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TUSOCIEDAD | 3 L A

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EN LAS TALITAS LA GACETA / FOTOS DE ANALIA JARAMILLO

PRODUCCIÓN. La misma persona que fabrica los bloques de adobe tiene que buscar la tierra negra, preparar el barro, armar los moldes y cocinarlos en el horno. Familias enteras deben trabajar en las cortadas para sobrevivir.

Luis trabaja a la intemperie para fabricar 1.000 ladrillos por día y solo cobra $220

ASÍ TRABAJA LUIS. La carreta con el barro mojado pesa unos 150 kilos, de ahí saca con sus manos un poco y lo mete en los moldes. Luego quita lo que sobra y lo desmolda en el piso, donde va formando la hilera de 1000 bloques.

Nadie los ve, pero en la fabricación de ladrillos intervienen familias enteras. La realidad NATALIA VIOLA LA GACETA

@njimenaviola nviola@lagaceta.com.ar

a humedad asfixia. El calor barre el ánimo. Una brisa moribunda se diluye en mitad del recorrido. Nada se mueve. Nada interrumpe el sol. Y pega. Pega y fuerte. Te noquea y te atonta. En las cortadas de ladrillos no hay árboles. La sombra la proporcionan las chapas, bajo las cuales se secan los bloques de adobe. El trabajo se hace a pleno sol y nada sirve para amortiguar los 40º. De las mangueras el agua sale tibia. Sirve para preparar un té, pero no para calmar la insolación. De todas maneras, el agua

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es prioridad para preparar el barro (mezcla de tierra negra, bagazo de la caña de azúcar y estiércol) con el que se arman los bloques. Así trabajan todos los días los hombres que fabrican ladrillos. A veces, la necesidad los empuja a que sus hijos y mujeres los acompañen. Cuando Ezequiel nació hace 21 años, Luis, su padre, ya trabajaba en las cortadas. No se acuerda cómo, pero hace seis años comenzó a acompañarlo. De tanto verlo aprendió la técnica rudimentaria para armar los bloques. Luis está descalzo y de una carreta va extrayendo el barro que luego coloca en un molde rectangular de madera. Empareja con las manos, lo alza y lo desmolda en el piso de tierra. Con la tierra mojada ese molde de dos bloques de barro pesa seis kilos. Al procedimiento lo repite 500 veces por día para lograr los 1000 ladrillos por los que cobrará $220, en el mejor de los casos. “Si tienen fallas te pagan $190”, explica Ezequiel.

- Yo antes lo hacía, pero no... - ¿Duro? - Muy duro. Yo quiero otra cosa, confiesa en voz baja. Pasa un rato y el calor desespera. No tienen hacia dónde huir. Todavía les faltan dos horas para frenar e ir a comer algo. Algo que ellos mismos tienen que proporcionarse. El barro seco cubre el cuerpo de Luis e iguala la piel de sus manos con las mangas de la camisa oscura. No habla, no frena, no levanta la mirada. Parece un máquina realizando un trabajo artesanal. “Dejé de venir unas semanas porque me presenté para un trabajo en un súper, pero no quedé”, cuenta Ezequiel. Después de eso no quiso volver a armar bloques. Prefiere amasar con los pies el barro. Se coloca en medio del círculo de tierra negra, la moja y la mezcla con el bagazo. Con ayuda de la azada levanta el barro de los bordes y lo lleva hacia él. Mientras tanto sigue pisando y pisando, como si estuviera fabricando vino patero. Preparar el

“El responsable es el dueño de la tierra” Durante un relevamiento se labraron actas de infracción. Explicaciones La ladrillera está considerada una actividad minera de tercera categoría. Sobre el ladrillo se apoya el crecimiento inmobiliario, pero la mano de obra que fabrica los bloques sigue técnicas rudimentarias y trabaja en condiciones irregulares. “Visitar las cortadas nos sirvió para poner en evidencia la situación y tratar de revertir la historia de esta gente”, señaló Juan García, secretario general del gremio de ladrilleros desde octubre de este año. Señaló como responsables de la explotación a los dueños de las parcelas. “Ellos son los que tienen que responder cómo y por qué tienen a esas perso-

nas trabajando de forma irregular y en un estado de semiesclavitud”, argumentó. Durante el recorrido por las cortadas, miembros del gremio y representantes de la Secretaría de Trabajo identificaron a los dueños de las tierras. En cada sitio dos inspectoras labraron actas de infracción y completaron planillas con los datos de los trabajadores. “Se constató que el dueño de una de ellas es un señor llamado Yong Kwu Li, de origen coreano, y otro es Francisco García”, explicó el secretario general del sindicato. A ellos y a los dueños de otras cortadas se los notificó para que comparezcan en la Secretaría de Trabajo. “Deben blanquear e inscribir a su personal. Si los trabajadores, luego, quieren pertenecer al gremio es otra cosa, pero deben trabajar en blanco”, enfatizó Juan García.

En las cortadas los corralones compran los 1000 ladrillos a $600 y luego los venden al doble. “Si uno va a un corralón no tienen ladrillos en cantidad porque ellos trabajan al ‘toque’. Esto significa que un cliente le pide 4.000 ladrillos, entonces el dueño del corralón llama a los de las cortadas y les pide que envíen esa cantidad al domicilio del cliente”, explicó. En tanto, las inspectoras de la Secretaría de Trabajo señalaron que en algunas cortadas pudieron constatar que había menores de edad en situación de trabajo. Esto quiere decir que si bien no estaban trabajando, sí formaban parte de un entorno en el que muy probablemente en algún momento deben hacerlo para ayudar a sus padres. Las condiciones son tan extremas -comentó García- que hasta la expectativa de vida disminuye.

amasijo le lleva un día entero. La jornada en la cortada comienza a las 5.30 de la mañana y termina a las 5 de a tarde. En el medio paran para almorzar y les dan tiempo a los bloques que se sequen. Si se larga el agua en la mitad del día el trabajo corre peligro. Para que el adobe termine de endurecer lo colocan debajo de las chapas. Cuando está seco arman unas pirámides de 35.000 o más ladrillos, que se llaman tabiques. En los huecos que dejan en la base meten leña y encienden el fuego. Allí tienen que estar 100 horas cocinándose. En los alrededores del tabique el termómetro ya no marca el calor. Es el mismo infierno.

Explotados Por la ruta 305, cruzando Las Talitas, de un lado y del otro se multiplican las cortadas. La mayoría son tierras en las que alguna vez se sembró caña. Pero los dueños vieron que era mejor negocio arrendar esas tierras para que otros fabriquen ladrillos.

“Hay muchas por esta zona. En algunas trabajan las familias enteras. En otras solo contratan bolivianos y los tratan como a perros”, cuenta Carlos Carrizo, de 54 años. Él trabajó 18 años en las cortadas, hasta que pudo cambiar al rubro de la construcción. Cuando va para ahí es por alguna changa. “Yo tenía viejos amigos de las cortadas, pero muchos murieron porque el cuerpo no aguanta”, confiesa. Los que trabajan esperan hasta el sábado, que es el día del pago. Otros arriendan y venden de forma individual y le entregan al dueño de la tierra el 50% de la producción. Un día que no trabajan porque llueve o se enferman es un día menos para cobrar. ¿Horas extras? ¿Obra social? ¿Aportes jubilatorios? ¿Vacaciones? Ni por asomo.

Inmigrantes Al mediodía el calor casi diezmó la voluntad. A lo lejos, en otra de las cortadas se escucha el ritmo de la saya boliviana. Sobre

unos plásticos que cubren un hoyo de tierra cuatro niños desnudos se mojan con una manguera y se arma un pileta de agua amarronada. A pocos metros, debajo de un tinglado, unas mujeres pelan y trocean unas frutas. Más niños juegan entre las leñas que unos hombres están metiendo en el tabique. Samuel dice que tiene 30 años. Que llegó para visitar a unos familiares que viven en Alderetes. Que va a trabajar unas semanas hasta que junte el dinero para el pasaje de vuelta ($250 cada uno) para su mujer y su hijo. Trabaja para un tal Walter, que también es boliviano, que a su vez le alquila las tierras a un tal García. No sabe más o no dice más. Mientras habla no para de cargar barro y ponerlo en los moldes. Son todos de Pocitos, al sur de Bolivia. No quieren hablar. Se miran e intercambian frases en quechua. Como en la cortada anterior, la imagen se repite. Solo que esta vez entre los que arman ladrillos hay mujeres. Llevan el mismo ritmo que los hombres.

17-12-2012 TUCUMANOS LA GACETA  
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Lunes 17 de diciembre de 2012 Tucumanos LA GACETA

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