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TABULA RASA


Nuria Ruiz de Viñaspre Ana Martín Puigpelat

TABULA RASA

Prólogo de A M M A O


Diseño de la colección: David Mena Primera edición: febrero de 2013 © de los textos, NURIA RUIZ DE VIÑASPRE Y ANA MARTÍN PUIGPELAT, 2013 © del prólogo: ANDRÉS MÁSPERO y MARÍA ANTONIA ORTEGA © de la imagen de cubierta: De Dormeuse III, de la serie Tiempo y ruinas, de CECILIA DE VAL www.ceciliadeval.com © LA GARÚA LIBROS, 2013 Mossèn Camil Rossell, 26 08921 Santa Coloma de Gramenet Barcelona www.lagarua.net ISBN: 978-84-940575-9-5 Depósito Legal: B.2439-2013 Impresión: Publidisa Reservados todos los derechos.


TABULA RASA


PRÓLOGO


Con Tabula Rasa, Ruiz de Viñaspre y Martín Puigpelat nos conducen —a través de sus poemas— a la percepción e interpretación de una parte del universo musical. Este universo está aquí representado por una selección de 31 obras musicales que abarca desde finales de la Edad Media, con Gilles Di Bins dit Binchois, compositor franco flamenco nacido en el 1400, hasta el presente con Arvo Pärt, compositor estonio nacido en 1935. Precisamente fue Pärt quien compuso Tabula Rasa, nombre escogido para el título del libro y obra que puede calificarse de minimalista, no por la duración de la misma (26 min), sino porque Tabula Rasa es la fiel representación de su propio «borrón y cuenta nueva» en la composición. Como es sabido, Pärt comenzó componiendo en el sistema dodecafónico, siguió con el serialismo para finalizar volviendo a las armonías simples, a las notas sin adornos y a los acordes de simples tríadas. En Tabula Rasa, las dos poetas abordan inteligentemente y con mucha sensibilidad la conexión del mundo exterior a través de la música, con el mundo interior a través de sus poemas. Probablemente no haya sido tarea fácil (aunque ellas expresen lo contrario), ya que teniendo en cuenta que la interpretación musical es absolutamente personal e intransferible, ellas logran transformar en palabras lo que muchos de nosotros 11


hubiéramos querido trasladar al papel tras escuchar las músicas escogidas. Por todo esto, a través de Tabula Rasa, el camino conjunto de la lectura y la audición se transforma en una experiencia maravillosa. Sabemos que tanto la música como la poesía emiten un mensaje con la ambiciosa esperanza que sus receptores lleguen a descubrirlo y comprenderlo con la misma emoción —¿o con otra?— que inspiró a su creador, ya que un músico, un compositor, un poeta y un receptor «nacen», pero posteriormente, «se hacen». Por otra parte, cuando queremos referirnos al significado expresivo de la música, nos remitimos al lenguaje verbal e intentamos ponerle palabras a los sentimientos expresados. Esto es lo que nos obsequian ambas poetas en este libro. Podemos incluso ser mas gráficos: pensemos que entre Franz Liszt —abanderado de la música programática— y Eduard Hanslick —autor de un ensayo antirromántico, antisentimental y antiexpresionista publicado en 1854, De lo bello en la música, encontramos a un Richard Wagner persiguiendo con su gesamtkunstwerk la obra de arte total y para quien la música y la poesía se funden en un todo. Igor Stranvinsky, por otra parte, el gran artífice del cambio en la historia de la música del siglo XX, no 12


atribuía a ella ninguna propiedad expresiva, algo muy difícil de creer al escuchar Le Sacre. ¿Y si nos detuviéramos en los compositores del barroco? ¿Aquellos verdaderos representantes de la doctrina de las emociones? En fin, que el tema (o la polémica) está presente desde siempre. Personalmente coincido con John Locke —en su Ensayo sobre el entendimiento humano— quien prescinde de consideraciones a priori y donde solo importa la experiencia: la sensación permite la comprensión de la realidad. Su propuesta: la mente humana es una Tabula Rasa, una página en blanco en la cual se escriben las experiencias sensoriales a lo largo de toda la vida. Ruiz de Viñaspre y Martín Puigpelat nos muestran, una vez más, cómo la poesía siempre ha formado una unidad indivisible con la música y que los parámetros que definen a una, ritmo, melodía, armonía y color, bien pueden definir a la otra. Ellas no han escrito Tabula Rasa para versados en música sino también para aquellos que sientan curiosidad por acercarse, a través de sus poemas, al universo sonoro. Por último, como mucha música extraordinaria ha quedado fuera de esta selección, invito a las autoras a nuevas creaciones futuras. ANDRÉS MÁSPERO (Director del Coro del Teatro Real) Madrid, 12 de noviembre de 2012 13


POEMÚSICA En esta obra conjunta de dos poetas que firman solidariamente los poemas (recuperando así una antigua tradición, como la colaboración entre Wordsworth y Coleridge) conviven Parménides (la música) y Heráclito (su intérprete), el ser y el devenir. Desde el inicio se erige en la cima, dominando el paisaje, el triángulo que representaría no solamente la música y su intérprete, sino también el instrumento, con lo que se cierra el círculo que incluye dentro de sí aquel triángulo (es decir a un poeta dentro de otro). Poesía y música se acompañan, pero a intervalos, movimientos (como lo que puede resistir el pez fuera del agua), dentro de un espacio como el de la respiración contenida, porque la poesía regresa siempre al origen, a su elemento, como las olas al mar: es memoria, conciencia de las cosas que permite disfrutar de ellas sin necesidad de detentarlas materialmente (porque el verdadero dueño de las mismas no es su propietario sino el que encuentra placer en ellas, el poeta, que por eso mismo infunde siempre al mundo una cierta inquietud); mientras que la música es el cantar de la fuente, pura sucesión de un horizonte detrás de otro (como en este libro) donde al terminar sucediéndose la sucesión a sí misma en un proceso de abstracción infinita y sobrecogedora da con la eternidad, un estado del ánimo y de la mente muy sugerente, un paisaje antes ignorado, el olvido de uno mismo, que es el verdadero rostro de Dios. 15


Pues repito, aquí se trata de eso, del triángulo que va rodando dentro del círculo (música «anillada» por la poesía ya que esta representa la circularidad del tiempo a través de la memoria) y la obra de una poeta dentro de la otra, siendo ambas pues poetas concéntricas. La poesía está en la palabra —en la médula de la palabra— y aparece en Grecia para conservar la memoria de los dioses y de las cosas, igual que en Wordsworth, la belleza perdura en el recuerdo y vibra en la fonética, la interjección, la entonación, en el ritmo, en la Cuerda Dorada... Pero poesía y música conservan cada una sus rasgos distintivos y cuanto más cerca están la una de la otra más los acentúan, como estas dos poetas. En este libro de poemúsica la poesía llama a la música tocándola, porque la música es bellamente sorda. Y estas antinomias confieren al libro una fuerza expresionista, de distorsión, de extorsión, de empinamiento, de estiramiento, la del poeta que ora apela, ora advierte, ora alaba, interrumpe, sigue al músico, cuando se visitan en esta suite en que consiste la presente entrega, lecho común de poesía y música, pero un tatami. Sí, música anillada por la poesía. También es como un concierto en el que se incorporasen en sus asientos por sorpresa dos poetas para «decir» sus poemas a la música, de repente centrifugándose, lo que asombra y sobrecoge. No se trata de un acompañamiento al uso entre poesía y música, relegada esta última a fondo o a la inversa, convertida 16


la poesía en una ilustración de la música. No, aquí la escena es radicalmente diferente, poco convencional, nada al uso, una sorpresa para los lectores, para los oyentes. Nada, nada, de la nada y de nadar, sí, un triángulo dentro de un círculo, como eje de este, juegos del lenguaje, de la nada y de nadar; pero también la música de lo posible hallada en este libro, que se refiere a ella en uno de sus hallazgos, en los que alcanza su precisión y se pone en hora. Hora y ora, tiempo y oración. El círculo se ajusta a nuestra muñeca y rueda con el triángulo dentro como la rueda de un carro al que se engancha un caballo llamado voluntad, voluntad de poesía. Juegos del lenguaje medidos por el «tempo», lo que dura un orgasmo (a Anne Sexton se lo producía la música), como se insinúa. Sí, poesía, música y juegos del lenguaje. Se diría que hasta aquí las poetas transitasen, andando sobre curvo, por un vasto y vacío espacio interior redondo, como una arquitectura de Gaudí, que se asemejase al fondo de los instrumentos musicales, de percusión, de viento, lleno de ecos y de destellos, convexidades, de juegos del lenguaje; pero con Festina Lente (Arvo Pärt) irrumpe la semántica (de la semiótica, muy por delante de la sintaxis y de la pragmática) y el significado profundo de la vida del hombre lo aporta aquí, no el amor ni las causas sociales, ni la tarea del ser humano, sino la conciencia de la muerte, como en Heidegger. 17


La inmanencia del ser humano (en la pieza 7) es la muerte y lo único trascendente es el poema, la auténtica reacción frente a ella sería la poesía. Quizá sea esto rigurosamente cierto, que la poesía es la única reacción posible contra la muerte. «Hesse le dicta a Eichendorff que le diga a Strauss que le cante a Pauline/que la muerte es la intimidad caminando hacia atrás». «Te adopto madre con todos mis defectos» con motivo de la pieza siguiente, Psalmus Hungaricus-Mikoron (Zoltan Kodaly). En este libro se alude e invoca a la madre, pero en minúsculas, aunque ocupe el lugar del Padre. Y el mundo no gira sobre un eje, sino que se mueve como una hélice dentro de una vida intrauterina, sondeando pues estos poemas un mundo en parte todavía inexplorado, pero del que ya sabemos que en él hay una gran sensibilidad para la música. El ser humano debería ser más intrauterino, en el mejor sentido de la palabra. Nadar, de nada y de nadar, en la Madre; perder el sentido de la gravedad y adoptar el de la gracia, como en el yoga. Este libro es también una rama reverdecida del yoga. «Clara Wieck no necesita hombres para amar» y quizá a ningún ser humano en concreto, a no ser que se incluya en la cosmogonía: «el mundo es una red de encadenamiento antiguo/un divertimento leve donde Orestes ama a Hermione que ama a Pirro/que ama a Andrómaca que ama a Héctor que ya está muerto». El mérito de este libro es que el amor y la 18


energía sexual se pueden proyectar sobre el todo y la nada, sobre el indicador universal y el existencial y el ser humano puede ser erotizado por una cosa en concreto o por cualquier cosa. Es el caso de esta poesía orgásmica escrita por dos poetas concéntricas muy erotizadas, ni por un hombre ni por una mujer, sino por 31 piezas musicales. Bella y original, pues, poesía erótica, no exenta de la elegía ni apartada del himno, capaz de armonizar el espíritu romántico con el de la vanguardia, como reclama nuestra concepción actual del mundo con su crisis del hombre. «Tiempos inconexos/como el gato que no caza la luz de los espejos». Destaco este poema, quiero leerlo yo misma en esta breve introducción: «el verbo se vuelve carne/como carne se vuelven las cartas/y carne los testamentos/hasta que la soledad de esta carne sin tu carne/se hace abrupta cordillera/quedan las filas de muertos sin carne/y un des-abrazo que extinga tu cuerpo/ allí el aire es rígido/y los caballos hinchados en los campos/auguran que tu noche está próxima». La derrota me ha devuelto la poesía, dicen. MARÍA ANTONIA ORTEGA, poeta Madrid 15 septiembre 2012

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nacido con un alma normal, le pedĂ­ otra a la mĂşsica: fue el comienzo de desastres maravillosos.... E. M. CIORAN


1. AH! MIO COR! SCHERNITO SEI! ALCINA (GEORGE FRIDERIC HÄENDEL) 1735


Mujer ternaria. Eres fija y movimiento. Y en tu poliédrico bucle ABA, mi principio es tu final. Veloz en la eslora de tu sexo, eres laxa en la extremidad de tu buque. Alcina mía prolongada que duras —si te repito— lo que perdura un orgasmo. Te escribo en 10 minutos y 48 segundos. Y en ese lecho minutero disuelves la tripartita voz en el tumbado oído. Tú, corazón y razón. Yo, traición —como un triángulo isósceles de entendimiento ajeno. Flota sobre mi útero el galope de tu tráquea. Allí no hay paredes ni fosas ni pedales. Y me abres —parturienta— garganta ojo y nudillo. Me recuerdas a todos los muertos en fa sostenido de Pizarnik. Ah, mio cor, mujer airosa y aria. Pentagramicorgásmico tempo donde el gaznate de tu pájaro anida en el cuenco de mi oído. Mientras, allá afuera, un ventanal es testigo de la caída. Derrumbes de techos sobre la musicada alcoba y humaredas de tu caldera envejecida. Explosionas hacia arriba como el fuego nunca fatuo. Y todo sube. Sube la llama. Tu timbre y su tono. Sube el volumen del humo. El olor a carcoma. A madera. El café recién molino desde abajo. Sube el ruido de un montacargas que tensa y huele a rueda quemada. Escucho un coche de bomberos que con sacos amnióticos de sirenas mitigará la traición de este incendio. Me monto a mí misma en elevadores eléctricos que echan raíles en tu quinta planta. Y en esa curvatura de violas, me tumbo al antojo de una voz que anuda y pica la corriente alterna que hay en mi corriente oído. Tu 25


voz es la herida abierta de todos los traicionados sexos. La espectral música del ruido de unos cuerpos. Tú, la química que hay en la arquitectura de una orquídea. Yo, triángulo vertizal de acero, metal y una estaca de baqueta. Por eso te lloro. Sí, te lloro, cómplice futurálgico que trepanas mi sexo. Lloro mi brújula por detener el reloj de arena. Aunque se tarden arias enteras da capo en caer de tu cama.

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Quédate o muere. [Como pasos confusos de una cuerda a punto de marearse, reconociendo alrededor un dolor nunca antes transitado]. Si un día tuve la magia, si aún la tengo. Pero cómo sufro por mi corazón y deseo tu sufrir. Häendel lacerando en cada arco, abriendo surcos de lágrima y sinestesia. Häendel siempre Häendel humanizando lo imposible. Solo ya su nombre imposible desarmoniza mi aliento para esperar, para ensanchar mi garganta hasta romperme el llanto, pero qué llanto... Häendel, siempre agua...

Quédate o muere. [Como una luz de naufragio que bucea en el bajo continuo, el mar que no acaba ni cuando acaban los ojos] Pero, ¿no era yo la dueña del tiempo? La arteria tensada poco a poco, se vierte mi sangre mientras la puta maga llora y me deshace su dolor.

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2. AMOUREUX SUY (LES PLAINTES DE GILLES DI BINS DIT BINCHOIS) CA. 1400


Se abre la puerta, o quizás es solo una ventana, qué digo, una ventana es siempre más que una puerta, por la ventana entra la vida y por las puertas solo transitan los zapatos. Se abre la puerta o la ventana para que mis palabras puedan acariciarte desde los ojos, rodear tu contorno para hacerse abrigo, abrazo, abreviatura del aire y del sol.

Tú has abierto. Has abierto y mis palabras se ponen nerviosas y se agolpan y se aturullan por salir, todas quieren ser importantes, quieren ser la primera, quieren ser. Es difícil controlarlas, desde que rompieron el margen de los diccionarios, las palabras compiten en velocidad y acento.

Tú has abierto. Hoy solo hay un montón de palabras nerviosas de amor por vencer y traspasar la puerta. Después de una larga y sinuosa carrera de obstáculos, hoy ha vencido la palabra alegría

Alegría entra por tu puerta o tu ventana (vas a tener que elegir el acceso) y se instala en tus labios y hace nido en las 31


comisuras, cosquillea la raĂ­z que corresponde a la piel del costado derecho y parte de la espalda y juguetea con tres dedos de tus pies. El tiempo no existe para las palabras. El tiempo lo pones tĂş... el tiempo, la duraciĂłn, la dosis, la constancia...

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cantus firmus mortero de amor fijo con amor cortés mundo sacro cosido a la modernidad de Eloísas abelardas misa cíclica que caminas voz pulsada voz pulsante en la nota del laúd que intoxica de amor-láudano desde adentro desde arriba eres la aventura occidental de mi deseo de carnero la quejumbre de la cítara cuando no me hallo ensamblaje de mi luz extrema con tu luz eterna todo eternamente dónde extendida luz la felicidad eran diez pasos tan solo diez pasos de lince —vísperas del gozo— dónde la redonda luz irresolublemente yo

tu resultado

y tras la cortina roja el porqué del verso el porqué de un arpa cuyas púas preguntaban a sus nodrizas cuerdas dónde hay más amor si en el endecasílabo amor del convulso Dante a Beatriz 33


o en la réplica prosaica de una B a su perpetua D ponte la bufanda Dante que vas a coger frío pero dónde la luz dónde los cortes en la perfección apuntalada de Vitruvio dónde el amor cortés dónde el yo consolidado —cuerpo nacido de tu cuerpo— dónde la fracción de amor exacta bujía extendida tú madre galga que nutres madrigueras de alga en madrigales yo tu carne y tu sudor de cría y si aún existieras si existieras todavía toda tú dantesca musa proporción divina de Da Vinci serías mi mujer bifronte de por vida el lenguaje medieval es antropomórfico

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3. STABAT MATER DOLOROSA (GIOVANNI BATTISTA PERGOLESI) 1736


la maternidad nos durmió a la altura del bazo punzada de lanza contraria a la sangre derramada

para simplificar quid pro quo —gritaba el hambre al arrebujado pecho y así seguimos conversando retroalimentando indicios como si fuéramos antílopes desgarrando la carne derramada cruz afónica de madre paradójica coordenada intraducible de alimento que fue gota y trayectoria fuimos las alegres ciervas de Marat tú mi quid yo tu quo las atemporales ciervas de Marat tú mi Kairos yo tu Cronos

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Allí estaba —lo recuerdo— hace años —treinta años—. Instantánea, un fogonazo, comisura de vigilia. Recuerdo las lámparas, el miedo a la anestesia, la sonrisa del celador que empujaba mi cama pasillo atrás, el ascensor, la áspera sábana, el presagio de una herida... Y allí estaba, al salir de la habitación estaba —miré hacia atrás— mi madre llorando por vez primera. La impresión me impidió hacerle el coro. Y tú lo sabías, Juan Bautista, lo supiste siempre, sabes que mi voz de contralto se perdía, me extirpaste lo posible, y lo que era, a cambio de esa herida... Allí estaba, hace ya... y tú, Juan Bautista, veintiséis años y... dime: ¿cómo se le llama a una madre que pierde un hijo?

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4. GNOSSIENNE FOR PIANO NO. 1 (ERIK SATIE) 1890


Es a travĂŠs de una cortina de ganchillo. La luz va pintando en dorado la soledad de la estancia, intimida el transcurrir diminuto de los ĂĄcaros en su vuelo, en un vuelo. Es el sol de oriente, la flor del conocimiento. Como un insecto saltarĂ­n te busco en los resquicios de la huida por los arabescos del hilo.

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sabatina melancolía piel primera de animal sin cáscara cuerpo aullido de días alternos en impresionistas noes que son síes te escucho gnosis te escucho pero la realidad es un ciempiés aplastasueños sin embargo invención del verbo son las cinco amor me dices y un ejército de garzas camina bajo mi falda después del brusco deseo el silencio si nos movemos despacio moriremos deprisa diagnosis el conocimiento de ser un experimento de orugas aplastadas pero la melancolía pero nada nada nada

pero las garzas

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5. SONATA PARA PIANO 20 D 959 ANDANTINO (FRANZ SCHUBERT) 1828


en alguna sonata te esconderé cuidadosamente ANNA AJMÁTOVA

el mundo se desmunda andantino pero se tarda tanto en caer que me llovería hasta infringir caídas la caída de la mano sobre el aire el aire sobre el techo de tu cuerpo el cuerpo cayendo sobre el cuello el cuello hacia la encía la encía que mira al cielo todo el cielo sobre la atormentada tierra tu lluvia ráfaga de sangre se tarda tanto en limpiar la casa diez veces tú andantino después residuos de sonatas que precipitan el final reinterpretación obsesiva de unas manos que me piden 959 poemas de amor mientras el quinto mundo fracasa en un paréntesis de nueves tenue tintineo que precede al grito entonces escribirlo dejarse ir mientras tú mi luz escribes deshaciendo el lenguaje y tú la luz 45


Soy una gota de nostalgia, la gota que oculta una tormenta. Me disfrazo de niña y te confundo. Mi sigilo no es sincero, la verdad hace tanto que no existe… Quiero ser la razón de una tripa del revés, la esquirla de un suicidio, el tropezar del sistema, la autenticidad de la angustia. Quiero ser feroz, y resbalo por cristales podridos. Soy síntoma de charco y peleo por elevarme y volver a caer y subir de nuevo y saltar y ser luz en aliento del aire. Quisiera romper y me atrapo, quisiera llorar ¿cómo es la morfología de la lágrima de una lágrima? mi grito es apenas perceptible. No vas a acabar conmigo. Del pasado rescato una caricia algodonosa, el fundamento de un amor inexistente. Mi futuro es el óxido. 46


Destrozo tu mandĂ­bula. Soy y quiero ser otra. Llueve inconexamente sobre tu soledad. Ya no hay remedio.

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6. THE UNANSWERED QUESTION (CHARLES IVES) 1906


Como el puñal en su labor o la aguja que penetra desde el ojo hasta la soberbia, esa meseta de la envidia yerma y absurda, apenas inaudible. Para acentuar, el viento frota la cuerda. En suspense. El punto de la interrogación se cocina en el cuarto de los gatos. Como un vagón cisterna araña la sien y repta una duda amarga: ¿envejecen las nubes?

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morimos uno a uno sin saber que todo está muriendo somos picos de existencias cimas de escincidos yos e impronunciables verbos con agujas ¿acaso nos encontramos al despertar a nosotros mismos? yo te hubiera abrazado humanidad porque somos autómatas clarines de la esencia relámpagos de asombro de la voz primera hemos abierto nuestras ventanas al mundo pero todo está muriendo sin saber por qué se muere ¿me quieres? te quiero como nunca porque somos incontestables cuerpos enraizados un diccionario de instantes resultado de una esquirla en la garganta es atroz ese abismo que sospecho entre mi yo cotidiano y ese otro yo que me refleja la música de lo posible

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Tabula rasa  

52 páginas del poemario escrito a cuatro manos por Nuria Ruiz de Viñaspre y Ana Martín Puigpelat.

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