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REVISTA NÚMERO 3. OTOÑO DE 2016

ENTREVISTA

ISLAS DE VINO

CINE E ISLAS

Jonatan García, de Suertes del Marqués, o cómo ensalzar las vides del Valle de la Orotava.

Una aproximación a viñedos isleños de renovado interés: Lanzarote, Mallorca, Sicilia y Madeira.

La isla, como espacio y concepto, ha dado mucho de sí en el cine. Cuatro películas lo ejemplifican.


La península-peñón de Monemvasia, en el Peloponeso oriental (Grecia). Algunas fuentes han atribuido a este lugar el origen de la variedad de uva blanca malvasía.


I S LAS E N E L C I N E STR O M B O LI Erupciรณn de pasiones


C I N E D E I S L AS NÁU FR AG O Tom Hanks en medio del océano


intervención posible en bodega. Buscamos vinos frescos y que representen la zona o parcela de la que proceden. Como idea no difiere de la de otras bodegas que trabajan de manera similar en otras zonas de España y del mundo, aunque las bodegas que actuamos de esta forma no creo que sumemos más de un 1% de la producción total de vino del país, y mucho es ese 1%. ¿Cómo es el entorno natural en el que trabajáis? Estamos en la vertiente norte de Tenerife, que debido a la altitud de la isla y a la exposición de los vientos alisios, es más fresca y con mayor precipitación que la vertiente sur. Nuestra zona tiene mucha pendiente, pasamos de 300 a 700 metros en no más de dos minutos en coche, lo que hace que la composición del suelo vaya alterándose a medida que subimos. Es un área básicamente agrícola aunque cerca del casco urbano del municipio de La Orotava. ¿Qué aporta la geología volcánica tan característica? Mineralidad, aunque sobre esto hay mucha discusión en el sector del vino. Yo considero que sí aporta y en catas a ciegas puedes encontrar similitudes entre los vinos del Etna y los de Canarias debido al componente volcánico. Hay ciertas notas azufradas que se transmiten mediante la uva y que en ocasiones algunos consumidores pueden confundir con el uso de azufre en bodega. ¿Actualmente los canarios beben vino canario? ¿En qué momento se encuentra el consumo vínico en vuestro contexto inmediato? Los canarios beben en su mayoría vinos de la triple R, como en casi todas las zonas de España, a excepción de un vino local que causa furor en las islas, el Afrutado, un

blanco semiseco o semidulce con cantidad de química. Aún tenemos que trabajar mucho el consumidor. Afortunadamente la percepción está empezando a cambiar y cada vez más gente empieza a consumir vino canario. En las zonas rurales sí se bebe mucho granel local, que suele ser de calidad inferior que los vinos embotellados. Cada vez se rescatan más variedades, aparecen conceptos nuevos, se ponen en valor zonas hasta ahora al margen... ¿Cómo ves la segmentación que está viviendo el mercado? En este aspecto el mundo del vino está pasando por un buen momento. De forma creciente los consumidores habituales buscan nuevas sensaciones, lo que está permitiendo que zonas desconocidas, la nuestra por ejemplo, empiecen a generar más interés. Creo que en gran parte se debe a la rapidez de la información que circula hoy en Internet y también a una mayor apertura de mente y a una madurez en una parte, aún pequeña, de consumidores. ¿Qué relación tienen la bodega y los vinos de Suertes del Marqués con la gastronomía? Fundamental, sin la gastronomía el vino no puede existir. El problema es que buena parte de la hostelería ha dado la espalda al sector del vino, y es un error, pues gran parte de los beneficios de un establecimiento vienen del vino. El actual boom de la gastronomía está cambiando poco a poco la situación. Y está beneficiando a bodegas como la nuestra. Cada vez se ve a más profesionales formados que tratan de sorprender a sus clientes con cosas nuevas alejadas de lo de siempre. ¿Con qué armonizan mejor vuestros vinos? Son bastante flexibles en ese aspecto. Los blancos son


muy gastronómicos, podemos combinarlos con varios tipos de carne. También los tintos que, por su frescura, acompañan todo tipo de pescados y mariscos. Conviene destacar su gran polivalencia aunque no suele gustarme decir con qué se debe tomar un vino, cada uno se lo toma con lo que le apetece. ¿Qué platos de Tenerife o del Valle de la Orotava son especialmente queridos? La ropa vieja, el conejo en salmorejo y la gran variedad de quesos de cabra y pescados de roca son en mi opinión platos fundamentales de la gastronomía tinerfeña. ¿Cuál crees que es el futuro de la viticultura? ¿Por dónde deberían ir las cosas, en general y específicamente en las Islas Canarias? El esfuerzo debe centrarse en el trabajo en el viñedo. De todas formas no quiero ser categórico, el mundo del vino es muy grande y no todas las bodegas pueden trabajar de la misma manera. Existen vinos por debajo de dos euros cuyos viñedos, si se trabajasen como lo hacen las bodegas de nuestro perfil, probablemente acabarían abandonándose. No habría mercado para todos: muchos consumidores no están dispuestos a pagar los precios que se deben pagar por trabajar correctamente el viñedo. ¿Es preferible un menor consumo pero de mejor calidad? Es complicado, hay posturas favorables y contrarias a esa idea. Lo que es cierto es que en Canarias debemos apostar por el viñedo al 100%, pues no podemos competir en costes pero sí en calidad. Tenemos una gran diversidad que no se puede perder. No debemos seguir el ejemplo de Madeira, donde salvo excepciones han perdido mucho viñedo y ahora viven de una fama pasada.

¿Qué querríais para la viña y el vino canario? Fundamentalmente, mantener el viñedo tradicional y continuar mejorando la viticultura y el trabajo en bodega. Haciendo las cosas bien, el futuro debería estar asegurado. ¿Qué ha sido y es lo más difícil? Para nosotros romper con el estigma del vino canario: una imagen de poca calidad e incluso la idea de que no existía. En la propia isla de Terenife variedades locales como el listán negro y blanco eran denostadas y muchas bodegas apostaban exclusivamente por uvas foráneas, que mal llamaban “mejorantes”. No hace tanto de todo eso, de hecho algunas bodegas mantienen esos antiguos prejuicios. Con el trabajo en la viña se ha podido demostrar que toda variedad puede llegar a producir buenos vinos si se busca el equilibrio limitando el rendimiento. ¿Qué es lo más importante? Estar encima del viñedo todo el año y observar lo que nos transmite. Muchas veces la viña va avisando año tras año de un futuro problema. Hay que prestarle atención. Si el vino se hace en el viñedo, hay que pisar el viñedo. ¿Lo mejor, la mayor recompensa que Suertes del Marqués haya obtenido o pueda obtener? Que nuestros distribuidores y clientes finales consuman los vinos y los sigan consumiendo en el futuro. Ese es el mayor reconocimiento que podemos tener. ¿Qué es para ti una isla? Una isla para un isleño es un continente en sí, el hogar y el lugar donde has nacido y donde quieres morir el día que llegue el momento.

“Nuestro pilar fundamental es el sistema de conducción de cordón trenzado”


El vino nació en una isla “Los pueblos del Mediterráneo empezaron a emerger de la barbarie cuando aprendieron a cultivar el olivo y la vid” Tucídides (460-396 aC) Una pequeña galera se acerca a la costa pedregosa y árida de una isla cualquiera en medio del Egeo. Cerca de la playa los veinte remeros se detienen y en la ladera blanca un pastor saluda al barco con el brazo. Cuatro cabras enclenques muerden el matorral. Dos olivos asoman por la colina y algo más allá, tierra adentro, entre muros bajos de piedra seca, pequeñas vides soportan achaparradas el calor del día, temerosas de las rachas de viento. Casi no hay árboles y la única sombra es la que proporciona la higuera sagrada en la plaza del centro del pueblo, frente al templo de Apolo, donde la gente de esta parte de la isla instala cada luna nueva un pequeño mercado. El barco ha venido a comerciar. Trae trigo y cachivaches de bronce. Se llevará pieles de cabra y treinta ánforas de vino. Esta hipotética escena, como cualquier otra similar ocurrida en cualquier punto de los 17.000 kilómetros de costas de la antigua Grecia, es fundamental para entender la historia del vino. Un proceso que se inicia alrededor del año 3.000 aC., cuando al mismo tiempo en que se funda el Egipto de los faraones, las islas del mar Egeo empiezan a poblarse. Aquellos primeros griegos adoptan el olivo y la vid, dos nuevos cultivos llegados de Asia Menor que añaden nuevas dimensiones a una dieta hasta entonces basada en la carne dura y el escaso grano que daba la difícil orografía del país. Con esa aportación, la alimentación va mejorando y la población crece. La sociedad empieza a especializarse, las aldeas se convierten en pueblos y luego en ciudades. La gente se lanza a navegar, el comercio se extiende y, con él, el intercambio de ideas. El vino, en particular, fue un gran estímulo para esta evolución que abarca varios siglos. Además de alimentar, el vino pronto empezó a acompañar momentos especiales: las bienvenidas y los adioses, la firma de un contrato, las confidencias, los reencuentros, las fiestas, los rezos, los sacrificios. De ahí a representar un sentido trascendente y

místico solo hubo un paso. Las vasijas de oro y plata halladas por todo el Egeo difícilmente se usaron para beber agua. Y entonces llega la civilización micénica, hacia el año 1500 aC, con todo su ímpetu colonizador, su destreza guerrera y sus redobladas aptitudes para la náutica. Homero refleja todo ello en la Ilíada y la Odisea: Aquiles y los suyos se van a conquistar Troya, codiciada por sus doradas llanuras de cereal y por los vinos de Frigia. Uno de los reyezuelos que formaron parte de la expedición fue Néstor de Pilos. En las ruinas de su palacio del Peloponeso se ha descubierto una bodega con capacidad para guardar 6.000 litros de vino dentro de enormes jarras conocidas como ‘pithoi’. A la vuelta de Troya, Ulises tarda diez años e innumerables aventuras en regresar a su isla de Ítaca. En su periplo recala en Tracia, de donde se lleva el famoso vino dulce de Maro, tan fuerte que debía rebajarse con una quinta parte de agua. Es el vino que le salva la vida al llegar a las costas de Sicilia, donde el cíclope Polifemo lo toma prisionero tras devorar a todos sus compañeros. Ulises ofrece al gigante un trago de Maro y Polifemo cae en un profundo sueño, momento en que el astuto griego aprovecha para escapar, no sin antes arrancarle al cíclope su único ojo. Furioso y ciego, este empieza a lanzar enormes rocas sin ton ni son. Algunas de ellas pueden verse medio sumergidas en el mar, frente al Etna. En esa época entre brumas, los hombres caminaban al lado de los dioses y los héroes recorrían el Mediterráneo entre ninfas, sátiros y furias. Todos bebían vino pues el vino era la bebida que conectaba a mortales y seres mitológicos. El paradigma es la figura de Dioniso, hijo de Zeus y de Sémele, nacido en la isla de Icaria. Es el dios patrón de la agricultura y el teatro y es conocido como el ‘Libertador’: libera a uno de su ser normal mediante el éxtasis y el vino. Su misión divina era mezclar la música del aulós y dar


final a los miedos y preocupaciones. Sus andanzas míticas están trufadas de episodios rocambolescos, como cuando contrata un barco para que le lleve a la vitícola isla de Naxos. Los marinos pretenden traicionarle y verderlo como esclavo y, al enterarse, Dioniso transforma los remos en serpientes y llena la nave de una parra de vid gigantesca. Los marinos enloquecen y saltan al mar, donde se convierten en delfines. Los griegos exportaron su mundo de mitos, de aceite y de vino al sur de Italia y a todo el Mediterráneo occidental. Con modélico espíritu comercial establecieron plazas de mercado en todas las riberas de este mar. Introdujeron la viticultura en Cerdeña, en el valle del Ródano, en el noreste de la Península Ibérica, seguramente también en Etruria, la actual Toscana. En Sicilia, donde se establecieron con la intención de explotar el campo de forma intensiva, inventaron la viticultura en espaldera para aumentar el rendimiento. Así llegamos a la etapa de mayor esplendor, a partir del siglo V aC, cuando el centro simbólico de la vida griega se localizó en la pequeña isla de Delos, frente a Mikonos, en el archipielago de la Cícladas. Delos fue un santuario espiritual y mercantil, también político y cultural, donde corría el vino y estaba prohibido nacer y morir. Delos, deshabitada desde el fin el imperio romano, es una de las ruinas más espectaculares y extensas de la Antigüedad. Saltemos hacia adelante: ¿cómo son hoy los vinos de esas mismas islas griegas? ¿Tienen algo que ver con el que se bebía en las ágoras, las tabernas y los puertos del Egeo hace 25 siglos? Seguramente muy poco a nivel organoléptico, pero sí conservan un cierto aire de reliquia preservada del resto del mundo. Al fin y al cabo se elaboran a partir de variedades extrañas, únicas, casi endémicas de sus entornos insulares, como las tintas kalambaki, mandilaria, kotsifali y las blancas athiri y robola. Son vinos en general básicos y de tonos rústicos pero, como en muchas regiones vinícolas de la vieja Europa, también aquí se dan movimientos en busca de una mayor definición, frescura e identificación con el lugar. Si hay una cepa de origen griego que por su capacidad de adaptación se extendió a infinidad de ubicaciones, esa es la malvasía. Procedente bien de la península de Monemvasia, en el Peloponeso oriental, bien de la zona de Malevizi en la isla de Creta, cosa que aún no está clara, la malvasía goza de antigua fama por sus propiedades de aroma y sabor. Los vinos hechos con malvasía de Creta fueron de

los primeros en viajar al corazón del continente europeo. Quizá por influencia de las últimas Cruzadas y del papel de la orden de los Hospitalarios, eran bien conocidos en Inglaterra y Francia ya en los siglos XIII y XIV. Su popularidad acabó fomentando la exportación de esquejes de la variedad, que pronto se aclimató en lugares como la costa del levante ibérico y la sierra de Tramuntana mallorquina. Más adelante, a partir del siglo XV, los portugueses la plantan en Madeira y los españoles, en las Canarias. La historia de la navegación atlántica, de la conquista europea de América y de las grandes rutas marítimas al lejano Oriente relanza el protagonismo del vino como producto comercial y avanzadilla cultural y simbólica. Con las travesías oceánicas, el vino isleño, sea de Madeira, de las Azores, de Tenerife o de Lanzarote, conoce una etapa dorada que se prolonga más de cuatro siglos y que iluminará nuevas formas de elaboración y consumo. Los navíos, antes de levar anclas, cargaban sus bodegas de barriles de vino para proveer a las incipientes colonias. Con el fin de aguantar el largo viaje, el vino se encabezaba con alcohol, siguiendo la costumbre de Jerez y de Oporto, zonas pioneras en la exportación. En el caso del madeira, el azar fue clave: las temperaturas de las latitudes tropicales transformaban las propiedades del vino. El resultado, por fortuito que fuera, convenció a los mercados de destino, que empezaron a demandar vinos de ese estilo. Para replicar las condiciones de los trayectos por aguas tórridas, los productores de Madeira inventaron entonces nuevos procesos para inducir calor durante el envejecimiento del vino. El éxito fue mundial. Entre sus hitos, brilla el que tuvo lugar el 4 de julio de 1776, cuando la Declaración de Independencia de Estados Unidos se rubricó con un brindis de madeira. Todo ese esplendor declinó poco a poco y las islas del vino, las del Mediterráneo y las del Atlántico, se recluyeron en sus particularismos, cada vez más ajenas del resto del mundo. En el siglo XX, su antiguo protagonismo se diluye casi sin remedio y otras islas, esta vez mucho más grandes, entran en escena. Australia, Nueva Zelanda, el Nuevo Mundo vitivinícola. Nuestras pequeñas islas de los arrabales de Europa parecen vegetar hasta muy recientemente, cuando nace un nuevo interés por lo singular, una búsqueda, que es a la vez estímulo, de viticultores y elaboradores conscientes. De forma tímida, el vino renace en las islas.


LANZAROTE

Raíces en la lava Geografía La más norteña y oriental de las Islas Canarias está a 140 Km de la costa africana. Sus 846 Km2 ofrecen la inconfundible imagen de una tierra desnuda y quemada por las erupciones que han ido modelando su perfil por espacio de cientos de miles de años. El último episodio volcánico tuvo lugar tan recientemente como en 1730-36 en la zona de Timanfaya, al suroeste de la isla, muy cerca de los principales enclaves vitícolas, La Geria y Masdache. El clima de Lanzarote es subtropical árido, con una temperatura media anual de 21º C y una pluviometría de solo 150 litros al año. Viticultura El clima subdesértico, la baja latitud, la geología volcánica, los constantes vientos... Todo ello condiciona dramáticamente las 2.000 hectáreas de este “viñedo de lo imposible” que existe –casi milagrosamente– en Lanzarote. Para superar la severidad del lugar, la viticultura ancestral, que se remonta al siglo XVI, cuando las primeras travesías a América, creó un sistema de arenado único en el mundo: La vid se planta dentro de hoyos protegidos por un murete semicircular de piedra seca. En superficie, la arena volcánica conocida como picón preserva la justa humedad que necesita la planta. Evidentemente, esta forma de cultivo no permite la mecanización. Como singularidad, a mediados del mes de julio se inicia en estos viñedos tan especiales la que es la vendimia más temprana del hemisferio norte. Variedades Sin duda la cepa reina, por cantidad, potencial y carácter simbólico, es la malvasía. Delicada pero muy bien adaptada, plantada a pie franco, ofrece un rendimiento medio de 1.500 a 2.500 Kg por hectárea. Otras variedades blancas son la diego y la moscatel, y en tintas encontramos la negramoll y la listán. Los vinos Secos, semidulces, dulces y, desde hace unos años, también espumosos, los vinos de malvasía volcánica se singularizan por una personalidad grácil, aromática, armoniosa y con una impronta mineral. Actualmente, el Consejo Regulador de la DO Lanzarote tiene registradas 13 bodegas elaboradoras.

Por ejemplo El Canari de Bodegas El Grifo –fundada en 1775– es un dulce de malvasía volcánica que busca restaurar el nombre y prestigio de los antiguos vinos que ya citara Shakespeare: los canary sacks. Una frase José Saramago en los ‘Cuadernos de Lanzarote’: “En el paisaje es posible reconocer alguna cosa de teatral, una maquinaria de rompimientos y bambalinas que distrae la mirada y hace viajar el espíritu, como si estuviésemos delante de un ciclorama en movimiento. Lanzarote, incluso cuando nos parece inquietante, muestra un cierto aire de dulzuras femeninas.”


MALLORCA

Fuerzas indígenas Geografía En invierno, la Sierra de Tramuntana, en la imagen, protege el viñedo de buena parte de Mallorca de los vientos fríos del norte. Esta cadena de montañas que rozan los 1.500 metros constituye uno de los hitos geográficos de una isla, la mayor de las Baleares, de profundos rasgos mediterráneos, donde el clima es en general benigno, suave y soleado, y las precipitaciones no alcanzan más de 500 litros. Viticultura El cultivo de la vid, introducido por los romanos en el siglo II aC, alcanzó su máximo apogeo en 1890, cuando Mallorca, como todo el Mediterráneo, se especializó en proveer al mercado francés, muy afectado por la filoxera. Claro está, la plaga llegó también a la isla y hundió su floreciente sector vitivinícola, que no se ha recuperado hasta hace relativamente pocos años. Hoy el salto cualitativo del vino mallorquín se basa en las aptitudes del clima, de unos suelos de composición calcárea y, sobre todo, de las variedades indígenas. Variedades En tintas, destacan la manto negro, la callet, la fogoneu y la gorgollassa. En blancas, la moll y la malvasía. En las diversas zonas productoras de uva hay también una notable proporción de variedades internacionales. Los vinos En Mallorca los vinos están amparados por dos denominaciones (Binissalem y Pla i Llevant) y otras dos indicaciones de vino de la tierra: Serra de Tramuntana y la llamada genéricamente Mallorca. En conjunto agrupan más de 1.200 hectáreas de viña. Los productos más interesantes y originales suelen ser los elaborados con variedades autóctonas por parte de bodegas que tienen como bandera el absoluto respeto a los diferentes terroirs de la isla. Cada vez más, todos estos vinos se revelan como muy buenos acompañantes de la maravillosa gastronomía mallorquina, basada en las verduras de temporada, el cerdo y derivados, el pan, el aceite y los productos de la pesca en las zonas de costa.

Por ejemplo Gallinas y Focas, un tinto VT Mallorca a base de la variedad autóctona manto negro. Lo elaboran la bodega 4Kilos Vinícola y amadip.esment, asociación que atiende a personas con discapacidad intelectual. Una frase ”En el Mediterráneo, todas las islas grandes se parecen. Por eso me gustan tanto todas. Mallorca es la sensación de los mercados, del espíritu del campo, nunca recuperado porque jamás se ha perdido. (...) Mallorca es un hermoso racimo de uvas. Mallorca es la tierra que permite volver a la esencia pausada de las cosas sencillas.” (Joan Gómez Pallarès, www.devinis.org)


SICILIA

Las viñas de los dioses Geografía La más grande isla del Mediterráneo es casi un continente en sí misma, de tan variadas que resultan su orografía, su geología, sus microclimas y, en consecuencia, las personalidades de sus terruños vitivinícolas. Escenario secular del cruce de civilizaciones, tierra de profundos referentes mitológicos, Sicilia es en general seca y calurosa pero su infinidad de macizos, colinas y valles dibujan un panorama complejo. Desde el extremo este domina la isla la gran mole del volcán Etna, de 3.350 metros. Viticultura Seguramente fueron los griegos que fundaron Siracusa quienes inauguraron la viticultura en la isla, en el siglo VIII aC. Hoy esa misma zona del sureste sigue siendo la que más excelencia atesora, con la DO de Cerasuolo di Vittoria como uno de sus emblemas. En total Sicilia cuenta con unas 25 denominaciones que engloban alrededor de 105.000 hectáreas. El área con mayor superficie de viñedo es la provincia de Trapani, en el oeste, donde domina la variedad blanca Catarratto, productiva y de nivel básico. Sorprende saber que las vendimias siciliana se dilatan más de tres meses, desde agosto hasta los últimos días de noviembre: una prueba palmaria de la diversidad de esta tierra. Variedades Sicilia es un paraíso de las cepas autóctonas, con variedades de gran elegancia y expresión como las tintas Nero d’Avola, Frappato, Nerello Mascalese y Nerello Capuccio. Todas estas y algunas más alcanzan una calidad y una consideración más alta que las variedades blancas. Los vinos Tan heterogéneo como el propio terroir, el vino siciliano está viviendo una etapa de restauración de la antigua fama perdida. Desde los años 1980, y a partir de un núcleo reducido y valiente de elaboradores, se producen vinos excepcionales con variedades de la tierra en zonas de gran definición, como las laderas del Etna, la llanura de Vittoria, la isla de Pantelleria y la comarca de Marsala, donde resuena el viejo esplendor de sus clásicos vinos fortificados.

Por ejemplo Con el nombre, SP68, de la carretera que cruza su finca del sureste siciliano, Arianna Occhipinti, una de las viticultoras destacadas de la isla, presenta un tinto joven y fresco, de recuerdos de monte agreste. Una frase Leonardo Sciascia escribe en ‘El mar de color de vino’: “Hay un efecto, como de vino, que produce un mar como éste [el de Sicilia]. No embriaga; se apodera de los pensamientos, suscita una sabiduría antigua”.


MADEIRA

Jardín en el océano Geografía Isla portuguesa de 741 Km2 situada en medio del Atlántico, Madeira está a 900 Km al suroeste del continente y a 400 Km al norte de las Canarias. De origen volcánico, destaca por su escarpada orografía, que alcanza una altitud de más de 1.800 metros. El clima es de influencia subtropical, suave y estable. La temperatura media anual alcanza los 19º C. Entre las muchas singularidades del paisaje, la Madeira rural está surcada por un extenso y espectacular sistema de acequias llamadas ‘levadas’. Su misión es llevar el agua desde el norte húmedo de la isla hasta el sur, más seco. Muchos de estos canales son hoy rutas de senderismo. Viticultura Unas 500 hectáreas de viñedo se reparten por innumerables terrazas colgadas de las vertiginosas pendientes de los montes de la isla. El principal sistema de conducción es el llamado ‘latada’, muy similar a la pérgola típica de algunas zonas atlánticas de la Península Ibérica. Variedades La más común es la variedad negra molle, que ocupa más del 80% del viñedo. El resto se lo reparten las conocidas como variedades nobles, que son las blancas sercial, verdelho, boal y malvasía (ordenadas de menor a mayor aporte de dulzor). Los vinos El madeira es un vino fortificado que se elabora tanto seco como dulce. Su singular personalidad viene de un proceso de elaboración que consiste en calentar repetidamente el vino en crianza, bien por medio del sistema calefactor llamado ‘estufagem’, bien guardando las barricas en estancias caldeadas, los ‘canteiros’. En cuanto a la calidad, existen dos grandes tipos. En la base encontramos los vinos de cupaje, accesibles y de calidad media, aunque la categoría engloba también unos pocos vinos viejos excepcionales. En la cúspide están los vinos monovarietales, elaborados con alguna de las cuatro variedades nobles. Entre ellos destacan los famosos ‘colheita’ y ‘frasqueira’, de añada definida y con más de 5 y de 20 años de crianza respectivamente.

Por ejemplo El Boal de Henriques & Henriques (H&H), una de las bodegas más afamadas y antiguas de la isla. Complejo y fresco, es una puerta de entrada magnífica al prolijo mundo de los madeira. Una frase Humberto Jardim, de H&H, da una definición perfecta de la personalidad extravante del madeira: “Sometemos al vino a todo aquello que no le gusta, como el calor y el oxígeno, hasta que exclama: ‘¡sí, soy madeira!’”


El valor de una humilde mezcla Pan, agua, aceite, vinagre, sal, ajo, tomate. La simplicidad mediterránea, la parquedad neolítica del grano y del fruto, la escasez y la imaginación, la mezcla de las culturas gastronomicas hispánicas. La fuerza del machado, la sutileza del equilibrio. Las buenas materias primas y siglos de evolución. Sucesivos hallazgos llevan a combinar y emulsionar los ingredientes y, al final (hace nada, un siglo), a incorporar el tomate a la receta atávica. Hoy el salmorejo admite mil variaciones y elementos innovadores. Pero si nos quedamos con los clásicos, fuera de Córdoba uno de los mejores salmorejos es el de Laredo, en Madrid, que gana aún más si cabe si se acompaña de un vino bien sugerido de la impresionante carta del establecimiento.


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NÚMERO 3 OTOÑO DE 2016

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Imagen de portada: mapa de la isla de Santa Helena, por Imray y Jenkins (1884) Imagen de contraportada: costa de la isla de Icaria, donde según la leyenda nació el dios Dioniso

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LagarClub núm. 3 ISLAS  

Islas de vino, vinos de islas. Un recorrido por esos pedazos de tierra que flotan y por los vinos que, en el pasado como hoy, han salido de...

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