Issuu on Google+

SAN MIGUEL DE TUCUMAN, DOMINGO 20 DE MAYO DE 2012

3

4

Carmen Perilli ofrece una visita guiada para recorrer la extensa y trascendente obra de uno de los referentes del boom latinoamericano.

Ricardo Darín explica por qué es errado creer que ser famoso es lindo, en una entrevista con una joven promesa del periodismo argentino.

5 a SECCION

CARLOS

FUENTES

ELHOMBREQUEESCRIBÍACON LASTRIPAS

Artemio Cruz, el protagonista de uno de sus dos clásicos, rememora su pasado mientras una hemorragia estomacal lo lleva a la tumba. Fuentes murió por una hemorragia gástrica; y murió escribiendo, trabajando sin pausa. Mientras los sitios de noticias anunciaban su muerte, los ejemplares de Carolina Grau, su último título, seguían llegando a las librerías. Juan Villoro, otro notable escritor mexicano y ex editor de Fuentes, rescata la extraordinaria capacidad de trabajo que lo llevó a publicar 58 libros e infinidad de artículos

TRABAJAR DESCANSA ◆

Por Juan Villoro

PARA LA GACETA - MÉXICO DF n 1984 trabajaba en la Agencia Notimex y visité al Dr. Ruy Pérez Tamayo en su Unidad de Medicina Experimental para solicitarle un artículo. Recuerdo la ascensión hasta el piso superior de un edificio que tal vez pertenecía a la Facultad de Medicina. Entré en los dominios del legendario autor de El concepto de enfermedad deseoso de encontrar ahí una escenografía más cercana a H. G. Wells, un lugar de inventos raros. Vi a una hermosa científica en bata blanca, macetas con cactus y un retrato de Marx hecho por computadora. Estaba predispuesto a sacar alguna lección moral de esa visita y no olvidé un consejo que me dijo el célebre patólogo: “Nunca le encargue un trabajo a la gente que tiene tiempo; ésa nunca hace nada: pídale cosas a los que no tienen tiempo”. Así zanjó mis disculpas por importunarlo. La escena viene a cuento por la forma en que trabajaba Carlos Fuentes. Era el hombre sin tiempo que escribía La edad del tiempo. Varias veces habló de su infancia en Estados Unidos, donde la escuela le inculcó una mística de la energía y el rendimiento que conservaba a sus 80 años. A contrapelo del ideal latinoamericano, que simpatiza con la parranda creativa y el romántico deterioro del artista, Fuentes rechazó las diversas variantes que la cultura vernácula ofrece para el suicidio a plazos: el alcoholismo, la Siberia de los cargos públicos o el adolorido silencio del que “ya no puede más”. Nunca dejó de fustigar su teclado con el dedo que se le torció al modo de un garfio o la cola de un escorpión, su signo zodiacal. La ética protestante con que trabajaba podía parecer sospechosa en un territorio donde el hombre que despierta de una borrachera exige trato de animal sagra-

E

do. Pero él se rebeló contra la pereza y aceptó la disciplina como una exigencia de su metabolismo. Uno de sus mejores amigos, el novelista Willam Styron, dijo que era como un tiburón: hasta para dormir debía mantenerse en movimiento. La literatura mexicana ha estado marcada por dos modos religiosos para relacionarse con el trabajo sin tregua, el benedictino de Vicente Leñero y el protestante de Carlos Fuentes. Para el autor de Los albañiles, el trabajo es una forma de la plegaria; para el autor de Terra nostra, era una derrota del tiempo (no es casual que su obra de conjunto llevara un título de relojería: La edad del tiempo). Leñero es proclive a las parábolas (el Jesús como custodio de la improbable Galilea de una construcción), Fuentes fue devoto de las tesis y asumió la novela como una explicación razonada del mundo. Ambos entendieron el trabajo duro como una moral. En los tres años en que estuve al frente del suplemento La Jornada Semanal, Leñero y Fuentes fueron colaboradores con asombrosa puntualidad. Leñero solía modificar sus plazos de colaboración, pidiendo llevar el texto ¡antes! “Si no, se enfría”, explicaba con incontrovertible pasión por la panadería literaria. Por su parte, Fuentes aprovechaba alguno de sus veloces pasos por el país para llamar, enterarse de nuestras fatigas y preguntar en qué podía ser útil. Ninguno de los dos reclamó para sí el menor trato preferente ni dramatizó las erratas con que los distinguimos. Colaboradores ideales, trabajaban con el tesón de los grandes artesanos que no se preocupan por aparentar lo que verdaderamente son: artistas. Cuando se cumplieron veinte años del golpe que el presidente Echeverría dio a Excélsior, le pedí a Leñero una crónica sobre el tema. Desde la publicación de Los

periodistas no dejaba de recibir solicitudes de ese tipo. El asunto lo abrumaba, pero confié en la receta del Dr. Pérez Tamayo. Dos días después, Leñero entregó una crónica impar sobre el momento en que el presidente Salinas sugirió que, así como Regino Díaz Redondo había “trascendido” a Scherer en Excélsior, Leñero podría, con la ayuda adecuada, “trascender” a Scherer en la revista Proceso. Dos años más tarde importuné a Fuentes con otro aniversario. En 1998 se cumplían 40 años de la publicación de La región más transparente. ¿No sería bueno que escribiera sobre la visión que ahora tenía de la ciudad? En el tono jovial en que comunicaba problemas, Fuentes me dijo que Julio Scherer le había hablado cinco minutos antes para pedirle exactamente lo mismo. Como no pertenezco ni a la escuela benedictina ni a la protestante, me di por vencido y me resigné a leer en

Proceso el texto que había pedido. Ensayé una despedida, como fiel miembro de una tribu acostumbrada a fallar penaltis, pero Fuentes me atajó: “¿Qué te pasa? Puedo hacer dos textos distintos”. A los dos días -que por lo visto es el plazo religioso del esfuerzo-, me envió el texto y dio la razón a Pérez Tamayo por partida doble. Cesare Pavese reunió sus poemas tempranos -la melancolía de un hombre joven- bajo el título de Trabajar cansa. El imparable Fuentes trabajó para descansar. Sin apartarse del teclado, encontró la forma de que su rostro pareciera bronceado en los cañaverales zapatistas de Chinameca. A los 83 años tenía el porte de un general que ya ganó suficientes batallas pero anda en pos de un nuevo caballo.

El 15 de mayo ocurrió lo inaudito: Carlos Fuentes no se sentó ante su escritorio. En 1962, había escrito una novela sobre el fin de la vida (La muerte de Artemio Cruz) y otra sobre la vida de la muerte (Aura). Ambas categorías son ya intercambiables para él. Su teclado hiperactivo se detuvo, pero su cabalgata de fantasmas no deja de hacer ruido. © LA GACETA Juan Villoro – Escritor y periodista. Premio Herralde de novela y Premio Rey de España. Columnista de los diarios Reforma y El Mercurio. Ex profesor de las universidades de Yale, Boston y Princeton. Maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que preside Gabriel García Márquez.

LA IMAGINACIÓN COMO FORMA DE LA HIPOCONDRÍA

C

uando en octubre de 2010 se anunció que Mario Vargas Llosa había ganado el Nobel de Literatura, muchos pensaron en Carlos Fuentes. Poco antes de celebrar su cumpleaños número 82, el premio se escapaba definitivamente de las manos del otro gran candidato latinoamericano a recibirlo. Después de veinte años (desde que lo obtuviera su compatriota Octavio Paz en 1990) la Academia Sueca elegía a un escritor de la región y seguramente tardaría mucho tiempo en adjudicárselo a otro. Durante décadas, Fuentes compartió el podio de la literatura latinoamericana junto a Gabriel García Márquez y Vargas Llosa. La semilla del proceso consagratorio de este trío genial puede

encontrarse en Los nuestros, libro publicado en 1966 por Luis Harss que definirá la decena de nombres que conformarán el Boom latinoamericano y el canon regional. Junto a los ya célebres Borges, Carpentier y Asturias aparecen estos tres entonces treintañeros. Así lo pintaba Harss: “Es un afiebrado para quien la imaginación creadora es una forma de la hipocondría. ‘Escribo con los nervios del estómago y lo pago con una úlcera duodenal y una colitis crónica’. Desde que enfermó supo, como quien se ve oscuramente condenado a la salvación, que el camino del paraíso pasa por el infierno. ‘Porque intuyo eso escribo novelas’, declaró hace un tiempo ante un auditorio absorto, en una conferencia a lo Mailer que se convirtió, según su propia descripción, en una

especie de strip-tease público. ‘Sólo por eso vivo. Y vivo como escribo, por exceso y por insuficiencia, por voluntad y por abulia, por amor y por odio’”. La vida y las ficciones de Fuentes se unen a través de infinitos lazos. Artemio Cruz, el protagonista de uno de sus dos clásicos, rememora su pasado mientras una hemorragia estomacal lo lleva a la tumba. Fuentes, el hombre que escribía con los nervios del estómago, murió por una hemorragia del tubo digestivo; y murió escribiendo. Mientras los sitios de noticias anunciaban su muerte, los ejemplares de Carolina Grau, el último título del escritor mexicano que reúne ocho relatos, seguían llegando a las librerías. En los días previos, Fuentes avanzaba con la escritura de Federico en

su balcón, próximo libro que tendría como protagonista a Friedrich Nietzsche. A mediados de los 60, cuando se publicó Los nuestros, ya había engendrado sus dos grandes novelas: La región más transparente y La muerte de Artemio Cruz. Después vendrían el Premio Rómulo Gallegos por Terra Nostra; Gringo Viejo y su versión fílmica con el sello de Gregory Peck; el Cervantes; el Príncipe de Asturias y la legión de novelas, ensayos, artículos y conferencias que lo convirtieron en ese intelectual total que nutrió a los países de su continente y ofreció al mundo una de las obras más ricas, potentes y profundas del último medio siglo. © LA GACETA

LA DIRECCIÓN


2

LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 20 DE MAYO DE 2012

ESPECIAL SOBRE CARLOS FUENTOS / LA GACETA LITERARIA / ESPECIAL SOBRE CARLOS FUENTES / LA GACETA LITERARIA

La región más transparente, el libro ineludible

SEGÚN PASAN LOS AÑOS

Novela impura, polifacética, reflexiva, corporal, alimentada por la tragedia y exorcizada por la risa ◆

Juan Gustavo Cobo Borda NA

1928 Nace en Panamá (su padre, diplomático, estaba destinado en ese país). Durante su infancia y su juventud vive en Montevideo, Río de Janeiro, Washington, Santiago de Chile, Quito y Buenos Aires.

1954 A los 26 años, publica Los días enmascarados (cuentos), su primer libro.

1958 Publica La región más transparente, su primera novela.

1962 Publica La muerte de Artemio Cruz, libro que lo consolida como escritor.

1964 Escribe, junto a Gabriel García Márquez, guiones de cine.

1975 Es nombrado embajador de México en París.

1977 Gana el Rómulo Gallegos, el galardón literario más relevante de América latina, por Terra Nostra.

1985 Publica Gringo viejo.

1987 Gana el Cervantes, el premio literario más destacado de habla hispana.

1999 Muere, a los 25 años, su hijo Carlos Rafael.

2004 Es distinguido con el Premio Real Academia Española de Creación Literaria.

2006 Muere, a los 29 años, su hija Natascha.

2011 Publica La gran novela latinoamericana, su penúltimo libro.

acido en 1928, Carlos Fuentes vio con La región más transparente (1958) su consagración como novelista. Un escritor infatigable, de aciertos y caídas, de viajes y polémicas, de experimentación y clasicismo. Bien puede realizar una novela inspirada en Galdós, como Las buenas conciencias (1959) documentada en Guanajuato, México, como proyectarse al futuro, con Cristóbal Nonato (1987), centrada en su obsesiva, recurrente, pasional relación con la ciudad de México, en esta ocasión a partir del terremoto de 1985. En esta novela incluyó por primera vez el esquema de su ambicioso y vasto plan narrativo que denominó La Edad del Tiempo, que abarcaría 21 novelas, de las cuales 18 ya habían sido escritas. Uno de cuyos ejes articuladores sería precisamente La región más transparente. El título, tomado de una frase de Alfonso Reyes en su Visión de Anáhuac, hace alusión a la deslumbrada mirada con que los conquistadores españoles encontraron una civilización como la azteca, tan rica y compleja como las que ellos habían dejado al otro lado del mar.

N

1946 a 1952, en que transcurre la novela, durante la presidencia de Miguel Alemán, esclarecer la petrificación de un movimiento, pionero en el mundo, encaminado a reivindicar un campesinado y unos indígenas marginados en la periferia de ese núcleo plagado de tensiones, desde donde se distribuyen contratos y prebendas, tierras baldías y negocios acordes con la inserción de México en el mundo contemporáneo. Vasto friso, donde las relaciones con la narrativa norteamericana (casos de Dos Passos y Faulkner) no desdeñan la herencia europea, que Fuentes conoce bien en figuras como Balzac y Stendhal: la ambiciosa energía para usurpar un mundo. Acertó José Miguel Oviedo al describirla como novela sin argumento central, “reemplazándolo por una serie de núcleos temáticos que se superponen o alternan. Estas características del diseño narrativo pueden producir cierta incoherencia o confusión, pero la novela impresiona por su empeño totalizador, su arrebato pasional, su humor a veces macabro y la riqueza desorbitada de sus imágenes,

Todo el espectro social es recorrido por la mirada incisiva y crítica de Fuentes, quien también se mira a sí mismo.

El título (La región más transparente) alude a la deslumbrada mirada de los conquistadores a la civilización azteca.

Con sus guerreros y sus poetas, sus astrónomos y sus emperadores, con sus pirámides para los sacrificios humanos y sus riquísimos mercados para alimentar muchos pueblos y muchas razas sometidas a su dominio. Todo ello lo vio bien Octavio Paz cuando escribió: “El centro secreto de la novela es un personaje ambiguo, Ixca Cienfuegos; aunque no participa en la acción, de alguna manera la precipita y es algo casi como la conciencia de la ciudad. Es la otra mitad de México, el pasado enterrado pero vivo. También es una máscara de Fuentes, del mismo modo que México es una máscara de Ixca”.

que tienen esa gestualidad barroquizante a la que Fuentes pronto nos acostumbraría”. Desde el ex-revolucionario convertido ahora en banquero, Federico Robles, quien dice con fresco cinismo: “la militancia ha de ser breve y la fortuna larga”, hasta el bracero que trabajó en Estados Unidos y muere en forma violenta, todo el espectro social es recorrido por la mirada incisiva y crítica de Fuentes, quien también se mira a sí mismo en personajes como el intelectual que indaga en la ontología del ser mexicano y el poeta fracasado que termina en guionista de banalidades. El fracaso de la revolución para un orden más justo es también el fracaso de las personas que ven cómo su destino se elude en la inautenticidad. Por ello, cuando Fuentes en un disco leyó fragmentos de la novela logro recrear la música y la letra de los diversos personajes, y el riquísimo repertorio que va desde los corridos de la revolución a la poesía que alimenta el fuego de esta novela impura y polifacética. Reflexiva y corporal. Alimentada por el venero de la tragedia pero también exorcizada en el carnaval promiscuo de la risa y la comedia: “Tuna incandescente. Águila sin alas. Serpiente de estrellas. Aquí nos tocó. Que le vamos a hacer. En la región más transparente del aire”.

Vasto friso

2012 El 5 de mayo da una conferencia en la Feria del Libro de Buenos Aires. Diez días más tarde muere, a causa de una hemorragia, en la Ciudad de México, a los 83 años. Publica Carolina Grau, último libro que cierra una obra conformada por 58 títulos (22 novelas, 12 volúmenes de relatos, 19 ensayos y cinco piezas teatrales). Horas antes de su muerte, la Universidad de las Baleares le adjudicaba un doctorado honoris causa, sumándose a los otorgados por universidades como Harvard y Cambridge.

A partir de las reflexiones de Octavio Paz en El laberinto de la soledad (1950), Fuentes se pregunta, novelísticamente, por su país y por sí mismo. Y el hecho determinante, además de ese pasado indígena tan presente, que vio en la figura de Hernán Cortes el cumplimiento de un ciclo ya profetizado, es la revolución mexicana. El fin de la dictadura de Porfirio Díaz y la transformación integral de un pueblo, en la lucha por el poder y la tierra, dividiéndose, y asesinándose entre facciones burguesas y facciones populares, para ocupar el sillón presidencial al cual dedicaría toda una novela (La Silla del Águila, 2003). Pero si ahora el aire del valle de México se halla contaminado y los ideales han dado paso a los negocios, Fuentes busca, en los años de

EN SANTA FE. Carlos Fuentes ingresa al teatro El Circulo, de la ciudad de Rosario, para participar de la inauguracion del III Congreso Internacional de la Lengua, realizado durante noviembre de 2004.

FRAGMENTO DE LA REGIÓN MÁS TRANSPARENTE “‘Este hombre me quiere destruir’, pensó Norma, ahora tendida sobre la arena amostazada de la playa particular que, en una breve ensenada de las rocas, brillaba al pie de la enorme casa amarilla de terrazas voladas y toldos azules y plantas de sombra apiñadas en torno al bar de bambú y cocoteros: dos puntos dorados, de luz artificial entre tanta como el cielo quería otorgar. Lo pensó ahora, cuando las olas se acercaban tímidas y extenuadas a lamer sus pies, y quería saber que lo creía desde el momento en que conoció a Ixca Cienfuegos. El sol la tostaba, ahora, como en el otro momento de sus recuerdos: Norma levantó la cabeza y vio la de Ixca, lejana en el mar, nadando rítmicamente hacia la playa. Los ruidos, escasos -lejano silbato en Icacos, el saludo ahogado de las golondrinas-, se reproducían con nitidez, con tanta nitidez como la cabeza de Ixca que, ahora, Norma veía como en el dibujo exacto de unos prismáticos. ¿Era esto lo que en realidad quería -se preguntó sin saberlo-: que el hombre la destruyese? Se mordió un dedo. ¿Por qué esa palabra precisamente, destrucción? ¿No se trataba, simplemente, de una demanda de otro tipo?

¿Qué había esperado de los otros? El cuerpo de Ixca surgió brillante de sal y espuma y cayó sobre ella; Norma no pudo hablar: fijó la vista en las huellas de los pies del hombre sobre la arena, y enseguida desató el nudo de su conciencia y se dejó avasallar por el otro cuerpo que reclamaba todo, que perseguía toda su carne para aniquilarla, para agotarla en un espasmo cercano a la muerte: quería gastarla, gastarla totalmente, y no otorgarle palabras o consuelos o la más leve promesa de que, gastada, exprimida, podría contar con otra cosa que con la repetición del mismo gasto sin propósitos. ¿No era esto lo que Norma quería, lo que Ixca afirmaba? Los cuerpos entrelazados, húmedos sobre la arena -la sal y la espuma de él excitando el cuerpo quemado y seco de ella- detenían el tiempo y toda relación futura: era aquí, aquí, todo aquí y ahora, sol paralizado, olas detenidas para siempre un instante antes de estallar, y ella pensando que su entrega era excesiva y creyendo distinguir en el silencio y la exigencia total de Ixca una sonrisa irónica y una compasión apenas disfrazada. Norma alejó el pecho del hombre de los suyos”.

Juan Gustavo Cobo Borda – Miembro de número de la Academia Colombiana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española.


3

LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 20 DE MAYO DE 2012

ESPECIAL SOBRE CARLOS FUENTES / LA GACETA LITERARIA / ESPECIAL SOBRE CARLOS FUENTES / LA GACETA LITERARIA

GUÍA

para recorrer la obra de Fuentes

Los libros respiran de modo diferente, pero el lector de Fuentes puede comenzar por los cuentos de Los días enmascarados, donde los ídolos aztecas acechan en los sótanos de la ciudad ◆

Por Carmen Perilli

PARA LA GACETA - TUCUMÁN TELAM

LA DESPEDIDA DE SUS LECTORES ARGENTINOS. El autor de Gringo viejo, uno de los principales invitados a la última Feria del Libro de Buenos Aires, brinda una conferencia magistral en la sala José Hernández, en La Rural. a lectura es un viaje fascinante por territorios de papel. El azar quiso que mi decepcionada lectura de La gran novela latinoamericana apareciera el domingo anterior de la muerte del escritor (LA GACETA Literaria, 13 de mayo). El adiós obliga a un primer balance de la escritura de uno de los más grandes novelistas del siglo XX latinoamericano. La vastedad de su producción puede aturdir al lector. Atraviesan sus textos dos grandes temas: la palabra y el poder, donde está cifrada nuestra historia. El novelista mexicano fue un hacedor de ficciones y un intelectual que propuso teorías acerca de la heterogénea identidad mexicana y latinoamericana. En los años 60, la aparición de La muerte de Artemio Cruz me produjo un impacto muy distinto al de Cien años de Soledad con su olor a guayaba. Sin embargo podía recitar de memoria el monólogo final del personaje. Fuentes era uno de sus blancos caballeros que, a juicio de una generación, reunían el compromiso con la revolución y la aventura de la literatura. Como otros llamaba a sacudir los absolutos y proclamar a la literatura “territorio libre de América”, abrazando las utopías. Muchos años después, cuando escribí mi libro sobre Fuentes y Borges, el encantamiento fue distinto y me encontré con un autor

L

que se proponía como mediado y que en el V Centenario se transformó en el interlocutor con España. Sus cartografías literarias adquirieron otro sentido, con una idea del tiempo cualificado por el espacio, impregnada de esencias que buscan suturar las heterogeneidades que amenazan el sueño de la Patria Grande de raigambre hispánica, imaginada como mestiza. Fuentes organizó sus relatos y sus dramas bajo el ambicioso título

En la obra de Fuentes la frontera entre el Norte y el Sur se hace carne viva, sangrante, pasado y presente beligerante. de La edad del tiempo. Construyó un extenso mural que recuerda las pinturas de Diego Rivera, donde se condensa un enorme archivo cultural. El espejo enterrado llamó Fuentes a un programa que luego se transformó en libro. La cultura aparece como un espejo que prolonga el Mediterráneo en el Caribe. La literatura puede ser uno de esos suntuosos trajes indígenas con miles de cristales. El escritor es el memorioso que retrata un mundo complejo en el que el espacio se dice en múltiples tiempos. Un ensayo imprescindible, De Quetzalcóatl a

Pepsicóatl, denuncia el deterioro histórico que puede ser el pasaje de las ruinas indígenas a la basura posmoderna.

Itinerario de lectura Los libros respiran de modo diferente pero el lector de Fuentes puede comenzar por los cuentos de Los días enmascarados, donde los ídolos aztecas acechan en los sótanos de la ciudad. La primera gran novela moderna mexicana es La región más transparente, donde volviendo paródicamente sobre la frase de Humboldt, retrata a la ciudad mexicana de medio siglo, polucionada y tensa, llena de secretos. El escritor volverá sobre ese tema en un libro del 2000, Cristóbal Nonato, una ficción futurista, donde codifica un México desgarrado en el que la “suave patria” exige una nueva fundación. Entre las novelas más logradas está La muerte de Artemio Cruz, una cruda reflexión sobre los tiempos post-revolucionarios en la que el caudillo mexicano se transforma en el poderoso hombre de negocios que asume la misma pose del amo colonial y se vende al imperio del Norte. En la escritura de Fuentes la frontera entre el Norte y el Sur se hace carne viva, sangrante, es el presente y el pasado beligerante, son “los mojados” que cruzan a buscar trabajo, es Texas arrebatada: “Queremos entrar a contar la

historia de la frontera de cristal antes de que sea demasiado tarde, hablen todos” nos dice el personaje de La frontera de cristal. En ese sentido, la figura casi quijotesca del escritor norteamericano Ambrose Bierce cruzando el Río Grande, buscando la muerte en el país azteca, desdobla la del general Tomás Arroyo. Uno está de vuelta de la escritura y lleva como única compañía El Quijote; el otro abraza con desesperación los papeles que le certifican la posesión de la tierra. Los dos morirán, el mensaje de ellos estará en manos de una mujer, una extranjera, Harriet Winslow. Una de las novelas más bellas y sugestivas es Aura, relato de un encuentro alucinante entre Felipe Montero, un joven historiador, con una hechicera que no es sino la reencarnación de la trágica emperatriz Carlota que espera al esposo fusilado. El ciclo más ambicioso está constituido por Terra Nostra, donde reúne su lectura de la Conquista, dividida en tres partes: el mundo indígena, el mundo español y el mundo mestizo. En ese texto, la figura que atraviesa todos los tiempos es Celestina. La pintura del personaje subvierte el texto de Fernando de Rojas ya que a través de su lengua y de su cuerpo la mujer alumbra el futuro. En el texto expone su tesis sobre la conquista como derrota del proyecto moderno aho-

TODO UN CLÁSICO CARLOS FUENTES (Fondo de Cultura - 1962) Artemio Cruz recrea en su lecho de muerte las distintas décadas de su historia, una historia que refleja la de una revolución y la de un país. Su vida y la de México tienen numerosos paralelismos. Un amor de juventud se refleja en el fervor del período revolucionario, su casamiento forzado por las convenciones se produce junto al congelamiento de los ideales de la revolución a través de su institucionaliza-

Asistió a la euforia nacionalista mexicana, al reinado del PRI y su derrumbe, en un México devorado por cárteles. Muchas de las novelas aparecen ahogadas por el ensayo y paralizadas por la alegoría, es el caso de Cambio de piel, La voluntad y la fortuna, El sillón del Águila, Instinto de Inéz y Todas las familias felices. El barroquismo y la alegoría las torna artificiosas y, aunque no carecen de momentos logrados, las tesis paralizan los mundos narrativos.

Recuperar la memoria Para Carlos Fuentes, El Quijote era la gran aventura de la libertad del mundo moderno. Su propuesta sin embargo debe mucho a la Come-

dia Humana, de Balzac. Consideraba urgente a la literatura, apostaba por la educación. Intentó dar cuenta de un siglo complejo y violento, el siglo XX y la transición hacia el XXI. Le tocó asistir a la euforia nacionalista mexicana, al reinado eterno del PRI y a su derrumbe, en un México devorado por los cárteles. Fue el protagonista de un momento central de la novela latinoamericana: el de la internacionalización. Dice el poeta José Emilio Pacheco que “la palabra deseo está desnuda. / Pero cuando avanzamos para tocarla / ella nos da la espalda y se pierde en la sombra”. En Carlos Fuentes ese deseo es ansia por catalogar nuestra cultura. Coincido con Michel de Certeau que los lectores “son viajeros: circulan sobre las tierras del prójimo, nómadas que cazan furtivamente a través de los campos que no han escrito”. El legado de Carlos Fuentes es un apasionante territorio a explorar. Como Sor Juana, Bernal Díaz, José Emilio Pacheco su vida ha sido “un solo y vasto intento de recuperar la memoria recuperando la palabra”. © LA GACETA Carmen Perilli - Doctora En Letras, Profesora Titular de Literatura Latinoamericana (UNT). Autora del libro Países de la memoria y del deseo. Jorge Luis Borges y Carlos Fuentes (2004).

EL ÚLTIMO LIBRO

NOVELA LA MUERTE DE ARTEMIO CRUZ

gado por lógicas absolutas. En las obras de teatro y en El naranjo vuelve sobre estas preocupaciones. En las Ceremonias del alba la Malinche alumbra al primer mexicano y permite una continuidad: “Entre las dos orillas del poder, un puente: la lengua, Marina, que con las palabras convierte la historia de ambos poderes en destino… Lo más fácil entre nosotros, será morir; un poco menos fácil, soñar; difícil, rebelarse: dificilísimo, amar”.

RELATOS ción. El retrato del protagonista, un viejo caudillo que ha acumulado una vasta fortuna, es la pintura de una desintegración moral pero también la de un personaje complejo que intercala crueldad con generosidad, astucia y candidez. “Una revolución empieza a hacerse desde los campos de batalla, pero una vez que se corrompe, aunque siga ganando batallas militares ya está perdida. Todos hemos sido responsables. Nos hemos dejado dividir y dirigir por los concupiscentes, los ambiciosos, los mediocres”, se lee en la obra. “Artemio Cruz es su héroe y su antihéroe”, decía Fuentes.

CAROLINA GRAU CARLOS FUENTES (Alfaguara - 2012)

MOMENTO CULMINANTE. El salud, en octubre de 2008, cuando recibió el premio Don Quijote, en Toledo, España.

Carolina Grau es el título del último libro de Fuentes y el nombre del personaje que aparece en los ocho relatos del volumen. En algunos es una persona, en otros es un fantasma, en todos una presencia enigmática que circula por historias entretejidas con realidad y fantasía, urdidas por personajes reales y ficticios. En la obra aparece un niño que brilla como el oro, un joven que llega una aldea que lo recibe alboro-

zado sin que él sepa por qué, un desertor de las tropas de Hernán Cortés, el hijo deforme de un aristócrata, el arquitecto del castillo de If, un hombre que lidia con las puertas cerradas de su casa. El encierro y la imposibilidad de encontrar una salida es el tema recurrente en los diversos textos que conforman el volumen. “El carcelero tiene su carcelero y éste al suyo y así al infinito. Tú y yo somos los eslabones finales de una larga cadena de sumisiones. Así está ordenado el mundo, mi joven amigo. ¿Hay otra salida?”, pregunta el protagonista de uno de los cuentos.


4

LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 20 DE MAYO DE 2012

LA PRIMERA GRAN ENTREVISTA tiene 11 años, quiere ser periodista y pudo entrevistar a su ídolo: este es el backstage de un debut de película Clara Sepúlveda tiene 11 años, quiere ser periodista y cursa el sexto grado de una escuela de Cinco Saltos, una ciudad de 17.000 habitantes ubicada en el límite Oeste de Río Negro. Desde que vio El baile de la Victoria, película basada en la novela homónima del chileno Antonio Skármeta, su sueño fue conocer a su protagonista, Ricardo Darín. En octubre de 2011, una maestra de su escuela se enteró que la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) había organizado un concurso dirigido a alumnos de primaria que les permitiría a

los ganadores entrevistar a sus ídolos a partir de las notas que habían leído en los diarios. Clara se entusiasmó y encontró en Río Negro, el principal medio de su provincia, que Darín estaba filmando una película con Pablo Trapero. Ese fue el punto de partida para abordar al personaje y elaborar un cuestionario. Quería saber cuál era su relación con la fama, qué hubiera sido de su vida si la actuación no se cruzaba en su camino, qué película le había dejado una enseñanza, en qué proyecto estaba embarcado. El cuestionario de Clara fue seleccionado entre los for-

mulados por casi un millar de chicos de todo el país y el miércoles de esta semana su autora viajó a Buenos Aires, ciudad que no conocía, para transmitírselo en persona al protagonista de El secreto de sus ojos. Darín la recibió en un set de filmación montado en la confitería Modena, frente a la Facultad de Derecho de la UBA, donde transcurre buena parte de Tesis sobre un homicidio, película dirigida por Hernán Goldfrid y basada en una novela de Diego Paszkowski. La aspirante a periodista enfrentaba en

su primera entrevista al actor más destacado de la Argentina. Se sentó frente a Darín con un grabador en el medio de una mesa y empezó a interrogarlo con rigor profesional. Después de responder a la última pregunta de Clara, el actor le preguntó “¿Querés saber algo más?”Y ese fue el detonante para que fluyeran las lágrimas de emoción que habían estado contenidas durante casi media hora. Darín le agarró una de sus manos, mientras el fotógrafo capturaba la escena, y le dijo: “Por favor no llorés porque me vas a hacer llorar a mí”.

RICARDO D DARIN “La mayoría de la gente cree que ser famoso es sinónimo de felicidad”

- De no haber sido actor, ¿qué tu hubiera gustado ser? - Me hubiera gustado ser veterinario. Cuando era chico quería ser veterinario. Como a todos los chicos, me gustaban los bichos, los perros, los gatos, los caballos. Pero todo eso de la cirugía, de tener que cortar a un animal me daba un poco de ‘cosa’, de escalofríos. - ¿Cómo te imaginás sin tu fama? - Como un hombre tranquilo, relajado, que puede ir caminando por la calle como todo el mundo. La gente cree que ser famoso es lindo. No es que sea malo, pero es medio raro que todo el mundo sepa quién sos, cómo te llamás, cómo se llama tu familia, quién es tu novia o tu esposa, dónde vivís, y que vos no sepas nada de los demás. Es medio raro, aunque ahora ya estoy acostumbrado y trato de tomármelo

FOTOS: PAUL PITCHON / ADEPA

con naturalidad. La mayoría de la gente cree que ser famoso es sinónimo de felicidad o algo muy parecido a ser feliz. Y no tiene nada que ver una cosa con la otra. Lo realmente importante en la vida es tratar de ser feliz.

- Entonces, ¿te gusta más la comedia? - Sí, la comedia me gusta mucho. Y creo que es lo mas difícil de hacer, aunque mucha gente cree que es el drama. Para hacer las cosas bien creo que la comedia es más difícil.

- ¿Qué personaje de los que interpretaste en los últimos años te ha divertido más? - Me divirtió mucho hacer Un cuento chino (dirigida por Sebastián Borensztein y galardonada con el premio Goya en 2011). Me causaba mucha gracia mi personaje, un hombre que refunfuñaba, protestaba todo el tiempo, enojado con todos. Cuando tenés que hacer un personaje que te causa gracia es más divertido el trabajo. Con otro tipo de personajes, que son entristecidos u oscuros, no te divertís tanto. Yo me divierto más cuando un personaje te genera cierto humor.

- ¿Alguna película te dejó una enseñanza? ¿Cuál? - Como el oficio de actor se trata, precisamente, de que por un rato jugás a ser otra persona, todas te dejan una enseñanza. Si te toca hacer de médico, jugás a ser un médico; si te toca ser un abogado, jugás a ser un abogado. Pero primero tenés que informarte, aprender algo de lo que hace un médico, de lo que hace un abogado para que tu papel resulte lo más creíble posible. Entonces aprendés mucho sobre los distintos personajes que te toca interpretar. En la que aprendí mucho, y que también me impactó mucho, es Elefante blanco (dirigida por Pablo Trapero y que se estrenó este jue-

ves en Buenos Aires). Se filmó en tres villas (Ciudad Oculta, Villa 31 y Rodrigo Bueno, todas de la Capital Federal). Tuve la oportunidad de estar bastante tiempo, tres meses o un poco más, en contacto con la gente de esos barrios carenciados, y encontré gente fantástica, muy simpática, amable, generosa. Aprendí un montón de cosas de sus vidas, de lo que le pasa a ellos todos los días. De ahí salí con un gran aprendizaje. - ¿Y la qué estás filmando ahora? - Es un policial de suspenso, que empezamos hace poco. Tiene algunas escenas fuertes. Me toca hacer de un profesor de la Facultad de Derecho, pero que también actúa como si fuera un detective para tratar de esclarecer un homicidio. Hoy estamos filmando una escena donde entro a esta confitería porque me parece tener una pista sobre quién puede ser el autor de ese asesinato.

LIBROS RECIENTES DE FUENTES Un recorrido por los títulos publicados entre 2000 y 2011

MAPA DE LA LITERATURA LATINOAMERICANA ENSAYO LA GRAN NOVELA LATINOAMERICANA (Alfaguara – 2011) La gran novela latinoamericana es un profuso y desigual conjunto de ensayos que postulan una tradición y un canon de la novela denominada, de modo amplio, “latinoamericana” (aunque incluye a un autor español como Juan Goytisolo). Erasmo y Cervantes son las piedras fundacionales de nuestra novela. Desde allí, con una breve incursión en la cultura colonial nos lleva hasta Pedro Páramo, siempre a partir de la tensión entre mito, epopeya y utopía presentes en la novela. Se detiene en Joaquim Machado de Assis, Rómulo Gallegos y Juan Rulfo. El libro postula un canon que hilvana nombres desiguales e imprecisos de momentos de la novela como el boom, el boomerang, el postbooom,el crack, etcétera.

FICCIÓN ATRAVESADA POR EL ENSAYO NOVELA ADÁN EN EDÉN (Alfaguara – 2009) El narrador protagonista es Adán Gorozpe, un empresario, marcado para siempre en su masculinidad por el terremoto de 1985. Representa el poder en un mundo violento que debe adaptarse a nuevos modos. La ficción es atravesada por el gesto ensayístico. Reflexiona sobre el tiempo y la identidad, escenifica los distintos “tiempos mexicanos” que combaten en el monstruoso espacio de la megapolis. El escritor apela al mito y a la noticia, a la alegoría y a la cultura masiva. Sus personajes se mueven dentro de la burguesía y se organizan, como en otros libros, en familias. La remisión a la historia mexicana está desde

las primeras páginas en las que insiste en un nuevo paso del cometa. Fuentes nos entrega una novela balzaciana en clave grotesca y alegórica, que tiene, al menos un saludable efecto: desconcertarnos.

OBRA GIGANTESCA, EN EL BUEN Y MAL SENTIDO NOVELA LA VOLUNTAD Y LA FORTUNA (Alfaguara – 2008) La novela comienza de manera impactante y se extiende a lo largo de 552 páginas. La narración está, novedosamente, a cargo de una cabeza cortada, la de Josué. Leemos “Soy la cabeza cortada número mil en lo que va del año en México. Soy uno de los cinco decapitados de la semana, el séptimo del día de hoy y el único durante las últimas tres horas y cuarto”. Una cabeza que, sin embargo, no ha perdido la lengua. Fiel al modelo de la Comedia humana, la historia recurre al ciclo La edad del tiempo. Se prolongan dos temas: la tragedia, que en este caso tiene tonos de melodrama, y la familia, intrincado juego con las identidades. La historia se cuenta como tragedia y como mito. El escritor juega continuamente con dobles opuestos y complementarios, especialmente los dos muchachos, uno de los cuales encarna la voluntad y el otro, la fortuna. Entre las preocupaciones del escritor mexicano están el pasado, el presente y el futuro de México. Una novela gigantesca en el buen y en el mal sentido. Por momentos el lector se pierde en una selva de alegorías, se hunde en el ripio; aunque también cabe rescatar la contundencia de una narración llena de riesgos, riesgos que no se asumen en un mundo de textos fácilmente digeribles.

FAMILIA E IDENTIDAD CUENTOS TODAS LAS FAMILIAS FELICES (Alfaguara – 2006)

Por Carmen Perilli

Toda la obra del escritor mexicano Carlos Fuentes vuelve una y otra vez sobre la familia. Todas las familias felices nos anuncia una nueva incursión. El epígrafe de Anna Karenina, de Tolstoi, “Todas las familias felices se asemejan, cada familia infeliz lo es a su manera”, nos sumerge en el mundo de la tragedia. El índice advierte que la obra está dividida en relatos separados por coros breves. Todo parece anunciar una vuelta de la escritura vanguardista y experimental de las primeras épocas de Carlos Fuentes. Sin embargo, desde el primer cuento ”Una familia de tantas”- nos asombra la recurrencia de lugares comunes. El libro pertenece al ciclo de la novela social que se inaugura con La región más transparente. Sin embargo, en este caso, Fuentes no logra cristalizar un mundo autónomo de la tesis que intenta demostrar. El escritor ocupa el lugar de intérprete de la nación mexicana ante sí misma y ante el poder. Quizá en este caso no logra apresar cabalmente los ritmos de ese pueblo.

ANTE LAS ELECCIONES NORTEAMERICANAS ENSAYO CONTRA BUSH (Aguilar – 2004) Como el mismo autor lo recuerda en el epílogo provisional, este libro surge “pensando en los electores de origen hispánico en los Estados Unidos y la responsabilidad que les incumbe de votar a favor de una renovación de poder en Washington”. No está solo en el intento de incidir, desde la escritura, en un proceso electoral, cuyo resultado puede afectar al mundo entero. Fuentes, hijo de diplomáticos, diplomático él mismo, es un gran admirador de Bill Clinton, y ha propuesto a Franklin Delano Roosevelt como el estadista del siglo. En este momento sale a la palestra para apoyar a Kerry. El escritor mexicano equipara a George Bush con dictadores como Hitler y Stalin: “No comparo a Bush con Hitler y Stalin para igualarlos, sino para diferenciarlos. Los dictadores nazi y soviético se enfrentaban a otros Estados

poderosos. El presidente de los EE.UU. gobierna a un país sin contrapoder externo, cosa que no ocurre desde el apogeo del Imperio Romano”. Ningún dictador tuvo nunca el poder que tiene en este momento el “peor presidente” de la historia norteamericana. El autor de Tiempo Mexicano recuerda que los pretextos para la guerra de Irak “han fracasado” y que Bush debiera tomar conciencia de que “el resultado de la intervención, en la que no incurrió su padre en la anterior Guerra del Golfo, ha sido la quiebra del orden internacional, el aislamiento diplomático de Estados Unidos y la derrota en la posguerra”.

“NOVELA DE NOVELAS” ANTOLOGÍA LOS CINCO SOLES DE MÉXICO (Seix Barral – 2000) Esta antología, realizada por el mismo autor, se arma como “novela de novelas” y nos propone un recorrido por la historia nacional mexicana a partir de escenas de sus libros que refieren a los principales episodios de este milenio. Un texto que recorre no sólo la historia nacional sino la historia de la escritura de Fuentes, desde sus primeros cuentos hasta Los años de Laura Díaz . Los fragmentos, engarzados de un modo diferente al original, iluminan nuevas zonas, destacan personajes e imágenes. Fuentes “imagina” el valle del agua quemada indígena; el “valiente Nuevo Mundo” de Cortés y Bernal Díaz del Castillo, Rodrigo de Aguilar y la Malinche, la “suave patria” de López Velarde, la “región más transparente” de Humboldt, “la campaña” del cura Hidalgo, los misterios de Benito Juárez y, por fin los tiempos revolucionarios de Artemio Cruz y el Gringo Viejo. Se detiene en la ebullición modernizadora posrevolucionaria signada por la traición del PRI , que congela la revuelta en los mitos que comienzan a caer en Tlatelolco en 1968, para continuar con la guerrilla y el fenómeno de Chiapas. La maestría del escritor nos permite dialogar, a través de este compendio, con una obra que es summa de tiempos en el espacio, cartografías que expanden sus líneas hacia el pasado y hacia el futuro.


20-05-2012 LITERARIA LA GACETA