender la llama olímpica desde el escenario, El tradicional juramento del deportista culminó con unos nada esperados fuegos articiales, que terminaron por encender la llama olímpica. La banda show vino después a deleitarnos con su actuación, y las palabras de nuestro alcalde, y padre de familia de la Institución, no se hicieron esperar. Hasta el momento todo iba muy bien. Salvo el calor y un mínimo conato de incendio, la velada había avanzado sin contratiempos. Yo sólo me interesaba por la comodidad de nuestros invitados. Llegó el turno de nuestra presentación. Desde los más pequeños del colegio hasta los más grandes de la primaria hicieron su baile de gradería. Primero uno por uno y luego en conjunto. Más tarde, los estudiantes de séptimo grado hicieron su propio baile de gradería en honor a Colombia y su participación en el mundial Brasil 2014. PAGINA

6|LA

HUELLA CALASANZ

Después fue el turno para los de undécimo y décimo, que en conjunto con la Academia “Deiby Dance”, cerraron la velada con una mezcla de ciertos bailes que han tenido inuencia en Colombia durante diferentes épocas. Y luego, tan rápido como empezó, la velada acabó. Las cartas estaban sobre la mesa. Nuestra primera impresión ya había sido dada y poco sabíamos de lo que pensaban nuestros invitados de nosotros Sin embargo, mi noche no terminó ahí. El hecho más memorable de mi velada vino después del show. Al ser mi padre egresado de la primera promoción de nuestro colegio, poco contacto tenía con compañeros o profesiones de su época. Pero aquella noche, mi familia y yo fuimos testigos del reencuentro de mi padre con uno de los sacerdotes presentes en los primeros pasos de Calasanz en Cúcuta. Actualmente radicado en Medellín, este escolapio de más de 80 años compartió con nosotros algunos de sus experiencias y nos demostró que la edad es en realidad un estado mental. Debo decir que ese encuentro me hizo sentir la verdadera familia que en realidad somos los calasancios en cualquier parte del mundo. Al día siguiente llegué al colegio, tarde debo admitir, -aunque espero que mi testimonio no sea tomado en cuenta- y los comentarios no se hicieron esperar. No hubo comentarios negativos, sólo se podía sentir la expectativa de lo que vendría a continuación. El primer partido dio paso al segundo y al tercero, y aunque era físicamente imposible estar en todos a la vez, me las arreglé bastante bien para observar un poco de cada encuentro. No hizo falta mucho tiempo para que cada quien deniera sus favoritos.En mi caso, después de Cúcuta, mi mayor apoyo fue para Ecuador.Y es que

LA HUELLA CALASANZ edicion 2 octubre 2014  
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