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Una idea original de Rosauro Carmín Q.

Suplemento Cultural

Guatemala, 10 de noviembre de 2012

TERREMOTOS Cultural espiritual y material Páginas 4 y 5

El mundo diseñado por Valenz


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Nueva Guatemala de la Asunción, 10 de noviembre de 2012 Editorial

Sobre el patrimonio

cultural de la nación

Esta semana, el terremoto que provocó destrucción especialmente en el occidente del país, causó conmoción a todos los guatemaltecos. Es de lamentar las muertes y los daños materiales que han afectado en especial a las personas. El Gobierno ha priorizado en ese orden las acciones de ayuda, y gracias a ello se ha minimizado el impacto.

S

in embargo, es para analizar y para preocuparse por los señalamientos de que algunas de las personas que murieron, en especial en San Marcos, fue por el colapso de algunos inmuebles que habían sido catalogados como patrimonio cultural, y que debido a la estricta normativa para su protección y preservación, era casi imposible el reforzarlos y remodelarlos para hacerlos lugares seguros para la convivencia humana. Cabe resaltar que lo más probable es que quienes se han encargado de la protección del patrimonio cultural jamás habrían querido lamentar estas muertes, por lo que las críticas podrían estar de más. Cabe resaltar también que en caso de un fenómeno natural como un terremoto, que aún es impredecible e incomprendido para toda la humanidad, hasta el edificio más seguro podría caerse, si bien la arquitectura ha avanzado lo suficiente para soportar el impacto del más terrible de los sismos. Lo que sí es recomendable es el restablecer los criterios que se tienen sobre patrimonio cultural. Algunas críticas y quejas se escucharon esta semana, debido a las muertes de personas tras el colapso del patrimonio cultural, y se quejaban de que este tema ya se estaba tomando muy a la ligera, declarando patrimonio casi cualquier cosa y que lo peor es que lejos de preservarlo, se condena a la pérdida, debido a que se establecen rígidas reglas de conservación, que son además muy costosas e imposibles de pagar para simples ciudadanos. Si mucho, se han visto esfuerzos de conservación del patrimonio en instituciones públicas, y esto porque han destinado parte de su presupuesto para cumplir con la normativa exigida por las autoridades de conservación del patrimonio. La identificación del patrimonio cultural ha sido una tendencia que se ha impulsado desde la Unesco, y que viene como la necesidad por el deterioro y pérdida de los bienes culturales que sufre el mundo desde la Segunda Guerra Mundial, además de una mayor conciencia de que hay ciertas expresiones que son irrepetibles en el mundo. De esa cuanta, se han declarado algunos Patrimonios de la

Humanidad, que la Unesco considera como expresiones únicas en el mundo. Estas declaraciones vienen de la mano de algunas “recomendaciones” para preservar y magnificar estas expresiones, de tal forma una comunidad se encargue de conservarlo y que otros pobladores de la aldea global puedan gozar de esa expresión algún día. En algunos casos, el considerar patrimonio viene de la mano de un aporte económico significativo, porque muchas de estas expresiones han estado en vías de extinción, por lo que se necesita de suficiente oxígeno para revivirlas. La Convención para la protección del Patrimonio Cultural y Natural del Mundo” fue adoptada por la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) el 16 de noviembre de 1972, cuyo objetivo es promover la identificación, protección y preservación del patrimonio cultural y natural de todo el mundo, el cual es considerado especialmente valioso para la humanidad. Como complemento de ese tratado, la Unesco aprobó, el 17 de octubre del 2003, la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial”, que definió que: Se entiende por patrimonio cultural inmaterial los usos, representaciones, expresiones,

conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y, en algunos casos, los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana. Siguiendo esta tendencia, en Guatemala ha habido en los últimos años un fuerte impulso por identificar algunas expresiones culturales, materiales e inmateriales, únicas en el mundo y que deberían salvaguardarse y protegerse para evitar su pérdida. En los últimos años, o mejor dicho meses (porque esta tendencia se ha incrementado últimamente) se han declarado como patrimonio cultural: el maíz, un circo, el logotipo antiguo del IGSS (que por cierto ya no lo utiliza, sino uno más moderno y estilizado), la Huelga de Dolores, el campus central de la Usac, la forma en que se elabora el chocolate en

Mixco, la forma de elaborar los ponchos en Momostenango, la Caravana del Zorro, y otro sinnúmero de expresiones que no sabemos si ciertamente son “únicos” en el mundo y que necesitarían “protección”. A veces, la declaración del patrimonio viene de la mano por el impulso de un político influyente, tal y como fue el caso del exvicepresidente Rafael Espada, conocido motociclista aficionado, y que declaró a la Caravana del Zorro como patrimonio cultural. Ello a pesar de que en otras latitudes mundiales hay caravanas de motociclistas más grandes e importantes, y segundo que la Caravana del Zorro es un movimiento fuerte que no necesita protección. En otras palabras, muchos de los criterios que influyen a declarar un fenómeno como patrimonio cultural se hacen sin los estudios técnicos calificados, y, lo peor, es que no representan algún beneficio o ventaja el tener este estatus. Al contrario, tal es el caso de los edificios considerados patrimonios, más que recibir apoyo para la preservación, los usuarios de esos inmuebles se la ven de cuadritos cuando quieren hacer una reparación mínima, porque necesitan un fuerte papeleo y costos innecesarios para reparar. Y tal fue el caso de los edificios patrimonio en San Marcos, que

colapsaron ante la imposibilidad de repararlos bajo esa normativa cultural. Esto, más que provocar “simpatías”, lo que está haciendo es provocar molestias y lo peor es que las instancias que se encargan de preservar el patrimonio pronto se verán como “innecesarias” e incluso perjudiciales y podrían desaparecer por la presión social. La declaración como patrimonio cultural no ha representado ventajas, por ejemplo, a los elaboradores de chocolate en Mixco, o a los productores de ponchos momostecos. Esta declaración no vino acompañado de presupuesto para incentivar a la cultura del chocolate, o bien en intentar frenar el contrabando de sábanas en la frontera con México, que merman las ventas de los ponchos en Momostenango. En conclusión, las autoridades del Patrimonio Cultural deben revisar sus políticas, para cumplir con los siguientes objetivos: a) calificar como patrimonio cultural exclusivamente las expresiones culturales que son únicas en el mundo, o al menos en el país; b) otorgar ayuda presupuestaria a las expresiones culturales que están en vías de extinción, y c) facilitar la preservación por medio de normativas fáciles de hacer, en vez de entorpecer la preservación con reglas absurdas e imposibles de cumplir.


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eter Higgs, físico británico y uno de los padres de la partícula que los científicos han buscado durante medio siglo, visitó ayer Barcelona. El 4 de julio de este año se encontró una partícula compatible con el bosón de Higgs en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) y, según aseguró Higgs en rueda de prensa, “su hallazgo no lo explica todo pero significa el final de un camino y el principio de una nueva física que nos permitirá estudiar la cosmología y el universo primigenio”. El científico, invitado por el Instituto de Física de Altas Energías (IFAE) y la Obra Social “la Caixa”, aseguró estar encantado de poder visitar Barcelona, ciudad con la que confesó tener “una relación sentimental muy especial”. Por la tarde ofreció una conferencia titulada ‘Inventando una partícula elemental’ en la que revisó las circunstancias personales y científicas que le llevaron a postular la existencia del bosón de que lleva su nombre. Sin querer Higgs trajo consigo a Barcelona lo que ya se conoce como Higgsteria. Su charla creó tanta expectativa en la ciudad que no solo llenó el aforo del auditorio de CosmoCaixa, sino que la organización tuvo que habilitar otra sala para la gente que no cabía. La sesión se pudo seguir a través de streaming y fue uno de los temas más comentados en Twitter. Al finalizar la conferencia, más de 50 personas se agruparon alrededor de Higgs para pedirle autógrafos, hacerse fotos con él o regalarle algún presente. A un posible premio Nobel no le creyeron a la primera Higgs escribió y publicó en el año 1964 una teoría que explicaba por qué las partículas tenían masa, y la existencia del bosón se derivaba de esa hipótesis. “Mi artículo ocupaba solo la cara de delante de un folio y la primera versión fue rechazada por el editor científico de la revista a la que lo envié”, recordó el físico. Gracias a eso revisó y mejoró la teoría y elaboró una segunda versión del artículo, más completa, que sí fue aceptada y publicada. Aunque la confirmación de la existencia del bosón sacudió el mundo de la física teórica y apareció en las portadas de muchos diarios generalistas de todo el mundo, el científico opina que su descubrimiento era inevitable. “Si extraemos esta partícula de las fórmulas y

los cálculos cuánticos, la física que obtenemos es matemáticamente incoherente –explicó en rueda de prensa a SINC–. De hecho, es posible que se encuentren más bosones”. Este hallazgo confirma el llamado modelo estándar de física de partículas, pero al preguntarle por su relevancia histórica, Higgs no quiso situarlo a la altura de otros descubrimientos científicos como el de la estructura del ADN. “El hallazgo de la doble hélice es fundamental en biología, mientras que muchas partes de la física no dependen del bosón”. Además, el físico se desmarcó Stephen Hawking y otros que lo postulan como futuro premio Nobel, ya que según él todavía se ha de estudiar esta partícula con mayor profundidad. “Soy consciente que puedo ganarlo –declaró el experto–, pero aún no se han comprobado algunas de las características importantes que ha de tener, como por ejemplo el spin 0”. HIGGSTERIA, LA LOCURA “El hallazgo del bosón me ha cambiado la vida”, aseguró ayer Higgs. El padre del mayor descubrimiento en el campo de la física de los últimos años no utiliza el correo electrónico y en la conferencia que dio por la tarde se presentó con un par de folios escritos y se disculpó: “No uso el Power Point, esto de las tecnologías no es lo mío”. Alan Walter, profesor de la Universidad de Edimburgo y miembro del equipo de Higgs, aseguró en rueda de prensa que al físico británico no paran de lloverle peticiones de entrevistas y conferencias y que, de hecho, “le han propuesto de todo excepto inaugurar un supermercado”. Al final de la conferencia de la tarde Walter hizo un guiño a la audiencia y contó chistes sobre el bosón de Higgs y ejemplos de “la higgsteria, o locura en el mundo de la física”. Walter mostró imágenes de una cerveza catalana llamada Higgs Boson Ale, un guitarrista de jazz que se ha cambiado su propio nombre por el de Higgs Boson, un tipo de rueda para el monopatín, y hasta distintas estrategias publicitarias de conocidas marcas de moda. LA PARTÍCULA DE DIOS Una de las posibles causas del éxito mediático de esta partícula elemental puede ser su mote. En la rueda de prensa Higgs se mostró contundente al respecto: “No me gusta nada que se le llame partícula de Dios”, afirmó. Según el científico es un

A ciencia cierta

Peter Higgs: “El bosón no tiene aplicación inmediata, pero la electricidad y el magnetismo tampoco la tuvieron” Peter Higgs, el físico que postuló en los años sesenta la existencia de una partícula que le da masa a todas las demás, hallada el pasado 4 de julio, dio ayer una conferencia en Barcelona. El científico, que visitaba por primera vez la capital catalana, reconoció que es consciente de que podría ganar el Nobel, se declaró incapaz de explicar el campo de Higgs a un niño y defendió la inversión en ciencia para salir de la crisis. POR MARTA PALOMO malentendido que confunde a la gente ya que “los ámbitos de la ciencia y la teología no tienen nada que ver”, insistió. Este nombre proviene de Leon Lederman, científico exdirector del Fermilab, que tituló su libro sobre el bosón de Higgs como The Goddamn Particle, en castellano ‘la partícula maldita’, porque se pensaba que era imposible demostrar su existencia. “Al editor no le gustó y lo cambió por The God Particle”, afirmó Higgs, que en castellano es la partícula Dios. Malentendidos aparte, Higgs declaró que es importante que los descubrimientos científicos lleguen a la sociedad, pero que explicar su teoría no solo no es es sencillo si no que es imposible de entender si solo se tienen nociones básicas de física.”No me veo capaz de explicarle cómo funciona el campo de Higgs a un niño de seis años”, aseguró. Además, el científico puntua-

lizó que algunas metáforas que simbolizan el campo de Higgs como un fluido por el que a una partícula le cuesta pasar “no son correctas porque implican una pérdida de energía”. MIRAR UN POCO MÁS ALLÁ Más allá de las curiosidades de la higgsteria, en un contexto económico como el actual, una de las dudas más comunes son las aplicaciones de este descubrimiento en concreto y de la física de partículas en general. Ante esta pregunta surgida durante la rueda de prensa, Higgs admitió que “a día de hoy el bosón no tiene ninguna aplicación práctica, pero la electricidad y el magnetismo en el siglo XIX tampoco no tuvieron ninguna aplicación inmediata para la sociedad”, recordó el experto. Su colega Walker, señaló que cuando se inventó la web tampoco se sabía que cambiaría el mundo y que, las resonancias

magnéticas de la medicina actual se basan en la tecnología desarrollada para la búsqueda del bosón de Higgs y otras partículas. ”Todos nos beneficiamos de este tipo de avances”, afirmó Matteo Cavalli, director del Instituto de Física de Altas Energías (IFAE), que participó tanto en la rueda de prensa como en la conferencia de la tarde. Higgs denunció que, históricamente, los gobiernos españoles nunca han potenciado suficiente la ciencia y que por eso “España por encima de todos los países debería invertir en su desarrollo científico, no solo para compensar el abandono del pasado, sino como estrategia para salir de la crisis económica”, aseguró. “Este país se merece una inversión en ciencia mayor que la que tenemos”, aseguró Enric Banda, director del área de ciencia, investigación y medio ambiente de la fundación “La Caixa”.


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C

abe recordar que este templo fue uno de los primeros en edificarse tras el traslado de la capital al Valle de La Ermita, debido a los terremotos que destruyeron la entonces ciudad Santiago de Guatemala. El pensamiento escolástico, vigente en esa época, debió considerar que bastaba con la invocación de los santos para la protección contra los terremotos. San Emigdio fue un obispo y mártir de la Iglesia Católica, fallecido en Alemania en el año 304; su fiesta se celebra el 9 de agosto. Se le considera patrono contra los terremotos, debido a que hizo derribar una estatua de Esculapio en un templo pagano de Roma. Se le representa con su traje obispal y con una torre o construcción que se desmorona. Murió decapitado durante la persecución de Diocleciano. Mientras que San Cesario Nazario también es patrono contra los terremotos. En el año 368, estuvo a punto de perder la vida en un terremoto, y tras la experiencia renunció a todos sus bienes materiales y se dedicó a repartir sus riquezas entre los pobres. Murió al poco tiempo después del sismo que sufrió. Como se mencionó, estos santos eran poco conocidos hace dos siglos por la sociedad guatemalteca, pero los religiosos mercedarios los introdujeron entre los santos de los retablos de su nuevo templo, a manera de buscar protección, tras la mala experiencia vivida en la ahora Antigua Guatemala. Para nadie es sorpresa que en Guatemala tiemble. De hecho, diariamente ocurren decenas de sismos, la mayoría casi imperceptibles. Los terremotos han estado tan ligados a las sociedades, que cierta parte de nuestra cultura ha tenido que adaptarse para tener una mejor resistencia ante los movimientos telúricos. Claro está que aún falta mucha educación antisísmica en el país, y el terremoto del 7 de noviembre, que afectó principalmente al occidente de Guatemala, nos hace pensar que no toda la población, ni las políticas de prevención, se han encaminado a la idea de reducir el impacto de los terremotos. En Guatemala, desde el terremoto de 1976, la arquitectura se ha visto modificada por los estándares que requiere un país sísmico. Sin embargo, estos criterios se han tomado sobre todo en las regiones que fueron más afectadas por el seísmo, es decir, la ciudad capital. Los capitalinos de la Nueva Guatemala de la Asunción han padecido dos fenómenos telúricos: los terremotos de 1916 y 1917 y el terremoto de 1976. Mientras que anteriormente, en Antigua Guatemala, se padecieron otros dos, uno de los cuales obligó al traslado de la ciudad. Uno el 29 de septiembre de 1717, que además de terremoto también registró actividad volcánica, y el otro el 29 de julio de 1773. Cabe resaltar que, según el pensamiento escolástico de la época, estos últimos terremotos mencionados aún se les denominaban por el nombre del santo cuya celebración

Desde la portada

TerremoTos:

culTura maTerial y espiriTual

En uno de los retablos de la Iglesia de La Merced, en la zona 1 capitalina, se encuentran dos figuras de santos que fueron incluidos dentro de las devociones del guatemalteco para la protección de los terremotos. Se trata de San Emigdio y de San Cesario, en el retablo de la Inmaculada Concepción. Sin duda, eran dos santos que eran muy poco conocidos en la época de la construcción del templo, puesto que fueron pintados con sus nombres para que se les conociera.

POR MARIO CORDERO ÁVILA

se recordaba en el día del sismo. Así que el terremoto de 1717 se conoció como la Ruina de San Miguel, y el otro como Terremoto de Santa Marta. El primero no solo se llamó terremoto, sino que ruina, debido a que fue mucho más que un sismo. Para el primero de estos, aún en la ciudad colonial, Tomás de Arana, del Consejo de Su Majestad oidor de la Real Audiencia, fue testigo presencial y escribió la “Relación de los estragos y ruinas que ha padecido la Ciudad de Santiago de Guatemala, por los terremotos y fuego de sus volcanes en este año de 1717”. Otro testigo que escribió sobre este suceso fue Cristóbal de Hincapié Meléndez, quien tituló su crónica “Breve relación del fuego, temblores y ruina de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de los Caballeros de Santiago de Guatemala, año de 1717”. RUINA DE SAN MIGUEL De acuerdo con la narración de Tomás de Arana, el 27 de agosto

de 1717, como a las seis de la tarde, uno de los tres volcanes que rodean la ciudad de Antigua Guatemala, el que se inclina más al sur empezó a mostrar “fuego”. Y si justo fue denominar Volcán de Agua tras la destrucción de Ciudad Vieja, desde entonces se conocería a este coloso como Volcán de Fuego. Según narra, los primeros en darse cuenta de la inminente erupción, dejaron el lecho, y se empiezan a inquietar por la potencia con que se observa ese fenómeno. De Arana narra lo siguiente, que muestra lo característico de la sociedad colonial de entonces: “con que unos medio desnudos, otros sin más abrigo que la colcha o frazada del lecho en que reposaban, abrazados con imágenes de Cristo crucificado, de María Santísima o las que el acaso pudo en la turbación ponerles en las manos, olvidados los unos de los otros, los padres de los hijos, los maridos de las mujeres y aun algunos de sí mismos, salieron por las calles, con tan turbadas y elevadas

voces, pidiendo unos misericordia, clamando otros a los santos de su devoción, lamentando otros la última ruina y estrago que esperaban, con que pudieron los más poseídos del sueño abrir los ojos a mayor horror y espanto”. Buena parte de este relato, hace ver las creencias religiosas que tenía esta sociedad; el pensamiento escolástico se basaba en las ideas sobre Dios, y éste como centro de todo. Por ello, es que no sorprende que estos pobladores se hayan acogido a rezar, invocar intercesión de los santos, o buscar protección en templos o en los sacramentos. “en la (plaza) mayor estaba el ilustrísimo y reverendísimo señor obispo de esta Diócesis, acompañado de los señores capitulares de esta Santa Iglesia con el Santísimo Sacramento en las manos, exorcizando y conjurando los espíritus enemigos del linaje humano, que parecían hacer guerra por ministerio de la misma naturaleza, con especial licencia del Príncipe y Autor de ella. Sacáron-

se a la misma plaza las imágenes y reliquias de mayor veneración y culto, que deposita esta Catedral: en lo que el oído podía percibir del menos preocupado de la turbación, sólo se alcanzaban ecos de contrición, misericordia, confesiones públicas de los pecados, impetraciones de absolución, y en fin, para mayor honra y gloria de Dios, exaltación de la Santa fe y confusión de la herejía, parece que al paso que los demonios vibraban rayos, formaban espantosas visiones sobre los volcanes, ocupaban el aire con densas y oscuras nubes, y ostentaban su poder con la divina permisión para conspirarse contra los moradores de esta ciudad, se encendían los católicos en las vivas llamas de la fe para la oposición y defensa, pues el más bárbaro el más olvidado de su alma, el más estragado en los vicios, pudiera ser ejemplo de edificación en los fervorosos, ardientes efectos y actos de amor y esperanza que le dictaba su celo.” Por suerte, hoy día hemos asumi-


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“TRIBUNA, NO MOSTRADOR”, Clemente Marroquín Rojas DECANO DE LA PRENSA INDEPENDIENTE

todos eran inválidos; todos estaban sumamente atribulados; muchos, oprimidos por el dolor y la congoja, padecieron mortales desmayos aquella tarde; a algunos, sólo el susto quitó la vida, como sucedió a don Antonio Hermosilla, nombrado corregidor de Sonsonate; unos, con sus acciones desarregladas y otros con las palabras risibles que proferían, daban claro testimonio de tener perdido o trastornado el juicio.”

do otras actitudes de cara a un temblor, y en vez de buscar protección en crucifijos, lo hacemos buscando marcos de puerta o en el llamado “Triángulo de la Vida”, o bien saliendo serenamente (a veces no tanto) a la calle, y en vez de intentar resguardar las reliquias e imágenes, buscamos primero salvarnos a nosotros y a nuestras familiares. Por su parte, en la otra relación de Cristóbal de Hincapié Meléndez, es mucho más corta que la de De Arana, aunque más elaborada porque fue escrita en décimas, aunque la versificación no fue seguida al pie de la letra. Es decir, don Cristóbal no era un buen versificador, y por tanto no supo de rimas ni de ritmos ni de acentos ni de conteo de sílabas. Simplemente distribuyó la mayor parte de su relato en estrofas de diez versos, aunque las estrofas finales decidió dejar la décima y dejar cuantos versos le dictaba su inspiración. Claro está, que esto a la luz de las tendencias del verso libre no suena tan mal, pero cabe recordar que el verso libre habrá sido iniciado hasta finales del siglo XIX, y perfeccionado hasta el siglo XX, por lo que en su época el señor Hincapié Meléndez debió haber sido considerado un mal versificador. Este relato coincide en mucho con el de De Arana, sobre todo en narrar las interpretaciones religiosas que los pobladores dieron al terremoto y erupción de San Miguel. “Allí el incendio conjuran, / allí las imágenes sacan / de mayor veneración, / y reliquias veneradas; / hasta que nuestro pastor / sacó al Señor a las gradas; / rebosándole la fe / en sus ardientes palabras, / mandó con divino imperio / al volcán se sosegara. // Quebró al instante el incendio, / ¡cosa rara! mas no extraña, / porque no es extraño en Dios / socorrer a quien le llama.” TERREMOTOS DE SANTA MARTA Para la descripción del terremoto de 1773, Agustín Gómez Carrillo escribió la relación de los terremotos de Santa Marta, en julio de ese año, que obligaron a tomar la decisión de trasladar la capital del entonces Reyno de Guatemala. Gómez Carrillo, padre del llama-

do Príncipe de los Cronistas, no fue testigo presencial del terremoto; más bien, escribió su relato consultando fuentes documentales del suceso. Aunque la sociedad de entonces ya no poseía ese pensamiento casi mágico sobre los fenómenos naturales, al considerar todo como efecto de la lucha entre el bien y el mal, entre Dios y sus enemigos, sí se pueden leer algunos fragmentos en que nos hacen creer que esa sociedad es muy extraña a la nuestra. Gómez Carrillo transcribe en su crónica un relato de un sacerdote Cadena, quien sí habría experimentado el terremoto: “Este día, digno de notarse con negros cálculos y el más funesto para Guatemala, por haber sido el de su lamentable catástrofe, a las tres y cuarenta minutos de la tarde tembló la tierra. Fue bien rápido ese primer temblor, pero tan violento que hizo salir de sus casas a los habitantes de la ciudad, que despavoridos estaban en calles y plazas cuando, diez minutos después, sobrevino el segundo, tan inesperado como terrible, y cuyos desastrosos efectos comenzaron a notarse en el acto mismo, en la destrucción de los edificios que se hendían o desplomaban con estrépito. Fue tan brusco, vario y prolongado el movimiento, que las gentes no podían mantenerse en pie, y se tendían en tierra; los árboles que no eran arrancados de raíz barrían el suelo con sus ramas, inclinándolas a uno y otro lado; saltaban los ladrillos de los pisos y las piedras de las calles, y las campanas sonaban por sí mismas, como pregonando la desgracia que ocurría.” “El terror de que estaban todos poseídos, pues nadie pensaba más que en salvar la vida, y la densa nube de polvo que formaban los fragmentos caídos de los edificios impidieron aquella tarde medir en toda su extensión el mal causado. Sofocados por el polvo murieron muchos y otros entre las ruinas, porque, creyendo algunos huir del peligro, iban más bien a buscarlo al interior de las casas que caían, tan turbados estaban los ánimos. Acobardados los vecinos de la ciudad ante tremenda conmoción de la tierra, y temiendo que ésta se abriese de un momento

a otro, para sepultarlos en sus entrañas, huían por todos lados, por lo campos principalmente, tratando de ponerse bien con Dios, cuya clemencia imploraban a gritos.” “Dejaron también sus habitaciones los enfermos y los habitualmente inválidos o achacosos, llevados de ese natural apego a la vida, que nunca abandona a la humana especie; echáronse a la calle arrastrándose como les fue posible; y entre la confusa y afligida muchedumbre veíase a las monjas y beatas, que tuvieron que ponerse precipitadamente en salvo, y a los criminales, que en número de cuatrocientos se escaparon de la cárcel de Corte y de la de Cabildo; muchas personas daban señales de tener trastornado el juicio; y entre las masas de atribuladas gentes se abrían paso los perros aullando, los caballos y demás animales domésticos, obedeciendo todos al natural instinto de conservación.” “Cada uno imploraba de la piedad del otro algún socorro; pero nadie lograba el auxilio porque nadie podía valerse aun a sí mismo, y todos padecían igual conflicto. Olvidaron los padres a sus hijos; los maridos desatendían a sus mujeres; en nadie se hallaba el menor consuelo:

TERREMOTOS DEL SIGLO XX El terremoto de Santa Marta obligó al traslado de la capital al Valle de la Ermita. Sin embargo, tal y como se infiere de la protección invocada a los santos contra los terremotos, la ciudad se construyó sin prever nuevas desgracias. Las autoridades aún no sabían el poder sísmico en que se asienta la nación, por lo que aún no sabían de normas de construcción ante esto. La ciudad de Guatemala intentó ser un calco de la Antigua Guatemala. Sus templos fueron construidos siguiendo el estilo barroco, aunque el neoclasicismo ya llegaba (tarde) a las tendencias arquitectónicas del país. Fue hasta 1916, cuando la capital experimentó un nuevo sismo que de nuevo destruyó buena parte de los edificios que se construyeron sin la más mínima noción de arquitectura antisísmica. Como resultado de ello, y ante los avances de la arquitectura y la mejora en los materiales de construcción, hubo mayor conocimiento para la reconstrucción. El pensamiento escolástico, basado en Dios, ya había sido dejado atrás para entonces, debido al fuerte impulso que los gobiernos liberales hicieron para cambiar de filosofía, así como las nuevas tendencias del pensamiento positivista, que se basaba más en la ciencia. Ello influyó para que poco a poco se fuera tomando conciencia de esta realidad sísmica. En las casas de antaño, tras el terremoto de principios de siglo, fue común la construcción de una casa más pequeña llamada “temblorera”. Ésta era mucho más pequeña y liviana, usualmente con

Suplemento Cultural 5 techo de lámina, y que se pensaba para poder resistir los sismos. La idea era, quizá, que en caso de terremoto toda la familia pudiera refugiarse en la temblorera, y también guardar allí las reliquias familiares. Sin embargo, por más de 50 años, es decir dos generaciones, no hubo terremotos, por lo que las tembloreras fueron perdiendo su función principal y se fueron convirtiendo en bodegas, o dicho en buen chapín, cachivacheros o cuartos de trebejos, de tal suerte que tras el terremoto, estas tembloreras ya no se elaboraron en las casas. Hoy día, es difícil hallar una casa con esta construcción, sobre todo por la sobre población de la ciudad capital, que ha obligado a casas más pequeñas, o bien a construir en toda la extensión del terreno. Tras el terremoto que afectó especialmente San Marcos, se evidenció que en el occidente del país aún persistían ciertas casas que utilizaban materiales que fueron considerados no adecuados para un país sísmico. El adobe artesanal y las tejas son muy peligrosas para el país, aunque quizá en los anteriores terremotos las ciudades del occidente aún no habían crecido de la forma en que están ahora. Al menos, dentro de nuestra cultura de prevención ante terremotos, ya hemos incluido el tener mejores construcciones, guardar la calma, procurar el bienestar de los demás, entre otras, y ya no salimos corriendo con crucifijos pidiéndole a Dios que pare este fenómeno natural, sin importarnos si salimos pisoteando a los heridos. Sin embargo, cabe resaltar que aún nos falta mucho por aprender, pese a las duras experiencias que hemos tenido en cuanto a terremotos. Es de lamentar las víctimas mortales y a los damnificados de este terremoto (que en la época colonial le hubieran denominado como el Terremoto de San Ernesto, por el día en que ocurrió), pero en honor de ellos debemos honrarlos al adoptar mejores normas de construcción y adquiriendo una mejor cultura antisísmica, para que en el futuro ya no lamentemos este saldo trágico.


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Galería de artistas

El mundo diseñado por Valenz

Actualmente en la galería El Túnel está abierta la exposición “Espacios Breves de Valenz” que reúne trabajos recientes de este artista que en los últimos años se ha ganado el aprecio del público con una obra sin mayores complicaciones formales pero que cala hondo en la mente y en el espíritu de quienes se detienen ante sus cuadros y casi sin darse cuenta se ven envueltos en POR JUAN B. JUÁREZ un mundo fantástico y maravilloso.

L

a atención espontánea e inmediata que el público presta a las obras de algunos artistas se adelanta siempre al pomposo reconocimiento de los críticos y la mayoría de las veces no tiene nada que ver con las sesudas elucubraciones con que estos tratan de explicar tardíamente lo que la gente siente ante ciertas formas y ciertas imágenes construidas, al parecer, en respuesta a impulsos expresivos instintivos y profundos. Tal el caso de la instantánea conexión que se establece entre los espectadores y los temas, dibujos, colores y la dinámica interna de los cuadros que Sergio Valenzuela firma como Valenz. Así, en vez del trazo seguro que ven en sus cuadros sus comentaristas rutinarios, la línea de Valenz es más bien ansiosa, y más que describir objetos con precisión, es la que protagoniza lo que la obra quiere decir, interpretando con cierta prisa y cierta angustia los propósitos formales y los deseos expresivos del artista. Podría decirse que se apropia de ellos, que se mueve a sus impulsos, y a medida que avanza, retrocede, se multiplica y se complica de mil manera, más que definir formas, va significando —va creando y graficando signos visuales y poniendo en imágenes— las ideas y los objetos del deseo. Tales ideas y tales deseos tampoco tienen nada de metafísico ni esconden un pensamiento estético particularmente elaborado. Son producciones espontáneas de una mente y de un cuerpo liberados a sus impulsos: construcciones mentales y rituales que se resuelven gráficamente como máquinas y como juegos, como espacios arquitectónicos y densos ambientes vitales, como invención caprichosa de objetos delirantes y necesaria expansión del espíritu, como orden y movimiento, como quietud y ritmo, de cuya articulación aparentemente arbitraria se desprende un sentimiento vital muy intenso que en medio de su felicidad elemental lleva también el germen del delirio y lo demencial. De esa posibilidad patológica extrae la obra de Valenz su verosimilitud profunda y su verdad como expresión humana y su validez como expresión artística. Es ciertamente un juego de la imaginación, pero no inocuo, pues entraña sus propios peligros. Sin

embargo, aunque se mueve entre estos riesgos, la obra —el hacer de Valenz— por lo general no llega a esos extremos y se mantiene dentro del campo saludable, enérgico, ingenioso, emotivo, imaginativo y contagioso del juego. De otros artistas se puede decir que manejan la línea con soltura y precisión y que en el virtuosismo

de su dibujo radica en gran parte el valor formal de su pintura. El talento de Valenz va por otro lado. Él es principalmente un diseñador gráfico y su dibujo está en función no de la representación de la realidad sino de la imaginación, que, como facultad del entendimiento, en él se manifiesta proyectándose a través de la línea. Se trata en-

tonces de dibujos provisorios que sirven para dar una idea de lo que se quiere hacer y decir, antes de hacerlo y decirlo. Son imágenes leves que aún no tienen el peso ni la seriedad de los hechos acabados y definitivos. Son, en tanto diseño imaginativo, un juego de posibilidades que se puede prolongar al infinito. Y a los impulsos de ese juego Valenz construye su obra. En el juego se define la obra y el espacio donde se juega. Se pinta el cuadro y se le ve de acuerdo a las reglas del juego, que a su vez definen al artista y al espectador. Para este último, de hecho, ver un cuadro equivale a participar del juego, meterse al espacio donde el juego tiene lugar: el mundo del artista. La pintura de Valenz va definiendo el mundo a medida que el artista lo va diseñando. A diferencia de los diseños de los arquitectos, los espacios, las máquinas y

los muebles de Valenz no están hechos para instalarse y acomodarse físicamente en ellos y usarlos para vivir sino para imaginar otras formas de vivir la vida; es más, tales espacios están de hecho ocupados por la imaginación del artista que en ellos se entrega con entera libertad y con cierta inocencia y ternura a sus construcciones fantásticas, a sus juegos mágicos y delirantes, a construir ese mundo maravilloso y absurdo emparentado con el que Lewis Carroll diseñó para Alicia, gobernado, al igual que aquel, por una mente rigurosamente lógica. Y es justamente esa mezcla de lo infantil con lo serio, de la inocencia con lo exacto, de lo fantástico con lo matemático, de lo caprichoso con lo lógico lo que explica la espontánea fascinación que siente el espectador ante lo que sucede en esos espacios diseñados con tanta gracia y libertad por Sergio Valenzuela.


Suplemento Cultural 7

Nueva Guatemala de la Asunción, 10 de noviembre de 2012

Río Bravo

Exhibición revela monumentos fronterizos ignorados

Como silenciosos centinelas, montan guardia a lo largo de 1.110 kilómetros (690 millas) del cambiante terreno que se extiende del Río Bravo al Océano Pacífico.

C

Por STEVE BENNETT. SAN ANTONIO / Agencia AP

erca de 50 de los 276 monumentos datan de la década de 1850 y fueron construidos después de que el Tratado de Guadalupe Hidalgo puso fin a la guerra de intervención estadounidense, con la derrota de México. La mayoría fue erigida en la década de 1890, cuando el territorio se remedía. Numerosos obeliscos quedaron dispuestos a distancias de entre 400 metros y 8,05 kilómetros (un cuarto de milla y 5 millas) uno del otro, por disposición de la Comisión de Límites Internacionales (IBC, por sus siglas en inglés), para demarcar la frontera entre México y Estados Unidos. Muy pocos sabían siquiera de la existencia de los monumentos de más de 100 años. Hasta hace aproximadamente seis años, tampoco lo sabía David Taylor. “No tenía idea de que estaban ahí, y la mayoría de la gente no lo sabe”, dijo Taylor, cuyas imágenes de los monumentos forman parte de la exhibición del festival Fotoseptiembre, “Alien Contexts: Mexico and the U.S.”, que se muestra hasta el 21 de no-

viembre en la galería de arte de las instalaciones centrales de la Universidad de Texas en San Antonio (UTSA). El fotógrafo de Las Cruces, Nuevo México, quien imparte clases en la universidad de ese estado, deseaba ver la frontera “de primera mano” en 2006, cuando se topó con el primer monumento. “Es inevitable que uno desee comprender el lugar donde vive”, dijo Taylor. “Y efectivamente, Las Cruces es una ciudad fronteriza. Está solamente a 50 millas (80,46 kilómetros) de la frontera”. Así comenzó su búsqueda para llamar la atención sobre los temas fronterizos, al tomar fotografías de todos los monumentos internacionales, desde la frontera entre El Paso, Texas, y Ciudad Juárez, hasta San Diego, California, y Tijuana. “Esto prácticamente me ha consumido”, agregó. En el proceso, Taylor acompañó a agentes de la Patrulla Fronteriza y se encontró con traficantes nerviosos, ciudadanos estadounidenses disgustados que vigilan la frontera e inmigrantes sedientos. “Me di cuenta de que a principios de la década de 2000 estuvimos en la cúspide de los más grandes cambios en la frontera que hemos visto en más de un siglo”, dijo.

Mientras que el tema de la inmigración se ha tornado candente en el crisol de las políticas partidistas, el proyecto “Working the Line” de Taylor —que abarca no sólo los monumentos sino la gente y cosas que ha visto en el proceso_, recuerda la complejidad de los asuntos involucrados. Taylor dice que, con el proyecto en proceso, trata de revelar “una topografía altamente compleja en lo físico, social y político durante una época de cambio drástico” así como documentar a la Patrulla Fronteriza como una institución burocrática, considerada por Taylor “un país no descubierto”. “Una cosa es llegar y salir de varios puntos a lo largo de la frontera”, dijo Taylor, quien considera que la inmigración es un “tema moral y ético”. “Pero otra cosa es caminar hacia todos los monumentos. Es más fácil llegar a algunos desde territorio estadounidense; a otros es más fácil llegar desde México. En mi mente tengo un mapa completo de la frontera. Pregúntenme sobe cualquier monumento y les puedo decir cómo era el terreno que lo rodea”. Eso es algo digno de tomar en cuenta, en un momento en que la política fronteriza de Estados Unidos es definida por funcionarios a miles de kilómetros (millas) de México.

Al pie de la letra

La lucha diaria de Fredy

L

POR JUAN JOSÉ NARCISO CHÚA

a mañana despunta en este lugar, la posición del edificio hace que el sol matutino pegue de frente al mismo y produzca un espacio bastante cómodo, principalmente si la mañana ha amanecido fría. El recorrido de personas al mismo edificio es continuo y considerable, sin duda, un acierto inmobiliario, en términos de ocupación, un punto de confluencia de negocios. Las oficinas se encuentran llenas y la cantidad de empresas resulta impresionante, la cantidad de vehículos demuestra que se tuvo razón al construirlo y la generación de empleo también se evidencia con la cantidad de personas que se mueven en dicho espacio. Fredy ya es parte de este entorno, él puede apreciar el tráfico de personas en el lugar; él es testigo de la cantidad de vehículos que se mueven; él puede dar fe de los negocios que han llegado; de aquellos que se han quedado; y de aquellos que se han ido. Fredy, es una de las pocas personas que recibe el saludo de todo el mundo;

es una persona conocida y apreciada. Su sonrisa resulta agradable e invita al saludo, al coloquio casual y él es, tal vez, la persona más conocida de este lugar, pues todos lo conocen a él. Todos los días asiste puntualmente a su lugar de trabajo, se mueve con dificultad por un problema en una de sus piernas y para movilizarse utiliza un par de muletas, ambas son diferentes. Sin embargo, ahí está temprano en la mañana, Fredy probablemente cuenta con una de las sillas más conocidas en el edificio, pero contradictoriamente casi no la usa. Yo lo veo solícito y amable iniciando sus labores diarias. No escatima esfuerzo alguno, pero tampoco se arruga ante la demanda de trabajo. Ahí está día a día, luchando y avanzando, luchando y generando ingresos para sobrevivir. Fredy empieza su día temprano en la mañana, a las cuatro se levanta para poder llegar a tiempo y después de un par de viajes en camionetas destartaladas arriba al lugar para iniciar su jornada. No tengo la menor idea de cuántos servicios presta

diariamente, pero seguramente tendrá la probabilidad de generarse ingresos para la sobrevivencia de él y su familia. Cuando uno requiere de sus habilidades, presto está con su sonrisa y el periódico en la mano para que el cliente se sienta a gusto, lo invita a su silla y así inicia el remozamiento de todos los tipos de zapatos que se le presentan. Como decía, es una de las sillas más cómodas, pero Leonel no la usa, contrariamente el utiliza sus banquitos para poder lustrar los zapatos, botas y botines de sus clientes, la plática informal y suelta sobre diversos temas se traba entre él y el cliente, él responde, él aprueba, él opina respetuosamente. Al final del lustre, de nuevo la sonrisa y la expresión: ¡listo! y los clientes apuran el pago y se van, saludando a este sonriente amigo casual.


8 Suplemento Cultural

Nueva Guatemala de la Asunción, 10 de noviembre de 2012 Reportaje

Largos períodos de sequía influyeron en el colapso de la civilización maya

Un estudio en estalagmitas de 2.000 años de antigüedad, en una cueva en el sur de Belice, demuestra que el cambio climático tuvo efectos a largo plazo sobre el crecimiento y desintegración de la civilización maya del período Clásico, uno de los mayores misterios de la historia. SERVICIOS

U

bicados en lo que hoy es América Central, los mayas dejaron inscritos en monumentos de piedra registros históricos de su sofisticado sistema político, de su rica cultura y de una avanzada tecnología. Sus guerras, matrimonios, adhesiones entre reyes y reinas están ligados a fechas de su calendario y se correlacionan con días específicos del calendario cristiano. El final de esta tradición –que tuvo lugar en algún momento entre los años 800 y 1000 d.C.–, marca el colapso generalizado de los sistemas políticos mayas del período Clásico. El misterio sobre cómo pudo desaparecer una sociedad tan robusta desconcierta a los científicos. Un equipo de investigación, liderado por Doug Kennett de la Universidad Estatal de Pensilvania (EE UU), ha estudiado la cueva Yok Balum (Belice) para medir la composición de los isótopos de oxígeno en sus estalagmitas y crear un registro de las lluvias durante este período. “Nuestros hallazgos indican que el cambio climático jugó un papel clave en la desintegración de los complejos sistemas políticos de estas poblaciones. La sequía ayudó a desencadenar la guerra entre los centros políticos, lo que provocó una inestabilidad global de la sociedad, su fragmenta-

El registro de lluvias incrustado en las estalagmitas ofrece más pruebas de que hubo dos períodos climáticos extremos que provocaron el colapso.

Nuestros hallazgos indican que el cambio climático jugó un papel clave en la desintegración de los complejos sistemas políticos de estas poblaciones.”

ción y colapso final”, declara Kennett. Según los investigadores, los ricos registros arqueológicos e históricos de los mayas proporcionan una oportunidad única para examinar los efectos a largo plazo del cambio climático en el desarrollo y desintegración de los sistemas sociopolíticos. “La conclusión principal de este estudio es que los efectos del cambio climático son complejos e influyen en múltiples escalas de tiempo, pero son solo una parte de la historia. Los textos antiguos de los mayas no recogen los patrones de lluvia de la época, pero hay registros históricos de las sequías a partir del

siglo XVI, un punto de referencia muy valioso para deducir sus efectos nocivos en la productividad agrícola y en la sociedad debido a la hambruna”, añade el investigador. UN COLAPSO EN DOS ETAPAS Hasta ahora se sabía que los períodos de altas precipitaciones provocaron la expansión de la población maya y la prosperidad general entre los años 440 al 660 d. C. A esta etapa le siguió una tendencia a la sequía que duró cuatro siglos, marcada por una serie de sequías que provocaron la disminución de la productividad agrícola y al colapso de su sociedad.

Las estalagmitas de la cueva Yok Balum son muy particulares debido a que crecieron rápidamente y de forma continua en los últimos dos mil años –el intervalo crítico de interés para el desarrollo y el colapso maya–. Su estudio pone en evidencia el registro de los períodos de alta precipitación pluvial y de sequía en esa época. “Estas estalagmitas son muy puras, no contienen gran cantidad de detritus –residuos que provienen de la descomposición de fuentes orgánicas–, de modo que la datación es muy precisa. Además, la composición isotópica del oxígeno de lluvia cambia según la cantidad de lluvia que

cae, lo que se conoce como ‘efecto cantidad’. Esta huella isotópica viaja con el agua de lluvia dentro del sistema de la cueva, se incorpora al crecimiento de las estalagmitas y estas reflejan la cantidad de lluvia que cae sobre la tierra en la superficie”, explica el autor. El registro de lluvias incrustado en las estalagmitas ofrece más pruebas de que hubo dos períodos climáticos extremos que provocaron el colapso de los mayas. Una primera etapa, de alta precipitación pluvial, provocó la expansión de la población maya y la prosperidad general durante los años 440 al 660 d.C. A este período le siguieron una serie de sequías que provocaron una disminución de la productividad agrícola y contribuyeron a la fragmentación social y el colapso político. La segunda etapa fue más tardía entre los 1020 y 1100 años d.C., durante una sequía más grave y extensa. “Argumentamos que esto puede ayudar a explicar por qué la región quedó despoblada y por qué nunca volvió a alcanzarse el grado de complejidad social anterior desarrollado en la región”, subraya el científico. El trabajo amplía la comprensión sobre qué sucedió con los mayas en un contexto de cambio climático global. “También hemos caracterizado el momento y la naturaleza de la sequía durante el período Clásico con una certeza mucho mayor”, concluye.


Suplemento Cultural 10-11-2012