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SAN MIGUEL DE TUCUMAN, DOMINGO 26 DE AGOSTO DE 2012

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Con las aguafuertes de Las mujeres más solas del mundo, Jorge Fernández Díaz logra un exquisito maridaje entre periodismo y literatura.

El novelista Marcelo Damiani hurga entre los contrastes urbanos de Caracas y se deleita con el amplio menú de coloquialismos tropicales.

5 a SECCION

U N V I A J E L I T E R A R I O P O R E L N O R T E D E I TA L I A

Belleza contra toda evidencia

A alguien se le ocurrió construir un balcón en Verona y afirmar que allí se asomaba Julieta para recibir a Romeo; pero lo cierto es que, en esa ciudad, Julieta está en todas partes. En Menaggio, Nietzsche se encuentra con Lou-Andreas Salomé, la mujer que lo rechazará dos veces y que lo inspirará en algunos de sus textos. En Milán empieza La Cartuja de Parma, la novela en la que Clelia y Fabrizo hacen el amor en la oscuridad, para que ella no rompa la promesa de no volver a verlo. La belleza en el norte de Italia tiene mucho de esa escena ◆

Por Gonzalo Garcés

PARA LA GACETA – VERONA/MENAGGIO/MILÁN FOTOS: AGOSTINA DATTILO

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erona. El que tuvo la idea de adosar a un edificio cualquiera un falso balcón de Julieta, podría haberse ahorrado el esfuerzo. Cierto, a la gente le gusta ver y palpar. Y por eso, cuando en 1928 alguien hizo construir este balcón de estilo renacentista y declaró que era el mismísimo al cual Julieta Capuleto se asomó, en la tragedia de William Shakespeare, para recibir a Romeo Montesco, debía saber que iba a ganar mucha plata. Hoy subir al falso balcón cuesta unos pocos euros. Aunque muchos se conforman con sacarse una foto, rito que todavía nadie ha sabido explicarme, tocándole a Julieta la teta derecha. Pero a lo que iba: el falso balcón es una redundancia. Porque en Verona Julieta está en todas partes. Su balcón fatídico es cualquier balcón. Si no estuviera el falso, cada vez que levantamos la vista podríamos preguntarnos: ¿será ese? Y si me apuran, cada vez que relojeamos a una veronesa flaquita y coqueta podríamos pensar: ¿será esa? La tragedia de Romeo y Julieta sólo podría haber ocurrido aquí. Su esencia, su profundo sentido, está en la ciudad misma. No hay más que mirar la frágil y hermosa fontana della Madonna Verona, en la Piazza delle Erbe. O los macizos de flores violetas que cuelgan de los balcones sobre el río Adigio. Hay ciudades donde la belleza es titánica, está ahí para aplastarnos, como en París, y la dejamos que nos aplaste porque realmente se lo ha ganado. Hay lugares donde la belleza parece distraída o casual, como en Nueva York o en Buenos Aires, y uno la agradece como un accidente feliz. Pero en Verona la belleza se cultiva en la intimidad, como una chica de buena familia a la que se protege con celo, a salvo de las miradas de una familia rival, mimada por una nodriza que la advierte sobre la brutalidad de los hombres. Y la chica elige, pese a todo, ir al encuentro de un hombre, dejarse arrebatar por una pasión que puede matarla, pero que vale más (como ese fresco medio descascarado, pienso yo, como el Ponte di Pietra a las cinco de la tarde) que salvarse sin haberla sentido nunca. Continúa en la página 4...

MENAGGIO. “Nietzsche y Lou siguen sin bajar del cerro”.

PERFIL

VERONA. “Cualquier balcón puede ser el de Julieta”.

Gonzalo Garcés nació en Buenos Aires, en 1974. Ganó el premio Biblioteca Breve con su novela Los impacientes. En 2007, la revista Adn (La Nación) lo señaló como el autor más destacado de su generación. Ese año fue incluido en la nómina de los mejores escritores jóvenes de América latina por el jurado de Bogotá 39. En 2010 fue escritor residente del International Writers Program en Iowa. Colabora en Ñ, Babelia, El Mercurio y La Tercera, entre otros medios. Acaba de publicar su novela El miedo (Mondadori). MILÁN. “El amor, una deidad invisible.”

Las ciudades escritas ◆

Por Fabián Soberón

PARA LA GACETA - NUEVA YORK

“La literatura -dice Antonio Tabucchi citando a un poeta- es la demostración de que la vida no nos basta”. El viaje, como parte de la vida, no nos basta. Es necesario el ejercicio de la literatura. Y eso es lo que hace Tabucchi en Viajes y otros viajes, el libro que publicó Anagrama en castellano pocos días antes del viaje definitivo del autor, el 25 de marzo pasado. Tabucchi narra viajes, cuenta experiencias que ya son en la nostálgica escritura, episodios, escenas; recorridos que ya son recuerdos narrativos, encuentros que ya son evocaciones críticas. Tabucchi escribe sus viajes y en ese acto rutinario y mecánico convierte a las experiencias en la materia huidiza y

diáfana, hermosa y fatal de la literatura. Su libro Viajes y otros viajes podría llamarse Ciudades y otras ciudades. O Ciudades y otros ensayos literarios. Tabucchi repasa con mirada lúcida y fascinante el mapa que los años han hecho con las ciudades heterogéneas que ha visitado. Viajes... no es un libro de viajes.

Es un libro de crítica literaria y cultural. Es un libro que entreteje las ciudades con la literatura, la lupa crítica con la calle perdida, la mirada amenazada por la ciudad con el pensamiento preciso y estético sobre el mundo y los libros. Tabucchi dice en la conversación que antecede a las crónicas que le parece feo

viajar pensando en escribir. Tabucchi cumple con su mínima doctrina. Los textos no son meras crónicas de viaje sino micro ensayos sobre la experiencia del viaje y sobre la literatura. Para Tabucchi, todo viaje es un lúcido pretexto. Un pretexto para el pensamiento, para la crítica. Se podría decir que Tabucchi cumple el dictamen de Wilde: ensaya, en este libro, el viaje como la forma moderna de la crítica. El viaje autobiográfico como una forma indirecta de la crítica. En estas páginas pletóricas de versos y de referencias históricas, llenas de pretéritos diversos, el viaje es una forma de filosofía del pasado, una filosofía del tiempo. Tabucchi reflexiona, a pesar suyo, sobre aquello que continuamente se pierde, que continuamente deja de ser. En el viaje, el hui-

dizo acontecer, se potencializa. Todas las cosas y las personas fluyen, quedan atrás, y se convierten en un curioso ejemplo del hermoso y fascinante río del pasado que vuelve al inasible presente, que vuelve como recuerdo utópico, imposible.

Los viajes y los libros El primer texto consigna un viaje mínimo, incandescente, revelador. Narra el viaje en tren desde su pueblo a Florencia. Lo lleva un tío. Este, además de conocedor de arte, es alguien que quiere darle al niño Tabucchi una formación. Y Tabucchi, recuerda, ya mayor, esa experiencia. ¿Y qué recuerda? Evoca la mirada de niño desde la perspectiva del escritor. Continúa en la página 3...


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LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 26 DE AGOSTO DE 2012

LANZAMIENTOS / LA GACETA LITERARIA / CRÍTICA DE LIBROS / LA GACETA LITERARIA / LOS MÁS VENDIDOS / LA GACETA LITERARIA

N

WEB.EDITORIALCAPIN.COM.AR

o v e d a d e s

DIEZ PENSAMIENTOS ACERCA DE LA POLÍTICA Roberto Espósito

$ 99

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA (296 PÁGINAS)

Política, democracia, responsabilidad, soberanía, mito, obra, palabra, mal, Occidente, comunidad y violencia son los vocablos clave de la tradición filosófica y política occidental. Espósito encara un desafío hermenéutico para deconstruir y resemantizar cada término.

EL CORAZÓN DE LA NACIÓN Lauren Berlant

$ 59

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA (158 PÁGINAS)

Berlant se centra en dos aspectos. Primero, el vínculo entre la elaboración de los mundos políticos y las emociones como articulación de “lo nacional” y de lo identitario. Segundo, la clave transclasista que produce la fantasía de la desaparición de igualdades y de clases.

DELICIOSAS páginas de un libro sin grietas

AÑOS LENTOS Fernando Aramburu

$ 104

TUSQUETS EDITORES (224 PÁGINAS)

Un niño se muda con sus tíos a San Sebastián en los 60. El tío vive entre la fábrica y la taberna. La tía está sometida a las convenciones sociales y religiosas. La prima se encuentra obsesionada por los chicos. El primo se enrola en la ETA. El destino de todos se quebrará.

aguafuertes que se corresponden con los mejores ejemplos del género

DE ACERO Silvia Avallone

$ 109

ALFAGUARA (368 PAGINAS)

CRÓNICA

Cuando el cuerpo cambia no hay chance: o te escondes y te quedas afuera, o usas con violencia tu belleza y confías en que te ayude a ser alguien. Ellas lo intentan: creen que para sobrevivir basta con luchar. Pero la vida es feroz. Y cuando llega el amor, hasta la amistad duele.

LAS MUJERES MÁS SOLAS DEL MUNDO JOGE FERNÁNDEZ DÍAZ (Capital Intelectual Buenos Aires)

MENTIRAS DE VERANO Bernhard Schlink

$ 85

ANAGRAMA (264 PAGINAS)

¿Por qué alguien aleja del mundo a su exitosa mujer? ¿Por qué un amante pierde a su amada con engaños? ¿Cómo librarse de ataduras cuando un amor promete una vida nueva? Descubrir las mentiras con las que vivimos es el núcleo central de estos relatos.

ZOO Marie Darrieussecq

$ 89

EL CUENCO DE PLATA (208 PÁGINAS)

“A las mujeres -dice la autora- se las trata más como chanchas que como yeguas, vacas, monas, víboras, tigresas, jirafas, sanguijuelas, babosas, tarántulas, koala, ciempiés o rinoceronte hembra. Y como en el zoológico, uno se termina preguntando quién mira a quién”.

¡MECACHENDIE! Alberto Montt

Las aguafuertes constituyen un exquisito maridaje a medio camino entre el periodismo y la literatura o, mejor dicho, un vigoroso cruce de aguas que toma lo mejor de cada vertiente. Del periodismo, por caso, la crónica cincelada en la detallada observación y en la ajustada descripción. De la literatura, a su vez, la libertad en los modos de asociar, decir, intercalar, y la irrestricta licencia de perseverar en el vuelo franco, en la pincelada sutil. Las aguafuertes así se llaman porque así las consagró para siempre Roberto Arlt, tomando la posta de los clásicos del tex-

to costumbrista (dicen que de los británicos Joseph Addison y Richard Stelle, dicen que de los españoles Quevedo y Lara, más mordaz el primero, más filosófico el otro), y autorizando a otro grande como el uruguayo Wimpi y, más hacia nuestros días, a Emilio Petcoff, Jorge Asís (con su espléndido alter ego Oberdan Rocamora), Daniel Dalla Costa y desde luego Jorge Göttling. Pues bien. Aguafuerte, crónica costumbrista, crónica de no ficción, pintoresquismo, semblanza, ensayo periodístico, periodismo literario, etcétera, como queramos enunciarlo, los textos de Jorge Fernández Díaz se corresponden con las mejores páginas del género, y eso, porque en Las mujeres más solas del mundo alcanza su máxima expresión un autor demasiado periodista para ser sólo escritor, demasiado escritor para ser sólo periodista, que regala algunas páginas sencillamente deliciosas.

Por ejemplo, sólo para ir llevando, Entrevista con Noemí, Ultimas noticias de Olga Cueto, El creador de historias, Escribir hasta el último segundo y Peronismo Hollywood, incluso a pesar de que las opiniones políticas de Fernández Díaz no son lo más interesante de su bagaje. Que se entienda: formular una declaración de principios ideoló-

El vuelo del ángel, acerca del célebre homicida Carlos Robledo Puch, puede considerarse punto culminante del libro. gicos no está ni bien ni mal per se, depende del contexto, del propósito y de los modos, pero en lo que atañe a Las mujeres más solas del mundo se revela claro de toda claridad que el autor fluye, persevera y ensancha su horizonte con especial pericia

cuando se siente a salvo de ciertos imperativos. Cuando desaparecen del escenario los moscardones de la toma de posición y suelta las amarras de una mirada enfocada en el personaje, en el personaje y sus circunstancias, en el personaje, sus circunstancias y eventuales moralejas que se valen de la primera persona del singular sólo al servicio del clima gestado. Del indispensable tejido que tanto abraza al observador como al observado. Desde esta perspectiva, El vuelo del ángel, acerca del célebre homicida Carlos Eduardo Robledo Puch, bien puede ser tomado como el punto culminante de un libro de piso muy alto, de un libro sin grietas, de uno de esos libros que se leen con la intermitencia propia de lo que siendo disfrute puro invita a una degustación demorada. © LA GACETA

WALTER VARGAS ◆

HUESOS DESNUDOS Eric Domergue

$ 50

COLIHUE (224 PAGINAS)

Los restos de Yves Domergue y Cristina Cialceta, su compañera por más de 30 años, estuvieron ocultos y sin nombre en un paraje de Santa Fe. Víctimas de la dictadura, sus cuerpos fueron arrojados en un camino rural, sepultados como “NN” y cuidados por la gente.

TERRITORIOS DE LA INCERTIDUMBRE Omar Tobío

$ 36

UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN MARTIN (168 PÁGINAS)

Propone una sistematización de las principales perspectivas teóricas que constituyen el pensamiento en Geografía Social. El enfoque considera lo social como productor de espacios, siendo las configuraciones territoriales el resultado de procesos históricos

ESTRATEGIA BUENOS AIRES Roberto Santiago De Brito

SIN DATOS

EDITORIAL N&T (104 PÁGINAS)

Ochenta nanorrelatos es el subtítulo de esta obra, que preanuncia que se trata de una obra consagrada al cuento breve. En ellos desfilan desde vendedores de milagros hasta desconciertos bíblicos, pasando por el esclarecedor instructivo acerca de cómo violar una rosa.

¿HACIA UNA CIUDADANÍA URBANA? LA CIUDAD Y LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES Jacques Donzelot

$ 40

NUEVA VISIÓN (64 PÁGINAS) -40-

El Estado ya no domina la relación entre la vivienda y el empleo y la remite a lo local. Gobernantes, habitantes y empresarios deben ponerse de acuerdo para darle respuesta a esa cuestión con ayuda de acuerdos de colaboración locales. Eso es la ciudadanía urbana.

ORIGEN, APROPIACION Y DESTINOS DEL EXCEDENTE ECONÓMICO EN LA ARGENTINA DE LA POSCONVERTIBILIDAD J. Sbatella, P. Chena, P. Palmieri, L. Bona

$ 59

COLIHUE (168 PÁGINAS)

En un país que crece al 8% desde 2003, este libro vuelve sobre el concepto de excedente económico para preguntarse respecto del monto, la apropiación y los usos de los recursos que genera la sociedad argentina.

Las extraordinarias creaciones del Kafka nipón RELATOS CUENTOS SINIESTROS KOBO ABE (Eterna Cadencia Buenos Aires) Seducido por las mutaciones de la narrativa europea, Kobo Abe (Tokio, 1924-1993), introduce en la escritura japonesa de post-guerra, un tono y una estética ajenos a la tradición nipona. Ese gesto innovador lo une a sus contemporáneos Yukio Mishima y Kenzaburo Oe. Sus obras se inspiran en los existencialistas franceses, el absurdo de Samuel Beckett, la ciencia ficción considerada como antiutopía. Con un estilo directo, de tono satírico (hasta macabro), abordará temáticas universales

como la alienación, la identidad, el tiempo circular. Médico, aunque tuvo vedada la práctica debido a sus convicciones políticas, fue además fotógrafo, escritor de ficción, poesía, dramaturgia, ensayos y guiones cinematográficos. La película La mujer de la arena (basada en su novela homónima) se ha convertido en un film de culto. Sus imágenes inquietantes de las dunas desmoronándose sugieren una versión moderna del mito de Sísifo. Poco se ha traducido de su obra al castellano, sólo tres novelas, por eso no podemos menos que celebrar el lanzamiento de Cuentos siniestros. Hasta ahora inéditos en nuestro país, los siete relatos, escritos durante las décadas del 50 y el 60, y traducidos directamente

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a n k i n g TUCUMAN

FICCION

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CINCUENTA SOMBRAS DE GREY E. L. James CINCUENTA SOMBRAS MÁS OSCURAS E. L. James EL ENIGMA SPINOZA Irvin Yalom AFRICA, SANGRAN LOS REYES Hernán Lanvers TORMENTAS DEL PASADO Gabriela Exilart

NO FICCION

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ENCUENTROS Gabriel Rolón EVITA, JIRONES DE SU VIDA Felipe Pigna MUJERES TENÍAN QUE SER Felipe Pigna BIENVENIDO DOLOR Pilar Sordo ¡VIVA LA DIFERENCIA! Pilar Sordo

del japonés por el catedrático Ryukichi Terao, confirman su bien ganada fama de “el Kafka nipón”. Sus personajes, como los de Kafka, desprovistos de una gramática que los contenga, llevan por nombre sólo una inicial. En el primer relato, El pánico, con toques oníricos, muestra una burocracia asfixiante, policíaca, que busca criminales “para acelerar el proceso de desarrollo social”. En El perro un pérfido animal adquiere comportamiento humano. El Grupo de Petición Anticanibalística y los tres caballeros (1956) es una sátira futurista, que nos recuerda la “modesta” propuesta de Jonathan Swift, en donde tres funcionarios defienden su derecho a la antropofagia.

En El huevo de plomo, el protagonista despierta después de 8.000 siglos dentro de una cápsula de hibernación, para descubrir que en la evolución humana hubo un estadio humano-vegetal, hombres por cuyas venas corre clorofila, reacios al trabajo y adictos a las apuestas, logran, no obstante, fusionar su lengua con la del viajero del tiempo, y hacerla inteligible. Sin duda, Kobo Abe exige un esfuerzo a la imaginación y sensibilidad. El lector no puede más que entregarse y dejarse arrastrar por el flujo genial de sus argumentaciones, situaciones aciagas y finales impredecibles. © LA GACETA

MARÍA EUGENIA BESTANI ◆

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FUENTE: REVISTA Ñ

Luego del éxito sensacional que significó la publicación de ¿Quién es Montt?, ahora ya son muchos los que saben que se trata de un talentoso y original humorista gráfico chileno. Como secuela, él presenta una nueva selección de su desopilante material.

LIBRERIAS EL ATENEO, EL GRIEGO Y LA FERIA DEL LIBRO

$ 55

EDICIONES DE LA FLOR (128 PÁGINAS)

a n k i n g ARGENTINA

FICCION

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CINCUENTA SOMBRAS DE GREY E. L. James AFRICA, SANGRAN LOS REYES Hernán Lanvers JUEGO DE TRONOS George R. Martin EL ENIGMA SPINOZA Irvin Yalom PETER CAPUSOTTO FANTÁSTICO D. Capusotto y P. Savorido

NO FICCION

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EVITA, JIRONES DE SU VIDA Felipe Pigna ENCUENTROS Gabriel Rolón BIENVENIDO DOLOR Pilar Sordo LOS HIJOS DE LOS DÍAS Eduardo Galeano ¡VIVA LA DIFERENCIA! Pilar Sordo


LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 26 DE AGOSTO DE 2012

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/ DIARIOS DE VIAJES / LA GACETA LITERARIA / DIARIOS DE VIAJES / LA GACETA LITERARIA / DIARIOS DE VIAJES /

Cuba

ALGUNAS PALABRAS SOBRE CARACAS

medio siglo después de la revolución Hubo cambios desde la “apertura” de Raúl Castro, pero persisten las carencias de los ciudadanos y las restricciones a su libertad de expresión. ◆

Por Carlos Vernazza

PARA LA GACETA - LA HABANA uelvo a Cuba después de ocho años. Es la tercera vez que visito el país de José Martí. Quiero comparar si hubo cambios reales tras la anunciada apertura de los hermanos Castro. El primero, muy visible, es el nuevo aeropuerto de la capital, que no tiene nada que ver con el anterior. Desde la ventanilla, observo que hay un Jumbo de Air France y otro de Air Italia, y recuerdo, a su vez, que desde la Argentina, ya son ocho las líneas que vuelan hasta aquí. Apenas uno ingresa a la estación nota un clima más distendido. El trámite migratorio, antes lentísimo y burocrático, se reduce ahora a apenas cinco minutos: no piden seguro de salud ni tampoco el nombre del hotel donde uno se alojará. Es más: quien nos controla es una mujer del Ejército que nos dice “Bienvenidos a Cuba”. El primer trámite debe hacerse de inmediato, hay que cambiar los dólares o los euros por los CCU (Cubanos Convertibles). Si uno entrega dólares estadounidenses, le descontarán el 14%, y si efectúa la operación con euros, nada. Abundan los taxis, que por 20 dólares van hasta el centro. Apenas con recorrer unos kilómetros, uno nota que hay muchos más vehículos. Es que el gran amigo de Fidel, el comandante Hugo Chávez, le suministra -a un precio muy reducido- el petróleo necesario, lo que dejó atrás los cortes habituales de energía que sufría siempre la isla. Al recorrer los primeros kilómetros, uno advierte que hay dos figuras preponderantes que aparecen en grandes carteles: las de José Martí y el Che Guevara. Superan ampliamente a la del hoy secretario del Partido Comunista, Fidel. La de su hermano, Raúl, se ve mucho menos.

PANORAMA.ELPERIODICO.COM

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La Western Union Una de las primeras sorpresas es observar que la Western Union, símbolo del capitalismo estadounidense, tiene sucursales en distintos barrios de La Habana. El millón y

la charla que antes, es el salario. El sueldo mínimo mensual es el equivalente a nueve dólares, los jubilados ganan siete, un médico apenas 25, y la mayor remuneración mensual, sin contar a los funcionarios prominentes del Gobierno, la cobra un profesor universitario con dedicación exclusiva, que recibe 30. Un dólar equivale a 24 pesos cubanos y, según el Gobierno, la canasta básica se cubre con la mitad de ese valor. Una familia tipo recibe por mes tres kilos de arroz, cuatro de fideos, uno de carne vacuna y tres litros de aceite mezcla. Según los consultados, eso se lleva la mitad de la remuneración.

Por Marcelo Damiani

PARA LA GACETA - CARACAS Caracas es una ciudad de motos y de autos. No es muy apta para el caminante con ganas de conocerla a pie ni para el peatón desprevenido. Tampoco parece ser una ciudad de bicicletas, como en la que se está convirtiendo Buenos Aires. Su tránsito es agresivo y dispar. Abundan las camionetas importadas, nuevas, relucientes, con conductores que hacen portación constante de celulares, pero también los coches viejos, grandes, clásicos, imposibles de mantener en otro lugar donde la nafta no sea más barata que el agua. Siempre se escuchan bocinas y sirenas en todas partes. Caracas también es una ciudad de fuertes contrastes. En ella conviven las nostálgicas galerías setentistas con los shoppings y con las más modernas construcciones de la ar-

Nadie como Fidel

CONMEMORACIÓN. Niños y veteranos del Ejército rebelde, durante la celebración de otro aniversario de la entrada de Fidel Castro a La Habana. medio de cubanos que viven en EEUU envía ahora las remesas para sus familiares. La segunda sorpresa es poder tomar Coca-Cola, un ícono de los yanquis al que Cuba, durante medio siglo, le impidió que ingresara. Otra sorpresa: hay pocos, pero aparecieron al fin los teléfonos celulares. Sin embargo, Cuba y Corea del Norte siguen siendo los dos únicos países que prohíben el uso de internet. El universo web solo está disponible en los organismos

oficiales y en los hoteles, exclusivamente para extranjeros y a un costo escandalosamente alto para un cubano: 12 dólares la hora. Hay otro cambio notable: después de 53 años, hay dos vuelos diarios a Miami, uno a través de Gran Cayman y otro vía Bahamas, operados por las líneas de esos dos pequeños Estados.

Fidel Castro es el único funcionario que, sin ser rey, alcanzó a ejercer el poder durante más de 50 años. La revolución lleva 54 años y ahora transfirió el Gobierno -aunque no el poder- a su hermano Raúl. Fidel superó al norcoreano Kim II Sung, quien gobernó durante 48 años, y al dictador de Albania, Enver Hoxlta, que estuvo 40. Una constante de los adeptos al castrismo es su crítica contra Obama, que en 2009, a dos días de asumir como presidente, prometió que en un año cerraría la prisión de Guantánamo, una base estadounidense que está a más de 900 kilómetros de La Habana, muy cerca de Santiago de Cuba, y que sirve como campo de prisioneros. En este momento, sólo quedan allí 171 presos provenientes de Irak y Afganistán. Obama nunca pudo cumplir con su promesa porque, acorralado y en minoría en ambas Cámaras, no logró la aprobación del Congreso. Un talón de Aquiles que el castrismo nunca pudo superar fue el de los medios de comunicación. Apenas hay un diario, el Granma, de apenas 16 páginas diarias y de tamaño muy reducido, que es en la práctica un parte oficial. © LA GACETA

Salarios La principal queja de los habaneros, ahora más predispuestos a

Carlos Vernazza – Periodista, ex director del diario El Tribuno, de Salta.

“En ella conviven las nostálgicas galerías setentistas con los shoppings y con las más modernas construcciones de la arquitectura de vanguardia, es decir, edificios inteligentes”. quitectura de vanguardia, es decir, edificios inteligentes como el de la Multinacional de Seguros y otros de volúmenes fragmentados, como el Centro Comercial San Ignacio. Las diferencias de clases sociales, por otro lado, se perciben instantáneamente, y la clase media debe ser la más pequeña. No obstante, la gente es muy amable y por lo general está de buen humor en las calles y los restaurantes, ya que los bares no abundan como en Buenos Aires. Un párrafo aparte, sin duda, merecen los coloquialismos que se escuchan por todas partes. Es difícil moverse sin oír palabras como vaina, chévere, buhonero; chamo, ladilla, raspicuí; pero también mecate, goajiros, burundanga; wayuu, jalabola, faramallero, y mi favorito indiscutido: Torypollo (equivalente a nuestro Patovica). La mayoría son términos completamente inaccesibles para cualquier extranjero; yo, por ahora, sólo me he atrevido a usar un par de chéveres. Este lenguaje exuberante, prolífico, por momentos hermético, me ha hecho pensar que en un futuro cercano su literatura nos puede dar una grata sorpresa. © LA GACETA Marcelo Damiani – Novelista, crítico literario, docente.

Las ciudades escritas ... Viene de la página I. “...Tío, ¿qué hay que hacer para ver a los ángeles? Y él me contestaba: para ver a los ángeles hay que saber sujetar el pincel”. En esa frase enigmática del tío se cifra la idea de este libro: para viajar hay que saber escribir el viaje. Continuamente se queja de los viajes del turista típico, del turista kitsch, aquel que solo ve, de manera fugaz y prefijada, las locaciones establecidas por las empresas de viajes. Justamente, saliendo de ese recorrido, Tabucchi recomienda caminar unas cuadras y visitar, en Pisa, una posada en la que vivió Giacomo Leopardi desde el otoño de 1827 al verano de 1828. “Pisa fue amada por Leopardi y la ciudad le reservó una cálida hospitalidad”. Pero la ciudad fue algo más para el poeta. Pisa le permitió retomar la escritura, luego de una profunda crisis. Escribe Tabucchi: “Consiguió desgarrar la telaraña de la depresión y renació a nueva vida”. Allí escribió A Silvia y La resurrección. Para el final, se reserva una confesión bibliófila. Como todo lector, busca en una calle perdida, una librería de viejo. Con contenida emoción, se pregunta: “¿Quién sabe si ese turista que se ha evadido durante unos pocos

minutos del camino marcado no acabe regresando a su autobús como una reliquia”. En París, Tabucchi no se detiene en los monumentos consagrados. Como si hiciera el viaje en contra de las guías turísticas, anota: “Todas las guías turísticas nos dirán que todas las obras de Delacroix expuestas en place Furstenberg son “menores”, dado que las mayores se hallan en el Louvre”. Tabucchi nos convence de lo contrario. En la casa taller de Eugene Delacroix, se pueden ver los instrumentos musicales del pintor, los utensilios que recogió en su viaje por Andalucía, Marruecos y Argelia. “En Marruecos, Delacroix tuvo el privilegio de entrar en un harén y la tristeza de esas mujeres prisioneras le provocó una profunda emoción”. Como en Citizen Kane, como en Hamlet, Tabucchi se vale de la duplicación escénica: narra un viaje dentro de un viaje y el lector siente que asiste a una estructura de espejos que multiplica el sentido de la realidad. “Delacroix escribió un diario que es uno de los más fascinantes libros de viaje del siglo XIX francés. Era también un escritor de talento, y sus textos sobre la pintura y el arte revelan una mano literaria insólita para quien está avezado a los pinceles. Sus consideracio-

nes acerca de la música son admirables, y explican su gran amistad con Chopin, de quien pintó indiscutiblemente su más hermoso retrato”. De la casa de Delacroix nos vamos con la íntima necesidad de leer ese diario. ¿Para qué sirve un viaje si no es para viajar por otros medios? Lisboa, ciudad de saudade: casi se podría decir que esta crónica-ensayo es la síntesis del libro. Tabucchi sostiene que es imposible comunicar con palabras de otra lengua el sentimiento de la saudade. Y este sentimiento de imposibilidad es, de alguna forma, el bello escozor que atraviesa el libro. Todo hace suponer que Tabucchi experimenta en el viaje, o en la escritura del viaje, esa extraña alegría de la nostalgia recordada con calma, esa extraña melancolía que acude, presurosa, en el texto que recupera el viaje. La saudade es, entonces, la felicidad nostálgica por lo ya visto que se recupera, tardía y desenfocada, en la hoja, ese viaje que ya no existe pero que vive como melancolía en el papel. Después de muchos kilómetros en auto, Tabucchi y su esposa, María José, llegan a Ürgüp, ciudad principal de Capadocia. Tabucchi describe la zona como un paisaje lunar que mezcla cenizas, lodo y fango, una extraña mezcla

del Gran Cañón norteamericano y la Capilla Sixtina. La idea no es de él sino de un amigo matemático, quien lo impulsó a conocer Capadocia con esa frase que escapa a los dictámenes de la lógica. En Ürgüp, recuerda el escritor, Pasolini rodó su Medea. Las poblaciones se pierden en las rocas, en medio de una sequedad apabullante. En el interior de esas montañas, ocultas, están las múltiples capillas e iglesias que guardan poderosas obras de arte bizantino. Para el final del relato, Tabucchi guarda un recuerdo imposible. En el pequeño e incomparable hotel que cruza lo antiguo, lo familiar y lo moderno, Tabucchi y su esposa coinciden con una famosa intérprete de arpa. Una tarde, sentados en la entrada del hotel, María José recita en un idioma comprensible para la intérprete, un verso de Pessoa: “Oh, tocadora de arpa, si pudiera besar tus gestos sin besar tus manos”. Y ella, inmortal, toca un concierto para los tres. En la última parte, Tabucchi escribe viajes sobre libros de otros. Comenta una historia de la literatura de Brasil y llama a este país “el edén de los remordimientos”. Además de pensar el lugar del paraíso perdido, el libro que Tabucchi comenta y su viaje por el libro, reconstruyen los ca-

minos idílicos que hizo la literatura de Brasil. Azorado, Tabucchi advierte que Brasil es, de alguna forma, la creación de una mirada de los europeos sobre el gran país. Es decir, un Brasil inventado para cumplir los caprichos, las ilusiones de los conquistadores. Es la teoría de Berkeley trasladada al imperialismo. Ser es ser percibido por el imperio. Tabucchi visita innumerables lugares y parajes, escondidos y abiertos en los distantes puntos del orbe: Mongolia (a través del relato de una amiga), Bombay, Creta, Boa, Séte, Jerusalem, las ciudades imaginarias de Calvino, la geografía lúcida e inventada de Rezzori, los cercanos monumentos de dos poetas en Lisboa: Pessoa y de António Ribeiro Chiado. Los destinos se acumulan; las lecturas y los versos se acumulan. La lectura de estos viajes es un modo de leer la biblioteca amplia y benéfica de Antonio Tabucchi. Los viajes heteróclitos y dispersos conforman una invisible y grácil biblioteca. Las sombras y los tiempos, el aire rojo del oriente, el color iridiscente del mar o las hierbas medicinales de Creta evocan las diversas lecturas, los libros: las armas de Tabucchi. A propósito de un exquisito y minucioso libro sobre la India, el escritor repasa el esfuerzo mental

para escribir su novela Nocturno hindú. También escribe una crónica sobre las Islas Azores, en la lejana costa de Portugal, para revisar el plano de ensueño del personaje de Dama de porto Pim. Ese decir, el viaje es una forma de la autobiografía. Y la autobiografía es una forma de la crítica. O, la crítica es la forma moderna de la autobiografía, como quería Wilde. Los vasos llenos de citas se comunican y arden, arden, como quería Octavio Paz. “La poesía es tiempo y arde”. Y en este libro ese verso es real.

Coda A pesar de haber recorrido medio mundo, Tabucchi sabe que el viaje no es solo una travesía turística. Quizás por eso confiesa en la nota inicial: “Pero tal vez falten los viajes más extraordinarios. Son los que no he hecho, los que nunca podré hacer. Que permanecen sin escribir o encerrados en su propio alfabeto bajo los párpados, por las noches”. El libro invita al viaje real pero también, y sobre todo, a realizar los íntimos recorridos literarios y críticos. © LA GACETA Fabián Soberón - Escritor. Profesor de Teoría y Estética del Cine de la Escuela Universitaria de Cine.


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LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 26 DE AGOSTO DE 2012

Pinceles que zarandean la eternidad ◆

Por Roberto Espinosa

PARA LA GACETA - AUVERS-SUR-OISE GENTILEZA ROBERTO ESPINOSA

En la entrada principal, no hay indicación alguna. Luego de deambular sin ton ni son en busca del “monumento”, sobre un muro y entre dos mausoleos, dos lápidas miran sin pestañear al sol del mediodía: Ici repose Vincent van Gogh (1853-1890) y a la par, Theo van Gogh (18571891). Un tapiz de hiedra abriga el dolor de las tumbas fraternas.

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853. Marzo 30, Groot-Zundert. El sur sopla un presagio. Aciago. Contradictorio. Nubes de desdicha. Resplandor eterno. Anna deja escapar entre sus piernas el llanto de un niño. Una alegría protestante sacude el canto de los mirlos. El vástago ha trepado ahora su corazón a la paz del seno materno. El padre camina en círculos. Una sensación discordante lo embarga. Una muerte le nubla la memoria. Hace un año, casi exactamente, ha nacido un retoño sin vida. Theodorus mira a su mujer. Ella eleva sus ojos sumisos hacia los de su marido pastor. Este acaricia el destino en la cabeza niña. Arroparán al bebé con el nombre de su hermano muerto. El cielo se turba en Holanda.

Un puente que cruzar Basta cruzar un puente del presente para desembocar en el pasado. En el siglo XIII, había terminado de erigirse la iglesia de Auvers-sur-Oise, un pueblito que mece la quietud a unos 20 kilómetros de París. Tiene actualmente unos 7.000 moradores. En poco más de dos meses de sus últimos días, el holandés ha pintado allí 70 cuadros. Seguramente, sus retinas aún están impregnadas del trigal, de esa iglesia gótica donde su corazón religioso se ha conmovido, de los cuervos que alientan todavía las jornadas. La iglesia es más bien pequeña, oscura, sombría. En la fría piedra están incrustadas las plegarias que reviven ahora con la música de cámara los fines de semana. A la derecha, en una esquina, un modesto cartel informa que, a 300 metros, está enterrado el artista. Hacia la izquierda, una casa de campo va conquistando el paisaje. Cuesta arriba se llega a

un cementerio de dimensiones modestas, que no excede la manzana. En la entrada principal, no hay indicación alguna. Luego de deambular sin ton ni son en busca del “monumento”, sobre un muro y entre dos mausoleos, dos lápidas miran sin pestañear al sol del mediodía: Ici repose Vincent van Gogh (18531890) y a la par, Theo van Gogh (1857-1891). Un tapiz de hiedra abriga el dolor de las tumbas fraternas. Flores silvestres y amarillas evocan los girasoles de los sueños de Vincent, que en sus 37 años un solo cuadro vendió. No se reconocen allí las huellas de turistas.

Carta al aire La melancolía va ganando el corazón de la siesta. Imágenes del Trigal con cuervos, el Retrato del doctor Gachet o Trigal bajo el cielo tempestuoso planean sobre el paisaje de cruces. Una carta a Theo se dibuja en aire: Querido hermano: las enfermedades de nuestro tiempo no son en suma más que un acto de justicia; si

hemos vivido años de salud relativamente buena, tarde o temprano nos ha de tocar nuestra parte. En cuanto a mí, ya comprenderás muy bien que no habría escogido la locura si hubiera tenido que elegir, pero cuando a uno le cae una carga semejante, ya no pesca nada más... Es bueno amar tanto como se pueda porque ahí radica la fuerza verdadera y el que mucho ama realiza grandes cosas y se siente capaz, y lo que se hace por amor está bien hecho... A pocos metros, en la puerta lateral del cementerio de Auvers, que casi nadie emplea para entrar, un cartel informa: “Detrás de este muro está sepultado Van Gogh”. 1890. Domingo 27. Auvers-sur-Oise. Soledad, angustia, locura, desamor le van descentrando los ojos del alma. Por la tarde salen sus pasos. La muerte trastabilla en los trigales. Graznidos de cuervos estropean el silencio. Pensamientos agitados deambulan sin brújula. Querido Theo: No te oculto que hubiera preferido morir a causar y sufrir tantas molestias... Sufrir sin quejarse es la

única lección que hay que aprender en esta vida... Lo mejor es quizás ridiculizar nuestras pequeñas miserias y también un poco las grandes de la vida humana... Nosotros, los artistas, no somos más que cántaros quebrados... Preguntas sin respuestas. El cielo gira en sus pupilas. Nubes se sientan en su frente. La sangre bulle. Una pistola danza nerviosa entre las manos. El gatillo cede. Reventón de pájaros en el trigal. La bala desacomoda el corazón. Arrastrándose, Vincent van Gogh llega hasta su pieza. Le dice a monsieur Ravoux: “Me disparé. Sólo espero no haber errado”. La agonía se estira hasta el martes 29. Su hermano llega de París y quiere convencerlo de que la muerte no ha tomado aún el tren. “No llores, Theo, lo hice por el bien nuestro... La tristeza permanecerá...” Un rumor de pinceles titila desde entonces en la eternidad. © LA GACETA Roberto Espinosa – Escritor, periodista de LA GACETA.

Belleza contra toda evidencia ... Viene de la página I.

Cuando Friedrich conoció a Lou Qué raro, le comento a Agos, con quien llevamos unos días dando vueltas por el norte de Italia. Parece que cada gran historia de amor que marcó a estos lugares fue una historia de cabezonería. De obstinación contra todas las evidencias. En la escena más intensa de la obra de Shakespeare, Romeo le dice a Julieta que se tiene que ir, que ya canta la alondra, es decir que amanece, y si lo agarran los Capuleto, colgarlo de las polainas es lo más amable que le van a hacer. Y Julieta dice no, darling, escuchaste mal, no es la alondra, es el ruiseñor, que canta en la noche, es temprano, vos seguí haciéndome masajes en la espalda que estoy contracturada. Romeo es más pragmático, pero cuando Julieta insiste, acepta la farsa sublime. Algo le dice que la belleza fugaz de esa locura compartida quedará en la memoria de alguien y así servirá a un propósito más elevado. Por aceptar que la alondra es el ruiseñor va a pagar un precio, pero ese sacrificio va a ayudar a otros a vivir. Acá, en la región de los lagos, esa idea de absoluto te agarra del cuello. Comentamos con Agos la historia del amor de Nietzsche por Lou-Andreas Salomé. Es raro hablar de eso acá, en el pueblito de Menaggio, sentados a una mesita al borde del lago de Como, entre los turistas alemanes, con una copa de Valpolicella. Cuando llegaron acá, Nietzsche era un todavía joven profesor algo solemne, no la figura trágica y enorme que iba a ser;

Lou era una especie de prodigio, políglota, versada en filosofía, teología y literatura, libre como pocas mujeres de su tiempo y de cualquier tiempo, y encima bellísima. Nosotros ahora miramos estas colinas que caen a pico en el lago como un espejo, con los pueblitos colgados de las laderas, y Agos pregunta: - ¿Vos creés que se acostaban?. - Bueno... -le digo, y me quedo pensando. Lou se había enamorado meses antes de otro escritor, Paul Rée. Cuando la pareja conoció a Nietzsche, se convirtió en trío. Iban a formar una especie de comuna intelectual. Pero Nietzsche enloqueció por Lou. Tuvo la bizarra idea de pedirle matrimonio por intermedio del mismo Rée. Lou se disculpó diciendo que estaba contra el matrimonio en general. Pero cuando los tres llegan a estos lagos vertiginosos, Nietzsche decide afirmar -él también- que la alondra es un ruiseñor. Su momento con Lou había pasado. Si tuvo una última chance, fue aquel día en que él y Lou subieron solos al Monte Sacro, y tardaron tanto que cuando bajaron Paul estaba que trinaba. “Lo más probable es que no se hayan acostado”, digo, con un poco de tristeza, mientras cruzamos el lago en el ferry hacia Belaggio. Por segunda vez, Nietzsche le pidió a Lou que se casara con él. Por segunda vez, ella dijo no. ¿Hubo algo de masoquismo en ese salto al vacío? Nietzsche era un tipo complejo, con una enorme capacidad de

sufrimiento y un agudísimo sentido de la comedia. Yo creo que sabía que iba a rebotar, que nunca iba a encontrar a una mujer que le pudiera hacer sombra a Lou, que para él la experiencia del amor estaba concluida. Parte de la filosofía de Nietzsche puede derivar de ese momento. Zarathustra en la montaña, más solo que nadie, mostrando su grandeza también en la grandeza de su dolor, está en aquel verano; así como el Nietzsche bufo, que hace juegos de palabras y le da a capítulos de sus libros títulos como Por qué soy tan sabio o Por qué escribo tan buenos libros, era también el que, después del “no” de Lou, insistió para que ella, Rée y él se sacaran una foto absurda que ahora es famosa. Los dos hombres tiran de una carretita donde va Lou; ella los azuza con una fusta. “Nietzsche preparó todos los detalles”, escribiría Lou. “Incluso la carreta demasiado pequeña o la cursilería de poner, en la punta de la fusta, un ramo de lilas.”

Del amor Cuando llegamos a Milán, los diarios vibran con noticias sobre la crisis económica. Nunca pareció más loca, más gratuita, la majestad del Duomo, el desfiladero palaciego de las galerías Vittorio Emmanuele; mejor dicho sí, muchas veces esta belleza fue una loca apuesta contra las guerras, la peste, los cataclismos. Mientras nos preparamos para la vuelta, recordamos una tercera historia de amor. En Milán empieza La Cartuja

de Parma. El atolondrado, excitable y un poco chanta Fabrizio del Dongo, goza del amor incondicional de Gina Pietranera, pero a quien ama es a Clelia Conti. Mejor dicho, a la imagen de Clelia. Si en las otras historias que evoqué el amor está al borde de volverse independiente de la persona amada, en la novela de Stendhal se cruza esa línea. Fabrizio, que apenas conoce a Clelia, se entrega a las autoridades de Parma (está prófugo) sólo porque en la torre Farnesio, donde van a encerrarlo, estará más cerca de ella. Y eso que Clelia se ha casado con otro y ha jurado no volver a ver a Fabrizio. Es uno de los grandes momentos de la literatura romántica, y como observó Denis de Rougemont, el amor romántico tiene raíces religiosas. El que ama no busca a la persona amada; hay comunión, pero es la comunión de los dos inclinados ante el altar del amor. No se aman el uno al otro, aman a la deidad invisible, celosa, absoluta, que llamamos amor. En la escena clave del libro (que recordamos mientras nos tomamos el último Valpolicella, frente a un campanario a rayas blancas y rojizas) Clelia y Fabrizo hacen el amor. Lo hacen en la oscuridad, para que ella no rompa la promesa de no volver a verlo. La belleza en el norte de Italia tiene mucho de esa escena: un fulgor escondido, sublime, un poco absurdo, un goce que cambia para siempre tu vida y que permanece a través de las guerras y las debacles, incorruptible y gratuito, contra toda evidencia © LA GACETA

26-08-2012 LITERARIA  

Domingo 26 de agosto de 2012 Literaria LA GACETA

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