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“Avestruras”, una novela con aroma de pachuli

Guatemala, 13 de enero de 2017

Fotografía de Herbert Reyes


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Los peces de la pecera que nunca tuve murieron de frío esta madrugada. Mi error fue pensarlos tropicales, coloridos, tibios. Hubiera sido bueno imaginarlos australes, de esos que no llevan más que un color gris en sus escamas lisas, casi sin vida. Pero así somos los seres cálidos: buscamos la bulla, el color, el movimiento. Por eso te busqué a vos, mujer de labios grandes y cabello de hojas redondas. Los peces imaginados amanecieron con la panza hacia arriba, no se movieron más. No tuve otro remedio más que representarme tirándolos por el desagüe, sin marchas fúnebres ni epitafios. Decidí también imaginar que quebraba la pecera en cientos de miles de astillas cortantes, lanzada desde el balcón de mi apartamento, en el quinto nivel. Sin daños a terceros. A las nueve de la mañana el callejón al lado del viejo edificio café aún se encuentra desierto.

Y

Nosotros los cálidos (cuento para los días fríos) Por Pablo Sigüenza Ramírez Fotografía de Ban Vel

a que estaba en esas de imaginar, te imaginé llegando a casa. Oí tus dedos chocar contra la puerta de madera luego de subir las escaleras, te abracé, te besé y salimos a caminar por el centro tomados de la mano. Animado por lo fértil de mis pensamientos de esa mañana, te dije que te quería. Le di forma a nuestra risa compartida, reímos mucho esa mañana. Yo llevaba meses sin atisbar una sonrisa frente al espejo. Abrazado a la penumbra de una habitación sin ventanas te esperaba. Hasta esta mañana la oscuridad era un pasatiempo, un escenario sin viento y sin vida, una pausa en el tiempo. Desde hoy no hay límite entre oscuridad y luz. Vos las juntás y hacés una ensalada de colores con ellas. Regresamos al edificio, decidimos no

I Hablaré de mi viaje, apilamiento de memorias concomitantes y contingentes, tirándose del pelo como corro de niñas buitres consteladas, que surcan el vacío hechas Medusa. Cada cabello aventura diferente y transitoria, que se extingue o bifurca, y a veces mechón de pólvora prendida para conocer un miedo genealógico, minúscula detonación eufórica entre tanta inmensidad. Cada cabeza es un mundo, cada neurona un anciano, cada anciano una mosca, quiero decir ventanal de mosaicos, y en el cristal la posibilidad de fragmentaciones matemáticas irreversibles. Hay algo detrás de los cristales, probablemente niños con piedras, víctimas huérfanas de la crisis idiomática; apenas confío en sus infancias ilusorias, electrones rapaces inquietos, posibilidades del fotón nonato, reales en tanto adivinanzas. ¿Qué pasará cuando Medusa sea fósil viperino irradiando las últimas transmisiones de la bitácora nocturna, la transfusión telepática del misterio?

Oí tus dedos chocar contra la puerta de madera luego de subir las escaleras, te abracé, te besé y salimos a caminar por el centro tomados de la mano. fatigarnos con las escaleras y subimos por el viejo ascensor. Nos besamos el tiempo que tardó el aparato eléctrico en subirnos al quinto nivel, es decir, una vida. Me entregaste en ese beso tus existencias sin mí. Yo te conté, con los labios pegados a los tuyos, mis miedos de infancia y la infancia de mis miedos actuales. El ascensor se detuvo, yo abrí la puerta de casa y vos ya no estabas conmigo. Cogí el trastecito de plástico donde guardo la comida de los peces. Tomé un puñado de aquel alimento, lo revolví en un vaso con agua y bebí hasta la última gota. Sin peces y sin vos, a pesar del frío, me sentí feliz.

Cosmos Por Camilo Villatoro Fotografía de Ban Vel

II Hubo una mujer que sabía encender fuegos, y todos los insectos la acosaban en una rapiña de esperanza, donde la crepitación inflama el ensueño y calienta artificialmente una pequeña atmósfera a quienes piensan como fuegos las estrellas. La hoguera era el sol de las criaturas nocturnas, y célula efímera de una galaxia improvisada en un claro de bosque. El fuego era dios, maderos que ardían cremando su propia historia, quedando el misterio oscilante de la llama. Pandillas de simios escondidos en las elipsis ingrávidas, alrededores sombríos, esperaban atentos la caída de parpados de

la vigilante, en lo más silente de la noche. Querían fuego y ardieron –literalmente—, sus manos redescubrieron el llanto. La mujer abría un ojo entre tanto alarido y lo volvía a cerrar con cierta culpa. Pero una noche la suerte armó al simio prometéico con un brazo de madera, extensión más allá de sus dedos sensibles, y el alarido alegre abrió el ojo de la mujer. La antorcha flotaba más allá de los linderos ingrávidos. Volvió a cerrarlo, con cierta culpa. III Una inocente crueldad me puso la corona del sabio, cuando mi juventud reclamaba

harapos dispuestos en la desnudez violenta. Se sufre en carne viva la contradicción, la indignidad, recibir el alimento externo a falta del propio. La realidad te supera; la excesiva consciencia descubre al patetismo, al joven imitador de pequeños dioses humanos, desfile de locos que desciende de la nieve para excavar un mundo subterráneo. Todo nacer es angustia: la progenie esperada pudriéndose en cada célula a pesar de su nombrada lozanía. La música nace fantasmagórica y liviana, y es infamia un acorde misterioso asido por la notación armónica; lenguaje pudoroso, avergonzado de su propia suciedad. Deseo

que la imagen me invada y se diluya en canto de antífonas a los escuchas ocasionales; demasiado pedir para el vagabundo que huye a la galaxia más encumbrada, al horizonte ingrávido de la inexistencia. Camilo Villatoro (1991-…) es un impopular escritor iconoclasta y satírico, nacido en México, pero de identidad guatemalteca. A falta de currículum de publicaciones o méritos de cualquier tipo, inventa patrañas cuando de describirse en estos espacios se trata. Prefiere eso al patetismo de decir que es “un comunicador persistente en redes sociales”, lo cual es verdad, pero a nadie le importa.


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En una rueda de seis o siete chavos pelilargos, la bacha pasa de mano en mano, cada uno le da un jalón profundo que les hace arder la garganta, pero retienen el humo en sus pulmones; el resto de muchachos ya empezó a sentir el mareo y unas extrañas ganas de reír. Uno de ellos, el de cara redonda y gesto de “Yo soy el tatascán” pregunta ¿Quieren que les cuente una historia? Todos asienten con la cabeza riendo suavecito.

Maco Luna nos pasa la bacha

“Avestruras”, una novela con aroma de pachuli Por Juan Calles

Había una avestruz con cara de gente…” y a partir de ese segundo todo fue de terciopelo y gas. Esta novela tiene aroma de pachuli y suena como un rock viejo y poderoso, se lee de la misma manera que se escucha un disco de acetato guardado por décadas en el ropero de un viejo rockero. Para quienes conocen la ebriedad no les serán ajenas las imágenes y sensaciones que Maco Luna narra en Avestruras. “Yo quería hacer una especie de Rayuela, pero luego me enderecé y salió ésta historia sobre la libertad” continuó el muchacho que contaba la historia. Una metáfora salió disparada por entre los dientes, todos rieron de buena gana “Yo soy así trato de comunicarme de forma sencilla; como músico, quizá me gustan las cosas más complejas, pero mi forma de hablar y escribir es sencilla”. Un país (Tenebrisia) es el escenario de una aventura surrealista pero atravesada por la realidad histórica de Latino-

Fotografía de Herbert Reyes

Fotografía de Herbert Reyes

Maco Luna, escritor guatemalteco autor de la novela “Avestruras”.

américa; una historia contada cientos de veces en mil formas diferentes, las imágenes alucinadas e ingenuas que nos dibuja Maco Luna con sus palabras permiten leer, una vez más, la violencia de la guerra en una forma que quizá nunca imaginamos.

Luna ha publicado además las novelas “Cuerpo y Alma” y “Pasos de perro ajeno” con la editorial Letra Negra. Fotografía de Herbert Reyes

¿Cómo íbamos a imaginar cómo trabaja la mente de Maco? En algunos capítulos de la novela sentís que estás leyendo una larga canción de son-rock, con largos solos de guitarra y estruendosos solos de la batería al estilo Grand Funk o Deep Purple, este libro se te hace música entre las manos. La prosa que eligió Maco Luna para narrar esta historia carece de aspavientos, sin querer aparentar algo que no se es; una prosa de la calle. En México existió un movimiento llamado Literatura de la Onda, a finales de la década de 1960, las novelas

…sabemos que Maco Luna es un autor que nunca envejecerá, aunque esté viejo. que representan este movimiento abordan temas tabú, su principal característica es que utilizan los códigos de los chavos y chavas, algo totalmente nuevo para la época. Avestruras se parece en muchas formas a esas novelas de la onda, en las que encontramos las formas de hablar y de sentir de los jóvenes en las calles de cualquier ciudad; sabemos que Maco Luna es un autor que nunca envejecerá, aunque esté viejo. “La libertad puede ser algo interno o algo externo; cada quien decide ser libre o no, cada quien puede sublevarse ante lo que lo rodea, mientras les cuento esta historia estoy invitándoles a sublevarse”. Dijo el muchacho que narraba como motivando a los otros a opinar, pero todos andaban en el viaje, en las calles de Tenebrisia, buscando al rock que había desaparecido. ¿En verdad se te apareció un avestruz con cara de persona? Preguntó alguien interrumpiendo la narración. El que narraba detuvo el relato, cerró los ojos y suspiro antes de responder “Intentando no dormir por terror a las pesadillas, en medio del delirio del insomnio auto inducido, un avestruz me ofreció jalón, confiando en que el Delirium Tremens no me asesinaría acepté el aventón que ofrecía el ave y allí nació Avestruras. Esta es una novela en la que se pueden sentir colores, olores y sabores, es una puerta a la sicodelia, a la

mente sicodélica de Maco Luna. ¿Quién es Maco Luna? Volvieron a preguntar, el narrador sonrío y escondió su DPI entre las arrugas del pantalón. Esta es una novela llena de música, escrita en silencio, uno de los muchachos le preguntó tímidamente, ¿Cómo podés contar una historia de música con tanto silencio? “La música la llevo por dentro” respondió el narrador arreglándose el pelo largo con la mano izquierda. La bacha había muerto entre los dedos y los labios de los muchachos, la historia estaba llegando a su fin, la música iba desapareciendo poco a poco, disolviéndose mientras el narrador contaba el final de la historia, “miren al cielo muchá” hay colores, hay muchos colores, cada capítulo es un color. Hay ritmo, dijo otro, hay rolas, hay metal, hay jazz, todos encontraban algo diferente en Avestruras. Las utopías y la imaginación se cuelan entre las líneas de esta novela; sublevación y desobediencia, las ganas de vivir, de construir y de crear, así llegamos al final del camino que propone Maco en esta novela de gas neón. Juan Calles. Periodista, documentalista, lector de tiempo completo, ha facilitado el taller de narrativa del Centro Histórico. Autor de “Triciclo”, libro de cuentos cortos. Nació en mayo del 73, pero no está seguro de ello.


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Una romería a Esquipulas

E

n estos días de enero es común ver carros y autobuses que recorren las principales vías de la ciudad adornados con el gusano multicolor que indica que han realizado la romería a Esquipulas, sus pasos son más frecuentes el fin de semana. Despiertan también el interés y la curiosidad las caravanas de pullmans provenientes de Oaxaca-México para cruzar la ciudad de sur a oriente y a los pocos días hacer el recorrido en vía inversa. Las formas de transporte actuales hacen más fácil la realización de la peregrinación para visitar al Cristo Negro, pero en la Guatemala de los años 40, 50 y 60 del siglo pasado, constituía una odisea llegar a Esquipulas. Las romerías solían hacerse en camioneta o bien en tren, aunque también las había andando y en algunas regiones la realizaban a lomo de caballo. Solían organizarse en la cuadra o el barrio (algunas por iniciativa del párroco de la iglesia local) y se colocaban avisos con suficiente antelación para emprender la peregrinación, que requería una preparación minuciosa de todos los detalles: el reunir los fondos para el pago de los honorarios del conductor del autobús, el llegar al número indicado de participantes, la preparación de la comida porque cada familia llevaba la suya para consumir en el camino y en Esquipulas, etc. ¡La comida! Canastas grandes con todo tipo de viandas de temporada: frijoles volteados, de esos hechos en olla de barro y de cocimiento lento en estufa de leña o carbón, huevos duros en cantidades generosas para proporcionar bastimentos a toda la familia, pacayas envueltas en huevo, termos de café cuya tapa estaba reforzada con un trapo pequeño de manta para evitar derrames en el camino. Y por supuesto la gran innovación de estas romerías a la gastronomía guatemalteca, los tamales de viaje. Sí, los conocidos de todas las semanas santas, fabricados con maíz, queso y hechos de tal manera que al abrirlos, pueden cortarse en rodajas para consumirlos sin necesidad de calentar, o si hay oportunidad, asarlos a las brasas. También en las canastas se incluían los enseres necesarios para comer: platos y pocillos de peltre, cucharas, tenedores y un cuchillo filoso para rebanar el tamalito de viaje y lo que sea necesario, vasos plásticos, cantimploras con agua, un mantel, una o varias servilletas. En algunos casos también solía llevarse una gallina viva, con el fin de tener un buen caldo en alguna de las paradas reglamentarias, por lo que la carne del ave debía estar fresca y nada mejor que transportarla viva, para matarla y desplumarla “in situ”. En años más próximos a este siglo, se introdujeron los sándwiches con jamón, una incorporación completamente foránea de dos productos extraños a las tradiciones culinarias guatemaltecas, pero se les hizo espacio por la buena aceptación que tuvieron entre las peregrinas y peregrinos.

Por Ángel Valdés

La familia que ya conocemos por su ida a ver los barriletes a Sumpango y que le robaron el niño, se dispone a hacer su romería tradicional, “que debe ser en enero” como dice la abuelita, mejor si es el mero quince, pero si por trabajo no se puede, pues la fecha más próxima al día del Cristo Negro. Con el menaje preparado por las señoras de la casa, contando con la ayuda de los niños que los ponían a hacer de todo, pero que no concluían nada y por tanto terminaban realizándolo las mandaderas, la familia en pleno se retira a dormir, las patojas y los patojos con la emoción del viaje inminente, las señoras repasando que no se les haya olvidado nada, encargando que el primero que se levante eche el café en los termos, que esté recién hecho para que no pierda el calor, por eso han dejado el agua a fuego lento para que al romper a hervir, se le ahogue el café. Cuatro de la mañana y toda la familia está ya en pie, en un ir y venir, vistiendo patojas y patojos, acondicionando las canastas, abrigándose porque hace frío, pero sin exagerar (en el trayecto habrá mucho calor), reuniendo sábanas y ponchos por si se necesita, muchas veces en la pensión no hay suficientes, dando instrucciones, gritos de “¡Estense quietos patojos!”, atrancando la puerta del patio, revisando que no dejen nada encendido y por fin salen de la casa, no sin antes asegurarse que han dejado la puerta con doble llave y los candados puestos, “no vayas a perder la llave” le repetían al que las llevaba. Se dirigen al sitio acordado de reunión, llega el bus, empiezan a colocar las canastas en las parrillas y otras las acomodan dentro, porque ahí va la comida para el camino, se distribuyen los asientos, se dan algunas instrucciones mínimas para el viaje y parte la romería, no sin antes ser despedidos por las personas que no podían acudir y pedían favor de poner una candela o una veladora en su nombre, hacer sus encargos de agua bendita, alguna imagen piadosa o de los dulces propios de la localidad de destino. La emoción es inmensa, la rezadora en un lugar destacado, se persignan muchas veces para encomendarse a Dios y arranca el bus. En aquel camino ruta al Atlántico, que aún no estaba saturado por los tráileres pesados que ahora han tomado la carretera y la hacen más lenta, iniciaban la marcha, primero con mucha conversación, parada en el “peaje” por cualquier necesidad fisiológica y en el lugar había baños, las niñas y los niños prendidos de las ventanas, viendo con ojos aviesos y curiosos aquel paisaje que se apreciaba a medida que avanzaban. Antes la fábrica de “Incasa” estaba a las afueras de la ciudad y el peaje era en pleno campo. La alegría era contagiosa y así llegaban a Agua Caliente, el bus con su paso lento, iba superando kilómetros y kilómetros, apretando poco a poco el calor a medida que cruzaban El Progreso y se adentraban a Zacapa, con parada obligada en Teculután, ¡había que comprar

fruta! los melones blancos son el deleite de la peregrinación, en la capital no hay y por tanto había que aprovechar, también el fresco de chilacayote que lo venden en aquel edificio de madera que es comedor, tienda y lugar para refrescarse y descansar. Las vendedoras y vendedores toman literalmente las ventanas del bus para ofrecer sus productos y los romeristas se bajan del vehículo para estirar las piernas. El calor es sofocante, más de alguno toma aquello de pretexto para echarse unas cervezas bien frías con el fin de hidratarse.

nación. Dentro del recinto sagrado, un humo incesante que procede de todas las veladoras y candelas que se consumen en su interior en honor al Cristo Negro que es milagroso y por eso la gente acude en masa y fervorosamente en enero, aunque la romería se puede realizar en otras fechas del año. La gente sentada en el suelo, rezan, hablan, ven la imagen, es una intensidad espiritual electrizante, como que en ese punto se paralizará el planeta. Concluida esa primera visita (porque habrán más) se van a buscar la pensión en donde acostumbra la familia alojarse, se llama “Los PereConcluida esta parada, retoman el camino, grinos”, ideal para alojar a la tribu que en pleno aún quedan kilómetros por delante y no quie- se ha anotado para realizar la romería. Como ren llegar tarde. son conocidos en el establecimiento, les han Dentro del bus se reparte la comida cuando el reservado una “habitación” que es un espacio hambre se agudiza en los viajeros. Así llegan a amplio con varias camas de hierro, cada quien Chiquimula, parada obligatoria también para ocupa la cama que siempre utiliza, aprovechan surtirse de algunos productos en el mercado para ir al baño y una vez todos refrescados, se porque podrían ser necesarios en Esquipulas. dirigen a otra parte esencial de su visita, subir Nuevamente se refrescan con horchata o bien el cerrito Morola para rezar el viacrucis, en el tamarindo, se repite la operación de la cerve- camino harán una serie de escalas, una de ellas cita. Salen de Chiquimula y paran ahora en es ir a saludar a la señora del comedor “VicQuezaltepeque, porque quieren comprar ma- toria” para avisarle que llegaron y que después meyes y paterna que allí son muy buenas. A pasarán a platicar un rato, más despacio. todo esto es pasado medio día La propietaria conocida y se debe almorzar, por lo que por todas y por todos, geLas romerías solían neración tras generación, al primer río que ven, se apean a comer. La comitiva asalta hacerse en camioneta recibe a las señoras de la faunas piedras del río, se orgao bien en tren, aunque milia como grandes amigas. niza la encendida de las brasas Los más chicos no saben si también las había realmente ella se acuerda de y se distribuye la comida una andando y en algunas sus amigas, o lo hace únicavez caliente. De las canastas regiones la realizaban mente porque como buena sale el menaje necesario para repartir el almuerzo y una vez a lomo de caballo. propietaria, debe mimar a concluido, se lavan los enseres, Solían organizarse la clientela. Quedan de verse se recoge todo y salen para Esmás tarde y reservan el menú en la cuadra o el acostumbrado para cenar, quipulas que estaba muy cerca. barrio (algunas por que no varía mucho: huevos “Ala, queremos jugar más en el iniciativa del párroco revueltos con tomate y ceborío” dicen las patojas y los patojos, a lo que les responden “al de la iglesia local) y se lla, frijoles colados cocinados regreso que vamos a venir más colocaban avisos con en olla o bien parados, queso, despacio, ahora no, que debecrema, platanitos, tortillas y suficiente antelación café. Inicia la caminata para mos hacer primero la visita”. para emprender la llegar a la iglesia que está soTres y media de la tarde y peregrinación… bre el cerrito Morola. después de curvas sinuosas que subían, luego bajaban, por En el camino van viendo los fin, se ven los primeros picos escaparates, las niñas y los de los campanarios y la cúpula del templo de niños corren y ven los productos tradicionales Esquipulas, la rezadora incoa la canción “be- de aquel pueblo, las televisiones chiquititas que lla imaaaageeenn...” Y el coro peregrino al al ver por la mirilla, pueden contemplar estamunísono la sigue. Es un momento intenso de pas de la imagen del Cristo Negro, el templo, y emoción, han llegado a su destino, se siente el fotos, como cuatro o cinco más o menos; insisrespeto, cierto halo místico inunda el autobús, ten en que les compren aquellas televisiones y es como haber cruzado un desierto y culminar les dicen “al regreso patojos”. Llegan a la plaza con éxito una travesía. del pueblo donde está la iglesia, emplazamienLlegan a Esquipulas, el bus se parquea al to por muchos años, de la imagen que ahora lado del cementerio, dejan al chofer cuidando se venera en la basílica, entran, rezan frente a las cosas, porque todos deben de ir a hacer la la réplica de la imagen, pasean en su interior primera visita. Estallan los cuetes que han traí- y en el jardín contiguo y continúan su mardo desde Guatemala. En las puertas todos de cha. Antes de arremeter el último tramo que rodillas y así acceden a la iglesia, la rezadora es empinado, se toman unas aguas –en aquella lleva el rezo al que responden señoras, seño- época aún no había aguas en bolsa- y empieres, niñas, niños, que conforman la peregri- zan a subir, rezan una estación del viacrucis


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FOTO LA HORA: MINISTERIO DE CULTURA

La gente acude en masa a rendirle honor al Cristo Negro en enero, aunque la romería se puede realizar en otras fechas del año.

en cada uno de los mosaicos que bordean el camino y van colocando piedras en su base, las que han recogido al iniciar el recorrido. Llegan al convento Belén, admiran el nacimiento permanente, ven el paisaje y siguen hasta alcanzar la pequeña iglesia de la cima, que condensa el sincretismo religioso de este país. Culmina el viacrucis, contemplan el paisaje que es impresionante al momento de caer la noche, se esfuerzan por ver en el horizonte dónde está Honduras, porque Esquipulas es una ciudad fronteriza. Escuchan los diversos acentos de otros grupos en el que se percibe el deje hondureño, salvadoreño y mexicano de la región de Oaxaca, en concreto del istmo de Tehuantepeq. Las señoras inician una conversación y se organiza una tertulia multinacional, comentan de dónde son, por qué les gusta ir, eventualidades en el camino, etc. Inician a bajar, regresan a la pensión, descansan un rato y luego deciden cenar. Las señoras se quedan hablando con la dueña de las “Victorias”, se ponen al día con todo lo que les ha sucedido en ese año, si hay una ausencia en la comitiva, se informa con detalle del deceso y última voluntad de quien ahora no está con ellos. Cenan el menú indicado, salen a dar una vuelta, compran las famosas televisioncitas, el contingente infantil está feliz. Deciden ir a hacer la fila para besar a Cristo, la cual es larguísima, pero como no hace mucho frío, la realizan pacientemente y una o dos horas después, llega

el momento de poder estar frente a la imagen. Abrazan a San Juan, a la Virgen y a Santa María Magdalena, besan al Cristo con devoción, con lágrimas en los ojos, con miradas de agradecimiento, súplica, confianza, es una intensidad espiritual la que se respira en todo el camarín. Nadie habla, todo es un silencio sepulcral y respetuoso, roto únicamente por los pasos que se arrastran poco a poco porque el retorno se hace sin darle la espalda al Cristo Se reúnen todas las familias –auténticos clanes- participantes de la excursión, se juntan para platicar, tomar café, jugar cartas, un traguito un tanto camuflado y recuperar fuerzas. Algunos acamparon en el campo aledaño al cementerio, nuestra familia amiga hemos mencionado que se instaló en la pensión “Los Peregrinos”. Se retiran a descansar, deben madrugar, acordaron oír misa temprano, que les bendigan las cosas que compraron y en esas caen en la cuenta que no han comprado los sombreros, la mayoría de la expedición los tienen, pero la familia-tribu no, por lo que corriendo fueron al mercado a comprarlos, adquirieron de los cargados de gusano de colores y que les cuelgan crucecitas y canastitos, se los llevaron puestos y se dirigieron a dormir. Son las cinco de la mañana del domingo, las campanas del templo repican en la forma acostumbrada, llenas de sonoridad, de piedad, pero también de algarabía, llaman a la primera misa. Aún en la oscuridad que precede al ama-

necer, con el ruido de las aves revoloteando en la arboleda del parque del atrio, las diversas peregrinaciones de romeristas se encaminan al templo, se ven como sombras en la noche por morir, suben los escalones y en el fondo, la luz de la puerta principal de la iglesia que da acceso al recinto que está a rebosar. La luz ámbar intensa de las velas colocadas en el suelo, choca armoniosamente con las lámparas de araña que con sus focos de igual tono le dan un encanto mágico al entrono. Cantos entonados de una forma que erizan la piel. La misa discurre entre suspiros que salen del alma, rezos apenas perceptibles al oído pero que se elevan al cielo y al concluir el oficio religioso, la canción emblemática de toda visita al Cristo Negro: “Bella imagen, milagrosa”. Salen del templo y se colocan en el área de las bendiciones, el cura los baña en agua bendita que lleva en unas cubetas y un hisopo gigantesco con cabeza de pashte, rocían las cabezas y las “reliquias” que llevan como recuerditos. Luego llenan las botellas y cantimploras de agua bendita, bajan a la zona del parqueo de autobuses, en el que viajan está debidamente engalanado y es bendecido. Empieza la operación retorno. Parten temprano, cargados de dulces del lugar, imágenes, agua bendita, etc., quieren desayunar en el río del día anterior, llevan suficiente bastimento para un festín matutino. Los niños juegan felices en el agua, el ambiente es

festivo, concluida la colación, abordan el bus, siguiente parada, las pozas de Pasabien, ahí quieren almorzar. Son varios los grupos que aprovechan ese sitio para realizar una escala en su camino rumbo a la capital, unas señoras de otro bus están desplumando una gallina, harán caldo. Nuestra familia amiga prepara carne asada, frijolitos –deben acabarse todos- tiran la mitad de los aguacates pero quedan los suficientes para un buen guacamol, sacian el hambre y la sed también, esto último como Dios le de entender a cada quien, una pequeña siesta y un bocinazo del bus convoca a la peregrinación, es hora de salir a Guatemala. Se insiste en una última parada, para comprar quesadillas frescas. El atardecer los encuentra en El Progreso cabecera, hoy llamada Guastatoya, la noche cerrada está instalada en Agua Caliente y al llegar a casa son casi las diez de la noche. Ha terminado el viaje anual. Mañana deben madrugar.

Ángel Valdés Estrada. Nacido en algún lugar del mundo el 1 de octubre de 1967. Actualmente trabaja como docente en la Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala, escribe textos de investigación y en sus ratos libres redacta historias cortas de ficción.


La conquista del Cristo Negro

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Las camionetas, los busitos y picops están siendo preparados. Las familias, los grupos de la iglesia y miles de feligreses han iniciado su peregrinación. Esquipulas ya está lista. Centroamérica y México se movilizan hasta acá para venerar al Cristo Negro que cumple 422 años de exposición. Es tal el impacto regional que Esquipulas es reconocida como la Capital Centroamericana de la Fe.

¿

por los españoles, ubicándolos en lo que actualmente reconocemos como los departamentos de Chiquimula y Zacapa. El Diccionario Geográfico Nacional al describir a Esquipulas indica que “al inicio del período hispánico, la parte oriental del país ya denominada Esquipulas, estaba poblada por indios de raza chortí. Vencidos decidieron poblar el nuevo sitio fundado por los españoles entre 1560 y 1570 llamándolo Santiago de Esquipulas… Por el año de 1578, al prohibir la iglesia católica el culto o adoración de los ídolos indígenas, se construyó una pequeña capilla. Más tarde colectaron los habitantes del lugar 100 tostones …para la compra de una imagen sagrada”. Antiguamente, el comercio y la religión estaban ligados. El movimiento de un lugar a otro de las distintas culturas está registrado a través de los restos materiales en los que fueron marcando sus pasos. Así como las ermitas se construyeron sobre centros ¿Qué es el Cristo Negro ceremoniales importantes para además de un símbolo de fe? los antiguos mayas, las rutas Esquipulas (cuyo nombre antes comercial-religiosas fueron sude la llegada de los españoles, plidas por los nuevos caminos. al parecer era el mismo) anti- “Las inspecciones geográficas guamente formaba parte de una ayudan a especificar de maneruta comercial ra más precisa de MesoamériLa implantación las rutas reales ca muy imporlas que se del Cristo Negro fue por tante. Era parte llevaba a cabo fundamental para la el comercio. de una región que conectaba colonización de la región Muchos de los el norte (MéacCh’orti’, quienes fueron caminos xico) con el sur tuales siguen reducidos al punto de las antiguas (Centroamérica). Las rutas casi desaparecer como t r a y e c t o r i a s eran tanto tey cultura. comerciales rrestres como de intercamfluviales. El bio.”1 Motagua era navegable (desde Suplir una cosa con la otra; el lo que ahora conocemos como proyecto evangelizador Quiché hasta el Mar del Caribe). Sabemos que el proyecto evanLos ch’orti’, descendientes de gelizador de La Colonia, tomó los Chol (una de las culturas en muchos de los casos, una mesoamericanas más antiguas) base antigua (maya) sobre la han sido los habitantes de este que se desarrolló. El sincretisterritorio por miles de años. mo consistió en suplir las antiQuienes al momento de la inva- guas costumbres y creencias por sión fueron agrupados y coloca- prácticas cristianas que fueron dos en los poblados organizados encajadas y que buscaban comPor Sandra Xinico

Quién no reconoce un sombrero de Esquipulas? O ha escuchado el dicho: “parecés sombrerito de Esquipulas, por lleno de…” (ya sabe usted de qué). Las camionetas y demás vehículos regresan decorados con adornos multicolores. Las canastas con dulces, los sombreritos, los llaveros son el souvenir. Es un ritual. La peregrinación constituye una práctica de fe. Al Cristo Negro de Esquipulas se le atribuyen milagros y el proceso de la visita hasta la basílica para venerarle es una ruta espiritual, una romería. Es una de las celebraciones más importantes de la Iglesia Católica en estas tierras (la versión de la Virgen de Guadalupe en Cristo). La imagen del Cristo Negro se instala en la actual Esquipulas en 1595, tan sólo 71 años después del inicio de la invasión española.

Fotografía de Fernando Chuy

Imagen del Cristo Negro, Catedral Metropolitana ciudad de Guatemala.

partir similitudes con estas, de forma que fuese más fácil de asimilar por parte de los indígenas. Esquipulas era parte de un circuito que desde antes de la invasión española era reconocido por el constante movimiento comercial que mantenía y por sus peregrinaciones como forma de movilizar productos de un lugar a otro entre diferentes culturas. Los textos coloniales hablan acerca de leguas y leguas recorridas a pie para trasladar productos. La religión al estar vinculada con el comercio era parte de estas peregrinaciones, prueba de ello, pueden ser, por ejemplo, los más de 150 sitios arqueológicos y/o centros ceremoniales construidos sobre la cuenca del río Motagua. Este contexto es aprovechado por los españoles quienes al reconocer la importancia simbólica de esta región lo toman para implantar desde allí una práctica religiosa aparentemente “cohesionadora”: la veneración del Cristo Negro de Esquipulas. ¿Pudo haber sido el Cristo Negro una antigua deidad? Según Carlos Navarrete al referirse a la historia detrás del Cristo Negro de Esquipulas, “entre

los mayas era usual que los dioses estuviesen relacionados con el inframundo, con la oscuridad, por ejemplo Ek Chuah, al Cristo de Esquipulas. El sincretismo del Cristo de Esquipulas seguramente viene de deidades de color oscuro. Pueden ser dos: Ek Chuah, deidad de los mercaderes o Ek Balam Chuah, el puma negro de la medianoche o el puma negro de la oscuridad que está en el fondo de la tierra, ahí está su recinto. No es algo que se dé de un momento a otro, es un proceso muy largo.”2 (Al Cristo Negro por algo lo hicieron negro). La implantación del Cristo Negro fue fundamental para la colonización de la región Ch’orti’,

quienes fueron reducidos al punto de casi desaparecer como cultura. Hacer que su veneración mantuviera los flujos de movimiento antiguos también fue importante porque garantizó (hasta ahora) la expansión de esta práctica. La figura del Cristo Negro fue parte del proyecto ideológico de conquista de los españoles, que permanece hasta ahora y que en poco más de 400 años logró diluir la historia de su origen. A pesar de esto, existe aún en los pueblos mayas una memoria y un reconocimiento de la importancia de dicha peregrinación en su pasado antiguo, que rebasa el catolicismo y cuya oralidad aún existente motivó la realización de este artículo.

Sandra Xinico Batz (1986, Patzún, Chimaltenango) Antropóloga maya k’aqchikel, engasada con las letras, empecinada por la historia y obstinada en que se escuche nuestra voz, la voz de los pueblos. Popenoe, Marion y Carlos Alvarado. “Rutas comerciales del Preclásico entre el Altiplano y la Costa Sur de Guatemala: implicaciones sociopolíticas”. En XXIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2009. 2 Navarrete, Carlos en: La historia detrás del Cristo Negro de Esquipulas. Una entrevista con Carlos Navarrete, por: Salazar Ochoa. La Hora. Guatemala, 2015. 1


Guatemala, 13 DE enero de 2017 / Página 7

Uniendo la voz de un afecto colectivo-histórico Resumen breve de la Casa Bizarra

Por Emily Hassell

-IDurante años, y recientemente otra vez, he conversado al respecto de La Casa Bizarra con ambos, mujeres y hombres, inquilinas e inquilinos de la misma. También he hablado con personas que llegaban seguido a la casa, que participaban o apoyaban las actividades, y con personas que, por cualquier razón, se encuentran hoy interesadas en todo aquello. Compartamos ahora una pequeña historia, dentro de un movimiento liminal y contemporáneo, desde aquella época hasta la fecha.  -IIAl contemplar las cosas durante tantos años, lo que para mí siempre sobresalta en las conversaciones es que aquel enlace, aquel vínculo que hicimos hace 20 años, sigue siendo el mismo. Un enlace de cariño mutuo. Un conjunto tolerante a las características personales y a sus consecuencias. Un acuerdo que contaba -y cuenta- con la experiencia personal, lo propio de cada quien. 

Foto La Hora: Archivo Casa Bizarra

En la maleta de la memoria bizarra hay infinidad de documentos, incluidas las columnas de escritores y artistas que no entendieron la naturaleza abierta y renovadora de la juventud de los años 90.

-IIICon un interés compartido de trabajar dentro de la evolución de cultura, de los procesos socioartísticos.  De ampliar a diario las conexiones interpersonales, crear arte accesible al nivel local e internacional. Y hacerlo entre todos, sin exclusividad, era una base fundamental.  Junto con los acuerdos de paz, aprendimos a crear y reinsertar formas de arte que fueran “bienvenidas” por la sociedad. Pacíficas, verdaderas, coherentes según cada etapa del proceso. Fue -y sigue siendo- la propuesta de compartir una expresión humana universal y a la vez individual.  -IVEntre todos creíamos y compartíamos sueños, muchos de los cuales son ahora sueños cumplidos, soluciones culturales sostenibles para la sociedad y para el futuro. Entre todos aprendimos a dejar los prejuicios cotidianos, en base al principio de conocernos... Quizás por eso seguimos siendo entre nosotros, una influencia compartida. Un solo corazón -medio extraño por momentos- latiendo fuertemente. Entre todos aprendimos lo que es ser medios extranjeros dentro de nuestras sociedades. Entre todos somos una caja de sorpresas, de vidas inseparables e inter conectadas, para siempre.

Foto La Hora: Archivo Casa Bizarra

“Contrato de arrendamiento”.

Foto La Hora: Archivo Casa Bizarra

“Proyecto institucional”.

Emily Hassell (Guatemala / Reino Unido / Estados Unidos / Canadá - 1976). Autodidacta, inquilina de Casa Bizarra.


Página 8 / Guatemala, 13 DE enero de 2017

“La jipi”. Fotografía de Wagner Barillas

“Arte en las Calles” transforma ciudad de Guatemala Por redacción cultura

Cada año, durante enero, tres instituciones suman esfuerzos a través de “Arte en las Calles”, con sus propias visiones y misiones empresariales, para integrar nuevos modos expresivos dentro del espacio urbano, en la búsqueda de una ciudad distinta. Por medio de esta alianza, las calles y avenidas citadinas se transforman en áreas más humanas que influyen positivamente en el ánimo de los transeúntes. Este año la geometría ha estado presente en todos los movimientos artísticos y ha sido su protagonista en más de alguna ocasión, tanto que el arte abstracto, desarrollado a partir de 1920, fue llamado abstracción geométrica. En general, el abstraccionismo se basa en el uso de formas geométricas simples, compuestas de una forma armónica y subjetiva sobre espacios ficticios. En esta oportunidad, Arte en las Calles ofrece a

los habitantes de la capital una muestra de arte abstracto, con la finalidad de proporcionarles instantes de asombro y reflexión dentro del caos cotidiano de la gran metrópoli. Los gestores de la actividad: Paseo Cayalá, Fundación Rozas-Botrán y JCDecaux, unidos por la responsabilidad cultural, presentan nueve obras, cada una con su propio lenguaje visual autónomo y su propia significación. Alejandro Noriega, Antonio Pichillá, Edwin Bixcul, Enrique Castillo, Jamie Bischof, María Fernanda Carlos, Mónica Torrebiarte, Rebeca Calderón Pittman y Tepeu Choc, escogieron códigos personales para trasmitir sus conceptos a través de líneas, colores y formas para crear composiciones independientes de referencias visuales del mundo real. Durante un mes, no es necesario ir a museos o galerías para admirar obras de arte abstracto

porque el paisaje urbano cuenta con un invitado de honor en los Mupis. El mobiliario Urbano de Publicidad, distribuido por las calles y avenidas, se convierte

en una novedosa plataforma de expresión. Las piezas originales se exhiben en La Galería Rozas Botrán de Paseo Cayalá desde el lunes 9 de enero al martes 28 de

febrero de 2017; están expuestas con una selección de obras de los mismos artistas. Nosotros solo tenemos que disponer la mente y abrir los sentidos.


Cultural 13-01-2017