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Crónica del moribundo Días oscuros que con sus nubes opacan mi luz. ¿Podrá ser tan maldito el rayo que está por caer? Me escondo entre las ramas de un viejo cedro de virtud, ahora soy más vulnerable a morir antes del amanecer. Quiero ser cera que forme cirio de vida, vida que se oculta bajo la oscuridad de la luna como la virtud del alma que se encuentra escondida, fuerte furia del viento que acaba como cual duna. Deseo no ser endeble pues mi fuerza está perdida, mis aquezas me corroen y a la vez me abruman y veo morir mi ego en otra vida. Soy el débil auxilio del sincero sin cuna que navega con inseguridad lejana a la viña, viña de paz completa y felicidad divina. Gris memoria que contrasta con el tiempo, víctima de las pirañas que en el río nadan, descubren los vacíos que en mis adentros luchan por camuarse entre las marañas. Apaciguado en mi cuerpo y sus lamentos nadie me puede juzgar si de mí no saben nada. Es así como escucho sus lamentos al no poder acabarme con sus miradas. Ya naliza la espera encarnada, al paredón me guían los sargentos, el sacerdote y sus oleos vienen de bajada. Ahora, en manos del viento, se viene el apuro, pero espero, como si nada. Pasadas son las horas ya en tragedia, el silencio en el espectáculo culmina la hora. Adiós se dijo en mi hojarasca comedia, morí en manos suyas, mi preciosa señora. Mundo que me despide, anunciado fui, pues muero en desgracia del que asesinado fallece, pero sin laceraciones ni llagas me vi, Juan José Sánchez. Estudiante de 10° grado. LA HUELLA CALASANZ|PAGINA

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LA HUELLA CALASANZ edicion 2 octubre 2014  
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