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SAN MIGUEL DE TUCUMAN, DOMINGO 11 DE NOVIEMBRE DE 2012

2 Horacio González enfoca textos esenciales de la cultura argentina desde la óptica del honor, la injuria, la venganza y el ultraje.

3 En Cámara Gesell, Guillermo Saccomanno usa el “pueblo chico” como primer plano del “mundo grande” que no sale en los medios.

5 a SECCION

LEONARDO FAVIO Un poeta visual ◆

Por Fabián Soberón

PARA LA GACETA - TUCUMÁN

E

l hombre, Fernández, es empleado de una ferretería ruin. Camina solo por la noche silenciosa y negra. Unos pocos focos cuelgan de los postes curvos y solitarios. La noche es enorme y el rayo fugaz del amor late en su corazón. Ella, la señorita Plasini, es una mujer blanca y extraña. Y está parada, sola, en la vereda quieta. Tiene la mirada lenta, los ojos grandes y negros, y vive con su madre al lado de la casa espiritista. El hombre, Fernández, llega a la vereda de tierra, frente a las chapas grises que enmarcan la casa solariega. La mujer está callada. Él sabe que la quiere pero no sabe cómo decírselo. De espaldas, suelta la lengua y habla de asuntos triviales, ridículos. La mujer, rara, con una voz grave, inolvidable, le contesta. Luego, lo invita a pasar. La película recién empieza y el clima absurdo late en cada de uno de los planos desde los primeros instantes. Esta escena pertenece a El dependiente (1968) y marca el primer encuentro entre Fernández y la señorita Plasini. Con el paso de los calculados planos, el amor crece, lo siniestro crece, lo grotesco crece. El curso minucioso e inmóvil de los hechos contiene a cada paso una tensión hipnótica, inusual. Esta mínima escena anticipa la locura y una de las formas del crimen. El dependiente es la segunda película de Leonardo Favio. Es un caso único en la historia del cine argentino. Se podría decir que es la versión kafkiana de un romance imposible en un pueblo desvencijado. Es la versión kafkiana de un odio utópico, de un frenesí solapado y cruel. Con un decoro exótico, con una cámara devota que retrata el amor extraño, con la parsimonia elegíaca de los ángulos de toma, Favio ha construido un film inolvidable, provinciano, universal. Con esta película, Leonardo Favio merece un lugar en el panteón reducido de los directores únicos. Pero Favio filmó nueve largometrajes. Todos o casi todos son clásicos. Su cine refleja la vida despojada de los marginales, de los olvidados de la historia. Desde Crónica de un niño solo hasta la segunda versión de Aniceto, Favio es un artista de la mirada. Esa mirada es una lupa lírica que agranda los sentimientos, que penetra la memoria de los ojos, que elude los tramos insípidos y rutinarios de las vidas incómodas. Con esas historias de personajes populares, Favio elabora un cine poético, geométrico, nostálgico. Crónica de un niño solo (1965) narra la vida de un pequeño recluso que busca, afanosamente, la libertad. Esta historia sencilla y elemental está narrada con la cámara matemática y sentimental de un joven director experto. Este es el romance del Aniceto y la Francisca… (1966) es un cuento de amor triangular y frustrado narrado con la exacta poesía de los travellings circulares y con la nostalgia sutil de los ojos de un artista. Juan Moreira (1973) es el relato mítico y cuidadoso del héroe popular y libresco. Nazareno cruz y el lobo (1975) cuenta la vida infeliz y alucinada de un séptimo hijo varón y de su amor trágico. Soñar, soñar (1976) encuentra en el boxeador Monzón y el cantante Gian Franco Pagliaro las figuras del iluso ganador de pueblo que pierde todas las batallas y del errático ingenuo que está destinado a perder todo. Gatica, el mono (1993), es el retrato lúcido y melancólico de un héroe popular que vivió su vida como si fuera una pelea con la felicidad, una felicidad que se fuga para siempre. Perón, sinfonía del sentimiento (1999), extenso documental, es un elogio desmesurado de la epopeya del peronismo. Aniceto (2008) es un poema cinemático de los cuerpos, embebido en el rojo fulgor de la sangre y en una música tenaz y prodigiosa. Después de verla, nadie olvida la enorme luna del amor ni la música potente ni los ojos impuros. Favio es un artista exquisito, una biblioteca de sueños, un poeta visual, un río que no cesa, un maestro del nuevo cine argentino. Su filmografía ha marcado a las nuevas generaciones. Los rostros de Aniceto y Fernández, la huida de Polín hacia la nada, la conversación de Nazareno con el diablo en las catacumbas vernáculas, la gesta interminable de Moreira, la vana pelea de Gatica con la desdicha ya forman parte de la historia. Leonardo Favio ha muerto. Sus películas, no. Cada plano es una minuciosa odisea visual, hermosa y geométrica. Una orgía precisa, perpetua, turbulenta que agranda y desmenuza la memoria de los sentimientos. © LA GACETA

El artista que hizo historia en el cine

“Con este sol” ◆

Por Asher Benatar

PARA LA GACETA - BUENOS AIRES

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ste es el romance del Aniceto y La Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más… Este fue el título de la película que me hizo conocer a Leonardo Favio. Por una cosa o por la otra, en aquellos años no vi Crónica de un niño solo. Lo hice después. Debe de ser porque, excepto la inolvidable Juegos prohibidos, no soy muy proclive a historias que narran los infortunios de la infancia, infortunios materiales que devendrán en reformatorios, en crímenes, en cárceles y en miserias de todo tipo. Tampoco en oportunidad de su estreno vi Los 400 golpes, de Truffaut. Carencia de sensibilidad, dirán algunos, exceso de sensibilidad, argüirán los de más allá. Ni lo uno ni lo otro. Simplemente no las vi en aquella época. Creo que compensé mi omisión años después, cuando tanto Favio como Truffaut tenían en su haber títulos más importantes de los que enorgullecerse y yo asistía a ellos con puntualidad. Crónica de un niño solo es, esencialmente, autobiográfica, y dentro de esa historia está la infancia de Favio, el abandono por parte de su padre, el delito latente, la concreción de esos delitos, módicos pero que encendían luces de advertencia, que lo llevaron a institutos de menores y que llegaron a recluirlo en una celda. No estaba físicamente solo: cuidaban de él su madre y su tía, mujeres que desarrollaban su vida laboral en el ambiente de la radiofonía. Llegó Torre Nilsson y su casi paternal protección, llegó en consecuencia su labor como actor, donde intervino en numerosas películas del nuevo cine argentino de los años 60. No era un gran actor, aunque sí eficiente. Pero lo que Favio ansiaba era dirigir. Ayudado por el generoso Torre Nilsson, encaró una de sus obras fundamentales: El Aniceto y la Francisca. Cuando la vi, quedé seducido por el intento de lenguaje que mostraba (se filmó en 1966, plena vigencia de la nouvelle vague) y que ubicaba a Favio no en el papel de revolucionario que quería cambiar al mundo a golpes de planos cinematográficos llenos de violencia (como creen algunos que no han visto su filmografía), sino en una posición que no difería mucho del nuevo cine argentino de los años 60, algo más metido en el interior de los personajes. Luego, encaró la que después de años fue reconocida como su obra consagratoria, El dependiente, con la que completó su trilogía de cine intimista y encontró algo que nunca creyó que resultaría tan exitoso: su actuación como baladista. El suceso fue asombroso, nunca, nadie, argentino o extranjero, pudo superar los registros de venta de Favio en 1968. Viajó por toda América, entonando baladas emotivas como Fuiste mía un verano y Ella ya me olvidó, que él cantaba con personalidad y cierta reciedumbre que atraían. No soy Serrat, decía, pero me gusta lo que hago. Teniendo como protagonista a sus canciones filmó algunas películas de las que mejor no acordarse pero que le aseguraban tranquilidad económica. Ya estaba en las antípodas del “niño solo” de su primera obra cinematográfica. Cuenta la crónica que, en la triste jornada identificada como “la masacre de Ezeiza”, él, que había estado a cargo de la escenografía de un acto que se presumía iba a ser festivo, en el hotel de Ezeiza, llorando y amenazando con matarse, salvó de la muerte a una docena de jóvenes pertenecientes a uno de los bandos en pugna. Después del éxito como cantante, ya en la Argentina, se abocó a Juan Moreyra, película con la que ingresaba al color y que resultó una obra muy lograda. Es conmovedora la escena final, cuando el Sargento Chirino hiere a Moreyra (Rodolfo Bebán) y éste se asoma a un ventanuco con rejas y lleno de luz y dice tres palabras con las que se lamenta de la muerte que ya merodea: “Con este sol”. Esta frase, de las más felices que se han dicho en el cine, pertenece al innegable talento de Leonardo Favio, cuyo Juan Moreyra alcanzó cifras de público solamente superadas por otra obra de él, Nazareno Cruz y el lobo. Esta última, basada en una leyenda popular argentina, se resolvía en estructuras visuales operísticas, en desbordes que muchos consideraron influencia de Fellini. Hubo críticas y alabanzas. El 5 de noviembre murió un artista apasionado, visceral, que hizo historia en el cine, que mostró cierta incoherencia, privilegio de los talentosos, que no se envaneció con sus aciertos y no se sintió destruido por las críticas. © LA GACETA


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LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 11 DE NOVIEMBRE DE 2012

LANZAMIENTOS / LA GACETA LITERARIA / CRÍTICA DE LIBROS / LA GACETA LITERARIA / LOS MÁS VENDIDOS / LA GACETA LITERARIA

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ELUNIVERSAL.COM

o v e d a d e s

BAILA, BAILA, BAILA Haruki Murakami

$ 124

TUSQUETS (464 PÁGINAS)

El protagonista de esta novela siente la necesidad de ajustar cuentas con el pasado. Viaja para alojarse en un hotel donde años atrás pasó una semana con una mujer misteriosa. Pero descubre que han derribado el hotel, mientras aparecen personajes con un aura de irrealidad.

BOLEROS QUE MATAN Silvia Plager Florencia se enreda con quien fuera un “periodista estrella” de la prensa amarilla y juntos investigarán el homicidio de Isaías Silberman, el abuelo de Florencia, un joyero judío y cantante vocacional de boleros, que fue asesinado en Tucumán dos décadas atrás.

EL AMOR NOS DESTROZARÁ Diego Erlan

PARADIGMA. Borges, el libro de Bioy Casares sobre su amigo, es definido como la “administración del sentimiento aristocrático de la maledicencia”.

Agustín pasa en lo de su abuela las últimas vacaciones de su infancia: ese verano muere su hermana casi adolescente. El retorno a Buenos Aires inicia una vida de secretos. El hallazgo de tres casetes grabados por ella marca un quiebre: con la música, la historia cambia.

HONORES Y ULTRAJES de la cultura argentina

SALUTE Y LA GAVIOTA Lydia Carreras

$ 66

LA BRUJITA DE PAPEL (32 PÁGINAS)

Salute es un gato hermoso y malhumorado. La gaviota es un ave pequeñita y llorona. Salute no tiene amigos. La gaviota no sabe volar. Pero en una playa vacía hacia el final del verano, estos dos seres tan diferentes están a punto de descubrir el principio de una amistad.

ENSAYO LENGUA DEL ULTRAJE HORACIO GONZÁLEZ (Colihue – Buenos Aires)

EL ESTUDIANTE UNIVERSITARIO Sandra Carli

$ 90

SIGLO VEINTIUNO EDITORES (288 PÁGINAS)

Hacia una historia del presente de la educación pública, es el subtítulo de esta obra que responde al interrogante de qué significa hoy estudiar en una universidad pública. Pero en lugar de enfocarse en la historia institucional de la educación superior, se concentra en los alumnos.

EL PODER, UNA BESTIA MAGNÍFICA Michel Foucault

$ 106

SIGLO VEINTIUNO EDITORES (288 PÁGINAS)

¿Cuándo y por qué Foucault se interesa en el poder? A través de entrevistas, conferencias e intervenciones inaccesibles en español, este volumen esclarece las circunstancias políticas y las preocupaciones personales en el origen de los libros y de los cursos del autor.

JUEGO DE EGRESADOS María Prat Gay

$ 60

BUYAMUN EDICIONES – (200 PÁGINAS)

Un grupo de antiguos egresados convivirá durante dos días y participará de un juego: cada uno deberá averiguar qué pasó en la vida de los demás desde el momento en que dejaron de verse. El conflicto se alterna con humor y el final resulta sorprendente.

LA ESPADA DE DAMOCLES Petros Márkaris

$ 99

TUSQUETS (144 PÁGINAS)

La crisis en Grecia y el destino de Europa, es el subtítulo de esta obra, donde el autor sostiene: “la corrupción es un delito y tiene sus culpables y sus víctimas. Y, en este caso, las víctimas no son ni la Unión Europea ni Alemania, sino únicamente los propios griegos”.

LA SOCIEDAD DE IGUALES Pierre Rosanvallon

$ 160

MANANTIAL (376 PÁGINAS)

Vivimos una contrarrevolución. Desde los 80, los más ricos no dejaron de incrementar su porción de los ingresos, invirtiendo la anterior tendencia secular a la reducción de las brechas de riqueza. El deterioro de la idea de igualdad desempeñó un papel crucial.

TEORÍA REVISIONISTA DEL BIG BANG Guillermo Gómez Ortiz

$ 60

EDITORIAL DUNKEN (96 PÁGINAS)

Habiendo siempre mostrado interés por la astronomía, el autor indagó en los últimos años sobre el origen y destino del universo. Tras advertir las innumerables dudas que hoy subsisten el respecto, contrapone el modelo de universo abierto con el de universo cerrado.

EL AMOR Y LA LITERATURA EN LA EUROPA BAJOMEDIEVAL Y RENACENTISTA Martín J. Ciordia y Leonardo Funes (comp.)

$ 79

COLIHUE (256 PÁGINAS)

Una serie de trabajos sobre el amor y la literatura en la Baja Edad Media y el Renacimiento, en España e Italia, durante los siglos XIV a XVII. Los autores son docentes de las cátedras de Literatura española medieval y Literatura europea del Renacimiento de la UBA.

LUIS BUÑUEL: EL DOBLE ARCO DE LA BELLEZA Y DE LA REBELDÍA Octavio Paz

$ 82

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA (80 PÁGINAS)

Para festejar los 98 años del nacimiento del escritor y Nobel mexicano, y los 60 años de la presentación en Cannes de Los olvidados, del cineasta español (naturalizado mexicano), este volumen reúne los textos que Octavio Paz escribió sobre el cine de Luis Buñuel.

Lengua del ultraje es un agudo ensayo de Horacio González que enfoca textos fundamentales de la cultura y la literatura argentinas. “Papeles del archivo nacional”, “documentos del discurso público argentino” denomina el autor a esos textos, sin duda muy estudiados por investigadores y críticos, pero mirados en este libro desde una óptica original, la del honor y sus reversos: la injuria, la hostilidad, la venganza, el ultraje. El ultraje, ese sentimiento que, para González, “proviene del quiebre de un manojo de creencias que protegen el ilusorio recinto de nuestro yo”, supone un

Un análisis de textos que abarca desde la Generación del 37 hasta la obra de David Viñas. Comprende desde polémicas injuriantes hasta duelos intelectuales ejercicio eminentemente lingüístico. Es, entonces, “el modo como el lenguaje actúa en una máxima torsión del léxico, allí donde vibran sus imputaciones y capacidad de ofensa”. Desde esa clave se construye un corpus a la vez relevante y atractivo, que abarca las discusiones entre Esteban Echeverría y Pedro de Angelis, el Facundo (verdadero punto de quiebre que hace difícil “imaginar el difuso tiempo anterior en que este libro no existía”), la ejemplarmente injuriante polémica entre Sarmiento y Alberdi (que en definitiva discuten so-

bre los títulos intelectuales de cada uno, sobre quién está más habilitado para pensar la etapa posterior a Caseros), el duelo intelectual entre Mitre y Vicente Fidel López (un combate sobre la historia y el lugar del documento que “contiene una parte esencial del camino fundador de la historiografía argentina”) y ciertas “literaturas honoríficas”: cuentos como Emma Zunz, El Sur, El Aleph, de Borges, el Borges de Bioy Casares (definido, entre otras fórmulas, como la “administración del sentimiento aristocrático de la maledicencia”), El payador, de

Lugones, la novela Tartabul, de David Viñas. No se trata de un libro de lectura fácil. Las abundantes citas y discusiones bibliográficas, las extensísimas notas (la nota 32 comienza en la página 55 y finaliza en la 60), las largas transcripciones, las digresiones y las frecuentes reflexiones metalingüísticas, el estilo recursivo y moroso –aunque salpicado por destellos de humor e ironíacon el que se da vueltas en torno a los temas, escudriñándolos desde distintas aristas, perfilan un lector esforzado, paciente, reflexivo. Con todo, la posibilidad de asistir al despliegue de un pensamiento maduro y lúcido acerca de nuestra historia políticocultural hace que el esfuerzo valga la pena. © LA GACETA

SOLEDAD MARTÍNEZ ZUCCARDI ◆

Leche Materna para aniquilar a todos los padres con la publicación de su segunda novela, el escritor tucumano consolida su identidad narrativa

NOVELA MADRES MARCOS ROSENZVAIG (Luxemburg – Buenos Aires) Marcos Rosenzvaig, desde hace por lo menos una década, se ha posicionado casi secretamente como uno de los mejores dramaturgos de su generación. Una de las razones de esta evidencia es sin duda su constante búsqueda de experimentación formal, sumada a su talento para la puesta en escena y a su fuerte convicción narrativa. Debido a lo antedicho no es extraño que Rosenzvaig también cultive

el género novelístico. Hace poco se reeditó su primera novela: Perder la cabeza, y ahora acaba de aparecer la segunda: Madres… El argumento de la novela es imposible de contar. Sin embargo, la aventura comienza cuando el protagonista narrador, un abogado y su desopilante secretario, León Gurlievich, emprenden la tarea de desactivar una secta secreta llamada Leche Materna, cuyo propósito es aniquilar y borrar a los padres del planeta, para que finalmente los hijos queden en manos de sus madres. Todo sucede en un contexto social de descomposición y sutura. La propuesta narrativa, entonces, es un viaje con destino incierto, una suerte de poética del caos

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a n k i n g TUCUMAN

FICCION

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CINCUENTA SOMBRAS DE GREY E. L. James CINCUENTA SOMBRAS MÁS OSCURAS E. L. James UN FINAL PERFECTO John Katzenbach CINCUENTA SOMBRAS LIBERADAS E. L. James BAILA, BAILA, BAILA Haruki Murakami

NO FICCION

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CORAZÓN DE REY Sergio “Maravilla” Martínez AGILMENTE Estanislao Bachrach ENCUENTROS Gabriel Rolón 26 PERSONAS PARA SALVAR EL MUNDO Jorge Lanata KAMIKAZES Reynaldo Sietecase

con salto al vacío incluido. El estilo de Rosenzvaig novelista parece un remolino vertiginoso, circense, con algo de bacanal descontrolada que por momentos re-

“La ironía que recorre sus páginas se encuentra emparentada con el clásico humor judío que ha popularizado Woody Allen”. cuerda a Copi, a Gombrowicz y a Fellini. La ironía que recorre sus páginas, no obstante, está claramente emparentada con al clásico humor judío que ha popularizado

Woody Allen. Así, por ejemplo, no faltarán las confusiones nominales (la mención a los Rosentantos) que parecen entrar en relación directa con la impaciencia y el miedo de quienes cargan el estigma de la culpa y la persecución. Acá también se puede leer lo que Paul Ricoeur ha llamado, sabiamente, la identidad narrativa. Marcos Rosenzvaig, hacia el final, ya embarcado sobre su nombre propio, navega en busca de su territorio personal, comunitario, con la aspiración, el deseo y la necesidad de un mundo más armónico y justo para todos. © LA GACETA

MARCELO DAMIANI ◆

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FUENTE: REVISTA Ñ

$ 99

TUSQUETS (264 PÁGINAS)

LIBRERIAS EL ATENEO, EL GRIEGO Y LA FERIA DEL LIBRO

$ 129

SUDAMERICANA (480 PÁGINAS)

a n k i n g ARGENTINA

FICCION

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CINCUENTA SOMBRAS DE GREY E. L. James CINCUENTA SOMBRAS MÁS OSCURAS E. L. James CINCUENTA SOMBRAS LIBERADAS E. L. James UN FINAL PERFECTO John Katzenbach BAILA, BAILA, BAILA Haruki Murakami

NO FICCION

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CORAZÓN DE REY Sergio “Maravilla” Martínez AGILMENTE Estanislao Bachrach ENCUENTROS Gabriel Rolón 26 PERSONAS PARA SALVAR EL MUNDO Jorge Lanata BIENVENIDO DOLOR Pilar Sordo


LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 11 DE NOVIEMBRE DE 2012

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LA GACETA LITERIA / ENTREVISTAS / LA GACETA LITERARIA / CRITICAS DE LIBROS / LA GACETA LITERARIA / HOMENAJES

ENTREVISTA A GUILLERMO SACCOMANNO

“Todos ocultamos algo” Villa Gessell, ciudad en la que vive el destacado novelista porteño, es el disparador de su última novela. Pero la historia remite a una sociedad chica que puede estar emplazada en cualquier lugar de la Argentina y que sirve para leer al país. “Si una ventaja tiene el pueblo es que permite ver en primer plano conductas que no se comprenden a veces en la lectura de los diarios, la tele, los medios”, afirma el autor. ◆

Por Hernán Carbonel

PARA LA GACETA - SALTO (PROVINCIA DE BUENOS AIRES) CANAL-L.BLOGSPOT.COM

- Cámara Gesell conjuga aquello de “Pinta tu aldea” con la idea de “Pueblo chico, infierno grande”, ¿no? - Estoy convencido de que la historia colectiva se comprende siempre desde una perspectiva que comprende lo privado, lo íntimo. Digamos, la relación del uno con el todo. Desde este punto de vista, mi novela no es sobre Villa Gesell -territorio disparador de la novela-, sino sobre una Villa que puede ser tanto Bariloche como cualquier otro espacio turístico -o no necesariamente turístico-, una sociedad chica desde la cual leo el país. Si una ventaja tiene el pueblo es que permite ver en primer plano conductas que no se comprenden a veces en la lectura de los diarios, la tele, los medios. Se trata de la dialéctica entre individuo y sociedad. Una acción de bisturí que no ejercen los medios más preocupados por el amarillismo que por la comprensión de las tensiones de la realidad social. Hablo del resentimiento, la frustración, la caída social y también, aunque escasea, la solidaridad. - El título alude a las salas divididas en dos, con “un espejo unidireccional”, que suele utilizar la policía para los interrogatorios. ¿Usted fue un poco eso, el que observaba y oía desde el otro lado, sin que el otro supiera que era oído y observado? - El título tiene la palabra Gesell, pero no alude a la Villa en que vivo (ni a su fundador), como a la creación de Arnold Lucius Gesell, un médico pediatra norteamericano que en los años 30 inventó esta cámara tan vista hoy en el cine negro. A la cámara, en su origen, Arnold Gesell la empleó para estudiar poscomportamientos de pibes con problemas. Ahora, en lo judicial, se practica el interrogatorio y de este lado se lo puede ver sin que te vean. La intención del título es plantear que hay una comunidad entera que está judicializada. De los 40.000 habitantes de la Villa real hay 400 prontuariados de ambos sexos y todas las edades: chorros, pungas, violadores, dealers, golpeadores, estafadores, etcétera, etcétera. Dudo que esta estadística sea patrimonio del lugar

“El escritor, lo quiera o no, mira, escucha, cuenta y juzga. Y debe hacerse cargo de su mirada, que puede ser denuncia”.

en que vivo, mi “lugar en el mundo”. Como escritor, esta perspectiva, la de la cámara Gesell, me permitía ver la realidad desde un lugar de testigo moral. Todos somos interrogados, todos ocultamos algo, todos somos observados, todos somos sospechosos. La sociedad es panóptica. Y como escritor decidí apelar a este enfoque para comprender desde abyecciones a solidaridades. El escritor, lo quiera o no, mira, escucha -sobre todo, escucha- cuenta y juzga. Y debe hacerse cargo de su mirada que, a veces, suele ser no sólo de testimonio sino de denuncia. Es decir, en el afán de encontrar una buena historia, uno se enfrenta con uno y también con los otros.

Realidad actual desde un pueblo de la ficción

NOVELA CÁMARA GESELL GUILLERMO SACCOMANNO (Planeta – Buenos Aires)

Es extensa en la literatura argentina la lista de libros ambientados en pequeños pueblos del interior: baste nombrar a Dal Masetto, Iparraguirre, Conti, Piglia, Almeida, Gamerro, Lozano. Unas veces, es pura ficción; otras, suena imposible excluir la relación entre el autor y la noción geográfica. Algo de ese cruce hay en Cámara Gesell, de Guillermo Saccomanno (vive desde hace años en Villa Gesell). Villa. Así se llama el pueblo en la ficción. Un pueblo de unos 40.000 habitantes donde es omnipresente la naturaleza, la fuerza del clima costero, la belleza alucinante del paisaje de mar. Donde contrasta la ventura del verano gracias al turismo versus la opacidad del invierno. Pero también un lugar donde se juega al “todos contra todos”, donde “aunque no les des la lana, igual te tejen el suéter”, donde todo el mundo ve la paja en el ojo ajeno y se cambia algo para que todo siga igual: hipocresías, abusos, desapariciones, infidelidades, negociados, suicidios y asesinatos, extorsiones, segregación, corrupción política. Esta visión casi apocalíptica, escéptica, es contada de manera coral, en una multiplicidad de historias que se entrecruzan, de manera fragmentaria y con un narrador que le habla directamente al lector: “Esta noche, hipócrita lector, mi semejante, mientras estás empezando a leer este libro, novela, cuentos, crónica, como más te guste llamar a estas prosas...”. En cada pequeño párrafo cualquiera puede tomar la voz y, a la vez, ser narrado en tercera persona. El final de Cámara Gesell es apoteosis: escena colectiva, celebratoria, aires de función teatral. Mirar y ser mirado. Algo para que todo siga igual. Saccomanno había contado ya la historia de su patria elegida en El Viejo Gesell, una serie de notas que más tarde se convirtieron en libro, por lo que Saccomanno, según él mismo cuenta, fue criticado: “¿Cómo se me ocurría contar que un pionero, nada menos que el fundador, era de carne y hueso y tenía sus contradicciones?”. Casi 30 años después, aquel libro hoy es lectura en los colegios de Villa Gesell. Ya se sabe: desde lo minúsculo puede contarse lo universal. © LA GACETA

- Usted cuenta en la novela una multiplicidad de historias y relaciones interpersonales de “la Villa”. En página 120 dice “De verdad pasó”. ¿Hasta qué punto es realidad y hasta qué punto ficción lo que se cuenta en Cámara Gesell? - La novela es una ficción. Cámara Gesell no es un texto periodístico, sino de narración ficcional. Determinados hechos de la realidad funcionaron como disparadores de la imaginación. La ficción, si una virtud tiene, es que permite ir más allá del mero periodismo, de la crónica. Eso de “esto pasó” no es lo que garantiza la verosimilitud, sino la forma en que uno lo cuenta. Suele ocurrir por desgracia- que aquello que uno imagina se queda chico comparado con la realidad, no la realidad de la literatura sino la que vivimos. El periodista necesita probar que quien le testimonia ponga el gancho, se identifique y se comprometa. En una sociedad careta y de doble discurso, esto suele implicar que, por miedo o negación, quien testimonia no se quiera comprometer. Desde la escritura de ficción uno cuenta con la libertad de imaginar, aventurar cómo fue un hecho. Y por lo general, si no acierta, le pega en el poste. También, muchas veces, se queda corto. Se dice que la realidad suele superar a la ficción. No siempre es así. Y este es el caso. Mi novela es un reflejo pálido de una realidad bastante más cruda. © LA GACETA

HERNÁN CARBONEL ◆

PERFIL

Guillermo Saccomanno nació en Buenos Aires, en 1948, y vive en Villa Gessell. Ganó el Premio Crisis de Narrativa Latinoamericana, el Premio Club de los XIII, el Primer Premio Municipal de Cuento, el Premio Nacional de Novela, el Premio Biblioteca Breve Seix Barral y el Premio Dashiell Hammett. Su último libro es Cámara Gessell. Por el anterior, Un maestro (2011), recibió el Premio Rodolfo Walsh. Es colaborador de Página/12.

“Suele ocurrir -por desgracia- que aquello que uno se imagina se queda chico comparado con la realidad”.

Recordando a Antonio Cisneros Fue, tal vez, el poeta que más influyó sobre otros poetas de su misma generación. Cada libro del escritor peruano, muerto el 6 de octubre pasado, era el descubrimiento de algo que hubiésemos querido decir y no hicimos; dentro de una forma que hubiésemos querido inventar, pero que no se nos ocurrió. ◆

Por Rogelio Ramos Signes PARA LA GACETA - TUCUMÁN

esde mi modesto entender, él siempre fue un paso delante de los demás, en cuanto a poesía se refiere. Cuando en 1968 ganó el premio Casa de las Américas, de Cuba, y se editó en nuestro país el libro en cuestión, Canto ceremonial contra un oso hormiguero, no sólo nos enteramos que ya tenía tres volúmenes anteriores, sino que algunos aceptaron que ya no podrían seguir escribiendo como lo venían haciendo. Otros, un poco menores y que recién comenzábamos, lo vimos como la luz de un camino a seguir. Su libro anterior, Comentarios reales, ya tenía el germen de este,

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y nos abría al mundo de la poesía peruana y, muy particularmente, al mundo de los escritores que, ya en andanada, pasaban por la puerta que Manuel Scorza había dejado abierta. Sus libros posteriores (Como higuera en un campo de golf, El libro de Dios y de los húngaros y Las inmensas preguntas celestes, entre otros) lo confirmarían como el maestro que estábamos esperando. Y, como si todo eso fuese poco, nos entregó también una de las mejores antologías de poesía inglesa del siglo XX, seleccionada y traducida por él, justo a nosotros que nos mirábamos en ese espejo, y

que por desconocimiento nos veíamos siempre deformados. En 1989, cuando ya tenía una docena de libros publicados, tuvo la gran idea de preparar “Propios como ajenos”, su propia auto-antología, para un público que no sabía de él; o que, sabiendo, ya no tenía cómo conseguir los textos originales. Antonio Cisneros (Toño, como le gustaba que lo llamaran), también ganador del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2010, falleció el sábado 6 de octubre, de cáncer pulmonar, a los 69 años. De más está decir que nos ha sumido en la más terrible desolación a quienes veíamos en él a un maes-

tro palpable, al alcance de la mano. Además, y a no dudarlo, su muerte ha dejado al cordón montañoso de la poesía escrita en lengua castellana sin uno de sus picos más altos. Ante lo irreparable, que siempre acentúa la soledad y nos pone de frente a nuestra propia pequeñez, sólo resta esperar la edición de su poesía completa, que algún día tendrá que hacerse, para que los más jóvenes conozcan la obra de un poeta diferente, original, profundo, irrepetible. © LA GACETA Rogelio Ramos Signes – Poeta, novelista y cuentista.

UN PERRO NEGRO POR ANTONIO CISNEROS Un perro. Un prado. Un perro negro sobre un gran prado verde. ¿Es posible que en un país como éste aún exista un perro negro sobre un gran prado verde? Un perro negro ni grande ni pequeño ni peludo ni pelado ni manso ni feroz. Un perro negro común y corriente sobre un prado ordinario. Un perro. Un prado. En este país un perro negro sobre un gran prado verde es cosa de maravilla y de rencor.


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MONUMENTO. El memorial del campo de deportación de judíos franceses de Les Milles fue inaugurado el 10 de septiembre pasado.

LA GACETA

LITERARIA DOMINGO 11 DE NOVIEMBRE DE 2012 REUTERS

Francia acepta

su más negro pasado Después de 40 años de silencio decidió limpiar su nombre. Les Milles, en Aix-en-Provence, fue un campo en el que 10.000 personas fueron internadas entre 1939 y 1942. Miriam Altman, de 88 años, salvada por un enfermero francés, es hoy la única sobreviviente. ◆

Por Rodolfo Alonso

PARA LA GACETA - PARÍS ada vez que recalo en París, no dejo de cumplir un acto recurrente: visitar, detrás de Notre Dame, al sauce al que mi viejo amigo Juan José Saer alude, de paso pero no al azar, en pocas líneas de su agudo El río sin orillas. Es que ese sauce junto al Sena no podía dejar de recordarle su juventud en Santa Fe, la misma en que nos conocimos, junto a Juan L. Ortiz. Y me revive esas presencias queridas. Pero también otros recuerdos ominosos. Porque ese sauce está junto al Memorial de la Deportación, el monumento que recuerda a los franceses presos por los nazis. Y su severa austeridad no deja tampoco de traerme una herida candente. Nada recuerda allí el ominoso hecho de que judíos franceses (y no sólo franceses), durante el gobierno títere de Vichy, fueron arrancados de su hogar por la policía gala, amontonados en el Vel d´Hiv (Velódromo de Invierno), para ser concentrados luego en Drancy

C

y desde allí enviados finalmente, a sabiendas, hacia las insaciables fauces nazis del infierno de Auschwitz. Hubiera sido horrible en cualquier parte, pero lo era mucho más, sin duda, en el país de la libertad civil y los derechos humanos. (En casa de Juan L. Ortiz, recuerdo bien, un pequeño marco conservaba el recorte de su poema A Francia, escrito durante la Segunda Guerra Mundial y publicado por un diario.) Pero a mi reciente paso por París me aguardaba una enorme noticia: después de 40 años de silencio y 30 de forcejeos, no sólo burocráticos, Francia se había decidido a limpiar su nombre. Y cuenta ya con el Memorial de esos hechos siniestros, en el único gran campo francés de internación y deportación todavía intacto, el de Les Milles, en Aix-en-Provence. Para que no queden dudas, Jean-Marc Ayrault, primer ministro socialista, afirmó: “La historia del campo de Les Milles es una historia francesa”. Dicho campo, donde 10.000

personas fueron internadas entre 1939 y 1942, estuvo siempre bajo la única autoridad del gobierno de Vichy, “que fue deliberadamente cómplice en 1942 de las deportaciones efectuadas por la Alemania nazi.” La mayor parte eran refugiados europeos que huían de las persecuciones en su país de origen. “Todos pensaban que Francia -recalcó

“Hay muchas heridas que Francia debe todavía cauterizar: por ejemplo, su colonialismo genocida, especialmente en Argelia”. Ayrault- patria de los derechos del hombre, les ofrecería protección y asilo. Conservamos el recuerdo de cada uno de esos refugiados, cuya confianza fue traicionada.” Entre los internados figuran numerosos artistas e intelec-

tuales: Max Ernst, Hans Bellmer, Lion Feuchtwanger. La inauguración del Memorial de Les Milles, realizada con gran pompa, se efectuó 70 años después de la partida del último convoy hacia Auschwitz, y aspira a la educación cívica y ciudadana en el respeto del otro. Asistieron los 38 embajadores de los países de las víctimas. En medio de las siete hectáreas del campo de Les Milles, se conserva la explanada donde eran reunidos los presos, y un vagón ferroviario de 1940, estacionado en un trecho de vía, siniestros recuerdos de los convoyes nazis.

Unica sobreviviente La única sobreviviente de semejante horror, Miriam Altman, de 88 años, residente en Estados Unidos, a la que una artrosis mantiene en su silla de ruedas, no pudo asistir. Pero su historia familiar, que comienza en Polonia, se volvió sintomática. Su padre recorrió todos

los campos, entre ellos Saint-Cyprien o Gours (donde Francia internó, antes, a republicanos españoles), hasta caer en Les Milles y luego, por error, ponerse en manos de los nazis. Su madre murió de tifus en Les Milles. Pero ese mismo tifus salvó a Miriam. Un enfermero francés la sustrajo del vagón que partía, con el pretexto de hospitalizarla. De allí pasó a ser encubierta por un médico francés, que arriesgó su vida y la de su familia por salvarla. Hay muchas heridas que Francia debe todavía cauterizar: por ejemplo, su colonialismo genocida, especialmente en Argelia. Y que nos toca con la probada intervención de asesores franceses, de aquella atroz represión contra una población civil, en la sangrienta dictadura del Proceso. © LA GACETA Rodolfo Alonso – Poeta, traductor y ensayista. Su último libro es Poemas pendientes (Alción).

La poco conocida historia del masón José Hernández El autor del Martín Fierro tuvo una larga y destacada actuación en la Masonería, donde ocupó algunos de los más altos cargos y recibió reconocimientos no habituales. En los versos de su gran obra pueden encontrarse rastros de la simbología masónica. ◆

Por Antonio Las Heras

PARA LA GACETA - BUENOS AIRES uy conocida es la vida de José Hernández en lo que hace a su desempeño político así como poético y literario. Empero, mucho menos difundido está su extensa actividad realizada en la Orden Masónica. Nació José Hernández el 10 de noviembre de 1834 en una chacra señorial llamada los caseríos de Perdriel, actual partido de San Martín, en la provincia de Buenos Aires.(*) El dueño, tío de la madre de Hernández, fue un prestigioso estanciero de holgada fortuna, probado militar, miembro del Primer Triunvirato, diputado en el Congreso de Tucumán y Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Se trata de Don Juan Martín Mariano de Pueyrredón y O’Doggan (1776-1850), quien ingresara a la Masonería iniciado en la Logia Lautaro de Buenos Aires. La misma de la que formaron parte -entre otros destacados hombres de la Independencia- José de San Martín, Carlos María de Alvear, José Matías Zapiola, Bernardo de

M

Monteagudo, Antonio Álvarez Jonte, Nicolás Rodríguez Peña y Julián Álvarez Para el autor del Martín Fierro la Masonería, entonces, no implicaba algo ajeno, sino -por el contrarioparte de la vida familiar cotidiana. Su hermano Rafael Hernández también se integró a la hermandad masónica, formando parte desde el 4 de agosto de 1879 de la Logia Caridad N° 22 y, posteriormente, de la Logia La Plata N° 80, que se reunía en la ciudad bonaerense de ese nombre. José Hernández, el 3 de marzo de 1865, fue iniciado (así se denomina a la ceremonia de ingreso a la Masonería constituida por un conjunto de prácticas rituales) en la Logia Asilo del Litoral Nº 18 (fundada en 1860) cuyo templo estaba situado en la ciudad de Paraná (Entre Ríos). En ese mismo taller, al año siguiente, ocupó su primer cargo como secretario. El más adecuado para un hermano diestro en el ejercicio de la pluma. Cabe señalar que esta logia, aun-

que rebautizada como “Logia Asilo del Litoral Nº 18 Nº 484, continúa reuniéndose -en la actualidad- dos veces al mes, como puede constatarse en la página oficial en Internet, integrada a la denominada Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones. Esta Gran Logia es una de las que, en número cercano a la veintena, se encuentran distribuidas a lo largo y ancho de la República Argentina en la actualidad. Pasó, luego, a trabajar José Hernández en la Logia Constante Unión Nº 23 de la ciudad de Corrientes, que es una de las más antiguas. Fundada el 12 de agosto de 1834, entre otros, por el coronel Genaro Berón de Astrada, quien sería gobernador de la provincia. El taller tuvo momentos de

esplendor y otros donde, directamente, dejó de funcionar. “Abatió columnas”, para expresarlo en la jerga masónica. En la reorganización ocurrida a mediados de 1867 Hernández se suma a los trabajos siendo electo para ocupar el cargo de Orador (alguien que no necesariamente se destaque por su oratoria, sino que sea capaz de actuar como fiscal y juez a la vez) de la misma por varios períodos. Desde 1868 a 1869 ocupó la presidencia de la logia, con lo que obtiene la designación de “venerable maestro.” (Se trata de un verdadero primus inter pares.)

Distinción poco común Ya en Buenos Aires, el 30 de diciembre de 1879, se incorpora a la

Logia Obediencia a la Ley Nº 13, a la que perteneció hasta su deceso acaecido el 21 de octubre de 1886. Poco antes de su fallecimiento fue designado Miembro Libre de la Masonería Argentina, una distinción que pocos alcanzan, pues exige haber cumplido un cuarto de siglo de pertenencia interrumpida en la Orden. También desarrolló José Hernández una prolífica labor en lo que se conoce como “el filosofismo”, que es una verdadera “universidad masónica” a la que sólo se puede ingresar tras haber sido exaltado al grado de Maestro Masón y por especial invitación que suelen recibir los hermanos más esclarecidos con destacadas capacidades espirituales o intelectuales o ambas; estando -al momento de su muerte- en posesión del grado 32º. Cada grado implica un proceso de trabajos en logia, estudios específicos y atravesar un ritual particular iniciático que habilita para empezar la búsqueda del grado siguiente hasta poseer el Grado 33.

En la Orden Masónica de la República Argentina Hernández ocupó el cargo de segundo vicepresidente, que masónicamente se denomina “Gran Primer Vigilante”, durante los años 1880/81. Los investigadores hemos hallado muchos e inequívocos rastros de la simbología masónica en los versos de su Martín Fierro. Aunque, tal vez, la más evidente esté en esas estrofas que afirman: Los hermanos sean unidos / esa es la ley primera/ tengan unión verdadera / en cualquier tiempo que sea / pues si entre ellos pelean / los devoran los de afuera. © LA GACETA Antonio Las Heras – Doctor en Psicología social. Presidente de la Academia Argentina de Masonería. Nota: * Hoy funciona allí el Museo Histórico José Hernández Chacra Pueyrredón, de cuya primera comisión directiva fundacional tuve, en 1971, el honor de formar parte.

11-11-2012 LITERARIA  

Domingo 11 de noviembre de 2012 Literaria LA GACETA

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