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santiago

- junio 2017 - 2do núm.

distribución gratuita

Entrevista a Paulina Urrutia

“Todo el proceso de muerte y de enfermedad lo he vivido con los gatos”.

Especial de Ramón Díaz Eterovic

“La misión del gato es observar nuestro comportamiento”

Ramón Griffero “Soy director del Teatro nacional chileno y mi objetivo es resguardarlo de la contaminación del mercado”


Editorial Por Juan Calamares

Revista “La gata de Colette”

En el año 2016, Miguel Perero, escritor y periodista español, especialista en historia, misterio, espionaje y temas heterodoxos, publicó, junto a Carlos G. Fernández, el libro “Nos vemos en el cielo. Manifestaciones después de la vida de nuestras mascotas“ que trata sobre el contacto entre animales fallecidos y sus cuidadores. El libro es el resultado de un estudio de campo en el cual los investigadores realizaron múltiples entrevistas por toda España, recopilando testimonios que confirmaran este tipo de sucesos. En prácticamente la totalidad de los casos, se demostró que este tipo de comunicación tenía las mismas características que las observadas entre seres humanos. Es decir, que el animal fallecido se comunica con alguien con quien ha mantenido un vínculo afectivo profundo. La otra similitud con los casos de seres humanos es que el animal, al entrar en comunicación con su cuidador, entregaba un mensaje consolador de esperanza. El tema de los mensajes era: estoy bien, siempre estaré contigo, estoy en un lugar mejor, te estoy cuidando, algún día nos encontraremos, etc. Dicho lo cual, conviene decir que el animal fallecido se expresaba de forma telepática o similar, y como sucede en los casos de apariciones fantasmales de humanos, los animales venían envueltos en una especie de niebla que se evaporaba intempestivamente, después que el aparecido avisara su partida. En algunos de los casos expuestos se observa que el animal y su cuidador habían establecido lazos afectivos dados por algo más profundo que la simple convivencia. Como demuestra el caso de Jumara, la perra que habría salvado la vida de su cuidadora. Al sufrir esta un ataque de vesícula que la desplomó, la perra la habría arrastrado hasta el teléfono y reanimado, permitiendo que esta se comunicara con su vecino, lo que propició su salvación. En este caso, la mujer le debía su vida a Jumara, quien la habría visitado luego de fallecer. Los casos abundan. Y una de las cosas que demuestra la investigación es que el nexo facilitador del contacto fue, lo que los autores del libro no dudan en llamar, el amor. “Nos vemos en el cielo” trata un tema heterodoxo que cabe en el apartado de las creencias, pues, pese a los miles de testimonios a través de la historia, no se ha demostrado que exista, en efecto, aquel más allá. Lo que si abre es un debate filosófico, puede que la confirmación de una idea que todos los amantes de los animales, creyentes o no creyentes , ortodoxos o heterodoxos, sospechamos: La paridad entre nuestras especies, la certeza de que somos mucho más parecidos a los animales de lo que se nos ha hecho creer, por razones que van de lo jurídico hasta el mero prejuicio. Los autores de “Nos vemos en el cielo”, refieren los dichos de la primátóloga Jane Goodall, las más importantes en su campo: “Si miles de millones de personas en este planeta están convencidas de que los seres humanos tenemos alma y, por lo tanto, somos inmortales con qué derecho les arrebatamos esa capacidad a los animales”. Y este es un derecho que muchos de nosotros estamos más que dispuestos a darles.

Junio de 2017 / Publicación bimestral Editor: Juan Calamares Directora: Pamela Gaete Foto de portada: Sofía Garrido Diseñadora: Constanza F. / Itza Maturana

contacto@lagatahoracia.cl http://www.lagatahoracia.cl +56 2 3264 4928

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LITERATURA

“Dormir al sol” de Adolfo Bioy Casares: el perro de tu tristeza

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Narrado como carta, Dormir al sol nos cuenta la historia de un matrimonio de clase media argentina, compuesto por Diana y Luis Bordenave, hombre que además de reparar relojes, escribe con angustia a un amigo los últimos hechos acaecidos a él y a su esposa, sucesos que se inician con la simpleza y rutinaria vida de pareja, hasta la irrupción de elementos fantásticos que vuelcan patas para arriba el entramado total de la historia. Y ponemos “patas para arriba” literalmente, porque la novela trata, entre otras cosas, sobre perros. La apacible y aburrida vida del matrimonio DianaBordenave se rompe con la llegada de un adiestrador alemán de perros, un hombretón macizo y rústico, presumiblemente de pasado nazi, quien se empeña en explicar que sus métodos no son de simple amaestramiento, afirmando que: “No le devolvemos al amo un simple animalito amaestrado (…) sino un compañero de alta fidelidad”. Los perros podrían ser gente castigada con la maldición de no poder hacer uso de la palabra, se nos dice en una parte de Dormir al sol, superstición que en la época de los griegos llevó a más de un filósofo a postular que si en vida hablábamos muy poco, como castigo reencarnaríamos en animales, al no usar la facultad exclusiva de los humanos. No obstante, en Dormir al sol se nos sugiere que los perros no solo son altamente inteligentes, sino que también pueden hablar; además, suceden cosas más extrañas, como intercambios de almas y cuerpos entre animales y humanos. El narrador y protagonista Lucho Bordenave cuenta angustiado en la carta que redacta que su mujer Diana comienza a ser objeto de la mirada atónita del resto, debido a sus trasnochadas y sus paseos sin rumbo: se entrevera la sombra de la locura, y en un momento se nos aclara que estuvo en un pasado internada en una casa de reposo. La incertidumbre del marido se confirma cuando descubre que ella ha sido efectivamente recluida en un sanatorio mental, con el pomposo nombre de Instituto Frenopático, a cargo del doctor Reger Samaniego, un auténtico Caligari mefistofélico, un ser misterioso y folletinesco capaz de hacer lo que fuera con tal de comprobar sus teorías.

En la espera del regreso de su mujer, Bordenave se encuentra en casa con una mujer muy similar a su esposa, similitud que se explica rápidamente por el parentesco directo que tiene con la aludida: se trata de su cuñada Adriana María (los conocedores de la vida del autor reconocerán en seguida que las mujeres aludidas son un trasunto de las hermanas Ocampo), quien en vez de mostrarse solidaria por la suerte de su hermana, se muestra rápidamente criticona e incluso seductora. Una auténtica arpía. Bioy Casares en Dormir al Sol no se complica con pasajes enrevesados ni utiliza un lenguaje críptico o barroco; al revés, como en casi toda su obra, se decanta por pasajes sencillos, repite el habla cotidiana argentina, sus personajes son modestos y nada estrafalarios pero, eso sí, estamos ante un autor que no dejaba nada al azar, y que de forma amena nos entrega frases ingeniosas de diversos temas, como el amor, el olvido, el odio y la locura. No es casualidad que la mujer del protagonista se llame Diana, aludiendo al mito griego de la diosa que al ser vista desnuda por el cazador Acteón, en castigo este es transformado en siervo y devorado cruelmente por sus propios perros. O en una escena, cuando se nos muestra el cuarto del adiestrador de perros de origen teutón, aparece en una acuarela colgada en la pared un escrito con el nombre de Tirpitz, nombre que efectivamente hace un enlace con un antiguo almirante alemán y con un hecho bélico de la II Guerra Mundial. La magia de Bioy Casares en esta novela no está en restregarnos datos desconocidos y enciclopédicos, o hacer gala de una alta y abrumadora intelectualidad, sino que se encarga de forma modesta lo que debe hacer básicamente todo contador de relatos: narrarnos una historia llena de sorpresas, con pistas ocultas para quien pueda o quiera verlas, con un final tan atronador e inesperado, que el recorrido por las cuitas de un hombre común, en un barrio común, no sólo se justifican, sino que nos dejan pensando, largamente después de tan íntima y fantástica experiencia.

Por Pablo Rumel Espinoza. Autor de las novelas Hamellion, Atentado Celestial, entre otras. Ilustración por Javiera Rumel.


CINE

Harry y Tonto (EE.UU., 1974) Dirigida por Paul Mazursky

El pasado parece ser mejor porque está lleno de momentos inventados o aderezados con esos detalles inexistentes, potenciados por el paso del tiempo, que pasan a formar parte de la secuencia. Esta película la vi hace tantos años que me cuesta creerlo. ¿No será que fue otra película de Tardes de Cine? ¿La estoy confundiendo? Afortunadamente no, Harry y Tonto es una cinta que se quedará largamente en los corazones. Mi problema es que hay una niebla kilométrica que me nubla los detalles y tengo que recurrir a la mejor memoria de otros para refrescar algunos. Harry (Art Carney) es un anciano de setenta y dos años que vive en su departamento con pocos pero preciados amigos. Entre ellos, su gato llamado Tonto, un ejemplar hermoso de color anaranjado cuya raza se llama Manx (esto lo aprendí escribiendo esta reseña). Se tienen el uno para el otro, es lo único que puede haber en el universo. Sin embargo, no puede durar para siempre, y el municipio lo obliga a abandonar su edificio debido a que será demolido. Entonces comienza la odisea de los dos personajes. Van a parar primero a la casa de la hija; no es una buena bienvenida y, ni corto ni perezoso, Harry sale a la carretera para llegar hasta la otra costa, buscando una solución que internamente no sabe si es mucho mejor que la que abandona. De aquí en adelante, la película es una road movie en la que aparecen personajes marginales y pintorescos, como el autoestopista que solo cita a la biblia, o el jefe indio con el que se topa en una cárcel de Las Vegas en una de las escenas cómicas de la cinta. La película se puede ver como un tranquilo y quitado de bulla desafío final de dos personajes que están en el borde de una sociedad que solo busca la utilidad. Cuando Harry se entera de que no puede tomar un vuelo a causa de su gato —el animal no puede viajar a su lado—, decide

ir en bus y, cuando en este transporte tampoco puede ir Tonto, entonces compra un auto. Y esta imagen se repite con los personajes secundarios y se transforma en un mensaje coral. Cuando se cierran todas las puertas, simplemente se toma otro camino, pero nunca se deja de luchar. El hecho de ser una persona socialmente desechable no significa que la vida deba detenerse. Mazursky es uno de esos directores que construyen su carrera en base a buenas y honestas narraciones, ningún blockbuster, con el oficio aprendido en el Hollywood de la década de los 70, que no dejaba de enviar un mensaje aun cuando fuera la más comercial de las películas. De él también recuerdo Moscú en New York, una comedia con Robin Williams como protagonista, y Tempest, una visita inesperada a La Tormenta, de Shakespeare. El ojo firme y desprovisto, confiable, de Mazursky nos lleva por esta despedida del mundo de la pareja de protagonistas sin caer en lo edulcorado. Art Carney coloca lo suyo con una actuación que le valió el Oscar a mejor actor principal de 1974, construyendo un personaje que nunca deja que las circunstancias lo inunden: su nivel de resiliencia es lo que mueve la trama, prácticamente. Tonto es un gato que es un maestro en demostrar que lleva experiencia en la vida y que, de hecho, gana el Patsy de 1975 (que es como el Oscar para las actuaciones animales), aunque en la filmación se usaron dos gatos de raza Manx. Carney declaró que no le gustaban los gatos a la hora de la filmar, pero que fue cambiando de opinión a medida que conocía a Tonto. En un tabloide amarillista se escribió que Carney intentó comprar a Tonto a su adiestrador, sin resultados. Lamentablemente hace tiempo que está descatalogada, pero si la recuerdo con cariño es porque, créame, bien vale la pena buscar esta joya que alojará en su corazón por un largo rato.

Por Luis Saavedra (Puente Alto, 1971). Editor del fanzine Fobos, de literatura fantástica, participa de los Grupo Poliedro y Erizo, colectivos de fantasía y ciencia ficción. Ha sido traducido al francés, italiano e inglés.

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FOTORREPORTAJE

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GABRIEL DÍAZ

Fotografías por Daniela Echeverría

Gabriel Díaz, 1979. Es director de series de televisión y publicidad. Comenzó su carrera como director de fotografía en las primeras películas de Matías Bize y Sebastián Lelio. Ha colaborado con directores como Pablo Larraín e Ignacio Agüero. Fue vocalista de la banda CHC y protagonizó “La Vida Me Mata” de Sebastián Silva.


FOTORREPORTAJE

“Soy realizador audiovisual y los animales me fascinan. Dirigí la serie “Bala Loca” -junto a Oscar Godoy-. (¡No se la pierdan en Netflix!). También soy miembro de “Fundación Animal Chile” y con ellos nos dedicamos a rehabilitar animales abandonados

“Bala Loca” es una serie de ficción sobre un grupo de periodistas que fundan un medio independiente y la investigación que hacen sobre el misterioso asesinado de una colega. Los 10 capítulos de la primera temporada se exhibieron en el canal Chilevisión entre Julio y Septiembre de 2016. Actualmente está disponible en Netflix en Hispanoamérica, EEUU y España. “Bala loca” acaba de ser nominadda a mejor serie iberoamericana en los Premios Platino 2017”

y buscarles una vida feliz. Tito, Lulú, Pollo, Poroto, Rucio y Choqui, son los que hacen fiesta cada vez que llego a casa. Estos hijos perrunos me enseñan día a día sobre el amor incondicional. Además, me sacan a pasear: son lo máximo!”

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FOTORREPORTAJE

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GABRIELA FERRADA Desde finales de 2016, Gabriela Ferrada trabaja en un proyecto personal de stencil, con la finalidad de pintar en diferentes muros de Chillán cinco felinos nativos de Chile (Gato de Geoffroy, Gato Andino, puma, Gato Colo colo, Guiña). Estos animales, además de estar en peligro de extinción por culpa de la mano del hombre, han sido estigmatizados a lo largo de la historia como depredadores agresivos, cuando en realidad son bastante tímidos e indefensos. “Creo que la gente debe conocer e identificar a las especies que son parte de nuestro patrimonio natural, sobre

todo los felinos; por lo mismo estoy trabajando diferentes plantillas de stencil de gran tamaño (tres metros, aproximadamente) para comenzar a pintarlos desde agosto de 2017 en muros exteriores de cinco escuelas de Chillán. El año pasado partí con el Gato de Geoffroy para conocer el impacto que este puede generar, y el resultado fue muy positivo, pues al pintarlo en el exterior de una escuela cercana a mi hogar, pude hacer una actividad de vinculación de la temática con los niños que ahí estudian. Invito a todos los catlovers a conocer la fauna y sobre todo a los felinos nativos, los cuales deben estar en su

estado salvaje para sobrevivir y en ello nosotros podemos ayudarlos, respetando sus espacios, su alimentación y su bienestar en el ecosistema” Thorn 1985 (Gabriela Ferrada), es catlover, pintora street art, gestora cultural de Chillán y presidenta de la organización comunitaria de graffiteros “Agrupación Pintarte” de Chillán, dedicada hace más de 8 años a la práctica del stencil. Actualmente está trabajando en talleres de stencil con niños de diferentes barrios de Chillán y emprendiendo proyectos de arte urbano en los espacios públicos de la provincia de Ñuble.


ARTE

Por ser mujer, nadie anotó su nombre entre los más destacados autores del movimiento Futurista italiano. Todos hombres, casualmente. Pero es la fotografía que funde su rostro con el de uno de sus gatos, titulada “Yo + Gato”, la obra que más se conoce de esos años. Desde la imagen, el felino y la fotógrafa miran al espectador, confundiendo sus sentidos. ¿Quién lo observa de verdad? ¿El animal o la mujer? Se trata de Wanda Wulz, quien creó este bello autorretrato al superponer varios negativos en 1932. Y aunque la técnica que utiliza era ya conocida en esa época, y son varios los y las profesionales de la cámara que prueban el mismo experimento, ninguno de los resultados se compara con la precisión e intensidad que luce el trabajo de Wanda. Más allá de esta y otras fotos, es poco lo que se sabe de su vida y obra. Nació en Trieste en 1903, cuando la ciudad era parte del Imperio Austrohúngaro, y creció influenciada por su padre y su abuelo, quienes fundaron el Estudio Fotográfico Wulz, famoso en la ciudad. Allí, Wanda se familiariza desde niña con el trípode, el revelado y las técnicas fotográficas. A la muerte de su padre, en 1928, ella y su hermana Marion se hacen cargo del estudio, por donde desfilan todos los artistas e intelectuales de la ciudad en busca de bellos retratos, fotos de familia, matrimonios y cumpleaños. En paralelo, la osada Wanda experimenta en su laboratorio con fotos en movimiento y superposición de negativos. En ese tiempo ella se interesa en las ideas futuristas, movimiento al que adhiere junto con investigar en otras vanguardias, como el dadaísmo y el surrealismo. En 1932 participa en la Muestra Fotográfica Futurista de Trieste con seis obras, que reflejan su versatilidad: superposicionevs, montajes y photoplastic. Poco duró su relación con el Futurismo. A fines de los años 30 estaba de regreso en su ciudad y en el estudio familiar, donde trabaja incansablemente hasta los años 60. Wanda muere a los 84 años, cuando Trieste es parte del territorio italiano. Y, pese a la fama de algunas de sus fotos, poco se conoce de su vida. L@s que admiramos su trabajo debemos conformarnos con los pocos datos que se repiten en sus biografías. El resto, hay que adivinarlo mirando su autorretrato.

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Wanda Wulz Ella y su felino autorretrato Por Marietta Santi


RESEÑA

Quiltros:

Radiografía al patrimonio callejero de Valparaíso

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Es un proyecto literario independiente de Cristian Mora Valenzuela, psicólogo y escritor iquiqueño radicado hace siete años en Valparaíso, quien ha desempeñado su carrera principalmente en el área Educacional, Social, Clínica y Docencia Universitaria. En el mes de Junio de 2016, publica en España para la editorial EAE su trabajo Identidad social en inmigrantes de nacionalidad peruana residentes en Valparaíso. Su actual trabajo narra las biografías reales de 39 perros residentes en las calles de la principal ciudad puerto de Chile, con recursos literarios que van creando un relato atractivo y envolvente. Durante 5 meses de intensas entrevistas a quienes entregan cuidados a los Quiltros, el autor recopila los datos que permiten estructurar la biografía de cada uno de estos personajes de cuatro patas. Sin embargo, el presente texto trasciende el mero relato biográfico de los canes más representativos de los barrios porteños; pues, mediante una perspectiva existencialista, el autor invita al lector a la reflexión profunda respecto a temáticas sociales y egoicas. El abandono del perro, es un síntoma de una sociedad

El secreto de los

Gatos felices

enferma, donde el desprendimiento afecta las relaciones humanas y la vida en comunidad. Entonces, es la temática del perro abandonado una sublime excusa que facilita la observación del otro y la propia. Podría calificarse como un texto de orientación Humanista Transpersonal, pero con un estilo de narración que no cae en lo engorroso ni pretencioso, siendo digerible por un amplio margen de edad en los lectores. Fue lanzado oficialmente el día 9 de marzo del 2017 en el Departamento de la Cultura y las Artes CENTEX de Valparaíso, con una gran convocatoria de público y prensa no solo regional, sino que nacional e internacional. En el mes de marzo, el programa Acuarela Latinoamericana perteneciente a Radio Bahía, en la ciudad de Estocolmo, dedica una edición a QUILTROS. El mismo mes, la revista nacional Mestizos Magazine publica una entrevista al autor. Además, radios locales como Ritoque y Portales han difundido el trabajo literario ya mencionado. Actualmente se encuentra a la venta la segunda edición, debido a la rápida venta de la primera. Su distribución es realizada por el autor, ya sea modalidad personal en el Cerro Concepción de Valparaíso o mediante Facebook.


OPINIÓN

Brujas y gatos negros

Escribo esto con uno de mis gatos acostado en la pantalla del notebook, es un gato negro. El otro juega con el cable que cuelga desde la mesa, y también es negro (en realidad es negra, es hembra). Es un día gris, húmedo y en algunos aspectos hasta lúgubre; sin embargo, estoy feliz observando cómo ellos se acicalan, juguetean y me miran, feliz observándolos a ellos siendo simplemente gatos. Probablemente, el día otoñal y la compañía de mis queridos y peludos amigos me lleva a recordar algo que siempre ha llamado mi atención: la relación mágica que existe entre las brujas y sus fieles compañeros los gatos —si estos son negros, tanto mejor—. Por lo mismo, si hay algo que me encanta es la visión mágica del gato. Históricamente el gato ha sido un ser relacionado con el mundo espiritual y, en muchos casos, su historia siempre se ha vinculado con lo esotérico. Este felino es mucho más que una seguidilla de datos que nos hablan de sus características paranormales; también es ese ser que no logra ser domesticado, sino que más bien domestica a su supuesto amo —quizás a esto se debe esa torpeza respecto a ciertas cosas propias de la sociedad del hombre y de la modernidad que él simplemente no entiende—. Nunca me canso de ver cómo la astucia de los gatos sorprende y fascina, pero, paradójicamente, no logran aprender a cruzar la calle, a diferencia de los perros. Esto, que puede ser leído como torpeza, es su evidente rebeldía a la domesticación social. El gato no es doméstico, es independiente y, por eso, cuando te elige y te quiere es incondicional. Los gatos históricamente han desarrollado con la raza humana una relación de amor y odio. Es raro ver cómo un tipo peludo y bastante mal portado genera tanta fascinación. Rey de internet y memes, el gato es un sujeto especial y a lo largo de la historia ha abrazado distintas religiones y prácticas mágicas. Para muchos es el protector de las brujas, para otros es la reencarnación de las mismas o la posibilidad que tienen estas de convertirse en uno de ellos. Quizás, para entender un poco esta historia que tiene ribetes de cuento, hay que remontarse al medioevo

temprano, el románico, ese que en algunas leyendas nos habla de mesas redondas, valientes caballeros, doncellas en peligro, hadas, brujas y dragones. Una época en que el sincretismo entre la naciente religión católica, que se hacía cada vez más poderosa, y el mundo celta, que iba escondiéndose en los bosques, se conjugaron en la aparición de seres míticos que dominaban artes propias de la naturaleza y de creencias ancestrales. Este periodo es el que da cabida a la hechicera, la bruja de cuento que al cultivo de hierbas y conjuros curaba, bendecía o maldecía a alguien. La bruja abrazó el mundo celta en retirada, lo cuidó y protegió, y esto fue visto por el mundo católico como una forma de traición al mismo, como un adherir a lo que se entendía como dioses paganos —por ende, demonios— y en esta realidad se ve al gato como una entidad más bien perversa que convive con la hechicería. El gato negro es considerado de buena suerte, el gato es un limpiador de malas energías, malos espíritus y de alimañas: todas las religiones lo han venerado, todas, excepto la católica. Es el aliado perfecto de la bruja, pero claro, la visión de la bruja estaba supeditada a un sesgo negativo, ya que desarrollaba sus poderes al alero de la naturaleza y de dioses paganos, y esto iba en contra del culto en boga en esa época y hasta nuestros días: el católico. Es raro constatar cómo algo que se estableció en tiempos tan remotos ha logrado consolidarse. Ver que para algunos la idea de que estas bellas y mínimas panteras de salón son malas, traicioneras y de cuidado, no hace más que sostenerse en una construcción histórico-mágica donde el deseo de imponer una creencia, logrando mayor poder, limita la posibilidad de conocer ancestralmente a seres regalones, fieles y divertidos. Por mi parte, pienso que si alguno de mis gatos negros es una bruja reencarnada, bienvenida sea ella, que proteja mi casa, a todos los que vienen y, por supuesto, a los que habitamos acá, porque, como decía Neruda: “el gato quiere ser sólo gato (…) desde la noche hasta sus ojos de oro”.

Por Jaime Coloma

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ENTREVISTA

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“Todo el proceso de muerte y de enfermedad lo he vivido con los gatos”. Entrevista a Paulina Urrutia. Por Juan Calamares Fotografía: Sofía Garrido


ENTREVISTA

Paulina Urrutia, actriz de dilatada trayectoria en las tablas, el cine y la televisión, y ministra de cultura durante el primer período de gobierno de Michelle Bachelet, nos habla de su amor a los gatos y de cómo estos le han enseñado a vivir el proceso de la pérdida. Paulina Urrutia desde niña tiene perros. Es su hermana quien la inicia en la aventura de los gatos al traer a Abra, por Abracadabra, un nombre que nos evoca el carácter brujeril de aquella gata. Pero es Pochi la gata que le roba el corazón a Paulina. La bautiza así en honor a su madre y vive 19 años. Son años durante los que Paulina aprende a conocer lo que Pochi quiere decir con sus maullidos, años en los que la ve crecer y envejecer.

“Pochi se levantaba de su pieza a las seis de la mañana. Pero una noche, en la madrugada, se subió a mi cama y cuando la toco me di cuenta que iba a parir. Le abrí el closet, le puse una manta...” Y Pochi tiene cachorros, entre ellos Mona, una gata que la acompañará durante largos años, como todas sus gatas. “Le pusimos Mona porque era la más fea de la camada, por eso me quedé con ella”. Por aquella época, Paulina tiene una asociación que esteriliza gatos en Ñuñoa y Kiara es una de esas gatas. Paulina la ha visto desde hace tiempo, rondando. Le cuesta mucho atraparla, pues no se deja y cuando lo logra, finalmente, descubre que ya está operada. “Seguramente tenía casa, pero se quedó conmigo, nunca se fue de mi lado”. Hasta el año 2000, Paulina vive en su casa de Ñuñoa y al irse a vivir con su esposo, el periodista Augusto Góngora, se lleva a sus tres gatas. Aquellas gatas matriarcas, ya entradas en años, viven tranquilas, reinando en su hogar, hasta que aparece July. “July bajó de los cerros. Yo le dejé comida y al día siguiente estaba en la misma posición, junto a la comida.

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ENTREVISTA

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Entonces me di cuenta que estaba enferma; tenía la cola quebrada en diversas partes y la llevé al veterinario”. July es una gata hermosa, longeva como todas sus predecesoras, que despierta a Augusto con besos y se mantiene quieta en brazos de Paulina. Es una gata gorda, robusta como todas las gatas de su edad, romana y de pelo corto. Es la última de las gatas del clan y le dicen July por Julieta, en honor a una gata que Paulina tuvo en el sindicato de actores. Una gata

que, nos explica Paulina, tiene cara de Julieta. “Cuando July llegó, Pochi la odiaba y como estaba vieja yo temía que se fuera a morir lejos”. Pero Pochi no muere lejos. Ya ha cumplido su ciclo y busca a Paulina para estar acompañada en aquellos últimos momentos. La sigue por toda la casa antes de morir de vejez, maullándole y se acuesta junto a ella. Y cuando se abandona, Paulina la lleva al veterinario y ahí parte, recién, por medio de la eutanasia.

“Me sintió llegar; yo conozco eso. Se que los gatos hablan, que te buscan, que te echan de menos”. Cuando Kiara está en la etapa final de su enfermedad, no come, ni bebe y Paulina la mantiene todo el día acostada. Un día, al regresar del trabajo, la sorprende bajo el sillón. Va a la cocina a buscarle comida y cuando vuelve, Kiara comienza con un ataque, con los estertores... la gata suspira y fallece en sus brazos. Y esa misma noche, Paulina la vela, de forma muy natural, del modo que


ENTREVISTA

debe enfrentarse la muerte, en su pieza. Luego, con el tiempo, parte Mona, de un cáncer al pulmón que no le permite respirar, también por medio de la eutanasia que le recomienda su veterinaria. Hoy en día está enterrada en el patio junto a las otras gatas. “Fue terrible, la eutanasia la salvó de los dolores”. Todas las gatas de Paulina han vivido mucho, plenamente luego de haber sido rescatadas y a su vez se han ido tranquilas, en brazos de su humana, o en un ambiente cálido, por medio del bien morir. Por eso Paulina se declara una ferviente defensora de la eutanasia. “Los animales reciben una manera digna de morir y nosotros todavía no hemos podido permitirnos eso. Yo no pude ver la muerte de mi madre; murió muy joven, todo el proceso de muerte y enfermedad lo he vivido con los gatos”. Sobre la relación de los gatos con los artistas, Paulina señala: “No sé si el gato sea una compañía especial de los artistas. Antes que Matías, mi perro, fuera viejo, yo leía con él mientras caminaba. Los gatos son independientes, por eso les gustan a los artistas, pero esperen a que tengan años pues ahí ya no son tan independientes. Muchos artistas no han vivido la experiencia del gato en la vejez”. Sobre el gato en si mismo, nos dice: “ Los gatos establecen una relación con uno, determinan su manera de vivir. Por ejemplo, ahora Julieta está terrible; quiere estar todo el tiempo con nosotros. Toda la vida nuestros animales han dormido en sus piezas. Pero ya no hay cómo meter a Julieta a su pieza. Ahora, como es vieja, habla mucho; los gatos viejos se relacionan hablando, cuando chicos no, pero viejos sí... Me gustan los gatos, sus cariños, sus olores, me gustan porque en invierno son calientitos. Los gatos me han enseñado y regalado”.

Hasta el 28 de mayo, Paulina Urrutia participó en el montaje de Ramón Griffero, “99 La morgue”, parte de la trilogía que el director montó en los años de dictadura. Una obra que nos muestra un Chile que se ha convertido en una morgue, una metáfora del país que se vivía en esa época. J: ¿Cómo se entiende una obra de esas características en nuestros días, en un país que ha querido hacer borrón y cuenta nueva con su historia? P: Se entiende como un ejercicio de memoria. Especialmente por la cantidad de público joven que tuvo. Ellos vieron, a través del arte de esa época, de un texto valiente, osado, de irreverencia y creatividad, cómo fueron los momentos más oscuros de este país. Ver el nivel de responsabilidad y, sobre todo de esperanza que teníamos es lo más potente para las gente joven que vio la obra. Yo veo que la juventud de hoy es muy buena para quejarse, para criticar de la platea. Pero nosotros estábamos en medio del huracán como protagonistas y nunca pedimos que nadie nos viniera a salvar; queríamos hacernos cargo de nuestra historia. En ese sentido ahora viene un período de reflexión y ver como la juventud se hace cargo de su historia. Ahora nos toca mirar qué hacen los protagonistas de hoy.

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ENTREVISTA

“La misión del gato es observar nuestro comportamiento”

Entrevista a Ramón Díaz Eterovic.

Por Mario Baldío y Juan Calamares Fotografía: Sofía Garrido

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Ramón Díaz Eterovic da vida a la exitosa saga policial del detective Heredia, adaptada al cómic y la televisión, con 16 libros en desarrollo. Este multipremiado autor, que nos conduce por aquellos “edificios tristes y viejos”, durante aquellas caminatas nocturnas de la investigación policial, es también un amante de los gatos, como bien saben sus lectores, que disfrutan de las conversaciones de Heredia con Simenon, el gato que se ha convertido en parte integral de este particular mundo de novela negra chilena. M: ¿Cómo surge la idea de escribir sobre un detective privado chileno? R: Al escribir la primera novela buscaba un punto de vista que tuviera que ver con la realidad que había en la época. Asumir algún tipo de desafío. De ahí hice la relación entre la novela negra y la realidad chilena. J: Eso fue en el año 87. ¿No tuviste problemas con la censura? R: En ese tiempo las novelas debían ser revisadas. Había que pedir permiso para publicar y algunos editores se echaron para atrás con el tema, que tocaba a los desaparecidos. Yo ya había publicado cuentos con temas relacionados y no me cuestioné. En la primera edición de “La ciudad está triste”


ENTREVISTA

puse una frase irónica, algo así como “estas cosas no ocurren en Chile”. La censura no se dio cuenta del sarcasmo. Díaz Eterovic llega a Santiago a los 17 años desde Punta Arenas y nunca sintió deseos de regresar. Le gustaba detenerse en las esquinas, recorrer los espacios populares. Por esos sus novelas se leen paseando, siguiendo la pista de las investigaciones del detective. Son libros que se desarrollan en Puente, en el Mercado, en la Estación Cal y Canto, en Franklin, en la Plaza de Armas, o en los intersticios de Ayllavilú con Bandera.. “Hay gente que las lee en función de los espacios, recorriendo la ciudad”, confirma Eterovic. J: Heredia es un fenómeno único en las letras nacionales, pues no hay otra saga que haya perdurado tanto.

R: Al comenzar con Heredia no se me pasó por la mente que estaría tantos años con el personaje. La primera novela la concebí como un texto cerrado. Pero como tuvo buena acogida entendí que el personaje daba para más. Luego, alrededor de la quinta, supe que era un proyecto a largo plazo. De hecho estoy escribiendo otras novelas, que Heredia no me deja terminar M: Vemos en tus novelas el tema de las corporaciones, los desaparecidos. Y Heredia refleja, desde el malestar del ciudadano de a pie, el enfado con la autoridad. R: Desde un comienzo quise trabajar con la relación poder — crimen — justicia. Involucrar a la policía, el aparato judicial y las grandes empresas. Al salir al exterior, descubrí que en latinoamerica eso ya se hacía; el “Neo policial latinoamericano”, a raíz de la matriz de Chandler y Hamett. El distintivo del neo policial es que casi todas

las historias tienen que ver con el poder. Con sus equívocos, con sus duelos y culpas, Heredia le arrebata a Hollywood su visión heroica del detective, y la desperdiga por las calles rescatando la condición humana. Pues Heredia es un hombre cualquiera”, por eso sus luchas no siempre resultan airosas y es en esta confrontación del “ciudadano de a pie” con el poder oculto que Heredia nos confirma que lo legal no es necesariamente justo. R: En muchas novelas, Heredia descubre el germen del mal. Pero no hay necesariamente castigo. En Estados Unidos, el detective privado por marginal que sea, tiene cierta confianza en el sistema. Habrá algún juez o abogado que le tienda la mano. En latinoamerica no hay justicia que te ampare. 17


ENTREVISTA

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M: A diferencia del antihéroe de la novela negra norteamericana, Heredia no es un cínico. R: No termina siendo un cínico, pues no le rebota todo. No es tan impermeable. Las cosas no le pasan de largo. J: ¿La critica valora el trabajo de construcción de la novela policial? R: No se mete en la construcción, pero el lector de novela policial sí es muy critico con los detalles. Una vez, una señora me mostró una lista de errores que aparecen a lo largo de la saga. Pero los justifiqué en “La oscura memoria de las almas”, a través del personaje de el Escriba. J: ¿Tienes completa la idea de la novela antes de escribirla? R: Para mi, escribir una novela tiene relación con una investigación policial. No lo tengo todo definido. A medida que avanzo me hago preguntas. Comienzan a aparecer otros personajes. Uno tiene una idea general sobre la novela pero en el camino descubre más cosas. Me interesa desarrollar un enigma, pero tampoco me importa si se descubre al culpable a la mitad de la novela. Hay lectores que creen que leer el último capítulo es la gracia, pues ahí descubrirán al asesino, siendo que los últimos capítulos tienden a resolver otras cosas. Testigos, sigilosos, suspicaces, cómplices, los gatos han visto pasar a la humanidad frente a sus bigotes. No es de extrañar que el único gran compañero de Heredia sea Simenon, el altanero y elocuente gato sin el cual no podría resolver cada caso. Fue en “Solo en la oscuridad” que entró en

escena, durante un año nuevo en el cual Heredia lo sorprende acostado sobre una pila de libros de Simenon, el escritor belga. El detective, al contemplar al gato, muerto de hambre, tan solitario como él, le ofrece compartir un whisky que le sirve en un plato. “Emborrachémonos, gato”, le dice, “la soledad no es un buen negocio”. “La idea de ponerle Simenon al gato vino de una experiencia verdadera. Le regalé un libro mío a Rolando Cardenas, poeta, que vivía en un departamento pequeño con 7 gatos. Un día lo fui a ver y vi que mi libro estaba en el suelo y que sobre él estaba acostado su gato. “Lo que pasa”, me dijo Rolando, “es que al gato le gusta mucho tu poesía”. Seguramente es de ellos que Ramón Díaz Eterovic extrae mucho de lo que podemos llamar “el carácter detectivesco”. Incansables merodeadores, independientes, maestros del ocio y la invisibilidad

ante el ajetreado ojo humano, los gatos parecen ser los detectives originales, y algo de gato tiene Heredia cuando pasa junto a la gente que vive su vida como una carrera de caballos. Y ese algo está reflejado en Simenon, elocuente testigo que juzga y discute las desiciones del detective. “En algún momento pensé, en cómo tratar el tema de la consciencia, las dudas, los interrogantes de Heredia durante sus investigaciones. No quería hacer lo simple y pensé en mis tías en Punta Arenas. Recordé que le hacían preguntas a la gallina o al gato sobre si iba a llover, por ejemplo y que luego se contestaban


ENTREVISTA

solas, aunque creían que lo hacía la gallina o el gato”. J: Tus lectores quieren mucho a Simenon. R: Muchos lectores me tienen amenazado de muerte si le pasa algo. Por eso Simenon ha dicho que cada gato tiene siete vidas y que cada una de esas vidas dura 40 años, por lo tanto le quedan muchos años más. Simenon no solo es el compañero de andanzas de Heredia, no solo es un personaje que habita el mundo imaginario de Eterovic, también

adquirió vida propia al postular a un importante premio literario internacional: “En Francia existe una asociación de protección de animales, y cada año selecciona de las novelas publicadas en el año, un personaje animal que destaque por sus características. Hace años, el gato Simenon quedó entre los finalistas al premio, el que finalmente fue ganado por un pinguino. Según mi editora en Francia, estuvo en la pelea hasta el final”. Eterovic tuvo una gata llamada Galleta. Una gata que también amaba su escritura pues gustaba de dormir en el teclado de su computador, sin que el escritor se animara a sacarla. Hoy en día Eterovic comparte con Balzac, un gato ya mayor bautizado así en honor al escritor francés. “Balzac siempre está merodeando durante mi escritura. Da la impresión que te mira. Me levanto en la mañana y parte delante mio para que le de desayuno. Y antes de llegar a la cocina, se acuesta de espaldas y tengo que hacerle cariño. Y es una rutina de todos los días. Balzac duerme con nosotros. En invierno pide que le levanten la ropa y se mete a la cama. Si veo una película, me da la impresión que la mira. Yo puedo pasarme horas mirando a un gato. Son lindos, me gusta ver lo que hacen, sus patas”. A Etérovic le gustan los gatos, le gustan los felinos. Por eso recuerda esta frase de Víctor Hugo: “Dios hizo el gato para ofrecer al hombre el placer de acariciar un tigre”. Además en uno de los libros de Heredia se dice que la misión del gato es observar nuestro comportamiento. Por eso están muy atentos a lo que uno hace, a lo que uno dice. “Hace poco descubrí que Mujica Laines tuvo un gato llamado Balzac. Si algún día tengo otro gato le pondré Soriano” Díaz Eterovic, a través de Heredia, a través de Simenon, nos conecta con aquello de detective, aquello de gato que duerme en todos nosotros, y que espera despertar en el ruidoso corazón de la ciudad.

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ARTÍCULO

De gatos y Heredias Por Carlos Reyes G.

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“Emborrachémonos, gato —le dije—. La soledad no es un buen negocio”.

El popular Heredia, creado por Ramón Díaz Eterovic, nació en 1987 con la publicación de la novela: “La ciudad está triste. Como muchos elementos presentes en las novelas del investigador, el departamento de Heredia existe y puede ser visto si van a la calle Aillavillú, en el “barrio bravo” de cerca del Río Mapocho y de la Estación homónima. Allí, el descreído investigador chileno comparte su vida con Simenon, su gato blanco cuyo nombre es un homenaje al escritor belga, creador del célebre inspector Maigret, tan admirado por Díaz Eterovic. ¿Pero qué representa este gato parlante con el que Heredia sostiene siempre punzantes diálogos? ¿Cuál es su papel en las aventuras de su amigo detective? Simenon apareció por primera vez en la segunda novela de Heredia: “Solo en la oscuridad” (1992) y no hablaba. Sin embargo desde “Nadie sabe más que los muertos” el irónico felino toma la palabra. De ahí en adelante sus palabras van a servirnos de espejo de los pensamientos del investigador, suerte de testigo de sus reflexiones y devaneos como sucede en este diálogo de la novela “Los Siete hijos de Simenon”:

Ramón Díaz Eterovic -Desde que te conozco sólo usas mocasines— dijo Simenon—: Mocasines y tus malditas citas. -¿A quién le importan esos detalles? “A mis soledades voy, de mis soledades vengo”. -Recordar a Lope de Vega no es un buen síntoma. ¿Tan mal están las cosas? -Los días pasan y no dejan nada a qué asirse. No es fácil aproximarse a los cincuenta años y mirar hacia atrás, como al vacío. -¿Qué te puso así? -La ciudad, el barrio, un hombre que quiso modificar su pasado. ¿No sé? La lista podría ser más larga. Y luego, ese muerto y las ganas de saber que hay detrás de él. Pero nadie paga por ello. -No sería la primera vez que gastas las suelas de tus zapatos por nada”. La relación de Heredia y su gato es también de silente y solitaria complicidad: “Busqué en la alacena la lata de comida para “gatos inteligentes” que comprara el día anterior y se la serví en un plato. Simenon la atacó a lengüetazos y luego se entretuvo en limpiar sus bigotes hasta que el reloj marcó la medianoche. Recorrí el departamento buscando a quien

abrazar, y no había nadie. Cogí la botella de whisky que me regalara Andrea para la navidad, y llené mi copa y el platillo de Simenon. —Emborrachémonos, gato — le dije —. La soledad no es un buen negocio”. El propio Díaz Eterovic ha afirmado que: “Heredia sí ama a los gatos, y al más querido de todos ellos, lo bautizó Simenon. ¡Cosas de Heredia! Porque él, al igual que Maigret, hoy tiene una vida propia que muchas veces creo más real y atractiva que la de su autor”. Para todos quienes amamos a estos enigmáticos felinos sabemos que, como bien escribió William Burroughs: “El gato no ofrece ningún servicio. El gato se ofrece a sí mismo” y lo hace como una suerte de comunión, la misma que Heredia tiene con esta especie de alter ego de sí mismo que ha dado en llamar Simenon y que camina en cuatro patas por entre el desorden de su habitación. Simenon. Como todo gato, siempre está dispuesto a observar, estimular o incluso a enfrentar al ser humano. Tal es la función del gato, tan elocuente como el silencio de un gran observador. Como un detective. Como Heredia. Viñetas por Rodrigo Elgueta, Gonzalo Martínez.


CÓMIC

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Viñetas por Félix Vega. En 2011 el detective Heredia llegó a las páginas de historieta con el volumen “Heredia Detective” (LOM ediciones) de la mano de un equipo de lujo en los dibujos; Félix Vega, Gonzalo Martínez, Rodrigo Elgueta, Demetrio Babul, Abel Elizondo e Ítalo Ahumada, junto a guiones de Cristian Petit- Laurent y de mi autoría. Todas las historietas que hicimos para esto se basaron en un puñado de cuentos sobre el investigador chileno, previamente escritos

por Díaz Eterovic, no obstante el libro ofrece también al público atento mucho contenido inédito, guiños e incluso citas ocultas. Nos permitimos también la osadía de reunir a Heredia con su Escriba (como bautizó Díaz Eterovic a su alter ego en las novelas) y hacerlos hablar y pasear por la ciudad de Santiago. El sueño, largamente acariciado por todos nosotros, de llevar a Heredia a las páginas de la llamada narrativa gráfica, se hizo realidad.


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“Soy director del Teatro nacional chileno y mi objetivo es resguardarlo de la contaminación del mercado”. Entrevista a Ramón Griffero. Por Juan Calamares Fotografía: Sofía Garrido


ENTREVISTA

Ramón Griffero es uno de nuestros más destacados directores teatrales, un artista que ha renovado la dramaturgia y la puesta en escena, vinculándose al espacio con una obra ligada a la resistencia de los años ochenta. El fundador del mítico Trolley, recientemente nombrado director del Teatro nacional, nos recibe en su casa donde comparte con su gato Miu, un romano tuerto que perdió su ojo, seguramente a causa de un postonazo y que se instaló, bajando de los techos para seguir al perro que vivía en la casa. Pero Griffero no sólo tiene un gato, sino también una tortuga que lo acompaña desde hace más de 20 años y que inspiró el primer montaje que el director realizó en nuestro país, “Recuerdos del hombre con su tortuga”. Aquella tortuga que alguna vez asustó de muerte al director al invernar durante meses bajo tierra, sin avisarle a nadie, duerme ahora en un rincón del living del dramaturgo, que nos habla de su visión del arte y de su evolución.

J: Regresas de Inglaterra a principios de los ochenta y fundas el Trolley, un espacio mítico del underground de la época. ¿Era una opción trabajar fuera de los espacios establecidos? G: Si hubiera sido por mi habría montado mis obras en el Teatro municipal, con todos los medios técnicos a mi disposición. Pero eso no lo iban a aceptar, por eso usamos el Trolley. La primera obra de Griffero, junto a la compañía de Teatro de fin de siglo, presentada en el Trolley es Historia de un galpón abandonado. Una obra que a su vez es una metáfora del Chile que se vivía en esos años. “Fue un riesgo tomarse ese espacio de forma casi clandestina. A veces llegaban los militares, pero todo era parte de la normalidad, de la realidad de la época”.

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Sin embargo, como explica Griffero, los militares estaban acostumbrados a reprimir una imagen establecida, el mural, la peña, las sillas de mimbre. Y al llegar al Trolley se encontraban con grupos cuyos nombres no correspondían a su imagen cultural. “No entendían nuestra forma de enfrentarnos a la dictadura desde la ironía. Que apareciéramos con una tele al hombro con la imagen de Pinochet cantando “Only you” y que tocaran grupos como Los prisioneros, Los Fiskales ad hock, Los Pinochet boys, La banda del pequeño vicio. Era algo que se les escapaba”. Si la dictadura nunca llegó a entender lo que pasaba, la izquierda ortodoxa tampoco. “El compañero revolucionario no hacía las cosas que salían en nuestras obras, que un jóven tuviera que hacer sesiones sadomaso para pagar el arriendo era, incluso, para ellos un insulto. En ese contexto esas cosas eran consideradas casi de derecha, pues denigraban al héroe revolucionario. Todo eso es parte del machismo de la izquierda de la época. Hoy en día nadie se fija en esa temática, gracias al contenido y la renovación del lenguaje que significó ese trabajo” Aquellas obras fueron una renovación para el teatro chileno y

ampliaron su alfabeto escénico. Y pese al prejuicio de la izquierda, fue desde ellas que se denunció por primera vez lo que pasaba en Chile. Pero, como explica Griffero, “mediante una renovación artística, no desde una izquierda planfletaria”. Griffero nos explica que hizo teatro porque existía la dictadura y aquel era el único espacio para expresarse. Por eso cuando llegó la democracia no hizo teatro, hasta que advirtió que existía otro lugar de resistencia. La resistencia del arte como un fin en si mismo. La idea es que el arte pueda seguir existiendo, sin estar relacionada con el lucro.


ENTREVISTA

“Hoy en día el arte es un arte de mercado, pues ya no habla de la muerte o la existencia. Ahora se preocupa de las cosas que le interesan al poder o a la ciudadanía. Ya no hace lo que dijo Aristóteles; pensar en el destino de la humanidad, ahora habla de lo concreto”. J: ¿Cuáles son los temas que debe tocar el arte hoy en día? R: Los temas siempre son los mismos, cada tiranía es la misma, cada amor es el mismo, la diferencia es la forma en que hablo de la tiranía o del amor. Hay símbolos que nos hacen ver que esto es universal. Lo importante en el arte es que mi lenguaje sea diferente. Como lo que decía Huidobro a los poetas jóvenes: si ustedes le hacen un poema al aeroplano no será moderno por ser un poema al aeroplano; es la forma la que renueva la percepción. Griffero afirma que nuestro país reemplaza al intelectual por el farandulero. Todos los medios de comunicación les dan sus páginas y es entonces cuando el arte, el verdadero arte vuelve a ser un lugar de resistencia. “Hoy en día las clases emergentes piensan que al ver una obra de mercado están viendo teatro. Eso

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forma un universo, que no es que no pueda existir, el problema es cuando se vuelve mayoritario y cuando los logros y virtudes de la humanidad pasan por un triunfo del mercado”. J: ¿Cuál es el deber del artista dentro de esta política cultural dominada por el mercado? R: Ahora soy director del Teatro nacional chileno y mi objetivo es resguardarlo de la contaminación del mercado. En la medida que nuestro gobierno no genere una política cultural de apoyo, sino

una política de privatización de la cultura, los espacios para sobrevivir se verán obligados a recurrir al mercado. No es que haya alguien bueno o malo, pero si se quiere sobrevivir se debe hacer la radiografía del mercado, como afecta en la educación, etc. Cuando uno hace resistencia decide no entrar en las leyes del mercado, al modo de vida que impone el mercado. Hay espacios, obviamente para resistirse y uno de esos espacios es el arte.


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MÚSICA

Animals

Pink Floyd, 1977, Harvest-Columbia

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Los filisteos, los hipsters y los filisteos hipsters (que no son pocos) podrán bufar y bufar otra vez recordándonos al santo patrono Syd Barrett y a esa extraña y extrañamente difundida noción de que Pink Floyd murió o terminó de morir a partir de “The dark side of the moon” (1973), pero basta con escuchar el par de álbumes “Wish you were here” (1975) y “Animals” (1977), sin duda el cenit de la banda, para maravillarse ante una de las secuencias de discos más fascinantes de la historia del rock. Pocos trabajos consecutivos, es decir, parecen tan perfectamente complementarios; pocos discos consecutivos pueden ensamblarse tan perfectamente en una obra total. Por supuesto que caben reparos de todo tipo a la ideología o la filosofía implícita y evidente (a veces caricaturesca, por ejemplo) en las letras de Roger Waters, pero lo que ofrecen estos álbumes es tanto y está tan notoriamente bien logrado que esa objeción no pasa de ser una a todas luces menor. “Animals” es un favorito personal; a la melancolía casi ascéptica (o post-biológica) de “Wish you were here” se le añade un disco urgente y furioso, que logra a la vez estar, musicalmente al menos, entre los más sutiles y complejos de la banda. Basta con examinar “Dogs”, con su introducción tan intrincada desde el punto de vista armónico (un rasguido sincopado de guitarra en los acordes de Dm9, E♭maj7sus2/B♭, A sus2sus4 y A♭sus2(♯11), y superpuestos a ellos las notas la, si bemol, la de nuevo y la bemol en un órgano farfisa; y por cierto, hay muchas “recetas” para tocar estos acordes cómodamente modificando la afinación o usando dos guitarras superpuestas) como sugerente en las texturas de las guitarras acústicas empladas y el reverb que se les aportó. En cualquier caso, el poderío de la sección final (“who was born in a house full of pain...”) es abrumador, y -como pasa con “Welcome to the machine”, de “Wish you were here”)- es imposible salir ileso, emocionalmente, de la escucha. La canción, en ese sentido, es la más intensa y demoledora de la discografía completa de la banda, además de una de las más complejas armónica y sonoramente. “Dogs” ocupa casi todo el lado A del vinilo, precedido por la breve “Pigs in the wind”, que sirve de introducción al álbum y, además, en la reiteración con variaciones al final del lado B, aporta una sensación de circularidad inevitable, como si se hablara de un ciclo inescapable,

cosa que, en mi opinión, extiende el blanco del disco desde la tan comentada crítica anticapitalista (modulada desde la antiestalinista de la fábula/novela de Orwell en que se inspiró) a algo más general y acaso una forma de humanismo trágico. El lado B abre con “Pigs (three different ones)”, que incluye -así como en un momento especialmente inquietante de “Dogs” oíamos los aullidos de una jauría- sonidos propuestos desde un pacto mimético en relación al que hacen los cerdos, creados (un poco con la lógica que llevaría a Adrian Belew a simular rinocerontes y elefantes mediante pedales de guitarra) con una talk box y ofreciendo un resultado que está todo el tiempo al borde de lo grotesco y lo repulsivo, con notoria ganancia de la canción en un sentido amplio. Rítmicamente “Pigs” parece reformular el funk desolado de “Have a cigar”, del álbum anterior, pero la introducción ominosa (con los arpegios obsesivos en el teclado, el solo de bajo sin trastes tocado con púa -a cargo de Gilmour- y el minucioso crescendo instrumental que desemboca en las estrofas) sin duda lo resignifica y termina por aportar a la innegable condición de “Animals” como el disco más oscuro de Pink Floyd. “Sheep”, la siguiente composición, comienza con un ambiente pastoral (ovejas incluidas) que rápidamente empieza a volverse siniestro, a medida que gana terreno un bajo insistente (que recuerda al de “One of these days”, del álbum “Meddle”, de 1971) e irrumpe la primera estrofa. El final de cada verso, por cierto, con la voz de Waters perdiéndose en ruido blanco y dispersándose en reverb, es uno de los puntos más interesantes de la canción -y del álbum- desde el punto de vista sónico. “Sheep” es memorable además por su sección central, un paisaje sonoro tan siniestro como el álbum completo y que incluye una parodia del salmo 43. Es interesante escuchar tanto las versiones en vivo (de la gira “In the flesh”, en la que se tocaba todo “Animals” y todo “Wish you were here”) como las más primitivas de “Dogs” y “Sheep” (“You’ve got to be crazy” y “Raving and drooling”, respectivamente), que datan de 1974 y aparecen en el disco bonus del remaster más reciente de “Wish you were here”: Lo ya dicho, entonces: el álbum más oscuro de Pink Floyd y, junto a su predecesor, el más logrado musicalmente.

Por Ramiro Sanchiz


Poesía Un día

Paspartú

Del arrullo tranquilo e intransable los pasos en el vacío causan tu avanzar por sobre minutos y momentos los días y la soledad

¿Por qué siempre vienen otros a pegarte? ¿Será que envidian tus comodidades? ¿Tu pelaje blanco y suave? ¿Tu dieta estricta? ¿Todo este patio para ti solito?

Observas cada movimiento desde tu único y especial lugar el cual eliges cada dos jornadas sin importar los compromisos las horas Somos como hermanos compadres con tu mirar me dices que todo estará bien que hace frío o calor o que tal vez deseas dar un paseo por ahí Me río al tomar un café sentarme ver como corres por el prado y subes al árbol desnudo cuando se hace noche

Por Armando Rosselot

Es cierto, también está ella, la gordita, Naranja. Pero ella también te pega, ¿no? Ella mantiene a raya a algunos de ésos de mirada gangsta que corren de techo en techo buscando problemas. Pero no es por defenderte. Se le nota también esa envidia que los otros expelen. ¿Sabrán ellos de tus meditaciones transformadoras? ¿Creerán que con herirte, para que luego tengas que usar ese cuello isabelino, logran desestabilizar tu temple silencioso? ¿A qué hueles, Paspartú? ¿Por qué se ensañan cada cierto tiempo contigo? ¿Por qué no te defiendes? Te acaricio de noche cuando llegas a llenar de pelos el cubrecamas y creo entender ese trrr trrr trrr y pienso que somos, más que parientes, amigos. Y ahora que no estoy allá en la casa te pienso en esa pose vigilante en el jardín, como león de plaza de armas o de portal burgués, y me niego a creer que algún día morirás. Conozco tus ideas y sé que son de alguna manera eternas, que las traes y las llevas por el universo, callado. Te agradezco el trrr trrr trrr que me envuelve pese a todo. Tienes mi alma enroscada soñando contigo. Por Doctor Pez

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Adopciones

Milagros 12 años

Rescatada del Camino Las Palmas en viña, una reina, dulce tranquila y cariñosa.

Baltimore

fundacionanimalchile@gmail.com

10 años /Grande

30

Rescatado de la Pintana, precioso, maravilloso, un lord.

fundacionanimalchile@gmail.com

Cholo

12 años / Mediano

Rescatado del Río Mapocho, delicioso mediano, gordito encantador. fundacionanimalchile@gmail.com

Ema

Gael

Macho

Hembra

Esterilizada

contacto@lagatahoracia.cl

Esterilizado

contacto@lagatahoracia.cl


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Revista la gata de colette  

En el nuevo número de "La gata de Colette" contamos con entrevistas a Paulina Urrutia, Ramón Griffero, Ramón Díaz Eterovic, artículos de Mar...