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SAN MIGUEL DE TUCUMAN, DOMINGO 22 DE ENERO DE 2012

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Abelardo Castillo considera que a lo largo de su prolífica vida como escritor, asistió a sólo un taller literario: duró apenas cinco minutos.

Ensayo, poesía, historia y filosofía son los géneros de seis libros que los colaboradores de estas páginas sugieren para las horas de papel.

5 a SECCION

ESCRIBIR DESDE EL INTERIOR

¿Cómo influye en un autor nacer y vivir lejos de Buenos Aires, de las grandes editoriales, de los medios de alcance nacional y de un público lector amplio? ¿Cuánto del ámbito geográfico se filtra en la obra? ¿Qué aprendieron en sus lugares de origen? ¿Qué pasa con los que se van y con los que se quedan? ¿Hay una “literatura del interior” o es una categoría artificial? Distintos y destacados escritores del interior cuentan sus experiencias personales. ◆

Por Hernán Carbonel

PARA LA GACETA – SALTO (PROVINCIA DE BUENOS AIRES)

anta Andrés Calamaro en El punto argentino: “Si soy del interior no estoy adentro”. Si bien son sólo dos versos de una canción entre millones de canciones -versos que, si se quiere, suenan a reduccionistas-, algo de verdad contienen. En un país que se jacta -histórica, constitucional y pragmáticamente- de federalista, el interior suele verse mermado por la antes llamada Capital Federal, hoy Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Y hay, ante él y en muchos aspectos, una deuda de integración. Pero siguiendo con la reducción: ¿cómo se refleja esto en la literatura? ¿Qué legado nos hubiesen dejado Héctor Tizón, Velmiro Ayala Gauna, Horacio Quiroga y Juan José Saer -entre tantísimos otros- si hubiesen nacido y vivido toda su vida en la Gran Metrópolis Nacional? Lo más probable es que las respuestas, como en cualquier otra proposición así de dicotómica, sean arbitrarias e incompletas, y los planteos que de ellas deriven, infinitos. De hecho, en la era de la anto-

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logía, no abundan -si es que las hay- las que abordan este tema. Claro que “escribir desde el interior” (siempre se escribe desde el interior de

uno mismo: aquí hablamos de un país, y no de un sujeto) puede verse -como mínimo- de dos maneras: escritores que viven y escriben desde sus propios territorios,

Romanticismo y realismo ◆

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El escritor argentino y la tradición

Por Sylvia Iparraguirre

i infancia fue muy cuidada, muy hermosa, muy protegida, con una familia nuclear (mi padre, mi madre, mi hermana y yo) y luego la familia grande, en un sentido más extenso, mis abuelos, mis primos y mis tíos. La familia de mi madre era italiana, y la de mi padre, vasco-española. Tengo una escena que cifra mi infancia, que es la de los cumpleaños de mi abuela en Los Toldos (Partido de General Viamonte, Provincia de Buenos Aires), al que llegábamos todos los 25 de agosto, de todas partes, a esa casa enorme: tenía el llamador en la puerta -que era una manito de bronce-, el zaguán, una biblioteca, donde yo leí a los 12 años, sin saber quién era, a un tal Tolstói (un libro que se llamaba Marido y mujer), enormes patios. Esa casa es una imagen tutelar de mi infancia. Mi abuela tenía una memoria extraordinaria. Había heredado toda una tradición oral, típicamente española, que traía desde que llegó a la Argentina a los siete años. De ella me viene la primera noción que tuve de que el lenguaje iba más allá de la comunicación coloquial de todos los días. Mi abuela recitaba un larguísimo poema que se llamaba Romanticismo y Realismo, y que tenía dos personajes. Realismo era una especie de campesino, al estilo Sancho Panza, y Romanticismo era una

especie de niña de ciudad, una señorita finoli; dialogaban, y mi abuela hacía las dos voces. La señorita finoli de ciudad opinaba haciéndose la exquisita y el campesino, lapidario, le bajaba a tierra todos los humos. Guardo una auto-imagen -yo tendría cinco años- de estar con la boca abierta, escuchando a mi abuela, de la que salían dos voces, como en el teatro. Y creo que esa fue la primera vez que tuve la noción de que el lenguaje era otra cosa. Que podía cumplir una función poética. El hecho es que tantísimos años después lo estoy recordando. Es un punto fuerte en mi memoria. Un lugar de mi memoria es la casa de mi abuela. Es un lugar al que yo entro. Y lo veo, y está todo como yo lo recuerdo en mi infancia, con total perfección. Cuando terminé la secundaria, me fui a estudiar Letras a Buenos Aires. Siempre supe que iba a estudiar Letras. Nunca tuve dudas porque fui muy lectora. Desde muy chica, una lectora desordenada, ávida, de una avidez un tanto estrafalaria, y de una concentración en la lectura que llamaba la atención en mi casa. Decidí muy pronto que iba a cursar Letras por una razón muy simple: quería que se me ordenara el mundo de las lecturas. Por ese motivo, a los 18 años, puse mis cosas en un bolso azul que me compró mi madre, me subí a un colectivo y me fui a Buenos Aires.

la “tierra adentro”, y escritores que han nacido en pueblos, parajes rurales o ciudades pequeñas y se han movido hacia la gran ciudad, acarreando con ellos el pe-

so de la experiencia, las marcas de los espacios geográficos que los vieron nacer. (La provincia de Buenos Aires, como para seguir con ejemplos centralistas, es rica en esto: Abelardo Castillo, de San Pedro; Haroldo Conti, de Chacabuco; Miguel Briante, de General Belgrano; Jorge Di Paola y Osvaldo Soriano, de Tandil; y los ejemplos siguen). Tampoco es la idea alimentar aquella vieja dicotomía “campo-ciudad” o “interior-ciudad puerto”, y su consecuente fundacional: unitarios-federales. Pero si alguien escribió “Pinta tu aldea y serás universal”, y esa frase quedó para la inmortalidad, por algo ha de ser. Es que el mundo no está lleno de Faulkneres, pero sigue siendo el mundo. Y ya se sabe que Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires. Como la mayoría de los editores. Por eso, LA GACETA Literaria recogió los testimonios de muchos y grandes escritores argentinos para que opinasen, desde diferentes ángulos -desde diferentes territorios- sobre un tema por lo demás vasto y complejo.

Por Fabián Soberón

reo que hay que abandonar una serie de ideas ridículas y perimidas: la dicotomía campo ciudad. La antigua tesis que sostenía que Buenos Aires es la ciudad y que las provincias implican el campo es una hipótesis obsoleta y reduccionista. En el llamado “interior” (esta denominación es una simplificación desmesurada. No creo que exista una esencia o una entelequia llamada “interior”) hay ciudades diversas y cosmovisiones heteróclitas. Y, si bien las ciudades provinciales poseen rasgos comunes, también tienen diferencias notorias. O sea, la idea misma de “interior” es simplificadora. Si bien los escritores son personas que viven en la sociedad de su tiempo (no tienen otra posibilidad) no están obligados a reproducir la lógica de la realidad política. Creo que la literatura, y, más puntualmente la novela, no reproduce esa lógica. La literatura no es una mímesis de la geografía política. La novela surge de una serie de factores que permiten que sea un conjunto de géneros mezclados en un orbe plural y múltiple. Por eso es que tenemos novelas de autores tan dispares en lugares similares: Antonio Di Benedetto, Daniel Moyano, Juan José Hernández, Libertad Demitrópulos, Haroldo Conti o Miguel Briante. Por otra parte, no creo que el paisaje sea una condición determinante para la literatura. No hay regiones literarias. En todo caso, siguiendo a Juan José Saer, hay zonas, marcos simbólicos que el escritor inventa o recrea a partir del agua móvil de lo real. Un novelista inventa una zona única y propia con la

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lupa ficcional y lo hace con las limitaciones de sus herramientas formales. Para un escritor el desafío es ante todo formal: de qué modo trabaja el contrapunto de las voces, el ritmo de la frase, el lugar central o marginal de las descripciones, el tono del narrador. En este sentido, haber nacido en Córdoba o en Frankfurt es secundario o trivial. Las preocupaciones de un escritor no son principalmente temáticas. La cuestión estética de una novela sigue siendo la modulación del tiempo, la música de la prosa, la construcción de la trama. ¿De qué manera se establece la forma de entender la novela? ¿Qué instituciones contribuyen a crear la idea de la novela argentina? Una de esas plataformas es la crítica. Otros factores cruciales son los lectores y el mercado cultural. Aunque los lectores generan sus propios recorridos subterráneos y solitarios, creo que la crítica propone un canon, establece una jerarquía literaria. Y cierta crítica académica se ha ocupado de instalar y de propalar una idea falsa sobre “la literatura del interior”. Borges escribió que los escritores argentinos –como los judíos y los irlandeses– estaban en mejores condiciones para asimilar la tradición universal porque conformaban los márgenes de la cultura europea. Partiendo de esas ideas, ¿qué pensaríamos sobre un escritor del interior? Si seguimos la lógica del ensayo, ¿los escritores que viven en los márgenes de la Argentina están en mejores condiciones para asimilar o procesar la tradición cultural de la Argentina y del mundo?


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LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 22 DE ENERO DE 2012

LANZAMIENTOS / LA GACETA LITERARIA / ESCRITORES / LA GACETA LITERARIA / LANZAMIENTOS / LA GACETA LITERARIA

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o v e d a d e s

FLORES Y SOMBRAS Lian Hearn

$ 109

SUMA DE LETRAS (528 PÁGINAS)

Japón, 1857. La época de los samurais está a punto de terminar. Una joven se aventura en este revuelo. Tsuru se ve arrastrada por la subversión, la intriga política y un amor peligroso, hasta terminar en pleno campo de batalla, en un mundo de hombres, cuidando heridos.

ESCRIBIR DESDE EL INTERIOR

Por el sendero venía avanzando el viejecillo ◆

Por Abelardo Castillo *

LA FLECHA Y LA LUCIÉRNAGA Alberto Catena

$ 64

CAPITAL INTELECTUAL (248 PÁGINAS)

Itinerarios de un viaje por la obra de Griselda Gambaro, es el subtítulo de este libro en el cual Catena encara (también desde el agradecimiento) un documentado trabajo, que recorre la vida y la obra de la consagrada escritora y dramaturga argentina.

ESCRIBIR LAS IMÁGENES Andrea Giunta

$ 75

SIGLO VEINTIUNO EDITORES (320 PÁGINAS)

Ensayos sobre arte argentino y latinoamericano. Tal el subtítulo de la obra en la que Giunta ofrece una lectura sobre el poder del arte para condensar polémicas, articular tramas sociales o políticas, y suscitar interpretaciones que hacen estallar sentidos codificados.

EL DERECHO EN AMÉRICA LATINA César Rodríguez Garavito (coordinador)

$ 90

SIGLO VEINTIUNO EDITORES (432 PÁGINAS)

Un mapa para el pensamiento jurídico del siglo XXI. Esta consigna completa el título de este trabajo. Según el autor, tanto el cartógrafo como el jurista deben recortar algunos detalles del terreno, distorsionando la realidad desde una perspectiva altamente selectiva.

VOS PORQUE NO TENÉS HIJOS Osvaldo Bazán

$ 69

MONDADORI (256 PÁGINAS)

Los mandatos familiares, los silencios históricos, la promesa de infelicidad y la libertad como un pasaje que se paga caro dejan su marca, gracias a la prosa de Bazán, en los días y las noches de Alejandro Marino: un conocedor serial de varones que busca un norte.

MARGARITA BARRIENTOS - UNA CRÓNICA SOBRE LA POBREZA, EL PODER Y LA SOLIDARIDAD Luciana Mantero

$ 75

CAPITAL INTELECTUAL (336 PÁGINAS)

Durante dos años, la autora se sumergió en el mundo de Margarita, hizo más de 100 entrevistas, viajó al monte santiagueño y a la villa Los Piletones. De allí surge el retrato de la protagonista y también el de la época.

EL OTRO DESIERTO DE LA NACIÓN ARGENTINA Claudia Torre (Est. preliminar y selección)

uedo decir que asistí a un solo taller literario en mi vida y que duró alrededor de cinco minutos. Yo tenía 16 o 17 años, había escrito un cuento muy largo llamado “El último poeta” y consideraba que era, naturalmente, extraordinario. Se lo fui a leer, una tarde, a un viejo profesor sin cátedra que vivía en las barrancas de San Pedro, un hombre muy extraño. Bosio Arnaes se llamaba. Leía una cantidad de idiomas. Recuerdo que tenía un búho, papagayos, un enorme mapamundi en su mesa. Él mismo se parecía a un búho, pájaro, dicho sea de

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paso, que fue el de la sabiduría entre los griegos. La penúltima vez que lo vi, el viejo estaba casi ciego, pero se había puesto a aprender ruso para leer a Dostoievski en su idioma original. Eso la penúltima vez. La última, estaba leyendo a Dostoievski, en ruso, con una lupa del tamaño de una ensaladera. Era un hombre misterioso y excepcional. En San Pedro se decía que era el verdadero autor del libro sobre los isleros que escribió Ernesto L. Castro y del que se hizo la famosa película. La novela original era una novela vastísima de la que, se decía, Castro tomó el tema de Los isleros. No importa

si esto es cierto; era una de esas historias míticas que ruedan y crecen en los pueblos. De modo que fui a la casa de la barranca y comencé a leer mi cuento, que empezaba exactamente con estas palabras: “Por el sendero venía avanzando el viejecillo…” y ahí terminó todo. Bosio Arnaes me interrumpió y me preguntó: ¿Por qué “sendero” y no “camino”?, ¿por qué “avanzando” y no “caminando”?, en el caso de que dejáramos la palabra sendero, ¿por qué “el” viejecillo y no “un” viejecillo?, ya que aún no conocíamos al personaje; ¿por qué “viejecillo” y no “viejecito”, “viejito”,

“anciano” o simplemente “viejo”? Y sobre todo: ¿por qué no había escrito sencillamente que el viejecillo venía avanzando por el sendero, que es el orden lógico de la frase? Yo tenía 17 años, una altanería acorde con mi edad y ni la más mínima respuesta para ninguna de esas preguntas. Lo único que atiné a decir, fue: “Bueno, señor, porque ése es mi estilo”. Bosio Arnaes, mirándome como un lechuzón, me respondió: - Antes de tener estilo, hay que aprender a escribir. * Del libro Ser escritor.

$ 100

UNIV. NACIONAL DE QUILMES EDITORIAL (392 PÁGINAS)

Torre propone, en su estudio preliminar a esta antología de textos sobre la campaña del Desierto, una lectura alternativa, atenta a los matices históricos, que se centra en la experiencia vivencial, de aquellos que se sintieron urgidos a dejar un testimonio de esa expedición militar.

SI DE AMOR SE TRATA Patricio Maraniello

$ 50

DUNKEN (120 PÁGINAS)

“Creo que vine a este mundo para abrir surcos, aportar caminos, rumbos, contar historias y dar consejos. Especialmente sobre algo, que es uno de los dilemas más complejos, pero que a su vez contiene el hechizo de la alegría y una rara hipnosis de placebo: el amor”.

JUAN ARAUJO – ALBORADA DEL SOCIALISMO EN ANDALUCÍA Estela Araujo

$ 80

DUNKEN (328 PÁGINAS)

La historia de Juan parte de una contradicción. Algunos portadores de su apellido son judíos, otros no. Y se pregunta: ¿cuándo decidió luchar por un mundo justo sin insistir en una manera de interpretar al Creador?

LIBRO CONMEMORATIVO DE LA BATALLA DE TUCUMÁN Santiago Rex Bliss

$ 98

LA FERIA DEL LIBRO (64 PÁGINAS)

La obra, de autor y de editor tucumanos, rinde un homenaje a la más significativa de las batallas durante la urdimbre de la Argentina criolla, que aseguró el triunfo de la revolución. Este año es su bicentenario.

SENTIDO DE PERTENENCIA EN SOCIEDADES FRAGMENTADAS Martín Hopenhayn – Ana Sojo (comp.)

$ 80

SIGLO VEINTIUNO EDITORES (352 PÁGINAS)

El libro aborda algunas dimensiones contemporáneas del sentido de pertenencia: ¿cómo se construye? ¿Cómo afecta a múltiples actores y ámbitos sociales? ¿Cómo impactan en los referentes de pertenencia los renovados ritmos de modernización y globalización?

CHRISTIAN BOLTANSKI - LA VIDA POSIBLE DE UN ARTISTA Christian Boltanski – Catherine Grenier EDICIONES DE LA FLOR (224 PÁGINAS)

$ 82

Encuentro

“En 2005, le propuse a Boltanski componer una autobiografía con forma de “confesión” dictada. Las entrevistas, que él comparó enseguida con un psicoanálisis, se basaron en una regla: contar su vida como su obra, y evitar toda modificación o censura”.

stán por cumplirse cinco años de la muerte de Miguel Briante y de paso por Salto voy a sentarme a orillas del río, en una zona alta sobre la barranca, desde donde se domina el balneario. Hay mesas y bancos de piedra bajo los árboles y a pocos metros un puesto donde se puede comprar cerveza. Me acuerdo de todas las veces que a lo largo de los años Miguel me invitó a visitar su lugar, General Belgrano, su río, el Salado, los sitios que habían dado origen a los personajes y a las historias de su literatura. Entiendo bien la necesidad de arrastrar alguna vez a los amigos a esas geografías de iniciación, desde donde uno huyó en los lejanos días de la juventud y a los que se vuelve y se vuelve para buscar un momentáneo remanso, para lamerse una herida nueva, para cargar oxígeno antes de partir e ir a darse de cabeza contra otra pared. Siempre le fallé a Miguel. Solamente conocí General Belgrano después del accidente que lo mató. También Salto es para mí ese remanso al que se regresa y al que me gustaría invitar de tanto en tanto a algún amigo. Y finalmente, esta tarde, en este rincón, es Miguel quien viene a visitarme. ¿Y de qué íbamos a hablar? El agua corre lenta allá abajo y la memoria retoma la vieja ceremonia de los bares. Y por supuesto comentamos lo que fue escrito, cómo fue escrito, cómo debió haber sido escrito, lo que quedó por escribir. Y regresan frases que quedaron fijadas, obligan a nuevas reflexiones y,

Por Antonio Dal Masetto *

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en algunos casos, también reavivan las insatisfacciones. “Nunca pude escribir poesía más allá de la adolescencia”, me lamento hoy como ya lo había hecho hace años en la mesa de un bar. “Finalmente, la prosa no es más que nostalgia de poesía”, me contesta Miguel después de meditarlo un poco, pausado, sonriendo apenas, igual que en aquella otra oportunidad. Desde el agua suben llamados y risas y los parlantes colgados de las ramas llenan el aire de una música estridente. “¿Y la poesía, nostalgia de qué es?” Esto no se lo había preguntado antes. Reiniciamos diálogos inconclusos, historias arrojadas como dados

en la claridad de los amaneceres de las ciudades y que a veces se concretaban en algunas páginas o simplemente se dispersaban en el viento y quizá sigan dando vueltas todavía, buscando el milagro, la forma y la voz que las contengan y les sean propicias. En esta tarde de sol todo puede ocurrir. ¿Qué es esa figura que se desplaza bajo la sombra de los árboles y se mueve entre los cuerpos bronceados y nadie parece advertirlo salvo nosotros dos? ¿Es el auténtico, el legendario Kincón de la novela de Miguel que ha venido a visitarnos para recordarnos su permanencia, emblema de nuestros tiempos, un símbolo burlón, astuto y

violento, un dios bárbaro bailoteando sobre el horizonte de estas llanuras? Ahí anda, a los saltos, se pierde al fondo, en la arboleda de plátanos, con los dos cipreses oscuros que se elevan por encima de los demás árboles y nos hacen pensar en van Gogh. La poesía, ¿nostalgia de qué? Vuelvo a algunas páginas, personajes, párrafos de las historias de Miguel. Recuerdo el inquietante despertar al aire libre de un marinero, en uno de aquellos campos del sur de la provincia, un marinero que había aprendido que las señales de la tierra no difieren de las señales del mar, y a quien sobresalta el grito solitario de un chajá, un aviso turbador, un destello, el misterio de un momento único que fijaba todos los momentos en la llanura sin tiempo. En voz baja hablamos también de eso. De fuegos nocturnos, de caballos, de atardeceres, de la palabra justa, de la simetría de la rama que se seca y de la rama que florece. Basta levantar un brazo para pedir otra cerveza. Las botellas son de litro. ¿Y la poesía, nostalgia de qué? Vuelvo a preguntarlo ahora, hoy, cuando el paisaje alucinado arde bajo el sol y un breve golpe de brisa mueve las hojas de los árboles y les cambia el color y un río se desliza acá en Salto y las aguas de otro río se deslizan allá en General Belgrano y un nuevo siglo empieza a empujar su maquinaria y su carga de esperanzas y de horrores y de bellezas y de dolorosas ausencias. * Del libro El padre y otras historias.


LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 22 DE ENERO DE 2012

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QUÉ LEER / LA GACETA LITERARIA / QUÉ LEER / LA GACETA LITERARIA / QUÉ LEER / LA GACETA LITERARIA

RECOMENDADOS destacamos otra media docena de libros sugeridos por nuestros colaboradores durante 2011

FELIZ REUNIÓN DE LA OBRA DE NUESTRO POETA UNIVERSAL

EL TUCUMANO Y EL TIEMPO

POESÍA OBRA POÉTICA

FILOSOFÍA LAS JERARQUÍAS DEL SER Y LA ETERNIDAD

HUGO FOGUET (Ediciones del Dock - Buenos Aires)

ALBERTO ROUGÉS (Fundación Miguel Lillo – Tucumán)

Considerado principalmente como narrador, su novela Pretérito Perfecto (1983) es el verdadero texto de estas tierras, donde la provincia es el humilde ombligo de un mundo plural y diverso que lo incluye y que lo abarca. Pero faltaba su poesía, y aquí está. Publicada a lo largo de 11 años por LA GACETA Literaria, da cuenta de los textos líricos de un escritor que recorría el mundo, como marino mercante, y que acuñaba su letra en Yerba Buena; algo así como su “descanso de caminante”. De ese modo nos habla de Trajano, que llora frente al mar; y de Mishima, como de un Hamlet japonés; y de Lutero, en un baño del monasterio de Wittemberg… Esta poesía, escrita por un tucumano, habla del mundo y del arte en su totalidad, sin barreras; se adentra en el Oriente más extremo y recala en nuestro Sur, no sólo geográfico; se mete en la historia antes de que esta se convierta en vestigios. Es una voz profunda, pero no solemne, que nos ubica al mismo nivel de los grandes nombres. Es narración lírica, de militante tono nostálgico que, curiosamente, derriba las paredes entre pasado y presente.

Es la época moderna y su estricta idea de razón la que enseñó a indagar por las causas y la humanidad se aferró a ese interrogar. Así se puede preguntar por la causa por la cual se escribe un libro y si habrá una, muchas, o ninguna. Y aún demandar por la causa por la cual Alberto Rougés escribiera Las jerarquías del ser y la eternidad en Tucumán en los años 40 del siglo XX. La bruma que oscurece la respuesta precisa lleva a cambiar el eje y sólo atribuir el hecho al misterio del destino. Así luce su sentido la sentencia latina habent sua fata libelli (los libros tienen su destino). Ella irradia su tenue luz sobre el hecho de que cada libro tenga un curso histórico diferente y de que, el aquí aludido, haya alcanzado su cuarta edición (mérito no frecuente en los libros filosóficos argentinos), y de que lo haya sido a través de la Fundación Lillo que cumple, con tesón y éxito, 80 años de meritoria labor cultural…. El tiempo, que no es sino la vida misma, espiritual y eterna, es el tema rougeriano por excelencia. El libro se ofrece en una cuidada edición, con los prólogos de las ediciones anteriores y el correspondiente a la actual- firmado por Jorge Estrella- y enriquecida por un apéndice documental. Debe destacarse el acierto de hacer presente al autor, en la tapa del libro, con sus sellos personales, su firma y... sus quevedos.

ROGELIO RAMOS SIGNES BLANCA H. PARFAIT

LAS IDEAS DE UN INTELECTUAL DE LA ACCIÓN

EL MANUSCRITO DEL PRIMER HISTORIADOR DE ESTAS TIERRAS

ENSAYO JUAN BAUTISTA ALBERDI. APOLOGÍA Y CRÍTICA DE SU PENSAMIENTO

HISTORIA EL CURA MIGUEL MARTÍN LAGUNA

CARMEN FONTÁN (COMPILADORA) (Constitución para Todos Editores – Tucumán) Hay, cuanto menos, dos maneras de leer Juan Bautista Alberdi. Apología y crítica de su pensamiento. Una consiste en abordarlo como el libro que es. Como una obra que, a propósito del bicentenario del nacimiento del prócer tucumano que vino al mundo en 1810, rescata su obra con una profunda honestidad intelectual. Porque este libro (alumbrado por la cátedra “B” de Derecho Constitucional de la Facultad de Derecho de la UNT, y compilado por Carmen Fontán, encargada de ese equipo académico) desnuda contradicciones, prejuicios, cambios de opinión y frecuentes retractaciones del autor de las Bases. Y, a la vez, expone la trascendencia y la vigencia de buena parte del pensamiento del hombre que fraguó el molde del Estado constitucional de este país. Antes de ocuparse del autor de El gigante Amapolas y sus formidables enemigos, esta apología y crítica se preocupa por ponerlo en contexto. El del surgimiento de la Generación de 1837, cuya mirada sobre el corto y colonial pasado, y su sueño de futuro con progreso, han marcado la cosmogonía argentina de manera ineludible. Fontán se encarga de presentar esa generación y su proyecto político, así como también la Ilustración y el Romanticismo en el Plata.

ELENA PERILLI DE COLOMBRES GARMENDIA (Centro Cultural Alberto Rougés - Tucumán) La autora, investigadora infatigable, hizo un valioso hallazgo en la biblioteca de la Casa Histórica de la Independencia: el manuscrito autógrafo del cura Dr. Miguel Martín Laguna, compuesto por tres cuadernos lamentablemente incompletos, titulado Historia Civil y Política del Tucumán, que ha transcripto y publicado recientemente… El manuscrito da la impresión de haber sido escrito al correr de la pluma y puede dividirse en dos partes. La primera es una memoria descriptiva de Tucumán en la que consigna datos sobre la fertilidad de la tierra; fauna, flora y minería; clima, fenómenos telúricos, geografía; población, costumbres y alimentos; enfermedades regionales; producciones (como los primeros ensayos de fabricación de azúcar de caña). La segunda parte es un ensayo histórico en el que se advierte la influencia de la Historia del Padre Pedro Lozano. Habla de los aborígenes en el período prehispánico con interesantes observaciones sobre la relación entre el clima de una región y la idiosincrasia de los habitantes… La autora agrega un útil Vocabulario de palabras usadas en el manuscrito que hoy no están vigentes. Para sintetizar, podemos decir que es una obra que merece estar en la biblioteca de los estudiosos de nuestro pasado.

TERESA PIOSSEK PREBISCH

ALVARO JOSE AURANE

RECORRIDOS Y ESTAMPAS DE LA CULTURA DE LA PROVINCIA COMPILACIÓN ENSAYOS SOBRE LA CULTURA DE TUCUMÁN DAVID LAGMANOVICH (Centro Cultural Alberto Rougés – Tucumán)

ENSAYOS DE UN PENSADOR PUBLICADOS EN ESTAS PÁGINAS ENSAYO UNA MIRADA FILOSÓFICA EN EL PERIODISMO ARGENTINO VÍCTOR MASSUH (Academia Nacional de Ciencias - Buenos Aires)

Figura indiscutible de la cultura de Tucumán, de la que fue hacedor y partícipe, David Lagmanovich muestra en esta obra su imagen de ella, con el uso de la preposición “de” y no “en”, como respeto por el derecho de propiedad que tiene Tucumán sobre todo lo que fructificó en su seno. Es decir, procesos con densidad histórica “que surgen en uno o varios momentos como natural desarrollo de una manera especial de concebir estas actividades de la sociedad”, explica. Muchos de los artículos que escribió a lo largo de su vida se volcaron sobre las páginas de estos Ensayos sobre la cultura de Tucumán, en los cuales habla de los orígenes y desarrollo de la literatura de Tucumán y también de su teatro y de su música aunque, como él lo dice, la literatura es la actividad más representada en esta obra. Ingresa en la realidad geográfica y humana de la Provincia, de la mano de dos viajeros: el español Alonso Carrió de la Vandera con el Lazarillo… (1770), en el que ofrece “noticias” sobre cada una de las comarcas visitadas y, en 1827, el inglés Joseph Andrews, en cuyo texto nombra a Tucumán como “el jardín del Universo” y “el Edén del mundo”.

El volumen ha sido publicado con el apoyo del Centro Cultural Alberto Rougés (Fundación Miguel Lillo) y reúne 13 escritos de Víctor Massuh aparecidos en LA GACETA Literaria, el diario La Nación y uno, de 1972, en la revista Criterio… Los escritos del volumen no pueden reemplazar el acercamiento a los libros más importantes de Massuh (como La libertad y la violencia o Nihilismo y experiencia extrema), pero ayudarán al lector en esa dirección. Están distribuidos en tres grupos: I Pensadores (A. Korn, V. Fatone, A. Rougés, J.L. Romero, H. Zucchi, y R. Barret); II Tucumán y III Filosofía, Ciencia, El País…. La prosa filosófica de Víctor Massuh, efectivamente, se ajusta a esa alianza entre verdad buscada y belleza que muy pocos filósofos asumen como un deber. Alguna vez me comentó que su juvenil participación en el grupo de poetas La Carpa, en Tucumán (cuyas reuniones se hacían en mi casa paterna y donde vi, siendo niño, participar a Víctor), despertó en él esa mirada poética que señorea en sus escritos. Víctor Massuh, como Alberto Rougés, ha sido filósofo comarcano de Tucumán cuyo pensamiento supo remontar niveles universales nutriéndose de sus raíces lugareñas. Cine narra el singular y trágico fin de Evita. Y con ella la furiosa y monótona vida de Sívori. Cine dibuja una geometría del amor, el mapa fervoroso del amor en el sutil y trágico inicio del siglo XXI.

ELENA ROJAS MAYER

JORGE ESTRELLA


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LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 22 DE ENERO DE 2012

ESCRIBIR DESDE EL INTERIOR

La negación al prójimo ◆

Por Rogelio Ramos Signes

Películas y libros ◆

Por Federico Falco

ací en un pueblo del sur de la provincia y cuando me mudé a Córdoba capital para estudiar en la universidad lo único que quería hacer era recorrer librerías de usados, ir todos los días al cine y anotarme en un taller literario. Cada vez que pienso en qué esperaba de la gran ciudad antes de vivir en ella, aparecen esas tres cosas. Y cuando recuerdo mis primeros días en Córdoba, lo primero que viene a mi mente es una especie de empacho de películas y libros con olor a viejo, de tardes de calor encerrado leyendo, de caminatas eternas de librería en librería, la alegría de encontrarse con gente que tenía ganas de discutir sobre literatura. En mi pueblo, el cine sólo funcionaba los fines de semana y rara vez pasaban películas interesantes. En cambio en Córdoba había funciones a toda hora, muchísima variedad, cineclubes incómodos pero entrañables, gente que al terminar la función se quedaba debatiendo en voz alta. Por primera vez vi cine de autores sobre los que había leído, o a quien había escuchado nombrar. Bergman en el cineclub El Ángel Azul, el Desierto Rojo de Antonioni, Godard. Todo de golpe, entremezclado, mal digerido y entendido a medias pero no importaba, era el feliz atracón después de años de abstinencia. Y en las librerías, el asombro ante las joyitas baratísimas y llenas de polvo. Siempre que encontraba algún ejemplar del que yo pensaba que era imposible desprenderse, me imaginaba que el dueño anterior acababa de morir y que sus herederos habían vendido la biblioteca sin saber qué estaban haciendo. Y, si por casualidad, descubría el libro en cuestión un día en que no tenía plata en la billetera, recurría al viejo truco de cambiarlo de sección, lo escondía detrás de otros libros y corría a buscar lo necesario para comprarlo. En la ciudad, también, había algo que en el pueblo casi no existía: gente que escribía, gente que quería convertirse en escritor. Creo que esa fue una de las principales razones por las que me anoté en un taller literario: para aprender, sí, pero también por cholulo y porque buscaba amigos “que hablaran de literatura”. Me moría de ganas de conocer a la escritora que coordinaba el taller, a otros chicos como yo que también soñaban con algún día publicar un libro de cuentos, o una novela de ciencia ficción, que hablaban de autores y se recomendaban lecturas y se prestaban libros. A algunos los conocí en el taller, a otros, los encontré en bares, o en librerías, o en presentaciones de libros, o por amigos de amigos. Lo importante es que allí estaban: había más gente escribiendo. Mudarme a la ciudad, vivir en la ciudad, en ese momento, a esa edad, fue una de las cosas que más me marcaron. Mi formación, mi educación, mi gusto se delinearon en esos años claves. Extrañaba a mi familia, a mis amigos del pueblo, sí, pero la ciudad ya me había seducido y, rápidamente, en pocos meses, me convirtió en otra persona, mucho más parecida a la que yo siempre había querido ser.

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scribir sin vivir en Buenos Aires dente: “Preferiríamos no haber conoci- para decir lo que necesitamos y para eshace más difícil la difusión de la do a nuestro vecino, el vendedor jubila- tar conformes con nosotros mismos. En obra, pero ayuda a gozar de do de salchichas calientes, si un día pu- ese caso, “escribir desde el interior” es cierta tranquilidad a la hora de blica el libro de poesía más importante escribir doblemente desde el interior. producir. No hay tantos compromisos y de su tiempo”. Creo que es nuestro El paisaje, muchas veces, pasa a ser el se llega a la convicción de que la tras- nombre lo que ocupa los espacios geo- protagonista de nuestra escritura y no cendencia (si es que esa es una preocu- gráficos de las provincias donde habita- el condimento exótico que debe oficiar pación) viene por diferente vía o con el mos y no nuestra obra. Eso nos da una de telón de fondo. Yo, que he nacido en tiempo. Claro que también conozco la cierta libertad a la hora de crear; y, aun- San Juan y que hace 40 años que vivo otra punta del ovillo. De los 12 libros que hable en plural, debo aclarar que en Tucumán, he logrado aunar el deque publiqué, la mitad fue en provincias sólo me baso en mi experiencia y en la sierto cuyano y la nieve cordillerana con (cinco en Tucumán y uno la exuberancia subtropien Córdoba) y la otra mitad cal. Los dos paisajes me en Buenos Aires. Y sí, los representan y, aún más, editados en la capital siem- “Preferiríamos no haber conocido a nuestro los dos me pertenecen. pre tuvieron mayor canti- vecino, el vendedor jubilado de salchichas Creo que he logrado pindad de comentarios escri- calientes, si un día publica el libro de poesía más tar mi aldea sin mentirtos y una cierta difusión. Es me y sin meterme en más, para algunos lectores importante de su tiempo”. discusiones estériles con es como si fuesen los úniquienes piensan de otra cos libros que publiqué. manera. Los espacios que uno ocupa se pare- de unos pocos escritores amigos. No obstante eso, no puedo engañarcen mucho en cualquier lugar. Salvo por Al no estar atados a una editorial pre- me. Cuando llega desde Buenos Aires los esfuerzos que hacen algunos docen- cisa, o a un combo de medios de difu- algún elogio a nuestra literatura, lo recites universitarios para incluir nuestros sión, nuestra tarea se desarrolla con bimos con especial alegría. Aunque ya, libros en alguna materia, nuestra obra gran autonomía. Escribimos lo que que- con el correr de los años y con toda la es desconocida por el gran público lec- remos y como queremos; podemos dar- experiencia puesta en el oficio, sabemos tor. Sigue primando la negación al pró- nos el lujo de experimentar y hasta de- que muchas veces es una cuota que pajimo. Y en este punto quiero recordar a cirle que no a alguna oferta que incluya gan los medios de difusión para aliviar Vladimir Nabokov cuando pone en boca “retoque y bozal”. Como nada espera- su culpa. Es gracioso aceptar que, dende Humbert Humbert, el protagonista mos de un lector que, en el mejor de los tro de nuestro país, somos un producto de su novela Lolita, una frase contun- casos, es casi una entelequia, escribimos exótico.

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Los escritores venimos de los libros ◆

n casa había una biblioteca tan humilde como exquisita: olía a madera, a Mompracem, a misterio. Cuando terminé la secundaria en Lincoln y el paso obligado por la conscripción, mi destino natural fue Buenos Aires, fines de 1983. Me anoté en un taller literario. Mis compañeros me deslumbraron... ¡qué bien escribían! A los 20 años leí Sobre héroes y tumbas y por un tiempo jugué con la idea de ir a la imprenta que figuraba en la última página del libro. Mi plan era aparecerme allí con mis poemas, para que el buen imprentero me los publicara. Como se ve, no tenía idea de nada. En 1985 estudié periodismo en el Círculo de la Prensa. Jorge Lanata vino a dar una charla. Era casi un pibe como nosotros. “Vayan a la revista El Porteño, hace falta gente”, nos dijo. Al

Por Franco Vaccarini

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otro día fui con Sergio Arata, un amigo de altura y barba cortazariana. Hice varios informes. En una nota sobre religión, me pidieron que le preguntara a la gente en la calle cómo se imaginaba al diablo: me quedé en casa y lo inventé todo. Mi informe fue un éxito. En un ataque de lucidez, comprendí que lo

mío no era el periodismo, sino la literatura. De las redacciones pasé a las oficinas. A la intemperie. Contadores, ingenieros, vendedores. ¿Dónde estaban los míos? Un día, en la feria del libro, me hice una pregunta. ¿Yo soy escritor o sólo un loco que se piensa escritor? Pa-

ra corroborarlo, invertí: me compré mi primera PC. Fui al taller de Hebe Uhart. Y comencé a esbozar una disciplina de escritura diaria. Al fin, la ronda por las editoriales. Larga ronda. Un día, alguien me dijo que sí, que iba a firmar mi primer contrato, con un pequeño anticipo por derechos de autor. Habían

pasado 17 años de mi arribo a la Capital. Entonces, me recibí de cuerdo. Hoy la PC no es lo que era: una maquinita silenciosa y sola. Hoy con la PC estás conectado a miles de cosas y se corre el riesgo de vivir disipado. Que la disipación, amigo, te encuentre trabajando: hay que ser porfiado. Me sorprende cuando un desconocido me pregunta cómo hacer para publicar. Hay que ir a las editoriales, no a las imprentas. Incluso yo lo aprendí. Intentar la publicación es el gimnasio de la paciencia. No es una respuesta agradable en estos tiempos donde todo parece quedar a un clic de distancia. Y no está de más recordarlo: antes de publicar, hay que escribir. Antes y después de escribir, hay que leer. Los escritores no venimos del interior, sino de Mompracem, de Marte, de islas imaginarias. Seas de donde seas, vendrás de los libros o no vendrás.


22-01-2012 LITERARIA LA GACETA  

Domingo 22 de enero de 2012 Literaria LA GACETA

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