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CUCMUN 2014: CRÓNICA DE UNA MUERTE VESANIA ANUNCIADA Por: Juan Pedro Villamizar Hoyos Me despierto, miro el celular y me doy cuenta de que es martes, 19 de agosto. Una vez en el colegio, empiezan los últimos retoques de aquello que nació como un proyecto dirigido por los jóvenes y para los jóvenes, que tanto tiempo, esfuerzo y dedicación ha requerido. Son las cuatro de la tarde, las personas empiezan a llegar al colegio. El reto: hacer una inauguración sencilla, agradable y valedera que no se vea afectada por la alta temperatura que se siente al interior del coliseo. Empiezan los himnos, los videos introductorios y, rápidamente, los discursos protocolarios son leídos. CUCMUN 2014 es inaugurado. Al día siguiente, a las dos de la tarde se supone que debe comenzar el trabajo en cada uno de los comités en el Hotel Casa Blanca. Sin embargo, la cultura cucuteña ataca de nuevo y logra imponerse ante un cronograma estipulado. Los delegados no se presentan oportunamente y el equipo organizador aparentemente se queda dormido en los laureles y no aparece. De un momento a otro, retumba el sonido de los tacones en el suelo, ese mismo que se repetiría una y otra vez durante los tres días del modelo. Jóvenes infortunados buscan un alma caritativa que les ayude con el fastidioso nudo de la corbata. Después de lo imprevistos, se inicia el trabajo, media hora después de lo planeado. Es momento de cerciorarse del desarrollo de cada comité. Más allá de encontrarme con amigos de otros colegios, creo que voy a encontrar participantes nerviosos pero entusiasmados por debatir. Me equivoco. El temor por hablar en público no es algo que se pueda resolver tan fácilmente. Las mesas directivas tienen que ingeniárselas para poner coto al problema. Es en este momento, cuando las numerosas salidas de clase para reunirme con ellas dan sus frutos, puesto que no pasaría mucho para que se rompiera el hielo en cada salón. Llega la hora del refrigerio. Poco a poco, los grupos de PAGINA

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HUELLA CALASANZ

amigos se conforman y noviazgos inesperados se dan a conocer. Es lo normal, en CUCMUN no solo se debate, también se conocen personas y se disfruta de una experiencia de vida. Una vez más debe volverse al trabajo. Al nalizar la jornada del primer día, los organizadores deberán quedarse para una reunión general. Se escuchan quejas caprichosas y reclamos, aunque paso por sordo. Por primera vez desde que ostento el cargo de Secretario General, debo subir el tono de voz, dar un sermón con aires de regaño y fruncir el ceño. A nadie le gusta. A mí tampoco. No obstante, la reunión resulta útil. Al día siguiente, a pesar de que falta media hora para reanudar la sesión, ya todos los directivos y demás miembros del personal están en el hotel, listos para lo que se viene. Es día de crisis y la incertidumbre se tomará las comisiones. Y así sucede. Los agentes de crisis bailan de un lugar a otro buscando cómo hacer las plenarias más dinámicas y entretenidas. Situaciones que, en primera instancia, parecerían absurdas, pero que comúnmente se presentan en medio de una congregación de las Naciones Unidas. La polémica desborda sin permitir visualizar soluciones tan ecazmente como se esperaría, pero el ánimo conciliador logra ver la luz nalmente. El segundo día ocial de CUCMUN transcurre con normalidad. Una vez los delegados se retiran para descansar de una jornada completa y dispendiosa, los organizadores vuelven a ser convocados. En esta ocasión hay un ambiente diferente, uno de satisfacción. Los equipos son felicitados por su meritorio esfuerzo y se trazan planes para el que sería el último día del Modelo de este año. Viernes, 22 de agosto. Los comités sesionan por última vez, esbozando plausibles resoluciones tras una ardua

LA HUELLA CALASANZ edicion 2 octubre 2014  
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