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SAN MIGUEL DE TUCUMAN, DOMINGO 15 DE ABRIL DE 2012

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Climas, ritmos y pasiones de lo mejor de la literatura argentina se pasean por las páginas de la novela El imitador de Dios, de Luis Lozano.

La periodista Laura Di Marco pone al desnudo los orígenes, los objetivos y los mecanismos de La Cámpora en el libro más vendido del momento.

5 a SECCION

LA NOVELA PERDIDA DE SARAMAGO

Claraboya es la segunda novela que escribió el Premio Nobel portugués. Su edición póstuma (Alfaguara, 2012; traducida al español por Pilar del Río, su viuda) evoca los inicios del escritor. El libro fue censurado y eso llevó a su autor a dejar la escritura durante casi dos décadas. ◆

Por Carmen Perilli

PARA LA GACETA - TUCUMÁN TELAM

a historia de este texto es casi una novela: censurado por la industria editorial de un mundo autoritario y pacato, había sido entregada para su publicación en 1953. La falta de toda respuesta sumió al escritor en un silencio de casi dos décadas. El contexto de producción nos permite entender la incomodidad que hubiera producido el relato en una comunidad dominada por la aparente eternidad de la dictadura de Salazar. El nombre de la novela, dedicada al mítico abuelo del escritor, resulta apropiado y sugerente. La palabra “claraboya”, de escasa circulación en el mundo urbano actual, proviene de la lengua francesa y, más allá de su significado concreto, remite a la idea de una vía clara; un lugar desde el que se puede entrever el mundo contiguo. La novela ha sido construida como un techo de cristales desde el que se mira el espectáculo de las vidas en una pequeña comunidad de Lisboa. Los habitantes de un edificio conforman un abigarrado conjunto de grupos familiares, escenificando distintas formas de relación y diferentes actitudes vitales. En este mundo caben desde la solitaria mujer que depende de su amante hasta la familia de mujeres de intrincados lazos sentimentales. Abel, el extranjero que arriba en una de las tantas estaciones de búsqueda de identidad, se encuentra con el viejo sabio y solidario zapatero. La narración señala la sordidez de un mundo donde el dinero es escaso y abunda la mezquindad pero la mirada del autor está impregnada de ternura y compasión por sus criaturas. Con gran precisión, Saramago explora la sexualidad en todas sus variantes, desde la prostitución hasta el lesbianismo. Se detiene en ese conjunto de soledades a las que sólo se les permite huir a través de la fantasía y la solidaridad. El realismo del discurso no impide que reconozcamos las citas de Pessoa, Dostoievski y Shakespeare, entre otros. La música de Beethoven actúa como contraste con los antihéroes.

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FRAGMENTO DE CLARABOYA POR JOSÉ SARAMAGO Silvestre abrió la ventana y echó un vistazo al exterior. Nada nuevo. Poca gente pasaba por la calle. No muy lejos, una mujer pregonaba habas secas. Silvestre no entendía cómo podía vivir aquella mujer. Ninguno de sus conocidos comía habas secas, él mismo no las comía desde hacía más de veinte años. Otros tiempos, otras costumbres, otras comidas. Resumida la cuestión con estas palabras, se sentó. Abrió la caja de tabaco, pescó el papel de entre el batiburrillo de objetos que abarrotaban la mesa y se lió un cigarro. Lo encendió, saboreó una calada y puso manos a la obra. Tenía unos contrafuertes delanteros que poner y ése era un trabajo en el que siempre aplicaba todo su saber. De vez en cuando miraba de reojo la calle. La mañana iba clareando poco a poco, aunque el cielo estuviera cubierto y hubiese en la atmósfera un ligero velo de niebla que desdibujaba los contornos de las cosas y de las personas. Entre la multitud de ruidos que ya despertaban en el edificio, Silvestre comenzó a distinguir un taconeo en las escaleras. Lo identificó inmediatamente. Oyó abrir la puerta de la calle y se asomó: - Buenos días, señorita Adriana. - Buenos días, señor Silvestre. La mujer se detuvo debajo de la ventana. Era bajita y usaba gafas de lente gruesa que le transformaban los ojos en dos bolitas minúsculas e inquietas. Estaba a mitad de camino entre los treinta y los cuarenta, y alguna que otra cana le aparecía en el peinado sencillo. - Conque al trabajo, ¿no? - Eso es. Hasta luego, señor Silvestre. Era así todas las mañanas. Cuando Adriana salía de casa, ya el zapatero estaba en la ventana del entresuelo. Imposible escapar sin ver aquella guedeja desgreñada y sin oír y corresponder a los inevitables saludos. Silvestre la seguía con la mirada. Vista de lejos le parecía, según la comparación pintoresca del zapatero, «un saco mal atado». Al llegar a la esquina de la calle, Adriana se volvió y lanzó un gesto de adiós al segundo piso. Después, desapareció. Silvestre dejó el zapato y asomó la cabeza fuera de la ventana. No era cotilla, pero le gustaban las vecinas del segundo, buenas clientas y buenas personas. Con la voz alterada por la posición del cuello, saludó:

Otro lado de la vida El epígrafe de Raúl Brandao (”En todas las almas, como en todas las casas, además de fachada, hay un interior escondido”) nos guía desde el comienzo en una narración que tiene un sesgo antropológico, que muestra historias de vidas entrecruzadas en las que la filiación y la paternidad están cuestionadas enfáticamente. El anciano sin hijos es el único personaje que cumple de modo cabal con una función paterna. La novela exhibe el almácigo de formas que fueron recurrentes en el resto de la obra. En este mundo hay hombres solitarios como Ricardo Reis, de El año de la muerte de Ricardo Reis, o el don José de Todos los nombres. El desencantado Abel se enlaza con el personaje de la novela última. Sus entrañables mujeres son de una mítica fortaleza. Claraboya es un notable ejemplo de novela de iniciación que nos sorprende por la infinidad de modulaciones de los mundos pequeños: voces, imágenes, sabores y colores. Lisboa, como la ciudad de las Pequeñas Memorias, es la ciudad de ritmos lentos. Una Lisboa de gente pobre, preocupada por la supervivencia donde compartir un espacio no significa formar una comunidad, donde cada uno parece estar encerrado en sí mismo. Sólo Silvestre y Carmen muestran a Abel otro lado de la vida y la posibilidad de redimirse a través del amor. © LA GACETA

- ¡Hola, señorita Isaura! ¿Qué tal va el día hoy? Del segundo piso, atenuada por la distancia, llegó la respuesta: - No está mal, no. La niebla... No se llegó a saber si la niebla perjudicaba, o no, la belleza de la mañana. Isaura dejó morir el diálogo y cerró la ventana despacio. No le disgustaba el zapatero, su aire al mismo tiempo reflexivo y risueño, pero esa mañana no se sentía con ánimo para conversaciones. Tenía un montón de camisas para acabar antes del fin de semana. El sábado debería entregarlas, fuera como fuera. De buena gana acabaría de leer la novela. Sólo le faltaban unas cincuenta páginas y estaba en el capítulo más interesante. Esos amores clandestinos, sustentados a través de mil peripecias y contrariedades, la tenían prendida. Además, la novela estaba bien escrita. Isaura tenía experiencia suficiente de lectora para saber juzgar. Dudó. Demasiado bien sabía que ni siquiera tenía derecho a dudar. Las camisas la esperaban. Oía dentro un sonido de voces: la madre y la tía hablaban. Mucho hablaban aquellas mujeres. ¿Qué tenían que decirse todo el santo día, que no estuviera ya dicho mil veces?

Carmen Perilli – Doctora en Letras, profesora de Literatura Hispanoamericana de la UNT.

UN RETRATO APASIONADO un libro que exhibe las pasiones y los valores del autor de El evangelio según Jesucristo n prólogo y un epílogo de Pilar del Río (la mujer de Saramago), profundos y sin cortapisas, abren y cierran las puertas de José Saramago. Un retrato apasionado (Capital Intelectual). Este libro, recientemente publicado, es denso y abarcador. Siete capítulos lo integran: dos de Baptista-Bastos, que lo introducen y sostienen; una breve autobiografía de Saramago, una serie de testimonios sobre su obra total; cronología y bibliografía. El núcleo temático en torno al cual se organiza

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Por Alba Omil

PARA LA GACETA - TUCUMÁN es una conversación entre José Saramago y Armando Baptista-Bastos, en Lanzarote, hace algunos años. Encuentro material, espiritual y anímico entre dos amigos, dos escritores brillantes. Compartieron la nacionalidad y su manera de sentir el mundo: repudio al autoritarismo, a la concentración el poder, a la prevaricación de la democracia; también se ocupan de la reivindica-

ción de ciertos valores hoy subvertidos: la ética, la rectitud, la democracia, “que cada día necesita una palabra para consolidarse”. A la luz de estos conceptos, la imagen del mundo cambia: lo nutren las posibilidades y la esperanza. De eso hablan: su posición política, su creación literaria, la vida privada; la muerte, la trascendencia; literatura, sociología, filosofía. E iluminan el discurso con un

mágico, febril, manejo de la palabra. Hay que estar atento a todo lo que late a la sombra de esas palabras. Qué bueno leerlos en momentos en que el mundo tiembla y amenaza con caerse a pedazos. Qué bueno, también, para el escritor y para el que pretende serlo. © LA GACETA Alba Omil - Escritora, editora, profesora de Letras de la UNT.


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LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 15 DE ABRIL DE 2012

LANZAMIENTOS / LA GACETA LITERARIA / CRÍTICA DE LIBROS / LA GACETA LITERARIA / LOS MÁS LEÍDOS / LA GACETA LITERARIA

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EL IMITADOR

o v e d a d e s

DE DIOS

LA SOLEDAD DEL LECTOR David Markson

“El clima de Rulfo, el ritmo de Onetti y la pasión literaria de Cortázar”

LA CUESTIÓN MALVINAS Fernando A. Iglesias

$ 89

AGUILAR (240 PÁGINAS)

Según el autor, el nacionalismo es en el país el principal componente ideológico de las dos grandes corporaciones políticas que gobiernan, casi sin pausa, desde el 30: el Partido Nacionalista Militar y el Partido Nacionalista Populista. El núcleo ético de ambas: la causa Malvinas.

CARTAS 4 – 1969-1976 Julio Cortázar

$ 169

ALFAGUARA (632 PÁGINAS)

“Odio las cartas literarias, cuidadosamente preparadas, copiadas y vueltas a copiar; yo me siento a la máquina y dejo correr el vasto río de los pensamientos y los afectos”, escribió Julio Cortázar en 1942: una declaración de principios que mantuvo siempre.

CARTAS 5 – 1977-1984 Julio Cortázar

$ 169

ALFAGUARA (656 PAGINAS)

Cortázar da cuenta de toda su actividad como escritor, de sus desvelos políticos y sus vaivenes personales, hace el balance del día, opina sobre lo que lee, escucha y ve, relata sus andanzas como traductor, como militante revolucionario o defensor de los derechos humanos.

EL MONTE ERA UNA FIESTA Gustavo Roldán

$ 41

ALFAGUARA INFANTIL (64 PÁGINAS)

En el monte chaqueño las reuniones son concurridas: monos, coatíes, leones, palomas, vizcachas, lechuzas y sapos se juntan para charlar. Claro que siempre alguno trae una historia para sorprender al resto... Eso se nota en ocho cuentos de amor, lucha, resistencia y sabiduría.

EL ODIO A LA MÚSICA Pascal Quignard

$ 95

EL CUENCO DE PLATA (192 PÁGINAS)

Quignard afirma que la música es la única entre todas las artes que colaboró en el exterminio de los judíos organizado por los alemanes entre 1933 y 1945. “Es la única que pudo avenirse con la organización de los campos, del hambre, del dolor, de la muerte”.

POEMAS Y MUROS COMO PUENTES María Pilar Moreno

$ 40

LA AGUJA DE BUFFON EDICIONES (72 PÁGINAS)

Los poemas de la autora desentierran pensamientos cotidianos referidos a la infancia, el pueblo de origen, los recuerdos dolorosos y felices -y sus marcas-, el amor y las ausencias, la mujer, el tiempo, la fugacidad de la vida, la creación poética.

TATUAJES CIEGOS Fabiana Posse

$ 35

VINCIGUERRA (84 PÁGINAS)

Los poemas de Posse muestran esa avidez hacia adentro y hacia fuera: esa lucha interminable entre la necesidad de ampliar y la necesidad de ser ampliados. Y es en esa lucha donde vamos rearmándonos, donde tatuamos y somos tatuados, una y otra vez.

DÍA A DÍA Susana Racedo

$ 60

LA AGUJA DE BUFFON EDICIONES (396 PÁGINAS)

El ser que somos, dice la autora, nos hace referentes, vocablo utilizado en su significado latino: transportar o llevar. Según lo que seamos, llevamos o transportamos a otros hacia la banalidad y el temor, o, en la orientación de esta obra, a la luminosa y plena interioridad del Ser.

GANA LA POLITICA Sergio Fernández Novoa

$ 60

COLIHUE (192 PÁGINAS)

El libro incluye reflexiones de los editoriales del autor en el programa de radio La Nube (AM 750) y en los diarios La Mañana (Neuquén) y El Argentino. Refieren al derecho del acceso a la comunicación, que según él, avala la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

SIN DATOS

POEMAS DE SAN TELMO ERRADO Y DE LA PENSIÓN ANDANTE Celedonio Torres CHILAVERT ARTES GRAFICAS (96 PÁGINAS)

Salvo el primer poema, de matiz mítico, la obra carece de más lectura que la realidad cotidiana: la soledad de la ciudad, la desesperación por salvarse ganando la lotería, el poder que aplasta, el fracaso o el oasis del amor, y la pensión que guarda toda esas significaciones.

ARTIGAS: LA VERSIÓN POPULAR DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO Pacho O’Donnell

$ 89

AGUILAR (256 PÁGINAS)

Según el autor, la historia denomina “revolución” a las jornadas de mayo de 1810, aunque no fueron tales porque les faltó el protagonismo del pueblo. Este, según O’Donnell irrumpe en 1811, conmovido, turbulento, junto a Artigas, “el primer revolucionario del Plata”.

CLARIN.COM

NOVELA EL IMITADOR DE DIOS LUIS LOZANO (Clarín / Alfaguara Buenos Aires) El imitador de Dios, ganadora del Premio Clarín 2011, es una novela muy bien escrita. Que se entienda: no se alude a un tecnicismo obvio (se descuenta que por el solo hecho de serlo, un escritor debe de escribir de forma correcta), ni a la mera exaltación de ocurrencias plasmadas en piruetas gramaticales. Más bien se alude, para ir llevando, a una cuidadosa y sutil elección de sustantivos, adjetivos, tonos, crescendos, ciframientos, sobreentendidos, etcétera. Vale decir, a todo eso que si lograra llegar a buen puerto podría consumar, o perfilar, eso que a grandes trazos damos en llamar “estilo”. Que ahí mismo ya tenemos otro dato relevante: Luis Lozano (Bolívar, 1960) es un escritor con estilo. Según Juan Cruz Ruiz, El imitador de Dios “tiene el clima de Rulfo, el ritmo de Onetti y la pasión literaria de Cortázar”. También se coligen emanaciones borgeanas y, si se tratara de buscar otras huellas, acaso se encontrarían otras influencias, guiños, impregnaciones, pero esa eventual lupa podría redundar en la antipática paradoja: en la extenuación del elogio quedaría enhiesta la omisión a la genuina impronta de los modos de Lozano. El imitador de Dios se funda en el reencuentro de Vieytes y Gauna, viejos amigos de la secundaria, allá lejos y hace tiempo, en un pequeño pueblo bonaerense. Vieytes pone al tanto a Gauna de la idea de una obra de teatro en la que participe la totalidad de los habitantes del pueblo. La extensión del pueblo mismo hará las veces de tablas. El argumento es difuso, o peor,

UNA FELIZ COMUNIÓN. Premio y calidad de escritor y de escritura no necesariamente van de la mano, pero en la galardonada obra de Lozano, por fortuna, son sinónimos. desconocido, o sólo conocido por Vieytes, que dueño de singular capacidad de persuasión, logra que Gauna acepte el rol de cronista, o amanuense. En la preparación de eso que Vieytes denomina como La Obra advienen las investigaciones de Gauna y más de cuatro hipotéticas puntas de la madeja en la que se cifran amores, desamores, traiciones, lealtades y, desde luego, las sombras de la tragedia, pero siempre en un contexto donde nada

parece ser lo que es y al tiempo todo lo sugerido se insinúa más real que la propia realidad. Así se llega a un desenlace, el de La Obra puesta en acto, donde lejos de evaporarse las brumas del enigma cobran todavía más vigor. Y he allí el resonante valor de la novela de Lozano: consumar hasta las últimas consecuencias el suspenso prometido, y eso con un ajustado perfil de los personajes y consabido buen gusto.

Premio y calidad de escritor y de escritura no necesariamente van de la mano pero en El Imitador de Dios resultan sinónimos. Ésta, por cierto, no es su primera novela (en 1995 publicó El legado; y en 2005, Una mujer sucede), pero sí la que invita a deducir que Lozano es una luminosa revelación en las arenas literarias de este confín. © LA GACETA

WALTER VARGAS ◆

Un mandato constitucional que sigue incumplido DERECHO EL JUICIO POR JURADO ARTURO PONSATI (H) (Unsta - Tucumán) Recibimos con entusiasmo este trabajo de Arturo Ponsati (h) que, elaborado bajo la guía de Oscar Emilio Sarrulle, fue presentado en la Maestría en Magistratura y Gestión judicial dirigida por Juan Carlos Veiga. Resulta bienvenido porque en nuestro país son escasos los libros sobre este tema y porque, frente a una creciente cantidad de artículos parciales, esta obra logra, en 210 páginas, un tratamiento completo y actualizado. También es remarcable la prolija edición de la

Unsta impresa en Tucumán. El libro aborda todos los tópicos: un rico análisis histórico de sus fuentes primigenias y nacionales; una exposición de los modelos de jurados; un panorama actualizado de los jurados en EEUU, Reino Unido, España y Venezuela, acompañado por elocuentes estadísticas sobre su costo y escasa aplicación; y un análisis de las iniciativas parlamentarias en materia penal. No elude temas atinentes al ethos del jurado como mecanismo de participación en una democracia, y como garantía constitucional del debido proceso y del juez natural. El juicio por jurado es un mandato constitucional (artículos 24, 75 -inciso 12- y 118 de la Carta Magna nacional) incumplido durante siglo y medio, pues en materia constitucional no hay desuetu-

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a n k i n g TUCUMAN

FICCION

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CABALLO DE FUEGO - GAZA Florencia Bonelli CARTAS MARCADAS Alejandro Dolina LOS JUEGOS DEL HAMBRE Suzanne Collins EN LLAMAS Suzanne Collins LA CONFESIÓN John Grisham

NO FICCION

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LA CÁMPORA Laura Di Marco LOS HIJOS DE LOS DÍAS Eduardo Galeano BIEVENIDO DOLOR Pilar Sordo LAS MUJERES MÁS SOLAS DEL MUNDO Jorge Fernández Díaz ENCUENTROS Gabriel Rolón

do. Algunas constituciones provinciales lo mencionan, aunque sólo Córdoba lo ha establecido para ciertos delitos, adoptando un modelo mixto de tribunales de escabinos, que aquí es examinado con pericia. El formato de tesis de maestría tiene la ventaja que no busca convencer al lector sino exponer las diversas posturas, que el autor desmenuza con acertados juicios críticos. Los jurados tuvieron origen allí donde el Derecho tiene su fuente directa de la Comunidad (Nomos das Erde; Law of the Land) por tanto resulta natural que algunos miembros juzguen a sus pares (judge-made-Law) y digan el derecho aplicable (common Law). Esta matriz anglosajona cruje cuando se intenta injertar sobre un siste-

ma judicial como el nuestro, basado en la superioridad de la Ley positiva -supuestamente recta y sabia por ser producto racional de legislador-, que los jueces deben limitarse a aplicar mecánicamente. Este positivismo racionalista, alentado por el optimismo codificador, llegó a confundir Ley con Derecho. Con auténtica maestría, Ponsati señala críticamente esta contraposición irreductible y las dificultades de armonización en nuestro país. En suma, un valioso libro sobre una institución de actualidad e interés y que revela notable aptitud de análisis y exposición de su joven autor que esperamos y alentamos se plasme en nuevos trabajos. © LA GACETA

SERGIO DÍAZ RICCI ◆

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a n k i n g ARGENTINA

FICCION

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CARTAS MARCADAS Alejandro Dolina LA CONFESIÓN John Grisham CHOQUE DE REYES George R. R. Martin JUEGO DE TRONOS George R. R. Martin EN LLAMAS Suzanne Collins

FUENTE: REVISTA ADN

Para habituarse al espacio que habita, un hombre lee, acumula citas y toma apuntes. Crea una especie de teatro de cámara con dos personajes, el Protagonista y el Lector, y una playa o un cementerio como escenarios posibles. Esa es la superficie engañosa de esta novela.

LIBRERIAS EL ATENEO, EL GRIEGO Y LA FERIA DEL LIBRO

$ 83

LA BESTIA EQUILATERA (256 PÁGINAS)

NO FICCION

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LA CÁMPORA Laura Di Marco BIEVENIDO DOLOR Pilar Sordo MUJERES TENÍAN QUE SER Felipe Pigna STEVE JOBS Walter Isaacson ¡VIVA LA DIFERENCIA! Pilar Sordo


LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 15 DE ABRIL DE 2012

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CRITICAS DE LIBROS / LA GACETA LITERARIA / CRITICAS DE LIBROS / LA GACETA LITERARIA / CRITICAS DE LIBROS /

LA CÁMPORA

HISTORIA Y PROTAGONISTAS el libro de no ficción más vendido del momento

INVESTIGACIÓN LA CÁMPORA LAURA DI MARCO (Sudamericana - Buenos Aires) La periodista Laura Di Marco cubrió un vacío que existía en la frondosa bibliografía dedicada al período iniciado el 25 de mayo de 2003, con su obra La Cámpora. Abundan, en efecto, las biografías sobre Néstor Kirchner y Cristina Fernández y los textos que tratan distintos aspectos de sus gobiernos. Con La Cámpora, se abre una línea de investigación centrada en un factor de poder. La autora explica que recurrió a más de 60 entrevistas para construir la trama íntima de la organización, a la que califica de “aparato blindado e influyente” liderado por Máximo Kirchner. Cada personaje protagónico es diseccionado minuciosamente en distintos capítulos. Admite, sin embargo, que esa exploración dentro de una corriente que practica el hermetismo no cayó bien: Máximo desató una cacería de hipotéticos delatores. Para ellos, el periodismo es un obstáculo, infiere Di Marco. En ese contexto, rastreó la emergencia de La Cámpora. Máximo se identificó tempranamente con Héctor Cámpora, a partir de los elogios que el periodista Miguel Bonasso derramó sobre el ex presidente en 1998, cuando se constituyó el Grupo Calafate. Este era una usina ideológica del matrimonio K, que nació para enfrentar al menemismo. La llegada de Néstor a la Casa Rosada en 2003 abonó el terreno para una formación que fusionó distintos actores sociales y políticos. Entre 2004 y 2006 empezaron a echarse los cimientos de La Cámpora, que ganó en solidez al

luchar contra el campo en 2008, y en favor de la Ley de Medios. Muchos de sus miembros eran hijos de militantes montoneros y dirigentes estudiantiles desencantados con la política de los 90. Para ellos, Néstor era su padre simbólico. “Con Cristina tenemos que hacer un puente generacional. Tenemos que formarnos para tomar el poder”, arengó Néstor al auditorio juvenil, en octubre de 2008. Los enemigos internos de los K: Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey y Daniel Scioli. Con Cristina reelecta en 2011, La Cámpora -conducida por Máximo- comienza a cristalizar el vaticinio de Néstor. Di Marco enriquece el texto con las miradas de expertos. “Perón es el inspirador, pero no el revolucionario. Revolucionarios son los Montoneros y, en alguna medida, El Tío (Cámpora). Hay una línea de continuidad entre Evita, Montoneros, La Cámpora y Cristina”, plantea el sociólogo Eduardo Fidanza. Marcos Novaro -también sociólogo- expone: “Lo más fuerte que hay de tradición de los 70 en la Cámpora es esta autoidentificación con los sujetos del cambio, que autoriza ciertas cuotas de violencia y de violación de las reglas de juego”. La politóloga Liliana de Riz se explaya acerca de la relación entre el populismo -al que adhiere La Cámpora- y el uso del Estado como botín del poder. “Y como el gobierno se identifica con el Estado, aparece la paradoja que aparecía con Evita: que la donante era Evita. O ahora, Cristina. La donante es Cristina ¿con qué plata?: se la damos nosotros. El populismo es la identificación del que da con el recurso como si fuera propiedad privada”. Y en esa línea, la captura del Estado por la militancia camporista se erigió en un objetivo irrenunciable, con la anuencia presidencial. © LA GACETA

CARLOS ABREHU ◆

GÉNESIS. Máximo Kirchner se identificó tempranamente con Héctor Cámpora a partir de los elogios de un periodista.

FRAGMENTO DE LA CÁMPORA

El padre político ◆

Por Laura Di Marco

Quinta de Olivos, octubre de 2008. - Muchachos, hay algo que tienen que entender. En política, hay dos clases de tipos: los que trabajan para un proyecto colectivo y los cogedores sueltos. A los de la segunda categoría hay que saber detectarlos a tiempo porque, tarde o temprano, te terminan cagando -enseña Néstor Kirchner, en la sobremesa del quincho de la quinta de Olivos, después del asado y el picadito futbolero de los viernes por la noche. Son las 2 de la mañana, pero sus discípulos, los jóvenes kirchneristas amigos de su hijo Máximo, lo escuchan con devoción. Kirchner está tomando un whisky. A su hijo Máximo, en cambio, le gusta más el fernet. De una estatura imponente, igual que el padre, pero con muchos kilos más, el hijo presidencial y jefe de La Cámpora es capaz de tomar medio vaso largo de fernet de un tirón, y seguir hablando, como si nada hubiera sucedido. En su rol de anfitrión y de primer caballero, ahora que está fuera de las formalidades del poder, el pater familias controla todos los detalles de esos encuentros a los que con-

voca casi todas las semanas, y a los que asisten funcionarios del gobierno de su esposa y jóvenes amigos de su hijo. Él está pendiente de todo: desde la duración de los partidos de fútbol -si su equipo va ganando, los acorta, y en cambio los alarga cuando van perdiendo- hasta los tópicos que se abordan durante la sobremesa, que siempre dependen de la coyuntura. Disfruta de esas clases de setentismo cultural que transmite periódicamente a sus herederos. Son encuentros que lo conectan con su propia juventud, cuando estudiaba abogacía en la Universidad de La Plata y militaba muy livianamente en la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN). En la sobremesa de Olivos está sentada la conducción de La Cámpora. Al lado de Máximo, el jefe, se ubica Juan Cabandié, a quien Kirchner le tomó un cariño muy especial, y de algún modo adoptó, después de aquel memorable discurso en la ESMA, el 24 de marzo de 2004, cuando el joven contó su historia como hijo de desaparecidos, nacido en aquel centro clandestino donde había estado detenida su madre, que permanece desaparecida.

Cabandié es el único de los jóvenes que toma whisky, mano a mano, con el padre político. En la sobremesa también está Andrés “El Cuervo” Larroque, referente juvenil de un movimiento social, nacido junto con el estallido de 2001, que luego terminaría sumándose al oficialismo; Eduardo de Pe-

sintonía con los muchachos kirchneristas, con quienes armará un vínculo que, tras la muerte del jefe, se irá intensificando. Como custodio de la biografía y los secretos de periodistas profesionales, empresarios y opositores, Icazuriaga se convertirá, con el correr del tiempo, en un funcio-

Di Marco recurrió a más de 60 entrevistas para construir la trama íntima de la organización, a la que califica de “aparato blindado e influyente”. dro, de la agrupación H.I.J.O.S., a quien llaman Wado, y Mariano Recalde, al que la Presidenta bautizó Marianito. A la charla de madrugada se van incorporando otros funcionarios patagónicos como Héctor “El Chango” Icazuriaga, el jefe de la inteligencia K, y su segundo, Francisco Paco Larcher. Ambos acompañan a Kirchner desde que era intendente en Río Gallegos y son infaltables en Olivos. El Chango empieza a tener buena

nario útil en la estrategia de poder del neocamporismo, uno de cuyos ejes es el control de la información. La inteligencia sobre los que perciben como “enemigos” del modelo será un componente que los sub 35 usarán. Pero aquella noche calurosa de octubre, con Kirchner de anfitrión en Olivos, pensar en el final de ese hombre todopoderoso parece una postal imposible. O un deseo cruel del antikirchnerismo. Entre los comensales, hay otro

incondicional: el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini. Los tres guerreros patagónicos se mezclan en la mesa con la nueva generación. A pesar de la diferencia generacional, tienen una característica en común a los ojos de Néstor: son incondicionales. - La política que viene tiene que ser de ustedes, muchachos. Yo ya fui intendente, gobernador, diputado, presidente. Tienen que formarse para tomar el poder. Con Cristina, tenemos que hacer un puente generacional. Esta es la única manera de garantizar una continuidad ideológica porque los otros, aunque tengan cuarenta años, ya están contaminados con los vicios de la corporación política. Miren a (Sergio) Massa o a (Martín) Lousteau. Son jóvenes, pero son conservadores. - Es un pendejo liberal y ambicioso -sentencia Kirchner, con desprecio, cuando uno de los jóvenes hace referencia a Massa, que asumió tras la renuncia de otro expulsado del paraíso, Alberto Fernández. Entre los “empleados” de los poderosos se inscriben los medios no oficialistas, y sobre todo el Grupo Clarín. En la conversación también sur-

PERFIL Laura Di Marco es periodista y escritora. Estudió sociología en la Universidad de Buenos Aires. Trabajó en Télam, Somos, Tres Puntos, Radio Continental y Radio Nacional. Actualmente escribe en La Nación. En 2009 publicó el libro Las jefas (Sudamericana). gen los nombres de aquellos que respaldan al Gobierno con fuerza, en contraposición a quienes lo hacen sin mucho entusiasmo, en una batalla donde los tibios no tienen lugar. - Otro con el que hay que tener cuidado es (Juan Manuel) Urtubey. Es la cuña liberal dentro del peronismo. Los herederos toman nota. Recordarán esas palabras años después, en 2011, cuando el gobernador salteño resulte reelecto. Desde entonces, Juan Manuel Urtubey, presidenciable para 2015, se transformará en una amenaza interna. Amenaza doble, además, porque es uno de los pocos gobernadores jóvenes del peronismo que no pertenecen al universo kirchnerista, ni al semillero de Máximo.

LA DESCENDENCIA DE LOS PODEROSOS

Los herederos de la política el poder y la fama; los padres y los hijos

PERFILES HIJOS DEL PODER ADRIANA BALAGUER (Aguilar - Buenos Aires) Los hijos de padres famosos tienen su propia historia, como todo ser humano, pero con una notable diferencia: acarrean el drama de vivir a la sombra de sus progenitores, casi en un segundo plano, inevitable e insuperable en la mayoría de los casos. Y si los padres acumulan poder político, o son empresarios y deportistas que sobresalen, las historias atrapan a los que indagan sobre los individuos que se desarrollan al amparo familiar y que, a veces, tratan de liberarse de la influencia social de sus apellidos

y abrirse camino por su propio esfuerzo. La escritora y periodista Adriana Balaguer (autora de Hijos de puta, historias reales de hijos de prostitutas) se concentró en diez familias argentinas en su texto Los hijos del poder. Los ingeniosos títulos de cada capítulo invitan a leerlos; allí se redescubren sucesos conocidos y anécdotas coloridas. En algunos casos, la autora habló con los protagonistas. En otros, se limitó a los testimonios de testigos, en su intento de trazar perfiles, y como suele suceder- la riqueza de la historia de los mayores se impone por sobre la de los chicos, que terminan siendo portadores de apellidos que abren puertas. En ese sentido, Balaguer le dedicó más espacio a Máximo y Florencia Kirchner, a Antonio y “Aíto” de

la Rúa, a Ricardo Alfonsín y a Carlos Nair Menem. Y más aún a los padres, con sus historias de vida.

Comparaciones incómodas De Máximo llega a deslizar que no estuvo en la génesis de La Cámpora y que está lejos de ser un estratega político. Sobre los De la Rúa, apunta a la forma en que llegaron a influir sobre un padre que no podía gestionar un país en crisis (recuerda, también, la forma en que, apoyándose en el apellido consiguieron favores en la universidad para aprobar materias de abogacía). Y en el caso del hijo del presidente de 1983, rescata una frase muy a la defensiva del ex candidato radical de 2011, cuando le apuntan que no está a la altura política de Raúl Alfonsín. “No sólo yo”, señala, para que esa acusación sea

REVELADORA. Según Balaguer, Máximo Kirchner dista de ser un estadista. más abarcativa en el ámbito político nacional. Respecto del hijo que Menem reconoció hace pocos años, y que se hizo popular y mediático por su pa-

so por Gran Hermano y por sus accidentes automovilísticos, es impactante la historia de la madre, su suicidio y las cartas que escribió revelando la relación que mantenía

con el riojano y su desgastante pelea por el reconocimiento sobre la paternidad de Nair. En este aspecto, el último capítulo es el más dramático por la historia de todos sus protagonistas. El libro se completa con trabajos referidos a Matías Garfunkel, Claudia Rucci, Pablo Moyano, Tomás Costantini, las hijas de Duhalde -a las que destinó la menor cantidad de páginas-, y Dalma Maradona. Es un texto para recordar hechos que fueron públicos, pero que el dinamismo del tiempo puso en el arcón del olvido; y para descubrir las vivencias de los herederos, todos ellos orgullosos de sus mayores; como Pablo Moyano, que se tatuó la imagen de su padre en el cuerpo. © LA GACETA

JUAN MANUEL ASÍS ◆


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LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 15 DE ABRIL DE 2012

ENTREVISTA A LUIS CHITARRONI

“Hacer coincidir el gusto con la moda es uno de los propósitos inconfesos de la literatura” El editor de La Bestia Equilátera -uno de los más destacados de la Argentina- habla aquí sobre su obra y su oficio. “Los empleados de las grandes editoriales eligen con pereza lo que los agentes y las colecciones extranjeras les ofrecen”, afirma. ◆

Por Fabián Soberón

PARA LA GACETA - TUCUMÁN

- Siluetas es un conjunto heteróclito de biografías narrativas. Usted dice, en la inscripción inicial de Siluetas, que es “un libro de cuentos tímido”. ¿Podría ampliar esta idea? - Los relatos de Siluetas estrechaban la relación que tiene el que escribe con una cartografía conocida. De alguna manera, los topónimos ayudan a trazar el croquis, las referencias, citas y alusiones a manchar la tela. En cuanto a la timidez, me doy cuenta que es un pretexto: la invoco para atreverme a más, para disimular cualquier invención demasiado evidente en ese retrato de un desconocido. Uno fue acumulando juicios e impresiones y es menos sentencioso y dictatorial ir incorporándolas a un texto narrativo que tratar de imponerlas en un simulacro de ensayo, de tractatus, de delirio metódico. Cut and Paste con sevillana y engrudo. El escritor y el crítico se las arreglan para pergeñar un género en apariencia menos tieso y antipático, más amistoso y nocturno. - Es indudable que estos “ejercicios narrativos” (así los llama en la inscripción inicial) conjugan, de manera lograda, las invenciones narrativas con originales apreciaciones críticas. ¿Qué es la crítica para Luis Chitarroni? - Bien, la crítica es esencial, y a menudo tengo que interrumpir una pesquisa para atenuar la operación con la amenidad del relato (aunque éste a menudo no lo sea). Creo que todo está cifrado en uno de los cuentos ocultos, insospechados de la literatura argentina: Los traductores de las mil y una noches, en Historia de la eternidad, de Borges. Ahora, mientras trabajo en mis consideraciones sobre el siglo XIX, des-

pués de haber encontrado el crítico que más me importa, William Empson (que ojalá me haya influido), salgo en busca de esos grandes escritores que fueron despreciados por la arrogancia, sin temeridad del llamado estructuralismo (con sus burlas a la buena memoria y el “enciclopedismo”): Saintsbury, SainteBeuve, Menéndez y Pelayo. Grandes narradores también. - En su libro Mil tazas de té hay ensayos sobre Don Quijote, Cuba, una novela de María Martoccia y César Aira. Usted ha escrito innumerables prólogos sobre los más diversos asuntos y ha hecho, como Borges, del prólogo un género. ¿Podría comentar su idea del ensayo y del prólogo? - El prólogo es una práctica crítica, ni más ni menos. Decir que trato de comportarme generosamente con las cosas que leo es menospreciarlas: actúo y escribo de acuerdo con la pasión o (para ser menos tremendista) el entusiasmo que despiertan en mí lo que leo. Tomo como lema la declaración de Cabrera Infante: “literatura es todo lo que se lea como tal”. De modo que sospecho una continuidad entre los temas que acaso no exista, pero que me ayuda a tender puentes. (“A un puente, a un gran puente no se lo ve”, decía otro gran cubano: Lezama). En algunos aspectos, los años nos recompensan. Por fin se hace claro que la gran novela latinoamericana, la que narra -a veces por omisión- la revolución cubana es Tres tristes tigres, aunque los programas “progres” del momento prefirieran, para trazar el mapa de la literatura latinoamericana de acuerdo con alguna sentencia editorial bávara o yanqui, Pedro Páramo y Cien años de Soledad. Claro que esta

mita seguir haciendo las cosas que nos gustan más.

PERFIL Luis Chitarroni es escritor, crítico literario y editor. En 1992 publicó Siluetas, libro que compila una serie de perfiles de escritores y que fue reeditado recientemente. Es autor de El carapálida, Peripecias del no: Diario de una novela inconclusa (2007) y Mil tazas de té (2008), además de distintas antologías de cuentos breves. Desde 1986 trabajó en Sudamericana como editor. Actualmente es editor de La Bestia Equilátera. visión simplista es siempre tranquilizadora, si uno quiere visitar la literatura como turista. Se puede hacer un buen rap o una cumbia con mis rimas. - Usted fue editor de Sudamericana y actualmente trabaja como editor en La bestia equilátera. Ha armado el catálogo exquisito de una editorial “independiente” con traducciones argentinas de autores europeos semisecretos o no reeditados ¿De qué manera seleccionó a los autores publicados? - El halago adjetival -“exquisito”- excede mis dotes de lector y buscador compulsivo de libros que pueda compartir y comentar con los lectores, que son personas a las que quiero de acuerdo con mi evangelio de “amarás al otro lector como a ti mismo”. El ritmo y el régimen de La bestia..., que Natalia Meta, Diego D’Onofrio -y Virginia, Mercedes, Max, Matías y yo- tratamos de convertir en nuestro aliento, aspira a convertirse en un negocio que nos per-

- ¿Qué tipo de lector es un editor? ¿Podría caracterizarlo? - Un editor es un lector especializado. Su lectura debe prever una cantidad de obstáculos y objeciones. Sobre todo, un editor tiene que advertir las debilidades del libro que quiere hacer (ninguno está exento). Un editor tiene que advertir o sospechar las tendencias. Ahora eso se omite, porque los empleados de las grandes editoriales eligen con pereza lo que los agentes y las colecciones extranjeras les ofrecen, casi sin leerlo, o asomándose apenas a los elogios de las contratapas. Uno es siempre víctima de la moda, y hasta víctima de las modas que vendrán. Con un poco de suerte. Tratar de hacer coincidir el gusto con la moda (quienes la desprecian no saben lo que se pierden) es uno de los propósitos inconfesos que la literatura comparte con muchas otras artes y oficios. - En uno de sus relatos autobiográficos, Julian Maclaren Ross dibuja el perfil de un editor y su relación con los autores que edita. Maclaren-Ross traza, a su modo, el mapa de las tensiones entre un editor y los autores. ¿Cómo vivió esa tensión en su trabajo? - La tensión inevitable es un aliciente. Tal vez parezca una pedantería referirme a una nota que se publicó en el número uno de la revista La balandra, pero ahí lo encontrarán (el señalamiento y la curiosidad son imprescindibles en la literatura). El editor es un manojo de prejuicios, como cualquiera. Contaba uno muy apreciable, que cuando empezó a trabajar en una editorial se le inculcó que los escritores de esa edito-

rial se habían ganado ese privilegio porque no necesitaban editing, y le asignaron una novela de Iris Murdoch, quien en sus últimos empeños profusos se hubiera beneficiado mucho con la intervención de un editor cuidadoso. Hasta hace unos días, por esas taradeces que nos gobiernan, yo tenía recelos y prejuicios en relación con Lorrie Moore, la escritora norteamericana. Personas que conozco la habían elogiado, y en los editores viejos como yo prevalece tal vez el viejo escrúpulo del “descubrimiento”. Puede asimilarse como el veneno que le suministraban a Napoleón en Santa Elena. Estoy leyendo encantado ahora a Lorrie Moore sin compromisos profesionales. - ¿Cuáles han sido los precursores en su tarea como editor y como escritor? - Como escritor son tantas y tan diversas que es mejor que los lectores saquen sus conclusiones sin consultarme (porque yo podría ofrecerle, por vanidad, pistas equivocadas). Como editor, tengo modelos altísimos. Borges y Bioy en Emecé, en los 40 y 50. Algunos han sido editores de revistas, sobre todo (Bianco, Connolly, Ackerley). Roberto Calasso en Italia (cuyas contratapas son un género de despedida que siempre practiqué con los lectores). Y otro Roberto, “Bobi” Bazlen, especie de lector absoluto -lector de editoriales, como Gabriel Ferrater, no asesor ni editor-, cuyos escritos va a publicar La bestia... muy pronto. Y, en castellano, Francisco “Paco” Porrúa, el hombre que hizo Minotauro, una de las colecciones más admirables y, para robarte un adjetivo, “heteróclitas” que pudieron pensarse. © LA GACETA

MATAR A UN HIJO El crimen de Martín Vázquez, el niño de seis años que fue ahogado por su madre en un jacuzzi de un country porteño, nos lleva a la tragedia griega de Medea. Eurípides nos muestra cómo una mujer puede sacrificar su instinto maternal en el altar de la venganza emos sido conmovidos hace algunos días por la noticia del cruel asesinato de un niño de seis años ahogado en una bañera por su madre, quien ante los medios de comunicación declaró que lo hizo como venganza contra su marido. Otra de sus hijas relató que los hechos se desencadenaron a partir de la las fotografías en las que su madre ve a su ex marido con su nueva mujer. Los rastros del acto asesino quedaron inscriptos en mensajes que la mujer dejó en paredes, espejos, y hasta en la ropa del destinatario, en un cruel mensaje de venganza. La conmoción que este acto asesino “desnaturalizado” provocó en el tejido social nos inducen a plantearnos algunos interrogantes: ¿Qué provoca que una mujer, contrariando lo que la sociedad sacraliza como “natural instinto maternal”, asesine a su hijo haciendo de este el objeto de su venganza? ¿Por qué estos asesinatos nos causan horror conmoviendo hasta lo más profundo de nuestro ser? En tanto estos actos asesi-

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nos de hijos en manos de sus madres se producen con cierta regularidad en la historia de la humanidad ¿Podemos pensar que más allá de las determinaciones patológicas individuales y de las historias singulares y familiares, revelan algo de la estructura subjetiva de la mujer? Es en Medea, la tragedia griega de Eurípides, donde está representado este drama humano en tanto su relato viene a presentarnos el conflicto que desencadena la horrible tragedia de una madre que asesina a sus hijos como venganza contra su marido. ¿Qué nos cuenta el drama? Medea vive en Corinto con Jasón, uno de los Argonautas, y los dos hijos de ambos. Ha entregado todo por ayudar a su amado a alcanzar el famoso vellocino de oro: ha traicionado a su padre y a su patria, ha asesinado a su hermano. Pero Jasón un día le anuncia que la deja para casarse con la hija de Creonte, el rey de esa tierra. Medea queda devastada. Herida en lo más profundo del ser, sufre, llora, clama. Dice: …Todo ha aca-

bado para mí, y habiendo perdido la alegría de vivir, deseo la muerte, amigas, pues el que lo era todo para mí, lo sabéis bien, mi esposo, ha resultado ser el más malvado de los hombres. De todas las criaturas que sentimos y pensamos, nosotras, las mujeres, somos la especie más infeliz. Es el dolor infinito lo que se apodera de Medea. Se sabe infeliz ante la supuesta maldad y el abandono del hombre al que ama. Jasón apela a la razón de Medea, pero ella rechaza toda palabra y se rinde a la pasión de la venganza. Elige matar no a Jasón sino a lo que él eligió, a los hijos que ama y a su nueva esposa. Medea se desgarra y finalmente sucumbe a la pasión retaliativa: Una mujer… cuando ve lesionados los derechos de su lecho, no hay otra mente más asesina. Es de todo punto necesario que mueran, y puesto que lo es, los mataré yo que les he dado el ser. Medea prepara una pócima mortal con la que impregna un vestido como regalo que le envía con sus propios hijos a la princesa. Cuando

esta se pone el vestido el veneno le quema la carne como un ácido, muriendo la joven entre terribles dolores. Al ver a su hija agonizando su padre la abraza y el vestido se pega también a su cuerpo ocasionándole la muerte. Es un padre el que muere ante la muerte de un hijo. Medea, entonces, asesina con un cuchillo a sus hijos, huyendo de Corinto.

La división La obra Medea nos plantea el horror de una madre filicida que es contrario al enaltecimiento que la cultura hace del amor materno. La madre soporta cualquier cosa por quienes surgen de sus entrañas y al destruirlos reniega de su propia naturaleza. La tragedia de Medea viene a mostrar en su extremo dramático la división que existe en las mujeres entre su lugar madre y su lugar mujer. Medea, dividida, elige a la mujer en desprecio de la madre que privilegiaría a sus hijos como su mayor bien. Su relación a la mujer arrasa con su posición de madre. Con esta acción en sale de

su dolor y entra a un mundo sin palabras que hagan límite al desenfreno pulsional. El acto de venganza asestado al hombre viene a mostrar ese lado de odio por la afrenta amorosa que a veces una mujer no puede hacer cesar. Con ese gesto ella sacrifica lo que le es más valioso para abrir en el hombre un agujero que permanecerá para siempre sin cerrar, una hendidura por donde infligirle esa herida imposible de suturar. Lo que la tragedia de Eurípides viene a representar es la profunda división en las mujeres entre madre y mujer. División que puede hacerse inconciliable allí donde una mujer vive un arrasamiento de su ser. El desencadenamiento, el desbarranque, se produce en tanto la elección de otra mujer por parte del hombre es ubicado como una afrenta a su ser. Si asesina a sus hijos es en tanto en ese momento no es madre, y estos se constituyen en sólo objetos que testimonian que el amor de su amado está en otro lado. El horror que provoca en lo so-

Por Alfredo Ygel

PARA LA GACETA - TUCUMÁN cial es en tanto se produce una identificación con la desprotección y carencia de un niño frente a una madre toda, absoluta, sin límites, ante la cual el hijo se revela en su condición de puro objeto. La paradoja es que en el asesinato los hijos son desconocidos por la madre en tanto tales, actuando esta en el acto asesino como sólo mujer. Una mujer que se presenta sin límites frente a lo pasional. © LA GACETA Alfredo Ygel – Psicoanalista, profesor de la Facultad de Psicología de la UNT. Miembro del Grupo de Psicoanálisis de Tucumán Bibliografía: Eurípides: Medea. Editorial Biblos, Argentina, 2007. Bentolila, Donna: La mujer como Otra. Jornadas de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. 2004 Lacan, J: La Significación del Falo, en Lectura Estructuralista de Freud, Siglo Veintiuno editores,1971


15-04-2012 LITERARIA  

Domingo 15 de abril de 2012 Literaria LA GACETA

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