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La Guardarraya Revista de literatura

Ernesto Cardenal

Siempre había deseado enseñar la poesía


CORRESPONSALÍAS Mar Russo LA GUARDARRAYA

CORRESPONSALÍAS LA GUARDARRAYA

Dirección

Carlos Ernesto García

Consejo asesor

Blanca Omar Lara Vázquez Daisy Zamora Hugo Mujica Roberto Arizmendi Roberto Rivera Vicencio Christian Formoso Winston Morales Chavarro Miguel Ángel Zapata Corresponsales Mar Russo (Estados Unidos) Blanca Vázquez (México) Samuel Trigueros (Honduras) Lucía Alfaro (Costa Rica) Jonatán Reyes (Puerto Rico)

Luis Marcelo Pérez

Ángel Herrera (Colombia) Ramiro Caiza (Ecuador) Elí Urbina (Perú) Taty Torres (Chile) Gisela Galimi (Argentina) Luis Marcelo Pérez (Uruguay) Editorial: C&Duke Edición: Número 4-5, Junio - Agosto 2018 Arte y diseño: Grecia Espinoza Contacto: info.laguardarraya@gmail.com

Impresión (Edición limitada)

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Sumario

4/

ENTREVISTA ERNESTO CARDENAL “SIEMPRE HABÍA DESEADO ENSEÑAR LA POESÍA”..............................4 Por Marta Leonor González

14 /

POESÍA DANIEL RODRÍGUEZ MOYA (España).....................................................16 ENRIQUE WINTER (Chile).........................................................................17 RONALD BONILLA (Costa Rica).................................................................18 MARINA CASADO (España)........................................................................19 SANDRO LUNA(España)..............................................................................20 OTONIEL GUEVARA (El Salvador)..............................................................21

22 /

RESEÑA CHOMOLANGMA......................................................................................22 Por Francisco Rodríguez Coloma VIOLETA & NICANOR...............................................................................23 Por Patricia Cerda

24 /

CAFÉ LITERARIO UNA GAVIOTA EN BERLÍN.......................................................................24 Texto: Kathrin Schadt Fotos: Christian Ingenlath

27 /

SEMBLANZAS ELIANA MALDONADO..............................................................................28 (Colombia) Por Carolina Gallón Londoño JENNIFER GARCÍA ACEVEDO..................................................................32 (Colombia) Por Margarito Cuéllar CARMEN MAROTO....................................................................................36 (España) Por Julia Gutiérrez

41/

45 /

OTROS ACENTOS BARBARA POGAČNIK................................................................................42 (Eslovenia) JALAL EL-HAKMAOUI................................................................................43 (Marruecos) INGEBORG ROBLES Y ZEPF......................................................................44 (Alemania) TENDENCIAS TALEGA,

VEINTICINCO AÑOS DESPUÉS.....................................................................45

Por Eleazar Rivera

51 /

NARRACIONES JORGE R. G. SAGASTUME.........................................................................52 (Argentina) JOSÉ BAROJA...............................................................................................55 (Chile) EMILIO PAZ PANANA.................................................................................59 (Perú)

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Ernesto Cardenal


La Guardarraya Ernesto Cardenal

“Siempre había deseado enseñar la poesía” Entrevista y Fotografía: Marta Leonor González

Frente al personaje de boina vasca, cotona blanca y sandalias que nunca cambia su look, inicia el breve recorrido sobre el poeta, revolucionario, místico, monje trapense que es quizás el personaje de la cultura nicaragüense que más ha increpado como opositor a Daniel Ortega, el actual Presidente de Nicaragua y en el pasado a la dictadura de los Somoza.

Ernesto Cardenal es el poeta nicaragüense leyenda viva y personaje mítico de la cultura e izquierda latinoamericana del siglo XX. Su poesía a lo largo de su trayectoria ha alcanzado las cumbres por los temas que aborda y laureada en los últimos tiempos con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2012 entre otros prestigiosos premios. Considerado uno de los más destacados religiosos de la teología de la liberación, escultor y escritor famoso, ante todo, por su obra poética y su relación con la Revolución Popular en Nicaragua, Ernesto Cardenal habla de sus pasiones, la poesía y el amor a Dios entre otros.

Marta Leonor González: ¿Cuándo decide ser poeta? Ernesto Cardenal: Empecé a los seis años posiblemente diciendo unos versos que me sabía de memoria, eran de Rubén Darío, luego empecé haciendo poesía.

Su poesía y trayectoria es amplia, sus libros se conocen en inglés, francés, alemán, sueco, y en español ha sido conocido como el poeta de los Epigramas, el autor de la H ora 0 donde se revela contra el dictador Somoza o el poeta y cura que se suma a la Revolución y en los años 80 es Ministro de Cultura en la Revolución Sandinista.

MLG: ¿En su relación con sus padres, quién lo influencia para que tome el camino de las letras, quién de ellos lo introduce? EC: Introducirme propiamente ninguno de los dos, mi papa se ponía a leer en León en la vieja casa colonial donde vivíamos, en el corredor a leer en voz alta a Rubén Darío, pero sí lo que me inspiró más fueron esos versos a Darío, después me di cuenta de eso.

Cardenal, habla y recrea los años de juventud, los amores, los talleres de poesía, su vida en el monasterio trapense, la vida del poeta que decidió abandonarlo todo para estar con Dios, el hombre que formó una comunidad en Solentiname y le habló a los campesinos de poesía y pintura.

Hice unos versos donde hablo de la tumba de Rubén Darío en la Catedral de León, es un poema totalmente infantil de la visión de un niño, pero indudablemente era porque escuchaba leer a mi papá los versos de Rubén Darío. Pero eso no se llama una influencia propiamente, la influencia que yo tuve literaria fue la de Coronel Urtecho que era tío mío, primo de mi mama, eso ya fue en la adolescencia a los 16 o 17 años.

Su voz es pausada, en una modesta oficina, en el residencial Los Robles muy cerca de su casa, en Managua. Cardenal espera puntual nuestra conversación, es parco cuando responde algunas preguntas o tras veces, habla pausado y directo sin rodeos. 5


Entrevista MLG: En 1952 escribe el poema, Walker en Nicaragua. ¿Ganó un premio, fue de sus primeros premios?

EC: Eran poemas de muchos enamoramientos, algunas fueron novias, otras no me aceptaron de ahí los poemas de alguien que no es correspondido y correspondido, pero resultaba que cuando el amor no era correspondido me inspiraba más la poesía, eso ya lo decían los poetas latinos, hay un epigramista creo que lo decía Catulo que le dice a la amada fulana recházame porque el poeta que es rechazado se inspira, pero no me rechaces demasiado, risa, risa.

EC: Parte del poema ganó y lo presenté en un concurso que era sobre la ciudad de Managua fue en su centenario, el poema completo se llama Con Walker en Nicaragua. Éste fue un premio pequeño de la ciudad de Managua de su Alcaldía.

La principal enseñanza de Erza Pound es muy sencilla de que todo cabe en la poesía como en la prosa, que la poesía no es una cosa especial para cierta clase de temas mientras que la prosa es para todo lo demás.

MLG: ¿Ernesto Cardenal tuvo un gran amor? EC: Mi primer amor que eso fue anterior a toda los enamoramientos de los epigramas eso produjo un extenso poema de despecho que se llamó la ciudad deshabitada a los 20 años.

MLG: ¿Tenía una pequeña editorial, una librería con José Coronel Urtecho, donde los poetas hacían sus tertulias y se reunían como eran esos días en los años 50?

MLG: ¿En Nicaragua? EC: Sí MLG: ¿Cómo se llama la protagonista de ese primer amor?

EC: La librería nuestra de Reynaldo Tefel y mía se llamaba Nuestro Tiempo, era un lugar de tertulia literaria a parte de las cantinas que siempre ha sido el lugar de tertulia de los poetas, pero no había una hora fija para eso, simplemente coincidían y se conversaba a cualquier hora que fuera. LOS FAMOSOS POEMAS DE AMOR

EC: Se llama Carmen. Esta mencionada en varios poemas míos, vive actualmente pero no te voy a dar más detalles personales de ella porque vive. LA INFLUENCIA DE LOS POETAS ESTADOUNIDENSES

MLG: ¿Los Epigramas que son sus poemas de juventud a Claudia y en los que refleja los sueños del amor fueron años de sus enamoramientos?

MLG: ¿En 1950 se acercó a la Generación Beat. Lo influenciaron?

EC: Sí fueron años de enamoramiento y de muchos poemas amorosos principalmente tuvieron esa forma de epigrama que quiere decir nada más que son poemas breves como lo era para los griegos y latinos, no necesariamente de humor o de sátira aunque muchas veces lo eran también con humor y sátira y algunos epigramas míos que lo tienen. También tengo epigramas políticos como digo de amor y odio, porque los epigramas políticos eran contra Somoza y hay algunos que son al mismo tiempo con el tema amoroso y con el tema político.

EC: No. Coincidimos yo era influenciado por los que ellos eran influenciados, no aprendí de ellos porque yo había tenido mi propia influencia que era de Ezra Pound. MLG: ¿Entonces sus grandes influencias en la poesía norteamericana son Walt Whitman, T. S. Eliot y Ezra Pound? ¿Qué le enseñaron estos poetas? EC: Walt Whitman el verso libre y el tipo popular de su poesía, el gran poeta de la democracia pero el maestro de técnica literaria fue Ezra Pound y no

MLG: ¿En esos años de epigramas amorosos Ernesto Cardenal estaba enamorado de alguien? 6


La Guardarraya En Estados Unidos por ejemplo se han escrito novelas en verso o autobiografías en verso.

Se puede decir que yo fui uno de los descubridores de Sandino porque él era conocido sólo como bandolero, entonces desde mi adolescencia junto con Pedro Joaquín Chamorro leíamos sobre él, a conocer sobre él, y nos dimos cuenta que era el héroe nacional y ya fue que lo usé como tema de mí poesía. MLG: ¿Siempre está Dios en su poesía, en su pensamiento? Luego Sandino como en los poemas de la Hora 0, ¿también ha sido Sandino una fuente de creación y tema constante como símbolo? EC: Se puede decir que yo fui uno de los descubridores de Sandino porque él era conocido sólo como bandolero, entonces desde mi adolescencia junto con Pedro Joaquín Chamorro leíamos sobre él, a conocer sobre él, y nos dimos cuenta que era el héroe nacional y ya fue que lo usé como tema de mí poesía.

Eliot sino que él aprendió de Erza Pound, y Eliot hablando de Erza Pound dijo que ha influido a muchos de mi generación y a mí más que todo. La principal enseñanza de Erza Pound es muy sencilla de que todo cabe en la poesía como en la prosa, que la poesía no es una cosa especial para cierta clase de temas mientras que la prosa es para todo lo demás. Mientras que para Ezra Pound es para todos los temas para los cuales puede ser la prosa, para hacer chiste, anécdota, reportajes periodísticos, historia, política, lo que fuera todo lo que cabe en prosa cave en verso, ésa es la principal lección de Erza Pound para mí y debe ser para todo mundo, él rompía enormemente en la poesía, como lo fue antes como lo fue en la poesía de Homero, como lo fue en la poesía de Dante, como en la poesía de la Biblia de los profetas que cabía todo y no reducidos a temas muy estrictos muy estrechos, muy restringidos como resulto la poesía después en los siglos XVI, XVII, XVIII, y Ezra Pound dice que ésa fue la decadencia de la poesía y el auge de la novela porque los poetas en vez de escribir épicas en poemas, escribieron las épicas en novelas, pero decía que la poesía podía ocupar el sitio que antes tuvo.

LA ENSEÑANZA DE LA POESÍA MLG: ¿Pasado los años cómo valora los talleres de poesía que usted fundó y sus efectos? EC: Siempre había deseado enseñar la poesía y lo que había aprendido transmitirlo, nunca he sido profesor de universidad pero quería hacerlo. En Estados Unidos hay talleres y es sobre la enseñanza y son para aquéllos que pueden pagarlos en una universidad o sea para una elite pero yo cuando fui nombrado Ministro de Cultura en la Revolución Sandinista pensé que podía hacer el taller de poesía para toda Nicaragua ya que yo sabía que tenía mucho talento para la poesía, pero que lo desconocía como pueblo, desconocían la poesía moderna, para el pueblo solamente eran las coplas las de la gigantona ese tipo de versos, había que enseñar la poesía moderna, la poesía antigua, la china, la japonesa, para eso se iniciaron los 7


Entrevista talleres de poesía para enseñar al pueblo, enseñar la poesía moderna y no la enseñanza de una poesía chabacana que lo sigue siendo que depende de la rima y del octosílabo que es una cosa muy estrecha y que podía ser un vehículo para las experiencias personales de cada uno de los muchachos y así lo practicaron en aquellos talleres que se fundaron como unos setenta en todo el país, algunos de ellos en las fuerzas armadas, en la policía en el ejército, en la fuerza aérea y en todo el pueblo de Nicaragua se podría decir, yo para que el pueblo pudiera conocer la poesía y de lo que antes consideraba qué era la poesía.

LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN MLG: ¿Cómo ve a Cristo a través de la teología de la liberación? EC: La teología de la liberación es el evangelio que quiere decir que da buenas noticias para los pobres de su liberación y la teología no es más que el evangelio de la liberación de los oprimidos y la liberación de sus opresores, es volver al cristianismo del evangelio, es igual que decir teología de la revolución, la teología de la liberación fue el término que inventaron los obispos latinoamericanos en los años 60 y tuvieron temor de la palabra revolución que para ellos era muy fuerte y usaron la palabra liberación como un eufemismo pero que es lo mismo. Hay teólogos actuales que dicen cuando Jesús habla del reino de Dios está hablando de la revolución de nuestro tiempo y es igualmente subversiva y peligrosa que lo llevó a la muerte. Esta teología es sobre el reino de Dios.

Era un gran lector de todos los libros de Merton desde que llegué a estudiar a la Universidad de Columbia en Nueva York, y me encontré la noticia de que un joven monje trapense que había estudiado en la Universidad de Columbia acaba de publicar un libro de versos, y entonces yo compré el libro y después todo lo que él publicaba lo leía.

MLG: ¿En qué momento usted decide ser religioso? EC: Decidí entregarme a Dios y entrar al monasterio trapense porque es una orden muy enclaustrada y donde yo quería estar a solas con Dios y alejado de todo y estar nada más que en la unión con Dios, no buscando el sacerdocio sino a Dios después no puede estar ahí y Thomas Merton, el célebre escritor y místico norteamericano y que fue mi maestro de novicios encargado de nuestra formación, me recomendó que no buscara otra orden religiosa sino que fundara una pequeña comunidad en mi país y fue lo que hice en Solentiname, además quería salir del monasterio estaba con las ideas de hacer cambios, él quería venir conmigo pero no le dieron permiso en el monasterio y me había dicho que si no me daban permiso que yo hiciera la fundación que él deseaba hacer. Yo asumí el sacerdocio para poder tener una pequeña comunidad religiosa.

MLG: ¿Los talleres contribuyeron a que el pueblo apreciara la poesía? EC: Los que pasaron por los talleres tal vez lo valoraron, los que pasaron por el taller que fueron unas dos mil personas. En aquel tiempo también teníamos los maratones de poesía que empezaban a los ocho de la mañana y terminaban en la noche en Ciudad Darío, el pueblo todo el tiempo estaba escuchando la poesía. MLG: ¿Cree que estos talleres dejaron poetas importantes? EC: Algunos no muchos. No estaban diseñados para crear poetas importantes sino para democratizar la poesía a nivel popular, algunos se quedaron escribiendo poesía.

MLG: ¿Qué lo motivó a escribir el “Evangelio de Solentiname”?

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La Guardarraya EC: En el monasterio trapense me prohibieron escribir más que apuntes y notas personales, pero no escribir profesionalmente para publicar y yo renuncié como tenía que renunciar a todo lo demás y luego que salí del monasterio empecé a hacer poemas de los apuntes que había estado tomando ahí y el libro se llama Getsemaní Kentuchy, digamos viñetas y escenas de mi vida monástica, después escribí un libro que se llama Salmos que fueron como traducciones no de otra lengua sino de nuestra época. Después estando en la comunidad de Solentiname, teníamos los domingos la mesa donde hacía que los campesinos conmigo comentáramos juntos el evangelio y los comentarios fueron tan novedosos que de ahí salió el Evangelio de Solentiname y ha sido muy publicado en muchas lenguas en muchos países, se está publicando en Estados Unidos, España, Japón, Filipinas, muchos lugares.

parecía que Dios me había llevado ahí para que tuviera el encuentro con Merton y esa amistad con él duro toda la vida hasta su muerte, él murió en un viaje que hizo en Tailandia fue electrocutado por un abanico y pensaba llegar a Solentiname luego de Bangkok, le estábamos construyendo un ranchito cuando recibí la noticia de su muerte, pero te puedo decir que quedó en Solentiname. MLG: ¿En el caso de los poemas “El telescopio de la noche oscura”, publicado en 1983 de lo que es el Cántico Cósmico? EC: Es al revés, escribí el Cántico Cósmico antes de que lo consideraba completo y le fui agregando más cosas, y me dijo José Coronel Urtecho que publicara lo que tenía que si no terminaría de publicarlo nunca porque siempre le estaba agregando y que le podía agregar después, y luego publiqué una serie de poemas de temas místicos que es el Telescopio de la noche oscura, después cuando terminé el poemario, me di cuenta que no cabía en el Cántico Cósmico, en ninguna parte y no le hice más agregado al Cántico Cósmico, sino que las publiqué después en otro libro que podían ser agregados pero ya no lo fue.

MLG: ¿Cómo se inicia el acercamiento entre Thomas Merton y Ernesto Cardenal? EC: Era un gran lector de todos los libros de Merton desde que llegué a estudiar a la Universidad de Columbia en Nueva York, y me encontré la noticia de que un joven monje trapense que había estudiado en la Universidad de Columbia acaba de publicar un libro de versos, y entonces yo compré el libro y después todo lo que él publicaba lo leía. Yo me sentí muy vinculado a él pues yo también estudiaba en la Universidad de Columbia, muchos años después cuando se da mi conversión yo no sabía a qué monasterio solicitar mi ingreso, el único que yo conocía era la dirección donde estaba Merton y pedía información, no me contestaron sino que me enviaron un papel para que lo llenara, era una solicitud y yo lo entendí como la voluntad de Dios y más tarde me contó Merton que cuando él recibió la correspondencia, él abad le dijo que no me recibiera porque muchos latinoamericanos llegan y se retiraban, pero él me dijo que una voz interior le decía, es importante que él venga aquí. En realidad ahí se veía la voluntad de Dios porque no hacía mucho que lo habían nombrado maestro de novicios y un tiempo después dejó de serlo,

MLG: ¿Cómo hay que leer el “Cántico Cósmico”, como un poema místico? EC: No. Lo místico es una pequeña parte en él trata de todo, la ciencia, la creación, historia, los temas sociales, revolución de Nicaragua, y lo místico, el cosmos, Dios y algo más.

Managua, Nicaragua, mayo de 2018

Marta Leonor González, escritora, editora de 400 Elefantes y periodista, ha sido editora de periódicos y durante muchos años directora de La Prensa Literaria del Diario La Prensa de Nicaragua, fotógrafa y activista en la promoción de la lectura y sus autores. 9


Entrevista

ORACIÓN POR MARILYN MONROE Señor recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de Marilyn Monroe aunque ése no era su verdadero nombre (pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar) y ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje sin su Agente de Prensa sin fotógrafos y sin firmar autógrafos sola como un astronauta frente a la noche espacial. Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia (según cuenta el Time) ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas. Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras. Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno pero también más que eso… Las cabezas son los admiradores, es claro (la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz) Pero el templo no son los estudios de la 20 th Century-Fox. El templo –de mármol y oro- es el templo de su cuerpo en el que está el Hijo del Hombre con un látigo en la mano expulsando a los mercaderes de la 20 th Century-Fox que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones. Señor en este mundo contaminado de pecados y radioactividad Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda. Que como toda empleadita de tienda soñó ser estrella de cine. Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor). 10


La Guardarraya Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos -el de nuestras propias vidas- Y era un script absurdo. Perdónala Señor y perdónanos a nosotros por nuestra 20 th Century Por esta Colosal Super-Producción en que todos hemos trabajado. Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes para la tristeza de no ser santos se le recomendó el Psicoanálisis. Recuerda, Señor su creciente pavor a la cámara y el odio al maquillaje –insistiendo en maquillarse en cada escenay cómo se fue haciendo mayor el horror y mayor la impuntualidad a los estudios. Como toda empleada de tienda soñó ser estrella de cine. Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva. Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados que cuando se abren los ojos se descubre que fue bajo reflectores ¡y apagan los reflectores! y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico) mientras el Director se aleja con su libreta porque la escena ya fue tomada. O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor vistos en la salita del apartamento miserable. La película terminó sin el beso final. La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono. Y los detectives no supieron a quién iba a llamar. Fue como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga y oye tan sólo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER. O como alguien que herido por los gangsters alarga la mano a un teléfono desconectado. Señor quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar y no llamó (y tal vez no era nadie o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Angeles ¡contesta Tú el teléfono!

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Entrevista Todavía está aquel árbol de quelite; todavía brillan las mismas luces; en la laguna de Tiscapa se refleja la luna; pero aquel banco esta noche estará vacío, o con otra pareja que no somos nosotros.

EPIGRAMAS 4. Otros podrán ganar mucho dinero pero yo he sacrificado ese dinero por escribirte estos cantos a ti o a otra que cantaré en vez de ti o a nadie.     10.

28. ¡Mi gatita tierna, mi gatita tierna! ¡Cómo estremecen a mi gatita tierna mis caricias en su cara y su cuello y vuestros asesinatos y torturas!   29.

Tú que estás orgullosa de mis versos pero no porque yo los escribí sino porque los inspiraste tú y a pesar de que fueron contra ti: Tú pudistes inspirar mejores poesía. Tú pudistes inspirar mejores poesía.   20.

En Costa Rica cantan los carreteros. Caminan con mandolinas en los caminos. Y las carretas van pintadas como lapas, y los bueyes van con cintas de colores y campanitas y flores en los cuernos. Cuando es el corte del café en Costa Rica, y las carretas van cargadas de café.   Y hay bandas en las plazas de los pueblos, y en San José los balcones y ventanas están llenos de muchachas y de flores. Y las muchachas dan vueltas en el parque. Y el presidente camina a pie en San José.    36.

Tú eres sola entre las multitudes como son sola la luna y solo el sol en el cielo. Ayer estabas en el estadio en medio de miles de gentes y te divisé desde que entré igual si hubieras estado sola en un estadio vacío.   21.

Tal vez nos casemos este año, amor mío, y tengamos una casita. Y tal vez se publique mi libro, o nos vayamos los dos al extranjero. Tal vez caiga Somoza, amor mío.   42.

Si tú estás en Nueva York en Nueva York no hay nadie más y si no estás en Nueva York en Nueva York no hay nadie. 27. Hay un lugar junto a la laguna de Tiscapa –un banco debajo de un árbol de quelite─ que tú conoces (aquella a quien escribo estos versos, sabrá que son para ella). Y tú recuerdas aquel banco y aquel quelite: la luna reflejada en la laguna de Tiscapa, las luces del palacio del dictador, las ranas cantando abajo en la laguna.

Uno se despierta con cañonazos en la mañana llena de aviones. Pareciera que fuera revolución: pues es el cumpleaños del tirano.  

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La Guardarraya

44.

50.

Suena como una música la lluvia afuera en los charcos del patio y las sábanas están frescas pero tú no estás en mi cama. 46.

Como canta de noche la esquirina al esquirín que está sobre otra rama: “Esquirín, si querés que vaya, iré, si querés que vaya, iré” y a su rama la llama el esquirín: “Esquirina si querés venir, vení si querés venir, vení”, y cuando ella se va donde él está el esquirrín se va para otra rama: así te llamo yo a ti, y tú te vas. Así te llamo yo a ti, y tú te vas.

Cuando los dorados corteses florecieron nosotros dos estábamos enamorados. Todavía tienen flores los corteses y nosotros ya somos dos extraños. 47. Las pesadas gotas parecen pasos subiendo la grada y el viento golpeando la puerta una mujer que va a entrar.   49. La persona más próxima a mí eres tú, a la que sin embargo no veo desde hace tanto tiempo más que en sueños.   13


Poesía

Las cosas que se dicen en voz baja

Daniel Rodríguez Moya

Autor: Daniel Rodríguez Moya Editorial: Visor de Poesía Fecha de edición: 2013 Nº páginas: 88 Encuadernación: Tapa blanda Lengua: Castellano ISBN: 978-84-9895-842-3

(Granada, España, 1976). Es doctor en Educación, licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y Máster en Comunicación Social. Ha publicado los libros de poemas Oficina de sujetos perdidos (Fundación Federico García Lorca, 2002), El nuevo ahora (Cuadernos del Vigía, 2002), Cambio de planes (Visor, 2009) y Las cosas que se dicen en voz baja (Visor, 2013). Su obra se incluyó en el volumen Poesía ante la incertidumbre (Visor, 2011). Cerca de 200 críticos de más de 100 universidades (Harvard, Oxford, Columbia o Princeton, entre ellas) lo incluyeron en El Canon Abierto (Visor, 2015) como uno de los poetas más relevantes de la lengua española nacidos después de 1970. De su obra crítica y de investigación literaria destaca el volumen La poesía del siglo XX en Nicaragua (Visor, 2010).

Un paquete chileno

Enrique Winter

Autor: Enrique Winter Nº de páginas: 328 Encuadernación: Rústica Editorial: Ediciones Uniandes, Bogotá Año de edición: 2018 Lengua: Castellano ISBN: 978-958-774-675-4

Los últimos cuervos

Autor: Ronald Bonilla Nº de páginas: 68 Encuadernación: Tapa blanda Editorial: EUNED Año de edición: 2018 Lengua: Castellano ISBN: 978-9968-48-665-1

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(Chile, 1982) es autor del poemario Lengua de señas (premios Pablo de Rokha y Goodmorning Menagerie), la novela Las bolsas de basura y el disco Agua en polvo, entre otros títulos publicados en once países y cuatro idiomas. Traductor, editor, ensayista y abogado, es magíster en escritura creativa por NYU y escritor residente de los Andes en Bogotá.

Ronald Bonilla (San José, Costa Rica,   1951) Premio Joven Creación Poesía 1977, Premio Nacional Aquileo  Echeverría, poesía, 2001, Premio Centroamericano Literatura Rogelio Sinán, 2002, Premio Lisímaco Chavarría 2003, Premio UnaPalabra 2013, Premio Nacional    Cultura Magón 2015. Coautor del Manifiesto Trascendentalista. Presidente de la Asociación Autores  C.R. Incluido en múltiples antologías. Coordinador del Grupo Literario Poiesis. Ha publicado 14 poemarios. Destacamos Las manos de amar, Soñar de frente, Porque el tiempo no tiene sombra, A instancias de tu piel, Apuntes para un grafiti, Hoja de afiliación y otros clichés, El libro del (Buen) amor y Los últimos cuervos.


La Guardarraya

Marina Casado (Madrid, España, 1989), periodista y Doctora en Literatura Española. Autora de dos poemarios en Ediciones de la Torre, Los despertares y Mi nombre de agua, y de dos ensayos: El barco de cristal. Referencias literarias en el poprock (Líneas Paralelas) y La nostalgia inseparable de Rafael Alberti. Oscuridad y exilio íntimo en su obra (Ediciones de la Torre). Coordinadora de tres antologías: Emilio Prados, obra surrealista (Digitalia), 40 sonetos de amor (Ediciones de la Torre) y De viva voz. Antología del Grupo Poético Los Bardos (Ediciones de la Torre).

Sandro Luna (Barcelona, España, 1978). Licenciado en Filosofía por la Universidad de Barcelona; con estudios de Filología Hispánica, Catalana e Historia del Arte. Profesor de Lengua Catalana, Historia y Filosofía. En el año 2007 resultó ganador del Premio de poesía que el diario La Vanguardia concede a un único poema (Atardecer).En el año 2010 se alzó con el XXXI Premio Internacional de poesía Arcipreste de Hita con ¿Estamos todos muertos? (PreTextos, 2010). En el año 2014 obtuvo el XXVIII Premio Internacional de poesía Antonio Oliver Belmás con Eva tendiendo la ropa.

Otoniel Guevara (Quezaltepeque, La Libertad, El Salvador, 1967). Poeta. Ha trabajado como publicista, periodista cultural, editor, gestor cultural. Estudió periodismo en la Universidad de El Salvador. Como poeta ha sido traducido a 8 idiomas, publicado en 35 títulos individuales y decenas de publicaciones en revistas, periódicos, antologías, muestras colectivas y medios electrónicos de América y Europa. Es coordinador ejecutivo de la Fundación Metáfora y director del Proyecto Editorial “La Chifurnia”, sólidos referentes de la difusión de la poesía en la región.

Mi nombre de agua

Autora: Marina Casado Nº de páginas: 107 Encuadernación: Tapa blanda Editorial: Ediciones de la Torre Año de edición: 2016 Lengua: Castellano ISBN: 9788479607784

Eva tendiendo la ropa

Autor: Sandro Luna Nº páginas: 76 Encuadernación: Rústica Editorial: Pre-Textos Premio de Poesía Antonio Oliver Belmás 2014 Año de edición: 2015 Lengua: Castellano ISBN: 978-84-15894-89-6

Los pájaros de Hitchcok

Autor: Otoniel Guevara Nº páginas: 53 Encuadernación: A caballete Editorial: Cafeína Editores Serie poética Café Molido 03 Año de edición: 2017 Lengua: Castellano ISBN: 978-9929-698-02-4

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Daniel Rodríguez Moya Estos poemas de Daniel Rodríguez Moya han decidido hablarnos en voz baja. ¿De qué nos hablan? Más pertinente sería preguntarse qué esperan de nosotros estos poemas. Esperan que sintamos el miedo de las cosas, el eterno murmullo “envolviéndolo todo”. Pero también esperan nuestra complicidad: quien habla en voz baja pide que lo escuchemos, que nos acerquemos más a él. Que participemos de la comunión a la que siempre nos invitan los buenos poemas. Eduardo Chirinos

UN MURMULLO

LOS PERIÓDICOS

Todos los ruidos del mundo forman un gran silencio.

Los periódicos son papeles lentos. Nos cuentan que mañana habremos enterrado un nuevo día que no va a repetirse. Así pasan sus páginas, como briznas, un agua que emborrona titulares, esquelas, anuncios por palabras.   No sé cuál es su magia, si el olor de la tinta, sus manchas en los dedos o tal vez sean sus fotos, nunca claras del todo como el amanecer en un puerto con bruma.   Los periódicos nunca se recuerdan pero llenan estantes de memoria imperfecta. Es algo que aprendí poco después del día en que murió el abuelo Tomás. Él me enseñó a hojearlos, a leer entre líneas, también a que se hicieran necesarios. Esos lentos papeles de los que desconfío.

Joaquín Pasos

Da igual que sea en un bar o al abrigo del fuego al principio del tiempo de los hombres. Siempre ha habido un murmullo envolviéndolo todo:   Las voces de la tribu ocupando la cueva, el clamor de guerreros tras la caza, el estruendo incendiado en las revueltas, el grito enardecido en un estadio, aplausos y ovaciones en la televisión, las risas de los niños que juegan en los parques.   Un zumbido presente todo el tiempo, como un motor en marcha que nunca se detiene. Ni siquiera en las noches se detiene, temblor de luz eléctrica y de vértigo. Son frases inconexas que abrazan la cadencia de las ondas acuáticas si se lanza una piedra en el centro de un lago.   Alguien cree que hay silencio justo antes, del disparo de gracia en un fusilamiento, pero el eco devuelve repetidas las últimas plegarias de los ejecutados.   Siempre ha habido un murmullo envolviéndolo todo, un ruido permanente.   Más que el miedo al silencio,                             el temor de sentir

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Enrique Winter

Los caminos de elaboración que adopta Winter son intrincados, metros difíciles, combinación de ellos, asociaciones por sonido, desdoblamientos, yoes hablando como cada cual habla, ella o él, hasta el mismísimo poeta, conversaciones que se mezclan, que se aúnan, de repente un soneto, opacidades y brillos, en fin, hondos conocimientos de las retóricas, hasta las parodias, hasta las náuseas. Lo notable es que todo esto se logra sin perder la pasión: “Yo escribo porque no tengo otra forma de deshacerme de lo que tengo adentro”. Darío Jaramillo Agudelo

signos de exclamación bocas abiertas dientes de leche había dos niñitos y uno cualquier cosa decía el tío era más chistoso que la cresta eran cochinos los chistes y mi madre jugaba el rol de censurarlo haciendo que nos riéramos más a los diecisiete años de muerto mi tío murió julín serra y como sucede con todos los dueños llovieron obituarios le escribí un poema a mi tío peor que los chistes de mi hermano porque no pensé en mi hermano y ahora son veintitrés los años y uno solo el recuerdo con mi tío versionando sus chistes había dos niñitos demasiado tarde aprendí que yo era el otro

HABÍAN DOS NIÑITOS así comenzaban los chistes que inventaba mi hermano no contaba chistes los inventaba y yo lo interrumpía por fome a uno de los niñitos siempre le pasaba algo se caía por ejemplo y yo le explicaba por qué era fome cuando andaba de ánimo le cedía la ausencia de gracia y teníamos un tío el rey arturo alias julín serra porque julín serra era el rey de los delantales un fabricante de uniformes para asesoras del hogar y a mi tío le decían julín serra el rey de los delantales no por empresario sino porque amó a todas las nanas y princesas de este barrio y del otro hasta la noche de su muerte yo lo recuerdo solo una tarde en que sembró el crataegus o espino pero él dijo crataegus y quedó como cratehue para mi madre para mí y dentro del jugo con mucho hielo que le mojaba la barba al tío flaco sin pega estable escuchando los chistes fomes de mi hermano y riéndose de buena gana

SOLTAR LA CUERDA

Nunca aprendimos a saltar la cuerda. Mis padres la olvidaron en el bazar de Presidente Errázuriz dos nueve cero uno.

me cerraba un ojo como diciéndome que lo cachaba el chiste era fome como le cerró un ojo a mi hermano en el único recuerdo que él tiene del mismo tío viniendo tarde a la iglesia cerrar un ojo hasta cerrar los dos pero antes reírse de buena gana con los chistes de mi hermano como nunca nadie lo había hecho e inventar otros

Al techo del lugar sigue amarrada, balanceando a mi abuelo.

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Ronald Bonilla Este nuevo libro de Ronald Bonilla constituye una profunda y hermosa reflexión sobre el oficio de la poesía. Pero la poesía no es solo el texto y su autor, es el mundo, los otros, el dolor, el amor. Estos últimos cuervos hablan sabia y gravemente sobre el papel del quehacer poético de nuestro tiempo”. Gabriel Vargas A.

LA LEYENDA DEL HOMBRE LOBO Ya no soy el lobo que atisbaba aullando en tu ventana. Una noche quitaste la cancela de la puerta de atrás y otra abriste el pórtico para que entrase sin ser visto, luego, una y otra vez, hasta convertirme en este perro faldero que eventualmente lame tus tobillos, que duerme a veces manso a tus orillas y que a veces emite unos ladridos /inseguros que pretenden protegerte del bullicio de la calle y del vecino. Ahora, ya perdida la manada, olisqueo en la penumbra tu paso de hembra desvestida y pongo mi lomo a tu disposición, para que subas a la antigua terraza de tus mórbidos recuerdos. Sólo que entonces, más entonces que ahora, escapo por el tímido boquete para /el gato y salgo en pos de las lobeznas

que oscuras aguardan /en sus tórridos zaguanes, así vuelvo a ser el lobo de los viernes, o el trece de esa calle que hirsuto levanta las faldas de las idas colegialas con el viento. EPITÁLAMO Señor, dame también el tiempo de mi muerte a tiempo para zarpar sin ropa, sin veleros, aturdido de versos y besos que intenté. Señor, no me dejes sin el instante, sin la sed, déjame estar a tus orillas como un ángel redimido de palabras. Yo solo fui el columpio de tu azar: Tú me diste pobrezas y entusiasmos y a veces aprendí con tus noches a ser el confeso del viento y la neblina. También busqué en la compañera, un puerto adonde asirme de imposibles, un andén que aliviar con mis silencios, una quilla donde esperar los niños y los trenes idos.

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Señor, si has de cumplirme, permita que se cumpla esta palabra en la bitácora sedienta del que ama… Por aquí yo cumplí con proponerte un festín en las bocas de los ciegos, un mordisco de luna, un orgasmo cumplido en el poema. Dame también la muerte, Dios, cuando la vida que me diste se torne un inefable desvarío, y no pueda cantar sino la muerte.


Marina Casado

Estableciendo un juego de palabras con su nombre, Marina, la poeta divide la obra en varias partes que se corresponden con los movimientos de la marea, que identifica con los estados de su propia alma y que bautiza como “retornos” y “fugas”. Con un estilo influido por el Modernismo y el Surrealismo, en el que también está muy presente la cultura pop, sus versos van trazando una suerte de biografía sentimental.

ÍCARO “Yo era... Miradme. Vestido como en el mundo, ya no se me ven las alas.” (Rafael Alberti)

La playa nos convierte a todos en ángeles perdidos. Basta vestir de blanco o dirigir lánguidamente /la mirada al vacío para inyectar poesía en un instante de prepotente realidad. Luz del amanecer o suavidad de telas mecidas por la brisa, y gaviotas suicidas: elementos susceptibles de modelar, desde una perspectiva modernista, unos versos desnudos. Siempre al anochecer la ciudad nos devora y vamos a morir al mar, como ríos callados, a dejarnos mecer entre su espuma, a levantar las alas bajo sus olas caprichosas, porque nadar es recordar aquellos tiempos en que volábamos. Aire o agua salada, peces o mariposas: libertades que nos engullen y nos vuelven de isla, /de coral o de sombra; y es que un día con niebla de algún tiempo infinito -debía ser otoño- también podíamos comprender a los pájaros. Algo pinchó la nube, alguien rasgó las alas, las colinas ardieron y el sol rodó sobre el océano como una bola inmensa de tragedia. Entonces descendimos. 19

Nos recibían rascacielos desgañitados y pálidos neones que me cortaban la respiración; rostros difuminados, trajes grises, recuerdos. Traficantes de azules que reunían a escondidas minerales preciosos con los que construir un sádico reloj de arena disparaban a quemarropa /sobre el plumón ensangrentado de mis alas quebradas, convenciéndome así de que bajamos de los cielos con fecha de caducidad, de que el único juez es el tiempo que expira. Y aquí estoy, descendida, desconcertada entre las luces solas de la ciudad, los automóviles y los inviernos, esperando otra vez aquel amanecer del sur que me devuelva a aquella playa donde poder brillar unos instantes lánguidos como otro ángel extraviado.


Sandro Luna

La poesía de Sandro Luna parece tenue, pero tiene un centro compacto de fuego vivo: como la llama de una vela. Y, también como la llama de una vela, acaricia las cosas sin tocarlas y las ilumina con la delicadeza y la discreción de las verdades perdurables. Su tema es la vida; el día a día: la vida nuestra, familiar. Pero transfigurada. Porque en ella ve Sandro la huella del espíritu: ese ir a las cosas mismas de Husserl; ese sorprenderlas en su mismidad y trascenderlas mediante la palabra. Por eso sus poemas tienen esa transparencia casi mágica.(…) La poesía de Sandro Luna provoca esos pequeños prodigios. Y lo que calla es oro. Agustín Pérez Leal

MIRAR ADENTRO

AGUA Esta sed no se encuentra, sobreviene; un cántaro la lleva, y está roto. NADA

A Leonard Cohen

Tumbado bajo el sol, se ha borrado mi nombre.

He visto sin ser visto. Sólo había belleza.

PARECÍA

(Hojas de hierba) A Josep y Marta

Este milagro somos.

Parecía en el humo vagar mi corazón.

LIMOSNA

Junté toda la hierba y la deshice.

(Mis manos)

A César Simón

Poned en vuestras palmas azucenas y ofrecedlas al sol.

(Dylan jugando con unas azucenas) A mi compadre Dylan

Y yo la alimentaba con mi muerte.

Mirarse del revés, como la transparencia mira a ciegas.

CORAZÓN DE PERRO

¿Dónde la gravedad si nada pesa?

Este Dios sois ahora.

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Librado hasta de amar mi perro juega. Yo no sé qué le escucha a las cosas por dentro; qué silencio le aquieta la membrana del alma. Y lo que calla es oro. Sabueso del vivir, déjame cortejar contigo una azucena.


Otoniel Guevara Los pájaros de Hitchcok es un compendio de micropelículas a las que Otoniel Guevara nos invita para exorcizar el mal tiempo. Cada poema, una historia; cada personaje, una advertencia. Guevara da un pequeño vuelco a su estilo y nos alumbra esta zona de profunda desolación, donde la permanencia sigue siendo voluntaria.

ADRIANO. MUERTE DE BORÍSTENES.

ERNESTO. DESCANSO DEL GUERRERO.

Las relaciones entre Borístenes y yo eran de una precisión matemática: me obedecía como a su cerebro, no como a su amo. ¿Habré logrado jamás que un hombre hiciera lo mismo? Marguerite Yourcenar [Memorias de Adriano]

He de ocultar en lo más hondo de mis venas a mi Antepasado de piel de tormenta surcado de rayos, mi animal guardián. Léopold Sédar Senghor [Tótem]

Abro el poema: un islote de lanzas y abejas queda bajo mis pies.

Bestia celeste, brioso epitafio galopante, ¿Dónde tus venas se infectaron de llamas? ¿Dónde la luz te calzó con su especiería? Timón de mis deseos, la hora final se ha hecho con tu paso, y he doblado mi rodilla con vos, y la hierba no verdece donde creció tu alzarse. El mundo ahora es intransitable desde la tierra firme. La tierra es sólida y los hombres extraños. Voy a enterrarte en mí, como Saturno a su vástago. ¡Oh, Borístenes! Me precipitaré al océano con tu osamenta de leal compañero.

Siembro mi oído en tierra: un guerrero cansado entreabre su peto y el grillo que ahí duerme dispara sus silencios. Cierro el poema: las cuerdas unigénitas de un cello narran un amor postergado: bajo el cielo estallan cárceles y se desprende una crisálida. Miles de muertos vociferan inconformes. Abro el poema: un colibrí nervioso es liberado.

El dolor es un jinete deslumbrado que no encuentra el sendero del abismo.

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Reseña

Chomolangma La acción que se relata en Chomolangma sucede a finales del siglo XXI. Es una ficción distópica que ocurre en un mundo que a un lector mínimamente optimista, tristemente, no le costará suponer. En el cielo, la contaminación atmosférica mantiene una lluvia perpetua insalubre; en la tierra, los terremotos constantes son la respuesta del planeta a la herida del fracking. Las drogas sintéticas circulan gratuitamente anestesiando a las clases bajas. Los medios de información han sido sustituidos por meros expendedores de consignas prefabricadas, que reiteran la excelencia del estado de las cosas. Decía Oscar Wilde de sus contemporáneos: «La mayoría de la gente existe». También en nuestro presente, tan parecido al futuro que imagina la autora, «lo menos frecuente en este mundo es vivir». A un lector común, la peripecia podrá parecerle nimia o deshilachada: varios compañeros de redacción cuestionan el papel que le otorgan unos desdibujados dirigentes al periodismo: se resisten a maquillar la realidad, a renunciar al espíritu crítico; no se conforman con presentar como un regalo la renuncia al yo en un mundo en el que las jaulas van en busca de su pájaro a pesar de que en la ciudad, cubierta de lluvia ácida, sólo vuelan aerocoches y artefactos mecánicos. Este atrevimiento los expulsa de un narcótico sistema que premia al que vende su identidad. Es evidente que la pretensión de Raquel Vázquez no es entretener (por ello se decanta por alternar secuencias líricas y ensayísticas), ni enredar al lector en una intriga política, en una persecución policial o ni siquiera en una tibia y torpe pasión amorosa. Estos pormenores de la historia parecen obedecer a un empeño mayor: el de reflexionar acerca de un mundo que ya ha germinado entre nosotros y en el que muy pocos o casi

nadie se reconoce como no practicante de esa religión, el capitalismo, que rige los destinos de la humanidad desde hace ya seis siglos. La vida, por tanto, aparece dibujada como un ascenso imposible, pero, sobre todo, siguiendo al maestro Huidobro, como una caída fatal, inevitable. Sólo los conscientes tratarán de orientar el descenso: ni las gafas de realidad aumentada, ni las drogas sintéticas evitarán el impacto, porque no bastará pulsar los comandos adecuados para resetear: ni la peor de las existencias ni la más gratificante de las vidas será nunca (tampoco ahora) un simulacro. Francisco Rodríguez Coloma

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La Guardarraya

Violeta & Nicanor Patricia Cerda

Una escritora chilena que vive en Berlín, una especie de otro yo de Patricia Cerda, viaja a Chile para investigar sobre los hermanos Violeta y Nicanor Parra. Para inspirarse recorre los “lugares sagrados” de que habló alguna vez Nicanor Parra refiriéndose a las estaciones de su niñez: San Fabián de Alico, Chillán, Lautaro. Poco a poco va reconstruyendo la infancia de los hermanos marcada por la pobreza. Su madre Clarisa Sandoval quedó viuda con ocho hijos pequeños. El menor, Oscar, tenía apenas meses cuando murió su padre. Su trabajo de modista de trastienda no le alcanzaba para alimentarlos. Para ayudar a su madre, Violeta salía a cantar a la calle llevando a sus hermanos Hilda, Roberto y Eduardo. Nicanor, en cambio, siguió el camino del estudio. Se fue a Santiago a estudiar en el Internado Barros Arana. Allí hace sus primeras incursiones en la poesía. Cuando manda a buscar a Violeta para que también estudie, comienzan las influencias mutuas que los llevaron a convertirse en quienes llegaron a ser. En esa época Violeta lo llamaba mi hermano paire. Pero ella, por su carácter fuerte e insubordinado, no hacía compromisos. No quiso terminar las humanidades. Confiaba plenamente en su talento. Nicanor, más cauto, se dedicó a estudiar Matemática y Física en el Instituto Pedagógico. Para él las difucultades eran otras: ser contemporáneo de Pablo Neruda. La investigadora va también a Concepción, donde tuvieron lugar los primeros encuentros de escritores chilenos y latinoamericanos organizados por Gonzalo Rojas. Cuando los poetas beat Ginsberg y Ferlinghetti viajaron a esa ciudad para conocer a Parra. Después comenzará el reconocimiento internacional, los viajes, los amores.

Es la primera vez que los hermanos están juntos en un libro. La autora logra reconstruir una relación entrañable intrincada en el duro siglo XX, un siglo que no solo en Chile estuvo marcado por ellos. Editorial Planeta. Santiago de Chile, abril 2018.

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Café Literario

Una gaviota en Berlín Texto: Kathrin Schadt Fotos: Christian Ingenlath

H

ace poco un amigo me preguntó, si en Berlín aún existen cafés literarios. Estos encuentros de escritores y artistas, donde ideas, argumentos y vanidades, se mezclaban y en dónde los que no eran parte de ese círculo, se quedaban afuera, respirando ese aire, observando, y quizás soñando que un día quizás también serían una mínima partícula de aquella deseada nube. Me quedé pensando. ¿Adónde voy yo, cuando escribo, leo y busco intercambio? Me dí cuenta, que no voy a cafés o bares ni lugares públicos. Nunca. Cada día me siento sola a mi mesa en casa, feliz de que nadie me hable y que yo tampoco tenga que hablar. Y además odio hablar por teléfono. Pero también me di cuenta, que yo también todavía escucho con curiosidad y gusto aquellas historias de tiempos pasados en Berlín, París, Barcelona, donde se juntaba esa gente como Gertrude Stein, Picasso o Hemingway, para escribir, para chulearse, para ver a los demás y esperar que ellos te vean a ti o más bien te envidien. Me di cuenta, que en mi generación me falta, y siempre me faltó, ese lugar de maravillas. ¿O acaso existe, pero yo no soy invitada (por falta de fama)? También es muy probable.

(seres) en la barra las ideas se van volando sobre el estrecho donde todavía fluye el argot de pescadores ahora ya nadie sabe qué significa Dire Straits quien no fuma da vueltas a su copa en silencio o dos veces a la argolla de su pendiente a mi lado busca una voz carpas multiuso y un cable de rescate para corazones atascados ahora están otra vez en potsdamer platz synchronicity quien quisiera convalecer en esa ciudad? la pregunta retumba ella necesitaría estacas de arena y un spiritus mundi de verdad, de las arrugas de su sonrisa se escapan pinzones de darwin

Claudia Sierich, autora, traductora e intérprete alemana/venezolana, también extraña ese lugar: ese bar, ese piso o café donde se encuentran escritores, artistas, intelectuales de forma privada e informal. “Parece que estos tiempos ya pasarón hace mucho”, me dijo, cuando le pregunté a donde ir en Berlín. Hoy te conectas con otros por las redes sociales, de hecho ni tienes que irte a ningún lugar, para estar simultáneamente en todas partes. Entonces le pregunté a otros amigos escritores y artistas: ¿A dónde os vais estos días para escribir, leer, para encontrar a gente como vosotros bichos raros? Me sorprendieron las respuestas. “Yo solo escribo en casa.” “Soy demasiado adulto para ir a un café literario”, “Odio a otros poetas, entonces tampoco quiero verlos”, “Yo voy paseando y me siento en un banco si me pega la inspiración.” “Escribo en el bus o el metro, observando

Christian Ingenlath 24


La Guardarraya a la gente.” “¿Un café literario? Ni idea.” “¿No solo son y eran para fanfarronear estos lugares?” “¿No es que te echan enseguida, si te pones en un café a escribir o leer un libro más de quince minutos hoy en día?” Claudia Sierich también escribe en casa, en su „Schreibzimmer“ („cuarto de escrituras“), como se llamaba esa habitación en la casa de sus padres en Caracas. Aparte de eso, su lugar favorito para escribir y leer es el Jardín Botánico de Berlín y allí en el invernadero tropical. Además, tanto a ella como también a Esther Andradi, la famosa escritora argentina en Berlín, le encantan las librerías „La Escalera “y “Andenbuch” para lecturas íntimas e intercambios con los dueños u otros lectores. Pero “no existe más ese melting point”, me explicó el célebre poeta alemán Ron Winkler, que escribe ya desde hace 22 años en cafés y bares - solo. ¿Qué cambió entonces? O fue siempre así, que los escritores y artistas preferían trabajar en privado - y es más grande el mito dorado de los cafés literarios y la época de encuentros artísticos de lo que en efecto fue? Ron Winkler también tiene la sensación, de que el café literario como lugar para escribir y además paralelamente, es un mito. Si escritores y artistas se encontraban y se encuentran - era y es - para charlar y divagar.

“Schritte” en toda Alemania justo en estos cafés, bares y locales - cada vez la encuentras más. Aparte existen lugares nuevos, modernos, como asociaciones, que también funcionan como lugares de encuentro, donde se juntan escritores/artistas para colaborar en proyectos compartidos. Como la Lettrétage en Berlín Kreuzberg.

Di con suficiente información sobre estos antiguos lugares de encuentro - y acerca de esa tradición del “café literario” - ya pasada. Concluí que sí han existido, pues gracias a mi investigación, plagada de dudas, fueron apareciendo otras voces, contándome, que estos cafés literarios todavía existen. Cafés con sus viejas leyendas, donde hoy en día, con un nuevo maquillaje, donde corren vientos renovados, poco a poco se reanima esa tradición. La editora y lectora Petra Seitzmeyer me contó que justo en este momento se está renovando esta tradición en Alemania. Es algo que está sucediendo durante los últimos dos, tres años. En algunos cafés, algunos bares y en algunos locales de moda “co-working”, que también tienen servicio gastronómico, pero concretamente fueron instalados para trabajar: donde te pones a escribir, a leer, a tener reuniones con otros artistas. En Maguncia, su ciudad, me podía nombrar directamente cuatro cafés, el “Lille Hus”, “Dicke Lilly - gutes Kind”, “Wilma Wunder” y “Annabatterie”, donde encuentras regularmente otros escritores, artistas y deliciosos pasteles. El editor Axel Diekmann percibió ese movimiento de los últimos años e instaló hace poco la revista literaria reeditada

¿Y no es extraña la vida? Hace poco, una noche, justo cuando andaba con estos pensamientos en mi cabeza, me encontré con mi querido amigo Christian Ingenlath en el establecimiento “Die Möve im Felsenkeller” (“La gaviota en el peñón del sótano”) del Berlín-Schöneberg, para tomar unas cervecitas y hablar de nuevos proyectos y del salón literario “Madame Schoscha” que organizamos la noche anterior. Charlando también sobre cafés literarios en Alemania pedimos una “Linsensuppe” (“sopa de lentejas”) y cuando nos la trajo el cocinero, un hombre gallardo con gorro y delantal como si fuese de otra época, se detuvo en nuestra mesa, justo al lado de su cocina. De su cara redonda y simpática nos regaló una gran sonrisa: “Perdona, pero como cocinero allí detrás siempre puedo escuchar lo que cuenta la gente en esta mesa”. Con su dedo índice señaló una mesa frente a la nuestra y dijo: “La novela „Middlesex“de Jeffrey Eugenides, con la que ganó el Premio Pulitzer, la escribió allí. Además, menciona nuestro bar en su 25


Café Literario novela”. Nos quedamos con la boca abierta. Entonces el cocinero se marchó hacia la puerta de la trastienda en que estábamos sentados, y nos mostró una bufanda colgada detrás de la puerta en un perchero. “De David Bowie”, nos dijo, como si estuviese hablando de su vecino de toda la vida. Eso claramente siempre había sido un mito, nos confirmó más tarde susurrando su hermana Annkatrin, con una sonrisa. Ella es una de las gestoras del bar: “A mi hermano le gustan las historias”.

Esa historia casi se acaba en el año 2007, cuando el propietario del local quería subir el alquiler, que los gestores anteriores no podían pagar. Entonces querían cerrar y vender el interior a Nueva York. Hasta que los medios y el alcalde del distrito convencieron al propietario de no subir al alquiler: Les dieron entonces un contrato con el que hasta hoy no tienen que preocuparse. Desde hace casi cuatro años Annkatrin y Claudia son las nuevas gestoras del establecimiento que tiene una gran oferta de cervezas y la cocina típica berlinesa, como: “Matjessalat. In rosa Tunke. Mit vier halben Scheiben Brot. Der große Teller quillt beinahe über. Dazu ein König Pilsener” (“Ensalada de arenque Matjes. Empapada en salsa rosa. Con cuatro medias rebanadas de pan. El plato desbordado. Y encima una caña de “König Pilsener”).**

Pero todavía los clientes regulares del “Felsenkeller” eran y son Max Raabe (un famoso cantante alemán), Markus Lüpertz (uno de los pintores y artistas más reconocido de Alemanía), Daniel Brühl (el actor alemán/catalán, de fama internacional) y el escritor irlandés Hugo Hamilton, que viene aun regularmente para escribir allí. “No tenemos un bar tan bonito en Irlanda”, dice, y su mujer confirma, que Hugo es mucho más alegre en Berlín-Schöneberg que en Dublin*. Y el mito cuenta, que antiguamente trabajaba detrás de la barra, una de las mujeres del famoso y hardcore “Domina Bar” de la calle “Winterfeldtstraße” (que no existe más). ** Así que aquí encuentras la historia de Berlín en todas sus facetas. Porque “seguro no somos un bar de artistas”, dice Annkatrin con determinación. Se vio que no le gustaba esa clasificación, que más bien siente que es un bar para todos, para ti y para mí. Y que verdaderamente lo es. Un bar en el que, a las cuatro de la tarde cuando abren las puertas durante la semana, los primeros clientes habituales ya piden su primera cañita en la barra, con vista a la calle.

Fue un caballero, de posiblemente no más de 25 años, quién esa noche nos trajo nuestros vasos de cerveza (cañas). El mismo parecía uno de los jóvenes salvajes creativos y estaba tan fuera de lugar con su camiseta hawaiana y sus deportivos blancos en este establecimiento antiguos. ¿Qué historia llevó a ese muchacho joven y moderno a trabajar en un bar como este? Lástima que no le pregunté, cuando nos trajo las bebidas en nuestro “Deckel” (“tapaderas”), que aún existen en ese universo paralelo. Los “Deckel” pertenecen a una vieja tradición de bares, restaurantes y cafés de Alemanía: Cada cliente recibe un posavasos de cartón, donde apoyar su bebida. Y en el mismo posavasos, el camarero pinta una línea por cada bebida que toma el cliente. Al final, el cliente “paga las líneas” de su “Deckel” – o no: Una frase muy popular que nos llega desde tiempos pasados en los bares de Alemania era: “Schreib´s auf meinen Deckel”, que significa “Ponlo en mi posavasos y te pago después (o no sé cuando)”. Me acuerdo del “Deckel” (de mis épocas como camarera) en que se sumaban hasta centenares de euros. Eso aparte.

Situado en la bonita y muy auténtica calle Akazienstraße en Berlín-Schöneberg, el “Felsenkeller” es uno de estos bares típicos y originarios de Berlín. Como los locales en Barcelona, también el “Felsenkeller” es como un tubo, solo de cinco metros ancho pero de veinte metros largo, sin ventanas. La palabra alemana “urig” (que no tiene muy buena traducción al castellano para captarla: auténtico, original) describe el establecimiento mejor: Es sombrío, con muebles de madera oscura. El interior con paneles de madera de los años veinte en las paredes. En una vitrina hay una exposición de ceniceros antiguos con gaviotas de porcelana. Encima se cierne una gaviota embalsamada y enorme, su mirada rigurosa no se pierde nada de lo que está pasando en su habitat. El interior de la trastienda apretada en el fondo del local, subiendo por una escalera pequeña, es de otro bar del 1900. Se ven aun los “Séparées” antiguos, con sus ventanitas y cortinas, pero detrás solo está la pared de la trastienda, esas puertas no llevan a ningún apartado, solo a la nada, lo que a mí me daba la impresión de estar en la historia de Alicia en el país de las maravillas.

Nuestro “Deckel” aquella noche, también llevaba bastantes “líneas” que teníamos que pagar. Cuando se fue mi amigo al water, pagando el tributo del arte alemán de la cerveza, me quedé allí, solita en ese rincón, respirando el aire de aquella nube, que aparentemente encontró Jeffrey Eugenides en la mesa enfrente. En estos cinco minutos entonces escribí un poema con el bolígrafo del camarero, que dejó salpicones, en una servilleta. La perdí medio borracha en el camino a casa.

*Entrevista en el “Tagesspiegel”, 2015 ** Articulo en el “Tagesspiegel”, 2000 26


La Guardarraya

SEMBLANZAS ELIANA MALDONADO Colombia Por Carolina Gallón Londoño JENNIFER GARCÍA ACEVEDO Colombia Por Margarito Cuéllar CARMEN MAROTO

España Por Julia Gutiérrez

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Semblanzas

Eliana Maldonado

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La Guardarraya

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Huellas de viaje Sobre la obra de Eliana Maldonado

Parece que en la literatura siempre viajamos. Desde casa hacia el Pacífico o, desde la adultez hacia la infancia. Del consciente hacia la admiración del inconsciente, diría un conocedor de la psiquis.  Y como lectores, entre los versos de Eliana Maldonado Cano también podemos ir a la casa de un niño en un barrio cualquiera o hacer un recorrido por los cuerpos. 

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sus textos cortos para que le digan a Padre todo lo que habita en  sus memorias y lo exhortan a él para que no olvide: “Padre, no cierres los ojos. Recuerda. Recuerda. Recuerda. Recuerda. Recuerda mientras yo olvido” al tiempo que ellos logran liberarse de ese pasado que les pesa y dejarán para siempre en el fondo del pozo. El libro Cartografía de la lluvia, publicado en el Salvador, reúne poemas de  Bajo la Piel,  Lunas de sombra  y  El silencio es cierto -que aún está inédito-. Es una antología que el Proyecto editorial La Chifurnia prepara para su festival anual de poesía. Reúne cerca de veinte poemas que dan cuenta del proceso de creación de la autora y revelan el cambio paulatino en el tema, muestra poemas que llevan al lector a pensarse la ciudad, lo social y las problemáticas de Medellín, la ciudad que habita. Más allá del cuerpo físico, hay un habitar el espacio, el dolor, la miseria y las transformaciones humanas. Un viaje entre lo cotidiano y lo humano.

En cada libro no hay sólo los ojos de un ser. A través de su autora las vidas y las visiones de muchos se hacen poema y prosa. Se logra sentir como lo exige la poesía. No dice  Sol ardiente en la arena, nos hacen sentir su calor abrazador. No dicen abuso de padre, nos deja el dolor del golpe en el alma. Sus libros, que este año llegan a cinco, el último recientemente lanzado en Feria del Libro de Bogotá, El pozo de la infancia (2018) de Sial Pigmalión, Cartografía de la lluvia (2016) Proyecto editorial la Chifurnia, Hacia el Pacífico (2015) Cuadernos Negros, Lunas de Sombra (2010) Sílaba editores, Bajo la piel (2007) Hombre Nuevo editores; le han permitido recorrer un camino en que se nota la madurez como escritora y el riesgo, que, aunque ha estado desde su primera publicación, ahora se evidencia en tono de denuncia, curación y entrega.

Sólo hasta el siglo XX  se da reconocimiento al viaje femenino, esta autora perece estar viajando desde antes de su existencia en este plano, desde los primeros libros trata del amor y el erotismo como si los hubiera vivido en todas sus formas, de las mujeres que la habitan y de los tiempos mismos de la creación del Mundo.

Sólo hasta el siglo XX  se da reconocimiento al viaje femenino, esta autora perece estar viajando desde antes de su existencia en este plano, desde los primeros libros trata del amor y el erotismo como si los hubiera vivido en todas sus formas, de las mujeres que la habitan y de los tiempos mismos de la creación del Mundo. En el  Pozo de la Infancia, Eliana no viaja a otro territorio, pero da visibilidad a los hijos que viajan de ida con sus padres y de regreso con sus recuerdos, aprendizajes, culpas y miedos. Es otro viaje, pero la diferencia es la imposibilidad de salir de éste camino, el de la infancia en la que los pequeños en una ciudad en guerra no se cuentan como víctimas a pesar de vivir el conflicto. Ella les da voz, les ofrece la denuncia en

Esta escritora enamorada de las grandes urbes no desconoce que es requerido el viaje -como lo dice Óscar Jairo González en el prólogo de Hacia el Pacífico - a veces para “huir de sí misma”, en que el Yo se deshabita para hacerse sal, mar, acantilado, amante. Para gritarle al otro que se ha fundido en su cuerpo que “necesita que disuelva las murallas”. Es un texto como el océano, pero no en calma, es contundente como el golpe de las olas contra el acantilado de Miraflores, es sonoro como

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Semblanzas el viento entre las rocas y sublime como los atardeceres en Lima. Es un libro que comienza en un carbonero contando una historia y termina sentada en un café con un fracaso rotundo “inventando el amor todos los días/ con mi pluma de flores y raíces secas”. Y como si fuera en una máquina del tiempo, este recorrido nos permite ahora alunizar en un texto en el que la familia aparece con fuerza Luna de sombras. Dividido en dos apartados Entre ladrillos rojos y Más allá de las horas, allí en el poema Alba se recuerda que “En esta vida morir no es nuevo / lo nuevo es nacer,/ salir del útero” y va avanzando hasta crear un Conjuro para regresar a un hombre de la selva y logra ir llegando a Maternidad en la que el ya es posible ser “bóveda celeste /en infinita noche y sin estrellas (…) soy canal, / soy cobijo,/ alimento” todo, para lograr después de una Metamorfosis en la que “No seré más capullo amorfo / oscuro y protegido” y mil veces nacer otra vez en la Última reencarnación.

Habla entonces la poeta viaje del yo, el viaje en el que el poeta más que lugares, se cuenta a sí mismo en esos espacios que al llegar ya lo habitan y no hay manera de dejar de ser un poco de ellos. Hay un día que se regresa y entonces el papel y la pluma esperan, el viaje se condensa, se hace relectura de las notas, y se hace el libro.

Esta escritora enamorada de las grandes urbes no desconoce que es requerido el viaje -como lo dice Óscar Jairo González en el prólogo de Hacia el Pacífico - a veces para “huir de sí misma”, en que el Yo se deshabita para hacerse sal, mar, acantilado, amante.

Además de estos textos, Eliana ha publicado en proyectos que hacen parte del Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín en los que ahora pasa sus días sin dejar la exactitud de la ingeniería y el rigor que esta le ha dado a su ser, así aparecieron Algebra de estrellas (2013), producto de un ejercicio del Taller de escritura que acompañó mientras fue Promotora de lectura y un texto para el libro Historias que no son cuento (2014) que presenta una crónica que da cuenta de este tiempo. Reconociendo la necesidad de una formación juiciosa y profunda realiza ahora un doctorado en literatura en la Universidad de Antioquia, en el que ha encontrado el interés de indagar por la memoria, lo ancestral y las culturas indígenas, para ello estudia la obra del escritor, poeta, traductor, profesor, antropólogo y etnólogo peruano, José María Arguedas, apasionada como siempre, ha viajado en múltiples ocasiones a Lima, estudiado Quechua y compartido su tiempo con los habitantes para poder desentrañar el sentido de la obra.

Es tiempo de llegar al final del viaje, que es el principio de la historia de sus publicaciones, Bajo la piel es el primer libro de la autora, está compuesto por poemas escritos desde 1995 cuando inicia el proceso de escritura, muchos de ellos muestran la tensión entre la literatura y la ciencia, esperable en una ingeniera de petróleos hipnotizada por las letras.  Esta se evidencia en varios poemas como Perforación, en el que le presenta al lector un viaje hacia el fondo de la tierra y lamenta el maltrato que la necesidad de explotación genera. Poemas que hablan de áreas en el sentido matemático y humano. Este libro compila lo que quedó de cientos de ensayos y trabajos en la búsqueda de una voz propia. Lo que finalmente agrupa este libro son los temas del cuerpo, el erotismo, el viaje por las sensaciones y el placer.  Un reconocimiento que explora desde una mirada femenina a veces dulce a veces mordaz.

Carolina Gallón Londoño Colombia, Mayo 2018 Licenciada en Lengua Castellana Ilustradora y Magister en Educación 30


La Guardarraya

XXVIII

XXXI

Todo está planeado. Me levantaré cuando la Hidra esté en el cénit. Caminaré en dirección de la Cruz del Sur. Los pájaros estarán en sus nidos y el búho, que a esa hora gira la cabeza a la izquierda, no me verá pasar. Solo tengo miedo del rumor en el pecho, será incontenible y aquí, en este valle, resuenan con fuerza los ecos. No llevo más equipaje que la piel y un juego de párpados. Emergeré en la segunda ola que rompa en la mañana. De hacía el Pacífico

Aún no hemos probado todas las puertas, las entradas y salidas. No hemos atravesado puentes, ni escalado acantilados, ni avizorado amaneceres ni ocasos. Aún no hemos escrito a cuatro manos, ni leído poemas en otras lenguas, ni inventado la nuestra. Para qué partir si hacen falta siglos de vidas y muertes, años de rodillas rotas. Solo hemos visto el mar, amor. El mar. De hacía el Pacífico

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Semblanzas

Jennifer GarcĂ­a Acevedo 32


La Guardarraya

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Los puentes del poema

Julio Ortega ha dicho que el horizonte de creatividad de esta poesía, refriéndose a los nuevos registros de la poesía de habla hispana, es un diálogo también con otras formas expresivas. Lo que me lleva a pensar que a veces la poesía tiende puentes extraños y que los puentes de la poesía suelen ser quebradizos, aunque también los hay hechos con mejor material y se puede ir sobre ellos sin riesgo de colapso.

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todo les parece monótono, sombrío y desencantado. Y no se equivocan. Su herencia, recordando a Rosario Castellanos, es una red de agujeros. Tienen el poder de la palabra, pero no es suficiente. Tienen la energía de la juventud, pero no es suficiente. Pueden tener el don o el martirio de la belleza, y eso empeora las cosas.

Jennifer García Acevedo pertenece a la generación de poetas latinoamericanos que en plena y explosiva juventud se encuentran ante la disyuntiva de hacia dónde dirigir la barca poética. No porque sean unos desorientados sino porque lo saben todo y a la vez todo les parece monótono, sombrío y desencantado. Y no se equivocan.

Hace casi un año tuve la oportunidad de leer mis textos en el Festival de Poesía de Medellín. Digo esto porque los primeros cimientos del puente del que les hablo comenzaron ahí. Eran días y noches que no tenían fin. Empezaban en los recitales y acababan en las habitaciones o en las calles de Medellín. Una de esas noches conocí a la estructura del puente del cual les hablo: Jennifer García Acevedo, de oficio poeta. Es decir, amante de las causas perdidas. Había leído algunos de sus textos pero esa noche, mientras todos bailaban y yo bromeaba con dos amigos chinos, sentí un agudo texto clavado en la espalda. Volví la mirada y eran dos enormes ojos que buscaban en el infinito una respuesta a la vida, al destino, a la poesía.

Los poemas de Jennifer apuntan a la memoria como una metáfora del tiempo. No les interesa permanecer en el mundanal ruido de los recuerdos, ni sublimar el tiempo vivido, sino más bien buscar una patria. Algunos de sus compañeros de barco generacional siguen la ruta de la experimentación o del estruendo, la poeta se apega a una musicalidad que en los poemas en prosa alcanza una fuerza mayor.

Los días que siguieron los poetas ocupamos distintas plazas. Yo tuve por suerte conquistar Fredonia. O mejor dicho, dejé que Fredonia le diera solidez al puente que ya para entonces crecía. En Fredonia reinaba la poeta de ojos grandes, tristes y luminosos, como sus poemas. Al volver a México leí más de cerca sus textos. A todas luces era una voz que comenzaba, pero comenzaba muy rápido y como suelen suceder con los jóvenes que han decidido empuñar las armas de la palabra, se desesperan con facilidad. La vida no los arropó de paciencia. Lo quieren todo, no para hoy, sino para ayer, pues el mañana no existe. Mañana se habrán suicidado o cambiado de ruta o habrán desistido de su intento de ser poetas.

Hay poemas de Jennifer en los que el paisaje parece desprenderse de una nube y desparramarse en la lluvia de las ciudades que la habitan. Donde el ave es el pretexto para evocar el vuelo, los colores, la muerte misma. Luz y silencio, por sobre todas las cosas. Ausencia y vacío para el equilibrio de las ruinas. “No importa cuántas lluvias caigan,/ al final del día/ la tierra permanece desnuda.” ¿De dónde surge esta voz? Del desorden del mundo y de las cosas. Irrumpe desde la belleza de lo que no se ve. Yo diría que desde el misterio mismo que nos oculta la poesía de todos los tiempos. ¿A quién se dirige esta voz? Yo creo que a otros huérfanos similares, a otros desheredados. Aunque quizá emerge del sueño, del delirio o de la tempestad misma.

Jennifer García Acevedo pertenece a la generación de poetas latinoamericanos que en plena y explosiva juventud se encuentran ante la disyuntiva de hacia dónde dirigir la barca poética. No porque sean unos desorientados sino porque lo saben todo y a la vez 33


Semblanzas

Como la lluvia, los poemas de Jennifer dejan siempre una huella a su paso. Pero no se evaporan, van tomando cuerpo hasta convertirse en piezas plenas de claroscuros que buscan la luz.

La ventana al poema en prosa puede tener vista lo mismo al mercado de una plaza que a los rincones más oscuros del mundo. Las piezas sueltas de lo cotidiano se engarzan al poema, ya se trate de una jaula, un tablero de ajedrez, la dualidad discursiva hombre-animal, las formas de la luz o un rebaño de palabras.

Hay poemas de Jennifer en los que el paisaje parece desprenderse de una nube y desparramarse en la lluvia de las ciudades que la habitan. Donde el ave es el pretexto para evocar el vuelo, los colores, la muerte misma. Luz y silencio, por sobre todas las cosas. Ausencia y vacío para el equilibrio de las ruinas.

Celebro los textos poéticos de Jennifer García Acevedo porque sus piezas brillan con luz propia y tarde o temprano ocuparán un sitio visible en las letras de su país. Porque sus versos no intentan deslumbrar sino alcanzar un orbe más intenso desde una cotidianidad en la que el poeta mismo es su propio fantasma. Jaime Labastida, al volver a Heidegger, nos recuerda que hablar es un modo de oír. En este sentido va el discurso poético de la poeta.

Mención aparte merecen los poemas en prosa. Entrar al poema en prosa es dirigirse al fondo de los pantanos. Sobre todo porque para llegar ahí se requiere de resistencia y de una respiración adecuada. Sobre todo porque para llegar al poema en prosa, como poeta y como lector, hay que afinar bien el oído y mantener el equilibrio sobre una delgadísima cuerda.

Margarito Cuéllar Monterrey, México, mayo 11 de 2018

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La Guardarraya SETENTA Y CUATRO VECES “El eco de ninguna voz toma la palabra Y aclara con entusiasmo los secretos de los mundos” Wislawa Szymborska

Haría falta decir la palabra “tierra” setenta y cuatro veces, para entender la complejidad del mundo y su amplitud inquebrantable. Setenta y cuatro veces porque siete son los días que sumados a otros siete y en una sucesión infinita hacen la vida del hombre. Cuatro, porque es el número de horas que he tardado en entenderlo. He pensado en la tierra con la conciencia del bien y del mal, he recordado el instante en que vagamente caí al sueño y una mano pareció alcanzarme desde el fondo con su puñado de agujas imaginarias y conté con la suerte de desaparecer a tiempo. A pesar de todo eso, en esta hora, mi cuerpo se encuentra en buen estado, las cosas firmes sobre el escritorio, ninguna reclamación del cielo. Concluyo que ni el sueño, ni la conciencia de una cosa y de otra logran dañar definitivamente al hombre. Pero un número, un número ha bastado para poner sobre mi mesa la claridad e incertidumbre de todas las cosas, sin necesidad de atravesar la frontera para viajar a otro país, sin necesidad de enumerar una tras otra las respuestas que el libro de historia me ha puesto por delante. Setenta y cuatro veces digo tierra y el mar se abre ante los ojos con la rebeldía de las cosas olvidadas, setenta y cuatro veces y en otro país bajo el sol se da inicio a una guerra, setenta y cuatro veces y veo a las mujeres llegar a sus aldeas con su misma carga de todos los días. Todo se ajusta a una cifra hecha a la medida de las casualidades, pero la realidad exige vivir cada cosa antes de dar testimonio de ella, no es conveniente intervenirla aunque haya signos y señales, más oportuno abrir la jaula de un pájaro y decir: “Esto es la libertad” aunque en el nacimiento hayamos tenido la única prueba de ella y no nos diéramos cuenta.

NOMINACIÓN DE LAS COSAS

EL JUEGO DE LA CREACIÓN

La dificultad está en reconocer un cuerpo y nombrarlo de distinto modo cada día. La universalidad cabe en esos nombres y reconstruye la forma del cuerpo mismo. Hay un encantamiento en otorgar al cuerpo de una mujer el nombre de un fruto y en relacionar las manos del hombre con la rama de un árbol.

El agua, contenida dentro de la nube, de vez en cuando toca la tierra para que los hombres puedan guardar la certeza del mar.

Cada cosa retorna hecha espíritu al ser concebida en ella una posible humanidad. El cielo tiembla sobre cada cabeza de animal o de hombre cuando una mujer de cualquier lugar es llamada “cielo” y ve subir la marea entre sus manos.

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Del mismo modo ocurre con Dios, cada cierto tiempo los hombres pintan paisajes sobre un lienzo blanco. Allí, como en el principio, Alguien está sacando de entre la nada todas las cosas.


Semblanzas

Carmen Maroto

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La Guardarraya

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La frescura y la verdad de Carmen Maroto

Después de haber pasado por periodos de esplendor y de casi desaparición, confinada en departamentos académicos o relegada a una popularidad a la que se le atribuyeron connotaciones despectivas, asistimos a un “revival”, a un momento dulce de la poesía donde Carmen Maroto y sus versos tienen mucho que decir. Entre mareas de versos que nos rodean, Maroto irrumpe con fuerza por muchas cualidades, pero sobre todo por su frescura y su verdad. La frescura de una poesía madura que desafía e ilumina los límites del amor, de la vida y hasta de la propia poesía, de lo esencial. Su manera de contarnos el amor sorprende tanto a los lectores más exigentes y eruditos como a los que se inician en la lectura poética, conecta perfectamente con cualquier tipo de audiencia y no deja a nadie indiferente. Yo conocí su poesía antes que a ella y me cautivó desde el primer momento. Sus versos me hacían volver a leerlos y me sorprendían tan profundamente que empezó a ser costumbre buscarlos cada mañana acompañando mi café o cada noche como última lectura y siempre me iba a dormir con alguna emoción retenida y sabiendo de la sencilla complejidad que hay detrás de lo que puede parecer simple. Nada más lejos de la realidad, no se engañen, es una poesía con mucha profundidad que no cae en vaguedades ni ambigüedades léxicas, sintácticas o semánticas.

de su lectura hasta el final. Sigan el recorrido propuesto, incluso, vuelvan a leerlo empezando por el final. La Saliva de los Versos se bebe de un trago y siempre te deja con ganas de más. El mayor logro de este libro imprescindible es que llega, toca fibra, lo mejor es que hace sentir.

Entre mareas de versos que nos rodean, Maroto irrumpe con fuerza por muchas cualidades, pero sobre todo por su frescura y su verdad. La frescura de una poesía madura que desafía e ilumina los límites del amor, de la vida y hasta de la propia poesía, de lo esencial.

Con una mezcla de tono confesional, con el que se acerca al lector, y de tono imperturbable, con el que nos habla y nos nombra la realidad sin necesidad de justificar nada, esta poesía intimista convence. La naturalidad con que Carmen Maroto lo domina da un toque personal e inconfundible a sus poemas. En ellos prevalece la aceptación de una realidad erotizada por una voz desencarnada y templada en la experiencia de la cercanía donde la poeta utiliza un lenguaje directo, sin demasiados ornamentos, preciso, desnudo en el que sobresale su claridad, su fuerza evocadora y sus potentes imágenes, “paraliza mis muslos / y come de mí / esta noche”. La conjunción de la palabra adecuada con la evocación de la imagen forma un tándem perfecto. La palabra justa aparece como la detonación de un disparo inesperado, te detiene el pulso para luego ser el eco lejano de un cohete que después de la explosión permanece, “hay días / que cuesta resucitar, / da gusto / quedarse muerto”. Imposible abstraerse si no cambias de página donde te vuelve a pasar lo mismo y así hasta el final del poemario. Carmen Maroto conoce a la perfección el lenguaje del cuerpo, el cuerpo como texto y el cuerpo como lugar donde confluyen los placeres y los sinsabores de la vida. En él construye versos táctiles y evoca

Su primer poemario, La Saliva de los Versos (Babilonia Ediciones, 2015), es, en esencia, lo que podría llamarse Poesía, así con mayúsculas. La autora se deja una parte de sí misma en cada poema, donde podemos apreciar que la poesía de la autora y la vida es una misma cosa, como ella misma dice “la poesía se ha convertido en el lugar donde me cuento y me encuentro”. No se puede entender a la poeta sin su poesía. Sin embargo, no se llamen a engaño, la autora sabe perfectamente dónde está el límite entre literatura y realidad. Una vez sumergidos en los versos es imposible abstraerse 37


Semblanzas de una forma arrolladora ese algo más después del goce de un contacto íntimo: “conocer eso que eres / después del temblor. / Eso que eres / después / del mío”. La poeta pone de manifiesto la necesidad de amores sinceros trascendiendo el cuerpo como frontera en versos repletos de sensualidad. Ella se refugia en unos labios “allí / donde se cruzan las lenguas / buscando / nuevos caminos” y mediante la piel deja indicaciones claras, un mapa corporal para llegar hasta ella y así demanda “No tengas prisa en amarme. / Hazme despacio… / excava mi vientre. / Entra a desenterrar / el amor. / Si todavía queda”. Como decía, también es el cuerpo un mapa donde Maroto muestra sus cicatrices: hay un pájaro herido en mi espalda / y su aleteo / revuelve los versos / que no consiguen volar”.

extendida en medio de un mundo que finge ser feliz, “Soledad, / qué rúbrica temblorosa / tienes.”, y de todo su peso “un destierro. / Un gemido. / Un poema solo.” y muestra sus incertidumbres y sus dudas que se vuelven nuestras “Lo admito, / a veces / soy una extraña para mí misma /…Lo admito, / a veces / me abandono a la tristeza / que supone / ver el fuego consumido”.

A veces, con versos estremecedores, conmovedores por donde la autora destila el dolor, la angustia, el desgarro, el amor, la sensualidad incluso la ironía con una sutileza y elegancia que maneja como nadie, nos lleva a la paradoja de un dolor con sabor a dulzura o de una dulzura con sabor amargo, “Me dijo que no había nadie como yo / y le creí. / Las otras también”. Con todo esto, existe un lugar para la ternura, para la pasión en esta mezcla de heridas y fuego, “y entonces mi piel te reconoció / y supe de su sufrimiento” o estos otros versos, “escribo sobre el amor / que no me ha sucedido”. Porque Carmen Maroto sabe que el amor es algo más que una palabra y un código que lo defina. Arremete contra los mitos del amor romántico y busca incesante el amor dentro de la exigencia de ser entre iguales, un amor libre y liberador del ser mismo terrenal y real en el que no tienen cabida los cuentos de hadas ni las traiciones. Por eso, ella apunta a un amor como su poesía, sin demasiados adornos: “He venido sin rituales / sin ropa / sin anillos, / he venido en carne viva”. Se muestra incrédula, a veces, de que exista, pero es su doble negativa la que resulta en afirmación: “Te reíste de mí / cuando te dije / que yo no creía en el amor / y tú presentiste / que salía todas las noches / a buscarlo”. Se mueve entre el rechazo y la búsqueda constantemente y deja un hueco a la esperanza para que “si entras / en mi beso, / yo te escribo / una historia / -insisto- / con los pies en el suelo / de un cielo prometedor”. Conscientemente analiza y se asoma a la realidad de una soledad muy

Aunque el hilo conductor de su poemario es el tema del amor, cabe destacar, en su recorrido poético, también su interés por temas sociales, especialmente su implicación en los temas que atañen a su condición femenina y su capacidad de derribar mitos. Es una mujer quien escribe y lo hace desde ese lugar con el que también está comprometida a nivel social, personal y poético. Se rebela contra los mitos que han atado históricamente a las mujeres y lo dice alto y claro, “Y no quiero salvarme. Y no confieso” No necesita ir muy lejos, ella habla de ella misma como hija, como mujer, como madre, figuras socialmente dibujadas con un aura mítica y que Carmen Maroto subvierte con total naturalidad, sin tabúes y por eso brilla, porque ella sale de frente ante una sociedad habituada a callar aquello que considera una invasión de su intimidad y que no son más que corsés que la limita. Siguiendo la línea del amor que cruza el libro y la poesía Marotoniana en general, también tiene lugar el amor de hija y el amor de madre donde ella subvierte esa visión sólo de madre protectora para dirigirse “a mi hija por rescatarme siempre” despojándose de clichés en torno a esa figura y que este acontecimiento merme en absoluto su ser de mujer. 38


La Guardarraya Aunque el hilo conductor de su poemario es el tema del amor, cabe destacar, en su recorrido poético, también su interés por temas sociales, especialmente su implicación en los temas que atañen a su condición femenina y su capacidad de derribar mitos. Es una mujer quien escribe y lo hace desde ese lugar con el que también está comprometida a nivel social, personal y poético.

abruptamente incendiaria o profundamente tierna sin caer nunca en la cursilería y siempre con elegancia. Si además de todo esto, tienen la suerte de oírla recitar, de su manera de contarnos su poesía, eleven al cubo cualquiera de las sensaciones que les provocará su poesía. Hay grandes poetas que pierden fuerza es esta otra faceta, y también ocurre lo contrario, poetas mediocres que al ponerlos en escena, consiguen un efecto ilusorio de grandeza. Pero en el caso de Maroto contamos con ambas cosas, una poesía de primer nivel y un saber recitar que hace que sea una delicia escucharla. Tan personal que se les hará extraños oír sus versos en otros labios. La poesía de Carmen Maroto rompe con la previsibilidad de gran parte de la poesía escrita en español desde finales del siglo XX hasta nuestros días. Es motor y alivio. Su compromiso y su honestidad personal y poética hacen que desde su posicionamiento, donde su única pretensión es escribir poesía, le sea indiferente ser o parecer una “poeta cool”. Ni le interesa ni lo necesita, es consciente de lo transitorio de algo que puede que ni siquiera exista más allá de un momento o un término. Con un bagaje cultural literario importante y consistente, la autora logra tener un sello propio, consigue que sus poemas no suenen ni recuerden a nadie más, algo muy difícil de adquirir pero que en ella, al igual que escribir, no supone ningún tipo de esfuerzo.

Maroto muestra su enfado con la vida misma y se reconoce errática como ser humano que es. Lanza las verdades a la cara, sin filtros ni máscaras. En ocasiones, muestra una angustia que se torna masticable y, otras veces, rompe con una palabra que oxigena y calma. Y desafía, desafía las normas, el poder, el conocimiento impuesto consciente también de su androcentrismo y trasciende sus límites. “Desobedezco a conciencia / y cuando voy a ciegas / busco la espuma de un mar / que alivia la historia / de mis heridas”. La poesía es el medio y el remedio por el que ella trata de reconciliarse con un mundo que le repele, con un mundo del que ella se muestra disidente y muestra sin reparos su disconformidad “La poesía viene a explicarme / las cosas comunes / y dejan de serlo”. Es el lugar donde ella resucita: “Le pedí a la poesía / que me prestara / el privilegio / de otra mirada / sobre las cosas” porque con ella “cruzo la estancia / y me expando más allá / de los códigos / y de los postigos, / de los imposibles / y las encrucijadas”.

Decía al principio que leer la poesía de esta poeta y leer La Saliva de los Versos me hacía volver asiduamente, releer una y otra vez y eso es porque a medida que te sumerges en su lectura, te abre la piel, te mantiene con los sentidos en alza desde la primera a la última palabra, en ocasiones, tan rápidamente que no sabes si sus versos te acarician o te laceran. Yo siempre tengo sus poemas a mano por si me despierto en la noche y necesito un beso o una lágrima. Compruébenlo ustedes mismos.

En la poesía de Carmen Maroto, la identidad personal y la identidad poética se funden en su capacidad para nombrar aquello que el pudor convierte en indecible, “Pero qué puta se vuelve mi alma / que se vende a mis espaldas / por un escalofrío”. Sus versos apuntan a la desnudez casi amoral de la vivencia y los engranajes que determinan su relación con los otros. Traducir esto al lenguaje, muchas veces impreciso, no es nada fácil pero ella lo hace con total naturalidad, con la exactitud en sus poemas más extensos y la verticalidad en los más cortos pero importantísimos. No se trata de una poesía complaciente para endulzar los oídos más púdicos, puede ser refinadamente cruel,

Julia Gutiérrez Huelva, Mayo 2018 Filóloga inglesa 39


Semblanzas MIS PALABRAS

LLEGAS TÚ

escogen su propio destino, no escuchan órdenes, andan en grupos incontrolables, se amotinan en mi lengua cuando hablo de ti.

hablando de un mundo que llevas dentro y que jamás ha visto nadie, me creas expectativas de tierras por explorar, abres en canal mi carne para depositar palabras que detienen todas las atrocidades del mundo, te ríes a carcajadas de la versión oficial y dices que la vida está ahí fuera y maldita sea, desordenas mi orden cuando recitas a Leonard Cohen “a mil besos de profundidad” y me sumerjo contigo en todos los mares y cuando te vas no dejas notas y provocas un descosido más en todos mis rotos y yo me quedo preguntando si te inventé para escapar de tierra firme.

HAY UNA REVOLUCIÓN Pendiente en esa mujer. Y extrañas partituras de una música que te invita a bailar. Y un temblor frío por el mundo que tanto le asusta. Y un Dios ausente que no ha llegado a conmoverla. Y esa fragilidad tan típica de las valientes. Y un amor real para todos los días de tu vida. Y los clásicos gritos de la maldita soledad. Y el sutil cansancio que aparece con la intensidad. Y un poema en las entrañas que la hace inmune a la indiferencia. Solo cuando se ríe o cuando llora, parece humana.

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La Guardarraya

OTROS ACENTOS BARBARA POGAÄŒNIK Eslovenia JALAL EL-HAKMAOUI Marruecos INGEBORG ROBLES Y ZEPF Alemania

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Otros acentos BARBARA POGAČNIK (Eslovenia, 1973) poeta, traductora y crítica literaria eslovena, se graduó en lingüística románica y literatura de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica y completó su maestría en la Sorbona de París. Ha publicado cuatro libros de poemas: Poplave (Inundaciones, 2007), nominado al Primer Premio al Mejor Libro; V množici izgubljeni papir (Hojas de papel perdidas entre la multitud, 2008), un libro bilingüe Modrina hiše (El azul de la casa, 2013) y Alica plaščev v deželi (Alicia en el país de los abrigos, 2016), dos de ellos por la mayor editorial eslovena. Su poesía en traducción ha aparecido en 30 idiomas y ha participado en más de 50 diferentes manifestaciones literarias en cerca de 20 países diferentes. Ha sido escritora en residencia en varios programas internacionales. Su libro en español titulado “Buenas noches, estación” será publicado en 2019 con Isla Negra Editores de Puerto Rico.

PAISAJE CON MEDUSA

CUANDO EL SILENCIO NO HABLA

Una medusa es 90% agua, su garganta es muda. El benéfico hongo Kombucha crece sobre el agua. A mí no me prepararon para recorrer esta árida garganta con sus anillos rojos donde me encuentro con bacterias amistosas, y te digo, los árboles en una avenida antes de la noche son verdaderamente altos, y, te lo digo, una larga e incierta espera pasará, arrebatada de la mano como seda. En el momento en que el muchacho se encuentra de repente desnudo ante mis manos, reflectores apuntan directo a nosotros, y nosotros silenciosos como medusas. El agua sucia está siendo aplastada en el exprimidor, Tantas sábanas han sido lavadas, pero la garganta sigue roja. Los anillos en la garganta se mueren ahora por saber si todo esto es acerca de besarse. Alterar el paisaje es un gran trabajo, Sin embargo cada uno debería escuchar la historia acerca de los árboles y el paisaje con una medusa en la garganta.

El rocío, el rocío, las hojas lanceoladas a través de las cuales golpea el rocío y nos cubre; el retraso de las hojas de hierba en el umbral, y una corriente de ojos se vierte volviéndose rocío. Qué manera de no escucharse el rocío en nuestras gargantas ni en el limo del estanque. ¿Cómo alivianar la armadura del suelo congelado? ¿Cómo drenar la pesada noche que oprime al rocío? La noche en la que palos, puntas de lanza, anzuelos se acuñan obstruyendo el camino, porque el rocío no tiene manos. El rocío, el rocío se evapora como un polluelo, como si se posara en la noche a ver las luces vivir antes de caer al valle. Traducción por Nelson Ríos (revisada por George Mario Angel Quintero y Françoise Roy)

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La Guardarraya JALAL EL-HAKMAOUI (Casablanca, Marruecos, 1965). Vive y trabaja en Rabat donde enseña traducción literaria. Ha publicado varios libros de poesía en árabe, entre los que destacan: Certificado de celibato (1997), Berlín(2004), Ir un poco al cine (2007), Lo que no ha dicho a Al Pacino (2013), Perfect Day (2017), Lo que no ha dicho a Bob Dylan (2018). Además un ensayo sobre la cultura marroquí moderna y una decena de traducciones. Es fundador de la revista francófona marroquí Electrón libre. De 2002 a 2006 es director del Festival de la Poesía Mediterránea de Rabat, organizado por la Unión de los Escritores de Marruecos. Es traductor al árabe de Lorand Gaspard, William Cliff, Francoise Lalande, Patrick Chamoiseau, Florence Pazzottu entre otros. Es reportero para periódicos y revistas marroquíes y árabes y director de la revista electronica de poesia internacional.

BEDAINE Bajo los escalones de cuatro en cuatro. La Pelirroja me sigue. Ella está vestida de negro y calza Rangers. Piercing recto del lado derecho de la nariz y un pin de seguridad en la oreja izquierda. Yo la ignoro todo el tiempo, pero ella sabe que me gusta. Nuestro punto en común: el odio de M. a la vida, a la muerte. Hoy vamos a comer en Bedaine. La Pelirroja es generosa en carnes y ama con locura el cine de Bruno Dumont. A veces eso me molesta, a veces no. A veces estoy francamente celoso de esta realidad objetiva, pero disimulo bien mi juego. ¿Qué tiene que no tenga yo ese Bruno Dumont? ¿Eh, dígame, usted que me sigue a todas partes?¿No sabe? ¡Ah, bien! A ella también le gustan los objetivistas americanos. Mierda. ¿Pero quiénes son esos idiotas? Sí, lo sé, usted no sabe. Subo a mi motocicleta y detrás de mí se entroniza la Pelirroja. El escape arranca y truena. Cinco minutos, diez, veinte, treinta. Estamos frente a Bedaine. Son las doce y media. Ellos ya están allí. ¿Ha reservado? No, señora. Tome esta mesa en el medio. ¿Está bien? Sí, está bien. Nos sentamos. Observamos el gráfico a un costado del calefactor. Miro a la Pelirroja. La Pelirroja me mira. Pedimos la sopa del día y agua simple. Los ángeles están comiendo ya una lubina acompañada con verduras y beben vino tinto. Los ángeles comen en silencio. Nosotros, comemos mientras nos observamos. Se come. Se observa. Nos observamos y nos comemos. Lou Reed se come a Johnny Rotten. God Save the Queen se come a Walk on the Wild Side o viceversa. Pagamos y salimos. Los ángeles, especialmente el más viejo, quien se parece un poco a Fassbinder, se encuentran todavía ocupados con la tarta de manzana y el café. La Pelirroja y yo vamos ya en camino del negocio. Los grandes senos de la Pelirroja mantienen caliente mi espalda. Mi espalda sueña con los grandes senos de la Pelirroja. Ella, ella tararea: doo, doo, doo, doo, doo, doo, doo, doo…

Traducción de Gustavo Osorio De Ita

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Otros acentos INGEBORG ROBLES Y ZEPF Escritora ibero-alemana de padre andaluz y madre alemana. Obtuvo un Master of Philosophy en Literatura Europea de la University of Oxford, Queen’s College, y un Doctorado en Filologia Alemana de la Rheinische Friedrich-WilhelmsUniversität Bonn. Estudió escritura creativa en la University of Virginia, USA, y vivió muchos años en Florencia dónde trabajó como traductora y profesora de alemán, organizando y participando en eventos sobre la interculturidad en el arte y la literatura. Actualmenta vive en Berlín. En 2017 participó en el Fieber Festival Berlin con „Vacaciones en la nieve“, un cuento. Publicó poesía, cuentos y ensayos en revistas y antologías nacionales y internacionales y un libro de poesía „ Antiautoritäre Erziehung“, Florencia 2003.

UN POEMA ES

MIENTRAS HIERVE EL AGUA

REALIDAD

Un poema es pequeño, cuando sea grande y adulto le invitaré una copa de vino y le diré: ahora que ya no mides tan sólo 50 milímetros, discutamos según nuestra edad primero sobre el amor, de negocios después.

Escribo mientras hierve el agua

Yo me apego a la realidad, a lo que pasa.

y se me olvida la sal

Detrás de mi casa una obra gigantesca, ruido

TENGO MUCHAS CASAS Tengo muchas casas y en estas casas muchos cuartos en ninguna de ellas vivo completamente. Muchas viviendas y ninguna casa reunidas como las dispersiones del amor cuartos que no colindan espacios enigmáticos superficies vividas y comidas por la mitad residencias medio descongeladas el tiempo curvado en estrechas salas sin sitio para huespedes ni invitados para el caminante sólo y su breve zapato. Si quieres entenderlo imagíname como un mosaico explotando pero cuando te pregunten dí sí ésta es mi casa

Las cerillas no tienen paciencia paciente aquí está sólo el papel debajo de mí y el poema que ahora se convierte en pasto de llamas en luz y calor

con gruas reales y obreros reales con chaquetas fluorescentes. Entre ello como en un sueño camino, asombrada al ver que son reales mis juguetes crecidos verdaderas ahora mis figuras de playmobil, listas para jugar.

GRAMÁTICA DEL ARBOL Si hubiera sido un arbol no habría escrito. Si pudiera se un arbol no escribiría Cuando soy un arbol escribo.

Traducción de la autora. 44


La Guardarraya

En la foto de izq. a dcha. Pedro Valle, Alex Canizález, Alfonso Fajardo, Eleazar Rivera, Rainier Alfaro y Roberto Betancourth

TALEGA, veinticinco años después Por Eleazar Rivera

E

l Taller Literario “TALEGA” es una “rara avis” dentro de la grisácea fauna literaria salvadoreña donde florecen los talleres literarios, el amiguismo y las relaciones públicas más que la calidad intrínseca de la obra de un autor. Los integrantes de TALEGA realizaron una labor que va desde el protagonismo continuo y sistemático de los primeros años de actividad literaria, hasta el crecimiento silencioso y la madurez de los años recientes.

la Extensión Cultural de la Universidad Francisco Gavidia, se fundó el colectivo más importante de las letras salvadoreñas en los años noventa. Sin embargo, la relación entre el TALLER de Letras Gavidia (TALEGA) y la Universidad antes mencionada no duró más de dos años. En 1995, los integrantes del colectivo literario decidieron cortar vínculos con esta casa de estudios. Precisamente, cuando Eleazar Rivera ingresa como el miembro más joven del Taller.

El Taller Literario “TALEGA” nació gracias a que Pedro Valle, Roberto Betancourt (ambos estudiantes de la carrera de letras) y Alfonso Fajardo (aún estudiante de último año de bachillerato) manifestaron, cada quien por su lado, a Mario Pleitez la necesidad de formar un colectivo literario a la usanza de las viejas agrupaciones literarias de la literatura salvadoreña. Pleitez, motivado por el entusiasmo manifestado por sus estudiantes, acudió a sus contactos y conocidos que parecían tener un genuino interés por integrar un colectivo literario. Entre otros, realizó la convocatoria a Alex Canizáles, Edgar Iván Hernández y Rainier Alfaro. Es así como la tarde del sábado trece de noviembre de 1993, reunidos aproximadamente unas diez personas en el local que ocupaba en aquel momento

El trabajo de formación durante esos años fue muy intenso. Dentro de las actividades más habituales realizadas por el colectivo se pueden mencionar: el estudio de la obra de autores consagrados, conversatorios con escritores, “tallereadas” de la obra de cada integrante del colectivo, etc. Así mismo, la necesidad de salir a la luz pública hizo que el grupo organizara lecturas de poesía, panel forums, presentaciones de libros, publicaciones colectivas, etc. En efecto, después de la ruptura con la Universidad, el colectivo empezó a reunirse en una conocida cafetería en los alrededores del Salvador del Mundo. Después vendrían las reuniones en el local de Editorial Santillana, la Casa de la Cultura 45


Tendencias de Santa Tecla, para mencionar dos lugares que albergaron a los integrantes de este colectivo. Ahí surgieron actividades como la “Poesía Objeto”, el intercambio con poetas hondureños y nicaragüenses, la publicación de la pequeña plaquette antológica “Juego Infinito”, entre otras actividades. Para finales de 1999, ya existían tres publicaciones formales: “Habitante del Alba”, de Pedro Valle, que había sido publicado en 1998; “Juego Infinito”, editado en febrero de 1999; “Novísima Antología”, de Alfonso Fajardo, publicado en octubre del mismo año.

su propio arte-poético a partir del espejo monstruoso de lo que la post-guerra ha significado para la cultura, la sociedad salvadoreña y para el mismo poetalega. Las propuestas estéticas de TALEGA son estas: 1 - La superación – a nivel formal – del panfleto. La poesía salvadoreña ha llegado a un punto en el que ya no se le exigen más compromisos que los que el poeta quiera darle, lo que es un arma de doble filo si tomamos en cuenta que muchas veces el poeta ignora, hace caso omiso o simplemente desconoce ciertos aspectos de la realidad. Sin embargo, la poesía salvadoreña está llegando a su mayoría de edad, por lo que es perfectamente natural, le es permitido y hasta demandado, que explore zonas donde nunca había estado.

El Taller Literario “TALEGA” se diferenció de los otros colectivos literarios contemporáneos, o que existieron previamente en El Salvador, porque sus miembros tenían una diferencia cronológica en sus edades, la diversidad de estilos poéticos, la diversidad de temáticas exploradas, la adquisición de conciencia crítica y la ausencia de utilización de la poesía como arma ideológica.

2 - El rescate de temáticas que por años habían sido relegadas. Los integrantes del Taller superaron otros tipos de temáticas de aquellas que determinadas generaciones hicieron suyas, y por ello, se les ha tildado de evasivos. Los miembros de TALEGA siempre creyeron que el período histórico de la post-guerra no solamente recrearía una apertura ideológica, sino también una apertura poética donde el significado del poema pueda expresar lo que al poeta le diera en gana manifestar. Así – sin perder de vista la condición humana – se dieron la libertad de tratar temas como la muerte, lo amoroso, la locura, la cotidianidad, lo rural, lo urbano, la familia, lo infernal, la infancia, y por supuesto, lo social político. Más mundos temáticos surgieron en la medida que el tiempo caminó, y el poeta tomó la libertad para expresar los horizontes de manera auténtica y con el deseo primitivo de sanar sus heridas o simplemente dejar fluir sus pesares.

Estas diferencias allanaron el camino para que los miembros de TALEGA tuvieran una concepción propia del hecho de escribir poesía en El Salvador. Efectivamente, estas diferencias hicieron que cada uno de los integrantes del colectivo tuviera un panorama amplio y objetivo del oficio de poeta en esta época. La diferencia de edades – que implica diferencia en cuanto a estilos de vida y gustos artísticos – fue superada gracias a la efervescencia de hacer, pensar y reflexionar la literatura. La diversidad de estilos poéticos es algo corroborable al observar los discursos poéticos y las influencias literarias de cada poetalega. La diversidad de temáticas expresadas producto de la apertura ideológica-artística de la post-guerra – es otro distintivo no solo en los poetas del grupo sino en la mayoría de jóvenes poetas de los noventa y sigue manteniendo un pensamiento solidario para con las luchas sociales de nuestra época. Y la adquisición de una conciencia crítica -gracias al trabajo propio de taller - es decir, de la crítica sin concesiones, es otra característica de la que carecieron algunos grupos anteriores o contemporáneos al Taller de Letras Gavidia. Cada miembro de TALEGA, a través de todos estos años de vida y literatura, se ha esforzado en superar cualitativamente su obra poética; esto incluye el esfuerzo por tratar de elevar, de la manera más humilde y honesta posible, los estándares de calidad de cada uno de sus escritos y, por consiguiente, de la poesía. Cada integrante de TALEGA ha construido

3 - La experimentación de diversos lenguajes o discursos poéticos. Cada poeta de TALEGA posee no solamente sus propias influencias literarias, sino también y, sobre todo, sus propias técnicas, escuelas, figuras, lenguajes y discursos literarios. El colectivo entendió que la poesía, el lenguaje poético, no es una escaramuza de fuerza que debamos vestir para ser aceptados, por lo que la libertad creadora fue una premisa dentro del proceso del trabajo poético. 4 - El respeto por el arte-poético personal y singular de cada uno de los poetas. Los grupos, las generaciones muchas veces se caracterizan por apropiarse y/o

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La Guardarraya publicó el libro “Los Fusibles Fosforescentes” de Alfonso Fajardo por haber sido objeto del Premio en los Juegos Florales de Quetzaltenango. En 2003, Eleazar Rivera publicó su primera obra: “Escombros”. Este mismo año, Alex Canizalez publicó “La jaula en el pecho”, en coautoría con Luis Chávez. Pedro Valle publicó en 2005, su segundo libro, “Del deshabitado y otros poemas de la ciudad invierno”; mientras tanto, Alex Canizalez publicó “Casa Prestada”. En 2006, Eleazar Rivera publicó su segundo libro, “Crepitaciones”. Producto del trabajo docente y de gestión cultural, Pedro Valle, compiló la antología “Cuernos de Añil”, donde recoge la obra de los integrantes del Taller Literario Añil que él mismo fundó en el Instituto donde trabajo como docente. Así mismo, en 2008, producto del Premio La Garúa, Eleazar Rivera publica “Ciudad del Contrahombre & Noctamblario”. Edgar Iván Hernández en 2012, publica “Sobre un viejo Tema”, después le seguirían “Ciudario” y “100 brevicuentos”. Alfonso Fajardo Publica “Negro” en 2014. Rainier Alfaro Publicó su primer libro “Ventana de Suplicios” en 2015. Alfonso Fajardo publicó en 2016 “A cada quien su infierno”. Finalmente, el poeta Otoniel Guevara tomó a bien incluir selecciones de la producción poética de Edgar Iván Hernández, Alfonso Fajardo, Pedro Valle y Eleazar Rivera en una colección de la Editorial Chifurnia.

apostarle a un discurso expresivo, a un lenguaje, a una actitud específica, uniforme. En los poetas que aparecen en los noventa y sobre todo, en TALEGA, esta característica desapareció, ya que ni uno de los significantes de la poesía se parecen, y por el contrario, cada uno construyó su discurso de una forma a veces radicalmente opuesta a la de los otros, lo que marca una gran diferencia con agrupaciones anteriores, caracterizadas por poseer propuestas similares con códigos lingüísticos idénticos. 5 - La despolarización de la poesía. Esto implica dos factores: reconocer la calidad donde la hay, y fomentar la técnica literaria necesaria para que la poesía sea autosuficiente. Después que las reuniones llegaron a su fin, cada miembro de TALEGA asumió la literatura como un oficio al que hay que dedicarle tiempo y trabajo. Producto de ello, empezaron a llegar los reconocimientos a nivel internacional. Alfonso Fajardo obtuvo en 2002 el Premio de los “Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango”, en Guatemala. Eleazar Rivera, en 2004 obtuvo el Premio Centroamericano de Poesía “Pablo Neruda”, en San José, Costa Rica. El año 2005 inició con la noticia de que Alfonso Fajardo obtuvo mención de Honor en el Premio Centroamericano de poesía Rogelio Sinán en Panamá. Pedro Valle, obtuvo el segundo lugar en poesía en los Juegos Florales Trinacionales de Esquipulas, Chiquimula, Guatemala (2006). Posteriormente, Eleazar Rivera demuestra su faceta más fecunda ganando el Premio de poesía Joven La Garúa, en Barcelona, España (2007), Primer lugar en los Juegos Florales de Santa Rosa de Copán (2009) y tercer lugar en los Juegos Florales de Santa Rosa de Copán (2010). A esto hay que agregar que a Alfonso Fajardo, Pedro Valle y Eleazar Rivera, el Ministerio de Cultura de El Salvador les otorgó el título de Gran Maestro de la poesía salvadoreña por haber obtenido tres primeros lugares en la rama de poesía, en los Juegos Florales que organiza esta institución a nivel nacional.

Además, la obra de los integrantes del Taller se ha recogido en algunas antologías como “Lunáticos, poetas noventeros de la posguerra”, “Segundo Índice de la poesía salvadoreña”, entre otros. Algunos de los miembros de TALEGA cuentan con traducciones de su obra al italiano, inglés, francés, entre otros idiomas. Veinticinco años después de la fundación del Taller de Letras Gavidia, la misma historiografía literaria reafirma que no se puede hablar de la poesía escrita en los años noventa y hacer a un lado a TALEGA. Este colectivo literario es un punto obligado para entender la producción de este momento.

Otra manera de medir el aporte de TALEGA a la literatura salvadoreña la encontramos en sus publicaciones. Esta etapa inicia con la publicación del libro “La danza de los días” de Alfonso Fajardo al agenciarse el Premio Brasil de poesía en 2001. Roberto Betancourth publicó su libro “Piel de Lluvia”. En Septiembre de 2002, la Editorial Cultura

San Salvador, El Salvador, mayo de 2018 oniéndole todos sus anheescondidas de todos, sin coronas ni ceremonias, en Sabadell, su ciudad natal.

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Café Literario

El 28º Festival Internacional de Poesía de Medellín continúa su proceso de construcción vital de apoyo a la paz profunda y a la reconciliación del pueblo colombiano, luego de la larga guerra en nuestra patria, invitando al pueblo de Medellín a elevar la conciencia en el espíritu dialogante, el cuidado amoroso de la tierra y de la vida, legado que debemos entregar en esplendor a las generaciones futuras.

El Festival alienta al pueblo colombiano a ahondar en sus raíces prehispánicas y a nutrirse en el presente crucial de su tortuosa historia, en oposición a la devastación de la naturaleza, de la existencia y de la espiritualidad, para retornar a la vida en comunidad en el camino de la poesía guiada por la sed de infinita solidaridad, dignidad y belleza. La labor del chamán, un poeta auténtico en su origen, es disolver lo que ha muerto en cada uno y en la colectividad, para transmitir el camino del renacer y renovarse sin fin. La energía ritual, aproxima las voluntades individuales, en la búsqueda de un sentido compartido de construcción material, cultural y espiritual. Así el mito y la utopía se reencuentran y actúan concentrando energías espirituales y poéticas en Medellín. Es preciso repensar el sentido de “innovación”, para dejar de lado la pulsión consumista que promueve el exterminio de las especies vivientes y los pueblos.

Esta nueva edición se celebrará entre el 14 y el 21 de julio de 2018, a través de 152 actividades desplegadas por poetas, artistas y chamanes de casi 40 países, entre ellos representantes de 19 naciones originarias de todos los continentes, que incluyen lecturas de poemas y relatos, rituales y cantos chamánicos ancestrales, antiguas canciones asiáticas y australianas, conciertos, diálogos sobre plantas sagradas y medicinales de los pueblos indígenas, cursos, conferencias y talleres para niños y jóvenes. El Festival propone el ejercicio poético en amplia escala en Medellín y la reflexión detenida sobre la poesía, el chamanismo y los cantos originarios de la Tierra. Los chamanes encarnan con gran energía las tradiciones vivas de sus pueblos, entrelazadas con las luchas por la defensa de su unidad, sus territorios, sus culturas antiquísimas y la autonomía material y espiritual de sus naciones.

Entre otros invitados estarán los chamanes Querubín Queta (Nación Cofán, Colombia), Berito Kuwaruwa (Nación U´wa, Colombia), taita Víctor Jacanamijoy (Nación Kamsa, Colombia), mamo Miguel Izquierdo (Nación Iku), Argemiro Askue (Nación Nasa, Colombia), Eutiquio Jerónimo Sánchez (Nación Náhuatl, México), Warren Warbrick (Nación Maori, 48


La Guardarraya Nueva Zelanda), Manibinigdiginya (Nación Kuna, Panamá), Nikolái Oorzhak (República de Tuva, Rusia), Fredrik Prost (Nación Sami, Suecia).

país una delegación de la televisión estatal china – CCTV-, que realizará un cubrimiento completo de la participación de Su Yang, que es apoyada por Centro Regional de Institutos Confucio en Latinoamerica – Crical- y el Instituto Confucio de Medellín.

Los chamanes y poetas originarios invitados aportarán desde tres ámbitos: en primer lugar, desde sus tradiciones, realizarán ceremoniales en cerros tutelares y otros espacios de Medellín, actos rituales como pedagogía comunitaria contra el inoculado veneno del odio en nuestra sociedad, avivando el fuego de la hermandad y el abrazo de la población.

También está confirmada la presencia del mayor cantante ttradicional de Mongolia, Dorjdagva, versado en la técnica musical y de canto de garganta y de canción larga. La virtuosa del canto de garganta Sainkho Namtchylak, de Tuva, intervendrá en el Festival mezclando la tradición vocal siberiana con los sonidos y la experimentación occidental. También estará presente la cantante de música tradicional vietnamita Huỳnh Thị Quỳnh Hoa. Desde África estará Stella Chiweshe, la mayor exponente de la música de mbira de Zimbabue. Por Colombia, intervendrán el cantante Íkaro Valderrama, Jaime Nevado y Julián Conrado, conm Ismael & Manceñ. También estará presente en Medellín la poeta y performer Khadijatou Doyneh (Guyana)

Los Diálogos de la Tierra son otro vértice de su participación en el que rememorarán sus luchas por conservar la unidad, sus lenguas y territorios. y por restituir su autonomía. Aquí participarán Aiba Eiragi (Nación Guaraní, Paraguay), el Premio Nobel Alternativo Nnimmo Bassey, poeta y activista nigeriano, defensor de los derechos humanos y del medio ambiente, cofundador de Health of Mother Earth Foundation (HOMEF); y los también laureados con el Nobel Alternativo Jumanda Gakelebone, vocero y defensor del pueblo indígena bosquimano (Botsuana), y Fiore Longo, directora de la oficina francesa de Survival International.

Otros poetas confirmados son: Nicolás Antonioli (Argentina), Virna Teixeira (Brasil), Oscar Saavedra (Chile), Jotamario Arbeláez, Javier Naranjo, Tallulah Flores, Miguel Iriarte, Selnich Vivas, Álvaro Marín, Víctor López Rache, Jorge Marel, Juan Guillermo Sánchez, Aníbal Arias, Marisol Bohórquez, Elizabeth Torres, Pedro Licona, Carolina Bustos Beltrán, Andrés Uribe, Martín Cruz, Isabel Cristina Bustamante, Daniela Cañaveral, Mariana Ossa, Jennifer García, Johana Carvajal, Paty David, Claudia Chaverra (Colombia); Omar Pérez, Carmen González Chacón (Cuba), Siomara España (Ecuador), Ahmad Yamani (Egipto), Carlos Ernesto García, William Alfaro (El Salvador), Aurélia Lassaque (Francia), Waldina Mejía (Honduras), Manal Al Shaik (Irak), Birgitta Jónsdóttir (Islandia), Flaminia Cruciani (Italia), Mohamed Ahmed Bennis (Marruecos), Bayasgalan Batsuuri (Mongolia), Magdalena Camargo (Panamá), Katherine Medina (Perú), Nicole Cecilia Delgado (Puerto Rico), Christian Haller (Suiza), Hilal Karahan (Turquía), Horacio Cavallo (Uruguay), Nguyễn Xuân Anh (Vietnam). Además participará el artista plástico colombiano Francisco Cabanzo.

Sanar y poetizar es el tercer aspecto de la participación chamánica, con la celebración del diálogo sobre medicina ancestral y medicina alternativa, en el que se intercambiarán saberes ancestrales con representantes de la medicina no ortodoxa, y se pondrá de relieve la importancia de los cantos, el lenguaje sagrado y las plantas curativas. Para completar este acercamiento a los pueblos indígenas, se ha invitado a los poetas indígenas Ali Cobby Eckermann (Nación Yankunytjatjara/Kokatha, Australia), Rayen Kvyeh (Nación Mapuche, Chile), Lance Henson (Nación Cheyenne, Estados Unidos), Sherwin Bitsui (Nación Navajo, Estados Unidos), Rex Lee Jim (Nación Navajo, Estados Unidos), Nekma Coy (Nación Maya, Guatemala), Juan Gregorio Regino (Nación Mazateca, México), y Hector Kunene (Nación Zulú, Suráfrica). Un elemento importante dentro de esta celebración poética serán las intervenciones musicales. Entre los músicos invitados sobresale la presencia del grupo de rock Su Yang, de la República Popular China, que fusiona sonidos tradicionales del arte popular del noroeste de China y la ópera folklórica tradicional -Hua´er y Qin. Su Yang, director y compositor de este grupo, es también poeta y artista plástico. La representación china está también compuesta por el gran poeta Zhao Lihong, con ellos vendrá a nuestro

Las entidades que apoyan este año el Festival son la Alcaldía de Medellín, La Fundación Right Livelihood Award, el Centro Regional del Instituto Confucio en Latinoamérica –CRICAL-, el Ministerio de Cultura de Colombia, Lantern Film (República Popular de China), Comfama, Confiar Caja Cooperativa, Fundación Heinrich Boll Colombia, y la misión colombiana de la Organización Internacional para las Migraciones.

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Reseña

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La Guardarraya

NARRACIONES JORGE R. G. SAGASTUME Argentina JOSÉ BAROJA Chile EMILIO PAZ PANANA Perú

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Narraciones

JORGE R. G. SAGASTUME

(Buenos Aires, 1963), se doctoró en filosofía y letras de Vanderbilt University, y en la actualidad es profesor titular en Dickinson College, donde enseña literatura hispanoamericana. Ha publicado numerosos libros y monografías sobre teoría y crítica literaria, así como también varios volúmenes de poesía y prosa en traducción, además de haber fundado y dirigido la revista Sirena: Poetry, Art and Criticism, editada por la Johns Hopkins University Press. En el campo de la creación literaria ha publicado tanto en prosa como en poesía.

CREPÚSCULO SANGRIENTO In Memoriam R. S. A veces es como si estuviésemos patinando, sin esfuerzo, cómodamente y en total libertad, sobre una pista de hielo y, de pronto, una grieta se convierte en agujero y nos vemos tragados por un mundo al revés, donde nada es conocido y todo es incierto; incluso hermoso, a una manera muy morbosa. Buenos Aires, 1978. Invierno. Poco después de las dos de la madrugada. Un estruendo y una puerta que se quiebra. Pasan varios segundos hasta que mi tío por fin se despabila. Tiempo suficiente para encender el velador y contar 14 tipos uniformados alrededor de su cama y apuntándolo con metralletas (o algo por el estilo). Preguntan por mi prima Celeste. Unos segundos más y uno de los tipos repite la pregunta. Para mi tío es como si hubiese pasado una hora. Contesta que no sabe dónde está, que ha salido con su novio. Los tipos no le creen. Sacan a mi tío y tía de la cama, los atan con una cuerda plástica y con una cinta les sellan los labios y los llevan a la biblioteca de la casa. A mi tío lo sientan junto a mi tía, sobre el suelo. No se pueden mover; tampoco pueden hablar. Sólo pueden pensar, y mi tío piensa que es una suerte que Celeste no esté en casa, de otra manera quizá no la volvería a ver jamás – conoce bien el tema. La gente desaparece en este país. Luego piensa en su hijo que todavía está en su habitación, dormido. Pero no se desespera. Él comprende que de nada sirve la desesperación. La vida le ha enseñado a obedecer los dictámenes del destino. Finalmente, mi tío mira a su esposa a los ojos y en un idioma que sólo ellos comprendían le dice ‘cerremos los ojos y tratemos de soñar’. Pasan las horas y el sol comienza a filtrarse por las cortinas venecianas y se posa sobre la enorme pecera. Recuerdo la pecera muy bien; fue hermosa una vez. Ahora, con el agua turbia y revuelta nos cuenta de alguien que ha estado buscando algo en su interior. Los ojos de mi tío se pasean con lentitud y libertad por la habitación, y descubre que mi primito, Federico, también ha sido atado de pies y manos junto a él. No se lo puede explicar, pero se siente feliz. Continúa inspeccionando el cuarto: 52


La Guardarraya almohadones despanzurrados, libros que se alineaban pulcramente en los estantes de la biblioteca ahora están desparramados por el suelo, cajas vacías y su contenido dispersado por todos lados. Sobre la mesa ve tres botellas vacías de whiskey y cuenta 14 vasos. No se explica cómo pudo haber dormido mientras ocurría todo lo que ocurrió, pero se siente aliviado de haberlo hecho, con la esperanza de que su esposa e hijo también hayan dormido ininterrumpidamente. De repente uno de los tipos uniformados entra y le dice a mi tío: ‘Dígale a Celeste que la encontraremos’. Al cabo de un par de minutos el inconfundible olor a gas, como si fuese un líquido, permea la biblioteca. Mi tío mira a su esposa e hijo y nota que todavía duermen. Por primera vez siente miedo, gotas de sudor le resbalan por la frente y se deslizan por sus ojos; como una pesada cortina le impiden ver con claridad. Su pulso se acelera, y piensa con rapidez; decide dejarse caer sobre su esposa e hijo para despertarlos, pero muy pronto se da cuenta de que es mejor morir en el sueño, y los deja. Él también cierra los ojos. Contrario a lo que se dice sobre la persona que está a punto de morir, por su mente no se proyecta su vida como si fuese una película. Su mente se vacía, y en paz se entrega al olor a gas que ya no causa miedo. Comienza a sentirse soñoliento. Su estado de entrega se interrumpe cuando uno de los uniformados vuelve. Después de desatar a mi primito el tipo le dice ‘apurate, te queda muy poco tiempo’. Sabrá dios el porqué el tipo no cerró la llave de gas él mismo. Habría sido más rápido y fácil. Con la misma velocidad que había entrado desapareció detrás de la pesada cortina de terciopelo que separaba el living de la biblioteca. Federico no comprende qué está pasando hasta que sus ojos se encuentran con los de su padre; entonces corre hacia la cocina. Una vez libres de las ataduras ninguno derrama si quiera una lágrima; tampoco parecen estar enojados o molestos. La cinta plástica ya no sella sus labios, pero no pronuncian palabra alguna. En silencio se visten y se sientan a la mesa de la cocina para desayunar. Con mirada despavorida y más pálida que una hoja de papel blanca Celeste entra y se une al resto para desayunar también. Sabe que las preguntas no sirven de nada y que probablemente no serán bien recibidas. Sabe qué ha ocurrido; amigos de ella han pasado por lo mismo. Sabe que han allanado su casa. Todo ciudadano argentino ha pasado por algo semejante durante esos años; sea que a él mismo le ha tocado vivirlo o lo ha vivido a través de un amigo o familiar. Celeste conoce bien a su padre; no ofrece resistencia cuando éste la mete en el coche y juntos conducen hasta la comisaría más cercana. También juntos, y en silencio, se acercan al mostrador de recepción y mi tío le dice al agente matutino: ‘anoche un grupo uniformado nos visitó. Buscaban a mi hija. Acá la tienen. Si no tiene un prontuario abierto u orden de captura me la llevo a casa, de otra manera se las dejo’. La tranquilidad de Celeste es incomprensible, es casi irreal e ilógica. Ambos son conducidos a un cuarto pequeño, donde les toman las huellas digitales y se llevan los carnés de identidad. Durante seis horas padre e hija se ven enfrentados mesa por medio. Las miradas se cruzan, pero los labios no se mueven. Las palabras están de más en momentos como estos. Finalmente son puestos en libertad y mientras regresan en coche a casa se ve el sol que cae sobre el horizonte. El crepúsculo bonaerense durante los días de invierno es siempre hermoso. Pero ese día el cielo se parece a una panza acuchillada y sangrienta, manchando la bóveda azul con trazos rojos y profundos. Juntos entran al mundo que una vez fuese su hogar: todo está a oscuras, y la luz del atardecer baña ese mundo al revés tiñéndolo del color de la sangre. Mi tío cruza el extenso jardín y va e inspeccionar su fábrica, que está al fondo de su casa; el crepúsculo sangriento, que se derrama sobre las recién destruidas maquinarias, presagia su destino. Él también se desplomaría, años después, como se había desplomado su mundo aquél día de invierno bonaerense de 1978: cianuro fue el método que él había escogido. 53


Narraciones

“Las cosas viejas, tristes, desteñidas, / sin voz y sin color, saben secretos / de las épocas muertas, de las vidas / que ya nadie conserva en la memoria…” escribió alguna vez la pluma de José Asunción Silva. Y a medida que escribo yo estas palabras que se mezclan con una lengua que no es la mía, una desteñida fotografía de mi tío, de pie en su lancha pesquera y sosteniendo un gran dorado, descansa sobre la superficie de mi escritorio. Aún el hombre más fuerte flaquea bajo la luz de un crepúsculo sangriento, pero yo recuerdo a mi tío fuerte y en vida.

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La Guardarraya

JOSÉ BAROJA (Valdivia, Chile, 1983). Poeta, narrador y académico, actualmente vive en Talca donde se desempeña como docente de literatura universal y literatura española en la Universidad Católica del Maule. Ha publicado cuatro libros de relatos y un poemario, así como participado en diversas antologías, tanto dentro como fuera del país. Los libros que registra a la fecha son El hombre del terrón de azúcar y otros cuentos (2015), reeditado este 2018; Un hijo de perra y otros cuentos (2017); El curioso caso de la sombra que murió como un recuerdo y otros cuentos (2018), publicado en Barcelona, España; En memoria del alma de Don Trementino Marabunta y otros cuentos (2018); Sonatas (2016), único poemario del autor.

EL HOMBRE DEL TERRÓN DE ÁZUCAR Para mi querida Agustina “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta”. Pablo Neruda El viento abrió de golpe la mampara de vidrio. Un minúsculo cartelito que decía “abierto” estuvo a punto de sucumbir por el vaivén; pero no cayó. No era la primera vez que una violenta brisa saludaba a los clientes de ese local del centro de Santiago. No obstante, a veces, ella se dejaba acompañar por algún consumidor habitual o, si había suerte, por un nuevo comensal. Sin duda, había una complicidad casi mágica entre el fenómeno eólico y el éxito del pequeño local, ubicado, como la tradición reza para estos lugares, cerca de Merced. O, al menos, así lo recuerdo. En efecto, recuerdo es la palabra, ya que recuerdo que esa tarde, si es que ya era tarde, el viento abrió de golpe la mampara de vidrio. Un incidente común para la mayoría de quienes, después del trabajo, degustaban un café y una medialuna; pero no así para un niño de actitudes inocentes que acompañaba a su bonita madre. Tampoco para mí, no tan inocente. No, definitivamente, ni para ese niño ni para mí, fue tan común lo que sucedió. Después de todo, yo escribiría este relato años más tarde; mientras que él haría notar a su escéptica madre, solo unos minutos después de que el viento abriera de golpe la mampara, el místico ingreso de un hombre de curiosa vestimenta. Así pasó, según recuerdo. 55


Narraciones “Místico” sería la interpretación que yo hago ahora de ese sujeto. En el momento, seguramente lo vi como un hombre extravagante, como muchos, vestido de azul y acompañando al viento. Recuerdo, además, que él usaba un bastón, un sombrero de hongo y unas colleras con forma de océano, entre otros detalles que quizás lo hubieran hecho destacar a primera hora de la mañana, especialmente en el tren subterráneo de Santiago, pero no al final de la jornada laboral, donde el Mundo parece convertirse en una representación de autocomplacencia. Y para qué andar con rodeos, tan extraño no parecía en una calle como Merced. Recuerdo que este peculiar hombre, tras ingresar al local, se ubicó en una esquina, en una pequeña mesa con una sola silla, imperceptible para la mayoría, y pidió un café. Recalco que imperceptible para la mayoría, pues recordarán que un niño sí lo había notado. Niño más despierto que cualquier adulto que conozca, a cualquier hora del día, y quien, pleno de curiosidad, no podía dejar de observar a este particular sujeto desde el momento mismo en que entró. Además, estaba sentado casi frente a él. Sus gestos, sus gesticulaciones, la forma en que sacó un pañuelo dorado y lo posó sobre la mesa, eran tan impecables que aún me extraña que nadie más lo notara. Sí, podría decir que tuvimos cierta complicidad con aquel pequeño de unos seis o siete años. Yo entonces tenía veintisiete. El hombre hizo un gesto preciso, vale decir, como todo lo que él hacía desde que el viento lo había invitado a pasar: un dedo alzado, casi como un asta de bandera, solicitaba una atención. De inmediato, una guapa mesera de pelo oscuro y ojos vacíos se le acercó con una taza de café: no había pedido nada más, interpreté. Delicadamente, ella lo colocó sobre la mesa. Luego, miró al cliente sin mirarlo y se fue contoneando sus caderas hacia el interior del negocio. El hombre solo se dedicó a observar la mesa desde que había bajado el dedo solicitador. Aunque, un gesto del pequeño, a quien yo también observaba de reojo, me avisó de un leve brillo en las pupilas del curioso hombre. El hombre vestido de azul, con un bastón, con colleras ahora color de océano, un sombrero de hongo y una particular sonrisa, llevó su mano al bolsillo derecho. Solo un espectador, además de mí, seguía el movimiento de esa misteriosa mano cuando sacó un terrón de azúcar para acto seguido colocarlo sobre la mesa. Casi de inmediato, el hombre solicitó otro café con su delgado dedo alzado como si del pabellón patrio se tratara. Sí, como leen, ni siquiera había probado el primero, ni realizado movimiento alguno por este: seguía allí, intacto, inmaculado sobre la mesa del local. Entonces, la coqueta mesera llevó otro café. Ni siquiera preguntó, ni le extrañó la actitud del cliente, simplemente ignoró cualquier pregunta que pudiera haber nacido de su ahogada curiosidad. Probablemente, las excentricidades de quienes visitaban el local le daban exactamente lo mismo, en especial si a estos los acompañaba una gloriosa propina. El acto se repitió siete veces. Siete tazas con café hasta el borde se sirvieron, pero ninguna fue tocada por él. Cabrá mencionar, que también fueron siete veces las que el hombre vestido de azul, con sombrero de hongo, bastón y corbatín llevó su mano a uno de sus dos bolsillos, sacó un terrón de azúcar y lo posó sobre la mesa. Lo curioso era que el resto del local parecía absorto en una especie de sonambulismo, en que nada más existía fuera del breve espacio designado con base en la promesa de un pago servicial. No crean que el niño no había intentado llamar la atención de su madre, pero ella había respondido encantadoramente “sí, que bonito hijo”, por lo que todo intento de más auditorio había sido infructuoso.

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La Guardarraya Yo observaba. El pequeño también observaba cómo siete tazas de café irreprochables eran distribuidas por este “místico” sobre la brevísima mesa del local que lo albergaba tras haber sido invitado por el viento. En efecto, ambos contemplamos cómo sin sacarse siquiera el sombrero de hongo, el hombre había extraído del bolsillo de su chaqueta azul un compás, una escuadra y una regla y había comenzado a medir la distancia que había entre una taza y otra. Si alguno hubiera prestado atención, habría notado que él intentaba que la distancia entre cada una de estas fuera idéntica y que la luz se distribuyera de forma igualitaria. El café se enfriaba, pero él solo hacía movimientos de satisfacción al ubicar las tazas en el lugar previamente dispuesto. El viento sopló de nuevo. La mampara se movió. Nadie entró. De todas formas, a nadie le importaba algo de lo que sucedía ni fuera, ni dentro. En cambio, el niño no se perdía detalle de lo que hacía este hombre. Por ello, no se perdió el momento en que tan hipnotizante sujeto echó un terrón de azúcar en cada taza de café. El gesto técnico fue de una precisión maravillosa. El brazo, el codo, la muñeca, la mano y los dedos parecían estar coordinados de manera perfecta, hasta el punto de que pese a la distancia entre cada taza, daba la impresión de que el hombre no había hecho ningún movimiento innecesario. El niño observó cómo salpicaba un poco de café desde cada tacita al recibir el dulce regalo. Repentinamente, el hombre se quitó el sombrero. Puso sus brazos sobre la mesa y miró fijamente hacia la profundidad de las tazas. Apoyó su barbilla sobre las manos y sonrió mientras esperaba. Luego silbó y esperó. Volvió a sonreír. El niño estaba expectante. La madre solo aguardaba que el tiempo pasara. El Mundo alrededor ya estaba inconscientemente muerto. Recuerdo que, probablemente, solo yo fui capaz de ver en el niño que algo pasaba sobre la mesa de aquel hombre; sin embargo, tengo la certeza de que ese algo ocurrió. El pequeño me ayudaría después a completar mi relato. El muchacho se refregó los ojos. Asombrado llamó a su madre, quien, complacientemente, miró al hombre de azul, pero no vio nada. Rápidamente regresó a lo suyo pidiéndole al pequeño que se comiera lo que habían pedido o se enojaría con él. El niño sonrío con una mueca de por medio. Miró fijamente al hombre en busca de respuestas. De súbito, notó nuevamente cómo un pececito de colores había saltado de una taza a otra; aun había gotas de café sobre la mesa. El pequeño no podía creerlo, el hombre no dejaba de sonreír. ¿De dónde había salido? Yo aquí me limito a transcribir lo que el niño me contaría haber visto. Incrédulo, el pequeño no apartó la vista hasta convencerse de que era una Verdad. Nuevamente, con el mismo impulso y velocidad, el pececito de color saltaba hacia la otra taza de café. El salto era idéntico, lo que explicaba la preocupación del misterioso hombre de que todo estuviera dispuesto de forma precisa. No una, catorce veces lo volvió a hacer. Catorce veces brillaron los ojos del niño. Yo lo vi, en él. Entonces, el pequeño no se aguantó las ganas, bajó de su asiento y se acercó al sujeto del bastón. Su madre no lo notó. El hombre no dijo nada: solo lo miró. Llevó su mano al bolsillo: ¡Un terrón de azúcar! El pequeño se alejó sonriendo, pues tenía el dulce secreto entre sus manos. Ávidamente comenzó a organizar las cosas en su propia mesa: había aprendido algo nuevo del Mundo y quería apropiarse de ello. Movió la sal, la copa de helado que su madre le había comprado, el café de ella… Todo parecía dispuesto. Por eso fue especialmente triste cuando escuchó un “qué estás 57


Narraciones haciendo”, un “pórtate bien”, “los niños buenos no hacen eso”. Triste, porque se vio obligado a guardar en el bolsillo de su pantalón el mágico regalo para evitar así que este terminara en un amargo café. Craso error, porque en su casa, al echar el pantalón en la lavadora, nada quedaría. Repentinamente, recuerdo que la garzona se acercó a la mesa del hombre con un papel. Esto sí lo vi. El niño observó cómo ella se enojaba ante el movimiento negativo de la cabeza del elegante caballero, del “mágico” hombre, quien ahora mostraba unos bolsillos vacíos. Unos minutos después, unos hombres de verde entraban antes que el viento moviera la mampara, lo tomaban con poca gentileza de los brazos y se lo llevaban con la misma velocidad con la que entraron. Nadie se percató, ni se enteró de lo que había sucedido, excepto el niño con un terrón de azúcar en sus pantalones. Luego, me diría que siguió observando cómo un pececito de colores saltaba de taza en taza en la bandeja con los trastos sucios que una ofuscada mesera llevaba hacia la cocina. Recuerdo que cuando me acerqué a completar lo que hasta entonces era solo un acto de fe, su madre solo atinó a señalar que hay gente muy “patuda” en este mundo, que pide café y no es capaz de pagar. Yo no olvidé. El niño tampoco.

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La Guardarraya

EMILIO PAZ PANANA (Lima, Perú, 1990). Profesor de Filosofía y Religión. Egresado de la Universidad Católica Sedes Sapientiae. Ha participado en diferentes festivales de poesía de Lima, Cuzco y Paracas, destacándose el V Festival Internacional Primavera Poética (Lima, 2017), XXI Enero en la Palabra (Cuzco, 2017) y Las Batallas del Desierto (Paracas, 2017). Posee poemas publicados en antologías del Perú (físico y virtual), así como un cuento, “Un paseo por el cementerio” en la edición N° 17 de la revista digital “El Narratorio” de Argentina. Ha ganado el concurso “Mes de las Letras” de la Fundación Marco Antonio Corcuera (Lima, 2017). Tiene en su haber el poemario “Septiembre en el silencio” (Club de Lectura Poética, 2016), escrito en prosa poética. Dirige el blog “El Edén de la poesía” (https://edenpoetico.wordpress.com/).

UN DESAYUNO CON LA MUERTE Son las cinco de la mañana. La pereza no se aparta de mi cuerpo y el mundo sigue dando vueltas. Tantas vueltas como el trompo que veía cuando era niño. Jamás aprendí a jugar trompo, pensaba que el clavo iba a atravesar mi mano e iba a quedar como Cristo en la cruz. Pero así es la vida, jamás iba a pasar eso y a Cristo no le colocaron los clavos en las manos, lo colocaron en sus muñecas. A estas horas es que me levanto y pienso en lo que vendrá para el futuro. Tal vez venga el periódico o una nueva oferta de trabajo. No importa, pero algo vendrá. Salgo, con pereza, de mi cama. Ya parezco una oruga en su capullo, pero mariposa no seré, menos polilla. Algún otro insecto sin nombre. Me dirijo al baño para el ritual diario: mirarme en el espejo, pasar mis manos y contar las canas, chequear si mis ojeras son más grandes y lavarme los dientes con ese cepillo que tiene cinco meses. Esta es la rutina de siempre. Y es que las novedades siempre son pesadas. Hago un ejercicio de estiramiento diario. Algo que me permita recordar los achaques de la edad, aunque solo tenga treinta años. Y es que envejecí a temprana edad. Días como este recuerdo a Manuel Ángel, mi primo, el negro de Malambo. Un hombre alto y fornido, fruto de los años jóvenes donde cargaba las cajas de fruta del mercado de nuestro barrio. Me sacaba unas quince primaveras. Pero era común, siempre le dábamos a la pelota. Era nuestro ejercicio sabatino. La vida era incierta con el pobre Manuel Ángel, siempre había esa duda sobre si la muerte tenía familia. Jamás entendí esa incertidumbre hasta que el pobre negro enfermó. Le vino la tuberculosis por una de sus tantas noches malas de trabajo más alcohol. Y es que al negrito siempre le gustaba tomar. En el hospital cuestionaban que seamos familia. Éramos de la misma sangre, aunque no éramos del mismo color. Nuestros padres eran hermanos, pero nuestras madres eran distintas. La mía era una chola recia, fruto de los glaciares huaracinos. Su madre era una negra-negra, una que venía desde la médula, descendiente directa de los primeros esclavos que llegaron 59


Narraciones al Perú. Y es que ellos le tenían cariño al viejo Castilla que les abolió la esclavitud en la hora amarga. Solo duró dos semanas mi primo, no hacía efecto la medicina. La muerte se lo llevó sin avisar, pero al menos se lo llevó sin deudas. Estas condenaron en su hora ciega y no había quien las cobre. Fue tan fugaz el recuerdo que me olvidé de mi ritual sagrado. Un ritual más importante que el de ir a misa cada domingo a las seis de la mañana. Salí del baño y con pereza me dirigí a mi cuarto. Era hora de cambiarme y alistarme para la faena. El trabajo no se iba a realizar solo. Desde hace cinco años regresé a las tierras de mi madre y heredé la parcela de tierra que ella tenía. Siempre tenía que despertar a las cinco de la mañana para poder trabajar la tierra, alimentar a las bestias y revisar los cultivos. Era una rutina que no era sagrada, pero que era humana. ¡Ay tierra mía! Pues siempre fui de la tierra antes de ser piel. Entonces doblegaba mis silencios y mis vidas en cada metro cuadrado donde preparaba la tierra para su próxima semilla. Había que tener cuidado. Yo era un hombre soltero. Siempre tuve mala suerte en el amor y en el silencio de mis años mozos siempre encontraba la alegría de pernoctar con la conciencia tranquila. No tenía mucho que pedir en este mundo tan complejo. Estaba lejos del bullicio de la urbe y me encontraba con mi mente en paz. Hasta me había vuelto amigo de la muerte. ¡Tantas veces me vino a visitar! Pero siempre se iba tranquila. Jamás le aceptaba la invitación para ir a visitarla. Le mandaba saludos para Cirilo, pero jamás le podía preguntar si es que ella tenía familia. A veces me cuestionaba si la muerte se sentía contenta con ser hija única. Yo suponía que lo era. Siempre lo suponía hasta cuando ella siempre traía más sombras consigo. Pero creo que eran las sombras de quienes habían aceptado su invitación. Es que la muerte siempre poseía un encanto para cada persona. Hablaba tantos idiomas que era un ente culto. Tenía esa posibilidad de saber diagramar las palabras para las personas adecuadas. Eran las diez de la mañana, me había tomado cuatro horas y media el poder acabar de realizar mi rutina humana. Ya podía desayunar. Alistaba la taza de un litro. Ahí servía mi café pasado. Sacaba mis dos panes serranos con sus quesos frescos. No había mucho que pedir. Me sentaba en una mesa de un metro de ancho y dos metros de largo y tenía cuatro sillas. No sé para qué quería tantas sillas si jamás recibía visitas. A la muerte no le gustaba estar sentada. Pero creo que en mi mesa se sentaban los recuerdos de mis padres y de los hijos que jamás tuve. Recuerdos que no ocupan tantos espacios como los cuerpos que los ocupan. Pero así era mi desayuno matutino: un saludo a la bandera. Así pasaban los días y las semanas. A veces inventaba nombres para cada semana, con eso me entretenía. A la semana de la cosecha le llamaba Argos, porque siempre estuvo fiel, pero llegaba el momento y moría. A la semana de mi cumpleaños le llamaba Caronte, porque siempre pensaba que era un paseo al infierno. Así le ponía a cada semana un nombre distinto. Con eso me sentía entretenido. Pero en una semana distinta llegó mi amiga la muerte. Llegó vestida de blanco y con el maquillaje que le regalé hace cuatro años. Esta vez lucía diferente, lucía con una sonrisa y le invitaba a pasar. Ocupó una de las tantas sillas vacías y compartió el desayuno conmigo. A ella no le gustaba el queso fresco, le agrada la mantequilla. Esa que solo se prepara en mi tierra. Y es que ella tenía un particular modo de ser. No le afectaba el colesterol. ¿Con qué venas si era puro hueso? Esta era la muerte, mi compañera de años. 60


La Guardarraya Me animé a entablar un diálogo con ella y solo atenía a escucharme. Movía la cabeza para corresponder el saludo o responder a la pregunta. Le interrogué por Cirilo y me daba a entender que este ya estaba en el olvido. Y es verdad, ¿quién lo visitaba al cementerio? ¿Quién iba a colocarle flores en el invierno? ¿Quién le daba palabras al polvo de sus huesos? Ahí supe que la muerte es ingrata con la memoria. Entonces la muerte me invitó de su pedazo de pan. Me pidió que lo enjugara con el café. Y es que la mezcla de café con mantequilla siempre es agradable. Siempre posee ese gusto para un desayuno sacro donde solo se comen silencios como merienda entre las comidas. El equilibrio de sabores que jamás debería hacer daño, que jamás debería ser un desencanto. Pero no en esta ocasión, nuestra hermana, la parca, nos observaba. Y era una sensación muy incómoda sentir su mirada encima de uno. No era su forma de ser. No era su gusto ni su encanto. Esta huesuda siempre había sido de un perfil bajo, pero hoy quería joder la flaca. No tenía intenciones de irse, ya entendía sus deseos. Y es que esta desgraciada había venido por mí. ¿Qué me quedaba por responder? No tenía mucho tiempo, no tenía intenciones de irse y solo me quedó proseguir con la rutina del día. Pero ella no quería que me parara de la mesa. Para ella, el desayuno, era elemental en esta actuación de amistad. Y comenzamos un diálogo. Uno corto, uno con fundamento. Y de frente le pregunté: ¿Tienes familia? Ella asentó la cabeza y golpeó la mesa. La golpeó con la fuerza de una ola que rompe con las rocas. Así de fuerte sonó. Así de fuerte que la tierra tembló y un glaciar se desprendió de lo alto. El mundo no era el mismo y las tierras huaracinas no iban a seguir iguales. Las aves comenzaron a volar en rumbos dispares, las fieras comenzaron a correr y todo fue un silencio de quince segundos. Cerré los ojos, fruto del miedo y después los abrí con recelo. A mi lado estaba la muerte y con una sonrisa perenne me estiró sus falanges desnudas. ¡Maldita muerte! Me había dado el susto de la vida. Pero nada era lo mismo de antes. Creo que no le gustó que le pregunte si tenía familia, pero en eso siento un abrazo por la espalda y era Cirilo. El negro estaba a mi lado y ya sabía qué significaba esto. Nos fuimos con él y con la muerte rodeada. Ya sabíamos que su familia éramos nosotros. Por la mañana solo quedó una taza de café con una rajadura. Una mesa y tres de cuatro sillas. Los panes con mantequilla se volvieron alimento para las aves que regresaban. La rutina ya no era necesaria. Todo había acabado.

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La Guardarraya Junio - Agosto 2018  

Edición 4/5 Revista La Guardarraya 2018

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